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Español
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Published:
2013-06-17
Updated:
2013-12-01
Words:
7,836
Chapters:
3/?
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583

Achanta, coño.

Summary:

Qué coño, tiene una nota media que haría llorar de vergüenza al inventor de los sobresalientes, ha salvado el planeta Tierra y se merece la Enterprise.

(El primer capítulo sucede entre la destrucción de Nero y el inicio de la misión de la Enterprise y puede funcionar en solitario.)

Sin spoilers de ST Into Darkness.

Chapter 1: Achanta, coño.

Chapter Text

Transcurren cuatro meses entre el ataque de Nero a la Tierra y el inicio de la nueva misión de la Enterprise pero sólo dos semanas antes de que Jim se de cuenta de que capitanear una nave estelar no va a ser siempre así, una salvaje lucha contra un villano del futuro, una desesperada huida por la supervivencia.

Probablemente de vez en cuando lo sea, si tiene que creerse la mitad de los informes confidenciales a los que Pike le ha dado acceso, pero no siempre será así.

Habrá períodos de calma entre una misión y otra, días de asueto generales en planetas con espacios para el recreo, visitas diplomáticas no conflictivas a planetas de la Federación. Largas semanas de paz y turnos tranquilos dentro de la nave donde sus únicas preocupaciones deberán ser llevar al día burocracias varias, mantenerse al tanto de las necesidades de su nave y no perder la forma ni la energía.

-Y esa es la única parte que me preocupa un poco -concluye el capitán Pike, tres semanas después de su propia revelación y a pocos días de convertirse en Almirante-. Nadie duda de tus aptitudes ante las situaciones de crisis pero la misión de la Enterprise será eminentemente pacífica, y seré franco: la única duda que mantiene el almirantazgo, la que le retiene en la toma definitiva de una decisión, es la marcada tendencia hacia, hacia el caos, que muestra tu perfil psicológico.

Jim cambia el peso de su cuerpo de un pie a otro, piensa en que habría sido una idea estupenda tomar asiento cuando se le fue ofrecido, respira hondo.

No tiene muy claro cómo empezar a responder a eso.

-Capitán -Pike le mira con ojos tranquilos, llenos de una confianza que Jim sabe que se ha ganado pero no está seguro de haberse merecido-. Capitán, ¿estamos hablando de un perfil psicólogico actualizado o uno basado en mi situación previa a la Academia?

-Nadie cambia mucho en tan poco tiempo, hijo.

Lo dice sin asomo de crítica, con una amabilidad innata en la mirada. Jim querría poder ofenderse -cree que le daría un toque elegante a su propia defensa- pero no puede cuando el hombre que le ha llevado hasta donde está, el hombre que ha sobrevivido a que un bicho le comiera parte del cerebro y que le convirtió en el primer oficial de su nave llevado por el instinto para la victoria que sabe que comparten, ese hombre le mira frente a frente como a un igual, sin asomo de superioridad.

-Usted me ha traído hasta donde estoy, señor.

-Que es donde creo que debes estar -asiente Pike.

-¿Entonces cuál es el problema? ¿Creen que iniciaré una crisis en mi propia nave para mantenerme entretenido?

Y Pike alza una ceja, lo que no deja de tener gracia porque sus siguientes palabras son:

-No sería la primera vez, por lo que tengo entendido.

Y todo el asunto de alzar cejas lleva semanas recordándole insistentemente a Spock.

Y el problema, aquí como en las tres reuniones con el consejo y las dos conversaciones con Uhura en los dos bares en los que se la ha encontrado, el problema recurrente es siempre Spock.

(-Alguien aquí está siguiendo a otro alguien y yo no soy ese alguien. El primero, quiero decir. Ese es el que no soy. El segundo sí.

-Cállate, Kirk.

-Capitán Kirk.

-Hazte todas las ilusiones que quieras -le había dicho ella con una sonrisa bastante sincera y un brillo malicioso en los ojos- pero no eres el único nombre en la lista.)

Jim inspira lentamente antes de responder.

-Eso fue... -diferente, personal, una petición expresa de su yo del futuro proveniente de lo que ahora siempre será una realidad alternativa-, necesario.

-Lo sé.

-Y no me resultó entretenido.

Ahí, Pike tuerce la boca en una sonrisa divertida.

-Lo supongo.

Jim suspira y cede a la tentación de sentarse. Lleva días estudiando sin descanso para sus exámenes finales, excediendo las expectativas en prueba práctica tras prueba práctica y procurando demostrar que puede hacerlo.Que no será un error. Que ha llegado su momento.

Lleva días sin descansar apropiadamente y por eso pierde la paciencia y hace lo que suele hacer cuando pierde la paciencia: ir directo al grano.

-Es Spock, ¿verdad? ¿Spock quiere la capitanía de la Enterprise? Porque puedo entender que la desee y puedo entender que le apoye, señor, puedo entender que todos le apoyen, pero puedo asegurarle que será un error.

Y se hace un silencio que absorbe su frustración y lo convierte en la curiosidad evidente, casi palpable del capitán Pike.

-Un error -repite éste, sin dejar entrever nada en su tono de voz.

-No se lo puedo explicar, señor.

-Ya veo.

Es que no tiene ni puto sentido, señor.

Jim se levanta, se lleva la mano al cuello sin apenas darse cuenta. Mete dos dedos entre la piel y el uniforme y tira de él un poco, intentando que ceda.

-¿Eso es todo, señor?

Esta vez es Pike el que suspira, el que niega con la cabeza.

-Afirmativo, cadete Kirk.

Jim se pone firme, saluda,

-Gracias por todo, capitán.

y se aleja hacia la puerta.

-Jim -se gira con una mano en el pomo y la otra todavía en el cuello del uniforme-. El comandante Spock no quiere la Enterprise. Planea abandonar la Flota Estelar.

 

 

 

Durante la siguiente semana Jim supera con brillantez sistemática todas las pruebas finales de su último año en la Academia. No sale de juerga, apenas ve a Bones, ingiere cantidades industriales de café y evita a los periodistas que asaltan continuamente a todos los tripulantes activos de la Enterprise durante el ataque del Narada. No se insinúa a Uhura cuando se la encuentra en la biblioteca (Nunca hubiera creído que supieras llegar hasta aquí, Kirk) y procura no autocompadecerse pensando cosas como que qué coño, tiene una nota media que haría llorar de vergüenza al inventor de los sobresalientes, ha salvado el planeta Tierra y se merece la Enterprise. Es que se la merece.

Procura no pensar en cosas así mientras espera la decisión del consejo y todos los días, todos, come en la cafetería del edificio de ciencias.

Todos.

Y ni un puto día se cruza con Spock.

Así va a ser difícil convencerle de que no deje la Flota, piensa Jim.

Así va a ser difícil convencerle de que sea su primer oficial.

 

 

 

Es como para pensar que lo mismo no es cosa del destino, lo de que se hagan amigos. Lo mismo en la otra realidad fue pura coincidencia. O tal vez Jim ha cambiado tanto con eso de criarse sin padre, casi sin madre y con un padrasto gillipollas que ya no tiene lo que hay que tener para ganarse el afecto de Spock.

Lo piensa en la cama medio dormido, medio despierto, a las cuatro de la mañana, insomne pero agotado porque su cerebro rara vez descansa y le está tocando los huevos lo de no encontrarle "por casualidad" y lo de no decidirse a preguntarle a nadie dónde cojones se mete.

 

 

 

(La respuesta, si preguntara y Uhura le respondiera, sería "en Washington, Kirk, pero no es asunto tuyo". 

Reunido con su padre y el resto de los peces gordos vulcanos. Buscando un planeta adecuado para asentar a todo lo que queda de su civilización. Decidiendo el devenir de su especie.)

 

 

 

-Jim.

Al final sucede de la forma más inesperada posible, lo de su encuentro post-crisis apocalíptica. Jim está en proceso de arrastrarse hacia su habitación tras dejarse convencer por Scotty de que no es una mala idea dedicar la noche a una partidita de póker y whisky ahora que ya no le quedan exámenes ni pruebas que superar. Y tal vez Scotty tuviera razón cualquier otra noche. Cualquier otra que no fuera la anterior a la reunión que ha convocado el alto mando para condecorar a los héroes de la crisis de Nero y -Jim está segurísimo de ello- oficializar por fin la nueva tripulación de la Enterprise.

Así que sí, está borracho y no, no se ha metido en ninguna pelea porque a) aunque le guste disimularlo Jim es demasiado listo para follarse así su expediente (por mucho que haga meses que no se folla nada más) y b) no había cerca ninguna chica guapa por la que pelearse.

Vamos, que no había ninguna chica, porque Jim es muchas cosas pero exquisito no es una de ellas.

-Spock.

Se le escapa más sorpresa de la que le habría gustado, más aliento a whiskey y más emoción en los ojos de lo que le gustaría.

-Cadete Kirk -se corrige Spock esta vez, y Jim está borracho pero siente en el estómago una emoción rara, así como caliente, al darse cuenta de que antes de pensar en cómo debía llamarle, Spock ha pensado en él como Jim.

-Ey, cuánto tiempo, ¿eh?

-Ciertamente.

Se miran un momento sin hablar, en medio del pasillo. Jim no lo aguanta mucho tiempo. Ni eso ni su propia falta de equilibrio. Se acerca a una pared y se apoya. Le sonríe.

-¿Y qué te trae por aquí? -señala el edificio entero, la residencia de estudiantes de último año en la que no le correspondería estar si no fuera un cagaprisas.

(Al menos eso es lo que dice Bones.)

-Una visita.

Uhura, claro. Jim se aclara la garganta sin saber muy bien por qué. No es como si fuera incómodo o algo, que Spock vaya a visitar a su novia y salga de su habitación a altas horas de la noche. Jim también lo haría si Uhura le dejara, vaya.

-Ya me iba -dice Spock, pero no se mueve. Jim no está bloqueando el paso ni mucho menos pero tiene la clara sensación de que el pasillo es demasiado estrecho para los gustos de Spock en materia de espacio personal. Lo sabe y no tiene muy claro cómo porque en realidad no le conoce en lo más mínimo, pero lo sabe.

Y no sería Jim (no sería un Jim borracho) si no aprovechara la ventaja estratégica para preguntarle lo que lleva picándole en el estómago durante días.

-¿Qué es todo eso de que dejas la Flota?

Spock no se yergue más, más que nada porque es imposible erguirse más. Pero eso no evita que Jim sienta que lo ha hecho, que se ha cubierto de una capa más de, de -busca una palabra pero no cuenta con mucho cerebro activo, en esos momentos- defensividad.

Está casi seguro de que es la palabra adecuada. 

(Se equivoca.)

-Esa información no es oficial ni de dominio público.

Jim se encoge de hombros, más o menos.

-Me lo ha dicho Pike.

-Ya veo.

Se miran en silencio otra vez; unos instantes que probablemente no sean más de tres segundos pero es que en general tampoco es que haya muchos silencios entre la gente, al menos no tan así. Intensos, concentrados.

-Si me disculpas, ya me iba.

Y esta vez Spock sí se pone en movimiento. Y Jim también, alejándose de la pared apresuradamente y, sí, demasiado apresuradamente porque pierde el equilibrio de inmediato. Spock está allí, cerca, pasando a su lado en dirección a la salida y los reflejos son los reflejos: le sujeta por el brazo y le devuelve el equilibrio antes de soltarle inmediatamente.

Espacio personal y todo eso, piensa Jim.

Y la sensación electrizante de percibir con claridad el calor de cada uno de esos dedos atravesándole el brazo.

-Ey -dice Jim, y le sonríe borracho, la voz un poco más baja porque están más cerca, con una mala imitación de su encanto habitual-. Gracias.

-Tu agradecimiento no es necesario.

-¿Entonces no me vas a responder? ¿Spock? -Jim se interpone en su camino deliberadamente, intentando que su sonrisa sea lo más abierta posible, lo más amigable.

-Eso tampoco lo veo necesario.

Y Spock le rodea y Jim se gira hacia él y Spock, de espaldas y alejándose, le dice

-Buenas noches.

y no se le puede culpar a Jim de liarla un poco porque en realidad la culpa la ha tenido Scotty.

-¿Crees que en Nuevo Vulcan vas a ser más feliz que en la Flota Estelar?

Spock se queda inmóvil, a cinco metros, sin volverse.

-Es allí a donde vas, ¿verdad? -insiste, tirando del hilo suelto que ha encontrado en la espesa capa de neutro desinterés que parece rodear a Spock- ¿A Nuevo Vulcan? No digo que no sea lógico lo de ir pero tu lugar no está allí, Spock. Te aseguro que no.

Spock se yergue un poco más (se va a romper de un momento a otro, piensa Jim) y se gira lentamente hacia él.

-Te aseguro que no -repite.

-Me lo aseguras.

Lo dice con tono inexpresivo y el mismo gesto neutro que parece ser la norma en él. Aún así Jim está seguro de que está un poco sorprendido. Como mínimo.

Se aclara la garganta otra vez. Puede que no esté siendo su mejor discurso pero no le está golpeando ni tratando de asfixiar hasta la muerte así que tampoco debe ser el peor.

Asiente.

-He estado intentando decírtelo durante días -añade sin darse cuenta, porque con el cerebro tan inundado de licor es difícil no ser sincero.

Spock alza una ceja perfectamente delineada.

-Estás borracho, cadete.

-Sí, bueno -Jim mueve una mano en el aire, desdeñando esa información-. La cuestión es que tu lugar está en la Enterprise conmigo, Spock. Tú mismo lo sabes.

La misma ceja se alza un poco más. Casi roza el absurdo flequillo que Jim de verdad, de verdad quisiera poder entender.

-¿Cómo es posible que sepa que mi lugar está en la Enterprise -no repite el resto de la frase- sin ser consciente de ello?

-Bueno, es que todavía no lo sabes, pero ya lo sabrás.

-Entiendo.

A Jim se le escapa la risa. Una risita estúpida que Bones no le dejaría olvidar nunca si estuviera allí para oirla. Pero Bones está dormido en el suelo del apartamento de Scott, con la boca abierta y un hilo de baba a punto de llegar al suelo. Hay fotos que lo atestiguan.

-Pensaba que los vulcanos no podían mentir.

-He utilizado el verbo "entender" no desde su definición real sino como lo que me han dado a entender es una expresión humana común, en un intento obviamente infructuoso de animarte a seguir compartiendo tu sorprendente, si bien carente de toda lógica, argumentación.

Muy bien, guau.

-Guau. ¿Puedes repetir eso?

Y no es un suspiro pero Spock inspira aire lenta, casi imperceptiblemente y Jim decide que cuenta como un suspiro, en lo que viene siendo Spock.

-Descansa, cadete. Resultaría conveniente que mañana te halles en uso de todas tus facultades en el momento de acudir a la sala de conferencias.

Esta vez se gira y Jim no le detiene, no sabe muy por qué. Tal vez porque la forma en la que le dice esas últimas frases le resulta agradable, como si más que reprenderle Spock estuviera -y Jim sabe que suena ridículo pero- cuidando de él.

-Pero no te vayas a Nuevo Vulcan, ¿eh?

La puerta del pasillo se cierra tras Spock y Jim, a solas con sus pensamientos espesos e informes se nota agotado y adormilado y con una incipiente resaca presionándole contra las sienes pero también se siente seguro, contento.

Spock no se va a ir a ninguna parte. Jim lo sabe porque Spock no le ha llevado la contraria y porque su sitio está en la Enterprise.

Con Jim.

Me lo has dicho tú así que achanta, coño.

 

 

  

Todo el mundo aplaude. Es- Jim no sabe muy bien cómo explicarlo pero bueno, es infrecuente. La gente no suele aplaudirle por hacer las cosas bien. No suelen considerar que haga las cosas bien. Actúa por instinto como si fueran suyos todos los aplausos del mundo pero en eso como en muchas cosas su instinto araña, golpea, engaña, corre, salta y usa todo tipo de trucos para salvarle el pellejo, para que siempre se salga con la suya. Así que Jim alza la mano, sonríe y juega a ser el amo del universo.

Porque bueno, un poco sí que lo es.

Como mínimo tiene derecho a una parte de lo que ha salvado.

Aunque no he sido sólo yo.

Le busca entre la multitud casi por costumbre, porque es otra cosa que hace su instinto últimamente, buscar a Spock. Le encuentra de pie entre el resto de oficiales, sin aplaudir, mirándole fijamente.

Jim sigue queriendo pensar que Spock va a acudir a la Enterprise pero no lo sabe, en realidad, y a Jim se le acaban los días en el planeta.

Después busca al resto de su tripulación. De la que espera que acceda a ser su tripulación. Bones, Uhura, Scotty, Sulu, Chekoj. Hasta Cupcake. Piensa quedarse incluso con Cupcake.

Esto va a funcionar. Va a funcionar de verdad.

Tiene un poco de miedo, para qué nos vamos a engañar. 

Le tranquiliza la sonrisa de Pike. El “estoy relevado” que suena a “estoy aliviado, orgulloso y con ganas de unas vacaciones, hijo”.

Las siguientes palabras ni siquiera las puede explicar. Lo que le hacen. Es la primera vez que alguien le dice eso (ni siquiera su madre le ha dicho nunca eso) y es-

Es lo que necesitaba oír. 

Es lo que necesitaba oír antes de salir ahí afuera a enfrentarse a lo desconocido y no volver en cinco años a la Tierra.

 

 

  

-Permiso para abordar, Capitán.

-Permiso concedido.

-Como aún tiene que elegir a su primer oficial me gustaría presentar mi candidatura. Si lo desea puedo brindarle referencias.

-Será para mí un honor, Comandante.

Jim se fuerza a dejar colgando las manos a sus costados. Flexiona los dedos. Se gira hacia Sulu y sigue adelante con el cerebro en automático y el corazón desbocado de éxito, de nervios, de paz.

Éxito porque ha ganado. Porque no tiene claro si le ha convencido él o qué pero Spock no se va a ninguna parte y a Jim le encanta, le chifla ganar.

Paz porque es así, es así como tiene que ser y no sólo porque lo diga Spock. El otro Spock. También porque su instinto se lo repite constantemente (que no se vaya sin él, que será mejor con él que sin él.)

Nervios no sabe muy bien por qué. Por cómo su reluciente primer oficial no sonreía pero casi mientras se acercaba a él.

Porque se van a comer el universo.

Él, James Kirk. 

Con Spock. 

Con los demás.

Eso es lo que van a hacer.