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No deberías, Luis.

Summary:

Luego de meses en Europa. Luis quiere ayudar a su Abuelo con algunas gestiones. Pero no todo sale como lo planeado y termina con mas problemas de los que puede controlar.

Notes:

De donde surgió esto. Ni idea comencé a escribir la cuarta parte del final y el prólogo un dia estaba viendo una película. Asi que tuve que darle medio sentido haciendo el resto.

Llevo sin escribir meses, so en mi Docs esto se ve como la octava maravilla. Aquí ya se ve medio extraño? No se divago.

Esto quedo largo como la mierda. Mucho texto

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Lo primero que Luis aprendió en sus cortos añitos de vida sobre Inglaterra fue lo bonito que hablaban las personas del lugar. —Good morning, sir. Could you take me to The Westin London City hotel (Buenos dias, señor. Me podría llevar al hotel The Westin London City)—. Ese fue el pensamiento que tuvo en cuanto volvió a estar en Inglaterra.

Of course, with pleasure. It’s not your first time in England, is it? (Claro, con mucho gusto. No es su primera vez por Inglaterra, verdad?)—le respondió con ese acento característico de los locales, el señor encargado de llevarlo a su “Hotel”.

Is it that obvious? No, I lived here for a while (Tanto se nota. No, viví aquí un tiempo).

If it's a little noticeable, well, I hope you enjoy your stay (Si se nota un poco, bueno espero que disfrute su estadía).

Al bajar del taxi, sintió el frío húmedo de Londres pegándose le a la piel debajo de la ropa. Levantó apenas la vista mientras el conductor dejaba su maleta frente al majestuoso Hotel. 

A decir verdad Luis no se quedaría ahí, bueno no del todo. Solo se registraría. Un niño rico, hospedandose en un hotel de ricos, haciendo cosas de ricos. Nada fuera del lugar.

Para cuando terminó y estuvo en el lugar donde de verdad dormiría. Luis ya había perdido media tarde tratando de llegar y eso que desde el hotel hasta aquel lugar, estaba a tan solo 11 minutos. Desde luego no importa que tanto pasen los años su orientación siempre hará lustre con su presencia.

Observó el edificio y por un segundo simplemente se quedó quieto observando la calle iluminada por letreros de neón, pubs antiguos y filas de gente fumando afuera de los bares.

Al menos Soho seguía igual. O quizá él era quien había cambiado demasiado.

Las luces de los locales se reflejaban sobre el pavimento mojado por el clima. A unas calles podía escucharse música escapando desde los pubs de Old Compton Street y el ruido constante de la ciudad que parecía nunca parar.

Luis metió las manos en los bolsillos del abrigo oscuro. Había vivido ahí cuando era niño. Apenas unos años. Seis, quizá siete. El suficiente tiempo para recordar cosas absurdamente específicas: el olor del metro, El clima, que por extraño que parezca, no es como la gente de fuera suele imaginarse, su abuelo caminando rápido mientras él casi tenía que correr detrás de él para alcanzarlo.

También recordaba el apartamento enorme y silencioso donde se habían quedado entonces.

Demasiado elegante. Demasiado vacío. Su abuelo siempre ocupado. Hombres entrando y saliendo. Conversaciones que se callaban apenas él aparecía.

“–Abuelo—”

“—Como estas?, Mi vida, como estuvo tu viaje al parque—.”

“—Genial, me alegro—. La voz dulce que habría proyectado hacia al pequeño Luis de seis añitos, desapareció por completo al decir:— Dile al señor Baker que el trato se cancela.”

Recordaba las interminables reuniones, reuniones que no entendía porque su pequeño cerebro no podía, aunque quisiera. Aun así, Londres nunca le había desagradado.

Subió al apartamento temporal que había alquilado por dos semanas gracias a la recomendación de uno de los contactos del bar donde trabajaría. El edificio estaba cerca de Carnaby Street, suficientemente cerca de la vida nocturna para ir caminando, suficientemente discreto para no llamar la atención.

El lugar era pequeño comparado con las propiedades absurdas a las que estaba acostumbrado. No le importaba mucho.

De igual forma le gustó inmediatamente.

Equipado con lo justo y necesario, una cocina, con una mesa para dos personas. Una pequeña sala, con pequeño sillón, que estaba seguro que si se acostaba en los pies le quedarían colgados, y una habitación con armario. Lo único bueno del lugar, además de que parecía que si estaba limpio, eran las enormes ventanas que daban la vista perfecta de la cuadra. 

Dejó la maleta junto al sofá y abrió la ventana apenas unos centímetros. El ruido de la ciudad entró de golpe. Sirenas lejanas. Risas.

Música.

Vidrios chocando. 

Por alguna razón, eso lo hizo sentir menos solo. Oh eso, quería pensar.

Durante los siguientes días se acostumbró rápido al ritmo de la zona. Dormía tarde, salía tarde y pasaba buena parte del tiempo caminando entre Soho y Shoreditch, observando gente, memorizando calles como hacía siempre que llegaba a una ciudad nueva.

O vieja.

El trabajo como bailarín no era especialmente complicado. El club donde haría las presentaciones quedaba cerca de Leicester Square, un lugar lleno de turistas, ejecutivos ricos y hombres con demasiado dinero y demasiado alcohol encima. Luis encajaba perfectamente ahí. 

Luciendo demasiado bonito, demasiado ingenuo, demasiado elegante, demasiado tonto, demasiado costoso.

Luis rara vez, terminaba haciendo un trabajo de este tipo. Tenían demasiados recursos para molestarse en hacer algo por el estilo. Pero a Luis no le disgustaba hacerlo cuando era necesario, además, salir de la rutina no estaba mal.

El viernes por la tarde llevaba ya varios días instalado cuando salió del edificio con una chaqueta negra encima y los auriculares colgando del cuello. El cielo londinense estaba gris oscuro, amenazando con lloviznar.

Las calles comenzaban a llenarse, lo que se esperaba a esa hora un viernes en esa zona.

Nada extraño.

Luis caminó tranquilo por la acera, metido en sus propios pensamientos, hasta que algo lo hizo detenerse en seco.

Lo sintió en la forma que la piel se le puso de gallina, la forma en la que los vellos del cuello se le erizaron, ese escalofrío desde la punta de los pies, hasta la cima de su cabeza. 

Esa sensación. La maldita escalofriante sensación de ser observado. Sus pasos se frenaron automáticamente. El cuerpo entero se le tensó antes incluso de procesarlo.

Lentamente levantó la vista mientras miraba detrás de él. 

Nada. Solo personas caminando. Una pareja discutiendo cerca de la esquina. Un grupo de chicas riéndose al cruzar la calle.

Luis frunció apenas el ceño, giró la cabeza hacia el otro lado.

Más de lo mismo, buscó entre los rostros, las sombras, las ventanas, puertas, lugares, autos estacionados, pero no había nada fuera de lugar. Nada que le indicara el origen de ese sentimiento.

Pero seguía ahí.

Esa sensación incómoda arrastrándose por su espalda. Como si unos ojos estuvieran clavados exactamente sobre él.

Luis permaneció quieto varios segundos más. De algún lugar tenía que venir. Su respiración saliendo en pequeñas nubes blancas por el frío.

Siguiendo esperando. Siguió buscando. Aun así nada pasó, todo siguió normal.

Y aun asi…

Aun así algo se sentía mal.

Muy mal.

Luis siguió caminando pasando al lado de un auto estacionado—un Audi 8, color negro mate, y vidrio polarizados—no pudo evitar ver su reflejo, la sensación de ser observado aumento como si dentro de ese vehículo estuviera alguien y Luis pensó: Me recuerda a–, que tonterias estoy pensando, de todos los lugares proque alguien como EL estaria aqui. 

Luis simplemente sacudió aquello, la enterró profundo en su mente y se concentró en la tarea que tenía que hacer. Ya tendría tiempo para pensar en ello.  

Lo que Luis no vio, fue la sonrisa cínica de esa persona desde el interior del auto al verlo. 

La risa divertida al ver la situación.

 

 

 

 

Luis vio las luces de Soho reflejándose sobre el pavimento mojado hacían difícil distinguir rostros entre la gente. Todo el mundo parecía moverse demasiado rápido y demasiado lento al mismo tiempo. Londres tenía esa capacidad extraña de tragarse personas.

Y eso era exactamente por lo que Eduardo quería aprovechar tanto esa ciudad.

El negocio de la droga en Europa ya existía.Mucho antes de Eduardo y existiría mucho tiempo después de él. Pero a la escala que se estaba moviendo, había pasado tiempo desde que se vio.

Eduardo le había explicado a Luis, que la mejor forma de trabajar, sin que les salpicara tanto, era crear un sistema sencillo. 

De A, B y C.

A se lo daba a B para que se lo vendiera a C, B transportaba y se lo llevaba a C y C se lo compraba a A por medio de B. 

A, era el vendedor en Latinoamérica.

C, era el comprador en Europa.

Y B, era el intermediario.

B, era la carnada falsa. A, no sabia a quien le vendía y C, a quien le compraba. Sencillo.

B era esa identidad falsa. El hombre que negociaba precios, rutas marítimas, puertos seguros, porcentajes, transporte y protección. El único nombre que ambas partes conocían, o, al menos de voces para fuera.

Eduardo llevaba meses usando ese papel.

Aunque en realidad él mismo era C.

El comprador verdadero. El dueño de gran parte de la mercancía que terminaba entrando a Europa.

Pero nadie debía saber eso.

Qué información podrías encontrar de un fantasma. De alguien que no dejaba huellas, de alguien que según los medios tenía una mansión en alguna playa privada en Marbella, que tenía comprada a toda la policía, que se mudaba cada dos meses a otra de sus muy lujosas residencias. Para los policías era más fácil capturar al que movía y conocía ambos carteles que tratar de capturar al pez gordo del océano.

Obvio, claro, si encontraban algo. Porque cada pista, cada información, hasta la que se difundia en medios, rumores en los bajos mundos, todo estaba controlada. 

Luis entendía perfectamente por qué Eduardo hacía eso. Era brillante. Cruelmente brillante.

Y también agotador.

Porque mantener una mentira de ese tamaño requería demasiadas capas de protección.

Demasiada información. Demasiadas personas involucradas. Por eso Luis estaba ahí realmente.

No por el trabajo de bailarín. Eso solo era una cubierta cómoda.

Luis era quien se encargaba de recopilar información sobre las personas con las que negociaban. Nada demasiado evidente. Nada que pareciera chantaje directo.

Solo respaldo. Seguros. Pequeñas bombas enterradas por si algún día alguien decidía romper un acuerdo.

Políticos, Agentes aduaneros, Empresarios portuarios, Ministros. Jefes de seguridad marítima.

Todos tenían algo.

Deudas, amantes, transferencias ilegales, consumo, corrupción.

Y Luis era absurdamente bueno encontrando esas cosas.

Alguien alguna vez le había dicho: La información es el mejor recurso que una persona puede tener. Y Luis era bueno obteniendola.

El puerto de Inglaterra era importante ahora. Demasiado importante.

Si conseguían asegurar ciertas rutas marítimas, Eduardo podría mover mercancía hacia otras zonas europeas mucho más rápido y con menos pérdidas. Y para eso necesitaban acuerdos internos en aduanas.

Beneficio mutuo.

Esa era la palabra elegante.

Los funcionarios recibían dinero, inversiones, favores o protección política.

A cambio, ciertos contenedores pasaban una inspección diferente.

Nada más.

Luis pasó frente a un grupo de personas saliendo de un pub mientras sacaba el teléfono del bolsillo. Revisó la pantalla por costumbre, aunque en realidad estaba pensando en otra cosa.

La sensación volvió de nuevo. La de unos pares de ojos viéndolo. 

Vio las ventanas del edificio que tenía enfrente, segundo piso, tercer piso, una persona, no, solo era una lámpara.

Su abuelo siempre decía que el problema de la paranoia era que eventualmente dejaba de ser paranoia para ser realidad.

Pasó junto a una calle más estrecha cerca de Brewer Street y la sensación no se iba.

Luis metió una mano en el bolsillo del abrigo, tocando automáticamente el arma escondida ahí dentro.

Y siguió caminando.

Sin darme cuenta de que, desde el otro lado de la calle, detrás del vidrio oscuro de un coche estacionado, aquel mismo Audi 8 negro alguien realmente lo observaba.

—Ya es hora, de nuestra reunión, Luis.—dijo una voz proveniente del interior, mientras sacaba por la ventanilla del mismo, las cenizas de un cigarrillo ya consumido.

 

 

El aire cálido del bar golpeó a Luis apenas cruzó la entrada de servicio.

A diferencia del frío húmedo de afuera, ahí dentro todo olía a perfume caro, alcohol dulce y luces calientes. El lugar todavía no abría oficialmente, pero ya podía escucharse movimiento detrás de la barra principal; vasos acomodándose, hielo cayendo, trabajadores corriendo de un lado a otro preparando la noche.

Luis cerró la puerta detrás de él y caminó tranquilo por el pasillo iluminado con luces tenues color ámbar.

Evening, sweetheart (Buenas Noches, Cariño) —le gritó uno de los bartenders desde lejos.

Luis levantó apenas la mano en saludo sin detenerse.

Ya llevaba suficientes días ahí para que todos lo conocieran. El español bonito, que bailaba con máscara y jamás hablaba demasiado de sí mismo.

Mientras avanzaba sacó el teléfono discretamente y revisó por última vez la información almacenada.

La reunión seguía confirmada. La persona encargada de permisos aduaneros asistiría, el Gerente también, y el último.

John-Paul Marks, Director Ejecutivo y Primer Secretario Permanente. El único que realmente le interesaba esa noche.

Luis ya tenía demasiado sobre los otros dos hombres, cuentas, transferencias, fotografías, incluso grabaciones. Pero John-Paul era más complicado, recién nombrado por el primer ministro. Estaba más limpio públicamente.

Aunque no está limpio.

Nunca lo estaban.

Luis había encontrado rastros de un caso viejo ocurrido seis años atrás en la ciudad natal de Marks. Un asesinato hacia una mujer, una prostituta habia leido en los periodicos locales, archivado por “falta de pruebas sólidas”. El expediente había sido eliminado oficialmente poco después de que el hombre comenzara a subir posiciones políticas.

Pero no completamente. Nunca completamente. Siempre quedaban restos.

Correos a oficiales, jueces y fiscales que llevaban el caso.

Firmas a personas de los diferentes lugares relacionados con el mismo 

Movimientos raros de dinero a diferentes cuentas bajo nóminas como “Pago por modificación de contrato”.

Y lo más interesante: conexiones indirectas con grupos albaneses—una red criminal originaria de la migración hacia el país. Fuertemente vinculados con la trata de personas, lavado de dinero y contrabando de inmigrantes—. Solo necesitaba una prueba más.

Algo visual. Algo que lo terminara de unir con ellos. Y sabía que esa noche podría conseguirlo.

Porque los hombres como John-Paul siempre cometían el mismo error cuando se sentían cómodos.

Miraban demasiado.

Luis guardó el teléfono y empujó la puerta del área de camerinos.

El ambiente cambió inmediatamente. Música saliendo desde un altavoz pequeño. Perfume, risas, maquillaje regado sobre las mesas iluminadas por espejos enormes y mucha brillantina, demasiado para el propio gusto de Luis.

Varias chicas ya estaban preparándose frente a los tocadores mientras hablaban en distintos idiomas. Algunas lo saludaron apenas verlo entrar.

Luis, you’re late (Luis, llegas tarde).—le dijo una chica, alta, morena, con un cuerpo que volvería loco a cualquier hombre (Menos a Luis, obvio), traía un conjunto atigrado. Demasiada mujer para ese lugar.

Only by three minutes (Solo tres minutos).—respondió y hacía una gesto levantando tres dedos, sin verla del todo. 

Still late (Sigues llegando tarde).— otra voz femenina apareció, un poco más chillona que la primera, a Luis le recordaba a Remi. Era una chica bajita, de cabello corto y rubio ceniza, tenía un estilo muy femenino, el tipo de chica por el cual muchos machitos dirían: Por esa mujer vale la pena, partirse el lomo trabajando. Bueno, hasta que descubrieran, de que trabaja y la trataran como una cosa que desechar. 

A Luis le sorprendía que ella aún no le hubiera partido la nariz a algun idiota. Desde luego carácter no le faltaba.

Leave it, Kari. We forgive you because you're pretty (Déjalo Kari. Te lo perdonamos porque eres lindo).—una tercera chica comentó. Al asomar la cabeza por encima del hombro de la otra.

For the massages (Y por los masajes)—gritó una voz de fondo. Y algunas de las chicas se rieron y asintieron. 

Él sonrió apenas y dejó su bolso sobre una silla vacía.

Su primer número no era hasta las nueve, pero le gustaba prepararse con tiempo. Especialmente esa noche.

Porque esta vez no usaría la máscara completa.

Durante las presentaciones anteriores siempre había cubierto gran parte de su rostro con máscaras negras ornamentales. Misteriosas. Elegantes. Suficiente para crear curiosidad.

Pero esa noche quería algo distinto.

Que dejara a alguien preguntándose cómo se veía realmente.

Sacó con cuidado el velo de tela translúcida negra y plateada. Era fino, ligero, sujeto por una estructura discreta que caía desde un accesorio metálico sujeto desde el inicio de su frente. Adornado con alguna cuencas que hacía un ligero sonido, al chocar entre sí. Cubría casi con totalidad su rostro. 

Perfecto para aparecer.

Perfecto para desaparecer.

Luego abrió la bolsa donde estaba el outfit que había elegido.

Negro y blanco.

Sin mangas.

Elegante más que provocativo.

La tela oscura se ajustaba a su torso de manera limpia, con cortes blancos recorriendo los costados y parte del pecho como líneas modernas y sofisticadas. Un cuello no lo suficientemente alto para subir hasta la barbilla le daba una apariencia más refinada, mientras los accesorios plateados —cadenas finas, detalles metálicos en los hombros y anillos oscuros— aportaban algo más agresivo. 

Unos pantalones que asemejan mucho al tipo que se utiliza en las danzas árabes.

No enseñaba demasiado.

Pero tampoco ocultaba nada importante.

Luis ya estaba sentado frente al espejo cuando levantó la vista hacia una de las chicas. —Fati, ¿me ayudas?

—Claro, habibi.

Fátima dejó lo que estaba haciendo y caminó hacia él con una sonrisa suave. Era bajita, preciosa y absurdamente amable con todo el mundo. Originaria de Marruecos, aunque después de años viviendo entre España e Inglaterra había terminado mezclando acentos de manera caótica.

Luis se quitó lentamente los lentes, no le agradaba la idea y por un tiempo antes de salir consideró ponerse lentillas. Pero sabía que tenía que aprovechar esa característica distintiva, aunque no fuera de su gusto.

Y Fátima literalmente se quedó inmóvil un segundo.

—Pero chiquillo… —soltó automáticamente con su marcado acento andaluz— qué ojos más monos tienes. Pero qué hermosos.

Luis dejó escapar una risa baja—.No exageres.— seguía sin acostumbrarse a la atención no deseada que sus ojos solían atraer.

—¿Exagerar? Niño, si pareces sacado de una película rara de vampiros caros.— Ella se acercó más al espejo observando el rostro con total concentración.

Los ojos de Luis siempre llamaban demasiado la atención. Ese tono imposible entre azul y verde, cambiando dependiendo de la luz, hacía que parecieran casi irreales bajo los focos del camerino.

—Tu maquillaje tiene que acentuar esa mirada sí o sí.

Luis se dejó hacer mientras Fátima comenzaba a trabajar.

Ella oscureció suavemente sus párpados con sombras negras y gris humo, creando profundidad alrededor de los ojos sin endurecer demasiado sus facciones. Después añadió destellos plateados extremadamente finos en las esquinas internas y sobre el centro del párpado; pequeños brillos que atrapaban la luz cada vez que él moviera la cabeza en el escenario.

También delineó ligeramente la línea inferior de sus ojos, haciendo que el color heterocromático resaltará todavía más bajo las luces del club.

El resultado era elegante, hipnótico, cautivante. Pero peligrosamente hermoso.

Cuando terminó, Fátima dio un paso atrás orgullosa de su trabajo.—Mírate eso.

Luis levantó apenas la vista hacia el espejo.

Con el maquillaje oscuro, los brillos plateados y el velo negro cayendo suavemente sobre parte de su rostro, parecía otra persona o simplemente el pero mas bonito.

 

 

 

Las luces del club bajaron despacio hasta teñir el lugar entero de tonos azul oscuro y plateado.

El murmullo de conversaciones se redujo apenas comenzó a sonar la música.

Un ritmo lento.

Pesado.

Sensual de una manera peligrosa.

Los bajos vibraban bajo el suelo mientras una melodía suave y envolvente flotaba entre el humo artificial del escenario. No era una canción agresiva; era peor. Era de esas que parecían arrastrarse lentamente por el cuerpo hasta meterse bajo la piel.

Luis esperó detrás de la cortina negra hasta escuchar la señal.

Entonces salió.

Las primeras luces lo iluminaron apenas desde abajo, recortando solamente su silueta contra el escenario rectangular. La pequeña pasarela central conectaba directamente con el tubo cromado del pole dance, dejando suficiente espacio alrededor para moverse libremente.

Y Luis utilizó cada centímetro.

El outfit negro y blanco reflejaba pequeños destellos plateados cada vez que las luces cambiaban de posición. Las cadenas finas sobre sus hombros tintineaban apenas con algunos movimientos más bruscos, pero el verdadero centro de atención era el velo.

O máscara.

La pieza oscura cubría desde encima de sus ojos hasta parte inferior del rostro, formada por tela translúcida negra y pequeños pendientes metálicos que colgaban delicadamente a los lados. Bajo ciertas luces parecía humo.

Bajo otras, ocultaba completamente sus facciones.

Luis caminó despacio por la pasarela mientras el ritmo marcaba cada paso. No parecía apresurado.

Parecía seguro. Demasiado seguro. La gente comenzó a callarse más conforme él avanzaba.

Una mano subió lentamente por el tubo cromado mientras inclinaba apenas la cabeza hacia atrás. El velo se deslizó unos centímetros con el movimiento.

Por un segundo se alcanzó a ver parte de sus labios. Y justo entonces las luces cambiaron.

Oscuridad parcial, sólo quedó visible la silueta. Algunas personas soltaron pequeñas risas frustradas.Eso era exactamente lo que Luis quería. 

Curiosidad.

Nada atrapaba más rápido a hombres poderosos que algo que no podían obtener completamente.

Luis giró alrededor del tubo con movimientos fluidos, lentos, calculados al ritmo profundo de la música. Cada arqueo de espalda, cada inclinación de cabeza hacía que el velo amenazara con caer lo suficiente para mostrar algo más.

Pero nunca completamente. Nunca todavía. 

Desde el reservado VIP, John-Paul Marks ya lo observaba. Luis podía sentirlo incluso sin mirarlo directamente.

Él estaba ahí. Y también los otros dos hombres.

Los vasos sobre la mesa apenas se movían mientras hablaban entre ellos, aunque cada vez menos. Porque eventualmente toda la atención terminaba volviendo al escenario.

Volviendo a Luis.

Él giró nuevamente alrededor del tubo y elevó el cuerpo con una facilidad elegante, sujetándose apenas con una mano antes de dejarse caer lentamente hasta quedar suspendido cerca del suelo.

Los pendientes del velo tintinearon suavemente. Las luces blancas iluminaron sus ojos apenas un segundo.

Azul.

Verde.

Irreales.

Y otra vez oscuridad.

El club entero parecía respirar al ritmo de la música.

Luis bajó del tubo con movimientos suaves y caminó hacia el borde de la pasarela. Se inclinó apenas hacia adelante mientras una de sus manos recorría lentamente la tela negra de su propio cuello.

El velo volvió a moverse.

Otra vez demasiado cerca de caer.

Otra vez ocultándose justo a tiempo.

Perfecto.

Entonces llegó el final.

La música comenzó a bajar lentamente de intensidad, dejando solo el bajo profundo vibrando en el aire.

Luis volvió al centro. Sujetó el tubo y se deslizó lentamente hacia abajo hasta quedar de rodillas sobre el escenario, dándole la espalda al público.

Silencio. Solo la música respirando de fondo.

Entonces arqueó el cuerpo hacia atrás, despacio, controladamente.

Hasta doblarse de una manera casi imposible, quedando invertido lo suficiente para mirar al público de cabeza.

Y ahí 

El velo cayó.

La tela negra resbaló finalmente dejando visible su rostro.

Completo.

Las luces lo iluminaron directamente esta vez.

Los ojos heterocromáticos atraparon el brillo plateado del maquillaje. La sombra oscura alrededor de su mirada hacía que pareciera algo entre hermoso y peligroso.

Por un instante el club entero quedó inmóvil.

Luis lo supo inmediatamente, había capturado su atención. La de todos.

Especialmente la de John-Paul.

Pero entonces lo sintió otra vez. Esa presencia. Más fuerte, más cercana. Entre las luces bajas y las sombras del fondo del club alcanzó a distinguir una figura quieta observándolo. La misma sensación de la calle.

Luis reaccionó antes siquiera de pensarlo.

Giró el rostro rápidamente mientras el velo volvía a cubrir parcialmente sus facciones con el movimiento brusco. Desde afuera pareció parte de la coreografía.

Como si jamás hubiera tenido intención de mostrar realmente la cara. Como si el público hubiese visto algo que no debía.

Los murmullos comenzaron inmediatamente alrededor del escenario. Y aunque Luis mantuvo la postura perfecta hasta que las luces se apagaron.

La mente de Luis procesaba lo sucedido, realmente era la misma, estaban en un club, él había bailado estaba claro que lo cualquier lo observaría. 

Como estaba seguro que no era su propia paranoia. Como estaba seguro que era la persona que lo seguía. Como estaba seguro para empezar que alguien lo estaba siguiendo.

Pero aun así, en el fondo de la mente de Luis, sabía que no era paranoia. 

Cuando Luis volvió al camerino todavía sentía el cuerpo tenso. Cada músculo y fibra de su ser tensa, como un cable de alta tensión. Como si algo debajo de su piel siguiera advirtiéndole que había un problema.

Pero apenas cruzó la puerta el ambiente cálido del lugar intentó tragarse esa sensación.

Holy shit, Luis (Mierda, Luis).

That was insane (Eso fue una locura).

—¿Viste cómo te miraban?

Tu étais magnifique (Te veías precioso).

Varias voces comenzaron a hablarle al mismo tiempo mientras él se quitaba lentamente algunos accesorios plateados. Una de las chicas incluso le lanzó un brillo labial vacío a modo de celebración.

Luis soltó apenas una risa corta. —Merci, mes amours (Gracias, mis amores).

Y aunque respondió con tranquilidad, seguía distraído. Pensando en si de verdad una persona lo estaba siguiendo incluso dentro del club.

Se sentó frente al espejo mientras las demás continuaban preparándose para sus siguientes números. El trabajo ahí era simple y agotador al mismo tiempo: tres presentaciones en el escenario principal y luego varios turnos en los mini escenarios privados repartidos por el club.

Siempre debía haber alguien bailando. Sencillo.

Y si un cliente pedía un baile VIP, entonces dejabas temporalmente el resto del trabajo porque tu única función pasaba a ser una: hacer que gastara más dinero.

Más bebidas, más tiempo, más atención, más bailes, más todo.

Bueno y había sus otras tareas, aquellas que todos sabían, pero nadie se atrevía a decir en voz alta. Porque era ofensivo para ellas, era incómodo para otros, era algo sin importancia para muchos, era algo que no debería de suceder, pero pasaba.

“Sí algún cliente te quiere pagar para cogerte, puedes negarte si quieres, aunque no lo recomiendo créeme no les va bien a los que se niegan demasiado, después de todo, en su mayoría aquellos que contratan el V.I.P. es por ello. Que sepas, que si te toca y aceptas, ahí hay condones y lubricante en los apartados y en las habitaciones arriba y de lo que te den, un 30% me corresponde, pero sigue siendo tu elección”

Luis entendió eso desde el primer día, sabía lo que la mayoría de esos clubes ofrecían. Y lo que muchas de las personas en ese lugar tenían que hacer para poder tener un poco de pan en la mesa. La cuna de oro en la que tuvo el privilegio de nacer, no lo hacía indiferente a la cruel realidad en la cual muchos estaban.

Por eso nunca juzgó a las chicas, comprendió el porqué y respeto su decisión. Porque no podía venir a pretender ser su Salvador y decirle que lo que hacían no les daba autonomía y estaba mal, porque quién era él para quitarles algo solo podía ser dado o quitado por ellas misma. Luis atendió cada uno de los consejos que ellas desde su amabilidad y experiencia querían darle.

“—Antes de irte a un baile privado avísame a cualquiera de los chicos de seguridad, o a cualquiera de nosotras” 

“—Si te vas con algún cliente, manda un mensaje” 

“—Nunca despegues la vista de lo que bebas, y si no estás seguro. Pídele otra bebida. No serías el primero chico que le pasa algo por eso”

“—Aunque paguen por ti. Recuerda les estás ofreciendo un servicio, un producto, siempre puedes negarte si no quieres”

“—Jamás dejes que tengas sexo sin condon, lo que menos quieres es una ETS”

Luis miró la hora.

Tenía aproximadamente una hora antes de volver al escenario. Todas las posiciones estaban cubiertas por ahora.

Perfecto. Era momento de pasar a la siguiente parte del plan.

Luis normalmente no abandonaba el camerino a menos que fuera directamente a trabajar. Prefería evitar conversaciones innecesarias con clientes. Ofertas que no deseaba, y sobre todo situación que podía evitar. Pero esa noche sería diferente.

Solo por esa noche.

Se quitó el velo oscuro dejando finalmente el rostro despejado y tomó una prenda ligera negra que descansaba sobre el respaldo de la silla. La tela rodeaba sus hombros y brazos como una especie de chal elegante y largo, cayendo suavemente desde los antebrazos y moviéndose con cada paso.

Lo suficiente para verse refinado. Lo suficiente para seguir llamando la atención.

Cuando salió del camerino el bar ya estaba completamente vivo. Los reservados llenándose lentamente de hombres importantes fingiendo ser discretos.

Luis caminó tranquilo hasta la barra.

Henry, uno de los bartenders principales, levantó la vista apenas lo vio acercarse.

Look who decided to socialize (Mira quién decidió salir a socializar)—le dijo a modo jugueton.

Luis apoyó un brazo sobre la barra—Don't get used to it (No te acostumbres).

Henry sonrió—Same as the other nights? Darling (¿Lo mismo de las otras noches? Cariño).

Yes (Sí).

El bartender asintió y comenzó a preparar la bebida mientras Luis tomaba asiento.

Mientras se acomodaba, giró el cuerpo, sutilmente, mientras fingía ver el panorama de manera desinteresada, buscando a las personas por las que estaba ahí. 

John-Paul Marks seguía en el reservado del fondo junto a los otros hombres. Uno de ellos hablaba demasiado usando las manos; otro revisaba constantemente el teléfono. Marks en cambio estaba relajado, demasiado relajado. Quizás por la bebida? ¿Estaría ebrio?.

Durante ese breve tiempo que Luis pensaba, Marks giró su rostro, encontrándose de frente con la mirada de Luis. Este le sonrió y levantó una bebida en su dirección. Luis solo pudo fingir una sonrisa, devolverle el gesto y mostrar timidez que no sentía.

Que idiota—Pensó.

El jefe del local apareció entonces acercándose desde uno de los laterales del bar. —Luis.

Él levantó apenas la vista. —Tienes un baile reservado.

Luis no respondió enseguida.

El hombre sonrió de lado—Muy importante. Pagó una suma bastante grande solo para reservarte.

Luis apoyó el codo sobre la barra—¿Quién?—preguntó.

El jefe señaló discretamente hacia el reservado del fondo.

John-Paul Marks.

Luis tuvo que contener la risa. Claro. Por supuesto que había funcionado. Había mordido el anzuelo exactamente como un tonto. —Acepto —respondió tranquilo.

El gerente asintió satisfecho.

Una de las cosas que Luis descubrió al comenzar ahí era que el club realmente permitía cierta libertad a los bailarines. Podían rechazar clientes, aceptar solo uno en toda la noche o incluso ignorar solicitudes si querían.

Los bailes VIP eran técnicamente “extras”. Y aunque el lugar se llevaba un porcentaje absurdo de las ganancias, el bailarín seguía ganando muchísimo dinero.

Todos felices. O al menos fingiendo estarlo.

Luis pensó que la conversación terminaba ahí hasta que Henry dejó su bebida frente a él y el jefe volvió a hablar. —Aunque… hay un problema.

Luis levantó una ceja lentamente.

—Dijiste que solo aceptabas un VIP a la vez.

—Y lo mantengo. —Luis se cruzó de brazos.

—Lo sé, pero apareció otro cliente.

Luis hizo automáticamente un gesto con la mano rechazando la idea.

No le interesaba.

Ya tenía exactamente lo que necesitaba.

Pero el gerente suspiró cansado. —Tuve que aceptarlo.

Eso hizo que Luis lo mirara ahora sí directamente—¿Perdón?.

—No aceptaba un no por respuesta. Y pagó el triple de lo que ofreció Marks.

Luis permaneció en silencio.

Henry incluso dejó de limpiar vasos por curiosidad.

—Le dije que ya estabas reservado —continuó el gerente— y respondió que no le importaba esperar. Que aunque el otro elevará la oferta, él pagaría más.

Eso sí logró despertar algo de interés. Porque normalmente los hombres ricos del lugar eran insistentes. Pero no pacientes. Después de todo, creían que podían comprar el tiempo de todos con dinero. 

—¿Quién es? —preguntó Luis finalmente.

El jefe dudó apenas. —No quiso que lo conocieras todavía.

Eso…Eso sí era extraño.

Luis sostuvo el vaso entre los dedos mientras sentía nuevamente esa sensación incómoda arrastrarse por la espalda.

La misma de la calle. La misma del escenario. Como si alguien estuviera observándolo incluso ahora. Pero aun así terminó asintiendo.

No pasaría nada por agregar un cliente extra. Al final solo sería otro hombre rico creyendo que podía comprar lo que quisiera.

—Está bien—suspiró—aun así dile que no me hago responsable por el tiempo que tendrá que esperar. Y que no hay devoluciones.

 

 

 

 

Luis no sabía exactamente en qué momento todo se había ido al carajo.

En retrospectiva, la noche había ido perfectamente. Demasiado perfectamente quizá. Había captado la atención de Marks, había conseguido el reservado, había logrado acercarse a la mesa correcta sin levantar sospechas reales. Incluso había mantenido el control durante la primera parte de la conversación privada; sonrisas medidas, movimientos lentos, respuestas vagas. Todo calculado. Todo bajo control.

Y ahora estaba ahí.

Con unas manos aplastándole la garganta contra una superficie dura mientras el mundo entero se deformaba alrededor suyo.

No sabía cuándo habían adulterado su bebida. Ni siquiera sabía si había sido la bebida. Tal vez algo en el aire. Algún tipo de droga en polvo. El vaso que Henry le había servido había sido el mismo de siempre. Él lo había visto prepararlo. Pero algo estaba mal. Muy mal. Sentía la lengua pesada, los músculos lentos, las extremidades torpes como si no terminaran de pertenecerle.

Lo habían descubierto. El pensamiento apareció inmediato. 

No?, no. Aún no.

Porque si realmente lo hubieran descubierto. Si supieran quién era en realidad. 

Esto sería distinto. Mucho peor. No habría manos desesperadas sujetándolo así ni insultos ebrios respirándole encima. Lo habrían desaparecido directamente.

No. Su fachada seguía en pie, y eso solo confirmaba algo peor, que esto derivada de otra cosa.

De las constantes negativas.

De cómo apartó las manos de Marks más de una vez. De cómo evitó que lo tocaran demasiado. De cómo dejó claro que él solo bailaba.

Mierda.

Luis intentó moverse violentamente cuando las manos alrededor de su cuello volvieron a apretarse. El aire apenas le entraba y cada respiración se sentía espesa, insuficiente. El hombre encima de él estaba diciendo algo, pero Luis no lograba entenderlo bien; las palabras llegaban deformadas por el zumbido brutal dentro de su cabeza.

Necesitaba salir de debajo de él.

Eso primero.

Un paso a la vez.

Luego pensaría en los otros.

Porque había otros en la habitación. Podía escucharlos moviéndose. Escuchaba pasos. Risas tensas. Vidrio romperse en algún lado. Pero apenas lograba enfocar algo correctamente.

Trató de empujar al hombre usando las piernas. Demasiado lentas, demasiado débiles.

El golpe en la boca llegó tan rápido que apenas lo vio venir. Su cabeza se sacudió hacia un lado y el sabor metálico llenó inmediatamente su lengua.

Sangre, la suya, mierda.

Intentó volver a incorporarse, pero otra bofetada le cruzó el rostro brutalmente, haciéndole rebotar la cabeza contra la superficie detrás suyo. El impacto le arrancó un sonido ahogado y por un segundo todo se volvió blanco.

Sintió la sien palpitar inmediatamente. Seguramente tendría una contusión.

Las manos alrededor de su cuello se cerraron aún más.

Luis jadeó intentando tomar aire, pero cada vez le costaba más distinguir si sus brazos estaban lentos por la droga o porque literalmente comenzaba a faltarle oxígeno. Sus dedos apenas respondían mientras intentaba arañar los brazos del hombre, aferrándose desesperadamente a cualquier cosa.

Piensa.

Piensa.

Vamos, Luis.

Pero el cerebro le funcionaba demasiado lento, y lo peor era el miedo creciente de sentirse indefenso.

Él había entrenado para esto.

Había aprendido exactamente cómo reaccionar bajo presión, cómo resistir drogas, cómo salir de agarres, cómo mantener la cabeza fría.

Entonces ¿cómo mierda había sido tan descuidado?

“—Luis, aún eres un crío. —” La voz de su abuelo apareció clara entre el caos. Luego otra.“—Te distraes demasiado.”

Mierda.

Mierda.

Las uñas de Luis lograron hundirse apenas en la piel del hombre cuando un sonido seco atravesó la habitación.

Un golpe.

Y después—

Un disparo.

El cuerpo encima suyo se tensó abruptamente.

Y al segundo siguiente desapareció de encima de él de una manera tan brusca que Luis terminó deslizándose parcialmente al suelo mientras intentaba respirar desesperadamente. El aire entró quemándole la garganta y lo hizo toser violentamente, encorvándose sobre sí mismo.

Todo giraba.

La cabeza le dolía.

La lengua le pesaba dentro de la boca

Las luces parecían demasiado brillantes.

Su primer instinto fue buscar un tipo de refugio, lo que sea que había pasado, podía esperar. 

Luis retrocedió torpemente hasta chocar contra la pared más cercana y prácticamente se encogió ahí, intentando hacerse pequeño mientras recuperaba el aire. No estaba en condiciones de enfrentarse a nadie. Apenas lograba mantener los ojos abiertos.

Y entonces lo vio.

A El.

A, Freddy

Quien apareció delante de él acomodándose los guantes oscuros con una calma enfermiza. El cadáver detrás todavía convulsionaba levemente.

De pie en medio de la habitación como si perteneciera ahí más que cualquiera de ellos.

El sonido de otro disparo hizo que uno de los hombres cayera sobre la mesa de vidrio. Otro intentó sacar un arma y Freddy le disparó antes siquiera de que terminara de levantarla.

La sangre salpicó parte del sofá y alguien gritó algo en otro idioma antes de recibir un tiro directamente en el pecho.

Luis observó la escena intentando entender qué mierda estaba pasando.

¿Por qué Freddy estaba ahí? ¿Por qué lo ayudaba?

Y peor todavía…

¿Cuánto tiempo llevaba ahí?

Los ojos de Freddy recorrieron lentamente el estado en el que había quedado Luis: sangre en la boca, marcas rojizas comenzando a formarse alrededor del cuello, maquillaje corrido apenas en las esquinas de los ojos y la respiración todavía irregular.

Luis respiró agitadamente desde el suelo, intentando incorporarse.

Después Freddy soltó, casi decepcionado:—Qué decepción, Luis.

Luis frunció el ceño, todavía desorientado.

Freddy se acercó al hombre que seguía vivo, el que intento arrastrarse buscando el arma.

Y sin siquiera mirarlo realmente…

Le disparó en la cabeza. La sangre salpicó el mármol oscuro. Luis no entendió porque sintió miedo. Una repulsión en el cuerpo.

Sentía que si se movía tan solo un poco, respiraba más fuerte de lo normal, tan solo hiciera algo, él sería el siguiente que mancharía ese piso.

Freddy suspiró casi aburrido. —Ahora sí podemos hablar tranquilos.

Luis tragó saliva.

El olor metálico empezó a llenar el corredor.

Una sensación nauseabunda se le instaló en todo el cuerpo, quería salir huyendo del lugar.

Freddy le extendió la mano. —¿Vas a quedarte ahí tirado?.

Luis dudó unos segundos antes de aceptarla. Apenas se puso de pie, el mundo volvió a tambalearse un poco. Freddy lo sostuvo del brazo el tiempo justo para estabilizarlo.

Demasiado cerca. Demasiado cómodo. Como si hubiera estado esperando exactamente ese momento. —¿Me estabas siguiendo? —murmuró Luis.

Freddy sonrió apenas. —Observando.

—Qué romántico.

—No lo arruines.

Luis apartó el brazo con brusquedad, aunque todavía respiraba mal. Freddy lo estudió en silencio. Y sonrió más.—No me toque.

—En ese estado no estás exactamente en posición de exigir cosas, además, soy tu siguiente cliente— apenas proceso las palabras, así que él era ese cliente. Luis quiso apartarse de nuevo, pero el mareo empeoró apenas movió la cabeza. Freddy lo sostuvo con firmeza, demasiado cerca ahora. —Relájate. Si quisiera hacerte daño habría dejado que terminaran el trabajo.

Luis se sintió cohibido, demasiado expuesto, instintivamente quiso cubrirse.

Parecía que Freddy pudiera darse cuenta de su incomodidad. Se deleitaba por lo que su presencia parecía causarle—Eres más interesante de lo que pensé.

—Y usted, un enfermo.

—También.—Freddy miró de reojo los cadáveres.—Pero útil.

Luis limpió la sangre de su boca con el dorso de la mano. —¿Qué quiere?

Ahí cambió algo en la expresión de Freddy. Algo más serio. Más frío.—Quiero ofrecerte un trato.

Luis soltó una risa cansada. —Claro. Porque esta parece una situación perfecta para negociar.

La sangre seguía teniendo sabor a hierro en su boca. Le costaba respirar con normalidad y cada vez que tragaba sentía el cuello arder donde los dedos de aquel hombre había dejado marcas. La habitación seguía dándole vueltas por culpa de la droga y del golpe en la cabeza.

—Cállate y escúchame primero. —Freddy se acercó apenas, Luis retrocedió apenas—Quiero que entres al FBI.

Luis lo miró como si acabara de crecerle una segunda cabeza —¿Qué?

Freddy ni siquiera parecía inmutarse.

Como si aquella propuesta tuviera todo el sentido del mundo. Como si estuviera hablando del clima.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada. Luego Freddy guardó el arma dentro del saco. —Vamos.

La mano que antes lo había ayudado a ponerse de pie volvió a sujetarlo. Esta vez descendió hasta acomodarse firmemente en su cintura para mantenerlo estable.

O al menos eso parecía.

Porque Luis todavía estaba demasiado mareado para apartarse. —Hablemos en otra parte.

Abandonaron la habitación VIP dejando atrás el desastre. Todo quedó encerrado detrás de una puerta que Freddy cerró como si simplemente estuvieran saliendo de una reunión aburrida.

Luis intentó caminar por sus propios medios, pero sus piernas todavía respondían con cierta lentitud. La droga seguía circulando por su organismo.

Por eso no protestó cuando Freddy mantuvo la mano donde estaba.

No le disgustaba, aunque tampoco le gustaba.

Menos aún cuando notó algo.

Los dedos de Freddy realizaban movimientos lentos y circulares sobre uno de sus costados mientras avanzaban por los pasillos privados del club.

Pequeños. Casi distraídos pero constantes. Como si estuviera comprobando algo, como si quisiera recordarle que seguía ahí. Luis no dijo nada y Freddy tampoco.

El silencio terminó siendo peor.

Porque cuanto más caminaban, más consciente se volvía Luis de aquella presencia a su lado. Como todo su costado estaba en constante contacto con el cuerpo del mayor quemándolo, irradiaba un calor tan atrayente que se sintió embriagado con el mismo. Como su mano era tan grande que abarcaba gran parte de su cintura. Parecía querer robarle hasta el oxígeno de sus pulmones.

Finalmente llegaron a otro reservado.

Uno que claramente no pertenecía a ninguno de los clientes habituales.

Freddy abrió la puerta y lo hizo entrar primero.

La habitación era considerablemente más amplia que los otros espacios VIP del club. Más privada. Más elegante. Había un sofá de cuero oscuro ocupando gran parte del centro de la sala. Una mesa baja de cristal. Iluminación tenue y un minibar completo contra una de las paredes.

Botellas de whisky escocés, coñac, vodka, ginebra y licores importados descansaban perfectamente alineadas detrás del cristal. Algunas parecían ridículamente caras.

Freddy guio a Luis hasta el sofá. —Siéntate— ordenó.

Por una vez Luis obedeció sin discutir.

Principalmente porque sentía que las piernas podían dejar de responder en cualquier momento.

Se dejó caer contra el respaldo.

Freddy en cambio comenzó a moverse por la habitación.

Lento.

Pensativo.

Como un depredador recorriendo un territorio que ya conocía perfectamente.

Sacó un cigarrillo.

Lo encendió.

Y durante unos segundos el único sonido fue el chasquido del encendedor seguido por el humo llenando lentamente el aire.

Después se acercó al minibar. —¿Cómo te encuentras?

Luis apoyó la cabeza contra el respaldo. —He estado mejor.

—¿Náuseas?—cuestiono.

—Un poco.

—¿Mareo?—Tomó un vaso para sí mismo, se sirvió un trago de whisky.

—Mucho.

Freddy asintió como si estuviera verificando una lista mental. Luego agarró una botella de agua fría, cuando regresó al sofá se la tendió.

Luis la aceptó después de una breve duda.—Gracias.

—No me agradezcas todavía.

Luis soltó una pequeña risa por la nariz antes de abrir la botella. Bebió varios tragos seguidos. El agua ayudó más de lo que esperaba. No mucho. Pero suficiente.

Finalmente levantó la vista. —Entonces... ¿escuché bien?

Freddy bebió un poco de whisky. —Sí.

—¿Lo del FBI?

—Lo del FBI.

Luis permaneció observándolo durante varios segundos. Intentando encontrar la lógica detrás de aquella propuesta absurda. No la encontró. —¿Y qué le hace pensar que puedo hacerlo?

Por primera vez desde que habían llegado, Freddy sonrió.

No una sonrisa amable.

Una sonrisa segura.

Como si la respuesta fuera evidente.

—Porque sé que puedes hacerlo. Y tuteame, Luis. Digo nuestra relación—decia mientras observaba el lugar y le volvia a clavar la vista—ya avanzó lo suficiente para que nos dejemos de formalidades. No crees?.

Luis arqueó una ceja e ignoró lo último—Vaya argumentos tiene “usted"— recalcando el usted dicho.

—Ya te infiltraste en un sistema policial antes, ¿no?.

Eso consiguió captar toda su atención. Luis dejó lentamente la botella sobre la mesa.

Freddy lo estaba observando. Esperando, midiendo su reacción y eso significaba que había investigado.

Mucho más de lo que debería.

—Pierdes tu tiempo, no se como hacer lo que quieres—respondió. 

No insultes mi inteligencia, Luis— Freddy lo observó en silencio. Luis desde su posición pudo ver como su mandíbula se apretaba un poco y la mirada divertida comenzaba a tener tintes de irritación. El cristal grueso del vaso de Whisky que Freddy tenía, chocó contra la superficie con un golpe seco y metálico que hizo vibrar el hielo en su interior. El sonido fue suficiente para sobresaltar a Luis. —Te cuidado—Algo sutil en el aire alrededor de Freddy le decía sigue poniendo al límite mi paciencia y veras. —Me gustas, pero no tanto.

Freddy se dirigió a él. Cruzando la habitación. Como un depredador acechando a su presa, minutos antes de ser devorada. —Comencemos de nuevo, ¿quieres? Quiero que entres a la red del FBI—le dijo. Antes de sentarse junto a él, provocando que retrocediera, solo un poco —Puedes hacerlo o te sobreestime?, Luis.

Estaba entre la espada y un acantilado.

Luis no tenía opción, pero aun así tenía que decidir.

Soltando un suspiro, Luis le dijo:—Okey lo haré. Pero tengo una condición. 

—¿Cuál?—mientras acortaba la distancia de nuevo.

—Esto queda entre usted y yo. Mi abue-Eduardo no tiene porqué saber de esto. —Lo que menos quería era complicar las cosas cuando de por sí ya lo estaban.

—Si así lo quieres, pitukiño. No tengo objeciones. 

—Quiere que entre a los servidores del FBI. ¿Con qué fin? No me malinterprete, no es que esté husmeando—si lo estaba— necesito saber para ver cómo moverme, quieres información, acceso a cámaras, borrar, destruir o control de todo?.

—Necesito que entres para ver una información que tienen y modifiques otras—Pero antes de seguir, la sonrisa de Freddy se ensanchó, como la de un niño al que le acaban de dar un nuevo juguete— Dijistes acceso a todo?.

Ahora, Luis era el que sentía que le insultan su inteligencia. —Si, si quiere acceso a todo sus servidores y otras redes. Lo puedo hacer. Es más complicado, y un dolor de cabeza, sobre todo lo último, pero se puede. 

—Lo quiero todo. 

La forma en la que los dijo, le produjo escalofríos. Como si no solo se estuviera refiriendo a eso. Si no a TODO. En su más amplio sentido de la palabra. Se tragó su incomodidad y siguió:— Para cuando lo necesita.

—Lo más rápido posible, en las próximas semanas.

—Me la esta poniendo complicado —le comenzaba a doler mas de lo que ya le dolía la cabeza.

—Dijiste que no era imposible.

—Y no lo es. Mira Freddy, entrar al FBI es fácil, hasta un niño con el mínimo conocimiento podría hacerlo. Lo verdadero tedioso de hacerlo es que debido a cómo es su sistema de seguridad, no tienes el tiempo suficiente para causarle un daño real, te explico, en palabras simples son laberintos sin salidas, es como entrar por una puerta que luego se borrar y que te persiguan mientras tratas de encontrar una salida que no está, su información está seccionada de manera que entras en una parte, y tienes que derribar otras 40 barreras de seguridad para ver otra parte. Pero para cuando llegues ahí, su seguridad ya te ha detectado, sacado y bloqueado. La mejor manera es modificando su seguridad de manera que todo se conecte para que cuando dañes, todas las barreras caigan a la vez. Un fallo general. Hay tres formas de hacerlo, la primera es teniendo un equipo alojado en diferentes regiones y que lo hagan de manera simultánea, creas un virus para dañar su seguridad o eres más rápido que una máquina programando lo cual eso si es imposible. Pero no importa la opción todas necesitan tiempo y más del que me das.

—Y la cuarta cuál es?

—Apagones en diferentes zonas del FBI. Si no hay potencia, no hay nada que los proteja. Si puede crear un apagón en cualquier ciudad donde esté una sede del FBI—A medida que hablaba y divagaba, empezaba a sentir raras las palabras que salían de él, la sonrisa de Freddy aumentaba— tendrá el acceso que quiere, porque eso provocaría una—las palabras murieron en su boca antes de continuar su explicación. 

Un dedos se posaron en su mejilla, mas en especifico donde el inicio de los feos moretones que sabia que tenia. Su mano se cerró sobre su barbilla. Luis no pudo evitar soltar un leve quejido, Freddy solo lo miró de reojo, parecía encantado con el sonido, mientras seguía inspeccionando los daños en su rostro, buscando algo en sus ojos. 

Estaba cerca, demasiado, cerca. Se había acercado aún más? Podía sentir donde sus muslos se tocaban, como todo el cuerpo de Freddy se inclinaba sobre el suyo. Y como el suyo mismo se hundia aun mas en el sillón. 

Se sentía cual ratón en la jaula de una serpiente.

La mano que estaba en el respaldar se movió para mover ligeramente el cuello de su camisa, la que sostenía su barbilla le inclinó el rostro más hacia arriba. El cuello comenzaba a irritarle por la posición antinatural en la que se encontraba.

Lo sintió analizando las huellas. Lo sintió cuando comenzó a recorrer palmando parte su pecho, abdomen, sus costillas. —Hmn

Dolía. Mierda, sí que dolía. Había olvidado ese golpe que le habían dado ahí. 

Podía notar la mirada de Freddy quemándolo. Expuesto así se encontraba. Desnudo. 

Se sentía como si su cuerpo fuera un títere del cual Freddy era el dueño, controlando las cuerdas invisibles, manipulándolo a su antojo y gusto. Respiro más fuerte cuando esa mano volvió a su cuello rodeándolo. 

Abrió los párpados, no sabía en qué momento los había cerrado y jadeo conteniendo el aliento al encontrarse de lleno con esos ojos. 

No sabía si debía de tener miedo por lo que miraba en ellos, la mano que seguía en su rostro se deslizó suavemente hacia un costado, con el inicio de los dedos enredándose en su cabello. Y el pulgar acariciando el labio magullado. Estaba seguro que soltó otro jadeo, por la sonrisa que Freddy le dio.

Luis se sentía caliente, sofocando. La habitación parecía que había subido 40 grados de golpe y parecía encogerse a su alrededor. 

El rostro de Freddy, se acercó aún más, sus narices rozándose. Podía inspirar el mismo aire que él. Podía oler el alcohol, el tabaco, el sudor y la colonia costosa. Podía sentir su aliento rozandole los labios. Casi podía saborear con la punta de la lengua el Whisky que había estado tomando el mayor.

Comenzó a notar la boca seca, así que en un acto de reflejo, se relamió los labios. Todo bajo la atenta mirada del contrario, que soltó una carcajada. 

Se estaba riendo de él, en su maldita cara, El muy bastardo. 

—Vete a casa, Luis. —Cada palabra dicha la sintió sobre su boca, sus labios casi rozandose.

Y fue ahí cuando lo soltó y se alejó, dándole espacio, poniéndose de pie. Luis estaba acalorado, incómodo, raro, decepcionado?, no sabia que era pero algo era.

—Seguiremos hablando después—lo observó, y la maldita sonrisa no se iba, tenía un brillo peligroso—cuando estés en mejores condiciones. Y tranquilo deja que yo me encargue de todo aquí—deja que yo me encargue de tus problemas y de ti—. Tómalo como una muestra de buena fe de nuestro nuevo acuerdo por mutuo —lo volvió a recorrer de arriba hacia abajo— beneficio. Después de todo aun no me dices que quieres a cambio.

Luis se levantó demasiado confundido. Necesitaba descansar urgente.

—Ah, por cierto. Quizás en otra ocasión me das un baile privado, quede con las ganas de verte bailar solo para mi.

Luis solo lo observó una última vez antes de salir de ese lugar. 

Una risa maníaca salio de los labios de Freddy. — Al final tengo a tu precioso hijo en mis manos, Eduardo. Descansa Luis tienes mucho que hacer por mi. 

 

 

 

 

Semanas despues.

Oficinas del FBI - United States.

Walker corría tan rápido como sus piernas se lo permitían.

Los escalones desaparecían bajo sus pies mientras los subía de dos en dos, ignorando el ardor en los pulmones y la presión que le martillaba las sienes. Necesitaba llegar. Necesitaba verlo con sus propios ojos.

Porque el apagón no debería haber ocurrido.

Y porque si algo había salido mal, si el sistema de respaldo había fallado siquiera unos minutos más de lo previsto...

No.

Ni siquiera quería terminar ese pensamiento.

Sus manos empujaban puertas antes de que terminaran de abrirse por completo. Los pasillos de hormigón parecían interminables, iluminados únicamente por luces de emergencia que todavía parpadeaban después del fallo eléctrico.

Cuando finalmente llegó al último nivel tuvo que detenerse, respirar un momento tomar el control de sus emociones. Ingreso los códigos

Cada paso que dio después rebotó contra las paredes desnudas del complejo subterráneo.

Y entonces llegó.

La puerta blindada se abrió lentamente.

Walker cruzó el umbral.

Y se quedó inmóvil.

—¿Qué pasa, neno? —preguntó una voz familiar—. Pareciera que viste a un fantasma. O mejor dicho... pareciera que no creías encontrar nada.

Frente a él, cómodamente reclinado en su silla habitual, con una pierna cruzada sobre la otra y un cigarrillo descansando entre sus dedos, estaba el mismo hombre que había visitado durante aquellos últimos meses.

Freddy.

Exactamente donde debía estar.

Exactamente como debía estar.

Walker sintió una tensión abandonarle el pecho.

Solo para ser reemplazada por otra distinta.

Porque eso tampoco era normal.

—¿Todo bien? —preguntó finalmente, obligándose a encontrar su voz.

Freddy exhaló humo lentamente. —Claro. ¿Por qué no lo estaría?

Su mirada permaneció fija sobre él.

Demasiado fija. —¿Algún problema, Walker?— Había algo extraño en su tono. Algo divertido. Como si estuviera observando una broma privada que nadie más comprendía.

Walker tragó saliva. —Nada. Hubo problemas con el generador. Solo pasaba a ver si necesitabas algo y a informarte que la reunión se hará esta noche.

Por un segundo creyó que Freddy respondería algo más, preguntaría, comentaría. Pero no, simplemente sonrió. —Perfecto.

Walker asintió. Y se marchó. Simplemente caminó hacia la salida mientras la puerta blindada volvía a cerrarse detrás de él.

El sonido metálico resonó por todo el pasillo.

Luego llegó el pitido.

El seguro activándose.

Confirmando que la celda volvía a estar cerrada.

Todo estaba exactamente igual que antes.

O al menos eso era lo que Walker intentaba convencerse de creer.

Porque no.

No estaba igual.

Ni remotamente.

En el momento en que el eco de los pasos desapareció por completo, Freddy levantó lentamente la vista hacia la esquina superior de la habitación.

La pequeña luz roja de la cámara seguía encendida.

Y entonces ocurrió. La cámara se movió, apenas unos grados, un gesto mínimo. Imperceptible para cualquiera que no estuviera esperando verlo.

Freddy soltó una pequeña carcajada. —Por fin.

Bip.

Un único tono electrónico resonó dentro de la habitación.

La confirmación.

La señal que llevaba esperando.

Freddy se incorporó por primera vez desde que Walker había entrado.

Avanzó hacia la puerta con la elegancia que solo el poseía.

Un simple movimiento de sus dedos. Un mecanismo oculto respondió, y la cerradura blindada emitió un clic suave, la puerta se abrió.

Y entonces sonó el teléfono.

Su sonrisa no podia ser mas grande ahora. Todo estaba cayendo en su posición. Con parsimonia tomo el dispositivo y lo coloco en su oreja y para oír con una voz melodiosa. —Hola, Freddy.

La sonrisa del hombre se volvió casi imposible de ocultar. — El sistema es tuyo.

 

 

Notes:

Aclaraciones:
1. Técnicamente por lo que se, entre menos Ropa o mas piel expuesta esta en el pole dance es mejor. Pero Luis usa pantalones? Yeap pero aunque no esta muy bien aclarado usa uno que son como abiertos al costado. Básicamente hay zonas de piel expuesta. Y la camisa igual
2. Alguno de los idiomas que puse son los que muchas de mis amigas pensamos que Luis habla.
3. Tengo tableros y videos de como me imagino ciertas cosas por lo que si quieren saber, solo me avisan.
4. La música que bailaba Luis, póngale la que ustedes quieran pero si quieren saber que cancion tenia en mente o estaba escuchando son las de doja cat xd.
5. Parte de algunas cosas puestas aqui es una idea de otros dos que queria escribir pero no los he hecho. Asi que en algún momento los tomaré de aqui y los hare.
6. Contexto: Esto se sitúa después de que Eduardo tiene el mercado de la Coca, con el trato de Freddy. Y semanas antes de que se presente que esta arrestado por parte del FBI.
7. Y por ultimo: NO ME IMPORTA SI ESTO TIENE O NO SENTIDO DENTRO DE UN CANON QUE NO SIGO Y TAMPOCO ME INTERESA SEGUIR.
ES UN FANFIC, donde su unico propósito es satisfacerme a mi al final la que lo escribe soy yo.
8. Las partes donde Luis tutea a Freddy es aproposito.