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El viento suave del atardecer recorría el mirador, moviendo apenas las hojas cercanas mientras el cielo se teñía de tonos cálidos. Frente a ese paisaje, sentados uno al lado del otro, estaban el joven zorro de dos colas y la última seedriana.
Tails la miró de reojo.
Abrió ligeramente la boca, como si quisiera decir algo… pero se detuvo. Su mano incluso se levantó un poco, solo para volver a bajar con inseguridad.
Antes de que pudiera intentarlo otra vez—
“...Tails.”
La voz de Cosmo lo sacó de sus pensamientos.
“¿Hm?” respondió él, girando apenas hacia ella.
Ella no lo miraba. Sus ojos seguían fijos en el horizonte.
“¿Tú crees… que mi especie ya está extinta?”
El silencio que siguió fue corto… pero pesado.
Tails parpadeó, sorprendido por la pregunta. Su expresión se suavizó, pensativo.
“Bueno…” murmuró, rascándose un poco la mejilla, nervioso. “Aún estás tú, ¿no?”
Intentó sonreír, aunque no le salió del todo natural.
“¿Por qué lo preguntas…?”
Pero en el fondo… ya lo intuía.
Cosmo bajó un poco la mirada.
“Porque es la verdad…” dijo con calma. “Soy la única que queda.”
Sus manos se juntaron sobre su regazo.
“Aunque ahora esté a salvo… no puedo evitar pensar en el futuro. Algún día creceré… y, como todo ser vivo… también me iré.”
Hizo una pequeña pausa.
“Y cuando eso pase… mi especie desaparecerá conmigo.”
El viento pasó entre ambos, como si también guardara silencio.
“…No me dolería tanto si al menos quedara alguien más,” añadió, más bajo. “Un… otro seedrian.”
Tails sintió un pequeño nudo en el pecho.
Entendía lo que decía. Claro que sí.
Pero… algo en esas palabras le pesó más de lo que esperaba.
Su expresión cambió apenas. Sutil, pero suficiente.
Cosmo lo notó.
Y en cuanto lo hizo, abrió los ojos un poco más.
“¡Tails—! Yo… lo siento,” dijo rápidamente, girando hacia él. “No quise decirlo de esa forma.”
Sus manos se movieron con nerviosismo.
“Yo no cambiaría… a la persona que más quiero por nada.”
El sonrojo apareció en las mejillas del zorro casi al instante.
“E-está bien,” respondió, apartando un poco la mirada con una sonrisa tímida. “Lo entiendo.”
El silencio volvió.
Esta vez, más tranquilo… pero aún cargado.
“…De hecho…” murmuró Tails después de un momento.
Cosmo alzó ligeramente la vista.
“Cuando investigaba sobre el mundo de Chris… vi algo curioso,” continuó él, mirando al frente. “A veces, cuando una especie está en peligro… intentan ver si puede convivir con otra parecida.”
Se detuvo un segundo.
“Para que… al menos una parte de ella no desaparezca.”
Cosmo parpadeó, procesando la idea.
“…¿Crees que nosotros… podríamos ser compatibles?”
El cerebro de Tails hizo cortocircuito por un segundo.
“¿¡Huh!?” soltó, rojo de golpe, con una sonrisa totalmente nerviosa.
Cosmo reaccionó igual de rápido.
“¡Olvida lo que dije!” respondió, girando la cabeza. “Creo que… no es algo que se diga tan fácilmente aquí, ¿verdad…?”
Se abrazó ligeramente a sí misma.
“Aún me estoy acostumbrando a… cómo son las cosas en tu mundo.”
Tails soltó una pequeña risa nerviosa, rascándose la nuca.
“Sí… bueno… no es una conversación muy común, la verdad.”
Ambos evitaron mirarse por unos segundos.
El cielo seguía cambiando de color.
Entonces…
Tails bajó la mirada, pensativo.
Respiró hondo.
Y esta vez, cuando habló, su voz fue más firme.
“…Pero, sea cual sea el problema que tengas…”
Extendió su mano.
Y tomó la de Cosmo con cuidado.
“…puedes contar conmigo.”
Luego, como si quisiera asegurarlo de verdad, la sostuvo con ambas manos.
Cosmo se sorprendió un poco.
Sus mejillas se tiñeron de un leve rojo.
Pero no se apartó.
Al contrario… acercó su otra mano, envolviendo suavemente las de él.
“…Gracias,” susurró, sonriendo con dulzura. “Siempre estás ahí para mí.”
Bajó un poco la mirada.
“Perdón… siento que no siempre puedo devolverte lo mismo.”
Tails negó suavemente, casi de inmediato.
“Con que estés a mi lado…”
Hizo una pequeña pausa, mirándola con sinceridad.
“…eso ya me hace feliz.”
Final 1
Cosmo, al escuchar esas palabras, volvió lentamente la mirada hacia Tails.
Había algo distinto en sus ojos.
Una felicidad tan pura… que, en cuestión de segundos, se volvió visible en pequeñas lágrimas que empezaron a brillar con la luz del atardecer.
Tails se tensó un poco al verla así, sin soltar sus manos.
“¿Dije algo mal…?” preguntó, con un leve nerviosismo en la voz. “Creo que… me dejé llevar demasiado…”
Cosmo negó suavemente.
Cerró los ojos por un instante, como si ordenara sus emociones…
Y cuando los abrió de nuevo, lo miró con una dulzura aún más profunda.
“No…” respondió en voz baja, pero firme. “Al contrario…”
Sus dedos se aferraron un poco más a los de él.
“Estoy muy feliz… de tenerte a mi lado.”
Su voz era suave, ligeramente temblorosa… pero llena de sinceridad.
Tails sintió cómo el calor le subía al rostro.
Se sonrojó, sí… pero esta vez no fue por nervios.
Fue por algo más tranquilo. Más seguro.
Le sonrió.
Y en sus ojos también comenzó a reflejarse ese mismo brillo.
No dijeron nada más.
No hacía falta.
Sin soltarse, giraron de nuevo la vista hacia el horizonte.
El sol terminaba de ocultarse… y el cielo se teñía de los últimos tonos cálidos del día.
Y en medio de ese silencio compartido…
ambos sintieron lo mismo.
Que, mientras estuvieran juntos… eso era suficiente.
Final 2 :3
Cosmo, al escuchar esas palabras, volvió la mirada hacia Tails.
Sus ojos brillaban.
Demasiado.
Tanto… que pequeñas lágrimas comenzaron a formarse sin que ella pudiera evitarlo.
Tails se sobresaltó un poco, apretando suavemente sus manos.
“¿Dije algo mal…?” murmuró, nervioso. “Yo… no quería que—”
No terminó la frase.
Cosmo cerró los ojos.
Bajó un poco la mirada…
Y, sin previo aviso, llevó sus manos hasta las mejillas del joven zorro.
Tails se quedó inmóvil por un segundo.
“…Cosmo?”
Pero no hubo respuesta.
Solo ese pequeño instante en el que el mundo pareció detenerse.
Y entonces—
ella se inclinó. (besandolo)
El contacto fue suave.
Cálido.
Sincero.
Tails abrió ligeramente los ojos por la sorpresa… pero no tardó en relajarse.
Y, dejando de pensar por completo, respondió al gesto con la misma ternura.
Sin prisas.
Sin dudas.
Solo ellos.
Después de unos segundos, el beso se rompió lentamente.
No se alejaron del todo.
Sus frentes se apoyaron una contra la otra, y ambos dejaron escapar una pequeña sonrisa.
No dijeron nada.
Pero sus miradas lo decían todo.
Y así, en silencio…
se quedaron observando lo que quedaba del atardecer.
y solo ese momento… era suficiente para ambos.
