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Tony y Stephen habían tenido un lindo bebé hace cinco años, y desde que Tony lo tuvo en sus brazos supo que daría su vida y la del universo por su hijo. Sí, era un héroe y su deber era proteger al mundo, salvarlo de los villanos, las catástrofes, etcétera, pero ahora Peter Stark-Strange era su nuevo y más importante mundo. Que se jodieran todos si con eso su hijo estaba a salvo.
Peter era el bebé más adorable (según sus papás y sus tíos, una opinión totalmente parcial) y tranquilo. Casi nunca lloraba, dormía prácticamente toda la noche, dejaba trabajar a Tony en sus proyectos, se quedaba al cuidado de Pepper cuando sus dos padres tenían que salvar el mundo, ir a juntas aburridas, presentar proyectos y todas sus variantes. Era muy extrovertido y le gustaba que lo cargarán y lo mimarán. Era una bolita de alegría. Lo amaban tanto que su amor bordeaba la adoración.
Solo había un pequeño "pero", desde que habían traído a Peter a casa, se negaba a dormir en su habitación. Apenas lo ponían en su cuna, se despertaba y, aunque no lloraba, abría sus grandes ojos y los miraba como juzgándolos. Era gracioso y aterrador a partes iguales. Además, se empezaba a mover como si se impacientará al estar ahí. Era un pequeño rey engreído, igual que su padre, según Stephen. Tony nunca negaba ni aceptaba esa afirmación, solo lo tomaba en brazos y llevaba a su hijo a la habitación que compartía con Stephen.
Y aunque los primeros días lo intentaron múltiples veces, pronto se dieron por vencidos. Peter era el único hijo que habían acordado tener, así que disfrutarían cada momento a su lado al máximo. A Peter le gustaba dormir con ellos. Apenas lo ponían entre ambos, rodeado de almohadas, se dormía profundamente con la mano en la boca (estaban intentando superar ese hábito). Hacía muecas adorables y ruidos de bebé que hacían que sus padres casi no respiraran para no perderse ningún momento. Había muchísimas fotos y vídeos de todo, pero sobre todo de Peter durmiendo. Estaban seguros de que, si alguna vez su hijo se proponía reconstruir su vida solo a base de esas fotos, podría lograrlo sin problema. ¿Tal vez estaban un poco obsesionados con su hijo? Sí, total y absolutamente, pero a nadie le importaba. Sus amigos también amaban a Peter, casi con la misma intensidad que ellos. Eran una gran y amada familia sobreprotectora.
Lo que los lleva al dilema de ahora mismo: Peter, de cinco años, se niega a dejar de dormir con sus padres. Siempre que insinúan la idea, pone sus ojitos tristes y ninguno de los dos resiste, pero acordaron apoyarse en la guerra hoy.
Tenía un plan. Era simple, pero esperaban que eficaz. Stephen (a quien ambos creían más resistente a las manipulaciones de su hijo) le informaría que debía dormir en su habitación hoy. No le preguntarían, como todas las otras veces donde él decía que no y parecía que lo habían dañado físicamente solo por haber insinuado algo así. Esta vez tenía que ser una orden que pareciera más una sugerencia. Y Tony debía apoyar a su esposo para no ceder. Estaría a su lado, pero no vería a su hijo, porque entonces vería su carita, sus grandes ojos, sus pucheros y cedería. Y entonces Stephen tendría que lidiar con los dos y no podría: Tony tenía unos ojos más manipuladores que su hijo, tenía la ventaja de años de práctica.
Cuando llegó la hora de dormir, cenaron y prepararon a Peter para dormir. Una vez listo con su pijama, Stephen le informó que debía quedarse en su habitación esa noche.
—¿Por qué? —preguntó Peter haciendo pucheros—. No, no quiero. Quiero dormir con ustedes.
Cruzó sus bracitos y negó con la cabeza.
Stephen negó también.
—No, Peter. Hoy debes quedarte en tu habitación. Es la única forma de que te acostumbres. No puedes dormir con nosotros siempre.
Pero Peter no cedió y lo miró con sus ojos manipuladores. Stephen apretó el brazo de su esposo para mantenerse firme.
—Pero, papá —alargó la "a" como un niño caprichoso que no era. Lo cual hacía más difícil decirle que no, porque nunca pedía nada.
Stephen, el gran negociador, sabía que esto pasaría.
—Papá y yo te llevaremos a la cama, te leeremos un cuento y nos quedaremos hasta que te duermas.
Peter supo que su papá doctor no cedería. Entonces se acercó a su papá de hierro.
—Papá, ¿puedo quedarme con ustedes? Por favor. Es lo único que quiero.
Tony no miraba a su hijo, pero igual apretó el brazo de Stephen. En ese momento se dio cuenta del difícil trabajo que le había dejado a su esposo.
—Peter, tu papá y yo hablamos de esto y juntos decidimos que era lo mejor para ti —respondió Tony apoyando las palabras de Stephen—. Te acompañaremos hasta que te quedes dormido. No te darás cuenta de que no estamos allí.
Peter se cruzó de brazos, hizo pucheros y se quedó callado unos minutos.
—¿Y si no puedo dormir?
—Lo resolveremos —respondió Stephen.
—Bien, pero no me gusta la idea.
Y se dirigió a donde sabía que era su habitación. Entró pisando fuerte para que sus padres supieran todo su descontento. Se metió en la cama solo, cruzó los brazos y cerró los ojos fuertemente.
Tony por fin observó a su hijo y se rió de su conducta. Entonces lo arropó, le dio un beso en la frente y se recostó a su lado. Stephen hizo aparecer un libro, se recostó al otro lado y empezó a narrar el cuento.
Después de un rato, Peter relajó el cuerpo, dejó sus brazos libres, abrió un poco los ojos para ver a su papá mago, luego se volteó hacia su otro papá y lo abrazó antes de quedarse profundamente dormido.
Stephen y Tony se miraron victoriosos. Tony se desprendió de los brazos de su hijo con cuidado de no despertarlo, le dieron un beso en la frente y regresaron a su habitación a descansar. Peter no se despertó en toda la noche.
Al día siguiente, Peter se despertó temprano, como todos los días, para despedir a su papá mago antes de que se fuera a trabajar al Sanctum, y después seguir durmiendo con su papá Tony. Pero esta vez, al despertarse, se dio cuenta de que estaba solo. No le gustó nada.
Se levantó y caminó al cuarto de sus padres. Al llegar, la puerta se abrió automáticamente para dar paso a su papá doctor, que salía de la habitación. Cuando lo vio, Stephen pareció sorprendido y lo saludó.
—Hola, Petepay. Iba a tu habitación a despedirme de ti, pero ya que estás despierto, ¿quieres comer algo antes de que me vaya? —preguntó Stephen mientras se arrodillaba y le daba un beso en la cabeza a su hijo.
—Quiero a papá —respondió Peter, todavía somnoliento.
—Papá sigue durmiendo. ¿Qué tal si regresas a tu habitación a dormir también?
Su papá lo cargó y empezó a caminar hacia donde había venido. Peter todavía estaba muy cansado y dormido para discutir, así que se recostó en su hombro y se quedó dormido de nuevo.
Cuando volvió a despertar, esta vez su Irondad estaba con él, pasando los dedos por su cabello para despertarlo, como siempre que dormían juntos. No le gustó, porque su papá estaba vestido y no en pijama, todavía acostado con él abrazándolo.
Peter se estiró antes de levantarse y abrazar a su padre.
—Buenos días, Underoos. ¿Cómo dormiste? —preguntó Tony mientras se levantaba con su hijo en brazos y se dirigía a la cocina.
Peter no respondió hasta que estuvo en su asiento en la mesa.
—Mal. Muy mal. No quiero volver a dormir solo —respondió Peter con toda la convicción de un niño de cinco años que decía la verdad. Su verdad.
—Parecías dormir muy bien cuando fui a verte —dijo Tony riendo ante la exageración de su hijo.
Peter no respondió, pues ya tenía un plan para esa noche: no debía delatarse. Después de desayunar juntos, Tony y Peter se prepararon para sus actividades del resto del día. Primero fueron a algunas juntas de Industrias Stark, donde Peter se quedó en la oficina de su padre jugando y hablando con las secretarias que trabajaban allí.
A la hora de la comida, Stephen apareció en la oficina y juntos regresaron al complejo para comer antes de que todos continuarán con sus trabajos. Stephen pasó un rato con su familia y luego se fue al Sanctum. Peter y Tony bajaron al laboratorio, donde estuvieron hasta que se acercaba la hora de ir a sus habitaciones.
Tony subió con su hijo en brazos. Peter, ya somnoliento, se acurrucaba a su lado.
—Underoos, primero un baño, después cenar y al final dormir —dijo Tony sonriendo al ver a su hijo con tanto sueño a una hora tan temprana.
—Papá, tengo mucho sueño —respondió Peter y se aferró aún más con sus manitas a la ropa de su papá.
—Entonces te bañaré y comeremos antes de que llegue papá Stephen, así podrás irte a tu habitación a descansar antes.
Peter se despertó con esas palabras: "su habitación". Ugh, la odiaba. Pero aún así no dijo nada y asintió.
Tony lo bañó y cenó con él. Después lo llevó a su habitación y se sentó a su lado para ayudarlo a dormir antes de ir a la sala de estar a ver una película hasta que regresara su esposo. Pero Peter lo sacó diciendo que se dormiría solo y le cerró la puerta.
Tony se quedó mirando la puerta un rato, sorprendido de que su hijo aceptará tan rápido la situación y pareciera no necesitarlo para dormir más. Le dolió el corazón ante ese pensamiento. Ellos lo habían obligado a dar ese paso y ahora se sentía mal. Sabía que debía pasar, pero era su bebé. Lo quería tener para siempre.
Después de unos minutos, caminó hacia el sofá y se tumbó mientras la tele empezaba a reproducir una película a la que no prestaba atención. Pensaba en su pequeño hijo durmiéndose solo, después comiendo solo, yendo a la escuela sin mirar atrás, siendo independiente de forma rápida e imparable, dejando de necesitar a sus papás, yendo a la universidad y dejándolos, casándose... Quería llorar. Peter solo tenía cinco años, pero parecía crecer tan rápido que en un parpadeo se iría.
Se levantó y se disponía a caminar hacia el cuarto de su hijo para decirle que regresará a dormir con ellos cuando apareció Stephen. Lo miró fijamente y alzó una de sus delgadas cejas para interrogarlo.
—¿A dónde vas? ¿Todo bien?
—Todo bien. Voy por mi bebé para que duerma con nosotros.
Y reanudó su camino hacia el cuarto de Peter. Una mano delgada lo tomó de la muñeca y lo detuvo.
—No lo creo, cariño. ¿Qué pasó? ¿Te lo pidió Peter y te convenció con sus grandes ojos manipuladores?
Stephen sabía que Tony no podía negarle nada a Peter, y esa era la razón por la que él le había dado la noticia de la habitación.
—No —dijo Tony. Ambos se quedaron callados un momento antes de que Tony continuara—. Pero es tan pequeñito, y está creciendo tan rápido. En algún momento ya no podremos estar todos en la misma cama, y se irá, hará su vida sin nosotros.
Dijo Tony utilizando sus ojos manipuladores para convencer a Stephen.
Stephen se rió un poco, pero sabía que cedería. Aunque sabía que lo manipulaban, pero era una manipulación adorable y bien intencionada. Amaba a su esposo y a su hijo sobre todas las cosas. Eso no impediría que molestará un poco a Tony antes.
—Estás exagerando, Tony. Peter apenas tiene cinco años. Falta mucho para eso. Ni siquiera va a la escuela todavía —aunque no faltaba mucho, pensó.
—No exagero. Ayer apenas había nacido y hoy tiene cinco años. Cuando parpadee de nuevo, seguro que ya estará en la universidad. Es más: de ahora en adelante no voy a parpadear más de cinco veces al día.
Stephen no pudo contenerse y comenzó a reírse fuerte.
—Lo digo en serio, Stephen. Hace unas horas estaba protestando por dormir en otra habitación sin nosotros, y hoy no quiso que yo lo acostara. Es un niño tan inteligente que crecerá incluso más rápido que los demás niños.
Stephen se sorprendió al escuchar eso. Estaba seguro de que a su hijo le costaría, aunque fuera un poco, acostumbrarse a dormir solo. Pensaba que incluso hoy tendrían otra negociación. No esperaba una aceptación absoluta.
—Bueno, es un niño inteligente. Seguro que lo entendió rápido. Pero veamos si quiere dormir hoy con nosotros todavía, solo por ser un niño tan bueno, obediente y tierno.
Tony asintió, bastante feliz.
Mientras caminaban a la habitación de su hijo, Stephen dijo en voz baja y con una sonrisa:
—Sabes que después de esto no querrá regresar a su habitación, ¿verdad?
Tony lo esperaba.
—Sí, eso quiero. Creo que nunca estaré listo para despegarme de él. Pero cuando él se sienta listo, dejaré que descubra la vida por sí mismo.
Tony sabía que sonaba demasiado serio para la situación en la que se encontraban, pero Stephen lo entendió. Se acercó, le dio un beso en la coronilla y deslizó su mano sobre su espalda en círculos mientras asentía en reconocimiento. También quería proteger a su hijo de todo lo malo del mundo, encerrarlo en una burbuja donde ningún dolor pudiera alcanzarlo nunca, pero ninguno de los dos podía (bueno, podían, pero no debían). Su hijo debía descubrir su propio camino, y lo único que podían hacer ahora y siempre era acompañarlo, amarlo y estar incondicionalmente para él.
Se miraron a los ojos sabiendo que compartían el mismo miedo y amor por su hijo. Se sonrieron en una muda aceptación. Sabían que no tenían que enfrentarlo solos.
Al llegar a la habitación de Peter, la abrieron con cuidado para no despertarlo si dormía. Pero al entrar, no había nadie en la cama destendida. Pasearon sus ojos rápidamente por el resto de la habitación por si Peter había preferido quedarse despierto jugando en lugar de dormir, pero no había nadie. Ni un solo ruido.
Una sensación de vértigo los acompañó a ambos mientras le preguntaban a JARVIS dónde estaba su hijo.
—El bebé Peter se encuentra en su recámara. Después de que lo dejaron aquí hace un rato, se escabulló para infiltrarse en su habitación. Me pidió que no les informara hasta que llevará a cabo su malévolo plan.— La voz de la IA sonaba enternecida. Era realmente extraño que pudiera expresar tanta humanidad, pero también los tranquilizó y los hizo sonreír.
Salieron de la habitación de Peter y ahora se dirigían a la suya con una sonrisa. Al entrar, vieron el bulto en medio de la cama bajo las sábanas. Se movía.
—Underoos, JARVIS nos dijo que estabas aquí. ¿Por qué no sales para hablar? —dijo Tony tratando de parecer serio.
Peter no respondió. Suponían que iba a fingir estar dormido cuando hacía unos instantes lo habían visto moverse.
—Debe estar dormido, Tony. Deberíamos llevarlo a su habitación —dijo Stephen mirando fijamente el bulto de su cama mientras sonreía con anticipación hacia lo que ocurriría después.
Peter salió de debajo de las sábanas y exclamó fuerte:
—¡Estoy despierto!
Y después bajó corriendo de la cama y se abrazó al muslo de Tony mientras miraba hacia arriba con sus grandes ojos marrones abiertos y un puchero.
—Papá, no quiero dormir en mi habitación. Me da miedo la oscuridad.
Era mentira, lo cual les hizo mucha gracia. Además, claro que el listillo iría por Tony: era la presa más fácil.
—¿En serio, bebé? —respondió Tony, bajándose para poder cargarlo, y le dio un beso en la frente.
—Sí. ¿Puedo quedarme con ustedes? —dijo moviendo la cabecita rápidamente para acentuar su afirmación.
—Estás creciendo, Pete. Debes ser independiente —respondió Stephen en su lugar, aunque sonreía.
Peter lo miró, frunció su pequeña cara, giró su rostro hacia Tony y dijo:
—Pero papá es más grande. Debería ser independiente primero.
Tony y Stephen comenzaron a reír. Tony abrazó a su hijo con más fuerza. Stephen se acercó y también los abrazó.
Stephen besó ambas cabezas de las personas que más amaba en el mundo y respondió a Peter:
—Puedes quedarte con nosotros hasta que quieras, Pete. Solo queríamos que tuvieras tu propio lugar, pero nos hace felices que quieras estar con nosotros.
Peter miró a su doctor papá y dijo:
—¿Y si quiero quedarme para siempre?
—No tenemos tanta suerte —sonrió Stephen—, pero si es lo que quieres, puedes quedarte para siempre.
Peter sonrió radiante.
—Bien. Ahora quiero un cuento y abrazos. Al doble, porque hoy desperté solo.
Sus padres estuvieron felices de complacer la petición de Peter.
