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La niñera Oli

Summary:

Olivia Fernández conoce a Amadeo Alvarez.

Notes:

La idea era hacer un drabble, pero el primer intento fue de casi 2000 palabras.

Esta historia la tengo en el tintero desde la fecha FIFA de marzo 2026 (LA MEJOR DE TODAS) pero no conseguía aterrizarla, hasta que la iniciativa de drabbles me dio el empujoncito. Si bien no quedó en menos de mil palabras, encontré que no necesitaba tantas palabras para hablar sobre el hermoso lazo entre Olivia, Julián y Enzo.

Mis historias favoritas siempre serán con Olivia, pues el genuino amor que le tiene a Julián y el de Juli por ella me parecen claves en el Julienzo.

Un enorme agradecimiento a miss_mercuryy por su apoyo como beta para este OS. Gracias por todos las sugerencias, reina!!!

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

 

 

 

 

Olivia está tan inquieta que se asoma al balcón del departamento en Nuñez, ese donde le gusta pasar los atardeceres con su papá cuando éste no concentra en el predio de la AFA, mientras él le señala la majestuosa figura del Monumental y le cuenta historias de cuando era jugador de River.

Sus historias favoritas son aquellas que también involucran al tío Juli, las que pide a su papá que le vuelva a contar una y otra vez.

—No por vigilar la calle van a llegar más rápido, Oli —dice Enzo, con un tono de diversión en la voz, mientras se acerca a su princesa.

—Es que ya quiero conocerlo, papi —En los labios de la pequeña aparece un puchero idéntico al del padre.

—Están en camino. Pronto lo vas a conocer.

—Papi, ¿no te molesta que use esta remera? —Enzo sonríe con ternura ante la mirada mitad interrogadora y mitad preocupada de su hija.

—Mi amor, amo que uses las remeras con mi número y mi nombre, pero esta es preciosa.

Ella se la pidió y, con una enorme sonrisa, su papá la consiguió. Nunca lo confesaría, pero a Enzo le encantó ese pedido. Es parte de su complicidad padre - hija.

La niña está usando una remera de la selección, al igual que Benja; pero, en lugar del E. Fernández y el 24, la remera tiene estampada en la espalda un gran 9 y J. Alvarez.

Finalmente, ven un auto detenerse y estacionar en el espacio de invitados.

—¡Llegaron! —grita Oli emocionada y corre hacia la puerta, con Benja detrás de ella, que sigue a todos lados a su hermana.

La mini Fernández no puede contenerse cuando la puerta del ascensor se abre.

—¡Tío Juliiiiiiii! —Olivia se lanza a los brazos del castaño ni bien sale del ascensor, quien la recibe en el aire para hacerle upa.

—¡Mi princesa! —La sonrisa de Julián muestra su felicidad por el reencuentro con su pequeña consentida.

—¿Y tu bebito?

—Aquí está, —la sonrisa del castaño se hace más amplia, mientras señala con la cabeza a Emilia, que lleva en brazos a Amadeo.

—Bienvenidos —Saluda Enzo a los recién llegados Julián, Emilia y la mamá de Emilia, mientras toma el cochecito del bebé para ayudarlos. Todos entran al enorme departamento y se ponen cómodos.

Olivia se abstrae de las presentaciones y conversaciones entre los adultos. Está hipnotizada, observando el bultito que se mueve entre los brazos de Emilia. La ojiverde la invita a acercarse.

—Él es Amadeo, Oli.

Olivia lo mira embelesada. Es tan, pero tan chiquito, que le hace recordar a Benja, aunque no se parecen. En Benja-bebé resaltaban sus cachetes regordetes y rosados. En Amadeo, lo que más resaltan son sus ojos, que se parecen tanto a los de su mejor amigo.

—¡Es muuuy bonito! —dictamina la mini Fernández —sus ojitos son como los de mi tío Juli, pero sería más bonito si también tuviese sus rulitos.

Todos los adultos presentes se ríen.

—Es muy chiquito para tener rulitos, mi amor, pero seguro que cuando sea más grande los va a tener y se va a parecer aún más a tu tío Juli. —le dice Enzo, risueño.

—Entonces ya no va a ser bonito, sino precioso como mi tío Juli —dictamina la castaña, convencida, y Julián siente en el pecho una emoción profunda, tal como cuando otro Fernández lo llama de la misma manera. La misma emoción que sintió al ver a Olivia usando una camiseta con su nombre y su número.

Benja también mira con curiosidad al bebé, y lo señala. Intenta tocarlo, pero su hermana se lo impide.

—No Benja, si querés tocar al bebito tenés que lavarte las manos. ¿No es cierto, papi?

Por una fracción de segundo, los ojos de Enzo se conectan con los de Julián, compartiendo un brillo especial, y de inmediato mira con adoración a su hija.

—Así es, mi amor, para tocar a un bebito, hay que tener limpias las manos.

—¡Limpas! —repite Benja, y sigue a su hermana hacia el baño, donde la mayor lo ayuda a lavarse las manos, con proverbial minuciosidad para una nena de casi seis años, y luego lava las suyas hasta dejarlas rojas de tanto restregarlas.

Cuando regresan a la sala, Emilia y Valentina están preparándose para salir. Oli recuerda haber escuchado algo sobre una reunión, agencia y marcas. Amadeo está en su cochecito, cerca de su abuela, quien descansa en uno de los sofás. Julián y Enzo siguen de pie, uno al lado del otro.

Emilia agradece a su mamá por encargarse de Amadeo, y la mini Fernández pregunta:

—¿Puedo ayudar a cuidarlo?

La cordobesa le guiña un ojo a Valentina.

—Ah, ¿y vos tenés experiencia cuidando bebés?

—¡Claro que sí! —replica la castaña, ofendida— he cuidado a Benja desde que era más chiquito que Amadeo.

—Puedo dar fe —Interviene Enzo, con una sonrisa pícara.

—Mejor niñera no conseguimos, Emi —agrega Julián, divertido.

—Listo, con tan buenas referencias, quedás contratada por esta tarde, Oli. Cuidá a Amadeo por mí, por favor.

 

 

Olivia se toma muy en serio lo de cuidar a Amadeo. Busca a su muñeco favorito (el de Stitch, que le regaló Julián) para que acompañe al bebé en el cochecito, y le canta las nanas que su mamá cantaba a Benja cuando era un bebé de cuna y que ella aprendió a la perfección. Benja la "ayuda", encantado y muy curioso con el nuevo amiguito.

Dos pares de ojos los observan, encantados. Para ellos, no hay nada más hermoso que ver a las razones de sus vidas, juntos.

—¿Unos mates? —Consulta Enzo a su otra razón de vida.

—Dale, pero vos los cebás —responde sonriente Julián.

—Como siempre, vago.

Ambos salen a la terraza, donde se ponen a matear y conversar. De rato en rato, Oli los observa.

El tío Juli es el mejor amigo de su papá, y también el de ella. Su papá lo quiere muchisísimo, él se lo dice siempre. Pero, aunque no se lo dijese, ella igual lo sabría, por la forma en que sonríe cuando ve sus fotos o sus videos cuando están lejos, o por la manera en el que se le ilumina el rostro cuando están juntos.

Oli también quiere muchisísimo al tío Juli, porque es muy bueno y la quiere mucho, y le habla todo el tiempo, y juega con ella y le hace upa cuando se ven, pero lo quiere un poquito más porque su presencia, incluso estando lejos, hace feliz a su papá.

Aún si el mediocampista está demasiado triste o molesto, como cuando el Chelsea pierde y se recluye en el ala de la casa en Londres que es exclusiva para él, pero donde Olivia entra a escondidas hasta llegar a su papá para rodearlo con sus bracitos y él, sin decir palabra, la sienta con cariño a su lado y permanecen así, en silencio; es escuchar la canción que el morocho tiene como ringtone predeterminado para las llamadas del tío Juli y ver cómo de forma automática su atractivo rostro se ilumina y el puchero triste o enojado en los gruesos labios rosados se troca en una hermosa sonrisa, y sus ojos empiezan a brillar como dos estrellas, y Oli sabe que ya puede regresar a seguir jugando con Benja, porque su papá estará bien.

Ahora, los ve mateando y charlando tan felices, en esa especie de mundo impenetrable que parece crearse alrededor de ellos cuando están juntos, mundo que ella es de las poquísimas personas, por no decir la única, que tiene la facultad de poder atravesar, y Oli se siente muy feliz. Feliz de ver a su papá tan contento. Feliz de ver a su tío Juli tan, pero tan contento.  

Los quiere tanto, pero tanto, que verlos así de felices la pone también muy, muy feliz.

Mira a Benja a su lado, y el amor que siente por su hermanito es también muy, muy grande.

 

Tanto como le gustaría querer a Amadeo.

 

Por eso, hace uso de sus poderes especiales para ingresar en el mundo de su papá y su tío Juli.

—Papi, ¿Me prestás tu celular? Es que quiero tomar una foto a mi hermanito y a Amadeo. Mirá lo lindos que se ven.

En efecto, Benja está apoyado al cochecito, mirando con toda su atención al bebé. La imagen es tan perfecta que Enzo de inmediato entrega su celular a su hija, y ella toma la foto que quería. Julián imita a Enzo.

—¿Podés tomar una foto para mí también, princesa?

—Claro, tío Juli —accede la castaña, feliz de hacer algo por su mejor amigo —y ahora les tomo una a ustedes —agrega, dándoles apenas tiempo a Julián y Enzo a sonreír para la foto.

Cuando entrega los celulares, Olivia se muestra dubitativa. Enzo, que la conoce mejor que nadie, sabe que se muere por preguntar algo.

—¿Qué pasa, mi amor?

—Es que… yo quería pedirles permiso.

—¿Permiso para qué?

—Para querer a Amadeo como si fuese mi hermanito.

Los dos mayores se quedan en un sorprendido y conmovido silencio por un par de segundos, mientras se miran, con una de esas miradas con la que Oli sabe que ellos hablan entre sí.

—Claro que sí, mi amor. Es hermoso que querás así a Amadeo. —responde Enzo, muy suave.

—Para Amadeo va a ser una bendición tener una hermanita como vos, mi princesa. —agrega Julián, con evidente emoción en la voz.

Oli está encantada. Su primera pregunta tuvo una respuesta positiva. Eso la anima a preguntar algo que, desde hace mucho, pero mucho tiempo para una niña de casi seis años, también quiere preguntar.

—Entonces, ¿Puedo querer al tío Juli como si fuese mi otro papá?

Esta vez, la sorpresa del delantero y el mediocampista es mayúscula. Oli siente su corazón latiendo con mucha fuerza.

—Es que yo quiero al tío Juli más que a mis otros tíos, casi casi como a vos, papi, y lo veo tan poquito que me gustaría quererlo así cuando estamos juntos.

Julián debe parpadear varias veces, antes de abrir sus brazos es una invitación que la niña entiende a la perfección, corriendo a abrazarlo.

—Y vos, Oli, ¿me dejás quererte como a una hija también? A vos y a Benja, obvio. ¿Te parece?

Oli no necesita pensarlo.

—¡Sí, me encanta! Papi, entonces vos tenés que querer a Amadeo como si fuese mi otro hermanito.

Enzo tiene los ojos mucho más chinitos de lo habitual.

—Claro que sí, mi amor, así voy a querer a Amadeo, como si fuese Benja o vos.

Olivia se siente tan feliz que tiene ganas de bailar y aplaudir, pero se recuerda que está a cargo del bebé. Se separa de Julián y anuncia:

—Voy a seguir cuidado a mi hermanito Amadeo. —se acerca a Enzo y lo abraza— Te quiero mucho, papi —luego, vuelve a acercase a Julián y también lo abraza— Te quiero mucho, papi Juli.

 

Olivia vuelve al lado de Amadeo, para seguir “cuidándolo”, mientras sus papás la siguen mirando, con ternura infinita.

Nunca dejará de sorprenderles y llenarles el alma la forma en que el candor y el cariño tan puro de Olivia los une aún más.

 

Nuestra hija es increíble, Ju —musita Enzo, mirando con todo el amor del universo a Julián, muriéndose por dentro por estrecharlo en sus brazos.

 

El castaño le devuelve la misma mirada, con el mismo loco deseo de abrazarlo y besarlo, pero se dice que muy pronto, en la concentración, podrá hacer realidad su deseo. De momento, sólo hay una respuesta que dar al amor de su vida.

 

—Sí, Enzo, nuestra hija es increíble. Nuestros tres hijos lo son.

 

 

 

 

 

Notes:

Si llegaron hasta acá sin un coma diabético (me declaro culpable), agradezco su lectura.
Sí, hice pequeños guiños a mis otras historias con Olivia, pero en mi mente las cosas suceden así. Olivia adorando a Julián y Julián amando a su princesa son canon en este y todos los universos.
Kuditos y comentarios son siempre bienvenidos.
Un abrazo enorme, y ojalá el mundial nos regale más momentos de Julián y Oli juntos.