Chapter Text
Viendo el llanto en el callejón
Parte 1
Ya ha pasado un tiempo desde que los cinco campamentos han llegado al teatro, traídos en contra de su voluntad y se vieron obligados a presenciar la dura, cruel e injusta vida de aquel que llaman: “Amigo”, “Héroe” o “Amor”, descubriendo el poder/maldición que se le fue impuesta por la misma Bruja de la Envidia. El Regreso de la Muerte, un poder otorgado a Natsuki Subaru, un poder o una maldición que le otorga el poder de regresar en el tiempo cada vez que muere.
Después de presenciar cómo tuvo que ser el camino de nuestro héroe hasta el arco 8, el Guardián cómo se hace llamar la entidad que los trajo al teatro les mostró lo que él llama como las Rutas del Pecado, líneas de tiempo donde Subaru Natsuki tomó decisiones diferente, decisiones que cambiaron el mundo que conocen: Orgullo, Ira, Pereza, Avaricia, Gula. Después de terminar de ver las rutas se presentó un nuevo guardián “Alpha la bruja del tiempo” que les mostró los mundo if, mundos que según ella son ramas de las rutas del pecado.
Ahora en el presente
Todo el elenco estaba esperando la siguiente visualización, pero desde hace un tiempo el teatro ha estado en silencio.
Al:”!Ey Alpha ¿Qué vamos a ver ahora?¡”
Al ver la conmoción y los demás, se empezaron a preguntarse lo mismo.
Emilia”¿Por qué Alpha estará tardando tanto?”
Rem:”No lo sé Emilia-sama, solo espero que no tarde mucho. Rem está ansiosa por ver otra vez a su héroe.”
Al otro lado donde está sentada la criada oni.
Garfiel:”Brootto que porque la bruja se estaba tardando tanto, ya quiero ver a otro capitán mostrando lo genial que es.”
Otto:”No lo se Garfiel, yo también me pregunto lo mismo.”
Los demás también se empezaron a impacientar y algunos otros comenzaron a mostrar signos de preocupación. Pero en el momento en el que comenzarian a hacer un alboroto en la sala buscando respuestas ocurrió un extraño fenómeno.
Las luces se apagaron y solo se quedó iluminada la zona de la pantalla, todos en la sala se prepararon para cualquier amenaza, una espesa niebla comenzó a emanar de la pantalla y poco a poco una silueta se comenzó a hacer visible, todos se pusieron en guardia esperando a que la misteriosa figura saliera por completo.
???:”Hola, muy buenas tardes.” Respondió la misteriosa silueta con formalidad.
La figura se hizo completamente visible, era un joven alrededor de los 20 a 25 años, con una altura de 1.80 a 1.85 m, vestia un trage color negro con chaleco y camisa blanca y un abrigo color gris, ojos de color rojos y cabello negro, en su ojo izquierdo habia una cicatriz que le llegada al mejilla.
???”Es un gusto conocerlos al fin elenco de la envidia, me llamo Hali estaré a cargo del sus siguientes visualizaciones”
Al ver que de momento no había amenaza uno a uno se comenzaron a relajar.
Petra:”D-disculpe pero que paso con Alpha-sama”
Hali:”La mayor Alpha estará ocupada, surgieron unos cuantos problemas y le va a tomar un tiempo. Por eso me dejo a cargo de su siguiente visualización.”
Anastasia:”Mmmm la ‘mayor Alpha’, disculpe pero ¿qué relación tiene con Alpha ya que la llamo mayor?”
Hali:”Bueno para responder eso señorita Anastasia necesita saber que yo soy un aprendiz de astrónomo y la mayor Alpha es quien me está enseñando actualmente.”
Crush:”¿Astrónomo? Alpha ya había mencionado algo similar. ¿Qué es un astrónomo? ”
Hali:”No hace que lo sepan aún ya que es algo complejo y nos quitaría tiempo de visualización. “
Rem:”Es cierto Rem ya quiere ver a su héroe. ¿Qué mundo nos va a mostrar Señor Hali. ?”
Beatrice:”Concuerdo con la criada, Betty ya quiere ver a su contratista supongo.”
Hali:”Bueno si ya todos están preparados comemos. Como gesto de consideración les diré un poco de este mundo.“
Hali:”Subaru llega 6 años antes de los sucesos del primer arco pero no llega solo, lo acompaña 7 estrellas.”
Julius:”¿Seis años antes del primer arco? Supongo que veremos a un Subaru mejor preparado antes de conocer a la Señorita Emilia.”
Felt:”Pero a que se refiere con siete estrellas. ¿Tú qué piensas, Rein?”
Reinhardt:”Lamento decirlo Señorita Felt pero no se a que se refiere con eso.”
Emilia:”¿Veremos a un Subaru mayor?
Rem:”A Rem le encantaría ver a su héroe como adulto, apuesto que es muy guapo.”
Capítulo 1: El llanto en el callejón
Las estrellas parpadeaban como brasas lejanas sobre la ciudad dormida, y Subaru Natsuki las contemplaba desde el jardín de su casa con una mezcla de tranquilidad y melancolía.
Para él, mirar al cielo nocturno se había vuelto una costumbre. En un mundo que no pedía su opinión para seguir girando, las estrellas eran lo único que parecía quedarse quieto con él.
—Bueno, supongo que esta es una noche más —murmuró con voz perezosa, antes de incorporarse
con un suspiro y caminar hacia la puerta.
La abrió sin pensarlo, esperando encontrar el interior familiar de su hogar. Pero lo que recibió en cambio fue un viento extraño, frío y áspero, como si un susurro del destino lo envolviera desde todas direcciones.
Por un segundo, fue como si el universo lo escaneara. Un latido de luz distorsionó sus sentidos. Y luego…
La calle desapareció.
—¿Eh…?
Fue lo único que alcanzó a decir antes de que su visión fuera tragada por una luz tan blanca que dolía. Se frotó los ojos, tambaleándose. Cuando por fin pudo ver, notó que el mundo ya no era el mismo.
Un callejón. Sucio, mal iluminado, con la piedra fría de un mundo que definitivamente no era Japón.
—¿Pero qué demonios…?
Su voz tembló al salir de su garganta. Las paredes altas, el cielo opaco, el olor a humedad... No, esto no era una broma. Subaru dio un paso atrás, tropezó con un cubo de madera y cayó de espaldas al suelo empedrado.
—Esto no es una alucinación, ¿cierto? Porque si lo es, es la más jodidamente realista de todas.
Mientras su mente comenzaba a aceptar lo inaceptable —que había sido invocado a otro mundo—, un sonido rompió el silencio como un cristal estrellándose contra el suelo.
La expectativas de ver a Subaru como un adulto se esfumaron tan rápido como lo es Reinhard, no vieron a un Subaru mayor, si no a uno menor que el suyo.
Reinhard:”Tiene 15 años.”
Felt:”¿Cómo lo sabes Rein?”
Reinhard:”Mi protección divina de la edad, me permite saber la edad de quien estoy viendo.”
Felix:”Nya cuando obtuviste esa protección Rein nya.”
Reinhard:”Ahora mismo.”
Respondió el santo de la espada como si fuera lo más normal del mundo, los demás al escuchar la respuesta del santo solo pusieron los ojos en blanco y continuaron.
Rem:”¿A donde llevaron a Subaru-kun?” En su voz se notaba la preocupación por su amado viendo el sucio callejón.
Ricardo:”Maldita sea mini-jefe si, que tienes mala suerte.”
Ram:”ja Busaru sigue sin prestar atención” Soltando un pequeño bufido al ver cómo el muchacho se cae, sin embargo, cualquiera que la escuchará notaría la leve preocupación por el joven.
En el momento que Subaru es distraído por aquel sonido todos en el teatro se tensaron preparándose para lo peor, algunos rezando para que no le pase nada al muchacho.
Emilia:”Oh Subaru” Su voz estaba cargada de preocupación, juntando las manos pidiendo que nada le pase.
Otto:”Nasuki-san no te vallas a meter en problemas idiota”
Garfiel:”No te preocupes brotto el capitán puede con lo que sea.”
Llantos.
Subaru se irguió de golpe. Los chillidos venían del fondo del callejón. Alarmado, se levantó, dudó por un instante... y corrió hacia el origen del sonido.
Lo que encontró al llegar le heló la sangre.
—No puede ser…
Siete canastas. Siete bebés. Recién nacidas, por su tamaño y fragilidad. Cada una envuelta en mantas distintas, cada una llorando con una voz tan humana como desgarradora.
—¿Quién… quién haría algo así?
Los minutos siguientes fueron un torbellino. Torpemente, Subaru tomó a una de las pequeñas en brazos.
Intentó mecerla, cantarle, imitar sonidos ridículos.
Cualquier cosa para calmarlas.
Pasaron cerca de treinta minutos. No sabía cómo, pero había logrado que todas dejaran de llorar… por ahora.
Fue entonces cuando se permitió mirarlas más de cerca.
Una tenía orejas largas, puntiagudas, como una elfa. Su cabello negro apenas crecía, pero sus ojos color amatista le recordaban una noche sin luna.
Otra tenía el cabello anaranjado en un tono oscuro, ojos almendra y una expresión que, aunque infantil, parecía juzgarlo desde su canasta.
La siguiente tenía el cabello verde y unos ojos almendrados que parecían dormitar en paz.
Otra más, con cabello morado y ojos redondos del mismo tono almendra, se había agarrado de su dedo sin soltarlo.
La quinta tenía el cabello dorado, brillante como una moneda nueva, y unos ojos rojos que observaban todo con desconfianza.
Luego estaba una de cabello rosado, mejillas infladas y ojos almendra que brillaban con curiosidad.
Y finalmente, la última, con cabello marrón claro y ojos azul cielo, dormía profundamente con una pequeña sonrisa en los labios.
Siete.
Subaru tragó saliva.
Cuando se escucharon aquellos llantos nadie podría los podría preparar para lo siguiente y en momento que vieron las siete canastas
Más de uno se llevó una mano a la boca por el shock, quién se atrevería a hacer semejante acto como abandonar a siete bebés.
Frederica:”Oh od” La jefa de criadas con una mano en el pecho en un intento de aliviar el dolor que sentía al escuchar los llantos de las pequeñas.
Poco a poco se fueron calmando al ver los intentos absurdos de Subaru calmando a las pequeñas niñas.
Ricardo:”AHA HAA HAHA el lolimancer haciendo de las suyas”.
Al:”El universo le entregó unas lolis solo al comenzar HA AHA AHA.”
Ricardo y Al:”HAHA HA AH AH AHA.”
Tras un momento Al recibió un impacto en su casco que lo terminó a abollando cortesía de la princesa del Sol.
Priscilia:”Si no das a decir nada importante será mejor que te quedes callado Aldebaran.”
Al:”Princesa y por favor no me llame así.”
Priscilla procede a ignorar las quejas de su bufón sólo para sentarse en las payasadas del caballero de cabello azabache.
Emilia:”Jeje Subaru eres un niño muuuy tonto.”
Petra:”¿Quién dice tonto en estos días Emilia-sama?”
Emilia:”Moou Petra-chan.” Inflando sus mejillas en un puchero adorable.
Rem:”Linda.” Respondió la oni de pelo azul ante el puchero de la semielfa
La semielfa en cuestión se quedó en blanco por un momento antes de responder.
Emilia:”Rem tu también te estás burlando de mi Moou.” Inflando más sus mejillas en un puchero aún más adorable y a su vez un poco aterrador.
Todos se comenzaron a reír por la reacción de la semielfa y de sus mejillas regordetas aliviando por fin la tensión de sus cuerpos.
Frederica:”Petra-chan esa no es forma de dirigirse a tu señora.”
Petra:”Lo lamento Federica-onee-sama, lo lamento Emilia-sama.” Se dirijo a la semielfa con una respetuosa reverencia
Emilia.”Está bien Petra-chan.”
Ram:”Ja Barusu como siempre es un payaso.”
Rem:”Nee-sama Subaru-kun no es un payaso.”
Ram: “Hmpf, si como no, alguien como Barusu, lo consideraré cuando la espada del dragón lo consideré digno”
Ante el comentario de la criada de pelo rosado todos en la sala se comenzaron a reír algunos cayeron al piso al no poder contener la risa
Felt le da varios codazos en el costado a Reinhard teniendo que calmarse un momento para poder hablar bien.
Felt:”ah ha aah el hermano mayor digno de la legendaria espada ha ah ha.”
Reinhard:”Sin duda sería algo “inesperado” Felt-sama.”
Algunos le pareció extraño el comentario del Santo de la Espada pero no le dieron mucha importancia, sin embargo, a Priscilla, Aldebaran, Julius, Roswaal, Anastasia, Crush y Wilhelm pensaron que el comentario del Santo de la Espada tal vez tenía otro significado pero lo pospondrán para después.
Después de que Subaru calmara a las niñas comenzaron a estudiar sus apariencias, sobre todo siete mujeres presentes en la sala.
Emilia se fijó en la bebé elfa de pelo negó pues sintió una atracción automática por la bebé como si algo en ella la atrajera pero no podía descubrir qué, su mirada se dirijo a su caballero dormido pensando en cómo se verían sus hijos su mirada regresó a la pequeña con orejas puntiagudas y su corazón se comenzó a calentar y latir más rápido pero no podía saber por qué.
Rem miro a la pequeña de cabello marrón y su corazón comenzó a latir más rápido pues era igual a Spica la hija que tuvo con su héroe y eso la llenó de una felicidad que apenas podía contener, sin embargo, también se preguntó porque estaría Spica hay todo tendría que ser una coincidencia ¿no?
Ram se sentía extraña pues cuando vio a la bebé de pelo rosado y los ojos almendra se vio a sí misma pero también a Barusu y eso la preocupó pero sólo era una coincidencia ¿verdad?
Felt se fijó en la bebé de pelo dorado y ojos rojos pues eran como dos gotas de agua, lo cual le resultó extraño pero pensó que solo era una coincidencia y le restó importancia.
Anastacia recorrió con la mirada a las bebés que le parecieron adorables pero cuando llegó con la que sostenía el dedo de Subaru no pudo apartar la vista de ella, pues tenían el mismo color de cabello y los mismos rasgos faciales pero sus ojos eran del mismo color que los de Subaru, para ella esa bebé es la viva imagen que tendría si tuviera una niña con Subaru, no es como si se hubiera imaginado tener una familia con Subaru nononono eso sería imposible.
Crush se fijó en la pequeña de pelo verde pues ambas tiene el mismo pelo pero sus ojos eran como los de Subaru lo que causó que su tono de color cambiará a un rojo intenso pero eso sólo duro unos pocos segundos pero se recompuso, ya se cuestiono porque había una bebé parecida a ella en un callejon, con su mirada se dirijo a los demas bebés y su indiscutible parecido a las candidatas y las criadas onis, sin mencionar a la que se parece a Spica de la ruta de la Pereza naturalmente, se fijo en dichas candidatas/criadas y noto que más de una ya se había dado cuenta del parecido pero como nadie lo a mencionado prefirio guardar silencio y esperar a tener más pruebas.
Priscilla a diferencia de los demás ella si de dio cuenta de que la bebé de pelo anaranjado era su hija con el plebeyo y que las demás niñas también, eran las hijas del plebeyo con las candidatas y las criadas onís lo cual le pareció completamente divertido, sin embargo, lo que no pudo descifrar es porque estan hay es como si la hubieran invocado junto con el plebeyo y si fue haci porque.
Algunos ya se habían dado cuenta del parecido de las niñas con las candidatas y criadas onís y el caballero de pelo azabache pero prefirieron guardar silencio para no ocasionar un malentendido.
Subaru tragó saliva.
—No puede ser casualidad. No pueden haber sido abandonadas aquí... justo cuando yo llego a este mundo.
No era ningún genio, pero hasta él podía atar cabos. Eran todas distintas, sí, pero había algo que las conectaba. ¿Color de ojos? ¿Peinados? ¿Aura familiar? No podía explicarlo… pero en su interior, lo sabía.
Eran hermanas. O al menos, medias hermanas.
Y estaban con él. Abandonadas. Indefensas.
—Esto es una locura. ¡Ni siquiera sé cómo cambiar pañales!
Se dejó caer de rodillas, derrotado. Pero los sollozos de una de las pequeñas lo obligaron a recomponerse. Miró a su alrededor, al callejón oscuro, a las canastas frágiles, a esos rostros diminutos e inocentes que ahora dormían confiando en él.
Con un suspiro que parecía pesar más que su cuerpo entero, Subaru se levantó.
—Está bien. No sé qué pasó. No sé qué voy a hacer… pero no voy a abandonarlas.
—Muy bien, Subaru. Tú puedes con esto. No es tan difícil… Solo son… siete bebés.
El adolescente de chándal murmuraba para sí mismo, mientras su cuerpo crujía como una maraca bajo el peso desigual que lo hacía tambalear con cada paso. Había ideado —de forma cuestionable— un sistema de transporte para las recién nacidas: dos envueltas en mantas sujetas con fuerza contra su pecho, una amarrada con tela improvisada a su espalda y las otras cuatro repartidas en pares dentro de dos canastas, una en cada mano.
Cada paso que daba hacía que una cuerda mental dentro de su cabeza se tensara un poco más.
—Esto no es nada. Puedo con esto. ¡He cargado bolsas del supermercado más pesadas que esto! —dijo con voz temblorosa.
Su único recurso además de los bebés era su viejo celular, ahora inútil más allá de ser una linterna con pantalla. Aún vestía su chándal negro con franjas blancas, un uniforme escolar informal que contrastaba con el entorno de piedra, madera y voces que no usaban japonés, pero que de alguna forma podía entender.
El sol brillaba alto. El aire era cálido. Y la ciudad…
—...¡Guaah, qué vergüenza!
Subaru quiso meterse bajo tierra. Las miradas lo seguían por todas partes. Un chico joven, claramente fuera de lugar, tambaleando por las calles como un vendedor ambulante de bebés.
Algunos adultos lo miraban con pena. Otros, con asombro. No faltaron los cuchicheos:
—Pobre niño…
—¿Dónde estará la madre?
—Siete… ¿dijo siete?
—Seguramente lo abandonaron.
—¿Es humano siquiera? ¡Mira esas orejas puntiagudas de la niña!
Subaru apretó los dientes, con la cara más roja que un tomate cocido.
Beatrice:”Estaba más que claro que el Subaru de Betty no iba a dejar a las bebés en ese sucio callejón supongo.”
Garfiel:”Por supuesto que el capitán no las dejaría en ese lugar, es más él puede con 30 o más niños.
Ante el comentario del niño tigre el ministro de asuntos internos del campamento de Emilia palideció como un fantasma y rápidamente se volvió con el muchacho que tiene al lado.
Otto:”¿Pero qué estás diciendo Garf cómo crees que Natsuki-san podría con 30 niños? Es imposible que alguien pudiera con tantos niños.
(Otro Mundo)
El Rey de Lugunica Subaru Natsuki Van Astrea estaba en su oficina firmando algunos documentos que necesita su esposa Anastasia para un trato comercial en Kararagi.
Subaru:”Achoo ¿ahora que estás diciendo de mi Otto?” murmuró
Felt que estaba debajo del escritorio atendiendo al Rey (Ok no XD)
Felt estaba sentada en uno de los sofás de terciopelo que hay en la oficina leyendo unos informes de la situación con los barrios bajos.
Felt:”¿Sucede algo Subaru?”
Subaru:”No es nada sólo que creo que Otto esta”
Subaru se detuvo a media frase y luego sonrió con malicia.
Subaru:”¿Felt no quieres salir un rato a la capital? Al final y cabo es tu turno hoy ¿no?”
El rostro de Felt se iluminó ante la sugerencia de Subaru
Felt:”¿Enserio? y ¿qué pasa con todo ese papeleo? Sabes que se acerca la fecha de entrega ¿no?”
Subaru:No hay problema, puedo dejar un clon y lo demás se lo dejamos a Otto.”
Felt:”Entonces que estamos esperando vamos.”
(De regreso al Teatro)
Regresando al caballero de cabello azabache muchos se preocuparon por él y las niñas la manera en cómo las cargaba era cuando menos peligrosa pero los que más lo puso en alerta era las muchas miradas que estaba recibiendo de los ciudadanos.
Julius:”Subaru está recibiendo muchas miradas, algunas son de curiosidad pero también puede que algunas no tengan muy buenas intenciones.”
Al:”Cómo no va a llamar la atención si parece un árbol de navidad con tanto niño colgado.”
Mimi:”Mimi quiere que Garf también la cargue así.”
Garfiel:”¿Qué estás diciendo enana?”
Felix:”Nya Si Subaru-kyun no tiene cuidado se puede provocar una lesión o peor a las bebés nya.”
Petra:”Subaru-sama se está esforzando mucho ¿verdad Federica-nee-sama? ¿crees que va a estar bien?”
Frederica:”Oh Petra-chan claro que Subaru-sama va a estar bien.”
Sin embargo la criada principal de la casa Mathers no sonaba muy segura de sus palabras pues la situación del caballero de pelo azabache era más complicada de lo que aparenta.
Roswaal:”No estaría muy seguro de eso Frederica-san~ pues la situación de nuestro Subaru-kun es mucho más complicada~.”
Garfiel:”Explicaré payaso.”
De repente las puertas principales del teatro se abren y tres figuras entran las tres cubiertas por unas capuchas que ocultan sus rostros y rodearon a Roswaal y lo apuntaron con el dedo como si lo juzgaran y comenzaron a dar vueltas alrededor de él en pose T.
Reinsuba:”Inmundo animal incapaz de amar bien, causa de indigestión, vómito de perro, el daddy de Ram, causa de indigestión, vómito de perro”
Vielma:”El padre de los Epstein, necrofilico de mierda.”
Cixels:”Remedo de hisoka, temu Joker, amenaza de guardería, payaso trolo, más teatro que plan.”
Hali:”Hey ustedes que creen que hacen aquí.”
Las tres figuras tal como llegaron se fueron dejando a todos sin palabras el propio Roswaal se quedó desconcertado ante tales insultos de personas desconocidas, sin saber que hacer simplemente se quedó en su lugar y sin hablar.
Hali:”Hey creo que todos deberían ignorar a esos tres y continuar.”
Emilia:”Este buee bueno qu que ibas a ddeciir Roswaal.”
Roswaal.”Este a claro Emilia-sama, ejem como decía la situación de Subaru-kun es mucho más difícil, pues no tiene ni dinero, no sabe leer, no sabe dónde está y sobre todo está solo con siete niñas y si no consigue donde quedarse por la noche bueno....”
Los rostros de más de uno palideció ante la complicada/imposible situación del caballero de pelo azabache pues estando solo en un mundo diferente sólo y con siete bebés no solo el corre peligro de que le pase algo a él, sino lo más preocupante eran las niñas pues tampoco tiene comida y alojamiento.
—¡No son mías! ¡Soy inocente! —quiso gritar, pero el miedo al idioma (o al ridículo) se lo impidió.
El sudor le corría por la frente mientras avanzaba por una calle empedrada, hasta que se detuvo en una curva, encandilado por la luz que rebotaba en el agua.
—…
Subaru entrecerró los ojos, respiró hondo… y suspiró con cierto asombro.
—Así que… después de todo, resultó ser una ciudad de agua.
Frente a él se extendía una vista digna de una postal: canales amplios atravesaban la ciudad como venas abiertas, y las góndolas flotaban perezosamente por la superficie, guiadas por gondoleros con varas largas.
Las edificaciones eran de piedra clara, con tejados de tonos pastel y detalles florales tallados en las ventanas. La ciudad estaba construida en capas circulares que se elevaban hacia el centro como gradas colosales, dando la impresión de estar dentro de un estadio acuático.
—Si ignoro el tamaño y el hecho de que huele a pescado, esto es prácticamente… ¿Venecia? —susurró, medio fascinado, medio agotado.
El sol reflejándose en el agua le hizo entrecerrar aún más los ojos, y por un instante, por un brevísimo segundo, pensó que podía gustarle este lugar. Si no fuera por el peso de siete bebés, la sed y la absoluta falta de dinero.
—Supongo que puedo asumir que este es un mundo de fantasía… típico estilo medieval —comentó mientras seguía caminando, su voz llena de resignación y algo de curiosidad—.
Semihumanos, caballeros, monstruos, guerras, castillos, magia… ¿Aventuras?
Giró el cuello, y uno de los bebés en su pecho se quejó. Otro emitió un suave gorgojeo. Subaru se detuvo y, temblando de cansancio, las volvió a acomodar con cuidado.
—Aventuras, ¿eh? Ya estoy en medio de una, y ni siquiera sé el nombre de este lugar.
Un chico perdido caminaba lentamente por el bullicioso mercado de la ciudad, acompañado por una escena imposible: siete bebés envueltas en mantas, sostenidas como si fueran su equipaje más valioso. Algunos lo miraban con lástima, otros con recelo… y más de uno con desconfianza.
El mercado vibraba con vida. Gente gritando ofertas, niños corriendo con trozos de pan en la boca, comerciantes vociferando descuentos que no lo eran, y un sinfín de olores, desde especias intensas hasta pescado fresco.
Subaru pasaba entre los puestos con pasos torpes, con la vista dividida entre no tropezarse y no dejar caer a ninguna de las pequeñas.
Se detuvo frente a un puesto que exhibía frutas de colores tan intensos que parecían salidos de una pintura. Frunció el ceño al ver los carteles: líneas curvas y símbolos que no reconocía.
—No puedo leer esto… —murmuró, observando las letras con una mezcla de interés y frustración.
—Vas vestido de forma muy rara, muchacho.
La voz ronca lo hizo girar. Detrás del mostrador, un hombre robusto, de rostro curtido por el sol y mirada afilada, lo observaba con desconfianza.
Tenía los brazos cruzados y una cicatriz visible en el cuello.
—Ah… buenas. Solo miraba. Esas verduras verde, ¿qué son?
—Lemom —gruñó el comerciante sin mover un músculo.
—¿Puedo entenderlos…? —Subaru susurró para sí, llevándose la mano al mentón—. Entonces el idioma se adaptó a mí… ¿magia automática de traducción?
Antes de que pudiera profundizar en su reflexión, recordó lo urgente.
—Perdón que moleste, ¿puedo hacerle una pregunta?
El comerciante resopló, claramente a punto de echarlo. Pero entonces, su mirada cayó sobre las siete bebés que Subaru llevaba encima, y por un instante, su rostro se suavizó.
—Pregunta rápido, mocoso.
—¿Sabe dónde puedo conseguir leche para bebés?
El hombre lo miró en silencio unos segundos, luego señaló al final de la calle con el pulgar.
—Sigue derecho dos cuadras. Luego gira a la izquierda. Tienda grande, no hay pierde.
—Gracias, de verdad. Ah… esto quizá le parezca raro, pero… ¿sabe si puedo vender esto?
Subaru sacó su celular del bolsillo y se lo mostró al comerciante, quien entrecerró los ojos al ver el extraño artefacto sin joyas ni madera.
—¿Qué diablos es eso?
Anastasia:”Esto lo confirma Natsuki-san se encuentra en Priestella.”
Rem:”Subaru-kun se ve muy cansado por lo menos las niñas aún no tienen hambre o un cambio de pañal.”
Ram:”Ja Burusu sigue siendo el mismo debilucho ni siquiera puede con siete niñas.”
Petra:”Pero Ram-nee-sama tu no puedes con dos cubetas de agua.“
Todos se rieron de la criada oni de pelo rosa algunos disimuladamente otros a carcajadas y la criada más joven infló el pecho de orgullo pues no iba a permitir que insultaran a su héroe tan fácilmente.
Rem iba a salir en defensa de su hermana gemela y reprender a la criada joven, sin embargo, se detuvo pues su hermana necesita cambiar su actitud a su héroe, si bien sabe porque su hermana es así con su héroe ser más suave con él no estaría mal.
Rem:”Petra-chan recuerda que el peso máximo de Nee-sama es de una taza de té.”
Ante el ataque inesperado de su hermana gemela el rostro de Ram se tornó del mismo color que su cabello, la vista fue tan graciosa que incluso la risa de Priscilia se escuchó fuertemente.
Hali:”Si ya acabaron de reír del perezoso rosado podemos continuar.”
Tivey:”¿Magia de auto-traducción eso es lo que piensa al poder hablar pero no leer?”
Anastasia:”Es un buen movimiento el vender su teléfono para conseguir dinero.”
Julius:”Recordando que está en Priestella una ciudad comercial aunque no a nivel de Kararagi si puede que reciba bastante dinero por el.”
Priscilia:”Claro que recibirá más dinero por él ya que está tratando con verdaderos comerciantes y no ratas de alcantarilla patéticas.”
Felt:”¿Qué quieres decir con eso estúpida vaca de tetas caídas?”
Reinhard:”Felt-sama por favor cálmese y no dija tales palabras.”
Mientras la Princesa del Sol se deleitaba al provocar a Felt. Reinhard intentaba evitar que Felt se echará encima a Priscilia.
Beatrice:”El Subaru de Betty ya pensó en algo kasira.”
—Es un celular. Sirve para comunicarte y tomar fotos. Mire…
Subaru pulsó la cámara, tomó una foto rápida del comerciante y le mostró la pantalla. El hombre se sobresaltó, retrocediendo un paso con una expresión alarmada.
—¿Qué clase de brujería es esta?
—¡No es magia oscura! Solo es… tecnología. Mira, aquí estás tú —
Subaru giró el dispositivo para mostrarle la imagen tomada segundos antes.
El comerciante observó en silencio. Luego, soltó una risa breve y seca.
—Hmpf. Así que es una metia, ¿eh?
—¿Metia?
—No sabes lo que significa esa palabra… estás en problemas, niño.
Sin dinero, vestido como bufón y con siete crías encima.
—¡No son mis hijas! —Subaru se sonrojó violentamente, apretando los dientes—.
Circunstancias especiales.
—Ajá. ¿Y qué tipo de “circunstancias” hacen que un crío cuide de siete bebés?
—Eso… es confidencial —respondió, girando la mirada, tragando saliva.
Subaru no podía decir que había sido invocado desde otro mundo y que, por alguna razón incomprensible, las niñas habían llegado con él. Nadie lo creería.
Lo tomarían por loco, o algo peor.
El comerciante soltó un suspiro, cruzándose de brazos con pesadez.
—Solo ten cuidado. En Lugunica hay traficantes de esclavos que se mueven en las sombras, y si tu camino te lleva a Kararagi... allá la esclavitud es legal.
Un huérfano sin nombre es carne de cañón para los que tienen dinero.
Subaru sintió un escalofrío. Su expresión se endureció al instante.
—¿Cómo puede haber algo tan vil…?
—¿Te parece cruel? Tal vez lo sea —interrumpió el hombre, sin inmutarse—.
Pero al menos como esclavos tienen techo y comida. Mejor eso que morirse de hambre en la calle como ratas.
Subaru guardó silencio. Las palabras se le atoraron en la garganta. Los valores que le habían enseñado en casa chocaban violentamente con esa lógica torcida.
No podía aceptarlo, aunque no tuviera poder para cambiarlo.
—…¿Sabe entonces si hay un lugar donde puedan pagarme algo justo por esto?
El comerciante lo miró una vez más, luego chasqueó la lengua con resignación.
—Más preguntas, ¿eh? Más te vale comprar algo cuando regreses.
—Definitivamente sí.
—Anda a la tienda de la Compañía Muse. Es de las pocas que pagan justo sin meterse en líos.
Pregunta por la mujer de cabello negro que lleva la cuenta. Ella sabrá qué hacer.
—Entendido. Gracias por todo.
—Ve andando. Y ten cuidado. Kararagi es hermosa… pero solo mientras hay sol. Cuando cae la noche, hasta los dioses cierran sus ventanas.
Subaru tragó saliva. Ajustó el peso de las canastas, murmuró un “gracias” final y se alejó del puesto, con el corazón latiéndole fuerte en el pecho.
—...¡Idiota! ¡No le preguntaste dónde queda la tienda!
Subaru se detuvo en seco a mitad de la calle, provocando que una de las bebés gimiera por el movimiento brusco.
Su rostro se contrajo en una expresión de puro pánico mientras se golpeaba ligeramente la frente con el puño.
—Te dan un nombre, te dan una dirección aproximada… ¿¡y se te olvida preguntar la parte más importante!? ¿¡Qué es lo siguiente, olvidarte de respirar!?
Con el sudor goteando de su frente, Subaru miró alrededor. Seguía cargando con las siete niñas como si fuera una suerte de vendedor ambulante de bebés, y la presión en sus hombros y espalda comenzaba a pasarle factura. Literalmente.
—Uf… si no llego pronto a un lugar con sombra, voy a desmayarme y terminar sirviéndole de cena a los cuervos locales.
Apresuradamente, se acercó a una mujer mayor sentada junto a un puesto de especias. Tenía un pañuelo cubriéndole la cabeza y un delantal viejo manchado de polvo.
Cuando vio al chico acercarse, lo observó como se mira a alguien que está a punto de pedir una limosna.
—Disculpe… ¿sabe dónde está la Compañía Muse?
—¿Muse? —repitió la mujer con voz ronca, arrugando la frente—. Hm. La tienda está en el distrito oeste. ¿Ves ese puente grande?
—Señaló una estructura arqueada de piedra que conectaba dos secciones separadas por un canal ancho—.
Cruza, sigue derecho hasta el templo, y luego dobla a la derecha. Está junto a una fuente con una estatua de un pez.
—¡Muchísimas gracias! —Subaru hizo una reverencia torpe, cuidando de no volcar ninguna canasta—.
Espero poder devolverle el favor algún día.
—Con que no me caigas encima con toda esa tribu, me basta —respondió la mujer, con un leve resoplido de humor.
Subaru sonrió agradecido y reemprendió la marcha.
El camino fue todo menos fácil. Cruzar el puente con las canastas tambaleándose y los transeúntes empujándolo no fue lo más agradable del día, y tuvo que detenerse al menos dos veces para tranquilizar a las bebés que comenzaban a inquietarse con el calor y el movimiento.
—Lo siento, lo siento, ya casi llegamos… solo un poco más, chicas. Papá Subaru está dando su cien por ciento.
Y fue entonces cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir.
—...¿Papá? ¿¡Quién te dio permiso para decir eso!? —Se quejó para sí mismo, mirando al cielo como si esperara una respuesta divina.
Pero ni el sol ni las nubes le contestaron.
Tras varios minutos y muchas disculpas murmuradas a transeúntes enojados, Subaru por fin divisó la fuente con el pez tallado.
A su lado, una tienda de dos pisos con grandes ventanales de vidrio bruñido y un cartel de madera oscura que tenía grabadas las palabras “Muse & Co.” en letras doradas.
El lugar desprendía una sensación distinta al resto del mercado: más limpio, más organizado… más caro.
—Aquí es. La famosa tienda de la Compañía Muse. Por favor… que no me echen antes de explicar.
Al llegar frente a las puertas de la Compañía Muse, Subaru alzó la mirada. El edificio de madera y piedra, elegante pero funcional, destacaba por encima del resto del distrito comercial.
Dos guardias vestidos con capas oscuras le bloquearon el paso con lanzas cruzadas.
—¿Cuál es su motivo para estar aquí, señor? —preguntó uno, su tono firme, sus ojos evaluando con desconfianza al joven extraño con ropa rara y... siete bebés.
Subaru tragó saliva, alzó el brazo y mostró su celular.
—Vengo a vender esto. Se llama metia, una herramienta capaz de capturar imágenes en tiempo real. —
Con movimientos cuidadosos, encendió la pantalla y tomó una fotografía rápida del rostro del guardia, luego le mostró la imagen capturada.
Los dos guardias se miraron, desconcertados por lo que acababan de ver.
Tras un breve intercambio de murmullos, uno asintió.
—Espere un momento en la sala de invitados. La señorita Miranda decidirá si lo recibe.
Subaru fue guiado a un salón decorado con alfombras gruesas y olor a especias. A su alrededor, comerciantes de piel curtida discutían fervientemente con semihumanos de distintas razas.
El aire era una mezcla densa de perfume, sudor y oro. Subaru, con sus brazos ocupados cargando a las pequeñas, recibió varias miradas; algunas curiosas, otras demasiado largas como para resultarle cómodas.
Quince minutos después, uno de los guardias volvió a aparecer.
Una vez más tuvieron que ver el viaje de Subaru para ver lo mal que está su mundo, la esclavitud era legal en Kararagi y el marcado ilegal en Lugunica recordando como si alguien encuentra a un niño sin hogar sólo es necesario tomarlo para hacerlo esclavo.
Todos apretaron los dientes en especial los semi-humanos pues ellos fueron los más afectados pues su gente han sido esclavizados.
Ricardo mostraba sus dientes pues estaba enojado no sólo por el trato que reciben los semi-humanos, sino por el peligro que corre Subaru y las niñas si se topan con esclavistas.
Anastasia:”La compañía Muse sin duda es el mejor lugar para vender su teléfono, sin embargo, no se que tipo de trato le vayan a ofrecer.”
Emilia:”Subaru zoquete como se te pudo olvidar lo más importante.”
Algunos se rieron de la reacción del caballero de pelo azabache pues si se olvidó de preguntar lo más importante, sin embargo, otros se comenzaron a preocupar pues el caballero de pelo azabache claramente estaba apuntó de llegar a su límite.
Rem:”Por supuesto que Subaru-kun es y será un gran padre.”
Emilia:”Rem tiene razón Subaru es un buen padre.”
Ricardo y Al:”Es el lolimancer claro que es bueno con las niñas pues de qué otra manera tendría su ejército de lolis HAHAHHAHA.”
Cuando Subaru al fin llegó a la compañía Mase soltaron un suspiro de alivio incluso aquellos que no sabían que estaban lo estaban conteniendo, pues fue de cierta manera difícil ver cómo Subaru se tenía que abrir paso entre las multitudes con las siete niñas que también se comenzaron a impacientar.
Mimi:”No le van a hacer nada al mini-jefe ¿verdad jefa?
Anastasia:”Por supuesto que no pues ese teléfono es algo único y no dejarían que algo como eso se vaya tan fácil.”
Rem:”¿Otto-san se encuentra bien, se ve muy preocupado?”
Otto:”¿Enserio es tan evidente? Pero si Rem-san si estoy preocupado por el trato que puede recibir Natsuki-san.”
Garfiel:”¿Crees que vayan a sacar al capitán por lo sospechoso que se ve?”
Otto:”No, no es eso Garf me refiero a cuanto le pueden ofrecer por su teléfono.”
Anastasia:”Otto-kun un consejo de comerciante, no dejes mostrar tantas emociones o terminarás comprando aceite barato jaja.”
Casi todos se rieron del ministro de asuntos internos pues no dejan de atormentarlo con su peor compra siendo aceite barato. El “comerciante” en cuestión sólo se puso rojo y se enteró en el asiento para hacerse más pequeño.
—Señor, la señorita Miranda lo espera en su oficina. Sin embargo, le recomendaría dejar a las
bebés en esta sala. Dos guardias personales pueden velar por su seguridad mientras usted negocia.
Subaru bajó lentamente la mirada a las niñas dormidas en sus brazos y luego volvió a mirar al
guardia.
La conversación con el comerciante del mercado aún latía con fuerza en su mente.
Esclavitud. Huérfanos vendidos. Comerciantes sin escrúpulos.
Todo eso existe aquí…
No podía, no quería separarse de ellas.
—Lo siento, pero eso no lo puedo permitir —dijo Subaru con voz baja pero firme.
Al:”Separar a pal de sus niñas es imposible HAHA”
Ricardo:”Es más posible que el mini-jefe se pelee con el primer Santo de la Espada a dejar a sus niñas HHAHA.”
Beatrice:”Ustedes dos son unos completos idiotas pero supongo que sí tienen razón en que el Subaru de Betty no se separará de las niñas kasira.”
3
—Si es por su seguridad, puede estar tranquilo. Nuestra señora odia la crueldad contra los
inocentes. Dos de nuestros hombres se encargarán de vigilar a las niñas.
—No es negociable —sentenció Subaru con frialdad, clavando su mirada en el guardia.
Por un segundo, el silencio fue pesado. Finalmente, el hombre asintió lentamente.
—Entendido. Puede pasar con ellas.
Al entrar en la oficina indicada, Subaru fue recibido por un contraste inesperado con el bullicio del piso inferior.
La estancia estaba decorada con sobria elegancia: cortinas grises a juego con las paredes, una estantería de libros bien alineada, un escritorio con papeles apilados meticulosamente… y sentada detrás de este, una mujer de cabello negro perfectamente alisado que caía hasta sus hombros, y ojos de un intenso color ámbar, como fuego atrapado en resina. Su atuendo recordaba al de una secretaria: chaqueta ceñida, blusa blanca, gafas de montura delgada, todo con una precisión impecable.
—Bienvenido a la Compañía Muse —dijo la joven, levantándose para ofrecer un apretón de manos
formal—.
Soy Miranda. Encargada de las negociaciones especiales. ¿Con quién tengo el placer?
—Natsuki Subaru. Encantado —respondió él, imitando el gesto mientras mantenía a las bebés bien sujetas, aunque una de ellas empezaba a mordisquearle la manga.
Miranda arqueó una ceja al verlas, pero no dijo nada. Se sentó de nuevo y apoyó los codos sobre el escritorio, cruzando los dedos con aire profesional.
—Entonces, señor Subaru. ¿A qué debemos su visita?
—He venido a vender una metia —respondió él con firmeza, sacando su celular del bolsillo interior
de su chándal, aún con batería, como un as bajo la manga—.
Esta es una herramienta de uso múltiple, capaz de capturar imágenes al instante, grabar sonidos e incluso reproducirlos.
También puede almacenar vídeos, comunicarse a distancia… En resumen, una maravilla tecnológica de mi tierra natal.
Mientras hablaba, Subaru pulsaba botones con destreza. Mostró una foto que había tomado momentos antes: una de las niñas haciendo una mueca graciosa mientras estaban en la canasta.
Luego, reprodujo un pequeño clip de voz grabado en el tren camino a la escuela, meses atrás, su propia voz diciendo “¡Vamos, Subaru, no llegues tarde otra vez!”
—Puede registrar palabras, voces, imágenes. Imagínelo como una herramienta de espionaje, entretenimiento o registro.
Su valor, en el mundo correcto, es incalculable.
Miranda se había quedado en silencio. Sus ojos ámbar se habían clavado en el celular con una
intensidad casi depredadora.
Tras unos segundos de silencio calculado, habló.
—…Increíble. Jamás he visto nada parecido. ¿Cuánto pide por esto?
Subaru tragó saliva. No tenía ni la menor idea de la economía de este mundo. Oro, plata, cobre…
¿Cuánto valía una moneda? ¿Qué era mucho y qué poco?
Ocultando su nerviosismo detrás de una sonrisa despreocupada, respondió:
—Prefiero escuchar su oferta primero.
Garfiel:”Eso es capitán ni dejes que te alejen de las niñas.”
Otto:”Calmate Grarf y siéntate por favor.” Jalando al niño tigre a su asiento pues se había puesto de pie y saltó al ver a su capitán negarse a dejar a las niñas.
Ricardo:”Vaya, esa mujer se parece mucho al mini-jefe.”
Otto y Anastasia se inclinaron hacia delante cuando empezaron las negociaciones, otros también estuvieron atentos a como se desarrollarán las negociaciones.
Anastasia:”Lo está haciendo sorprendentemente bien al presentar el producto.”
Otto:”Sin mencionar que incluso ella sabe que es algo completamente único e inusual.”
Petra:’Mira Frederica-nee-sama que linda se ve.”
Al igual que la joven criada, muchos chillaron de ternura al ver la foto de la pequeña en la canasta.
Cush:”Incluso en esa edad es capaz de pensar rápidamente, al no saber sobre la moneda de nuestro mundo optó por dejar que sea ella quien de la primera oferta.”
En ese caso… puedo ofrecerle 15 monedas de oro sagradas.
El corazón de Subaru dio un salto. ¡¿Quince monedas de oro?! ¡Sonaba muchísimo! Pero recordó de inmediato una escena de un anime, donde el protagonista negociaba con una sonrisa falsa hasta arrancar el último cobre. No podía verse débil.
—Este objeto es único en este mundo. No encontrará otro igual, ni hoy ni en cien años. Si lo vendo, será por 50 monedas.
Miranda entrecerró los ojos. No parecía impresionada.
—Es cierto que está metia es impresionante… pero también es frágil. Además sus símbolos no son
comprensibles para la mayoría.
Su utilidad, fuera de su demostración, es limitada. Mi oferta es 25 monedas. No más.
—¡Vamos! Puede grabar la voz de una persona y reproducirla. Solo eso ya vale su peso en oro.
¿Qué tal 45 monedas?
En ese caso… puedo ofrecerle 15 monedas de oro sagradas.
El corazón de Subaru dio un salto. ¡¿Quince monedas de oro?! ¡Sonaba muchísimo! Pero recordó de inmediato una escena de un anime, donde el protagonista negociaba con una sonrisa falsa hasta arrancar el último cobre. No podía verse débil.
—Este objeto es único en este mundo. No encontrará otro igual, ni hoy ni en cien años. Si lo vendo, será por 50 monedas.
Miranda entrecerró los ojos. No parecía impresionada.
—Es cierto que está metia es impresionante… pero también es frágil. Además sus símbolos no son
comprensibles para la mayoría.
Su utilidad, fuera de su demostración, es limitada. Mi oferta es 25 monedas. No más.
—¡Vamos! Puede grabar la voz de una persona y reproducirla. Solo eso ya vale su peso en oro.
¿Qué tal 45 monedas?
Rem:”Es muy poco, sólo 15 monedas sagradas por el teléfono del héroe de Rem.”
Roswaal:”En efecto Reem~ es muy poco por el teléfono de nueestro querido Suuubaru-kuun~~ si se demostrará que Subaru-kun es de otro mundo el valor de ese teléfono sería indefinido~~~.”
Emilia:”Entonces se comprueba que Subaru es de más allá de la gran casaca le podría poner el precio que quiera a su teléfono o los objetos que trae consigo del otro mundo. ¿No?”
Beatrice:”Betty está sorprendida, no pensé que te darías cuenta mocosa.”
Entonces Emilia procedió a hacer lo que mejor sabe hacer cuando está molesta, pucheros unos pucheros adorables y en parte aterradores.
Al:”El anime salvando a pal, si que se fue grande con 50 monedas sagradas.”
Willhem:”La señorita Miranda esta juzgando mal el valor del teléfono de Subaru-dono ya que fuera de la demostración es más util, 25 monedas sigue siendo muy poco.”
Reinhard:”Pero recuerde honorable Abuelo que sólo Subaru sabe cómo usarla y sacar el mejor provecho de su teléfono.”
—Treinta —dijo Miranda, cortante, como una cuchilla afilada que descendía sobre el cuello de la
negociación—. O no hay trato.
Subaru sintió un escalofrío en la nuca. ¡Maldita sea! Si aceptaba tan rápido, parecería desesperado.
Pero si rechazaba, quizás perdía su única oportunidad. Se obligó a respirar hondo. Las bebés
estaban dormidas en sus brazos.
Tenía que mantener la compostura. Sería un comerciante de primera.
—…Ya veo. Parece que no podremos llegar a un acuerdo. Gracias por su tiempo, señorita Miranda.
Subaru hizo una leve reverencia, giró sobre sus talones, y comenzó a caminar hacia la puerta con
pasos lentos, firmes… fingiendo una seguridad que no sentía en absoluto.
—Cuarenta monedas de oro sagrado.
Subaru se detuvo.
—Le pagaré cuarenta —repitió Miranda—. Pero necesito que me enseñe cómo usarla correctamente y que garantice que funcionará al menos por un tiempo. Si acepta esas condiciones, el trato está cerrado.
Subaru no pudo evitar sonreír mientras se giraba. Sus ojos brillaban con una chispa de victoria contenida.
—Trato hecho, señorita Miranda.
Anastasia:”Vaya treinta monedas de oro sagrado no es tan mala oferta pero yo creo que puede obtener más.”
Julius:”Sin duda la táctica que uso Subaru funcionó aunque me pregunto ¿Ya sabía que iba a funcionar o sólo tentó a la suerte.? “
Ram:”Ja como si Barusu tuviera algo de suerte, lo único que sabe hacer Barusu es improvisar.”
Dato:
• 10 cobre ≈ 1 plata
• 10 plata ≈ 1 oro
• 10 oro ≈ 1 oro sagrado
Saliendo de la oficina de la Compañía Muse, Subaru guardó la bolsa que tintineaba con las 39
monedas de oro sagradas y se quedó mirando la moneda restante que sostenía con sus dedos.
—Uh... ¿tendrá sentido andar gastando esto en una tienda cualquiera? —murmuró, mientras notaba los grabados que decoraban el borde de la moneda, con una efigie de aspecto sagrado y formal.
Era la clase de cosa que gritaría "¡Róbame!" si la agitaba en la calle.
Así que regresó a la entrada y pidió que le cambiaran una moneda de oro sagrada por monedas más pequeñas, cosa que hicieron con la eficiencia y desdén de quien está acostumbrado a atender nobles torpes.
Le entregaron varias monedas de oro comunes, algunas de plata y varias de cobre, y el resto de su fortuna volvió a su bolsa de cuero, la cual ató bien a su cintura Acto seguido, emprendió camino a la tienda de leche que le habían recomendado.
El sol ya comenzaba a ocultarse tras los tejados curvos de la ciudad. Las sombras se alargaban, el
aire se volvía más frío, y Subaru apresuró el paso, escuchando los vagos llantos de las bebés desde
su saco improvisado.
Llegó a la tienda justo antes de que bajaran la reja de madera. Una mujer mayor con trenzas blancas
lo recibió con un bostezo a medio contener.
—Disculpe, ¿vende leche? Tengo... algunas niñas que necesitan alimentarse.
—¿Algunas? —La anciana entrecerró los ojos, y al ver el saco moverse como si albergara una pequeña jauría de mapaches inquietos, se le escapó una risa nasal—. Muchacho, ¿¡de dónde sacaste tantos bebés!?
—¿Qué puedo decir...? El amor no conoce límites ni calendarios —respondió Subaru con su mejor sonrisa estúpida.
La anciana soltó una carcajada sonora.
La leche fue cara, pero valió cada moneda de plata. Además, vio algo de queso duro que también compró para sí mismo.
Con una mano, Subaru sostenía el biberón de leche que le vendieron —un recipiente de cerámica con un embudo de cuero suave en la punta, lo más cercano a una mamadera— mientras con la otra intentaba acomodar a la bebé de cabello azabache entre sus brazos.
Durante unos segundos, solo escuchó el sonido de la pequeña sorbiendo con ansia, ajena al mundo que los rodeaba.
Los murmullos del mercado se desvanecían, y él, rodeado por las siete canastas, sintió que el mundo se reducía a ese instante, a ese momento entre su respiración y la de ellas.
Priscilla:”Hey chusma de clase baja prepárense porque el plebeyo tiene razón al llevar tantas monedas sagradas.”
Reinhard:”Priscilla-sama tiene razón, Subaru ya llamaba mucho la atención son su ropa y las bebés, ahora que sale de la compañía Mase es muy evidente que salió con algo de dinero.”
Garfiel:”Maldita sea.”
Emilia:”Subaru cuidate por favor y cuidarlas a ellas también.”
Rem:”Subaru-kun.”
Beatrice:”Subaru por favor ten cuidado.”
Todos en la sala entendieron las palabras de la Princesa del Sol y el Santo de la Espada tenían toda la razón ahora Subaru era un objetivo más grande.
Felix:”Nya Subaru-kyun hizo bien en pedir que le cambiarán nya algunas monedas sagradas nya.”
Felt:”Eso es cierto, esa bolsa pide a gritos robame.”
Otto:”Vaya Natsuki-san que bueno que se dio prisa a comprar el alimento para las bebés.”
Y entonces lo pensó.
Si las nombraba, iba a encariñarse. Más de lo que ya estaba. Más de lo que debería. Porque ponerle nombre a alguien era asumir que era parte de tu vida. De tu historia. Y no de paso.
“Un huérfano sin nombre es carne de cañón para los que tienen dinero”, le había dicho el comerciante unas horas antes, con un tono que aún le resonaba en los oídos. Era cruel, pero verdadero.
Y aunque esto fuera Lugunica, no parecía un reino con orfanatos, ni un sistema que protegiera a los desamparados.
Incluso si encontraba uno… ¿de verdad podría dejarlas ahí? ¿Podría caminar lejos mientras estas pequeñas lo veían partir? ¿Aunque no pudieran hablar, aunque no entendieran…?
—Tch… —chistó, apretando la mandíbula mientras sentía cómo algo en su pecho se deshacía lentamente—. Maldita sea… no puedo.
Sí, nombrarlas significaba apego. Significaba aceptar que eran suyas.
Pero también significaba que ya no serían solo unas niñas abandonadas en un callejón. Serían personas. Con nombre. Con historia. Con futuro.
Las iba a adoptar. No legalmente, no con papeles. No como lo haría alguien de este mundo.
Pero las iba a cuidar. Como padre. Cómo Subaru Natsuki.
Inspiró hondo, dejando que el aire templara el temblor que sentía en los dedos. Luego, miró a la bebé de cabellos azabache, acunada en su brazo, y sonrió.
—Así que tú eres la más glotona, ¿eh? —susurró Subaru con una sonrisa rendida, sintiendo cómo su cuerpo ya se acostumbraba al peso constante de esas siete pequeñas.
Sus dedos se deslizaron suavemente entre los mechones de su cabello. Lacio, sedoso, de un negro profundo que absorbía la luz tenue como si fuera una noche sin estrellas. Y sus ojos… un violeta oscuro, como la uva madura o la amatista en sombra.
—¿Sabes? —murmuró, con una sonrisa cansada pero tierna—. No sé por qué, pero hay algo en ti… algo que me transmite calma, como el cielo justo antes del amanecer.
La sostuvo con más fuerza, sintiendo el calor frágil de su pequeño cuerpo, y mientras lo hacía, el nombre vino a él como un susurro del viento helado que se colaba por las grietas.
—Amaris. Sí… Amaris, como la luna que guía en la oscuridad.
La bebé entrecerró los ojos, como si aprobara.
Beatrice:”Ya sabía que el Subaru de Betty no se iba a separar de las niñas, pero Betty se alegra que al igual que Betty Subaru les mostrará un hermoso futuro supongo.”
Cuando Emilia escuchó el nombre de Amaris su corazón dio un vuelco y se comenzó a calentar no sabía porque pero el nombre y que haya sido Subaru que haya puesto la ponía de esa manera, a veces soñaba con un bebé cuarto elfo de pelo negro le llegada el nombre de Chochorina que la llenada de una felicidad que apenas podía contener, pero el nombre de Amaris le provocada la misma euforia.
Con paciencia, Subaru se giró hacia la siguiente. Tenía cabellos dorados, de un tono más pálido que el oro, pero más cálido que el sol. Reía cada vez que Subaru le tocaba la nariz. Una pequeña burbuja de alegría.
—“Como una luz que siempre estará allí, incluso en la noche más fría”.. Para ti… el nombre Cassiopeia suena perfecto.
Felt:”Cassiopeia.” murmuro la joven ladrona el nombre de la bebé le parecía raro pero a su vez le causaba una felicidad que no podía identificar, sin embargo, no le molestaba lo que la molestaba es que no sabía de dónde venían esos sentimientos, pero al ver a Subaru darle de comer a esa pequeña le generó una sonrisa que apenas podía contener.
Una tras otra, las alimentó, una tras otra las observó. Cada una distinta. Cada una única.
La tercera tenía un cabello anaranjado intenso, como una flama a punto de estallar. Sus ojos, aún entornados, parecían concentrados incluso al beber.
—Fuerte y determinada, ¿eh? —murmuró Subaru—. Entonces tú serás Andrómeda, como la llama eterna.
Priscilla:(“Bien hecho plebeyo escogiste un buen nombre para nuestra hija, la tienes que criar con el orgullo de mi sangre de lo contrario me encargaré yo misma porque el mundo está de mi lado y me dará lo que deseo.”)
A la cuarta, de ojos azul profundo y cabello de un color marrón claro, le costaba tragar la leche.
Subaru la ayudó con cuidado, acariciándole la espalda. Era tranquila, callada, pero firme.
—Una constelación misteriosa necesita un nombre igual. A ti te llamaré Spica.
Rem ya no tenía duda alguna, esa niña es su hija es exactamente igual a la de su versión perezosa lo que la lleno de una felicidad que se comenzaba a desbordar por sus ojos, un torente de lágrimas salía de la sirvienta oni por ver otra vez a su amada hija pero también la lleno de dudas. ¿Por que está hay? ¿Quien se la llevó?
La quinta se revolvía en su manta como un torbellino. Tenía un cabello rosa tenue, casi blanco en ciertas luces. Era juguetona, incluso sin hablar.
—Pequeña revoltosa. —Subaru rio entre dientes—. Te llamaré Carina, porque pareces siempre navegando en tus propias aguas.
A través de la conexión con su hermana fue capaz de percibir todas las emociones que sentía en ese momento, lo que la término abrumado pues sentia mucha felicidad, preocupación, miedo, un ligero vacío, las emociones de su gemela eran tan grandes que casi la consumen.
Por lo tanto tuvo que suprimir su conexión con su gemela, sus propias emociones también la estaban abrumando al ver a Subaru y esa bebe también llegó a la misma conclusión que se gemela era su hija con Subaru tal situación con sus emociones y las de su hermana gemela la reencarnación del Dios Oni no supo que hacer más que ver la pantalla en Estado de shock
La sexta, de ojos almendra y cabello verde, lo miraba con curiosidad. Era más tranquila que el resto, pero su mirada parecía ver más allá.
—Sabes mucho para ser tan pequeña. Para ti… el nombre Maia te irá perfecto.
Crush:”Maia.” murmuró el nombre desconocido para ella y eso le trajo una felicidad que no podía identificar pero que no le desagradada y una sonrisa se asomó entre sus labios. Le gustaba el nombre y que haya sido Subaru quien lo hubiera escogido lo hacía mejor
Felix sentía un mal presentimiento al ver a la bebé y cuando volteó a ver a su dama su sonrisa al ver la pantalla a la bebé y Subaru sólo empeoró con, las pruebas eran claras y el parecido de ambos en la bebé era inefable y no sabía qué hacer.
La última estaba dormida antes de que la tocara.
Tenía el cabello lila claro, y sus pestañas largas descansaban con paz celestial. Le recordaba algo tierno, puro.
—Duerme como si el mundo no fuera tan cruel. Como si aún creyera que todo está bien. —La abrazó un poco más fuerte—. Tú serás Lyra. Una estrella serena.
Anastasia:”Mmh es un nombre bonito.”
Ricardo:”Te gusta el nombre o el hombre ana-boo HAHAHAHA.”
Anastasia le pisó la cola a Ricardo el cual soltó un grito de dolor sabiendo que se había excedido en su broma.
Terminada la alimentación, Subaru envolvió nuevamente a las siete, ahora nombradas, en sus mantas.
El corazón le palpitaba con una mezcla de emociones. ¿Orgullo? ¿Ternura? ¿Responsabilidad? Tal vez las tres. Pero una cosa era cierta: ahora no solo tenía que protegerlas… tenía que honrar esos nombres.
Cuando salió de la tienda con sus pequeñas envueltas y alimentadas, el cielo se había teñido de un púrpura profundo. La noche caía, y Subaru sabía que aún faltaba mucho por recorrer.
Y justo cuando tomaba el camino hacia la posada recomendada…
Al igual que Subaru el mayor sentimiento que dominaba la sala era orgullo por el muchacho sabiendo que incluso a esa edad él seguía siendo el mismo alguien que es incapaz de abandonar a alguien y menos a unos bebés.
Willhem:”Subaru-dono tiene un gran corazón y una gran determinación para darle un futuro a unas bebés.”
Garfiel:”Por supuesto que el capitán nunca las dejaría.”
Beatrice:”Sólo mencionan lo evidente kasira.”
Julius:”Sin embargo el camino que escogió Subaru es uno muy complicado.”
Ricardo:”No te preocupes Julius estoy seguro que el mini-jefe puede con ello.”
Roswaal:”Sin embargo Subaru-kun aun esta en una situación complicada~~ no sabe dónde está ni leer y escribir y cómo se hacen las cosas aquí~~ sin mencionar que hay gente que vayan por el~~.”
Felt:”Cállate payaso espeluznante todos sabemos que el hermano mayor puede con eso.”
—Alto ahí, forastero —dijo una voz.
Cuatro figuras emergieron de la sombra, interrumpiendo su paso. Sus miradas no dejaban espacio a la duda: aquello no era una bienvenida.
Subaru sostuvo con fuerza a las niñas y dio un paso atrás.
—Si buscan problemas, les advierto que tengo siete razones para no dejarme vencer —dijo, con
una sonrisa desafiante que no ocultaba del todo la tensión en sus manos.
