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Heart on the Window

Summary:

Okuyami descubre que el amor que buscaba ya estaba a su lado: en su mejor amiga Joko.

Notes:

¡Hola! Estoy de regreso, y esta vez con un mini fic fem!Josuyasu que nació gracias a una idea de Flanxx_39. Muchísimas gracias por darme la confianza de tomar el concepto y desarrollarlo a mi manera💖 Espero que disfrutes esta pequeña historia que viene de una idea tan bonita💕^^
También pueden pasar a su cuenta en Tumblr para darle amor a sus obras josuyasu que son encantadoras!!

Chapter 1: Loser

Summary:

Okuyami trata desesperadamente de ganarse la atención del chico que le gusta, pero su plan no termina como esperaba.

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

La última campana del día resonó por los pasillos de la preparatoria de Morioh como señal para la libertad. Las puertas de los salones se abrieron casi al mismo tiempo y una corriente de estudiantes inundó los corredores, bullendo entre conversaciones animadas, risas y el inconfundible ruido de decenas de zapatos golpeando el suelo mientras todos se apresuraban a abandonar el edificio.

Sin embargo, Nijimura Okuyami permaneció sentada unos segundos más, abrazando su bolso contra el pecho mientras observaba hacia el frente del salón con una tensión evidente que hasta sus hombros se notaban rígidos.

El aula comenzaba a vaciarse, pero ella seguía ahí, quieta, sintiendo el corazón golpeando contra su pecho con demasiada fuerza.

Dos filas delante de ella, Fungami Yuya bostezó con desgana mientras se estiraba sobre su asiento. Incluso haciendo algo tan simple como eso se veía genial. O al menos así lo pensaba Okuyami.

La forma relajada en que inclinaba la cabeza hacia atrás y aquella actitud de absoluto desinterés por todo conseguían despojarla de cualquier capacidad de pensamiento racional. Su mente simplemente dejaba de funcionar cuando lo miraba demasiado tiempo.

Sus ojos descendieron inevitablemente hasta el tatuaje bajo su barbilla e imaginó cómo sería darle un beso justo ahí. La idea bastó para que se ruborizara de inmediato y su pulso incrementara.

Pero tan pronto como el agradable calor en su rostro había aparecido, se desvaneció en cuanto vio que dos chicas se acercaron al pupitre de Yuya para hablarle. Una le preguntó algo sobre las tareas; la otra solo se apoyó en el escritorio riendo demasiado fuerte por un tonto comentario.

Yuya sonrió con esa naturalidad encantadoramente arrebatadora que parecía reservarle a todo el mundo.

Menos a ella.

Okuyami tragó saliva con los ánimos descendiendo de golpe.

Había pasado semanas enteras reuniendo el suficiente valor para hablarle más allá de un simple saludo torpe y apresurado. Primero empezó con cosas pequeñas, como preguntarle la hora aunque llevara reloj. Luego pedirle prestado un lápiz aun teniendo dos en el estuche. Reír más fuerte cuando hacía comentarios estúpidos durante las clases, incluso si no eran particularmente graciosos.

Había leído en una revista que los chicos notaban más a las chicas “naturales”, así que intentó actuar relajada cada vez que él estaba cerca. Aunque por dentro sentía que iba a vomitar el corazón.

Ese día incluso había comprado una bebida extra camino a la preparatoria. Todavía podía sentir la lata fría dentro de su bolso, recordándole constantemente que tenía una misión pendiente.

Solo debía hablarle normal. Dársela con normalidad e intentar llevar una plática normal.

“Hoy es el día” pensó, apretando la correa de su bolso con más fuerza. “Aunque sea por pocos segundos, debo actuar ya.”

De pronto, Yuya se levantó de su asiento y salió del aula acompañado por las dos chicas. El movimiento sacó a Okuyami de sus pensamientos tan abruptamente que se puso de pie de inmediato y casi derribó la silla detrás de ella.

El ruido llamó la atención de varios compañeros que voltearon a verla con curiosidad. Ella sonrió nerviosa, murmuró una disculpa torpe y salió apresurada del aula para no perderlo de vista.

Los pasillos estaban llenos aún, por lo que temía no mantener a Yuya a la vista, pero su altura y su aspecto destacaban entre la multitud, así que distinguirlo desde lejos no fue difícil.

Okuyami lo siguió hasta las escaleras exteriores del edificio principal. Al salir, el viento de la tarde agitó ligeramente su cabello despeinado y movió el borde de su falda escolar mientras descendía los escalones con la respiración agitada por los nervios.

Entonces lo vio a la distancia.

Yuya estaba apoyado contra una motocicleta estacionada junto al muro del instituto. Pero no estaba solo. Una chica de tercero sujetaba su brazo mientras reía y él también le devolvía la sonrisa. Esa sonrisa despreocupada que hacía temblar las piernas de Okuyami.

Parecían tener una conversación amistosa e inofensiva, hasta que el momento cambió y todo ocurrió demasiado rápido a ojos de Okuyami.

La chica se inclinó hacia él y le susurró algo al oído con expresión traviesa. Yuya respondió con el mismo gesto y después ambos simplemente se inclinaron uno hacia el otro hasta besarse.

El mundo de Okuyami se congeló en ese instante.

Todo el ruido alrededor comenzó a apagarse poco a poco, como si hubiera sumergido su cabeza bajo el agua. Incluso el viento pareció desaparecer.

Sus dedos aflojaron la correa del bolso y la lata que apenas había sacado, cayó al suelo con un sonido seco.

Toda la ilusión construida durante semanas —la esperanza ridícula de acercarse y de ser vista aunque fuera una vez por aquellos ojos azules— se rompió en un instante como una frágil burbuja.

Lo peor de todo era que Yuya ni siquiera la había notado. Ni una sola vez porque su atención estaba completamente puesta en la chica rubia que besaba.

Claramente él no sabía que ella estaba ahí. ¿Al menos sabía que existía?

Un nudo doloroso se formó en su garganta. Retrocedió un paso. Luego otro. Y antes de darse cuenta ya estaba caminando rápido de regreso el edificio, con la vista borrosa y el pecho oprimiéndole tan fuerte que dolía al respirar.

Tropezó con varias personas en el camino, murmurando disculpas apresuradas sin siquiera mirar a quién empujaba para evitar que vieran su desgracia.

"Qué vergüenza…" pensó.

Las lágrimas comenzaron a acumularse incluso antes de llegar al baño de chicas.

"Qué desastre…"

Okuyami empujó la puerta del baño con torpeza y atravesó el lugar casi corriendo hasta encerrarse en el ultimo cubículo. Apenas logró colocar el pestillo cuando el primer sollozo escapó de su garganta.

Se cubrió el rostro con ambas manos mientras intentaba recuperar el aliento sin éxito. Sus hombros temblaban sin control y cada intento de contenerse solo empeoraba.

Se sentía tan humillante. Resultaba ridículo y doloroso, porque entendió que no tenía ninguna oportunidad con Yuya.

Mientras tanto, en otra aula más apartada, Higashikata Joko permanecía atrapada en una situación completamente distinta.

Con la mejilla apoyada sobre el pupitre, giraba distraídamente un lápiz entre los dedos. El aula ya estaba casi vacía y la luz anaranjada de la tarde comenzaba a entrar por las ventanas.

La clase había terminado hacía menos de diez minutos y ella seguía en el salón gracias a Koichi, que insistía en explicarle una tarea de matemáticas como si su vida dependiera de ello.

El aburrimiento podría estar acabando con ella y él ni siquiera se daría cuenta porque estaría más pendiente del cuaderno lleno de números y letras.

—Te digo que si despejas primero la x es más sencillo…

Joko soltó un suspiro interminable y dejó caer la cabeza un poco más sobre el escritorio.

—Koichi, estoy segura de que los matemáticos inventaron esto para fastidiarnos —murmuró sin apartar la vista de la ventana.

Koichi suspiró resignado.

—Pero no podrás resolver esto como lo haces golpeando todo con Crazy Diamond.

Joko levantó una ceja inquisitiva.

—Eso suena a limitación creativa.

Antes de que Koichi pudiera responder, la puerta del salón se abrió de golpe. Alguien gritó su nombre y Joko levantó la cabeza sobresaltada.

Una chica del club de voleibol permanecía en la entrada intentando recuperar el aliento después de haber corrido.

—¿Eh? ¿Qué pasa? —preguntó Joko, confundida.

—Creo que tu amiga está llorando en el baño —la chica señaló hacia el pasillo.

El corazón de Joko dio un salto inmediato.

—¿Okuyami?

La otra chica asintió y en segundos Joko ya estaba de pie, incluso antes de si quiera escuchar algo más.

—¡Oye, espera! ¡¿Y la tarea?! —gritó Koichi desde atrás.

—¡Luego copio la tuya!

Ni siquiera se giró para mirarlo, solo salió disparada al pasillo siguiendo a la otra estudiante mientras el sonido de sus zapatos resonaba apresuradamente contra el suelo. La preocupación comenzó a crecer en su pecho conforme avanzaban hacia los baños del tercer piso.

Al entrar no hizo falta preguntar en cuál cubículo estaba. Okuyami lloraba tan fuerte que Joko pudo escuchar de dónde provenía el sonido. Pidió que las dejaran a solas y entonces comenzó la acción.

—¡Oku! —gritó para hacerse notar.

El llanto se interrumpió abruptamente del otro lado de la puerta y Joko se tensó. Caminó de prisa hasta el ultimo cubículo y apoyó una mano contra la puerta cerrada.

—¿J-Joko…? —Okuyami murmuró con voz quebrada.

—¿Qué pasó? —preguntó con más suavidad para no alterar la situación.

El silencio fue la primera respuesta que recibió. Luego un pequeño gemido ahogado.

—Quiero morirme… —sollozó Okuyami.

Joko abrió los ojos en grande con espanto mientras palidecia.

—¡¿Qué dices?! ¡Nijimura Okuyami, abre esta puerta ahora mismo! ¡Es una órden! —exigió.

Sin esperar respuesta comenzó a empujar la puerta con el hombro mientras golpeaba insistentemente con ambas manos abiertas.

Sin nadie más presente, Joko manifestó solo el puño de Crazy Diamond y rompió la cerradura. Antes de que se restaurara, la puerta se abrió de golpe y Joko estuvo a punto de caer hacia adelante por el impulso, pero logró sostenerse a tiempo.

Entonces vio a Okuyami, y sintió que algo dentro de ella se estrujaba.

Okuyami tenía el rostro completamente rojo, los ojos hinchados, las mejillas húmedas de tantas lágrimas derramadas y su respiración aun seguía entrecortada después de haber llorado demasiado.

—¿Quién te hizo llorar? —Joko la observó asustada.

Okuyami la miró por varios segundos y luego habló a medio sollozar.

—Y-Yuya…

Ah. El maldito Yuya.

Una oleada de irritación invadió a Joko de inmediato y sintió unas ganas inmensas de patear algo en ese instante.

Más específicamente, a Fungami Yuya.

 

Cinco minutos después ya estaban lejos de la escuela, sentadas junto al río.

Okuyami sostenía una lata fría entre las manos mientras sorbía por la naríz cada pocos segundos. A su lado, Joko continuaba murmurando insultos dirigidos a Yuya y probablemente a todos los antepasados de su familia.

—Ese imbécil arrogante… —Joko murmuró apretando los dientes.

Okuyami levantó la vista con el ceño ligeramente fruncido y un pequeño puchero en los labios.

—No es un imbécil…

Joko se giró inmediatamente hacia ella como un búho y la miró con ojos acusadores.

—¡Claro que sí! Mira cómo te dejó. Es un tipo engreído, petulante, vanidoso, presuntuoso y… ¡todo lo que termine en oso!

—Pero él no hizo nada malo… —Okuyami bajó la mirada hacia la lata.

—¿Entonces por qué lloras así? —Joko cruzó los brazos observándola fijamente.

Okuyami juraba poder ver enojo auténtico brillando en sus ojos. Abrió la boca para responder, pero la cerró al instante, mordiéndose el labio inferior para evitar llorar otra vez. Aunque al final el sollozo simplemente estalló.

—¡Porque me gusta mucho!

Joko dio un respingo ante el repentino cambio de humor. De pronto toda la ira que acumuló, desapareció de su expresión y fue reemplazada por absoluto desconcierto.

Algunas personas que pasaban cerca voltearon inmediatamente hacia ellas debido al volumen del grito. Joko reaccionó al instante y se acercó rápidamente a Okuyami.

—¡Bien pero no grites eso! —exclamó en voz baja.

—¡ES QUE ME GUSTA MUCHO!

—¡Claro, ya entendí! Pero estás llamando la atención de todos aquí y comienzan a vernos raro.

—Solo quería que me notara… —Okuyami murmuró y volvió a cubrirse el rostro con ambas manos.

Joko observó los hombros temblorosos de su amiga y suspiró lentamente.

No podía enojarse con ella. Ni siquiera un poco. Aunque a veces fuera exagerada y llorara por chicos ridículos. Aunque lograra convertir cualquier situación en un caos emocional. Jamás podría molestarse realmente con ella. Ni de broma.

Joko suspiró con resignación, luego abrió la lata que tenía en la mano y dio un gran sorbo en un intento de ordenar sus pensamientos. Necesitaba procesar lo que acaba de comprender.

—Oku… Fungami ni siquiera te toma en cuenta.

Apenas terminó la frase quiso tragarse las palabras, pues Okuyami levantó lentamente la mirada brillosa por las lágrimas y su labio tembló.

—E-exacto…

—No, espera, no quise decirlo así.

—¡ESO ES PEOR!

Y volvió a llorar desconsoladamente, abrazándose para hacerse más pequeña.

Joko abrió los ojos con pánico y se llevó las manos al rostro por la desesperación. ¡¿Por qué en lugar de mejorar, la situación empeoraba?!

Intentó pensar rápido y desesperadamente qué debía hacer. ¿Qué hacían las personas cuando alguien lloraba?, ¿Dar un abrazo? ¿Dar consejos? ¿Golpear a Yuya con una silla? ¿Lanzarlo al río?

—¡Escucha! ¡Fungami tiene cara de pie! —intentó decir cualquier tontería para distraer a Okuyami.

—No digas eso de él… —sorbió la nariz e hizo un puchero.

—¡Hace sonidos raros al reírse!

—¡Eso lo hace adorable!

—¡¿POR QUÉ LO DEFIENDES?!

Okuyami lloró incluso más. La situación se tornaba tan difícil para Joko que incluso pensó en arrancarse el perfecto copete que se hacía a diario y eso era llegar al límite de su frustración.

Al final, luego de que el drama disminuyó, ambas terminaron sentadas en el restaurante de Tonio.

Joko descubrió que Okuyami dejaba de llorar cuando estaba comiendo, así que lo aprovecharía en esa situación.

Apenas entraron al lugar, el olor de la comida recién hecha transformó lentamente la expresión devastada de Okuyami en algo mucho más parecido a la emoción inocente de un niño visitando un parque de diversiones.

Cuando el parfait de chocolate llegó a la mesa, el milagro empezó a ocurrir, pues solo una cucharada bastó para calmar cualquier lamento de Okuyami.

—…Increíble —Joko la observó maravillada.

Okuyami levantó la vista confundida.

—¿Qué?

—Nada. Estoy descubriendo tus debilidades.

—¿Eh?

—Si alguna vez te vuelves malvada voy a derrotarte con postres de chocolate.

Okuyami hizo un pequeño puchero, aunque no tardó demasiado en sonreír en señal de que las palabras de Joko le hacían gracia.

A pesar de que sus ojos seguían hinchados, Joko sintió el alivio recorrerle el cuerpo al verla dejar de llorar por primera vez en toda la tarde y mostrar una sonrisa.

Entonces, despues de remover lentamente el postre con la cuchara, Okuyami murmuró bajito.

—¿Crees que debería adelgazar?

—¡¿Qué?! —Joko casi escupió la limonada.

—Quizá le gustan más delgadas…

Joko la miró como si acabara de escuchar la estupidez más grande del universo.

—Oku, literalmente estás comiendo helado mientras dices eso.

—¡Precisamente por eso lo digo! Debería dejar de ser una glotona y hacer más ejercicio…

Joko permaneció observándola unos segundos. Sin bromear o dramatizar. Solo mirándola fijamente porque no podía creer que Okuyami realmente pensara algo así.

¡La amante de la comida! ¡Quien no se negaba a probar cualquier postre que le ofrecieran! ¿Ahora estaba pensando en dejar de comer? ¿Qué clase de magia usó Fungami en ella?

Finalmente soltó un suspiro largo. Estaba agotada de este asunto, pero en su rostro la seriedad y la determinación fulgieron como una estrella.

—Escúchame bien porque no voy a repetirlo dos veces, Oku.

Okuyami parpadeó sorprendida con la actitud de Joko. En medio de suf pequeño silencio Joko se inclinó ligeramente sin decir nada, haciendo que el corazón de Okuyami latiera de forma acelerada sin razón aparente.

Después de un breve suspenso, Joko habló con voz decidida.

—Eres hermosa. Muy hermosa.

Okuyami quedó inmóvil y su rostro comenzó a enrojecer ante tal declaración. Joko acostumbraba a ser elocuente. Siempre hacía comentarios exagerados, soltaba cumplidos porque sí y porque esa era su manera de expresar cariño. Pero esta vez se sintió distinto.

La forma en que la estaba mirando cambiaba completamente el peso de sus palabras. Se parecía a las miradas enamoradas de las protagonistas en las novelas que su mamá miraba.

—Y cualquier idiota que no lo note… —continuó Joko— está ciego o le faltan neuronas.

El corazón de Okuyami dio un vuelco total. Pero no se sintió desagradable, solo extrañamente reconfortante. Porque Joko estaba mirándola muy fijamente mientras lo decía. Y porque, por alguna razón, esas palabras le gustaban más viniendo de ella.

Incluso si en un hipotético caso fuese Yuya quien las dijera, Okuyami las preferiría muchísimo más si salieran de Joko.

Notes:

¡¡Aquí el primer capítulo!! Los siguientes 2 capítulos ya están terminados, pero me gustaría darle unos días de espera a la siguiente actualización porque aún sigo trabajando en el último capítulo. De todos modos, en 2 días regresaré para actualizar así que ¡hasta pronto! (. ❛ ᴗ ❛.)