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Give me a shot to remember

Summary:

๋ ࣭ ⭑๋ ࣭ 🕯️ El mundo es un lugar cruel, pasan cosas espantosas que nos quitan el ánimo de vivir. El mundo de los sueños es todo lo contrario, pasan maravillas y cosas fantásticas, podemos desconectarnos del mundo real, aunque sea unas cuantas horas, a menos que ese amigable escape se convierta en una pesadilla.

Notes:

holaa, espero que les guste <3
si creen que le hace falta un tag o alguna advertencia de contenido son libres de decírmelo

Work Text:

Dinah —la gata de la familia— dormía tranquilamente en la biblioteca de la casa. Los gatitos suelen percibir cosas que el ojo humano ignora. De un momento a otro se erizó por completo, estirándose en el acto, ocasionando un efecto dominó al golpear una pila de libros, haciendo que una lámpara de aceite “cayera” al suelo, provocando que el aceite llegara a la chimenea, generando un incendio.

La cortina gris se fue expandiendo por toda la casa, la atmósfera sofocante y la temperatura cada vez más elevada despertaron a la pequeña Alice, quien reaccionó con una punzada de pánico, levantándose con una violenta bocanada.

Envuelta en pánico, saltó de su cama y corrió a abrir la puerta de su habitación, encontrándose con un túnel de fuego que parecía no tener fin. Intentó ir a las habitaciones de sus padres y hermana, pero fue en vano, el techo colapsó, impidiéndole cruzar, dejando como única opción regresar por donde vino.

Totalmente asustada y por mero instinto de supervivencia corrió hacia su ventana, la abrió de golpe, siendo su única salida tirarse al vacío.

Una densa capa de nieve amortiguó su caída, sobreviviendo al impacto, pero el frío gélido de la noche le caló los huesos. Débilmente trató de incorporarse, observando cómo su casa y su familia se reducían a cenizas en cuestión de minutos. El shock fue brutal, no tenía a nadie, solo era una niña indefensa abrazada a un peluche de conejo.

No pudo hacer nada más que romper en llanto. Con las lágrimas congelando sus mejillas, dirigió su mirada hacia un punto específico. Divisó una silueta, alguien que permanecía inmóvil observando el desastre. Le resultó familiar, un eco borroso hizo presencia en su mente, aquella silueta dentro de su casa esa misma noche.

El horror de la escena terminó por apagar la mente de la pequeña, quien cayó inconsciente en la nieve.

—¿Esa no es la hija menor de los Liddell?—una persona notó a la pequeña a la distancia . Se acercó en compañía de varios individuos, quienes quedaron horrorizados ante aquella escena tan devastadora.

you're in time for the show

Alice fue llevada a la enfermería Littlemore, donde curaron las quemaduras, que aunque no llegaron a consumir su carne, la exposición directa al calor la dejó bastante herida. Días, semanas, meses pasaron, y al año, Alice finalmente sanó, sin embargo, fue físicamente. Aquel incidente dejó secuelas muy graves en su mente, quedando así en un estado catatónico. Gran parte de los recuerdos de aquel fatídico incidente quedaron reprimidos en algún lugar de su memoria. A la edad de apenas ocho años, fue transferida a la institución psiquiátrica de Rutledge, en Londres.

—Es tan solo una niña…—murmuró una enfermera, con un hilo de voz que delataba una profunda lástima.

—Ha vivido cosas espantosas—dictaminó el doctor, Heironymous Q. Wilson. La pequeña Alice estaba bajo su dirección y cuidado.—Es sorda, muda y ciega a la estimulación.

Los primeros meses en la institución se convirtieron rápidamente en una década de negligencia médica y malos tratos por parte de otros pacientes. Para el cuerpo médico, Alice no fue más que un experimento y víctima de la medicina psiquiátrica del siglo XIX, siendo sometida a un sinfín de remedios sin éxito, su cabello fue rapado, estuvo en terapia electroconvulsiva y tuvo que ingerir dosis masivas de láudano.

Años de silencio absoluto comenzaron a fracturarse en la fecha de 1873, gracias a un detonante inesperado, el conejo blanco al que abrazó cuando perdió todo. Empezó con dibujos crípticos, después pasó a los llantos. El verdadero quiebre ocurrió cuando el personal decidió jugarle una mala pasada, arrebatando de sus manos a su pequeño amigo. Alice defendió a su peluche con una furia salvaje, tomó una cuchara e hirió al personal con ella, no sin antes herir sus propias muñecas con el utensilio.

Gracias a la compasión de una enfermera, Alice mostró signos de mejora, ya que le devolvió definitivamente su peluche. Comenzó a hablar y a formular palabras coherentes, y la catatonia desapareció.

Alice Liddell fue declarada “sana” y abandonó el hospital. Gracias al “favor” de la enfermera Pris Witless consiguió una casa y un trabajo en la residencia Houndsditch, un orfanato para los niños desafortunados de Londres.

there's a place in the dark where the animals go

—Si olvidas, Alice, el dolor se irá—afirmó el doctor Bumby, terminada la terapia de hipnosis.—Es simple.

—Por más que lo intente siguen ahí—explicó, señalando su cabeza.—Creo que nunca se irán…

—Toma tiempo, no es de la noche a la mañana.

—Es fácil para usted decirlo…—murmuró para sí misma.

—Si me disculpas, tengo gente por atender—excusó, haciendo un gesto para señalar la puerta. Alice acató la orden implícita y salió de la sala para dirigirse fuera de la residencia a tomar un poco de aire fresco. Las calles de Londres eran grises y tristes, parecía que no había ningún lugar feliz allí.

Se detuvo a mirar unos letreros, posando sus ojos fijamente en un par, pero su atención fue robada por una pequeña y ágil figura felina, a la cual siguió hasta un callejón oscuro.

—Qué rápidos son estos animalitos—comentó, adentrándose cada vez más entre las oscuras paredes. Perdió de vista al felino y en su lugar vio a varias siluetas que emergieron y ganaron volumen en las sombras. Eran monstruosidades.

Aquellas criaturas tenían la forma de Jabberwack, una criatura de un cuerpo grotesco, de donde emergían alas similares a las de un murciélago. Poseía una cola escamosa y una cabeza enorme, alargada y con rasgos insectoides que posó su mirada en Alice.

Antes de que pudiesen atacarla, el callejón crujió con violencia y una grieta se abrió bajo los pies de la chica, rompiendo el adoquín de la calle como si se tratara de papel. No hubo tiempo de correr, la oscuridad se la tragó.

you can watch me corrode like a beast in repose

Se encontró a sí misma descendiendo de forma etérea, mientras su vestido azul se mecía en el aire; se encontraba en el Valle de las lágrimas. El país de las Maravillas se presentó ante sus ojos nuevamente. Al parecer, más tranquilo que la última vez que estuvo allí.

—La paz es un lujo que no nos podemos permitir ahora, Alice—siseó una voz detrás de ella. Se giró de inmediato y lo vio, una figura suspendida en el aire, con una sonrisa repleta de dientes afilados.

Era su viejo amigo, el gato Cheshire.

—¿A qué te refieres?—preguntó mientras se cruzaba de brazos y alzaba una ceja.

—Estás de vuelta, Alice, pero no eres la única—explicó.—Hay un invitado no deseado.

—¿Invitado no deseado?

—Me tomo el atrevimiento de preguntar, Liddell—cuestionó en un cinismo elegante.—¿Por qué estás aquí?

—¿Qué quieres decir?—frunció el ceño.

—Prefieres estar aquí, ahogándote en un mar de lamentos mágicos—barrió el horizonte con la mirada.—En lugar de enfrentar la realidad de la terapia.

Ella no respondió, simplemente miró el paisaje a su alrededor. Un escenario lleno de vegetación, con hermosos ríos y cascadas cristalinas, mantos acuíferos hechos con sus propias lágrimas. Así funcionaba, después de todo, sus miedos y culpas eran arrastrados al país de las Maravillas.

Caminaron en completo silencio entre aquella vegetación, que fue deformándose poco a poco al ser reemplazada por humo y estructuras de metal oxidadas.

—Hasta aquí llego, Alice—anunció en un tono plano.—Creo que hay alguien que necesita tu ayuda.

—¿Mi ayuda?

—Un viejo amigo… Pero he de anticiparte que ha cambiado un poco desde la última vez.

—Un viejo amigo…—repitió.—¿Acaso es un aficionado de los sombreros?

—Compruébalo por ti misma.—finalizó, esfumándose en el aire.

a light to burn all the empires

El Valle se secó poco a poco, siendo absorbido por el óxido y el fuego, transformándose en una especie de fábrica a medida que pasaban las horas.

Alice ya estaba cansada de pelear y atravesar la amalgama amorfa bajo sus pies. Derrotó monstruos de todo tipo en su trayecto, algunos se asemejaban a una tetera, forma muy curiosa, perfecta para la hora del té. Sin embargo, ella no estaba indefensa, llevaba consigo un cuchillo Vorpal que consiguió en su camino.

El gato volvió a aparecer, esta vez encima de una tubería rota. —Todo está cambiando, Alice—ronroneó, materializándose al lado de la joven.—El Sombrerero se ha vuelto loco, y tú… Bueno, estás a un paso de acompañarlo.

Ella no respondió, apretó el cuchillo e hizo una mueca de disgusto por el comentario del felino. —El doctor Bumby dice que debes olvidar y aceptar la realidad—amplió su sonrisa, esta vez, con malicia.—Si me lo permites, he de decirte que es un idiota.

—Un idiota…—repitió para sí misma.

A lo lejos se lograba escuchar el goteo constante de las tuberías, con un ritmo similar al metrónomo del doctor. Era un sonido de la realidad que venía a interrumpir su tranquilidad. Ese tic tac, una y otra vez, perfectamente sincronizado, hizo que el cielo se tornara oscuro, dejando divisar a lo lejos a aquel invitado no deseado del que el gato habló tiempo atrás: el tren infernal.

Arrasó con parte del entorno, provocando que el ruido y el recuerdo reprimido de la terapia se mezclasen, replicando así el pánico de la tragedia.

—N-No…—suplicó. Se abrazó a sí misma, temblando y con dificultad para respirar. Estaba atrapada en un escenario que segundo con segundo se tornaba completamente oscuro. Presa del pánico, trató de pelear contra la oscuridad, trazando arcos plateados en la penumbra, buscando hendir la niebla con la hoja plateada. Sentía que se ahogaba.

so why don't you blow me
a kiss before she goes?

—¿Atrapaste un monstruo marino acaso?—se quejó un pescador. Tenía dificultad para subir la red al muelle.

La red finalmente subió, y con ella un bulto.

—¿Es… una sirena?

—No seas imbécil, es una niña—contestó otro pescador. Extendió su mano hacia su cuello, con intenciones de comprobar el pulso, pero en cuanto hizo contacto con la piel de la niña, ella recobró el sentido y se incorporó ferozmente, no sin antes evacuar toda el agua de su cuerpo.

—¡No te atrevas a ponerme las manos encima!—rogó hostilmente, imponiendo sus manos ensangrentadas como escudo. Estaba empapada, con laceraciones en sus brazos y pequeños desgarres en su vestido.