Chapter Text
Una pesadilla constante de la que no puede despertar, sin importar cuánto intente luchar.
Manteniéndola como prisionera en un vacío que la devora cada minuto que pasa, devorando cuerpo y alma.
No era un vacío silencioso, sino uno lleno de palabras tan cortantes y afiladas como el acero, que retumbaban tan fuerte que parecían llenar ese vacío.
Muchas de esas palabras sonaban familiares como un recuerdo distante pero cada vez que se acercaban más las voces, se fueron aclarando y con esto las palabras le dolían tanto que intentaba no reconocerlas pero ese intento fue en vano.
"¡Eres un monstruo!" "!Una maldita asesina, todo es culpa tuya, ¿Por qué naciste monstruo!?"
"¡Tomar la apariencia de quien asesinaste..... solo mirarte me da asco!"
"¡No eres mi hija, maldito monstro!"
"Mientras estés viva, debes estar a la altura del nombre Astrea. No permitiré que el nombre de la familia de mi esposa este empañado por las manos de su asesino"
Todas estas palabras siempre la persiguian, que era ella ?... La santa de la espada...la arma definitiva...una asesina.Incluso ella no lo sabía.
¿Quien era ella? ¿Cual era su nombre?
¿Cuál es su papel o propósito?. Fueron preguntas que dejaron de tener sentido.
Pero entre toda esta oscuridad escucho un susurro
-"Se quien eres "
Ella intento pensar de quien provenía esas palabras pero la voz no se detuvo.
"Eres un monstruo, que no merece un nombre. Todo lo que tienes que hacer es seguir haciendo honor al título de 'Santa de la espada'
Era una voz familiar
Por supuesto
Era su voz
Adelheid Van Astrea, no. La santa de la espada se encontró levantándose de la misma pesadilla que ha tenido durante bastante tiempo. Viendo el techo en resignación, sabiendo que ese era su castigo.
El sol se filtraba por los ventanas de su recámara, sus ojos azules como el agua se ajustaron rápidamente a la tenue luz de la mañana.
Murmurando en voz baja
"Cómo siempre la misma pesadilla..."
Ella sabía que este era un castigo justo, sabía que se lo merecía al dar sentencia a su abuela y madre pero aún así dolía.
'La santa de la espada no puede preocuparse por cosas tan triviales'
Y así , quitandose las sábanas comenzó su rutina diaria
Unos minutos de ejercicios matutinos que poco le servirían al ser su cuerpo tan bendecido y no necesitar hacer prácticamente nada, pero lo hacía por mera costumbre, recordaba hacer algo parecido con su abuela y algo en ella no quería dejar morir ese recuerdo.
Aunque también, siempre intentaba mantener su mente ocupada, le gusta pensar que intentaba alcanzar una meta por lo menos, no quería sentirse como si no estuviera haciendo nada más que perder el tiempo descuidadamente.
Luego sigue lo básico, darse un baño y vestirse (no con su traje de caballero ya que era uno de los pocos días libres que tenía) y por supuesto cuidar su sedaso pelo.
Dirigiéndose a un pequeño espejo dorado situado al lado de su mesa de noche miro con cuidado este mismo al ser un regalo de su madre Louanna aunque no lo recordara tan bien
Y justo en el mismo espejo una imagen de su abuela, un regalo de su padre.
Al verlas, todos dirían que son idénticos solo con algunas diferencias menores y por eso, es la imagen que más intentaba cambiar todas las mañanas.
Con un cepillo de madera poco a poco fue peinando su cabello y cambiando lo suficiente para distinguirse de ella y que ninguna protección divina interfiera.
Para terminar su rutina se dirigio donde estaba su espada, la espada del dragón reid que la acompaña desde hace mucho tiempo estando puesta en su cintura en un acto casi natural y eso la disgusto.
Terminada su rutina, se dirigió al comedor de la mansión Astrea para el desayuno, aunque el camino era corto pero los inmensos pasillos con los retratos de su familia se sintieron una eternidad.
Como siempre, estaba vacio, con nada más que su comida, que este probablemente recién hecha hace algunos minutos.
No encontré a los gemelos, Grass o Grimm, así que simplemente termino su desayuno y decidió salir de la mansión, saliendo por la puerta principal de su llamado "hogar".
Simplemente le hubiera gustado ver más a los sirvientes antes de irse.
-Hoy era mi día libre... mi día libre, algo extraño, no solía tener vacaciones, ni mucho menos días libres, pero hoy era diferente, dado que el general marcos le pidió tomarse un día de descanso tuvo que parar sus actividades de caballero.
Pero sin saber que más hacer en la mansión decidió ir a caminar(patrullar) la capital ya que no era frecuente tener descanso para ella y simplemente no sabía cómo pasar sus días libres.
Sus dos amigos estaban ocupados sirviendo a su damas, Julius siempre está ocupado con la candidata Anastasia y Félix siempre sirve devotamente a la candidata Crush y su posición como el Azul, tenía ocupado a felix, mientras ella aún no ha encontrado a la quinta y última candidata al trono.
Mientras su mente divagaba y observaba el ajetreo de la zona comercial de la capital escucho un grito de una chica pidiendo auxilio en un callejón cercano, aunque la voz de la chica le pareció rara simplemente ignorar ese hecho y salió en su ayuda.
Aterrizando suavemente y adentrandose en el callejón, los ladrones abrieron mucho los ojos al ver su presencia.
-Suficente- mi voz resonó por todo el callejón con un dejo de autoridad
-Pelo rojo y una espada de caballero con arañazos de dragón....
-N-no puede ser ¡¿Adelheid?!
-¡¿Q-que?! ¡¿Cómo, la experta espachin?!
-Parece que no necesito presentarme,pero,ese apodo es demasiado modesto para mí...-Notando las armas que cargaban mi mirada se afiló-Pero si recurrir a medidas extremas tendré que responder como un caballero.
Los tres ladrones simplemente abandonaron el callejón despavoridosapenas dije esa frase.
Al quedarme a solas con aquel chico, sentí algo inusual, la espada reid, aquella espada que solo se desenvaina por aquellos que considera dignos, quería salir por aquel chico de cabello negro.
Por este motivo me preparo un poco por si acaso este chico era alguien poderoso, si esa espada tan caprichosa quería salir por este chico debía ser alguien fuerte.
-Fuuu eso estuvo cerca!- mire de reojo al joven pelinegro que pidio mi ayuda -¡ Muchas gracias! ¡Desde lo profundo de mi ser! Supongo que si existen ángeles guardianes en ese mundo después de todo y además son increíblemente hermosos.
Al escuchar esto me congelé, ¿Hermosa ángel? Mi mirada vaciló y sentí intriga por el joven de cabello oscuro y ojos afilados que estaban delante de mí.
Todo lo de este chico me intrigaba, su vestimenta, su peinado he inclusive que se refería con sinceridad que yo era "hermosa" y mis protecciones divinas no notaron que estuviera mintiendo o simplemente estuviera diciendo halagos vacíos.
Al ver mi repentino desconcierto el chico iba a decir algo hasta que lo interrumpir con una pregunta
-¿Te encuentras bien ?- cuestione su estado e intentaba comprender quién era este sujeto? que parecía ignorar el hecho de estar al frente de la santa de la espada.
-Oh- ante la repentina pregunta el chico responde con algo nerviosismo- Si, ahora lo estoy, gracia a ti- al realizar una pausa me observa y pregunto- esto... tu nombre era Adelheid?
Asentí un par de veces mientras el sonreía, todas las protecciones divinas me indicaban que sus expresiones y emociones al conocerme eran completamente sinceras.
Pero aún así... la forma tan despreocupada en la que le hablaba le parecía realmente extraña, la gente normal reaccionaba con cautela o incluso con miedo, mientras que el simplemente accionaba de forma "normal" e incluso de forma amistosa y no se inmutaba ante el título de su familia.
-S-si - una leve vacilación resonó en su voz sorprendiendo la incluso a ella- Adelheid Van Astrea, la "Santa de la espada "
Esperando ver si su presentación formal así reaccionará a este chico Pero no pareció tomarle mayor importancia
-Si, como pensaba en un muy bonito nombre- dijo el chico de cabello negro de una manera sería.
Sorprendida por tal elogio de manera directa, sus ojos se abrieron ligeramente y un pequeño rubor aprecian en sus mejillas.
-Ya que tú te presentaste, es mi turno.- tomando una pose con el dedo apuntando al cielo.- Yo me llamo Natsuki Subaru, estoy en la completa ruina y no tengo donde caerme muerto.
Al ver tal presentación no pude evitar reírme delante del chico.
-Supongo que no eres de por aquí o no ?- pregunta después de reírme un poco de aquel chico que se hacía llamar Subaru.
-Se podría decir que sí.
-Podrias ser de Vollachia por tu cabello negro o eres de kararagi por ti acento.
- Soy de una nacion al este llamada Japón- dijo Subaru con cierto aire de duda
Confundida por dicha declaración intenté ver si estuviera mintiendo Pero mis protecciones divinas me decían que estaba hablando con la verdad.
-Que raro, la única nación que está más al este es lugunica, no he escuchado ninguna nación con el nombre de japón.
Subaru al ver que no serviría de nada explicar intento cambiar de tema rápidamente y pregunto.
-oye Adel-tan, ¿eres un caballero?
Sorprendida por el cambio abrupto le responde de manera educada
-Sí, lo soy Subaru .
Los ojos de Subaru se iluminaron como si hubiera encontrado un faro en un mar en plena tormenta, incluso sin mis protecciones divinas se notaba una simple vista que Subaru estaba feliz con encontrar a un caballero.
-Si tienes algún problema o quieres comunicarme una situación que este ocurriendo, con gusto aceptaré tu petición.- mi tono se suavizó un poco al mencionar aquellas palabras
-¡Genial! ¡Puedes venir conmigo al bazar, está en los barrios bajos! - su emoción se desvaneció casi de inmediato, mientras desviaba la mirada con ¿preocupación? - No, mejor olvida lo que te dije, no podría molestar a un bello ángel como tú con esto -forzando una sonrisa volvió- Yo puedo arreglarme las soló.
Despidiendose con la mano empezó a alejarse poco a poco, dejando atrás a una Adelheid sorprendida ya que no esperaba que su petición fuera rechazada.
-Pero...-se detuvo, llamando mi atención nuevamente- Me preguntaba si podrías entregar un mensaje
-Seria un honor, ¿A quién debería entregar el mensaje?
-No sé su nombre pero es una chica de pelo plateado y ropa blanca.
Mientras mi mente reflexionaba con esa descripción un pensamiento fugaz vino a mi mente... Esa descripción encaja perfectamente con la señorita Emilia.
-¡Ah y es terriblemente atractiva!
¿Atractiva? No sabía cómo reaccionar a dicho comentario Pero una parte de mi se sintió diferente por qué aquel chico usó esas palabras para referirse a otra persona y sintió un pequeño aprendizaje en el pecho.
-Pero no es tan linda como tú, quiero decir, ella es linda Pero comparado contigo, tú eres más hermosa.-dandose cuenta lo que dijo empezó a justificarse- e-en todo caso eso es irrelevante!.
Un leve rubor empezó a extenderse en mis mejillas, aún me preguntaba por qué se sentía tan bien que aquel chico me llamara linda pero eso no importaba ahora
-Dile que pase lo que pase, no se acercará al bazar, yo Subaru natsuki, lo encontraré y se lo devolvere
Quise pregunta más, Pero esa mirada de determinación absoluta me mantuvo en mi sitio.
-Entendido- aún impresiona por la mirada de determinación de Subaru, solo pude decir esa simple palabra
-Gracias Adel-tan ¡Algún día lo pagaré, te lo prometo!- así, con esas palabras comenzó a correr para alejarse, mientras el se desvanecía, una pequeña sonrisa aprecio en mis labios mientras lo despedía.
-No hay problema, cuídate- despidiendo con la mano en su dirección.
Después de que la figura de Subaru ya no se veía, Adelheid comenzó a reflexionar.
-Los barrios bajos - comentario en un murmullo, sabía que era un área peligrosa que incluso los caballeros evitaban Pero algo la inquietaba.
En aquella mirada de Subaru, solo veía un miedo demasiado auténtico en sus ojos, algo ocurrió en ese lugar para que Subaru tuviera es mirada.
Y ver esa mirada de determinación la hizo levantar una ceja, por eso decidió dar una vuelta por los barrios bajos, aunque sabía que no estaba en servicio le preocupaba que a Subaru le pasara algo.
-Aunque si no ocurría nada, mínimo podría volver a hablar con Subaru.
Al decir aquellas palabras, Adelheid se sonrojaria al pensar en volver a ver al chico.
Hace mucho tiempo no experimentaba un trato ni remotamente parecido al que Subaru le a ofrecido Pero eso lo hacía mejor, no le importaba su nombre o su título.
-Para él, simplemente soy Adelheid.
Y por ese mismo trato, el corazón que siempre pensó que dejó de latir, empezó a hacerlo al recordar a aquel chico.
