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Era un día cálido de primavera. Naoto Hachiouji decidió ir a un restaurante lejos de la escuela para poder estar en paz y seguir dibujando su manga tranquilo. Desde ese día en la biblioteca no le había vuelto a dedicar tiempo a dibujarlo. Recordaba vívidamente ese día como si fuese ayer, aunque eso hubiera pasado hace ya un mes.
Esa chica bronceada leyó su manga y se rió de él, humillandolo hasta las lágrimas. Pero, sobre todo, lo leyó por completo. Con tan solo leer unas páginas de su obra pudo descifrar que clase de persona era y sus inseguridades que lo marcaban. Le dijo sus verdades en la cara y ridiculizó su intento de escapismo disfrazado de historia original. Para rematar, su humillador era una chica un año menor que el. ¿En serio era tan fácil de leer? ¿En serio era tan patético que hasta una niña de un grado inferior se reía de él?
Ese fue el comienzo de su relación con Nagatoro. A partir de aquel día se la iba a encontrar todos los días escolares sin excepción. No importaba lo que hiciera, se iba a encontrar de una forma u otra con ella. Ya sea que estuviera yendo a la preparatoria, dibujando en su club de arte o caminando en los pasillos se iba a encontrar con ella tarde o temprano. Siempre con una sonrisa en el rostro y su personalidad juguetona, yendo a provocarlo o reírse de él. Él no estaba habituado a confrontar a sus agresores así que lo único que hizo fue amoldarse al rol que le quedaba en ese juego y recibir lo que tuviera por delante.
Sus bromas se fueron suavizando y con el tiempo se fue adecuando a esas interacciones. Pero seguía siendo raro. Él, alguien de pocos amigos y con nulas habilidades sociales, pasando el tiempo casi a diario con una linda chica un año menor que él.
La relación en general era rara, así como las emociones que le generaba su presencia. Naoto tenía sentimientos encontrados por ella. A veces le irritaba y otras veces la quería cerca. A veces la odiaba y otras veces la amaba. La quería tanto como la odiaba. No sabía siquiera como considerarle, ¿amiga? ¿bully? ¿algo más?
Nagatoro le traía brillo a sus días con sus ocurrencias y bromas. Era innegable que, pese a lo malo, el chico la apreciaba bastante. "Quizás me volví masoquista por un poco de atención", a veces se decía cuando pensaba en ella.
Sin embargo, no podía evitar tener la sensación de que algo andaba mal. ¿Porque ella se toma la molestia de verlo todos los días de escuela? No podía evitar pensar que había algo detrás de esto. Quizás era una apuesta o un reto de sus amigas o quizás era algo peor que ni se podía imaginar...
Hasta ahora no se la había topado con ella en el día y quería paz para seguir con su manga. Sentía que si empezaba a trabajar en su manga en frente de la morocha lo más probable es que se riera de él como por una hora y lo volviera a humillar como pasó la última vez.
En eso estaba cuando entraron unos pibes al restaurante. Estaban en una cita doble y, para su sorpresa, Nagatoro estaba con ellos. En silencio y sin que lo notarán, observó la cita a la distancia.
Sucedió lo último que se imaginaba en su cabeza. Contrario a la personalidad que ella siempre mostraba cuando iba a molestarlo, Nagatoro se mostró indiferente ante ellos. Fue directa cuando ellos trataron de chamuyarle. Destrozó sus esperanzas de una segunda cita en cuestión de segundos y sin siquiera pestañar.
Era como observar una persona totalmente diferente a la que conocía. Una persona más reservada y más fría. Esa chica que observaba en esa cita parecía más apática y, hasta cierto punto, calculadora. No había ni rastros de la chica que el conocía ahí más que la apariencia.
"¿En serio soy él unico al que ella trata así? ¿Por qué?" Se decía a si mismo. Se fue del restaurante poco tiempo después de ellos y caminó a su casa. No se podía volver a concentrar en su manga, su cabeza estaba tratando de resolver el acertijo que era toda esta situación y sin importar cuántas vueltas le diera, no podía encontrarle sentido a ello.
En el camino se encontró con su kohai de nuevo y trato de traer el tema a colación, pero pensó un poco mejor sobre lo que podría pasar si le mencionaba que la observó sin que ella lo supiera y decidió no decirlo. El resto de la interacción fue su rutina normal de provocación, de gato y de ratón, ya tan habitual entre los 2.
Se despidieron al llegar al punto dónde se separan sus caminos y, una vez llego a su casa, se encerró en su cuarto. Trato de distraerse haciendo tarea pero los pensamientos volvían a lo mismo. La pregunta permanecía en su cabeza, ¿por qué? ¿Por qué ella lo trata así? ¿Por qué ella pasa tiempo con él? ¿Cuáles son sus intenciones?
Se acostó en su cama y reflexionó. Alguien tan solitario y golpeado por la vida cómo él no podía evitar pensar que había algo más detrás de todo esto. Debía haber alguna doble intención, ¿cómo no habría una segunda intención? Fingir amistad para aprovecharse de él y luego burlarsele por su ingenuidad. Una chica popular cómo ella no vendría a él como si nada sin una buena razón. Puras supersticiones provenientes de un mecanismo de defensa para evitar volver a la vulnerabilidad.
Entrecerró los ojos y, de repente, apareció en medio de la biblioteca. Era idéntica a la biblioteca de su escuela pero había, ¿neblina? Estaba dibujando su manga pero no estaba solo. A su lado, estaba un pibe que de su primaria que reconoció al instante, uno de los cuántos que se le rieron en la cara en su vida. No había pensado hace ya rato en esos años y se había convencido de que no podía recordar la sensación ni las caras de sus agresores. Pero guardarse las cosas para evitar un trauma eventualmente termina en que todo explote de formas indeseadas.
El pibe ojeo su manga y le dijo "¿Todavía sigues dibujando esta mierda flaquito? Que ridículo, no puedes ni sostener una conversación con alguien sin titubear y tu única solución es esconderte refugiado en esta mierda" y se rió de él. Varias personas surgieron de entre la neblina. Podía reconocer varios de sus rostros, personas de su pasado que lo pisotearon al tener la oportunidad y que había tratado de olvidar. Se empezaron a burlar de él, atacando sus inseguridades. "Mirenlo, esta tan flaco que de un soplido lo levantas" "Mirenlo, es más débil que una chica un año menor que él".
De entre la multitud emergió Nagatoro. La chica agarró el manga y dijo "¿En serio sos tan patético para tener que proyectarte en un manga para escapar de tu triste vida? Ay, mi patético y triste senpai" con una sonrisa burlona y sádica riendose de él. Naoto trato de agarrar su manga de vuelta pero apenas trato de hacerlo recibió una patada en el estómago de la morena.
Ya en el suelo alzó la mirada para ver como las caras de todos en la multitud empezaban a cambiar de forma. Empezaron a mutar y, de repente, todos ellos tenían la cara de Nagatoro. Las personas empezaron a reírse más fuerte y con insultos cada vez más fuertes al chico.
La chica se le reía en la cara y él sintió como las lágrimas empezaban a brotar de sus ojos. Trató de gritarle que se detuviera pero las palabras no le salían. Era como si su boca hubiera sido cocida para desfortunio del chico que solo quería gritar. Gritar de dolor, gritar de desesperación y gritar en suplica para que este momento se acabe.
En su impotencia, trato de cubrirse los ojos pero la chica le sujeto las manos y dijo "Ey Senpai, es de mala educación no mirar de frente cuando hablas con alguien" con una risa maliciosa. Lo único que podía hacer era observarla fijamente mientras ella hablaba "¿En serio pensaste que iba a pasar algo entre nosotros dos? ¿En serio pensaste que me junto con vos por algo más que para burlarme de lo patético que sos en cada aspecto habido y por haber? Recorda, siempre serás así de patético y nadie te querrá, jamás".
Despertó sobresaltado y sudado. Sus pensamientos intrusivos lo habían agotado mentalmente y ni al dormir lo dejaban en paz. Agarró sus lentes y chequeó la hora de su celular, eran las 4 de la mañana, 2 horas antes de la hora de despertarse. Volvió a pensar en todo, más perturbado que nunca.
Naoto no quería volver a ser dañado. Estaba en modo alerta constante cada vez que la morocha lo visitaba, pero se había acostumbrado hasta cierto punto a ella. No sabía si es que le gustaba esa actitud de esa chica o si solo lo aceptaba por no saber cómo cambiar esa dinámica. Quizás ya se sentía tan habituado a ser menos que lo había naturalizado sin darse cuenta.
Había soportado todo eso pero este último encuentro que presenció le confirmo que había algo detrás de esa actitud juguetona de aquella chica de tez bronceada. No sabía que era y eso era peor para su mente perturbada.
Reflexionó en silencio sobre lo que había visto y empezó a tratar de atar cabos. Esa actitud fría e, inclusive, calculadora que había visto de la chica lo dejó desconcertado. Se convenció que todo es solo un elaborado plan de la chica para hacerle ganarse su confianza y después burlarse de alguna forma.
Pensó, por eso es que su actitud era más cruel en sus primeros encuentros. Esa Nagatoro y la que vió en el restaurante eran la verdadera y lo que había visto en el último mes solo era una fachada para ganarse su atención. Quizás no tenía del todo sentido lo que se planteaba pero su cerebro ya solo buscaba la primera explicación que pudiera encajar las piezas del rompecabezas.
Después de ese sueño tenía claro que debía hacer algo al respecto. Tenía que evitar volver a quedar vulnerable. Tenía miedo de lo que podría pasar después de esto pero era más el miedo a lo que podría pasar si no lo hacía. Su paranoia había decidido su accionar, tenía que cortar su relación con Nagatoro.
