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Hay veces que el universo funciona de forma rara, todos lo sabemos, pero el 19 de enero de 1999 se pasó de gracioso. Pero, ¿por qué? Esa fecha nació Ezra.
Desde su nacimiento se vio que sería único, porque al contrario de otros bebés, él no nació llorando, lo que asustó mucho a sus padres. Pero no fue que tuviera un problema, simplemente era así. Desde ese día fue muy extraño para todos. Era solitario a su forma, no era de llorar a no ser que hubiera mucha gente. Jamás interactuó con otros niños, solo con su hermano mayor, Gael, y tampoco es que lo hiciera mucho.
Y así era, solitario hasta los 6 meses, cuando un día en la guardería...
Los cuidadores habían puesto a los bebés a dormir en sus cunitas. Todo era normal hasta que pasaron por la cuna de Ezra.
—Oye, ¿y el bebé? —dijo un cuidador con tono preocupado.
—¿A qué te refieres? Ahí estaba, yo lo acosté.
Y cuando se fijó, ahí no había nada, y empezó el pánico.
—¡¿Dónde está?!
—Yo lo había visto por la zona de libros.
—No se nos puede perder un bebé.
Hasta que pasaron por una cuna que se veía más cargada de lo normal, y ahí había dos bebés. Lyra, una bebé muy tranquila, y Ezra estaban dormidos juntos.
—Ay, qué tiernos se ven juntitos, mira, se están abrazando.
Todo sería normal. El problema es que Ezra no dejaba que otro bebé lo tocara. Si se acercaban a él, se alejaba o simplemente los ignoraba. Y aparte, cómo se habían juntado nadie lo sabía.
—Sí, la escena es muy tierna, pero hay que ponerlo en su cuna —dijo un cuidador justo cuando estaba levantando a Ezra.
Y ahí todo se arruinó.
En cuanto Ezra se separó de Lyra, reventó en llanto. Pero no era un llanto tranquilo, era desesperado. Movía sus manitas hacia su amiga.
—Cálmalo, ya va a despertar a los otros.
—¿Por qué los separas? Estaban bien bonitos juntos.
El llanto fue tan fuerte que Lyra despertó y, cuando no sintió a su amiguito, también rompió en llanto.
—Genial, ahora están los dos llorando.
El cuidador, con Ezra en manos, los volvió a juntar. Ahí se calmaron, sus manitas se sintieron, se volvieron a abrazar y se volvieron a dormir muy rápido.
Desde ese momento estos dos bebés serían inseparables. Se empezarían a ver más seguido fuera de la guardería porque sus padres los juntarían más seguido. Lyra pasaba tanto tiempo en casa de Ezra que Gael la consideraba de la familia. Dormían juntos, comían juntos, súper inseparables. Solo no los separes por mucho tiempo porque, si lo haces, llanto desesperado.
Y así serían los primeros 6 años de los dos, con momentos súper tiernos de Ezra y Lyra.
Por ejemplo, a los 3 años Ezra y Lyra están en una fiesta de cumpleaños por obligación más que por gusto. Están juntitos cuando la madre del cumpleañero se acerca a preguntarles si quieren agua o algo de comer. Ezra, en cuanto la señora se acerca, se pone detrás de Lyra y ella dice:
—Disculpe, es que tiene muchos problemas para hablar con otras personas. Los dos queremos un jugo de piña.
Y Ezra, en su espalda, susurra:
—Pídele un hotdog, por favor, sin salsas, solo catsup.
—Y por favor un hotdog sin nada, solo quiere catsup.
A los 6 ambos entraron a primaria, pero días antes de entrar Lyra estuvo dándole clases a Ezra para socializar.
—Okey, Eri, ¿recuerdas qué dije?
Ezra estaba en la mesa de su cuarto con papeles por todos lados.
—Sip, que la gente no se va a acordar de cuando me equivoqué, solo soy un momento diminuto en su vida.
Lyra sonrió y lo abrazó.
—Muy bien, Eri, así se hace. Estoy muy feliz por ti. Okey, sigue la prueba de fuego.
Lyra salió del cuarto y le pidió a su papá que ayudara a Ezra.
—Okey, hijo, Lyra me dijo que conmigo no tienes tanta confianza y que eso es bueno para que entrenes. Entonces dime, ¿cómo te sientes?
Ezra estaba asustado, como siempre que estaba con alguien con quien no tenía confianza para hablar, pero respiró y vio un dibujo de Lyra en la mesa diciendo “sí se puede”.
—Estoy muy bien, señor. Siento que esto me está ayudando mucho para generar confianza.
Lo dijo de forma muy robótica, pero al menos habló.
Y Lyra entró a la habitación y dijo:
—Excelente, Eri. Solo deja de parecer un robot, pero ey, es un avance. Al menos podrás hablar con la maestra.
Ezra estaba feliz, se sentía más seguro.
Ya en la primaria no hablaba con otros niños y Lyra lo entendía, pero sí podía pedir cosas en la tienda de la escuela y hablar con maestros súper robóticamente, pero podía. Eso era un avance para él.
Y justo en primaria pasó algo único con Ezra. Él era demasiado inteligente. Podía resolver cosas súper rápido, entendía trabajos muy avanzados, su caligrafía era perfecta, pero donde más se destacaba era en la tecnología y los números.
Un día, de hecho, su maestra estaba entregando un trabajo de matemáticas. En cuanto se lo entregó a Ezra, él dijo:
—Oye, maestra, el trabajo no tiene respuesta.
La maestra miró a Ezra confundida y luego a Lyra.
—Claro que tiene respuesta, solo tiene que dividir...
Ezra volvió a ver la hoja un momento y luego a Lyra, que le levantó el pulgar. Ezra respiró.
—Mire, usted puso:
“Mario tenía 10 manzanas.
Le dio 4 manzanas a su amigo Luis y después compró 3 más.
Más tarde repartió todas sus manzanas entre sus 2 hermanos de forma exacta y sin partir ninguna manzana.
¿Cuántas manzanas recibió cada hermano?”
Mario terminaría con 9 manzanas. No hay forma de repartirlas exactamente entre dos personas sin partir una manzana.
La maestra revisó el apunte un buen rato, usó la calculadora y se dio cuenta de que Ezra tenía razón, y dio el trabajo por resuelto para sus compañeros. Y a Ezra le dio un punto extra.
Así era la primaria para Ezra. Era muy inteligente, pero no era de presumir. Disfrutaba pasar tiempo con Lyra y poco más.
De vez en cuando lo solicitaban para torneos escolares. Él se negaba porque no le interesaba, además no tenía el valor.
Un día Ezra estaba viendo los papeles de solicitud que tenía y Lyra, a su lado, le dijo:
—¿Crees que vayas a participar un día en algo de esto? Digo, te puede servir.
—La verdad no es algo que me importe de verdad. Ya con tener calificación perfecta en todo menos en Educación Física me parece bien.
Lyra se le quedó mirando mientras Ezra comía su sándwich.
—Oye, ¿y cómo vas con la fotografía? Habías dicho que te interesaba.
Ezra se quedó pensando.
—Pues estoy probando cosas. La tecnología y programación son lo mío, y la fotografía es más un hobby chiquito, aunque es muy interesante. De hecho, te quería dar esto.
Ezra sacó de su mochila una foto de ellos dos en el cuarto de Ezra jugando un videojuego.
—Para que me recuerdes.
Lyra sonrió.
—Ay, Eri, eres tan tierno de verdad.
Así fue la primaria de ambos: tranquila. Nunca hubo problemas más que Ezra fuera demasiado inteligente, pero a ambos eso no les importaba. Lo importante es que estaban juntos y, a los 9 años, ¿qué más podían pedir?
