Chapter Text
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Para Ziller, la locura no había llegado con gritos ni alucinaciones aterradoras, sino en la forma de una pequeña serpiente espiritual de escamas rosadas y blancas. Al principio, creyó que el estrés le estaba jugando una mala pasada, pero pronto entendió que aquella criatura no solo era real —al menos para él— sino que era la mejor brújula moral que jamás había tenido. Columbina, como había decidido llamarla en su mente, no hablaba, pero su presencia en sus hombros era un peso reconfortante que lo alejaba de los problemas
Hasta ese día
El mercado de la ciudad era un hervidero de voces, carretas y olores a especias. Ziller caminaba con tranquilidad, acostumbrado a los juicios silenciosos que la pequeña serpiente hacía sobre los mercaderes estafadores. Sin embargo, algo cambió en el aire. Columbina se irguió de golpe sobre su clavícula. Su pequeña lengua bífida comenzó a escanear el aire con movimientos rápidos y erráticos, mostrando una inusual confusión
El circo ambulante había llegado a la ciudad
A unos metros de distancia, separado del resto de su peculiar "familia", caminaba Pierrot. Su figura alta y melancólica desentonaba con el bullicio del mercado. Ziller no le habría prestado demasiada atención de no ser por la forma en que el forastero se detuvo en seco. A través de la multitud, los ojos de Pierrot se clavaron directamente en los hombros de Ziller. Estaba viendo a la serpiente rosa
El impacto de esa visión fue tal que Pierrot olvidó dónde estaba. Dio un paso ciego y chocó de lleno contra el hombro de un hombre corpulento que cargaba cajas de madera
✡ —¡Fíjate por dónde caminas, fenómeno! —bramó el hombre, dejando caer una de las cajas con un golpe sordo. Casi de inmediato, agarró a Pierrot por el cuello de su ropa, empujándolo con violencia y empezando a intimidarlo a gritos. Pierrot apenas reaccionó; sus ojos seguían vidriosos, buscando desesperadamente el rastro rosado entre la gente
Ziller intentó darse la vuelta y evitar el conflicto, como siempre hacía. Pero entonces, sintió una presión fría contra su mejilla
Columbina siseó. Fue un sonido sordo, con la mandíbula cerrada, apenas una vibración que resonó en el cráneo de Ziller. Cuando él la miró de reojo, las pupilas de la serpiente se habían vuelto dos finas e implacables líneas verticales. Con un ligero empujón de su cabeza escamosa contra el cuello de Ziller, lo guio, casi exigiéndole que caminara hacia el altercado
Respirando hondo y maldiciendo su extraña suerte, Ziller se abrió paso entre los curiosos y se interpuso entre el hombre hostil y el misterioso forastero de mirada rota
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✡︎ —Ya fue suficiente. Déjalo en paz o llamaré a las autoridades —intervino Ziller, con una firmeza que sorprendió hasta a la propia Columbina
El hombre corpulento chasqueó la lengua, evaluando a Ziller por un segundo antes de soltar un gruñido despectivo. Murmuró un par de insultos ininteligibles, pero finalmente retrocedió y se perdió entre el gentío del mercado
Con un suspiro para liberar la tensión, Ziller se giró y le ofreció una mano al forastero para ayudarlo a levantarse. Fue entonces cuando las cosas se pusieron... extrañas
Sobre el hombro de Ziller, las pupilas verticales de Columbina se dilataron hasta transformarse en dos enormes y adorables corazones. La pequeña serpiente rosa y blanca comenzó a mover la punta de su cola de un lado a otro con la misma emoción que un perro al reencontrarse con su dueño, asomando su lengua bífida con entusiasmo
Frente a él, Pierrot se congeló. Como demonio, podía ver la forma espiritual con absoluta claridad, pero hizo un esfuerzo sobrehumano por fingir que no había nada allí. Su mirada, llena de un shock mudo y abrumador, saltó de la serpiente hacia el rostro del humano que le tendía la mano. Ziller, interpretando la mirada perdida del hombre como desconcierto por la caída, notó un pequeño raspón en su mejilla pálida
Columbina le dio un suave golpecito en el cuello con el hocico. Ayúdalo, parecía decir
Acostumbrado a no discutir en público con su invisible compañera, Ziller sacó del bolsillo de su chaqueta una pequeña curita que siempre llevaba consigo. Sin decir una palabra para no parecer un loco hablando solo, se acercó con cuidado y pegó el parche sobre el raspón del forastero
Por un instante, el tiempo pareció detenerse. Bajo los dedos de Ziller, la inquietante sonrisa pintada en la máscara de Pierrot pareció curvarse ligeramente, cobrando una sutil y melancólica vida propia
✡ —Ten más cuidado por dónde caminas —murmuró Ziller a modo de despedida, dándole una suave palmada en el hombro antes de darse la vuelta. Terminada su "buena acción" del día, retomó su camino hacia su turno en la cafetería del pueblo
A sus espaldas, Pierrot se quedó de pie, inmóvil como una estatua. Lo vio alejarse por un segundo que, en su atormentada mente, se sintió como una eternidad, sintiendo el leve fantasma de la presencia de Columbina desvanecerse en la distancia
Mientras Ziller caminaba hacia su trabajo, notó que el ambiente del pueblo había cambiado drásticamente. Las calles estaban inundadas por un grupo de personas de movimientos extrañamente rígidos y sincronizados. Vestían extravagantes atuendos de color rosa brillante y llevaban rostros ocultos tras inexpresivas máscaras blancas. Repartían volantes a los transeúntes en un silencio perturbador. Al llegar a la cafetería, Ziller vio que los panfletos ya estaban pegados en los grandes ventanales del local, anunciando con letras retorcidas la gran inauguración del circo ambulante
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Nada más cruzar la puerta de la cafetería, el sonido de la campanilla fue opacado por la voz apresurada de su jefe
✡ —¡Ziller, por fin! —exclamó el hombre, limpiándose las manos nerviosamente en su delantal—. Hay pedidos esperando. Tuve que cubrir a Carol. Supongo que algo la retrasó, pero la barra no da abasto. Encárgate de las entregas, rápido
Ziller parpadeó, sorprendido. Carol nunca llegaba tarde, era la persona más puntual que conocía. Sin embargo, no era momento de hacer preguntas. Se ató el delantal a toda prisa, tomó la primera bandeja y se puso manos a la obra
Mientras servía tazas humeantes de café y porciones de pastel, las conversaciones en las mesas zumbaban a su alrededor. El tema del día era ineludible: el circo ambulante. Pero detrás de la emoción por el espectáculo, flotaba un murmullo más oscuro
✡ —...y dicen que las desapariciones empezaron un par de pueblos más atrás —susurraba una señora de cabello gris mientras Ziller le dejaba su té
✡ —Tonterías —replicaba su acompañante— Lo de esa chica, la que desapareció aquí, seguro fue una fuga con algún amante. La gente lee demasiadas novelas
Ziller escuchaba en silencio, sintiendo cómo Columbina se deslizaba inquieta por su espalda bajo la camisa, como si esas palabras le incomodaran
Un rato después, el jefe de Ziller salió de la cocina y se detuvo en seco, mirando el local con el ceño fruncido. La cafetería entera parecía empapelada. Había volantes rosados sobre las mesas desocupadas, en el mostrador, y decenas de ellos pegados en los cristales exteriores
✡ —¿Cuándo entraron a hacer este desastre? —masculló el jefe, con el rostro enrojecido de frustración— Ziller, cuando tengas un momento, quita toda esa basura. Y si ves a alguien repartiendo más volantes aquí adentro, échalo de inmediato
Asintiendo, Ziller comenzó la tarea de recolectar los panfletos. Estaba reuniendo una pila considerable sobre el mostrador cuando la campanilla de la entrada volvió a sonar
Un cliente más acababa de entrar
Era un hombre alto, vestido con demasiada elegancia para una cafetería de pueblo a esa hora del día. Llevaba un traje impecable y una sonrisa afable que, por alguna razón, no llegaba a sus ojos. Era el Ticket Taker en su forma humana, y desde el momento en que cruzó el umbral, su mirada no se posó en los pasteles ni en el café, sino directamente en la serpiente espiritual enrollada alrededor del cuello de Ziller
El hombre disfrazado no pudo evitar lamerse los labios disimuladamente; acababa de encontrar su nuevo "objetivo"
Al instante, Ziller sintió cómo Columbina se tensaba como una cuerda de arco. La pequeña serpiente se irguió lentamente, curiosa pero alerta
El hombre se acercó al mostrador, ignorando por completo el menú. Su sonrisa se ensanchó al quedar frente a frente con el joven
✡ —Disculpa la molestia, muchacho —dijo el extraño, con una voz suave que casi parecía un ronroneo—. Iba a asistir al gran espectáculo de esta noche, pero surgió un imprevisto y debo salir de la ciudad urgentemente. Sería una lástima que esto se desperdiciara
Con un movimiento fluido, sacó un elegante boleto rosa y lo deslizó sobre la barra, deteniéndolo justo frente a Ziller
Columbina se adelantó. Abrió sus pequeñas fauces y emitió un siseo prolongado y vibrante que Ziller sintió en sus propios huesos. No era un sonido de advertencia para el hombre; el demonio apenas pareció registrarlo, manteniendo su fachada. El siseo iba dirigido a Ziller. Columbina estaba intentando intimidar al hombre a su manera, pero al mismo tiempo, lo estaba empujando a tomar el pase. -Acéptalo-
Ziller tragó saliva, sintiendo un sudor frío en la nuca. Fingió una sonrisa agradecida, intentando ocultar el evidente nerviosismo que le provocaba la situación
✡ —Ah... muchas gracias. Supongo que iré —respondió, tomando el boleto por el borde como si temiera quemarse.
✡ —Excelente —dijo el Ticket Taker, sus ojos brillando con una codicia apenas oculta mientras daba media vuelta— Disfruta el show
Ziller vio al hombre salir del local y perderse en la calle, dejándolo solo con un boleto rosa en la mano y una serpiente espiritual que, de repente, parecía estar afilando sus propios colmillos fantasmas
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La noche cayó sobre el pueblo como un manto pesado y frío. El jefe de Ziller, ansioso por llegar a casa antes de que el ambiente del circo se volviera más denso, le encargó cerrar el local
✡ —Termina de limpiar y asegúrate de cerrar bien con llave, Ziller. Mañana será un día largo —dijo el hombre antes de marcharse a toda prisa
Ziller se quedó solo en la penumbra de la cafetería, moviendo las sillas sobre las mesas. Mientras pasaba el trapo por el mostrador, no pudo evitar hablar en voz baja con la pequeña serpiente que ahora descansaba sobre la caja registradora
✡ —Te noto inquieta hoy, pequeña. ¿Qué fueron esos siseos de hace rato? Parecías... enojada
Columbina respondió con un siseo corto y seco, moviendo la lengua con irritación. Ziller suspiró; a veces era frustrante no poder entender qué intentaba decirle. Justo cuando iba a guardar el delantal, un chasquido eléctrico resonó en las paredes y todas las luces del local se apagaron de golpe
✡ —Maldición... —masculló Ziller en la oscuridad total
Tanteando las paredes, llegó hasta la caja principal de electricidad en la parte trasera del local. Tras forcejear un poco con los interruptores, logró que la luz regresara. Pero al girarse, el corazón casi se le sale del pecho
Pierrot estaba allí.*
El demonio se encontraba de pie, en silencio, justo en medio de la cafetería. Ziller, convencido de que nadie más que él podía ver a Columbina, se sorprendió al ver que el forastero parecía ignorar la presencia de la serpiente, aunque su postura era rígida. Lo que más llamó su atención fue la sangre que goteaba de un golpe en la frente de Pierrot, manchando su pálida máscara
Sin decir nada, Pierrot extendió una mano y le ofreció a Ziller una rosa roja, un gesto tan hermoso como inquietante dadas las circunstancias
✡ —Tú otra vez... —dijo Ziller, recuperando el aliento— Estás herido. Déjame ayudarte
Ziller lo guio hasta un taburete. Con cuidado, le quitó la pequeña bandita que le había puesto en el mercado —la cual ya estaba saturada de sangre— y limpió la herida nueva. Pierrot, por primera vez, rompió su voto de silencio en un susurro que sonaba como papel rasgado
✡ —Mi papel en el circo... no me permite hablar en público. Gracias, humano.
Entonces, Pierrot sacó un boleto de color rojo intenso y se lo ofreció. Ziller, confundido, sacó el boleto rosa que Taker le había entregado antes
✡ —Oh, gracias, pero ya tengo uno. Un hombre me lo dio hace un rato en el mostrador
Al ver el boleto rosa, la expresión de la máscara de Pierrot pareció oscurecerse. Sus ojos se entrecerraron con una rabia contenida y un desprecio evidente hacia su "hermano" Taker. Durante unos segundos, el ambiente se volvió gélido. Sin mediar palabra, Pierrot hizo un rápido movimiento de manos —un truco de magia que hizo aparecer chispas en el aire— y reemplazó el pase rosa de Ziller por su propio boleto rojo
✡ —¿Por qué es tan importante? —preguntó Ziller, asombrado por el truco
✡ —El que te dieron es una imitación —mintió Pierrot, ocultando que el color rosa marcaba a Ziller como "comida" para los demonios—. Podrían no dejarte pasar con ese. Quédate con el rojo. Es... más seguro
Ziller, agradecido por el gesto, guardó el nuevo boleto. Pierrot le dedicó una última mirada cargada de una melancolía que Ziller no lograba descifrar y se desvaneció entre las sombras de la salida
Al cerrar la puerta con llave y poner el cerrojo, Ziller sintió un peso levantarse de sus hombros. Columbina, que había estado tensa como un resorte, se relajó por completo, enroscándose tranquilamente alrededor de su cuello mientras él caminaba hacia su casa bajo la luz de la luna, ignorando que acababa de cambiar un destino de muerte por uno de misterio
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El trayecto de vuelta a casa fue un borrón de luces distantes y pensamientos intrincados. Al entrar en su pequeño departamento, Ziller no encendió más que una lámpara tenue. El silencio del lugar, usualmente reconfortante, ahora se sentía cargado
Se sentó en el borde de la cama, frotándose las sienes. La ausencia de Carol en la cafetería le pesaba en el pecho; el jefe no era alguien que perdonara fácilmente las faltas, y ella no era de las que desaparecían sin avisar. A eso se sumaba el encuentro con Pierrot. Miró de reojo a la pequeña serpiente rosa, que ahora se deslizaba sobre las sábanas con una energía diferente, casi como si estuviera esperando que alguien llamara a la puerta
✡ —¿Tanto te interesó ese payaso, pequeña? —susurró Ziller, aunque sabía que no obtendría respuesta
Se obligó a dejar de darle vueltas al asunto. Cerró la puerta de la cornisa, aunque en su cansancio olvidó echar el seguro, y se desplomó en la cama. El sueño lo reclamó casi de inmediato. A su lado, Columbina se enroscó formando un círculo perfecto, sacando la lengua de vez en cuando antes de cerrar también sus ojos de reptil
Mientras el departamento quedaba sumido en el ritmo pausado de la respiración de Ziller, una sombra se separó de la oscuridad de la cornisa
La puerta se abrió sin hacer ruido, deslizándose como si el aire mismo la empujara. Pierrot entró con la elegancia de un espectro. No necesitaba luz; sus ojos de demonio captaban cada detalle. Se acercó a la cama con una lentitud sobrenatural, usando su esencia para asegurarse de que ninguno de los dos despertara
Se detuvo frente a ellos. Su mirada cayó primero sobre la serpiente. Allí estaba: su antigua amada, reducida a una forma espiritual, pero conservando esa esencia que él reconocería a través de mil vidas. El dolor y el amor lucharon un segundo tras su máscara
Sin embargo, sus ojos pronto se desviaron hacia Ziller
Recordó el tacto de los dedos del humano poniendo la curita en su mejilla, la firmeza con la que lo defendió del matón del mercado y la calidez desinteresada que irradiaba. En un mundo de demonios hambrientos y humanos codiciosos, Ziller era una anomalía. Pierrot sintió algo que creía muerto: una conexión, un ancla que lo ataba a la realidad de una forma nueva
Extendió una mano enguantada, rozando apenas el aire sobre el cabello de Ziller. El juramento se formó en su mente antes de que pudiera detenerlo: no dejaría que el hambre de sus hermanos tocara a este humano. Lo cuidaría con su vida, y si era necesario, con su propia alma demoníaca
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Eh tenido esta idea en la cabeza ya hasta ahora me digno a hacer la realidad jaja... Bueno pues, ya está espero les haya gustado, bye
Att: Kar~🌺
