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Citas con el doctor Min

Summary:

Un dolor que parecía pasajero termina llevando a Hobi a un lugar donde no quería estar: el consultorio del doctor Min Yoongi.
Lo que empieza como una visita forzada se convierte en algo difícil de ignorar… aunque ninguno de los dos lo tenga claro al principio.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: El dolor inesperado

Chapter Text

 

Hoseok estaba en clase, explicando con entusiasmo su proyecto, cuando de pronto sintió una punzada en la mandíbula.

-¡Ay!

Se llevó la mano al rostro, intentando disimular.

El dolor era leve, apenas una presión incomoda. Pensó que desaparecería en unos minutos, causado probablemente por hablar demasiado.

Seguro es estrés.. nada grave,

Con ese pensamiento continuo pensando que no era nada de que preocuparse…grave error.

Más tarde, en la cafetería de la universidad, tomó un bocado de su almuerzo. Apenas empezó a masticar, sintió de nuevo ese dolor, y esta vez fue mucho peor. Hoseok dejo el tenedor sobre la mesa y cerró los ojos un instante.

-¿Hyung?

Jimin levanto la vista de la bandeja

-Es la segunda vez que lo veo tocándose la cara, ¿estás bien?

-Es la mandíbula. Me empezó a doler esta mañana.

-¿Y piensas ir al dentista?

-No.

La respuesta salió demasiado rápido.

Jimin arqueó una ceja

- ¿No?

- Tú sabes que odio los dentistas, me ponen muy nervioso. Intento cuidar mis dientes precisamente para no tener que visitarlos.

- Pero tampoco tienes que aguantar ese dolor. ¿Y si es algo serio?

Hoseok hizo una mueca

-No será nada grave.

-Eso mismo dicen las personas antes de descubrir que sí era algo grave.

-Gracias por tranquilizarme.

Jimin soltó una pequeña risa.

-Solo digo que deberías revisarte. Si quieres, te acompaño. El dentista de mi hermano es muy bueno.

Hoseok sonrió con ternura.

-Eres demasiado amable, Jimin.

-Y tú demasiado terco.

-Eso también.

Los días pasaron.

Al principio, Hoseok logró ignorar la molestia.

Después empezó a aparecer con más frecuencia.

Al masticar.

Al reír.

Incluso al bostezar.

Cada vez que el dolor regresaba, se prometía a sí mismo que desaparecería solo.

No necesitaba un dentista.

Solo necesitaba tiempo.

O al menos eso quería creer.

Grave error

Aquella noche el dolor se volvió insoportable.

Hoseok abrió los ojos de golpe y se incorporó en la cama.

Sentía la mandíbula palpitar constantemente, como si alguien estuviera presionándola desde dentro.

Intentó acomodarse.

Volvió a acostarse.

Se cubrió con la almohada.

Nada funcionó.

Después de varios minutos dio un suspiro frustrado y se levantó.

Comenzó a caminar por la habitación, sujetándose el rostro.

—No puedo con esto...

Las lágrimas aparecieron sin que pudiera evitarlo.

Probó masajes.

Probó analgésicos.

Incluso pasó más de una hora buscando síntomas en internet.

Fue un error.

Cada página decía algo distinto.

Estrés.

Problemas en la mordida.

Inflamación.

Cirugía.

Al final cerró el navegador más confundido que antes.

Y con el mismo dolor.

A la mañana siguiente tenía ojeras marcadas bajo los ojos.

Parecía haber peleado contra el sueño durante toda la noche.

Y había perdido.

Con una mano sobre la mandíbula, soltó un largo suspiro.

Ya no podía seguir posponiéndolo.

Tenía que ir al dentista.

—Tengo que ir al dentista... aunque muera en el intento.

Tomó el celular y marcó el número de Jimin.

—¿Hyung? —contestó al segundo tono.

—Jimin, anoche no dormí nada. Me duele cada vez más la mandíbula. Necesito urgente el número del dentista de tu hermano.

La preocupación fue inmediata.

—¿Tan mal estás?

—Siento que me estoy volviendo loco.

—Te paso el contacto ahora mismo. Y si quieres, te acompaño.

Hobi soltó una risa nerviosa.

—Gracias, Mimi. Pero creo que intentaré ir solo. Ya estoy grande para esto.

—Hyung, ser adulto no significa dejar de tener miedo.

Hoseok sonrió.

A veces Jimin era demasiado dulce para este mundo.

—Eres muy tierno.

—Tú lo eres más. Ahora escucha: no te eches para atrás.

Hubo unos segundos de silencio.

—Sabes qué...

—¿Qué?

—Mejor ven.

—¿Sí?

—Sí. Siento que no voy a poder hacerlo solo.

Jimin sonrió al otro lado de la línea.

—No te preocupes. Enseguida voy para allá.

 

Hobi estaba sentado en el sofá, con una mano apoyada sobre la mandíbula, cuando escuchó el timbre.

—Hola, Mimi.

—Hola, hyung.

Apenas abrió la puerta, ambos se abrazaron. Era casi ridículo considerando que se habían visto el día anterior, pero ninguno parecía dispuesto a mencionarlo.

—No aguanto más, Jimin... Siento que en cualquier momento me va a explotar la cara.

Jimin hizo una mueca.

—Hyung, no perdamos tiempo. Hay que llamar ya. A este paso, vas a terminar cumpliendo tu propia profecía.

—No me ayudas.

—Intento hacerlo.

Hoseok suspiró y tomó su celular.

Buscó el número del consultorio mientras intentaba ignorar los nervios que le revolvían el estómago.

—¿Y si me dicen que no hay citas esta semana?

—Diles que es urgente. No puedes dormir ni comer bien. Seguro te hacen un espacio.

Hoseok observó la pantalla durante unos segundos.

Luego respiró hondo y marcó.

—Hola... sí, necesito una cita urgente. Me duele mucho la mandíbula y no puedo dormir ni comer bien.

Del otro lado de la línea, la recepcionista revisó la agenda.

—Tenemos un espacio mañana a las diez de la mañana con el doctor Min. ¿Le sirve?

Hoseok tragó saliva.

—Sí... sí, mañana está bien.

Colgó el teléfono y se dejó caer contra el respaldo del sofá.

—Creo que me estoy arrepintiendo.

—Todavía ni siquiera has ido.

—¿Y si es algo grave? ¿Y si me sacan todos los dientes?

Jimin soltó una carcajada.

—O tal vez sobrevives.

—Muy alentador.

—Y quién sabe... quizá el doctor sea guapo y luego no quieras salir de su consultorio.

Los ojos de Hoseok se abrieron como platos.

Tomó una almohada y se la lanzó.

—¡Jimin!

—¿Qué? Solo digo que las posibilidades existen.

—¿Cómo puedes bromear cuando siento que se me rompe toda la mandíbula?

Jimin atrapó la almohada y sonrió.

—Porque si no me río, tú te vas a poner más nervioso.

Hoseok intentó mantener una expresión seria.

Duró exactamente tres segundos.

—Idiota.

—Pero tu idiota favorito.

La siguiente almohada llegó directo a su cara.

Y así comenzó una breve guerra de almohadas que terminó tan rápido como empezó cuando una nueva punzada atravesó la mandíbula de Hoseok.

—Ah...

Jimin bajó la almohada de inmediato.

—¿Otra vez?

Hoseok asintió mientras se llevaba una mano al rostro.

Por primera vez en toda la tarde, ninguno de los dos sonrió.

La cita estaba programada.

Y quisiera o no, al día siguiente tendría que enfrentarse a su mayor miedo.

A varios kilómetros de distancia, el doctor Min Yoongi terminaba de revisar los expedientes de sus pacientes para el día siguiente.

Pasó una hoja.

Luego otra.

Y otra más.

Hasta detenerse brevemente en un nombre.

Jung Hoseok.

No era más que otro paciente.

Otra consulta rutinaria.

Al menos, eso era lo que Yoongi creía.