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Círculo completo

Summary:

Pequeño fic sobre la vida de Elaine, la hija de Wirt y Sara, y sobre como se repite el ciclo de la vida. Escrito para celebrar el Día de las Madres.

Work Text:

Círculo completo

Elaine Wood tenía la mejor vida que alguien pudiera pedir. Habiendo llegado al mundo cuando sus padres, Wirt y Sara, solo tenían 16 años y ningún tipo de experiencia sobre ser padres, ellos la habían logrado criar y nutrir de una manera muy especial. Siempre fue la niña de los ojos de su papá, quien como la postal de un perro labrador dorado, siempre servía como su vigía y se cercioraba de que nadie le hiciera daño. Elaine pasó de ser bebé a ser una niña, y luego de niña a una señorita elegante y muy amistosa. Ella no cambiaría ningún momento junto a sus padres y el resto de su familia por nada del mundo. Se maravilló cuando fue testigo del nacimiento de su hermano menor, Patrick, y le ilusionaba pensar en alguna vez tener sus propios hijos.

A los 17 años, mientras fungía como porrista del equipo de fútbol americano de la secundaria de Aberdale como en su momento lo fue su madre, durante un entretiempo de partido se topó en las gradas con Frank Pearl, el receptor abierto del equipo quien formaba una dupla impresionante con Jonathan Jackson, el mariscal de campo. Elaine y Frank se saludaron y charlaron por un rato sobre música y los resultados del equipo durante la temporada, descubriendo que tenían muchas cosas en común. Ya en la escuela, fuera de la cancha, Elaine comenzó a pasar más tiempo con Frank y a verlo como un confidente, y mientras más tiempo pasó, ambos notaron que se sentían atraídos por el otro. Al principio, Elaine no le dio mucha importancia, pero al ver como a Frank le encantaba pasar su tiempo con ella y el como trabajaban juntos casi por instinto, decidió armarse de valor y confesarle sus sentimientos. Para su sorpresa, Frank también le confesó que estaba enamorado de ella, con lo que su relación romántica tomó forma y surgió.

Elaine invitó a Frank a cenar con sus padres, donde ambos notaron la química inconfundible entre su hija y el jugador, tal como la de Wirt y Sara cuando empezaron a salir como novios. Ambos padres aprobaron la relación entre ambos, recordándoles tratarse con amor y respeto, y también dejándoles en claro el que, si deseaban tener relaciones sexuales como casi cualquier persona de su edad, que siempre usaran anticonceptivos, pues Elaine había sido el fruto de un un embarazo adolescente no planeado y no querían que su hija repitiera esa situación si no se sentía lista. Frank estrechó la mano del padre de su novia y le prometió que siempre la cuidaría y respetaría con toda su alma.

Y claro, eventualmente los dos se quedaron a solas una noche e hicieron el amor por primera vez de una forma algo torpe pero muy tierna y hermosa, quedando sus cuerpos desnudos abrazados llenos de placer mirando la tenue luz de la luna desde su habitación y sus corazones desbordándose de amor. Esto solo hizo que su amor creciera más y más, y tras estudiar la universidad juntos y graduarse, a la vez que Elaine iniciaba una carrera musical por medio de Internet mientras Frank continuaba jugando fútbol, un día durante una comida, frente a toda la familia de la joven mujer, Frank le pidió matrimonio, a lo que Elaine aceptó gustosa y Wirt, junto a Sara, no pudieron evitar soltarse a llorar por la emoción de ver a su hija casarse, mientras Patrick junto a su tío Greg y las hermanas de Sara, Isabelle y Rochelle, también celebraron el que su familia creciera aún más, sin que el amor se agotara.

La boda de Elaine y Frank se llevó a cabo una cálida tarde de otoño en el mismo bosque a las afueras de Aberdale donde también se habían casado Wirt y Sara años antes. En medio de una ceremonia en la que liberaron palomas blancas al aire para formalizar la unión de la pareja, Elaine Wood y Frank Pearl se juraron estar juntos por el resto de sus vidas en matrimonio.

Fue un año después, cuando tras unos días de náuseas extrañas que Elaine le había atribuido a unos nachos con queso de la feria, la joven sintió la intuición de que en realidad esos síntomas eran producto de un embarazo, así que un día fue a la farmacia y compró una prueba de embarazo sin que Frank se enterase. Ya habiendo usado la prueba, los ojos de Elaine brillaron y se llevó ambas manos a la boca cuando aparecieron dos líneas rosadas, significando que su anhelo iba a volverse realidad, iba a tener un bebé. Por la tarde, cuando Frank volvió de su entrenamiento con el equipo de las ligas menores de Boston, Elaine lo esperó serena en el sofá.

- Frank, hay algo que debes saber.

- ¿Qué ocurre, mi amor? – preguntó Frank, algo nervioso, creyendo que se trataba de algo malo.

- No pongas esa cara, cariño, es una muy buena noticia – le respondió su esposa, tranquilizándolo.

Elaine regresó con una pequeña caja en forma de corazón, la cual le pidió a Frank que la abriera. Así lo hizo, revelando en su interior la prueba con resultado positivo y un dibujo improvisado de un bebé con alas de ángel y el mensaje: "Nuestra mejor canción está a punto de escribirse".

Cuando Frank se dio cuenta de lo que significaba, su reacción tras tartamudear un poco fue gritar con una alegría de como si acabara de anotar el touchdown que hacía ganar a su equipo el Super Bowl.

- ¡Yippieeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee! – gritó Frank mientras saltaba de gusto y delicadamente fue a abrazar a su esposa, mientras lágrimas de felicidad rodaban por sus mejillas. Instintivamente, Elaine también lloró de felicidad porque finalmente iba a cumplir su más grande anhelo, el de ser mamá.

Elaine llamó por teléfono a sus padres para darles la noticia. Wirt y Sara sintieron como su propio amor crecía al saber que su hija iba a repetir el ciclo de la vida. Wirt se sintió abrumado, recordando como si hubiese sido ayer cuando Elaine llegó al mundo como una adorable bebita y ahora iba a tener un bebé propio junto con su esposo. Él y Sara se sintieron orgullosos y completamente preparados para darle la bienvenida a su nieto (o nieta), y pensar que ninguno de los dos tenía 40 años siquiera.

El embarazo de Elaine se pasó volando, y estuvo lleno de momentos muy bonitos compartidos con el resto de la familia Wood. Sumado a esto, una de las canciones de Elaine, compuesta por su padre y titulada Círculo completo, se volvió uno de los éxitos más virales del año en YouTube, haciéndola toda una celebridad, y también, el equipo de ligas menores donde jugaba Frank fue visitado por reclutadores de varios equipos de la NFL, quienes estaban impresionados del nivel de los jugadores, y uno de los que más llamó la atención fue el propio Frank. La oferta del equipo de los Patriotas de Nueva Inglaterra, que juega sus partidos en Massachusetts, fue muy tentadora para Frank y finalmente firmó con el equipo para iniciar su carrera como jugador profesional.

Los nueve meses de embarazo se cumplieron, y mientras un día, Frank hacía unas reparaciones del cobertizo de la casa y Elaine descansaba mirando una de sus series dramáticas favoritas, La cruz de navajas, ella sintió unos pinchazos en el vientre, como una presión firme que se sostenía y se tensaba levemente. Luego, sintió otra ola más clara y definida, y se dio cuenta de lo que pasaba. Se relajó, para no ponerse nerviosa, y empezó a inhalar suavemente como le habían enseñado en los cursos prenatales. Frank entró de nuevo en la casa y miró a su esposa, y con curiosidad le preguntó que ocurría.

- Frank, cariño, creo que ya empezó... ya es hora – dijo Elaine.

- Empezó... ¿te refieres a...? – preguntó Frank.

- Sí – asintió la mujer, quien en ese momento sintió una contracción más marcada y apoyó su mano sobre la silla mientras tomaba el tiempo – son seguidas, ya es hora de irnos al hospital y conocer a nuestro bebé.

Por un segundo, ambos quedaron mirándose, procesando que ese instante que tanto esperaban ya estaba aquí. Frank reaccionó y fue por las maletas para cargarlas en el auto, fijándose de llevar todo lo indispensable, mientras que Elaine mandó un mensaje a sus padres, su hermano y su tío y tías para avisarles que ya era hora. La mujer caminó despacio hacia la puerta, respirando con ritmo. La envolvía una mezcla intensa de emociones: nervios, expectativa, y una alegría profunda que la llenaba por dentro. Pensó en su madre contándole como había sido su propio nacimiento, y en su padre diciendo que el día en que ella llegó al mundo fue el más importante de su vida. Ahora le tocaba a ella.

- Es nuestro turno – susurró mientras miraba una fotografía de ella de niña junto a sus padres.

- Así es, amor, y todo va a estar bien, pues estoy contigo – le replicó Frank con ternura algo torpe pero firme.

Ambos se subieron al coche y se fueron rumbo al hospital. Las contracciones empezaban a ser un poco más seguidas, pero no eran aún dolorosas, y solo servían como un recordatorio de que algo maravilloso estaba por comenzar.

- Cuando volvamos a casa, seremos tres – dijo Elaine con una sonrisa muy emocionada.

Y aunque ese momento traía nervios y una mirada a lo desconocido, como aquel lugar que vieron Wirt y Greg, también estaba lleno de amor, esperanza, y la promesa de una nueva vida a punto de empezar.

La pareja llegó al hospital, mirando al cielo soleado y despejado. Frank se bajó y cuidadosamente ayudó a Elaine a bajar. Ocasionalmente, Elaine se tocaba el vientre al sentir contracciones, que comenzaban a subir de intensidad, pero aún eran manejables, y eso significaba que faltaba cada vez menos para tener a su bendición entre sus brazos. Era la historia repitiéndose, pero también transformándose.

La pareja cruzó la puerta del hospital, tomados de la mano, sabiendo que su mundo estaba a punto de cambiar para siempre.

Elaine respiró hondo mientras ella y Frank avanzaban hacia el escritorio de admisión.

- Buenas tardes, señorita, mi esposa está en labor de parto – le dijo Frank a la enfermera recepcionista. Ella le sonrió con profesionalismo y comenzó a hacer preguntas mientras Elaine se apoyaba suavemente en el brazo de su esposo. Sintió otra contracción, más firme y clara, con lo que cerró los ojos y se enfocó en su respiración y en la ilusión de pronto conocer a su bebé. Y entonces, escucharon unas voces conocidas.

- ¿Hija?

Ahí estaban. Eran Wirt y Sara. Su padre estaba de pie, con una expresión algo nerviosa pero muy contento, y su madre sonreía mientras llevaba consigo una bolsita con bocadillos. Junto a ellos, estaban también Patrick, Greg y Rochelle, muy entusiasmados por conocer al futuro bebé. Elaine sintió un nudo en la garganta, y se acercó a sus padres con delicadeza.

- Oh, hija, no nos íbamos a perder esto por nada del mundo – le dijo Sara, tomando el rostro de su hija con ternura.

- De hecho, llegamos hace veinte minutos, por si acaso – dijo Wirt, visiblemente conmovido.

- Sabía que tu bebé iba a elegir un día bonito para nacer, como pasa en el programa de Historia de un bebé – dijo Greg.

Frank y Elaine rieron suavemente. Otra contracción hizo que la hija de Wirt y Sara se inclinara levemente hacia adelante. Sara reaccionó al instante, colocándose a su lado.

- Respira conmigo, cariño, así lo hacía cuando tú ibas a nacer, inhala, exhala, tranquila – le dijo con voz firme y cálida.

Elaine miró a su madre, y por un segundo volvió a sentirse pequeña. Recordó aquellas historias, consejos, aquella frase que su abuela le dijo a su madre cuando ella la dio a luz... y ahora su madre se la transmitía a ella, no con palabras ensayadas, sino con su presencia.

- Estoy bien, mamá – susurró Elaine cuando el dolor se detuvo.

Wirt se acercó, dudando un poco antes de abrazarla con cuidado.

- Estoy muy orgulloso de ti – le dijo en voz baja.

- Aún no ha nacido, papá – le respondió Elaine sonriendo.

- Lo sé, cariño, pero aún así lo estoy – respondió Wirt sonriéndole de vuelta.

Una enfermera apareció con una silla de ruedas para que Elaine se sentara, ya era hora de llevarla a la sala de revisión. El ambiente cambió, Frank sostuvo la mano de su esposa con cuidado y toda la familia caminó junto a ella.

Ya en la habitación, la familia conversó durante horas mientras la labor de parto avanzaba de forma lenta pero segura. Cuando Elaine sentía contracciones, se concentraba pensando en la felicidad que su futuro bebé le traería cuando lo tuviera en sus brazos. Tras casi ocho horas, la intensidad de las contracciones avanzó y ella, instintivamente, apretaba la mano de Frank por un lado y la de Sara por el otro. Su cuerpo se tensaba y ella jadeaba sintiendo lágrimas de dolor correr por sus mejillas.

- Lo estás haciendo muy bien, mi hija. Nunca vas a olvidar este momento, así como yo no olvidaré el pasar por lo mismo cuando tú naciste. Esto es el ciclo de la vida y no hay nada que temer – le decía Sara.

- Gracias, mamá, tu siempre haces que me sienta mejor – respondió Elaine entre respiraciones rápidas mientras el dolor disminuía.

Wirt sentía su corazón acelerarse al ver como su hija pasaba por lo mismo que su madre cuando la dio a luz hace más de veinte años, y como él estaba ahí de nueva cuenta, dispuesto a servirle de apoyo. Lo que había vivido lo había vuelto un hombre ejemplar y valiente, muy afortunado por el camino que había tomado al iniciar su relación con Sara.

Pasó otra media hora, y Elaine sintió una contracción tan intensa que no pudo evitar gritar y su fuente finalmente se rompió. Frank la sostuvo y la tranquilizó, tras lo cual la doctora a cargo, Molly Cunningham, revisó a Elaine y anunció que ya estaba completamente dilatada. Era hora de empezar con la parte que todos esperaban, así que Wirt, Sara y Frank la siguieron hasta la sala de partos. Ella se sintió totalmente dispuesta a soportar lo que ahora pasaría por su cuerpo para que su bebé llegara al mundo, y tras prepararla, todos miraron expectantes.

La habitación estaba en calma, aunque llena de energía contenida. Elaine respiraba profundamente, concentrada, mientras sostenía con fuerza la mano de Frank.

- Estoy aquí contigo, no voy a soltarte – le decía su esposo, nervioso pero muy emocionado.

Al otro lado de la habitación, Wirt intentaba mantenerse sereno, aunque sus manos entrelazadas delataban sus nervios. A su lado, Sara observaba a su hija con una mezcla de orgullo y ternura infinita, y cuidadosamente se acercó a ella.

- Respira conmigo, cariño – le decía Sara, con esa voz firme que alguna vez usaron con ella – Muy bien, mantente en calma y concéntrate, recuerda que el dolor dura muy poco y la felicidad de tener a tu bebé en tu pecho después de nacer dura toda la vida.

- Si, mamá, estoy lista – respondió Elaine, con su frente comenzando a sudar pero sus ojos llenos de determinación.

Molly se colocó frente a Elaine y le dio instrucciones, recordándole que era un proceso natural y que se dejara llevar por lo que su cuerpo pidiera.

- Cuando sientas la contracción, puja con todas tus fuerzas, aquí estoy yo para recibir a tu bebé. ¿Estás lista, Elaine? – le preguntó Molly.

- Sí, creo que aquí viene, no me sueltes, Frank, uff, ufff – dijo Elaine empezando a sentir el impulso involuntario de pujar.

- Puja, cariño, no te voy a soltar – respondió Frank dándole un beso en la frente.

- Sé que lo harás muy bien, porque eres toda una campeona – le dijo Sara.

Así, Elaine pujó con todas sus fuerzas, totalmente concentrada en su bebé. Tras unos minutos, la cabecita del bebé comenzó a asomar por la vulva, lo cual hizo que Elaine sintiera un ardor intenso y gritara de dolor mientras apretaba a su esposo y a su madre.

- ¡Aaaaaaaah, me duele mucho! – decía casi llorando de dolor.

- Tranquila, amor, ese ardor es normal, yo también lo sentí cuando naciste y aquí estás, tranquila, lo haces muy bien – decía Sara, con cierta nostalgia y emociones mezcladas.

- Aquí estoy yo también contigo, hija, no te vamos a dejar – dijo Wirt, dándole ánimos a su hija como cuando hizo lo mismo con Sara.

- No te rindas, eres la mejor, nuestro bebé ya va a salir – le dijo Frank, muy emocionado.

- No pierdas tu ritmo, Elaine, respira y jadea mientras la cabeza sale lentamente, así, con calma – decía Molly, ayudando al bebé a coronar.

Elaine pujó otra vez y la cabeza brotó completamente, y en un impulso casi instantáneo, dio otro pujido y el cuerpo del bebé emergió casi de golpe en las manos de Molly, mientras Elaine caía agotada hacia atrás y su esposo junto con sus padres gritaban de absoluta emoción al escuchar el primer llanto de la nueva integrante de la familia.

- Lo hiciste muy bien, Elaine, y es una niña – anunció Molly mientras la limpiaba y revisaba, asegurándose de que estuviera bien.

Elaine lloró de alivio y felicidad, Frank le dio un beso en los labios felicitándola y Sara abrazó a Wirt, ambos completamente contentos de haber visto a su hija repetir el ciclo de la vida, y además, como parecía ya ser costumbre de la familia Wood, con una niña tal como cuando Elaine nació.

Cuando finalmente colocaron a la bebé sobre el pecho de Elaine, el llanto de la niña se suavizó, como si se sintiera contenta de haber llegado al mundo y conocer a sus padres. Se sentía tibia, pequeña, y perfecta.

- Tu nombre será Katie, bienvenida al mundo, mi niña – dijo Elaine, mirándola aún sin poder creerlo y susurrando con su voz aún algo temblorosa por la emoción. Frank acarició con cuidado la mejilla de su nueva hija.

- Hola, Katie. Soy papá, y te quiero mucho.

Wirt no pudo contener las lágrimas, y se llevó sus manos al rostro, llorando como cuando vio nacer a su hija.

- Soy abuelo... esto es increíble – dijo entre sollozos.

Sara, con sus ojos brillantes, besó la frente de su hija, como cuando su madre, ya fallecida, hizo lo mismo con ella.

- Lo hiciste, mi amor. Es hermosa.

- Gracias, mamá. Gracias a ti, y gracias por todo lo que papá y tu han hecho por mi – dijo Elaine, mirándola fijamente y entendiendo en ese instante todo lo que le habían contado. Ya no sentía dolor, y lo único real e importante era el cálido peso de su hija en brazos.

Frank sorprendió a Wirt al ofrecerle que fuera él quien cortara el cordón de Katie como lo hizo con Elaine. Wirt se conmovió y aceptó, tomando las tijeras y reviviendo esa sensación de felicidad desbordante al momento de cortarlo.

- Bienvenida a nuestra familia, Katie – dijo Wirt con una sonrisa que mezclaba ternura y asombro.

Y así, en medio del murmullo suave del hospital, con lágrimas, risas y manos entrelazadas, comenzaba una nueva historia y, como decía la canción de Elaine, el círculo estaba completo.

FIN