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—¿Querés algo? —preguntó Enzo, pues había visto la barra vacía. Era él momento perfecto para ir y pedir algo para tomar.
La fiesta de disfraces que había organizado Lisandro apenas iniciaba y él ya quería entrar en calor. A su lado Julián disfrutaba de la música mientras hablaba de cualquier cosa con Cristian.
—No, amor. Luego quizás, estoy bien por ahora. —Dijo Julián, habían decidido entre Enzo y él que esa noche al castaño le correspondía el rol de conductor designado luego de que en la fiesta anterior el morocho fuera quién bebió con moderación.
—Está bien, amor. —
Enzo asintió de acuerdo, tomando levemente la cintura de Julián mientras depositaba un suave beso en los labios de su novio. No le agradaba mucho la idea de divertirse sin Julián, pero sabía que su novio solo quería que él se divirtiera sin tener que preocuparse por nada más.
Tomó camino a la barra y ahí comenzó lo que fue una de las noches donde ingirió más alcohol en su vida, ciertamente no lo había hecho hace mucho tiempo, pero no hubo excusa para la cantidad de vasos de fernet que se bajó.
Bajo la atenta mirada de Julián, Enzo se divertía a su manera: bailando de manera desordenada mientras sus amigos reían y bailaban junto a él.
Su animado grupo formado por Lisandro y Lautaro eran los más ruidosos y divertidos del lugar, cantando (casi gritando) cada palabra de las canciones que el dj ponía.
Era divertido verlo moverse con su disfraz de vampiro que compró a las carreras el día anterior. Julián en cambio, había llegado vestido de un ángel con alas blancas en su espalda, el maquillaje no lo necesitaba, su rostro ya parecía de uno real.
En su pelo una corona de laureles dorados, aunque no tenían mucho que ver con los ángeles se los puso porque se veía “cute”.
El lugar estaba lleno, aunque había espacio para bailar, algunos con parejas, otros con sus grupos de amigos y otros en completa soledad, cómo él. Pero no porque haya venido solo, sino porque venía con la misión de cuidar de su novio mientras este se divertía.
—Que jodita, ¿no? —habló Cristian a su lado, riendo un poco al ver, a lo lejos, a Lisandro y Enzo abrazados por los hombros mientras cantaban y alzaban sus respectivos tragos al aire.
Julián no pudo evitar sonreír. —Sí, le hacía falta salir. Está muy ocupado últimamente. —dijo Julián.
—Mucho trabajo, ¿no? —Julian asintió. Enzo de verdad estaba metido en su oficina la mayoría del día, trabajando después de que la empresa de su padre quedara a su cargo.
Aunque él negaba sentirse cansado por ellos, Julián lo conocía demasiado como para creer semejante mentira. Lo conocía desde adolescente, incluso creía que él conocía más a su novio que él mismo.
—Pues parece que sí le hizo bien venir. Nomás que casi se termina todo lo de la barra antes de las una. —dijo Cristian, soltando una risa nasal.
Julián volvió a ver a dónde estaba Enzo, que aún estaba con Licha y su disfraz de pirata, que parecía más un manojo de trapos más que un disfraz.
Frunció el ceño al notar cómo el vaso en su mano volvió a llenarse luego de tan solo minutos. Tal vez ahí debía intervenir, Enzo debía desestresarse, pero no a un nivel tan extremo.
Notó como Licha de despegaba de Enzo y voltio a su dirección, donde conversaba con Cristian, y de un grito llamó al morocho con el que hablaba.
—Me llaman, nos vemos, Juli. —Se despidió Cristian, quien por alguna razón no cargaba disfraz.
Julián volvió a sonreír desde su distancia al ver cómo Lisandro se guindó del cuello de Cristian. Sabía que algo entre esos dos pasaba, y que solo ellos le tenían que confirmar. Eran muy evidentes.
Y como un acto-reflejo su mirada se movió de nuevo en busca de su novio, y lo volvió a encontrar llenado el vaso hasta el tope. Lo miró fijamente, esperando a que el morocho se de cuenta. Y así lo hizo, pues después de decirle algo a Lautaro lo volteó a ver.
Julián hizo la seña de “ojo” señalandose, con el dedo, el globo ocular y redirigiendolo a su mano simulando tener un vaso invisible.
Enzo entendió al momento, pues miró el vaso en su mano y le asintió con una sonrisa. Juraba poder escuchar a Lautaro gritar “¡De la correa!” a Enzo después de notar el juego de miradas.
No lo tenía de la correa, solo no quería que se excediera mucho, y más cuando al siguiente día tenía que estar en su oficina como de costumbre.
La fiesta siguió de la misma manera, después de varias canciones Julián decidió sentarse en unos de los sillones del lugar para conversar con algunos conocidos, entre ellos Paulo, quien le había contado que las cosas con Leandro por fin se les había dado.
Julián estaba feliz por su amigo, ese con el que ya no tenía mucho contacto debido a que Paulo había comenzado una nueva carrera en una universidad algo exigente, y eso sumado a la nueva vida laboral de Julian no quedaba mucho tiempo para hablar.
Ambos tenían un vaso en sus manos, Julián no había tomado mucho a diferencia de los demás en la fiesta, es pero eso que notaba los gestos más naturales al tener conversaciones con gente que si bebía. Con Paulo le tocó verlo sonreír al decir lo bien que Leandro lo trataba, no había nada más real que la sonrisa que alguien da cuando habla de la persona a quien ama.
Esperaba verse así cuando hablaba de Enzo, o que Enzo lo hiciera cuando hablaba de él… hablando de eso…
Se había distraído por un largo rato, debido a eso perdió de vista al vampiro morocho. Concentró su mirada y frunció el ceño buscando con su vista la silueta de su novio, incluso se paró para tener una mejor vista del panorama, y ni aún así lo encontró.
¿Acaso no confiaba en Enzo? O ¿por qué lo buscaba como si el morocho fuera capaz de cometer un crimen a escondidas?
Debía calmarse un poco. Era una fiesta, tampoco debía ponerse histérico, además, Enzo había entendido la señal de “Toma con moderación” que había hecho, así que no tenía de qué preocuparse, ¿No?
Pues sí debía… y mucho.
Eran las dos de la mañana y Julián calculó las horas de sueño y recuperación que Enzo necesitaba para volver a trabajar, y fue ahí cuando supo que ya debían volver a casa.
Se despidió de las personas con las que conversaba en ese sillón, y luego se retiró en busca del vampiro morocho al cual amaba.
No podía creer la energía que podía tener la gente como para estar bailando después de tantas horas con el mismo ímpetu y entusiasmo que cuando inició.
Camino entre las personas, con esa característica combinación de olor a sudor y alcohol en el aire. Camino a través del lugar, esquivando a las personas ebrias que bailaban, evitando chocar con alguna y tener algún problema.
La música a todo volumen y su disfraz lo empezaban a estresar, claramente ya era hora de irse, pero Enzo parecía querer hacer difícil la situación, pues cuando Julián llegó al lugar en donde su novio había estado antes con sus amigos el morocho no estaba, ni siquiera cerca.
Suspiro con cansancio, sería más difícil de lo que pensaba, y todo por darle a Enzo una noche de liberación.
Buscó en los lugares en donde posiblemente podría estar Enzo, pero no lograba dar con él. Lo busco en la barra, cerca del dj, volvió a recorrer la pista a ver si tal vez seguía bailando con Lisandro. No lo encontraba.
Quizás se estaba empezando a hartar, pero igualmente siguió con su búsqueda.
Le pregunto a Paulo si de casualidad lo había visto pasar y negó haberlo visto, a este punto estaba empezando a preocuparse. No pudo haber ido tan lejos, si parecía que no podría llegar solo a la entrada siquiera.
Volvió a los mismos lugares donde ya había estado y no lograba encontrarlo, un poco ya le había dado miedo, llamarlo no era una opción, él cuidaba su celular.
Pero cuando se estaba por dar por vencido notó algo extraño: ¿Por qué no había visto a ninguno de sus amigos tampoco? Lo sabía, no importaba en donde, esos tres siempre iban a estar juntos en todos lados.
Es por eso que cambio de planes, ya no buscaba a uno, buscaba a tres borrachos.
Podría ser más fácil, pero aún así, estaban en un lugar con luces intermitentes que no le permitían ver nada, eso sin decir que todos estaban disfrazados.
Pero a pesar de todo esto… lo encontró, y dio un suspiro al cielo, al menos no estaba tirado en un patio baldío.
Estaban en una esquina bastante oscura, los vio al pasar pues eran los tres escandalosos de siempre, bueno, dos. Había uno que ya había caído en combate, y Julián tenía un leve presentimiento respecto a este “caído”.
Se acercó al trío y los llamó.
—¡Juli! —Dijo Lisandro alargando la i. —Justo a vos te íbamos a buscar. —
Julian ignoró las palabras de Lisandro y la sonrisa de oreja a oreja de Lautaro parado frente a él. —Che, ¿no han visto a Enzo? —preguntó, y Lisandro contestó al segundo. —Justo por eso te digo que te íbamos a buscar. Enzo ya no da más, estaba preguntando por tí. —
Lisandro se movió a un lado y Lautaro hizo lo mismo, dando paso a Enzo acostado en un sillón de una sola plaza.
El morocho parecía dormir plácidamente mientras estaba acomodado, de alguna manera, en el sillón de piel negra. Julián lo miró con un “¿En serio?” Escrito en el rostro, parecía que no le hizo mucho caso al final.
Julián se acercó al sillón y movió suavemente al morocho, quien se removió gruñendo en su sueño. El castaño suspiro con pesadez, tendría que cargarlo hasta el auto.
—Ayudenme un toque. —Pidió Julián a los amigos de Enzo.
Entre Julián y Lautaro lo levantaron del sillón, aunque con más fuerza de parte de del más alto, y puso uno de los brazos de Enzo sobre sus hombros. Por primera vez odiaba que Enzo fuera tan grande y con músculos marcados, tendría que moverse rápido si no quería cansarse.
Por otro lado, Lautaro y Lisandro casi no se podían mantener de pie, por eso Julián se negó a recibir ayuda de cualquiera de los dos cuando le propusieron cargarlo, tal vez terminarían tirados en la pista. Así que solo les pidió el favor de despejar el camino mientras él caminaba junto a Enzo.
Y así Julián fue saliendo del lugar con Enzo sobre él mientras Lautaro y Lisandro despejaban el camino como podían, parando la gente para no esforzarse más de lo que ya lo hacía.
Llegaron con algo de dificultad a la salida, pero llegaron. La música dentro del lugar estaba lejos de apagarse, incluso estando afuera podía ensordecerlos.
Se despidió del dúo de amigos, no sin antes decirles que saludarán a sus parejas al no poder despedirse por si mismo. A Cuti no lo veía hace rato y a Joaquín lo dejó sentado en esos sillones donde conversó con Paulo.
Los otros asintieron. Y dijeron un —Chau Enzo. —a la vez.
Cuando se quedó solo con Enzo, aprovechó para hablarle, ya que parecía estar despierto por la forma en que balbuceaba.
—Enzo, ¿no te dije que no te excedieras? —Lo retó, y Enzo dejó sus balbuceos para por fin volver a hablarle.
—Perdón, mi amor. Es que lauti me ofreció y no le podía decir que no. —se justificó, y Julián sabía que en ese momento no estabas capacitado para hablar, así que decidió callarse.
—Vení. Tenemos que irnos. —Julián caminó hasta donde se encontraba su auto, que afortunadamente no estaba tan lejos, y se dirigió a la puerta del asiento del copiloto.
Abrió la puerta y ayudó a Enzo a subir, el morocho parecía cansado, casi inconsciente, tenía los ojos cerrados como si estuviera durmiendo, pero aún balbuceaba suavemente.
Julián dio la vuelta y se sentó en su asiento; y antes de arrancar el auto decidió verse un momento por el espejo. Tenía muchos mechones de su pelo pegados en su frente, muy húmedos debido al sudor de buscar y del calor del lugar.
Su corona de laureles brillaba como nunca, al menos eso se veía bien, los otros aspectos de su rostro se veían normales si no fuera por su pelo.
Sin embargo, con lo que Julián no contaba era que, a su lado, Enzo abría los ojos de un tiempo. Parpadeaba suavemente, mientras su vista parecía estar muy borrosa, había bebido demasiado, tanto que ya no veía bien.
Enzo volteó suavemente para ver la silueta a su lado.
Sus ojos se abrieron con sorpresa, su vista estaba borrosa y no sabía muy bien dónde estaba. Solo sabía que a su lado no estaba su novio.
Julián también lo volteó a ver, y lo miró curioso al ver esa expresión en su rostro, pero antes de poder decir algo, Enzo habló primero.
—¿Q-quién sos? —pregunto, genuinamente. Su novio no tenía el pelo así, aunque tenía la vista borrosa, tenía la certeza que ese no era su novio. ¿Desde cuándo Julián tenía mechitas doradas?
—¿Qué? —la cara de Julián era un poema, sin duda. Lo había tenido que cargar, caminar entre toda esa gente… ¿y ahora también esto?
—¿Quién sos? ¿Dónde está Julián? —pregunto, denotando desespero, aunque el característico tono de voz de borracho seguía ahí. Se removió en el asiento como si su entorno no le perteneciera en lo absoluto, como si fuera el lugar más incómodo del mundo.
Julián no podía estar más confundido. ¿A qué carajos se refería Enzo?
—¿Cómo que quién soy? —pregunto genuinamente. —Soy Julián… —
Enzo negó, con las pocas fuerzas que tenía. Tenía la seguridad de saber que ese no era Julián, ese era alguien mas queriendo tener algo más con él, pero Enzo tenía novio y lo amaba muchísimo.
—No… vos no sos Julián. —
Julián alzó una ceja, sin creer lo que escuchaba. En verdad esa noche se ponía cada vez más extraña y pesada. ¿Enzo no estaba muy borracho como para hacerle bromas?
—Si, soy Julián, amor. —Respondió, tocándole la mano suavemente, el morocho la apartó de inmediato, lo cual tomó por sorpresa al Julián.
—No me digas amor. Vos no sos Julián. —dijo Enzo, con su voz rasposa y con evidencias de ebriedad, la descoordinación en sus movimientos le dieron la señal a Julián. Enzo no estaba bromeando, no lo reconocía por alguna razón, la escena era, sin duda, graciosa.
Julián rió bajito, casi imperceptible, pero aun así Enzo lo escuchó.
—¿De qué te reís? Salí de aquí o voy a llamar a Julián. —dijo, intentando sonar tajante ante el “extraño”, lo que causó que Julián riera más fuerte.
No podía creer que eso le estuviera pasando, ¿Cómo era posible que no lo reconociera? Tal vez… pudiese reír de camino a casa? ¿Sería demasiado aprovechado seguirle el “juego” a su novio?
Nah
—¿Quién es Julián? —pregunto, siguiendole el juego a Enzo, que para él no era ningún juego.
—Julián es mi novio. Él te va a arrastrar si ve que estás solo conmigo. —respondió el morocho, sonando un poco menos amenazante de lo que quería, debió hacerle caso a Julián y no seguir tomando.
Julián sonrió, esa noche iba a terminar mejor de lo que pensaba.
—Yo soy Pedro… vení, dame un beso, mi amor. —Jugueteo, acercándose al rostro de Enzo en busca de un piquito que el morocho bloqueó al instante.
Las manos de Enzo fueron directo al rostro de Julián para bloquear los labios del castaño, a lo que Julián rió por lo ridículo que era todo, además la fuerza de Enzo parecía haber desaparecido a causa del alcohol, lo que el pelinegro quería que fuera un fuerte empujón terminó siendo una caricia.
—Pedro, hijo de re mil puta. Salí de aquiiiiii. —Alargó la i. —Tenés nombre de trola. —
Julián, no conforme con eso, volvió a amagar darle un pico a Enzo que volvió a hacer lo mismo.
—No te acerqués. Julián te va a cagar a palos. —
El castaño rió al alejarse de Enzo, quizás debía seguirle con su jueguito hasta el final. —¿Julián? Ese no me hace nada a mí. Vos te vas conmigo hoy. —dijo Julián, poniendo una de sus manos sobre la pierna de Enzo y dejando un leve apretón en ella, causando un respingo en el otro.
Enzo parecía estar luchando con todas sus fuerzas con “el enemigo”. Quitó con muy poca fuerza la mano de Julián sobre su pierna y la tiró a un lado.
—Vos no podés contra Julián. Mi novio me debe estar buscando; y no me voy a ir con vos, yo amo a mi Juli. —Enzo hacía un esfuerzo máximo por sonar molesto, pero lo único que hacía era causarle gracia a Julián.
—Dale, vení nomás hoy. Julián no lo va a saber. —Siguió Julián, amagando de vuelta, está vez dejando un beso sobre la mejilla de Enzo.
El otro hizo una mueca de asco al sentir los labios sobre su piel.
Al mismo instante Enzo lo apartó, limpiándose la mejilla con la mano. —no me beses más… —Sonó frustrado. —Juli… —llamó sin fuerza en la voz.
Y si no fuera porque sabía que Enzo estaba bajo los efectos del alcohol se hubiese cagado de risa en ese momento.
—¡JULIII! —gritó de repente.
Enzo sonaba apurado, como si lo estuvieran secuestrando (para él sí era algo así) y que de alguna manera Julián lo pudiera salvar.
—¿Por qué llamas a ese feo si me tenés acá, amor? —
Está vez la mano de Julián fue acariciando la espalda del morocho desde la nuca a la espalda media, aunque se apartó de inmediato sintiendo escalofríos.
—El feo sos vos. Julián es hermoso. —soltó con frustración. —Deja de estar tocándome.—
— ¡JULIII!. —volvió a gritar.
—No, Julián es horrible… deberías quedarte conmigo, amor. —Volvió a provocar.
Su mano buscó otro lugar en donde acariciar, y sus dedos se toparon con sus oscuras hebras; dejando ahí leves caricias.
—Vos sos horrible y trola. No vuelvas a hablar así de Juli, le voy a decir. —
Los ojos de Enzo empezaron a cerrarse debido al cansancio. Julián a su lado vio como el morocho se recostaba mientras seguía pronunciando “Julián…” “Julián…”
Julián se mordió el labio inferior pensando en como Enzo había reaccionado ante toda esa situación, su novio tenía pinta de gato, pero era un gato con correa.
Cuando notó que Enzo no respondía más decidió empezar a manejar a casa, asumiendo que él otro ya se había dormido por completo. Pues estaba totalmente equivocado.
El morocho sintió como empezaban a moverse sobre la carretera y reaccionó. Puso su mirada sobre la carretera y, en efecto, ya estaban rumbo a casa, pero “ese” seguía sin parecerse a Julián.
—¿A dónde me llevas? —pregunto, llamando la atención del castaño que lo creía dormido.
—A tú casa, Enzo… hoy dormiremos juntitos. —Julián sonrió, y Enzo a ese punto ya estaba dormitando, cabeceaba ante la resistencia al sueño.
—No quiero ir con vos a ningún lado, yo tengo novio. —Balbuceo. Mientras parecía quedarse dormido sobre la ventana.
Cuando parecía que Julián lo daba por dormido de nuevo, otros balbuceos se escucharon en el auto.
“mi Juli no está…” “mi novio es Juli… “ “vos sos terrible trola…”
No pudo evitar soltar una carcajada, aunque ya Enzo no contestó más, lo que le permitió llegar en completa tranquilidad hasta su residencia.
Se estacionó y se propuso a bajar del auto. Bajó primero y luego se dirigió a la puerta del copiloto donde Enzo estaba dormido. Abrió la puerta con suavidad para evitar que Enzo se cayera por su peso y así lo hizo.
Posicionó a Enzo como lo había cargado al salir de la fiesta de disfraces, y caminó hasta la puerta.
Su casa era de dos plantas, así que tendría que subir escaleras. Se preparó mentalmente para soportar el peso de Enzo y empezó a subir.
Cada paso era dado con dificultad, y Enzo no lo hacía menos difícil, pues no ayudaba nada al recargarse al completo de él. Julián era mucho más pequeño y débil que el morocho, por lo que llegar al final de la escalera representó un logró gigantesco para él.
Lo que menos esperaba era escuchar la voz de Enzo nuevamente. —¿Sos Julián…? —preguntó Enzo, empezando a caminar por el pasillo hacia su pieza que compartían.
—Soy Pedro… —
*No lo culpen, subió sólo a ese hombre y a Enzo se le ocurre despertar cuando llegó a la cima.
Enzo lloriqueo, como un berrinche de un niño. —¿Ahora usas el perfume de Julián también? —por alguna razón su voz parecía querer quebrar. —¿Dónde está Juli? —
Julián no respondió, en cambio siguió su camino hasta llegar a su pieza y ahí tiró a Enzo en la cama y, accidentalmente, quedó encima del morocho, provocando otra reacción en su novio.
—Pedro… por favor… —rogó. —...Yo tengo novio y se enojara si llega y nos ve aquí… —
Julián ya estaba bastante cansado para seguir jugando, así que tomó sus artículos de higiene y se dirigió al baño.
—Me iré a duchar, Enzo. Quítate el disfraz —ordenó Julián al entrar al baño y cerrar la puerta tras de él.
Enzo estaba aún tirado en la cama, mirando al techo, pensando en qué ese tal Pedro le dijo que se “desnudara”. Él no quería hacer nada de lo que hacía con Julián con ese tal Pedro, pero estaba demasiado débil y cansado…
—¿Dónde está Juli? —balbuceo.
Después de unos minutos Julián salió del baño solo con una toalla rodeando la cintura, dejando al descubierto su pecho mojado.
Enzo aún estaba en la cama tirado y parecía estar lamentándose por algo. Volteó los ojos al ver que aún tenía puesto el disfraz.
—Enzo… ¿Por qué no te has quitado el disfraz? —
Enzo volteó a ver esa voz, y sí… ahí estaba. Juli.
Su rostro se iluminó al verlo, como si fuera la primera vez en mucho tiempo. Julian notó la cara de boludo que Enzo tenía y supuso que tal vez el efecto del alcohol empezaba a calmarse.
—Juli… —Enzo corrió, claro bajo algunos efectos del alcohol, de manera torpe y chocando contra algún mueble. —Mi amor… volviste. —Dijo antes de rodear en un abrazo a su novio de esbelta figura.
—¿Qué sucedió, Enzo? —
Enzo lo miró a los ojos, pidiendo perdón a través de ellos, aunque Julián sabía que no había nada porqué hacerlo.
—Juli, un tal Pedro quería besarme… —Miró alrededor, buscando un rastro de aquel extraño hombre, pero no lo encontró. —Creo que se asustó cuando llegaste… le dije que lo cagarias a palos. —
Julián quería reír, pero Enzo parecía tan convencido de que eso fue real que no le dio nada más que…
—¿Y vos te dejaste besar? —fingió falso enojo.
Enzo negó rápidamente. —No, no. Le dije que vos sos mi novio. —Sonrió orgulloso.
Y Julián también sonrió, como si estuviera orgulloso de algo que logra un niño chiquito. —Está bien, amor… —culminó.
Enzo volvió a abrazarlo, solo que está vez… su rostro estuvo más cerca de ese pecho descubierto de Julián, como si no fuera lo suficientemente evidente que se estaba haciendo pequeño para llegar a esa altura. Aquel jugueteo hubiese seguido sino fuera porque Julián notó algo.
—Enzo… oles a chivo. —
