Work Text:
-Senku…chan…- hablaba entre besos, apenas pudiendo pronunciar palabras debido a la insistencia de Senku por tomar sus labios en profundos besos. Su cuerpo temblaba al sentir cómo sus lenguas chocaban y cuando las yemas de sus dedos secos acariciaban con esmero sus mejillas. El peso del cuerpo del científico lo llevó hasta sentir una pared chocando con su espalda.
- ¿No deberías dormir…? - preguntaba, tratándolo de alejar sutilmente para poder elaborar oraciones congruentes. - En lugar de estar haciendo esto…- un toque de ironía se coló entre sus palabras, recibiendo una breve risita antes del siguiente encuentro de labios.
Cuando los ojos rojizos de Senku lo miraron directamente, pudo notar aún más las evidentes ojeras debajo de ellos, era claro que en las facciones de Ishigami estaba tatuado el cansancio y el agotamiento.
-Descansaré después de que mis malditas hormonas se calmen. - murmuró con burla, alzando ligeramente desde su barbilla para poder besarlo en un ángulo diferente, esta vez un poco más alto.
Gen dejó salir un gemido que terminó ahogado entre sus bocas, rindiéndose ante la insistencia y rodeando con sus brazos la cintura de Senku solo con el propósito de acercarlo más a él.
Este comportamiento terco e irracional no era novedad en Senku. Los meses comenzaban a acumularse al igual que la cantidad de cohetes defectuosos. Cuando escuchó al joven proponer lanzar un satélite al espacio, nunca creyó que les llevaría tantos meses de intentos y fracasos, y a pesar de llevar muchos ensayos, aun no podían crear uno que lograra sobrepasar la atmosfera de la Tierra.
Sin embargo, aunque algunos del Reino se veían claramente afectados por los continuos fracasos, Senku y Xeno mantenían el optimismo racional en lo alto, entusiasmados (aunque agotados) para continuar con las pruebas.
Aun así, no podían olvidar que ambos seguían siendo simples humanos, con emociones, sentimientos y necesidades, aunque muchas veces decidían expresarlas de forma… poco convencional.
Xeno, prefería visitar en silencio la estatua de Stanley. Mientras que Senku prefería atender sus necesidades biológicas y hormonales cuando el agotamiento estaba a punto de dejarlo inconsciente.
Gen, quien era oficialmente una pareja romántica para Senku, era el que se encargaba de satisfacer estas necesidades para el científico. No podía negar que él también las disfrutaba, cuando Senku estaba tan agotado y cansado solía ser un poco mas brusco en el sexo, y eso era algo digno de admiración para Gen, aunque no podía negar que aquella actitud también le preocupaba un poco al mentalista, especialmente cuando se dio cuenta que después de terminar, Senku fácilmente podría pasar hasta 12 horas dormido sin mostrar signos de querer levantarse.
A la mañana siguiente, cuando Gen despertaba, prefería pasar un rato más al lado del cuerpo aún fatigado de Senku. Disfrutaba verlo dormir y sentir su calor corporal por debajo de las mantas, pero no podía evitar que su mente divagara entre desconcertantes ideas.
-Un viaje unidireccional a la luna…- murmuró, aunque bien sabía que ningún ruido sería capaz de despertarlo, prefería mantenerse silencioso, quizás con el temor de que sus emociones brotaran con mayor facilidad. - Y el científico encargado de hacer aquella misión, será…- no se atrevía a completar la frase, a pesar de que en su interior conocía la respuesta.
Acomodó su rostro cerca del hombro de Senku y mantuvo su mirada baja, mientras que con su dedo hacia pequeños círculos sobre el pecho del otro.
Cerró los ojos con fuerza, no queriendo que esas emociones, que con tanto esfuerzo contenía encerradas en su corazón, salieran de su celda.
Angustia. Tristeza.
Abandono.
Miedo.
Soledad.
Ansiedad.
“Vaya mentalista mas de mierda que puedo ser…”, pensó para sus adentros, acercándose cada vez mas al cuerpo de Senku. Aún dormido, dejó caer su brazo sobre su cuerpo para mantenerlo aún más cerca.
La respiración pausada de Senku lo consoló brevemente antes de obligar a su cuerpo a levantarse de la cama.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Senku comenzó a notar algunos gestos que no eran comunes en Gen.
Cuando el primer cohete con éxito logró traspasar la atmosfera, impulsado por esa parte que no podía controlar de su cerebro enamorado, Senku volteó hacia su mentalista, quizás esperando que estuviera al menos la mitad de emocionado de lo que él estaba, o al menos dispuesto a escuchar la gran ola de eufórica de explicaciones complejas que disponía a soltar. Sin embargo, bastó con solo voltear y notar el brillo de sus ojos para comprender que no estaba ni un poco alegre por el magnífico evento.
Se quedó en silencio mirándolo, cuando todos los demás continuaban mirando el cielo, incluido el propio Gen, Senku trataba de descifrar cada movimiento facial del mentalista. Cómo juntaba las cejas en una expresión de… ¿desconcierto? ¿Frustración? ¿Cómo podría llamar a ese sentimiento que se reflejaba ya no solo en sus ojos brillosos, sino hasta en la manera que sutilmente mordía su labio inferior como quien trata de contener un sollozo?
Trató de descifrarlo, de manera tenue y suave, pero la coraza de Gen era mucho más fuerte.
Esa misma noche, Gen volvía a sonreír y reír como un idiota que trataba de mantener los ánimos altos para toda la comunidad del Reino Científico.
Lastimosamente, Senku no tuvo el tiempo suficiente para poder indagar mas profundamente, ahora que el satélite estaba en órbita el siguiente paso sería recabar información de la superficie lunar.
La ubicación de Whyman parecía estar cada vez mas cerca con el apoyo de Kohaku, y el viaje a la luna comenzaba a ser mas que solamente una fantasía.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Senku fue el último en emitir su voto en aquella improvisada democracia.
Cuando terminó, se colocó en la parte trasera, sabiendo que los resultados eran demasiado obvios, especialmente cuando él mismo se vio seducido ante la idea de crear un cohete capaz de ensamblarse en el espacio y poder recorrer el camino de regreso.
Por supuesto, es una decisión que se mantendría en el anonimato, o al menos hasta que él mismo se lo contara a Gen esa misma noche.
Alzó la mirada, Gen estaba de pie a su lado, con sus manos escondidas bajo las enormes mangas de su ropa.
De alguna manera, Senku se había convertido en un experto en leer a Gen, justo a la persona más difícil de comprender y de admirar bajo la máscara que solía mantener por el bien del grupo.
Y notó cómo levantaba ligeramente su cuerpo en un continuo balanceo. Aunque no podía verlas, podría jurar que estaría jugando con los dedos de sus manos. La mirada de nerviosismo que dirigía hacia la pantalla, como quien finge no estar tan interesado, pero apenas si parpadea mientras espera ansioso los resultados de la votación.
Sai oprimió algunos botones antes de que el resultado se reflejara en la pantalla.
Apenas si pudo leer el resultado debido a la distancia, pero después de un segundo de asombro y silencio que pareció eterno, al ver las radiantes sonrisas y el jubillo en Chrome, Suika y el resto, Gen soltó un suspiro silencioso de alivio.
El científico notó al instante cómo sus hombros liberaban la tensión y su mirada bajaba hasta el suelo.
Guiado por un acto irracional, sonriendo ligeramente de lado, mientras todos festejaban entre ellos, aprovechó para estirar su brazo y poner su mano sobre la de Gen. Sin esfuerzo, retiró la tela y la tomó con la suya, entrelazando sus dedos con gentileza mientras la guiaba hacia abajo, queriendo mantenerse discretos.
El mentalista abrió los ojos de sorpresa, pero no se opuso en ningún momento a la señal de afecto, es más, pareció increíblemente feliz, ocultando su sonrisa honesta, mientras regresaba el apretón en sus manos unidas.
o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o*~o
Senku creyó que la extraña actitud de Gen se terminaría después de que el plan del nuevo cohete comenzara, y aunque notó como Gen parecía más aliviado, las cosas se tornaron un poco diferentes últimamente.
Si, si lo pensaba minuciosamente… Gen volvió a sus extrañas expresiones luego de que se decidiera que Stanley sería el piloto del cohete.
Quería indagar en ese problema, pero frente a él, mil problemas más se abrían con etiqueta de urgencia para poder progresar en los planos del cohete.
Las noches en vela eran mas extenuantes, ya no solo era trabajo científico, ahora también comenzaba con el entrenamiento riguroso para que su cuerpo estuviera preparado cuando se convirtiera en el científico a bordo del primer viaje a la luna post petrificación.
Poco o nada de tiempo tenia para pensar en sentimentalismos.
Le avergonzaba un poco admitirlo, pero era hasta que sus capacidades mentales y físicas estaban al limite que sentía la necesidad de buscar refugio en el cuerpo de Gen, mas que nada para liberar el estrés a través de besos, caricias y un poco de sexo.
- ¿No has estado… actuando un poco… distante? - preguntó mientras trataba de deshacer el nudo de la corbata del mentalista.
Ambos ya estaban sobre la cama, el mentalista debajo de él, mientras dejaba deslizar ligeramente su ropa, provocando que Senku pudiera visualizar mejor la curvatura de su cuello hasta sus hombros.
-¿”Distante”? - preguntó con un tono que pretendía ser seductor, pero sus ojos opacos llamaron lo suficiente la atención de Senku.
-Ya sabes… distante. - maldijo su cerebro sobresaturado que ya ni siquiera podía buscar sinónimos. - Algo pasa por tu maldita cabeza y no sé qué es.
Senku celebró para sus adentros cuando la corbata al fin se deslizó hacia la cama, dispuesto a saborear la piel de Gen con su lengua, se detuvo cuando el mentalista dejó caer por completo su espalda, para verlo ahora desde un ángulo completamente bajo.
La expresión que vio en el mentalista fue suficiente para detener cualquier intento de continuar. Alzó su cuerpo para mirarlo desde arriba.
Por otro lado, Gen de alguna mantera se había prometido no decir nada, no dejar que Senku… (en especial y específicamente Senku), se enterara de sus deseos mas profundos.
Pero de alguna forma ya no se sentía capaz de continuar conteniéndolos.
Cuando la votación reflejó el deseo unánime de tener el proclamado “final feliz” de Chrome y Suika, una ola de alivio estremeció su cuerpo.
El miedo de una separación eterna se esfumó al punto de hacerlo casi perder el equilibrio, de no haber sido por el gesto de Senku al tomar su mano, probablemente la fuerza de sus piernas lo hubiese abandonado y dejado caer sobre el suelo.
La estúpida esperanza comenzó a florecer de manera descontrolada en su pecho, haciéndolo fantasear de que todo terminaría como en los cuentos de antaño con un final perfecto de “felices para siempre”.
Pero una cubeta de fría realidad se encargó de regresar sus pies a la tierra.
-Los que irán a la Luna, son aquellos que ya están familiarizados con el nuevo mundo. - fue la línea que dijo Xeno cuando se encontraban planificando el viaje.
Algunos parecieron sorprendidos, pero de alguna manera, aquella conclusión era ridículamente obvia. Como si hubiera estado ahí siempre aun sin necesidad de decirla en voz alta.
Pero fue cuando la pusieron en palabras que Gen se percató de algo.
Era un hecho que Senku se iría.
Claro, por algo estaban tratando de hacer el cohete de doble recorrido, se iría, pero no para siempre. Regresaría sano y salvo a la Tierra y todos estarían felices al fin, reconstruirían las ciudades y despertarían a los 7 mil millones de personas…
¿Pero… era todo realmente tan fácil?
El equipo de astronautas iría a la luna para vencer a Whyman… ¿y si no tenían éxito? Ni siquiera sabían que o quien era Whyman, o lo que sería capaz de hacer. Bien podría petrificarlos apenas salieran de la Tierra y nada ni nadie podría evitarlo.
Es más, ni siquiera tendría que ser culpa de Whyman, algo malo podría ocurrir en el despegue y… marcar un final catastrófico. Esa clase de accidentes, con toda la tecnología y conocimiento al alcance de la mano, ocurrieron en plano siglo XXI. ¡Por supuesto que podría ocurrir aquí también, es más, seguro que pasaría!
¡Mas que una posibilidad, era un hecho!
Cubrió su boca sutilmente con su mano mientras daba un par de pasos atrás. A pesar de encontrarse en una conversación importante, su mente se vio indispuesta a seguir el ritmo.
Quiso convencerse de que sus miedos eran normales, que seguramente todos estarían pensando en cosas similares, pero no se verían capaces de decirlos en voz alta.
Si, además, Senku no iría solo. Estaría con un soldado y un piloto… si, Tsukasa y Ryusui estarían a su lado, todo estaría correcto…
El primer cambio fue Tsukasa, y aunque no se preocupó (ya que era la intrépida Kohaku la que tomaría su lugar), el segundo cambio es algo que hizo que las alertas de su cuerpo se encendieran.
El piloto sería Stanley.
Si, ese hombre que se atrevió a dispararle a Senku, poniendo su vida en peligro. Aquel que sin miramientos los atacó de frente con armas de fuego y mató frente a sus ojos a Taiju, el que hirió de muerte a Ryusui. Quien hizo pedazos su desesperada acción de rendirse al destrozar su bandera blanca.
Gen no quería ser rencoroso, no cuando el Reino Científico estaba acostumbrado a perdonar a sus enemigos si con ello podían alinear sus objetivos para convertirse en aliados. Un odio irracional sería lo mismo que sembrar una granada en el terreno que todos anhelaban salvar.
Aun así, quiso mostrarse un poco renuente, quizás solo hacia Senku, quizás solo un comentario dicho al aire sabiendo que la decisión había sido tomada de la manera más eficiente y lógica posible.
No solo se quejaría de la decisión de poner al loco estadounidense en el equipo, sino también daría su opinión del peligro de poner a Senku en una maquina potencialmente mortal.
Si, eso es lo que deseaba conversar.
Pero no pudo hacerlo.
No al ver la emoción en el rostro de Senku. Como si fuera un pequeño niño soñador mientras observaba el cielo nocturno, contando los pequeños puntitos brillantes hasta llegar al más grande y brillante de todos.
“No es solo para atacar a Whyman…” pensó, observándolo en silencio aquella noche. “Es más… un sueño, una meta… es…”
Gen juró que podía escuchar en su mente la reproducción de una voz distorsionada, una voz que fue grabada en un disco de vidrio que pacientemente espero miles de años para ser encontrada. Recordó la voz de un padre amoroso que anhelaba poder ayudar a su adorable hijo.
Un hombre valiente que bajó desde el espacio exterior para poder darle un precioso regalo a la persona mas importante de su vida.
Seguramente para Senku, el viaje al espacio no significaba solo ir en contra del peor enemigo de la humanidad… sino también sería encontrar nuevamente a su padre.
No de forma literal por supuesto, pero experimentar por carne propia lo que podría haber sentido Byakuya hace 3700 años era… era algo que Gen no podría arrebatarle.
Se prometió callar. Aguantar. Encerrar con todas sus fuerzas las quejas, comentarios y palabras que destinaban para hacer recapacitar a Senku, las que podrían representar anclas para detenerlo y replantear otras opciones.
Se lo prometió, a sí mismo aun con el dolor en su pecho.
¿Entonces, por qué? A pesar de esforzarse tanto, ¿por qué justo ahora su voluntad se resquebrajaba con tal brutalidad que lo hacía llorar?
Trató de ocultar su sollozo con sus manos. Pero estaba claro que Senku ya había notado esas lágrimas rebeldes salir de sus párpados.
Apretó sus dientes con fuerza queriendo retroceder el tiempo.
Encima de su cabeza, Senku tomó su muñeca y sin mucho esfuerzo la apartó, permitiéndole ver la mitad de su rostro.
Entre la vista desenfocada, Gen notó que la sorpresa y el entendimiento hacían abrir mas los ojos rojos del científico. Como si silenciosamente poco a poco entendiera lo que estaba sucediendo.
-Gen, - hasta escuchar su nombre desde su voz lo hizo sentir dolor. En reflejo, quiso volver a ocultarse tras su mano, pero el agarre de Senku, un poco más fuerte de lo usual, se lo impidió.
El sollozo del mentalista fue el único sonido que se escuchaba en la habitación.
El agotamiento de Senku pareció evaporarse en el aire. Utilizando su otra mano, la que no estaba aun agarrando a Gen, sobó el tabique de su nariz, solo queriendo disimular un poco el cúmulo de ideas que iban armando el rompecabezas dentro de su mente.
“Así que… era eso…”, pensó abrumado, afectado por lo que comenzaba a ser cada vez más obvio.
-No lo digas, Gen.- su voz, aunque fue dura y directa, tenía un toque de consuelo, como quien desea sonar exigente, pero sin tener que lastimar. Acercó más su rostro y en respuesta, el mago ladeó el suyo en otro intento fallido de ocultarse. - Si lo dices… será más difícil.
-Pero… pero yo…- “aahh… maldición, lo empujé hasta este punto”, pensó resignado, notando que Gen comenzaba a temblar debajo de su cuerpo. - Tampoco quiero decirlo, Senku-chan, ¿sabes lo difícil que es tener… secretos contigo? Con el resto es condenadamente más fácil, pero tú…
-Lo sé. - susurró, aun tratando que quien mantuviera el control de sus pensamientos fuese el hemisferio izquierdo. - Con mayor razón, no lo digas.
Gen soltó un par de sollozos más, para Senku, el mentalista trataba de seguir sus indicaciones, pero cuando volvió a girar para verlo de frente, dejando aun solo visible la mitad de su cara humedecida por sus lágrimas, supo que sería imposible.
-No quiero que vayas a la Luna, Senku-chan.
Tragó saliva ante tal petición.
Si, era justo tal cual lo imaginaba.
-No vayas… y quédate conmigo.
“Maldita sea. Maldita sea. Maldita sea”, ambos pensaban lo mismo, autocastigándose.
Uno por haberlo dicho.
El otro por no poder aceptarlo a pesar de haberlo escuchado.
“Soy un idiota… debí de haberlo guardado solo para mí. Estoy poniéndolo en una posición incómoda… lo peor es que… no servirá de nada. Él irá, no importa lo que yo haga. Él se irá…”.
“Soy un maldito egoísta”.
-Mierda…- susurró Senku, doblándose ligeramente, hasta dejar caer su frente en el hombro de Asagiri. - ¿Por qué… por qué tuviste que decirlo?
Su mano se deslizó de sostener la muñeca de Gen hasta entrelazar sus dedos. Un suspiro pesado erizó su piel mientras ocultaba aún más su rostro en el pecho del mentalista.
Percibió algunos sollozos que estremecían el cuerpo que estaba debajo de él. Frunció el ceño, pero a su mente no venía ninguna palabra de consuelo para poder detenerlo.
Cerró los ojos con fuerza, no pudiendo hacer otra cosa además de esperar a que Gen por su propia cuenta pudiera calmarse.
El viaje a la luna cada vez estaba más cerca.
Las palabras dichas no podían simplemente borrarse del aire, y quedarían impregnadas en sus oídos hasta el día del despegue.
