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Está bien.
Ahora que lo pensaba mejor, quizás esta no era una de sus mejores ideas.
Pero es que el distrito comercial nunca pasaba desapercibido. Era una de las mejores zonas de toda la isla superando incluso con creces cualquier otra facción.
La calle principal había sido remodelada recientemente y ahora era bellísima a diferencia de los primeros días, con los árboles, las luces y el piso pavimentado. Era todo un sueño cada vez que los isleños pasaban por ahí, y el atractivo ayudaba mucho a que los dueños ganaran clientes.
En un principio, Juan estaba bien con no involucrarse mucho y concentrarse en su trabajo como Segundo al Mando Deluxe, porque él era muy consciente de la alta competencia que manejaban algunos; sin embargo, luego de escuchar cómo todos halagaban los locales y saber que, en efecto, las ganancias eran muy buenas, por supuesto que él también quería ser parte de eso.
Ahora, su primera opción había sido una tienda de cómics, pero con la tienda de cartas de Jeremy temía que pensara que quería competir con él. Ya ha visto antes lo que hicieron con el café de Molly, ganas le faltaban de tener problemas con alguno de los chicos holandeses.
Su segunda opción comenzó como una broma; un chiste interno sobre aprovechar la facilidad que tenía para caerle bien a la gente desde la primera impresión. Después se convirtió en un ¿por qué no?; quizás hasta a Roier y Quackity les gustaría participar. Y ahora estaba ahí, arreglando los últimos detalles de un stand de besos improvisado junto al cine.
La idea era hacer una especie de recaudación: avisarle a la gente que habría una hora especial en la noche para intercambiar los besos por diamantes. Juan lo venderá como una buena causa para mejorar todavía más el distrito, aunque en el fondo sus intenciones fueran completamente egoístas.
Sin embargo, cada vez que alguien pasaba frente a él y se detenía a mirarlo con intriga, un cosquilleo nervioso le recorría la piel. En cada ocasión sólo sonreía a medias, sin comentar demasiado, mientras les entregaba un póster sobre el evento. Y era entonces cuando comprendía que aquello debió quedarse como una simple broma, porque no había manera de que lograra hacer esto. Era imposible.
La imagen del segundo al mando del Norte era muy respetada por todos. Había sido un trabajo duro llegar hasta ahí, construido a base de muchas horas de trabajo y una casi guerra entre grupos. Arruinar eso porque podía obtener algo de dinero no valía la humillación.
Un suspiro escapó de sus labios cuando empezó a recoger los últimos pósters que quedaban, pero una voz alegre lo hizo detenerse. Cuando se dió vuelta para mirar al enorme híbrido acercarse, deseo tanto que un meteorito cayera y acabará con esto.
—Hey, estaba buscándote, hay un… —Foolish se interrumpió cuando su mirada pasó primero por el cartel con las siglas “Un beso x 5 diamantes”. Tras comprenderlo, volvió a mirarlo con una ceja levantada—. ¿Qué es esto? —preguntó con una sonrisa burlona.
Juan sintió su cara enrojecer; si era por el enojo o por la vergüenza, no le importaba mucho. Ahora mismo solo quería estrangularlo con todas sus fuerzas, pero hasta para eso el idiota era demasiado alto para alcanzarlo.
—Un stand de besos… —respondió bajo, sus manos se tensaron en un puño cerrado.
Foolish asintió entrecerrando los ojos, todavía sonriendo.
—¿Y tú vas a ser quien dé los besos?
Juan se mordió la lengua, rehusandose a responderle, pero no era necesario: la respuesta estaba clara.
—Bueno, alguien tiene que decírtelo: esto no va a funcionar —añadió Foolish con burla.
Indignado por tal golpe hacia su orgullo, Juan reaccionó sin pensarlo.
—¡Jodete! Hay muchísima gente que desearía besarme. Soy muy buen partido.
Eso fue lo que finalmente hizo que la risa contenida de Foolish se escapara. A Juan era lo que más le calaba, porque ya había pensado antes en esa posibilidad: que nadie viniera al evento.
Entendía que podía ser demasiado para algunas personas, pero ¿y si el problema era él? Quizás no era un prospecto muy llamativo. Ni siquiera se consideraba de los más guapos de la isla, y cada persona que pasaba de largo —porque hubo quienes lo hicieron— parecía reforzar esa idea un poco más.
Inevitablemente, su mente volvió a llevarlo a ese desastre de relación; a las horas que pasó cuestionandose así mismo, dudando de su apariencia y de no ser digno de recibir atención. Peor aún después de descubrir que la persona de la que se había enamorado ni siquiera era quien decía ser.
Entonces la carcajada de Foolish volvió a él; suave y entrecortada, ahogándose ocasionalmente entre respiraciones. Era una de esas pocas veces en las que lo había escuchado reír tanto y que, curiosamente, casi siempre eran causadas por él. Si le preguntas a Juan, era el peor sonido que podía existir.
No esperó a que la humillación siguiera y empezó a alejarse de ahí, pero antes de alcanzar dos pasos, la mano de Foolish lo sujetó del brazo. Aunque seguía riéndose, su agarre era lo bastante firme como para impedirle soltarse. Juan forcejeó un par de veces antes de finalmente rendirse, y solo entonces la risa del otro comenzó a disminuir.
—Lo siento, pero… —El aire se le había ido un instante en otra pequeña risa antes de volver a seguir hablando— … es bastante valiente que te expongas así.
Juan volvió a intentar zafarse del agarre, esta vez Foolish lo dejó, pero se mantuvo cerca en caso de que se alejara.
—Pues a diferencia de lo que crees, sí llamó la atención.
Foolish se cruzó de brazos.
—¿Ah sí? ¿De quién?
A Juan le tomó un momento recordar quienes habían preguntado por la hora del evento. Para su suerte en esta situación, sí hubo personas interesadas, pero mencionarlas en voz alta seguía siendo vergonzoso.
—Pues… Ewroon, Graf, Nexe-
—¿Nexe? —interrumpió Foolish.
—Lo dió a entender —respondió frustrado —. La cosa es que sí irá gente.
Foolish solo asintió, su expresión había cambiado de pronto a una más seria. Como si estuviera meditando cada palabra.
—Bueno, si estás tan seguro de eso, me comprometo a pagarte el doble de cada persona que se presente.
La seguridad volvió a él casi de inmediato. Tal vez seguía sintiéndose un poco ridículo, pero a Juan poco le importaba sí eso significaba ganarle en algo a Foolish.
—Bien —aceptó—. Espero que tengas muchos diamantes, porque toda la isla irá.
—Seguro que sí —Le sonrió una última vez y con eso se fue.
Juan esperó hasta estar seguro de que se había alejado lo suficiente, y cuando dejó de verlo, una sensación de alivio le recorrió enseguida por el cuerpo. Si quería que todos se enteraran, tenía que hacerlo en grande.
Pancartas aéreas, publicidad en cada puerta de la isla y un spot publicitario en las noticias podían verse como algo muy urgido de su parte —cosa que no estaba tan lejos de ser verdad—, pero vaya que había dado resultados.
Lo que antes era un stand sencillo, montado sin mucha planeación y fácilmente confundible con un puesto de comida del área de cine, era ahora un gran espacio decorado con luces y flores, con una larga fila de isleños esperando su turno al frente. Incluso Juan se vistió formalmente para la ocasión.
Estaban todos los polacos, algunos chicos del Dutch Café y, dios santo, incluso Ash estaba ahí. Una satisfacción casi arrogante comenzaba a instalarse en su pecho. Al final, todo fue mucho mejor de lo que esperaba y honestamente, empezaba a creer que su encanto personal tenía mucho más poder del que incluso él mismo creía.
Y fue justo entonces, mientras observaba la fila frente al puesto y todas las miradas puestas sobre él, que finalmente cayó en cuenta de un detalle que había ignorado por completo durante toda la tarde. Porque conseguir que la gente apareciera había sido la parte sencilla. Lo difícil era que ahora tenía que besar a todos y cada uno de ellos.
A todos.
Sin excepción.
Mierda. Definitivamente, no fue de sus mejores ideas.
Ya era muy tarde para echarse atrás, o quizás no. Todavía podía fingir tener dolor de estómago y salir huyendo, o podría irse porque olvidó algo y no regresar, o esperar que la federación venga y arruine todo como siempre lo hace.
Su mente era un caos. Pasaba de un pensamiento a otro que pudiera ser lo suficientemente creíble para justificar el cancelar el evento sin quedar como un cobarde. Tanto era su preocupación que ni siquiera notó a Foolish abriéndose camino entre la larga fila. Para cuando volvió a mirar enfrente, su figura estaba opacando fácilmente a todos los chicos que esperaban detrás de él.
Muy en el fondo, una sensación de alivio lo llenó enseguida.
—Foolish, tienes que formarte hasta atrás —dijo Graf pareciendo bastante molesto.
—Lo siento, no voy a tardar mucho —respondió sin voltear a verlo. En todo momento, la mirada de Foolish estaba enfocada en él. ¿Quizás el esmoquin era demasiado formal?
Juan intentó ver detrás de su mirada impasible, pero era imposible. El misticismo de su inmortalidad siempre ha hecho difícil leerlo. Foolish continuó mirándolo un rato más sin decir nada, entonces, levantó la bolsa pesada que llevaba cargando y la dejó caer sobre la mesa.
—¿Quién lo diría? Realmente hay alguien que quiere besarte —dijo finalmente.
El dulce sabor de la victoria. Este momento era justo lo que necesitaba para recordar la razón de todo esto. Una sonrisa de suficiencia lo atravesó.
—Sí, me pregunto cuántos se hubieran formado por ti.
Foolish solo se encogió de hombros. Cuando Juan acercó la mano para tomar su premio, Foolish la volvió a retirar de inmediato, alejando la bolsa de su alcance.
—Hay dos diamantes más aquí —avisó.
—¿Y…?
Espero un rato a que Juan adivinara sus intenciones, pero al ver que seguía sin entender nada, rodó los ojos y explicó:
—Quiero un beso.
Se quedó congelado por un segundo, como si la frase no hubiera terminado de aterrizar en su cabeza. Parpadeó una vez, luego otra, buscando la broma en su tono, algún gesto que delatara que estaba jugando como siempre, pero no encontró nada de eso.
Sus manos, se quedaron suspendidas, sin decidir si seguir o retroceder. Sintió la garganta apretarse un poco, incómoda, y tuvo que tragar saliva antes de darse cuenta.
—No… —tartamudeó, aún con la dificultad de que las palabras salieran de su boca—. Olvídalo, no hay manera.
—Entonces no diamantes para ti.
Tragó saliva despacio, intentando que su respiración no lo delatara, pero cada inhalación se sentía demasiado consciente. No era miedo exactamente… o al menos no quería llamarlo así. Era más bien esa mezcla irritante de sorpresa y tensión que siempre le provocaba Foolish, y que hoy había llegado a los extremos.
—Eso no era parte del trato —Soltó con una firmeza que no lograba sostener del todo.
Foolish ni siquiera parecía afectado. Como si lo que estaba pidiendo fuera cualquier cosa. La calma en su voz lo molestó más de lo que quería admitir.
—No, pero es algo que quiero.
Su mente intentaba procesar la frase, encontrarle lógica, alguna forma de devolverle el golpe verbal como siempre.
¿Tenía sentido? Ninguno. Y eso lo irritaba más.
Apretó los dedos a los costados, sintiendo cómo la incomodidad le subía ahora por el pecho, mezclada con algo que no quería nombrar.
—Maldito… —Empezó, pero se detuvo a medio insulto, respirando hondo por la nariz —. Está bien. Sí, lo haré.
Su corazón se aceleró de forma torpe, irregular, como si hubiera perdido el ritmo por completo, se preguntaba si acaso alcanzaba a escucharlo.
Foolish se acercó lentamente a su rostro; sus respiraciones se mezclaban entre sí. La atención de Juan se concentró en sus labios e, inconsciente de lo que hacía, humedeció los propios. Jamás, en todo el tiempo que llevaban ahí, se le había ocurrido preguntarse cómo sería besarlo, quizá porque admitir siquiera esa posibilidad implicaría aceptar demasiadas cosas que prefería mantener enterradas.
En cuanto se atrevió a regresar la mirada hacia Foolish, se arrepintió de inmediato. Él lo observaba con una ternura que Juan nunca antes había visto en él, recorriendo cada detalle con su mirada. Cuando sus miradas se cruzaron, la boca de Foolish se curvó apenas en una media sonrisa. Lo tomó suavemente de la barbilla y, tras bajar la vista una última vez a sus labios, terminó de cerrar la distancia. Sus labios se tocaron en un suave roce. Juan contuvo la respiración, todavía temeroso de que, en el último segundo Foolish se alejara para burlarse de él.
Se separaron apenas unos centímetros antes de volver a encontrarse, una y otra vez, en pequeños roces que le erizaban la piel. Lentamente, Foolish empezó a mover los labios con más seguridad, guiándo el beso con calma, a un ritmo lento que iba hacia algo más firme.
En algún punto, Juan se atrevió a pasar su mano detrás de su cabeza, acercándose más. El aire empezó a faltarles entre pausas cortas y respiraciones desordenadas. Todo se sentía extraño y nuevo, pero también demasiado adictivo. Inseguro aún de lo que estaba haciendo, Juan rozó su lengua por la boca de Foolish y él, recibiendo la invitación, abrió el beso a uno más desordenado, más profundo.
Estaban en un trance donde nada más importaba; solo existían ellos en ese espacio compartido. Juan apenas podía pensar con claridad, demasiado concentrado en la sensación de sus labios encontrándose una y otra vez.
Juan dejó escapar un jadeo que quedó amortiguado entre el beso y fue ahí cuando supo que estaban llegando muy lejos. Foolish debió sentir ese mismo deseo porque enseguida se separó de él.
Juan se sentia mareado, todavía atrapado en la sensación de sus labios. Necesitaba más de esa nueva adicción que le pedía su cuerpo.
Intentó acercarse otra vez, buscando su boca por inercia, pero Foolish —sin apartar la mano de su barbilla en ningún momento— lo detuvo, alejandoló apenas lo suficiente para poder mirarse.
—¿Quieres detener esto?—susurró tan bajo, que creyó haber escuchado mal. Sus labios estaban enrojecidos y sus pupilas completamente dilatadas. Su respiración era más lenta y pausada, como si estuviera buscando controlarse.
A Juan no le quedaba más aire para hablar, así que solo asintió, mirando todavía ansioso a sus labios.
—Ve a casa, yo iré después —Finalmente se alejó por completo, dando la cara al grupo de hombres confundidos detrás de él— Lo siento, pero ya no habrá más besos.
Un sonoro quejido se escuchó enseguida, pero para Juan todo sonaba distante. Su mente no dejaba de volver una y otra vez a la sensación de ese beso. Jamás lo habían besado así; pasó los dedos por sus labios y se estremeció al notar la humedad que aún quedaba en ellos.
Un pensamiento claro pasó por su mente. Necesitaba repetirlo. No le importaba demasiado si aquello terminaba cambiando por completo la dinámica de la casa; lo único que podía pensar era en volver a besar a Foolish.
Caminó casi en automático hasta el Spawn, intentando librarse un poco del efecto que ese beso había dejado en él. Una ráfaga de aire le provocó un escalofrío y entonces notó lo sensibles que seguían todos sus sentidos.
Volteó hacia el ya lejano puesto de besos. Todos seguían discutiendo con Foolish, pero apenas les prestaba atención; solo lo miraba a él. Juan no supo cuánto tiempo llevaba observándolo irse, pero bastó lo suficiente para apurar su camino al Norte.
No tenia idea de cómo Foolish lograría salir de ahi, pero mas le vale al idiota que sea rápido.
