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El ambiente era escalofriante, hacía mucho frío, era todo muy oscuro, en el aire persistía una horrible escencia de putrefacción, rabia y pavor.
Todo estaba muy silencioso, a excepción del ruido que hacían las pisadas de Jaypaw en el barro azabache con olor ferroso. El pelaje de sus patas se sentía incómodamente pegajoso, el fango se colaba entre sus garras y almohadillas, dejando atrás nada más que nauseabunda suciedad. Jaypaw odiaba esto, pero había algo que hacía que le urgiera avanzar.
Derrepente, sintió otra presencia junto a él. Se detuvo y analizó el lugar con cautela. Sentía el aroma a gato, escuchaba arbustos agitarse, sentía sus emociones, pero no lo veía.
Entonces captó algo, un bufido y amenazas de todo tipo. Jaypaw se agazapó y asomó tímidamente su cabeza entre algunas zarzas, logrando ver algo: dos gatos de apariencia extremadamente bizarra. "¡¿Cómo es que siquiera se mantienen en pie esas cosas?!", pensó el aprendiz en una mezcla de asombro y asco.
Uno de ellos era una gata color crema moteado, solo que parecía que fue estrangulada brutalmente debido a varias marcas, además de tener varias picaduras, aparentemente de serpientes. De su boca caía constantemente espuma, pero no por rabia, al parecer era un efecto del veneno de las picaduras. Sus pupilas estaban muy dilatadas, de forma no normal, presentando también una semi-ceguera. Apesar de su aspecto desastroso y trágico, ella no parecía preocupada en lo más mínimo sobre su situación, en realidad, parecía tomarlo como algo hasta cotidiano.
El otro tenía una apariencia que a Jaypaw le resultaba aún más intrigante, en especial porque tenía un parecido muy grande con el padre de Jaypaw. Era un gato atigrado marrón oscuro, con blanco en las patas, pecho y mentón. Pero el blanco no era pelaje, sino... ¿escarcha? Y lo que se llevaba el premio era un carámbano empalado en su pecho, atravesando hasta mostrar una punta afiliada que salía detrás de su nuca. Pero, en lugar de que cayera sangre de la herida, salía agua de muy bajas temperaturas, que al parecer provenía del deshielo de la escarcha y el carámbano.
—Vayamos desde el principio —dijo el atigrado marrón mientras contenía toda su rabia—. Lograste encontrar al infeliz, quién venía solo, además de estar en una posición indefensa y entonces tu...
—S-señor, sepa que... —calló al comprender lo mal que hizo a tratar de justificarse con una tonta excusa e interrumpirlo en el intento.
—No pudiste acabarlo —bajó el tono a uno más grave y amenazante, mientras se acercaba al otro felino con un gruñido y una mirada fija—. Tu sabes lo que pensarán los otros si ven lo débil que eres. Tu sabes cómo te destrozarían, cómo te destriparían... Y más aún sabes..., que solo gracias a mi compasión y misericordia sigues en una pieza, aún con conciencia propia.
Cada palabra estaba alineada cuidadosamente para dañar, asustar e imponer a aquella pobre criatura. No podía mover su mandíbula, porque sabía que aquel desquiciado gato en realidad estaba en lo correcto. De no ser por su constante defensa y múltiples coartadas a la hora de encarar a los demás, ella no estaría parada donde está ahora.
El gato atigrado se acercó más al otro hasta que el más mínimo murmullo que uno hacía, el otro escuchaba. Entonces, el atigrado susurró algo mientras arrugaba su hocico y permitía ver el brillo de sus colmillos en una mueca de furia. Jaypaw agudizó su oído lo más que pudo, pero fue inútil, ellos estaban demasiado lejos como para percibir algo. Ya era un milagro que pudiera escucharlos a esa distancia claramente y sin ningún problema.
Al terminar lo que dijo, se apartó y dedicó una mirada severa a la gata. Luego dió media vuelta y se dispuso a marcharse. La frase fue bastante corta, pero fue lo suficiente para que el pánico estallara en la gata crema.
—¡No! ¡Te ruego Hawkfrost, nunca lo volveré hacer! —la gata se lanzó y agarró fuertemente la cola del atigrado entre sus garras para detenerlo y estalló en lágrimas, clamando por piedad— ¡Cumpliré con lo que sea! ¡No, por favor!
Hawkfrost... ese nombre resonaba en la cabeza de Jaypaw. Lo había escuchado antes, ¿pero en dónde?
Un momento...
¡¿QUÉ?!
¡Hawkfrost! Ese guerrero del Clan del Río quien murió misteriosamente lejos de su territorio —en las orillas del lago que pertenecía al Clan del Trueno—, atravesado con una estaca de una trampa para zorros en el pecho... justo donde tiene el carámbano.
Pero más importante aún... Hawkfrost era su tío.
Hawkfrost luego de hacer una mueca de dolor y regañarla porque sacó las garras al agarrarlo, se giró y vió el pobre estado en el que estaba. Sonrió al ver el poder que tenía sobre esos miserables gatos.
—Ya cállate, ¿sabes dónde está Mapleshade?
—S-señor... ¿no estará pensando en que yo...?
El atigrado marrón agitó la punta de su cola con frustración.
—¿Dónde está Mapleshade? —repitió lentamente.
—E-está en la frontera, viendo una forma de entrar en el territorio del Clan Estelar. C-creo que es una o-obsesión suya del momento. Últimamente no para de hablar sobre eso.
—Al menos su obsesión nos puede ser útil —rió ligeramente, para luego ponerse serio—. Pero en cambio, mírate, gimoteando por estupideces. Ve con Snowtuft y consíguete un aprendiz, a ver si es que puedes hacer algo útil.
La gata crema estaba en visible confusión.
—P-pero... ¿acaso no iba a...?
—Tengo cosas mejores que hacer que lidiar con lloronas, además —tomó un largo suspiro y cambió su actitud a una más suave— es suficiente tortura estar en esta insufrible y hedionda pocilga, cuando otros que hicieron cosas peores están regordeándose en el Clan Estelar. —bajó su mirada y la enfocó en sus embarradas patas—. Frecklewish, siendo sinceros, no mereces estar entre verdaderos asesinos.
El dejo de amargura que el atigrado estaba desplegando era tanto que Jaypaw sintió como la bilis se le revolvía. La de color crema dejó caer unas lágrimas que sostuvo tensamente durante el argumento y sonrió ligera y temblorosamente del alivio y lo miró con empatía.
—Pero señor..., no tiene por qué estar tan afligido, Snowtuft me contó que usted no ha...
Hawkfrost gruñó, como si le hubiese tocado un nervio delicado.
—¡Snowtuft no tiene idea de qué habla! ¡Él ni siquiera sabe quién es! ¡Ahora vete, antes de que cambie de opinión!
—¡Gracias! Nunca olvidaré esta muestra de piedad tuya —murmuró con ansiedad mientras tropezaba torpemente tratando de huir lo antes posible.
El lugar volvió a estar silencioso.
Jaypaw decidió que ya vió demasiado. Sí, le trajo mucha intriga conocer más de su tío, pero a decir verdad, luego de ver esa interacción el aprendiz empezó a también temerle. Intrigante, pero peligroso. Dió media vuelta, dispuesto a volver al seguro territorio del Clan Estelar. No obstante, justo al empezar a avanzar, escuchó algo que lo congeló.
Una risa.
Una carcajada.
Y su nombre.
—¡Jaaaaaay! ¡Sé que estás ahí Jaysitooo! —su tío raro estaba canturreando su nombre a los cuatro vientos.
Jawpaw se quedó como piedra en su lugar y quitó las garras. Pero, ¿a quién engañaría? Ni si quiera pudo ganarle a un tonto aprendiz y pretendía ganar a este gato espeluznante muy temido y respetado por otros.
—Aww, pobrecito. Tienes miedo. Tranquilo, yo no muerdo —dijo con inocencia obviamente falsa.
"¿Enserio cree que soy lo suficientemente tonto como para creerle esa porquería?" Pensó Jaypaw al mismo tiempo que planeaba otra ruta de escape aún más sigilosa.
Luego, extrañamente Hawkfrost sonó dolido y corrigió lo que había dicho anteriormente.
—Erm... bueno, puede que muerda algunas veces..., causando heridas letales... ¡Pero a tí no te voy a morder! —ahora hablaba en un tono nervioso ¿Qué le pasa?
—¡Jaaaaaypaaw! —carcajeó una vez más maniaticamente— saaabes que no puedes escapar sin que te encuentre primero.
El atigrado gis azulado aplanó las orejas. Qué molesto. No era más ruidoso porque era imposible. "¡Cállate, ni siquiera puedo oír mis propios pensamientos, pedazo de escorpión inútil!"
—¿¡Cómo me llamaste?! —bufó indignado— Sinceramente no me esperaba que fueras tan grocero, ¡completo maleducado!
Jaypaw volvió a estar estupefacto.
No había dicho eso en voz alta, ¿verdad?
Un momento de distracción bastó. Cuando Jaypaw giró su cabeza para vizualizarlo, él estaba ahí, mirándolo fijamente mientras avanzaba hacia la posición del aprendiz.
—Brambleclaw no te crió tan bien como creí que lo haría ¡Pero claro! ¿¡Qué se podría esperar de un traidor como él?!
Largas garras se arrastraban en el fango mientras que algunas gotas hacían sonar un ritmo constante. Paso tras paso, el pobre corazón de Jaypaw no podía hacer más que acelerarse, sin embargo, su miedo lo forzaba a que se quede quieto. Nunca tuvo entrenamiento real y era demasiado débil y pequeño como para pretender ser más rápido que aquel gato que sólo parecía verse más intimindante con cada paso que daba.
Hawkfrost notó el ligero temblor en Jaypaw y la mirada aterrorizada que este tenía plasmada en su cara. No pudo más que sonreír.
—Aww, ya no estás tan burlón como antes, ¿cierto? Perfecto, ya vas entendiendo las cosas.
A Jaypaw no le quedaba otro remedio. Tendría que suplicar por su vida, igual que aquella gata. Inclinó su cabeza, mientras dejaba que un par de lágrimas bajaran por su rostro. "Esto no puede terminar así, ¿verdad? ¡¿verdad?!", pensó el joven.
Entonces, cuando Hawkfrost llegó junto a él y Jaypaw levantó tímidamente su cabeza adornada con cascadas para rogar, el atigrado marrón pareció estar extrañamente enternecido ante él y lo "consoló" frotando su esponjada cola por el costado del aprendiz.
—Shh... no vine a causarte daño y no tienes por qué implorar —habló con una voz tan suave y dulce que Jaypaw no podía creer que este fuera el mismo gato que hace tan solo unos momentos estaba amenazando terriblemente a alguien.
Jaypaw aceptó el acto de "amabilidad" y terminó también frotándose por su mullido pelaje, pero con bastante precaución, pues no podía dejar de pensar en la interacción con la gata ni apartar la mirada de la herida que hacía el carámbano puntiagudo, el cual causaba mucha más impresión ahora que lo observaba de cerca. Mientras más lo miraba, peor era.
Entonces Hawkfrost se apartó bruscamente. De nuevo, cambió extraña y rápidamente su actitud suave por una más energética, pero por suerte, no aterradora.
—¿Sabes quién soy? ¡Claro que lo sabes! Soy tu... er... tío... —esto último lo dijo con melancolía, pero luego siguió—. P-pero, c-como dije antes, no vengo a causarte daño o problemas, sino a tratar de solucionarlos.
Jaypaw cerró los ojos y se concentró en Hawkfrost, tratando de entrar en su mente. Sintió que estaba mintiendo en algo, pero que extrañamente era genuino el querer ayudar. Trató de ir más profundo y ver en qué mentía, pero el pánico corrió a través del atigrado marrón y su mente se cerró fuera del alcance del aprendiz.
Hawkfrost volvió a sonreír con expresión de aparente orgullo.
—No sabía que podías hacer eso. Impresionante.
Ya está. No hay otra explicación. Su tío loco también lee mentes. No es que fuera tan extraño, los gatos del Clan Estelar también podían sentir cuando él fisgoneaba en sus mentes y saber perfectamente lo que el aprendiz pensaba.
—No tienes idea de lo feliz que estoy de finalmente conocerte, Jaypaw. Es un orgullo tener tres... sobrinos sanos.
Jaypaw miró incrédulo a su tío al escucharlo decir "sanos". El Clan le había dejado bien claro que el ser ciego era una terrible desgracia.
—Te ví pelear...
Jaypaw sintió como la vergüenza tomaba control ¡Fue la mayor deshonra que pudo haber pasado! Tanto para él, como para su clan, como para cualquier guerrero y antepasado que haya existido. Estará pensado lo decepcionado que está de su sobrino ciego que es tan inútil que hasta el Clan Estelar le dice que él solo sirve para soportar enfermos y oler hierbas.
—No necesito tu lástima —masculló Jaypaw, inseguro de si debió decirlo o no y de cómo el guerrero recibiría su respuesta.
—Sé que quieres ser un guerrero —continuó Hawkfrost, ignorando el comentario de su sobrino—, y sé que todos te dicen que no puedes serlo. Y si no lo dicen, lo piensan.
Jaypaw mantenía su mirada al suelo con tristeza y frustración, porque como su tío dice, nunca llegará a ser lo que tanto ansía ser: un guerrero.
—¡Ya lo sé! —estalló el joven sacudiendo la punta de su cola— no necesitas recordarme mi día a día... eso ya lo hacen los de mi clan.
—Pero yo no creo eso.
Jaypaw levantó la mirada, impactado por lo que acababa de escuchar.
¿Enserio? ¿Alguien creyendo en el ciego?
Una pequeña sonrisa de esperanza iluminó la cara de Jaypaw
—¿P-perdón?
—Me alegra saber que heredaste las habilidades de combate... de tu... padre —Jawpaw empezó a notar algo extraño en su actitud cada tanto, pero no podía estar seguro, ya que su tío parecía ser alguien muy inestable.
Aún así, no entendía por qué lo adulaba tanto, si sus "habilidades de combate" son patéticas.
—Ambos sabemos que si tu mentora realmente hubiese hecho su trabajo de "entrenar", habrías desarrollado un desempeño de absolutamente mayor calidad en la batalla —dijo Hawkfrost con una muy amplia sonrisa.
El joven sintió un cosquilleo en su cuerpo. "¡Por fin alguien que lo entiende!", pensó feliz.
—Si lo deseas, yo puedo enseñarte. Mejorarás tus técnicas y aprenderás movimientos de lucha que no todos conocen —entonces se inclinó un poco más hacia Jaypaw y habló en voz más baja—. Cuando lo aprendas todo, esto te parecerá un simple juego de niños. Sabrás que has nacido para guiar a tu Clan a la gloria en la lucha y no para tratar ruinosos resfriados.
Esto emocionaba al aprendiz. Tal vez, aquel gato sin tornillos pueda realmente ayudarlo. Haría mejor trabajo que cualquier otro miembro de su clan, quienes creen que no vale la pena hacer aunque sea el intento de entrenar a un gato ciego.
—Debo advertirte —cambió su tono a uno solemne, haciendo que Jaypaw levante su mirada para clavarla en la de su pariente—, que quizá no llegues a pelear de la misma forma que tus compañeros de Clan, pero ten seguro algo: serás tan poderoso como cualquier líder de clan, tal vez aún más. No todos tienen madera para liderar y ser estratega, pero tu podrías serlo sin dificultad.
Estaba atónito. Su tío estaba dispuesto a hacer su sueño realidad. Para Jaypaw, la respuesta a su oferta era obvia. Quizá no sea lo más prudente, pero ser un guerrero es todo lo que el aprendiz ansía. Demostrar al resto que no era un simple cachorro indefenso. No había otra opción, o este demente, o nadie. Justo cuando Jaypaw daría su respuesta afirmativa, un olor familiar llegó hasta él, junto con sonidos de algunos arbustos moviéndose.
Hawkfrost gruñó. Era Spottedleaf.
—¡Jaypaw! ¿Qué haces aquí? Te hemos estado buscando por todos lados —luego posó su mirada en Hawkfrost de forma hostil, mientras continuó dirigiéndose a Jaypaw—. Parece que te has perdido.
—¿La conoces? —preguntó Hawkfrost a su sobrino, tratando de mantener la calma y contener el impulso de callar a Spottedleaf a zarpazos.
—Sí, ella me cuidó mientras estaba inconsciente debido a un... accidente. Spottedleaf, él es Hawkfrost, mi tío. Lo acabo de conocer.
—Ya veo... —respondió ella mientras empujaba al joven, apurándolo para salir de ese lugar lo más rápido posible—. Siento mucho interrumpir esta reunión familiar..., pero no deberías estar aquí, Jaypaw.
—¡¿Y qué hay de tí?! —estalló Hawkfrost, deteniéndola— Tú tampoco deberías estar aquí. Dime, ¿cómo es que pasaste la barrera?
Jaypaw creyó sentir una pequeña chispa de esperanza en su voz cuando el atigrado marrón pronunció la última frase, pero no estaba muy seguro.
—Vine aquí con el permiso del Clan Estelar, a llevar a Jaypaw a donde verdaderamente pertenece.
Esta gota normalmente sería la que tumbara el balde, de no ser porque Hawkfrost podía ser alguien bastante frío y calculador cuando realmente se lo proponía.
—Siguiendo esa lógica todos aquí ya estaríamos en tu estúpido territorio. Gatos como Frecklewish habrían alcanzado su tan ansiada paz hace mucho tiempo.
—Vámonos, Jaypaw —dijo la gata tricolor dando media vuelta para retirarse, asumiendo que el joven la seguiría sin cuestionar.
Pero Jaypaw no se movió. En cambio, miró extrañado a la curiosa tensión entre ambos gatos. Sus grandes ojos se mantenían clavados en su particular pariente mientras trataba de entender su "pensamiento" y su rechazo a una gata que Jaypaw consideraba como bondadosa y confiable.
—¡Jaypaw! —ahora la curandera antepasada sonaba indignada.
El aprendiz se forzó a quitar su ardiente mirada de los profundos ojos azules de Hawkfrost y siguió a Spottedleaf.
Pero luego volvió a detenerse cuando reparó en que su tío no lo iba a acompañar ¿Acaso la rivalidad de ambos es tal que no soportan estar en un mismo lugar? Un momento, habían mencionado algo sobre territorios antes ¿Más clanes? ¿Cómo podía ser eso posible? ¿Es esa la razón de su enemistad?
Jaypaw bufó ¿Por qué todos eran tan complicados? ¿No pueden poner acaso todas las cosas sobre la mesa, como debería ser? Tantas preguntas... Decidió acabar con el tonto "misterio" y preguntar de forma directa.
—¿Por qué mi tío no puede venir con nosotros? —preguntó "inocentemente".
Spottedleaf hizo una mueca de irritación por cómo Jaypaw se refirió al guerrero.
—Algunos gatos toman su propio camino —respondió sin querer dar demasiados detalles y apresurando el paso.
—¿Por qué lo tratas así? Él es mi familia y parece ser genuino en varias cosas —al decir lo último pensó de nuevo en aquella mentira que presintió antes mientras conversaba con Hawkfrost.
La gata tricolor ya se había quedado sin paciencia. Al cruzar la frontera y avanzar un poco más se giró abruptamente y encaró al curioso aprendiz. Y ahí lo vió. Sofocantes olas de temor chocaban contra él. Ella temía, no sólo por él, sino por los clanes.
Jaypaw salió de su trance y rodó los ojos. Aveces estos gatos pueden llegar a ser demasiado irritantes, paranoicos y exagerados, aunque lo niegen desde el alma.
—No todos los gatos son lo que parecen —y con esto, la curandera selló la conversación con intención de no volver a tocarla.
Tan ambiguo...
Jaypaw entendió que ella no hablaría sin importar cuánto tiempo la estuviese interrogando, así que cedió.
—Dime por qué has venido a ver al Clan Estelar —exigió Spottedleaf.
—Porque pude —respondió simplemente el aprendiz, harto de que espere respuestas claras de otro pero que las suyas sean acertijos mal planteados.
—Has venido a averiguar tu auténtico destino, ¿no es cierto?
—¿Cómo...?
—¿Cómo has llegado hasta la Laguna Lunar siendo ciego? —cuestionó antes de que Jaypaw pudiese terminar su pregunta.
—¿Esto es conversación o interrogatorio? A duras penas respondes lo que yo te pregunto pero aún así exiges mis respuestas.
La gata suspiró.
—Lo siento, pero no estás preparado para saber aquellas respuestas.
Entonces Jaypaw estalló.
—¡Estoy preparado para lo que sea! ¿Por qué es tan difícil conversar con ustedes? ¿Por qué nunca responden?
—Porque tememos por ti —los ojos de Spottedleaf se ensombrecieeron al pronunciar aquellas palabras.
—Temen demasiado. Hawkfrost cree que puedo ser guerrero, él sí puede reconocer mi fuerza. No soy un tonto y frágil cachorro.
—¿Qué? Nunca dije eso.
—Sí, claro —Jaypaw rodó los ojos.
—Además —Spottedleaf ignoró el comentario del aprendiz—, ¿de verdad confías en alguien como Hawkfrost?
Jaypaw sacudió la punta de la cola cuando escuchó la forma tan despectiva que Spottedleaf se refirió a su familiar.
—¿Qué quieres decir? Confíe o no, la realidad es esta: nadie nunca se atrevió a darme una sola palabra de halago genuina. Él es el único gato que ha mostrado una pizca de esperanza hacia mi futuro como guerrero. Si las cosas siguen como están, él será el único que se ofrecerá para ser mi mentor. Y si aceptar su oferta significa que tendré una oportunidad de probarme, que así sea.
Mientras que en el rostro de Jaypaw se veía determinación, el rostro de Spottedleaf reflejaba espanto.
—No, Jaypaw... Tienes un don maravilloso: puedes ver lo que ningún gato ve, ir a donde ningún miembro del Clan Estelar puede..., pero debes saber usar aquel don. Úsalo para el beneficio de los Clanes —en el tono y en las palabras de Spottedleaf sólo se percibían súplicas teñidas de temor.
Esto ablandó temporalmente a Jaypaw.
—¿Pero cómo?
—Debes convertirte en curandero.
El mundo de Jaypaw cayó con sólo aquellas cuatro palabras. Prefería mil veces lo que Hawkfrost le había dicho a la dura realidad que Spottedleaf le estaba contando.
Pero... ¿había solo una realidad?
—Yo quiero ser guerrero —respondió con toda la calma que pudo reunir. Esta terminó siendo mayor que la calma de la curandera.
—¡Pero tienes un don!
—¿¡A qué clase de "don" te refieres!?¿Tener sueños raros es un don?
—Tú sabes más que nadie que esos no son sueños cualquiera.
—¡¿Qué consigo con esto?! Todos me siguen tratando como cadáver podrido de ratón.
Spottedleaf agrandó los ojos al escuchar menuda expresión.
—Ellos desconocen el poder que tienes, Jaypaw, poder de sobra para modelar el destino de tu Clan —la gata se encontraba temblando.
Jaypaw se quedó mirándola.
—Yo voy a ser guerrero.
—¡Acepta tu destino!
—¡No es justo! —de repente, Jaypaw parecía mucho más viejo— ¿Qué no nos dejaban decidir nuestro propio camino? ¿No es por eso que no me respondes nada? ¿"Para no interferir en nuestras vidas"? ¿"Para que nosotros escojamos nuestro propio destino"?
El cuestionario tomó por sorpresa a la antepasada. Hizo un gesto para pedir silencio.
—Jaypaw, tu don no es una carga, pero debes ser valiente, porque tiene más potencia que la más afilada de las garras.
—Eso no tiene nada que ver con lo que te pregunté —murmuró entre dientes, lo suficientemente bajo como para que la gata no capte por completo lo que dijo.
Justo entonces, el joven sintió cómo el sueño lo abrumada, cómo sus patas se sentían cada vez más pesadas.
—No...
Perdió el equilibro, todo se estaba oscureciendo.
¿Así terminaría todo? A veces es mejor rendirse y dejarse llevar...
—¡NO!
Jaypaw hizo de tripas corazón, de cartílagos hueso y se levantó.
—Pase lo que pase... me convertiré en guerrero... ¡¿Me oíste?! Recuerda estas palabras, Spottedleaf... me convertiré en guerrero. Recuérdalo.
Antes de caer de vuelta en la oscuridad vió algo: Spottedleaf mirándolo con algo que sólo se podría describir como terror puro y crudo.
Al levantarse todo volvió a ser oscuro, como de costumbre. Pero algo había cambiado dentro de Jaypaw. Se levantó y se estiró lentamente. Mientras se alejaba de la Laguna Lunar sólo podía pensar en aquella última conversación... si se le podía llamar a eso una conversación.
Sentía cómo unas suaves voces se envolvían por él.
"Acepta tu destino, Jaypaw"
A lo que Jaypaw solo contestó:
—Recuerda mis palabras, Spottedleaf.
