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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-05-18
Updated:
2026-05-31
Words:
3,155
Chapters:
2/4
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1
Kudos:
4
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Hits:
55

El salto que lo rompió todo

Summary:

Goten pasa de querer a Trunks en silencio a amarlo con desesperación. Trunks no sabe manejar la intensidad. No quiere perder la amistad, pero tampoco puede sentir lo mismo.

Historia originalmente publicada en Fanfictionero

Chapter Text

Goten no supo en qué momento exacto empezó a querer a Trunks de esa forma pues no se enamoró como en las películas, donde un rayo cae del cielo y de repente entiendes todo. Su enamoramiento surgió por la cotidianidad, sin pensar, hasta que un día se dio cuenta de que esos sentimientos eran mucho más fuertes de lo que creía.

Él y Trunks habían pasado años durmiendo en la misma cama después de las misiones, compartiendo la ducha en el Templo del Espíritu, comiendo de la misma bolsa de papas fritas mientras veían series estúpidas en la habitación de Trunks. Y en todo ese tiempo, Goten había sentido algo. Algo cálido, cómodo, manejable. Algo que podía guardar en el pecho sin que le quemara.

Hasta que una misión de rutina salió muy mal. Un alien que resultó ser más rápido de lo que parecía los atacó, y Trunks, estúpido como siempre, lo empujó fuera del camino y recibió el golpe en su lugar.

La lesión no fue grave para sus estándares. Pero cuando Trunks cayó al suelo, tosiendo sangre y sonriendo como si nada, Goten sintió que el mundo se detenía.

—Estoy bien, estoy bien —dijo Trunks, con la voz entrecortada y al ver su expresión agregó—. No seas dramático.

Goten no le devolvió la sonrisa, en su lugar se encargó de vencer a su enemigo y cargó a Trunks hasta la Corporación Cápsula con los brazos temblando.

***

Esa noche, Goten se quedó al lado de Trunks mientras éste dormia, sentado en el suelo, mirándolo respirar. Y en algún momento entre las tres y las cuatro de la mañana, mientras Trunks murmuraba su nombre dormido y apoyaba la mano en su cabello sin despertarse, Goten entendió.

No era cariño. No era amistad. Era amor.

***

Al principio, Goten pensó que podía ocultarlo. Que podía seguir siendo el mismo de siempre. El amigo relajado, el compañero de entrenamiento que no pedía nada. Pero no pudo porque ahora, cuando Trunks se reía, Goten sentía que el pecho le explotaba. Cuando Trunks apoyaba la cabeza en su hombro, el mundo entero se reducía a ese punto de contacto. Y cuando Trunks decía "te quiero, amigo" antes de colgar el teléfono, esa palabra "amigo" le raspaba la garganta como vidrio molido.

Y entonces empezó con la intensidad. No lo pudo evitar. Empezó a tocar a Trunks todo el tiempo. Una mano en la espalda que se quedaba tres segundos de más. Un golpecito en la nuca que se convertía en una caricia. Un abrazo que duraba lo necesario y luego otro abrazo. Y otro.

—Se te pegó lo cariñoso —comentó Trunks riéndose, confundido pero sin querer mostrar que lo estaba.

Goten no respondió. Solo lo miró. Y esa mirada era otra cosa. Antes miraba a Trunks a los ojos cuando hablaban, como cualquiera. Ahora los buscaba en cada habitación. Ahora registraba cada gesto, cada expresión, cada vez que Trunks se mordía el labio distraído. Y cuando Trunks lo miraba de vuelta, Goten no desviaba la mirada. La sostenía. Demasiado. Siempre demasiado.

—¿Qué? —preguntó Trunks confundido.

—Nada —dijo Goten, y sonrió—. Me gusta mirarte.

Lo dijo como si fuera un chiste. Pero Trunks no se rió.

***

Después los mensajes se volvieron un problema. Goten siempre había escrito, pero antes era normal. "¿Entrenamos?" "¿Viste la pelea?" "¿Comemos?" Ahora escribía a cualquier hora. A las dos de la mañana. A las cinco de la mañana. Para decir "me hiciste acordar a algo" y mandar una foto de una nube que tenía forma de su cabello.

Trunks tardaba en responder. A veces horas. A veces un día entero. Y Goten, que antes no se alteraba, ahora miraba el teléfono cada cinco minutos. El corazón acelerado. La respiración entrecortada. A punto de escribir otra vez. Y otra vez.

—¿Estás bien? —le preguntó Trunks, después de recibir catorce mensajes en dos horas mientras estaba entrenando con Vegeta.

—Sí —respondió Goten al instante—. ¿Por qué?

—Porque me mandaste miles de mensajes. En dos horas.

—¿Está mal querer hablar con mi mejor amigo?

Si Trunks lo pensaba, no podía decir que estaba mal. Pero la forma en que Goten lo dijo, con un dejo de resentimiento, como si Trunks le debiera algo por existir, hizo que Trunks se quedara en silencio. —No está mal —dijo Trunks al final, con cuidado—. Pero a veces necesito espacio.

Goten no respondió. Pero esa noche no durmió. Dio vueltas en la cama pensando en esa palabra: espacio. ¿Qué significaba espacio? ¿Cuánto espacio? ¿Por qué Trunks necesitaba espacio si él solo estaba queriéndolo?

***

En realidad no era muy difícil entender a Trunks, solo que Goten estaba muy metido en sus sentimientos como para comprenderlo completamente.



Por fuera Trunks era el heredero de la Corporación Cápsula. El hijo de Vegeta. El chico seguro, arrogante, que podía con todo. Por dentro era un rompecabezas armado por dos personas que nunca supieron cómo enseñarle a manejar las emociones.

Vegeta no expresaba nada a menos que fuera estrictamente necesario. Bulma era práctica, directa, eficiente. Si un problema tenía solución, lo resolvía. Si no tenía solución, no valía la pena pensar en él, y así creció Trunks. Con un padre que no hablaba y una madre que no escuchaba sentimientos, solo problemas prácticos.

Y entonces llegaron los sentimientos de Goten. Al principio, era lindo. Era nuevo. Era cálido, de una forma que Trunks no sabía que necesitaba. Pero después se volvió demasiado.Porque Trunks no sabía qué hacer con esa intensidad. No tenía herramientas para procesarla.

Trunks no era tonto. Sabía qué ocurría, solo no quería que Goten se lo declarara. No porque no lo quisiera. Lo quería. Era su mejor amigo. La persona más importante de su vida. Pero no lo quería de esa forma. O al menos, no lo quería con la misma intensidad con la que Goten lo quería a él.

Podía imaginarse intentando algo más. Podía imaginarse besándolo, saliendo con él, llamándolo "pareja". Pero esa imagen no le producía la misma urgencia que a Goten. No le aceleraba el corazón de esa manera. Era más bien una curiosidad tibia. Un "tal vez". Un "podría intentarlo". Y eso era justo el problema, porque Goten no merecía un "tal vez". Goten merecía un "sí", sin dudas. Y Trunks no podía darle eso.

—No estaría bien —murmuró una noche, solo en su habitación, mirando el techo—. Si lo intento y no funciona, lo pierdo. Y si lo intento y a él no le alcanza porque yo no siento lo mismo que él... también lo pierdo.

El miedo no era a perder la amistad. El miedo era a que Goten se diera cuenta de que Trunks nunca iba a quererlo con la misma intensidad. Y que eso fuera suficiente para que Goten se fuera.

Trunks estaba bien así. Esa era la parte que más le costaba aceptar. No quería cambiar. No quería "explorar". No quería "ver qué pasa". Con Goten estaba bien como amigos. Eso era suficiente para él.

***

La noche en que todo se rompió fue una noche cualquiera. Estaban en la habitación de Trunks, viendo una película. Goten estaba recostado en su hombro, algo que siempre hacían. Pero esa noche, Goten no estaba distraído con la pantalla. Estaba mirándolo a él.

—¿Qué miras? —preguntó Trunks, sin apartar los ojos de la tele.

—A ti —respondió Goten, en voz baja.

—¿Por qué?

—Porque eres lindo.

Silencio. Trunks sintió un escalofrío. No de esos de terror. De esos de "esto no es un chiste". —Deja de joder —dijo, forzando una risa.

—No estoy jodiendo —dijo Goten.

Y entonces, sin previo aviso, Goten acercó su cara. Su nariz rozó la mejilla de Trunks. Sus labios quedaron a un centímetro de los suyos.

Trunks se quedó completamente quieto. El corazón le latía tan fuerte que podía sentirlo en los oídos.

—Goten... —dijo, y su voz salió ronca.

—Me gustas, —susurró Goten—. Quiero... ¿Me dejas intentarlo?

Trunks sintió pánico. Pánico puro, crudo, animal. No porque la idea de besar a Goten fuera repulsiva. Sino porque sabía que si lo dejaba, después todo cambiaría. Y él no estaba listo para ese cambio. Y tal vez nunca lo estaría.

—No puedo —dijo, apartando la cara—. No puedo, Goten.

Goten retrocedió como si le hubieran dado una bofetada.

—¿Por qué?

—Porque... —Trunks buscó las palabras, y le costó encontrarlas—. Porque tú me quieres de una forma que yo no te quiero. No sé si pueda quererte así.

—Pero podríamos intentarlo —insistió Goten, y en su voz ya no había ruego. Había desesperación—. Tal vez si lo intentas...

—No quiero intentarlo —lo interrumpió Trunks, y esas palabras le dolieron a él también—. No quiero. Estoy bien así. Con la amistad. Con lo que tenemos. No necesito que sea algo más.

Goten lo miró como si no lo reconociera. —¿Estás bien así? —repitió, incrédulo.

—Exactamente —dijo Trunks.

El silencio se volvió insoportable.

Goten se levantó. Tenía los ojos brillantes, pero no lloraba. Aún no. —Entonces ya está —dijo, con una calma que daba más miedo que un grito—. No hay nada que hacer.

—Goten...

—No, está bien. Lo entiendo. No puedes forzar lo que no sientes. No te lo estoy pidiendo.

—Entonces...

—Entonces nada —dijo Goten, y sonrió. Una sonrisa torcida, rota—. Me voy a tener que ir acostumbrando.

Salió volando por la ventana antes de que Trunks pudiera decir nada más.