Work Text:
El mundo automotriz no era algo a lo que Eijiro Kirishima le prestara demasiada atención. Podía jurar que, durante su infancia, había visto alguna carrera en la televisión y poco más. Sin embargo, incluso alguien como él podía notar que el sonido del motor del vehículo en el que viajaban no era normal.
Y tampoco hacía falta pensar demasiado para darse cuenta de que el estado del vehículo tenía mucho que ver con el humor de Bakugo.
—Si sigues así, el auto va a llegar antes que nosotros —comentó Kirishima con un tono ligero, sin intención real de burlarse.
—No molestes —respondió Katsuki, sin apartar la vista del camino—. Estoy manejando bien.
—No dije que manejaras mal. Solo dije que te estás apresurando demasiado.
La autopista se extendía frente a ellos, iluminada por las luces de los postes y los vehículos que cruzaban la noche. No había demasiado tránsito, así que llegarían a su destino mucho antes de lo esperado.
Precisamente, eso era lo que mantenía a Bakugo más tenso. Kirishima había aprendido a reconocer esos momentos en los que él no explotaba ni gritaba, pero donde tampoco conseguía relajarse.
Desde el asiento trasero, Izuku Midoriya observaba el intercambio con discreción.
—Kacchan —empezó con cuidado—. Todavía tenemos tiempo. Nadie espera que lleguemos tan temprano.
—¡Cállate, Deku! —cortó Bakugo, más fuerte de lo necesario.
Midoriya decidió no insistir y volvió a recostarse contra el asiento, aunque no terminó de relajarse. Tenía la ligera sospecha de que la conversación aún no había acabado.
—Está nervioso —confesó Kirishima un par de segundos después.
La declaración tomó por sorpresa a Izuku, que abrió los ojos y buscó a Eijiro con la mirada, desconcertado.
Bakugo soltó una risa breve y seca.
—¿Yo? ¿Por ver a esos idiotas otra vez? No digas estupideces.
—Creo que es normal —intervino Midoriya, dejando escapar una pequeña sonrisa—. Hace mucho tiempo que no estamos todos juntos. Es muy distinto a cuando estábamos en la escuela.
La frase quedó suspendida en el ambiente, y ninguno de los tres necesitó aclarar a qué se refería. Todos cargaban con el peso de la guerra, con los recuerdos de sus años en la UA y con todo lo que había cambiado desde entonces. Algunas heridas se notaban más que otras, pero era imposible pasar por alto que el tiempo los había transformado.
Katsuki tampoco respondió enseguida. Sus ojos continuaron fijos en el camino; no obstante, Kirishima observó que el agarre de sus manos sobre el volante ya no parecía tan rígido.
—Van a mirar —murmuró al final—. Van a decir cosas. Van a hacer preguntas de mierda.
—Sí —admitió Kirishima, relajado—. Probablemente.
—Vamos a ser el centro de atención.
La última oración salió de la boca de Bakugo en un tono más cansado que agresivo. Eso hizo que Izuku frunciera el ceño. Había pensado que toda la tensión de su amigo estaba relacionada con reencontrarse con el resto de la clase. Sin embargo, cuanto más avanzaba la conversación, más claro se volvía que había algo más.
Por cómo hablaban, parecía que Kirishima era el único que lo sabía.
Decidido, Midoriya se inclinó y observó la parte delantera del vehículo con esperanza.
—También se van a alegrar —aseguró Eijiro.
—Tú no sabes eso —gruñó Bakugo—. Esos idiotas son impredecibles.
—Sí lo sé —respondió Izuku con firmeza—. Porque siempre estuvimos ahí los unos para los otros. Así que, sea lo que sea, no vas a enfrentarlo solo.
La afirmación dibujó una pequeña sonrisa en el rostro de Kirishima. Bakugo, en cambio, soltó un rezongo por lo bajo.
—Además —añadió Eijiro mientras bajaba la mirada hacia sus manos—. Tampoco es como si estuviéramos ocultándolo.
El brillo metálico del anillo llamó la atención de Midoriya.
—No lo estoy ocultando —afirmó Bakugo, moviendo apenas la mano izquierda sobre el volante, donde otro anillo se reflejó—. Nunca escondería algo tan importante.
Izuku parpadeó, volvió a mirar ambas manos y abrió los ojos con asombro.
—¿Eso significa que ustedes…?
—No hagas un escándalo —advirtió Bakugo antes de que terminara la frase.
—Nos casamos —confesó Kirishima con una sonrisa imposible de disimular—. Hace un tiempo.
Durante unos segundos, Midoriya no reaccionó y permaneció en silencio, procesando la información. Después, su expresión cambió por completo y la sorpresa quedó reemplazada por regocijo.
—¡Eso es increíble! —exclamó, incorporándose por completo—. Quiero decir, tiene sentido, pero igual es increíble.
—Te dije que no hicieras un escándalo, Deku —refunfuñó Bakugo, aunque no había enojo real detrás de las palabras.
Midoriya no pudo evitar sonreír mucho más. Que ellos estuvieran casados tenía sentido, especialmente después de todo lo que había visto entre ellos durante años. Aun así, escucharlo de manera directa y oficial seguía sintiéndose importante.
—Sí, van a hacer preguntas —retomó Kirishima, regresando al tema anterior—. Pero también van a entender.
Bakugo dejó escapar una exhalación profunda, soltando todo lo que había estado reteniendo.
—Más les vale —murmuró, asumiendo la situación—. No quiero obligarte a dormir en el sofá.
—¡Oye! —protestó Kirishima.
—Silencio, Eijiro. Distraes al conductor.
Una risa suave escapó de la boca de Kirishima y, desde atrás, Izuku observó la escena con una mueca alegre todavía presente en el rostro, apoyando la cabeza contra el asiento mientras el sonido del motor se reducía.
—Se van a poner muy felices —aseguró—. Ah, cierto, ¡felicidades!
Una sonrisa apareció en el rostro de Kirishima antes de añadir:
—Gracias, Midoriya.
Bakugo no respondió. A Izuku tampoco le preocupó demasiado. Con solo mirar la postura de su amigo, sabía que estaba bien y que el silencio en el vehículo ya no sería incómodo.
Al menos, hasta que Izuku volvió a incorporarse de golpe con una sola pregunta.
—Espera… ¿eso significa que ahora eres Kacchan Kirishima…?
El frenazo no ocurrió porque Kirishima reaccionó a tiempo.
