Chapter Text
Eran exactamente las 11 de la noche, Rich había venido a pedido de los chicos del imperio a visitar al caballero, debido a que el mencionado estaba con fiebre. El esqueleto no era ninguna niñera y Farfa no se permitía cuidar tan fácil, pero ambos hacían la excepción por el otro. El wither escribía con cuidado uno de sus próximos proyectos (de los miles que aun no había terminado) sobre uno de los sillones de la casa de Farfadox, sin embargo un sonido lo saco de su concentración.
No levantó la vista enseguida. La luz cálida de una lámpara a un costado apenas alcanzaba para iluminar la superficie, dejando el resto de la habitación en penumbra.
—Deberías estar durmiendo, Farfa —dijo mientras dejaba su libro a un costado. —No vas a recuperarte pronto si insistes en salir de la cama.
No hubo respuesta.
El silencio no era raro en Farfa, pero esto… era distinto. No había pasos, ni el sonido de la puerta cerrándose, ni siquiera una queja. Rich frunció el ceño y levantó la vista. El caballero seguía en la entrada. La luz del pasillo lo recortaba desde atrás, dibujando su figura en sombra. Su rostro quedaba a medias oculto si no fuera por sus ojos blancos que brillaban en la oscuridad, pero lo poco que se veía era suficiente para que algo no terminara de encajar. Estaba demasiado quieto, callado, con una expresión...extraña. Como si no hubiera reconocido a Rich por un momento. Él dejó el libro a un lado y se incorporó lentamente en el sillón.
—¿No puedes dormir?
El silencio permaneció unos segundos más. Y entonces, muy despacio, la expresión de Farfa cambió. La sonrisa se formó lentamente, como si alguien la estuviera armando desde cero, como si nunca hubiera sonreído antes… hasta que encajó. ...Esa sonrisa no era suya, era mas afilada y oscura...
Rich sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Farfa finalmente dio un paso hacia adelante. Después otro. El sonido de sus pasos contra el suelo resonó demasiado fuerte en la casa silenciosa. Su postura seguía siendo extraña; Farfa siempre parecía cargar tensión en los hombros, incluso relajado, pero ahora caminaba con una calma antinatural.
Como un rey entrando a su propia sala.
Rich se incorporó un poco más en el sillón, sin apartar la vista de él.
—...Farfa.
Los ojos blancos brillaron apenas ante el nombre. Parece que lo miraba con burla
—Hace mucho que no me mirabas así, Rich.
La voz le heló la sangre. Rich sintió el estómago hundírsele y todas sus alertas saltaron
No.
No podía ser.
El esqueleto no dudo y se levanto, desenvainando su espada (la cual por suerte tenia cerca) y apunto hacia él
El caballero se detuvo frente al filo de aquella arma. La luz cálida alcanzó por fin parte de su rostro, revelando la gema incrustada en su casco. Brillaba débilmente con sus colores característicos del nether, latiendo con una pulsación enfermiza.
Como un corazón.
Rich no había notado que había contenido la respiración hasta que el otro inclinó apenas la cabeza.
—¿Sorprendido? —preguntó suavemente. Antes de poder decir algo más, Rich insistió, acercándose con su espada para tantear terreno y evitar quedar en una esquina
—¡Tú desapareciste, te derrotaron!
Su voz sonaba desesperada y temblorosa, pero su furia se marcaba notoriamente
—Lo intentaron, eso es seguro.
La gema volvió a palpitar.
Por un instante, Rich creyó ver algo extenderse bajo la piel del cuello de Farfa. Como venas color rojo y azul arrastrándose lentamente hacia su pecho antes de desaparecer otra vez.
El silencio cayó entre ambos.
Rich reaccionó antes de pensar.
En un segundo cruzó la habitación y lo sujetó violentamente del cuello de la camisa, estampándolo contra la pared más cercana. El golpe hizo vibrar los cuadros colgados y la lámpara tembló sobre la mesa.
‘Farfa’ soltó un jadeo ahogado.
—Sal de su cuerpo —espetó entre dientes el esqueleto, insistiendo aún más al empujarlo.
Los ojos blancos lo observaron desde demasiado cerca. No se molesto en forcejear, sus mentes eran diferentes pero el cuerpo de Farfa era el mismo, aun enfermo, sin embargo, sonrío.
—Ahí estás —murmuró suavemente. Rich apretó más fuerte contra la pared. —Creí que habías enterrado esa parte de v-
—Cállate. — interrumpe con violencia en su tono —No soy el mismo de antes.
Silencio.
—¿Ah, no? — la voz bajó su tono a un murmullo —Sigues reaccionando igual cuando te sientes amenazado. Te tiemblan las manos, Rich.
El mayor sintió el agarre tensarse involuntariamente. Odiaba que tuviera razón. Los dedos del caballero subieron lentamente hasta rodear la muñeca de Rich, No para apartarla, eso jamás.
—Tú no eres una amenaza —gruñó Rich. —Eres un parásito.
De repente el cuerpo bajo sus manos se estremeció. La sonrisa se ensanchó por un segundo para luego desaparecer
Rich sintió el cambio inmediatamente; la respiración se volvió irregular, los hombros tensos, y una expresión de dolor cruzó el rostro de Farfa…
—¿R…Rich…?
—¡FARFA! — Sin dudar lo soltó, asustado al darse cuenta que lo estaba lastimando también a él. Lo sostuvo entre brazos al verlo derrumbarse y se aseguró de que- espera…
Su gema aun no cambio de color.
Casi al instante, el esqueleto logró esquivar un golpe del caballero, quien rápidamente regresó a su sonrisa burlona
—Tch. Casi. — Susurro N.K, la casa tembló apenas con el impacto del golpe fallido. —¿Qué te pareció mi actuación? Es muy fácil cuando estoy LAS 24 HORAS DE TODOS LOS DÍAS EN ESTE CUERPO DE MIERDA
Rich volvió a levantar la espada inmediatamente, respirando agitado, mientras la punta del arma temblaba entre sus manos. No de miedo. De rabia. Una rabia enterrada hace años junto con todo lo que había sido durante la guerra, pero que ahora volvía a arrastrarse bajo sus huesos con una facilidad aterradora.
—¿POR QUÉ NO TE VAS AL INFIERNO DE UNA VEZ?
La sonrisa del Caballero de Netherite apenas se tensó ante el grito. No parecía ofendido. Mas bien parecía cansado. Lentamente se incorporó del suelo, enderezando el cuello con un crujido incómodo mientras se limpiaba el polvo de la ropa de Farfa, como si el simple contacto con el suelo le resultara desagradable.
—Créeme —murmuró con calma— si pudiera abandonar este cuerpo miserable, ya lo habría hecho hace mucho tiempo.
Rich las vio moverse apenas; venas rojizas y azuladas que parecían arrastrarse bajo la superficie antes de desaparecer otra vez. El wither sostuvo la espada con más fuerza. No bajó la guardia ni un segundo.
—No vuelvas a hablar como si fueras él.
Aquello sacó una risa baja del caballero. El sonido revolvió el estómago de Rich casi instantáneamente. Odiaba escuchar esa voz usando el cuerpo de Farfa. Odiaba la tranquilidad con la que se movía dentro de él, como si hubiese vivido ahí toda la vida.
—¿Él? —repitió suavemente—. Rich… llevo meses viendo a través de sus ojos. Escuchando todo lo que escucha. Sintiendo cada maldito pensamiento miserable que pasa por su cabeza. Soy prácticamente él.
El silencio que siguió se volvió sofocante. Rich sintió un escalofrío subirle por la espalda pese al calor insoportable de la habitación. No quería imaginar eso. No quería pensar en Farfa atrapado con esa cosa dentro de su mente constantemente, sin poder descansar ni siquiera estando solo.
NK lo observó con demasiada atención. Como si pudiera leer cada reacción en su rostro.
—Es interesante —continuó con voz tranquila, desviando apenas la mirada hacia la espada—. Siempre sos más violento cuando estás preocupado.
Rich avanzó un paso sin siquiera darse cuenta. El caballero no retrocedió. Al contrario, permaneció quieto frente al filo, mirándolo con esa expresión extrañamente complacida que solo conseguía enfurecerlo más, el caballero de Netherite sabia que Rich no seria capaz de lastimarlo.
—Cállate.
—Y sigues haciendo eso.
—¿Hacer qué?
La sonrisa volvió lentamente a su rostro.
—Fingir que me odias más de lo que realmente lo haces.
Rich sintió la furia subirle al pecho de inmediato. En otro momento habría atacado sin pensarlo dos veces. Lo habría atravesado ahí mismo si significaba acabar con él de una vez por todas. Pero Farfa seguía dentro de ese cuerpo. Enfermo. Agotado. Cada golpe también iba hacia él. NK lo sabía perfectamente y estaba usándolo a su favor.
La espada tembló apenas entre sus dedos.
El Caballero lo notó enseguida.
—Ah… ahí está otra vez.
Dio un paso lento hacia adelante. Rich levantó inmediatamente el arma entre ambos, obligándolo a detenerse.
—Ni se te ocurra acercarte.
Pero NK apenas miró la espada.
—Sigues dudando —murmuró casi con suavidad— Antes no lo hacías.
La lámpara volvió a parpadear débilmente a un costado de la habitación. La luz cálida iluminó por segundos el rostro de Farfa y Rich sintió el estómago revolverse otra vez. Había algo profundamente incorrecto en ver esa expresión sobre él. Esa calma arrogante. Esa mirada pesada y fija que parecía atravesarlo.
—Todo ya acabó —gruñó Rich—. Tú perdiste.
La sonrisa desapareció por primera vez, directo en su orgullo.
—No. Nunca perdí.
La gema brilló violentamente.
Rich sintió algo helado recorrerle la espalda porque conocía esa mirada. La recordaba perfectamente. El trono del Nether. NK observándolo desde arriba como si estuviera viendo algo valioso. Algo útil. Como si Rich jamás hubiese sido una persona para él, sino un arma especialmente interesante.
—Mírate ahora —continuó el caballero en voz baja— Jugando a ser bueno. Cuidando personas. Preocupándote por alguien que, hace unos años, habrías utilizado exactamente igual que yo. Bueno, de hecho ya lo hiciste.
—Cállate.
—¡Eu! ¿Te acordás de la WW1?
—¡CÁLLATE!
El grito explotó en la habitación, haciendo vibrar los muebles cercanos. Por un segundo, el Caballero simplemente lo observó. Fascinado. Como si hubiese estado esperando exactamente esa reacción.
Pero entonces algo cambió.
La sonrisa vaciló.
El cuerpo de Farfa se tensó bruscamente y una mano fue directo hacia sus labios. Tosiendo de forma errática.
Rich reaccionó al instante.
—...Farfa.
Los ojos blancos temblaron apenas. Esta vez no había burla o crueldad. Solo dolor.
—N-ni te molestes, sigo siendo yo
Rich observó ligeramente decepcionado, pero al verlo al borde de derrumbarse en el suelo nuevamente mientras tosía aún más, lo sostuvo de la camisa. El calor de su cuerpo era insoportable, incluso a través de la ropa. La fiebre parecía haber empeorado muchísimo. Respiraba con dificultad mientras sus dedos se aferraban débilmente a la ropa de Rich, buscando apoyo
Rich lo sostuvo con más fuerza, intentando ignorar que en ese momento, N.K seguía allí. Solo quería asegurarse de que el cuerpo de Farfa no empeore
Con un movimiento rápido, Rich lo dejó en el sillón donde estaba sentado anteriormente, sentándose a su lado y con una mano haciendo la suficiente fuerza para que su otra personalidad no salte e intente hacer algo. Aunque parece que ya se rindió.
—¿Sabes qué es lo más agotador de compartir cuerpo con alguien? —susurró NK con suavidad enfermiza — Que jamás deja de hablar.
El Caballero soltó una pequeña risa mientras se acomodaba en el sillón, con el estado de ese cuerpo no iba a llegar lejos
—Todo el día. Toda la noche. Y últimamente… habla muchísimo de vos.
—Basta.
—¿Querés saber qué opina de vos?
Rich apretó la mandíbula inmediatamente. La mano afirmada sobre el hombro de Farfa hizo un poco más de fuerza, obligándolo a quedarse quieto en el sillón. No lo suficiente para lastimarlo. Solo lo suficiente para recordarle que, enfermo o no, no iba a permitirle levantarse otra vez.
—No me interesa escucharte.
—Hm. —NK ladeó apenas la cabeza, acomodándose mejor contra el respaldo como si estuviera perfectamente cómodo en medio de toda esa situación—. Qué raro. A vos que te encanta saber de Farfa, ¿no querés saber?
Rich ignoró el comentario. Tomó aire lentamente, intentando mantener la calma mientras observaba el estado del cuerpo frente a él. Farfa seguía ardiendo en fiebre. Incluso respirando estando quieto parecía agotado, con ojeras marcadas bajo los ojos y pequeñas gotas de sudor bajándole por el cuello. Cada movimiento se veía pesado, lento, como si mantenerse consciente ya requiriera demasiado esfuerzo.
Y aun así, N.K seguía sonriendo desde dentro de él.
El silencio volvió a caer entre ambos. Pesado. Incómodo. NK observándolo con una calma insoportable mientras los dedos de Farfa rasqueteaban distraídamente la tela del sillón. Ese detalle le revolvió el estómago a Rich más de lo que debería; era un gesto tan propio de Farfa que verlo mezclado con esa voz se sentía incorrecto. Como si dos personas estuvieran superpuestas en el mismo cuerpo.
NK dejó caer la cabeza hacia atrás contra el sillón y soltó un suspiro cansado. Por un momento parecía genuinamente agotado.
—Honestamente, empieza a irritarme. No duerme bien, no come bien, no deja de pensar… y encima te tiene metido en la cabeza todo el tiempo.
—Basta.
—¿Te incomoda?
Rich sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando los ojos blancos volvieron a clavarse en él.
—Porque a mí me parece increíble. — La sonrisa regresó lentamente.—No importa cuánto intente convencerse de lo contrario, siempre termina volviendo a ti. A pesar de las cosas horribles que le hiciste.
Rich apartó la vista por un segundo.
Grave error.
Porque el contrario lo notó inmediatamente.
Siempre lo notaba.
—Ah… ahí está esa cara otra vez.
La voz descendió apenas, suave pero con cierto veneno.
—Te sorprendería cuánto piensa en vos cuando cree que nadie puede escucharlo.
El caballero guardó silencio unos segundos. Sonreía apenas, observándolo demasiado fijo. Como si estuviera esperando que Rich entendiera algo por sí solo.
Y entonces, lentamente, el wither lo entendió.
No había privacidad.
No había silencio.
No había un solo momento donde Farfa estuviera realmente solo.
Y ahora con N.K en su cuerpo, podria causar estragos al revelar todo lo que se le antojara.
Podria gritar a los cuatro vientos los planes de Farfa, sus bases secretas, sus opiniones hacia otros; mierda, incluso podria decir cosas vergonzosas que esconde el mismisimo caballero.
La idea le revolvió el pecho.
N.K observó el cambio en su expresión y soltó una risa baja.
—… finalmente lo entendiste, cómo te costó ¿eh?
Rich volvió a tensar el agarre sobre él.
—Te voy a sacar de su cuerpo aunque tenga que arrancarte de su cabeza con mis propias manos como a un parasito.
Aquello hizo que el Caballero levantara apenas las cejas. No parecía asustado. Tal vez… intrigado.
Después sonrió.
Con algo peligrosamente parecido a la nostalgia.
—Yo también pienso bastante seguido en vos, ¿Sabias?
