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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-05-16
Words:
1,042
Chapters:
1/1
Comments:
1
Kudos:
80
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4
Hits:
538

No quiero decir adiós

Summary:

Desde que Aldo volvió de su secuestro no es el mismo y Juan lo sabe pero aún así esperaba que todo volviera a ser como antes.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Juan pensó que cuando Aldo volviera todo volvería a la normalidad. Sabía que no todo sería completamente normal porque al final un secuestro deja una huella en la vida de las personas, pero pensó que al menos la familia volvería a estar completa. Que las risas, las discusiones, las tonterías rutinarias volverían al norte. Lamentablemente nada de eso pasó, Aldo volvió pero una parte de él también se perdió en el proceso.

Cuando lo vio luego de semanas se dio cuenta de inmediato que él no era el mismo. Este no llevaba su ropa de generalísimo, no tenía para nada esa mirada retadora que tanto lo caracterizaba, o ese entusiasmo que siempre tenía cada que la federación lo intentaba detener pero que terminaba solo dándole más motivos para luchar. Pensó que solo imaginaba cosas y corrió a sus brazos a abrazarlo.

—A la mierda, qué alivio. ¿Cómo estás?—dijo él de lentes mientras se aferraba al más alto. Lo había extrañado tanto que hasta estaba algo avergonzado de lo entusiasmado que había estado por el regreso del joven príncipe. Pero cuando este no le devolvió el abrazo como desacostumbre sintió que algo anda mal, más bien con eso confirmó que algo estaba mal.

Aldo no contestó de inmediato y cuando Juan lo soltó este simplemente se alejó un poco de él, no muy lejos pero lo suficiente para evitar contacto físico. —Bien, ¿Qué tal tú?— contesto el más alto, pero con un tono tan seco que dejó algo perdido al más bajo.

Luego de ese día lo noto, se dio cuenta que el Generalísimo se había ido, ya no quedaba siquiera rastro de él. Esa actitud rebelde, desafiante, ese líder innato que siempre convencía a todos los del norte a seguirlo sin importar que tan bueno o malo fuera su plan, ya no estaba ese héroe como le decía Vegetta, no quedaba más del hombre que alguna vez salvó al norte y que su honor era salvarlo día a día. No lo podía creer al principio, no sabía si solo se negaba a aceptar la realidad o si realmente todo estaba en su mente. Sabía que en algún momento tendría que aceptar que Aldo no volvería a ser el Generalísimo pero en un punto ya no le importó eso. Lo que de verdad le dolía era que él ya no era su Aldo.

Ese Aldo que conoció cuando Vegetta lo trajo hace años al norte, con el cual técnicamente crió al resto de los miembros de norte. Con el que creció, al que le curaba sus heridas cada que perdía una batalla, al que vio convertirse en uno de los guerreros más fuertes de la isla. A su familia, una de las personas que más confiaba y su amante. Aldo representaba ahora mismo todo y nada para Juan.

Saber que todo lo que algunas vez tuvieron a ahora solo se había reducido a cenizas lo mataba. La mirada apagada de este era tan diferente a la que él conocía y pensó que no le importaba, que él podría devolverle el brillo, que todo podría volver a hacer como antes pero no podría estar más equivocado.

Incluso cuando Aldo lo atacó no le importó, lo perdonó, hasta le mintió a los demás diciendo que solo fue un accidente. Aún así todos notaban la forma en la que Juan, él que antes se movía con confianza alrededor de Aldo ahora mantenía una distancia considerable y sin quitarse su armadura por ningún momento. Aunque jamás se imaginó que él más alto abandonaría el norte, su hogar el hogar en el que su amor floreció y ahora se marchito.

—Ya no soy más parte del Norte Juan—dijo Aldo mientras evitaba la mirada del más bajo fingiendo interés en la decoración de la tienda de Juan.

Juan lo sabía, maldita sea lo había escuchado de los demás pero aún le costaba aceptarlo. El escucharlo de su propia voz le dolía aún más.

—Lo sé, Aldo— contestó él más bajo acercándose un poco más al castaño esperando que al menos así lo mirara a los ojos con una fe de que tal vez podría convencerlo de quedarse en el Norte, de quedarse a su lado.

—Mira no te llame para hablar de la federación, o de que vuelvas a te puesto de generalísimo, solo quiero que vuelvas tú, quiero que Aldo vuelva al norte— dijo Juan soltando un suspiro mientras que él castaño al fin le devolvía la mirada, pero en el segundo que sus ojos hicieron contacto supo cuál iba a ser la respuesta.

—No te lo volver a pedir más, solo lo haré una vez— dijo él más bajo mirando hacia arriba para poder mantener el contacto visual con él más alto.

—No lo haré Juan— contestó con una simpleza que mataba a Juan por dentro. Como era capaz de dejarlos así de fácil. Aun cuando no entendía el porque él actuaba así, o el porque ayudaba a la federación, a pesar de que los atacó, incluso con de todo eso lo único que él quería es que Aldo se quedara.

—Está bien— fue lo único que dijo Juan con la voz algo rota mientras veía cómo Aldo comenzaba su camino hacia la puerta. No hubo una despedida, un abrazo o un último beso. Y en el fondo ninguno de los dos lo hacía porque ni uno de ellos quería dejarse ir por completo.

—Está de más decirlo pero la puerta esta abierta si lo necesitas..— ni siquiera pudo terminar de hablar pues él castaño ya se había ido. Tenía ganas de llorar pero no lo haría, en realidad no podía, tenía que mantenerse fuerte por el norte. Además que en el fondo de su corazón tenía la esperanza que Aldo volvería y incluso sino era así, Juan seguirá ahí para cualquier cosa que necesitara él.

Volvió a su taller, tenía que seguir adelante incluso si significaba soltar a la persona que más amaba. Tenía que seguir pues sabía que eso sería temporal. Él mismo se encargaría de que todo salga bien de ahora en adelante y sabía que en el futuro de una manera o otro Aldo volverá a él, al norte, a ser parte de la familia tan unida que un día fueron.

Notes:

Espero que les halla gustado, es mi primer trabajito aquí jijiji. Perdón por cualquier falta ortográfica y gracias por leer aunque siento que pudo ser mejor aún si le eche ganas TT.