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El rugido de su estómago hambriento interrumpió el silencio de su habitación. Jisung abrió los ojos de par en par, avergonzado, mientras frente a él veía descender los comentarios del live que llevaba encendido desde hacía un rato.
—¡ESPERA! ¡NOO! —exclamó el joven, apretando su barriga con ambas manos—. Ya debo irme, debo irme…
En el chat, los mensajes no cesaban. Algunas fans le pedían que se quedara; otras le imploraban que fuera a comer. Sin embargo, ninguna de ellas tenía el poder para decirle qué debía hacer.
—En fin… —había comenzado a decir para darle cierre a ese breve encuentro.
Y entonces lo oyó.
Un melodioso silbido se filtró por la puerta de la habitación. Al principio apareció suavemente, de una manera que para Jisung era más que familiar. Luego persistió, casi como una demanda de atención. Sintió un leve cosquilleo detrás de las orejas, como si se le estuvieran enrojeciendo.
—Ya debo irme a comer. ¡Adiós! —dijo rápidamente antes de apagar el live.
El joven se puso de pie, tomó su teléfono celular y lo guardó en el bolsillo del pantalón. La habitación estaba en penumbras. Solo estaban él, un viejo sillón, su equipo de grabación y diversos objetos que habían comenzado a acumularse allí como si aquella habitación fuera un depósito.
Se giró hacia la puerta, topándose con el espejo vertical que se encontraba junto a ella. Observó su reflejo detenidamente antes de salir. Su cabello negro caía largo sobre la frente, tenía el rostro cansado y el estómago no paraba de rugirle.
Sus ojos se posaron sobre su camiseta. Era negra y tenía impresa una frase que decía: “Sobrevivir es prueba de que eres fuerte”.
Una sonrisa se formó en la comisura de sus labios mientras el recuerdo de lo que había contado en el live acudía a su mente.
“Lee Know-hyung me la regaló”, les había confesado a sus fans.
Sabía que aquello provocaría revuelo en las redes. Siempre sucedía, pero no le importaba. ¿Acaso tampoco podía contar algo tan banal como eso?
El persistente sonido del silbido volvió a traerlo a la realidad. Esta vez sonaba con mayor urgencia.
Una tierna risa escapó de sus labios mientras negaba con la cabeza y estiraba la mano hacia la manija de la puerta.
—Ya te oí —dijo al salir hacia el pasillo de la residencia—. Y las fans probablemente también.
Una voz respondió desde la cocina, acompañada por el ruido de platos acomodándose sobre la mesa.
—Mmm, sí… Pero, ¿hubieras preferido que gritara? —hizo una pausa y luego su voz se volvió aguda y burlona—. Ya está lista la comida, cariño.
Fue entonces cuando los ojos del joven se toparon con quien le contestaba.
Estaba de pie junto a la mesa puesta, con el cabello negro mojado y ligeramente despeinado. Vestía una camiseta negra, shorts de tela gris, medias blancas y unas chanclas de entrecasa. Sobre el pecho llevaba un delantal que decía: “Kiss the Chef”.
—Hyung… —comenzó a decir el más joven.
El mayor alzó una ceja, interrumpiéndolo.
Casi como un acto reflejo, Jisung corrió hacia él y rodeó sus hombros con los brazos. Eran más anchos, musculosos y firmes que los suyos, pero podía abrazarlo hasta entrelazar las manos detrás de su espalda sin dificultad.
El rostro del mayor quedó pegado al suyo. Lo observó expectante.
Entonces, complaciente, Jisung hizo lo que sabía que él esperaba. Cerró los ojos y se acercó aún más, hasta que sus labios se encontraron.
El otro respondió relajando todo su cuerpo, tomándolo por la cintura y atrayéndolo hacia sí.
—Irino… —murmuró el menor con los labios aún presionados contra los suyos.
Minho abrió los ojos para encontrarse con los de Jisung, que lo miraban como los de un venado bebé.
Se echó ligeramente hacia atrás, separándose del beso. Soltó la cintura del joven y llevó las manos a su rostro, apretando dulcemente sus mejillas.
—¿Qué pasa, Hanna? —preguntó con ternura, usando uno de sus apodos.
—¿Escuchaste? —preguntó Jisung, frunciendo el ceño con preocupación.
Minho dudó un momento y luego asintió.
—Mmm, sí. Estaba escuchándote desde el celular mientras se hacía el pollo —confesó, señalando con el pulgar la comida que descansaba sobre la mesa.
Luego volvió la mirada hacia Jisung. Sus manos descendieron de sus mejillas hasta las de él, tomándolas con ternura.
El joven lo observó con una mezcla de admiración y nerviosismo.
Minho era su novio desde hacía casi tres años. Vivían juntos desde hacía dos. Y, aun así, todavía no lograba comprender por qué alguien tan perfecto podía amarlo tanto.
—¿Te molestó que usara la camiseta que me regalaste en el live? —preguntó. Luego se mordió el labio inferior, dudando—. ¿Estuvo mal que dijera que era un regalo tuyo?
Minho solo lo miró y parpadeó repetidas veces, como solía hacer cuando no comprendía del todo lo que le estaban diciendo o cuando no sabía bien qué responder.
—Minho… —protestó el más joven con voz quejumbrosa, casi haciendo puchero.
Una dulce y pícara sonrisa se formó en el rostro de su novio. Era una expresión que siempre le ponía los pelos de punta.
—Ya, Minho, decime —rogó, balanceándose de un lado a otro sin soltar las suaves manos de su hyung.
Pero este parecía inmutable.
En lugar de responder, con una mano tomó la silla más cercana y la corrió para sentarse en ella. Luego, con la mano que aún sostenía la de su novio, tiró suavemente de él para indicarle que se sentara en su regazo.
Jisung obedeció, todavía con el puchero dibujado en el rostro, y se acomodó sobre sus piernas.
Minho rodeó su cintura con el brazo izquierdo, mientras que con la otra mano acariciaba la parte interna de su muslo derecho.
Sus ojos se sostuvieron durante unos segundos antes de que el mayor comenzara a hablar.
—Jisungui… —dijo con voz suave—. ¿Te conté alguna vez la historia de esa camiseta?
Su novio dudó un momento y luego negó con la cabeza.
—Se acercaba tu cumpleaños y habíamos estado hablando con Chani-hyung. Yo quería darte algo especial. Aunque no fuera increíblemente caro ni ostentoso, quería que significara algo… Quería que…
Intentó continuar, pero su voz comenzó a quebrarse, como si lo que estaba a punto de decir tuviera una verdad tan grande que resultara difícil pronunciarla.
La mano que acariciaba la pierna de Jisung se detuvo y los ojos de Minho descendieron hacia el suelo.
—¿Minho…? —susurró el más joven, llevándose una mano al mentón para obligarlo a mirarlo.
Cuando lo hizo, descubrió sus ojos enrojecidos, como si estuviera conteniendo las lágrimas.
—Oh, jagi…
—Aah, mierda. No esperaba llorar —respondió el mayor, casi riéndose de sí mismo.
Jisung tomó una servilleta de papel y la presionó sobre la mejilla de Minho, donde las lágrimas habían comenzado a deslizarse.
Ante el contacto, Minho llevó una mano a su rostro y la apoyó sobre la de Jisung.
—Lo que quería decir es que… cuando te la regalé, y hoy, viéndote usarla para hablar de la canción maravillosa que lanzaste, no pude evitar sentirme inmensamente orgulloso.
Tomó la mano de Jisung y depositó un beso en sus dedos.
—Jagiya… —murmuró el menor, con los labios curvados hacia adelante.
—No me importa, Jisungui —continuó Minho—. ¿Qué pueden decirnos que no nos hayan dicho ya? Al carajo con todos…
—I still don't know why I should live a lie… —tarareó Jisung mientras rodeaba el cuello de su novio con los brazos.
—Not afraid of losing everything I have… —respondió Minho.
Los ojos de ambos se cerraron mientras sus narices se rozaban camino al beso.
Los labios de Minho encontraron los de Jisung con urgencia. Sus manos se deslizaron debajo de la camiseta que le había regalado, acariciando la suave piel que cubría sus abdominales.
Sus cuerpos se tensaron.
Jisung levantó una pierna y la pasó al otro lado de la silla, quedando completamente sobre Minho y rodeando su cintura con las rodillas.
Las respiraciones de ambos comenzaron a agitarse en una frecuencia a la que ya estaban acostumbrados.
Pero entonces, el calor del momento fue interrumpido por el hambriento rugido proveniente del estómago de Jisung.
Sus labios se separaron.
El más joven apretó los ojos, avergonzado, mientras su novio no pudo contener la risa.
—Mierda… —suspiró Jisung.
Minho le dio una palmada en el trasero, con una enorme sonrisa dibujada en el rostro.
—Esa pancita tiene que comer primero… —dijo, alzando las cejas con picardía.
Jisung se apartó de sus piernas y se puso de pie junto a él. Con su mano derecha apretó las mejillas de su novio y se inclinó hasta que sus labios estuvieran pegados a los de él.
—Voy a comer super rápido así no se te va la emoción — dijo señalando los pantalones de Minho.
Este último no pudo evitar sonrojarse.
