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Viaje en tren

Summary:

La negociación sobre la alianza entre Simulanka y Nod Krai parece ir viento en popa, mas los pensamientos de cierto príncipe solo giran en torno a su homologo.

Notes:

la inspiración pegó

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Insomnio.

Es algo con lo que lleva luchando años. Comenzó cuando tenía alrededor de siete años, tras perder a sus padres por culpa de la cacería salvaje. Las pesadillas lo atormentan allá donde vaya, la culpa y el dolor se han vuelto sus compañeros de sábanas. Y la luna en lo alto del cielo, junto al frío nocturno, sus mayores aliados en esos momentos.

Pensó que, quizá, al estar en Simulanka el insomnio daría la tregua, después de todo, ¿cómo podría tener pesadillas en la tierra de los sueños? Pero, por supuesto, esa clase de cosas no siguen la lógica. Y ahora se encuentra paseando por los pasillos oscurecidos y desiertos del castillo del imperio.

A pesar de haber crecido gran parte de su vida en uno, se siente intimidado al recorrer este en soledad. Los techos tan altos, los pilares macizos que se pierden en la vista, las estatuas que lo superan por mucho en altura… Tan majestuosas como lucen al resplandecer con el sol, ante la penumbra de la noche adoptan un aspecto intimidante.

Sus pensamientos se dispersan y sus pies detienen su andar al llegar a la sala principal, donde cuelga un enorme candelabro, sus llamas sofocadas hora atrás. Toda la calidez del lugar se ha desvanecido, cual fachada que se cae cuando nadie más ve. Un estado que nadie debiera ver, el aspecto oculto de los sueños. La gloria y brillo es reservada para la puesta en escena, y cuando la función se acaba todo ello se guarda. El oro ya no brilla, la plata ya no reluce y lo que antes era digno de admiración, ahora produce temor. Los sueños son iguales; solo se ven dulces en su puesta en escena, pero al detenerte en ellos, la inquietud toma protagonismo. Tal vez los sueños y pesadillas son lo mismo, solo que uno tiene la brillante luz del sol para dotarlo de calidad, y otro las sombras de la noche para cernir su oscuridad en él.

Una mano se posa en sus hombros y lo devuelve a la realidad. Sus sentidos se alarman y, mientras voltea, lleva su mano a donde se halla su arma; pero nada más ve quién es, sus hombros se relajan, sus pupilas se dilatan y su corazón se acelera.

El príncipe del imperio le sonríe, de esa manera que crea caos en su interior. Una conversación ligera comienza, una donde las palabras no son las protagonistas, sino el sentimiento de paz y acompañamiento en ambos.

La mano extendida de Durin invita al futuro rey de Nod Krai a un paseo por el reino; a mostrarle un lugar que todavía no ha visitado.

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El vagón del tren está vacío, ellos son los únicos pasajeros a tan altas horas de la noche; el único sonido es el del motor y sus respiraciones. Y, a pesar de tener todo el espacio disponible para sentarse, ambos están juntos, con escasos centímetros separando sus manos.

Illuga mira por la ventana, tratando de calmar su acelerado corazón. Los paisajes hermosos y casi oníricos logran distraerlo apenas lo suficiente para no pensar en lo cerca que está del príncipe de Simulanka. Agradece que, en la oscuridad del lugar, no se pueda ver el rojo en sus mejillas.

Una sola mirada necesitó el dragón para derrumbar todos sus muros y apropiarse de su corazón; una simple sonrisa, y lo tenía en la palma de su mano. Y él ni siquiera es consciente de ello, de cómo en las reuniones oficiales para discutir sobre la alianza, sus pensamientos y mirada se pierden en él; de cómo cuando él habla, Illuga contiene la respiración; de la forma en que sus ojos lo buscan en cada habitación en la que entra, de la manera en que su voz se suaviza cuando se dirige a él.

Nunca se atreve a hacer nada —a dar un paso más hacia él, a rozar su mano con la suya o llamar su nombre, sin ningún título de por medio—, porque siempre hay alguien más alrededor. Y ahora que están finalmente solos, sin una sola alma como testigo, los nervios y las ideas, tentadoras cual víbora enviada del abismo, suben a él y lo dominan.

Se dice y repite incesante que no debe hacer casos a esas estrafalarias ideas, pelea contra aquel impulso de cubrir su mano con la propia. Se centra en el paisaje desconocido y novedoso, en grabarse esas hermosas imágenes que presencian sus ojos, mas a cada segundo que pasa, recuerda menos lo que vio instantes atrás y escucha más fuerte los latidos de su corazón.

Y el mundo entero parece paralizarse, el tiempo ralentizarse y su corazón detenerse; su respiración se corta, y lentamente voltea su mirar al costado donde Durin se encuentra. Lo halla con su cabeza apoyada en su hombro, sus ojos cerrados y su respiración calma, en un completo contraste al estado en que se encuentra el interior de Illuga.

“Se ve hermoso dormido”, es el primer pensamiento que tiene el joven príncipe heredero de Nod Krai al verlo, y sus mejillas arden en calor al darse cuenta de ello. Su vista vuelve a la ventana, queriendo escapar de sus pensamientos, de sus sentimientos florecientes y crecientes; mas no tarda en volver a enfocarse en el dulce y hermoso príncipe de Simulanka.

Sus labios están partidos, apenas abiertos, se mueven al compás de su suave respiración, sus pestañas apenas de agitan por el traqueteo del vagón, y la celestial luz lunar ilumina la mitad de su rostro; su blanquecina piel reluce y casi parece invitar a Illuga a acariciar su piel.

Y eso hace; deja de escuchar a sus pensamientos, a las tentaciones, a las negaciones, y sigue los gritos de su corazón anhelante. Las yemas de sus dedos rozan la piel de Durin, tan suave y perfecta como se ve, y pese a las bajas temperaturas nocturnas, es cálida. Sus ojos siguen el camino que marcan sus dedos, bajan a sus labios, que relucen ante la blanquecina luz, y a sus ojos, que lo observan brillantes y relucientes.

¿Lo observan?

Illuga abre los ojos en sorpresa al encontrarse con los de Durin; el príncipe de Simulanka se reclina hacia él y su mano cubre la de Illuga. Palabras no dichas flotan en el aire y rellenan el espacio entre ellos mientras sus cuerpos se acercan lentamente.

En el pacifico silencio y con solo la luna como testigo, sus labios se encuentran en el primer acto de rebeldía de sus vidas.

Notes:

el proximo tendría que escribirlo desde la perspectiva de Durin, pero se me hace demasiado fácil ponerme en el pov de Illuga hajvdh

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