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Amor en el aire...o no?

Summary:

Dunk decide que el amor de su vida no puede ser algo del azar… tiene que estar en algún lugar del mundo, esperando por él. Inspirado por las comedias románticas que tanto ama, compra seis vuelos a destinos turísticos “románticos”, convencido de que el destino lo hará coincidir con esa persona especial en un avión.

Pero tras varios intentos fallidos, asientos incómodos, desconocidos amables pero equivocados y una creciente sensación de ridículo, Dunk empieza a perder la fe en su propio plan.

Hasta que en su noveno vuelo, cuando ya no espera absolutamente nada, conoce a un hombre que no encaja en ninguna de sus fantasías… pero que podría cambiar por completo la forma en que entiende el destino.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Eran las 9:45 de la mañana cuando Dunk ya se encontraba en el aeropuerto listo para abordar. Se suponía que su vuelo saldría a las 9:00 a. m., pero había sufrido un retraso por “cuestiones técnicas”, según dijo la señorita del mostrador. Como compensación, le ofrecieron un descuento en su próximo viaje.

A Dunk no le molestaba demasiado esa “solución”. En realidad, los motivos que lo llevaban a estar ahí eran más absurdos que el retraso del vuelo.

Todo había empezado con un loco plan inspirado en la película A Lot Like Love, donde dos personas se conocen durante un vuelo y el destino sigue reuniéndolos una y otra vez. Dunk, fanático de las comedias románticas y de las novelas de amor, estaba cansado de la soltería y de las relaciones fallidas, así que decidió que tal vez el amor de su vida podía estar en un avión.

Por eso terminó comprando seis vuelos de ida y vuelta a diferentes destinos turísticos, cada uno con asientos distintos, con la esperanza de que el amor simplemente… llegara a sentarse a su lado.

Al principio todo parecía perfecto: conocer gente nueva, viajar y visitar destinos románticos. Su trabajo se lo permitía, ya que era ingeniero en una empresa tecnológica y trabajaba principalmente desde casa. Solo necesitaba una buena conexión a internet y su computadora para funcionar.

Todo parecía ideal… hasta que dejó de serlo.

Iniciemos con el primer vuelo…

Vuelo 452: destino Italia

Dunk había elegido el mejor comienzo posible. Siempre había querido visitar Verona desde que vio la película Cartas a Julieta. Y qué mejor, pensaba, que encontrar al amor de su vida durante el viaje.

Se había arreglado con cuidado. Llevaba una camisa blanca que resaltaba su complexión atlética, el cabello ligeramente desordenado pero atractivo, lentes de sol oscuros y pantalón de mezclilla negro. Era un look sencillo de aeropuerto, pero suficiente para llamar la atención desde que llegó a la fila de documentación.

Además, llevaba un perfume intenso que no pasaba desapercibido.

Para su primer viaje eligió la zona VIP. Quería empezar “en grande”.

En su mano llevaba un libro, no solo para parecer interesante, sino porque realmente le gustaba leer. Su lectura actual era The Unbearable Lightness of Being.

Sin embargo, toda su preparación pareció no servir de nada cuando su acompañante finalmente llegó.

No era lo que esperaba.

Era un hombre de unos cincuenta años. Por su forma de vestir y su porte, no había duda de que en su juventud —e incluso en sus treinta o cuarenta— debió haber sido muy atractivo. Y aunque todavía conservaba ese aire elegante, Dunk tenía en mente un tipo de “amor” completamente diferente.

Así que lo descartó casi de inmediato.

Durante el vuelo se concentró en su lectura, aunque de vez en cuando el señor intentaba conversar con él. Era amable y respetuoso. Le habló de su empresa, dedicada a la fabricación y distribución de materias primas para cosméticos, y de su viaje familiar para conocer a sus nietos.

Al final, el vuelo transcurrió sin problemas.

Y Dunk estuvo aliviado cuando pudo salir de ahí.

No porque el vuelo hubiera sido malo. De hecho, el señor había resultado ser una compañía bastante agradable; incluso le había enseñado fotografías de sus nietos durante el aterrizaje.

Pero no era el amor de su vida.

Y ese detalle era importante.

Muy importante.

Porque, según su brillante plan, ya debía estar viviendo el inicio de una historia digna de una película romántica.

En cambio, llevaba doce horas de viaje, había gastado una cantidad absurda de dinero y lo más cercano que había estado del amor había sido escuchar a un empresario hablar con entusiasmo sobre ingredientes para cremas hidratantes.

—Esto va a funcionar —se dijo a sí mismo mientras arrastraba su maleta por el aeropuerto de Verona—. Apenas es el primer vuelo.

Se repitió la misma frase durante los siguientes cuatro días.

Mientras recorría calles empedradas.

Mientras visitaba la famosa casa de Julieta.

Mientras se tomaba fotografías completamente solo.

Y especialmente mientras cenaba en restaurantes llenos de parejas.

Porque sí, Verona era hermosa.

Pero Verona era mucho menos romántica cuando no tenías con quién compartirla.

Vuelo 453 – Regreso a casa

“Está bien, el primer viaje no fue lo esperado, pero aún nos quedan diez vuelos más para mejorar. Intentémoslo una vez más.”

En esta ocasión, para el vuelo de regreso, Dunk eligió un look más relajado. Llevaba un suéter de punto gris claro con otro azul marino sobre los hombros, en un estilo muy old money. Un pantalón gris amplio tipo sweatpants, cómodo pero elegante, y tenis azules sencillos sin estampados.

Para el cabello, esta vez llevaba una gorra azul marino que le daba un aire deportivo y casual tenía su café en mano cuando lo vio era un chico un poco más alto que él, demasiado atractivo, podría decirse. Llevaba una camisa negra de manga larga, pantalón gris con roturas en las rodillas, lentes de sol negros y tenis blancos con suela café, que combinaban con el café de su mochila. En su mano sostenía el celular conectado a unos audífonos con cable.

Tal vez este sí podía ser el amor de su vida…

Tomó asiento a su lado, y Dunk se emocionó de que el regreso fuera junto a él. No sabía cómo iniciar la conversación; su plan no había llegado tan lejos. Así que trató de observarlo, buscando algún tema del que hablar notó que el chico parecía algo confundido con su teléfono, revisando su pase de abordar.—Dunk aprovechó.—¿Es tu primer vuelo?

El chico sonrió a su lado.—¿Es tan obvio?

Dunk pensó que nunca había visto una sonrisa tan bonita.—Algo… —dijo, dudando un poco—. ¿Necesitas ayuda? Me llamo Dunk, y últimamente soy un experto en viajes.

—El chico soltó una pequeña risa.—Me llamo Pond. Y he viajado antes, solo que normalmente lo hago con mis amigos. Esta vez tuve que regresar antes que ellos por problemas de trabajo— su sonrisa se apagó un poco al decirlo.

Dunk estaba a punto de responder cuando una azafata se acercó y le dijo algo al oído a Pond despues de eso con las orejas rojas se levantó.—Lo siento —dijo con su misma sonrisa tímida—. Fue un gusto conocerte. Adiós, Dunk y se alejó sin decir más

Dunk no entendió qué había pasado. Solo lo vio caminar dos filas hacia atrás y sentarse en otro asiento minutos después llegó una chica joven, de su edad, rubia, con ojos grises que parecían atravesar a cualquiera. Se veía amable. Frente a ella se sentaron otras dos chicas; viajaban en grupo la nueva compañera de Dunk no lo miró ni una sola vez pero a él tampoco le importó demasiado porque estaba demasiado ocupado mirando hacia atrás.

Buscando a Pond el asiento junto a él seguía libre por un momento se le ocurrió una idea absurda: cambiarse de lugar cuando el vuelo comenzara pero su plan se derrumbó cuando vio que otro chico ocupaba ese asiento era alguien de cabello castaño, parecía más joven que él. Sin embargo, bastaron unos minutos para notar cómo le sacaba risas a Pond… y cómo esas mismas orejas volvieron a ponerse rojas. Dunk soltó un leve resoplido y dejó de mirar se acomodó en su asiento y cerró los ojos quizá sí se podía encontrar el amor en un avión…pero, una vez más, no era su destino.

Después de aquel desastroso primer intento, Dunk decidió no rendirse de hecho, redobló su apuesta si el amor de su vida no estaba en el primer vuelo… entonces seguramente estaría en el siguiente o en el siguiente o en cualquiera de los otros cinco que había comprado con tanta confianza.

Y así comenzó su pequeña —y cada vez menos romántica— odisea aérea.

Los siguientes vuelos de ida lo llevaron a destinos que, en su mente, eran escenarios perfectos para enamorarse: ciudades con calles iluminadas, cafés frente al mar, y paisajes que parecían sacados de una película. Pero la realidad siempre encontraba la forma de interrumpir su fantasía. A veces le tocaban señoras mayores que dormían apenas el avión despegaba o ejecutivos demasiado ocupados en sus laptops como para levantar la vista.

En una ocasión, un niño pequeño pasó todo el vuelo preguntándole si “iba a buscar a su mamá en el avión”. en otra, su asiento estuvo junto a alguien que simplemente se puso audífonos y se quedó dormido antes de que el avión alcanzara altura de crucero y en los vuelos de regreso… la historia no era mejor Dunk ya no viajaba con ilusión viajaba con resignación.

Se sentaba, se acomodaba el cinturón y observaba cómo, una vez más, el asiento a su lado era ocupado por alguien que claramente no era “el indicado”.

Una señora que le ofrecía dulces.

Un adolescente que no soltaba su videojuego.

Un hombre que roncaba incluso antes de despegar.

Una pareja que ignoraba completamente su existencia.

O simplemente… nadie que le generara ni un segundo de duda el patrón se repetía con una precisión cruel gente pasaba por su vida hablaban con él, incluso eran amables con él, pero nadie era esa persona, nadie se quedaba, nadie encajaba en la historia que Dunk había imaginado y poco a poco, incluso su entusiasmo comenzó a desgastarse ya no revisaba su reflejo antes de abordar ya no elegía outfits con tanto cuidado ya no imaginaba escenas románticas en su cabeza solo abordaba se sentaba miraba la ventana y esperaba que el vuelo terminara.

Vuelo 520 – Destino Roma

Ahora estaba ahí: el último destino romántico.

Vuelo número 9.

Solo quedaban este vuelo y el regreso a casa. No tenía más viajes, ni tampoco el ánimo o las energías para hacerlo. Todo había sido en vano; jamás hubo un solo intento exitoso en este plan. Y, irónicamente, estaba feliz de que por fin terminara ya no soportaba más los aeropuertos, los hoteles ni la comida de avión. Además, se había arrepentido de haber elegido solo destinos románticos, porque durante su estancia había visto a las parejas más felices sonriendo, besándose y tomándose fotos al inicio le había parecido lindo y encantador, imaginando que en su siguiente destino podría ser él.

Pero ahora solo sentía cansancio… y molestia. Se sentó en su asiento con los ojos cerrados, esperando que el vuelo despegara, ya sin ninguna esperanza cuando llegó su acompañante, Dunk ni siquiera abrió los ojos. Había dejado de usar la zona VIP después de cuatro vuelos; ahora siempre se sentaba en clase económica, generalmente en el asiento de ventana escuchó ruidos a su lado: alguien acomodando su equipaje en el compartimento superior, moviéndose sin cuidado, invadiendo un poco su espacio.

No le dio importancia… hasta que sintió un golpe en el brazo abrió los ojos, irritado, y volteó era un niño, con un dulce en la mano al parecer, ahora a su lado tenía a una mujer con su hijo de dos años en brazos, muy inquieto. supo, en ese instante, que sería un vuelo largo.

El avión apenas despegó cuando el niño, como era de esperarse, empezó a llorar, Dunk ya estaba muy irritado por todo el estrés y el cansancio acumulado de su plan fallido. Además, todavía sentía el pegajoso dulce que le había golpeado el brazo todo fue demasiado y no pudo más se levantó y fue al baño, harto de todo pasó unos quince minutos ahí dentro, respirando y lamentándose en silencio cuando finalmente decidió salir, tuvo la mala suerte de que el avión entró en una turbulencia fuerte justo en ese momento Dunk, aún de pie, buscaba de dónde sostenerse.

Estaba en la zona más amplia del avión, donde antes estaba la clase mientras intentaba regresar a su asiento, una azafata se acercó rápidamente.—No puede estar de pie en este momento —le dijo, era la misma del primer vuelo de regreso desde Verona: la que había intervenido con Pond, la frustración volvió de golpe y como si el universo quisiera burlarse de él, otra turbulencia sacudió el avión Dunk perdió el equilibrio y terminó cayendo en el asiento más cercano del pasillo sin pensarlo dos veces, se abrochó el cinturón y soltó un suspiro resignado la azafata se alejó para atender otras indicaciones, sin preocuparse demasiado por él Dunk cerró los ojos otra vez ya no le importaba nada.

Una voz grave sonó a su lado, sacándolo de su resignación. —Ese no es tu asiento.

Dunk abrió los ojos lentamente giró la cabeza, todavía con el cansancio encima… esperando ver a alguien del personal de cabina o quizá otro pasajero molesto, pero lo que encontró fue distinto un hombre estaba sentado junto a él cabello oscuro, ligeramente desordenado, como si no le importara demasiado acomodarlo. Sudadera negra, mirada fija y tranquila, como si el caos del avión no le afectara en absoluto. Tenía el cinturón aún sin abrochar, una mano apoyada en el brazo del asiento y la otra sosteniendo su pasaporte no parecía molesto solo… seguro.

Dunk tardó un segundo en reaccionar.—Ah… —parpadeó—. Sí… lo sé. Solo espero a que pase la turbulencia y volveré a mi asiento.

El hombre lo observó en silencio por un momento no había juicio en su mirada. Solo asintió brevemente y luego volvió la vista al frente. Con los dedos empezó a golpear levemente la tablet que tenía sobre las piernas por seguridad, la azafata había ordenado que durante la turbulencia se apagaran todos los aparatos electrónicos, por lo que Dunk imaginó que el hombre simplemente estaba distraído… o demasiado concentrado en lo que hacía hasta que el movimiento del avión lo obligó a quedarse quieto.

Dunk podía sentir la respiración pesada del hombre a su lado.—¿Primer vuelo con turbulencia? —preguntó Dunk, tratando de sonar tranquilo.

Joong se rió, pero no fue una risa agradable; había algo de burla en su voz.—Viajo demasiado. Es muy común que me toque con turbulencia.

Dunk volvió a hablar sin que nadie se lo pidiera: —Yo también he viajado mucho últimamente… y es mi primera turbulencia que dura demasiado.

El avión volvió a agitarse violentamente y Dunk saltó del asiento, asustado y temblando.—Creo que es la última vez que lo hago...

Joong notó el miedo en la voz de Dunk y trató de calmarlo.—Tranquilo, es algo común. Después de un cambio climático puede haber turbulencia, pero nunca dura más de quince minutos.

—¿Quince minutos? —repitió Dunk, incrédulo—. Siento que llevo como veinte aquí dentro.

Joong soltó una pequeña risa justo cuando la voz de la azafata volvió a escucharse por los altavoces, avisando que la turbulencia había pasado y que podían volver a encender sus dispositivos electrónicos. Joong reaccionó de inmediato, encendiendo su iPad otra vez. Dunk notó que realmente parecía estar trabajando por alguna razón, pensó que probablemente era una persona aburrida Joong, sintiendo la mirada intensa a su lado, volteó hacia el joven ahora podía verlo mejor llevaba una camisa negra sencilla y un pantalón de mezclilla. Su cabello estaba ligeramente despeinado, pero aun así lucía atractivo, y llevaba unos lentes oscuros que descansaban sobre su rostro. Antes de seguir distrayéndose, Joong comentó con naturalidad .—Tu asiento está dos filas atrás.

—Ah, sí… —dijo Dunk, haciéndose el desentendido. pero en realidad no quería volver a su asiento, donde el niño seguía llorando más fuerte que antes. Así que simplemente pensó en quedarse un poco más.—No creo que a nadie le moleste que me quede aquí —añadió—. Estaba vacío, eso quiere decir que no tenías a alguien al lado.

Joong suspiró, visiblemente molesto.—¿Quién dice que estaba vacío? Ese lugar es mío.

Dunk lo miró con duda.

Joong se dio cuenta de que no estaba entendiendo.—Cuando viajo suelo comprar los dos asientos —explicó—. Para no tener compañeros molestos, lo dijo con calma, pero remarcando claramente la última palabra mientras lo miraba directamente a los ojos.

Dunk se quedó en silencio un segundo luego soltó una pequeña risa la ironía era demasiado evidente él viajando por medio mundo buscando a alguien con quien sentarse…y había una persona que pagaba el doble solo para evitar exactamente eso Dunk respiró hondo y, como si hubiera tomado una decisión repentina, se acomodó mejor en el asiento no se levantó, ni se movió solo abrió ligeramente la mesa del asiento y apoyó los brazos con total tranquilidad.

Joong lo miró de inmediato.—…¿No vas a regresar a tu asiento?

Dunk parpadeó como si la pregunta le sorprendiera.

—Mmm… no.

Joong lo observó unos segundos más, esperando una explicación más lógica.

Pero Dunk simplemente se encogió de hombros.—Allá hay un niño llorando —dijo con total honestidad—. Aquí al menos hay silencio.

Joong entrecerró ligeramente los ojos, como si intentara decidir si eso era una excusa válida o simplemente una falta de vergüenza.—Ese no es mi problema —respondió finalmente.

—Ya lo sé —dijo Dunk sin problema—. Por eso no te estoy pidiendo permiso.

Joong lo miró, esta vez con algo más cercano a la incredulidad que al enojo.

Dunk, por su parte, ya había decidido mentalmente que ese asiento era ahora su territorio temporal se acomodó mejor, incluso cruzando ligeramente los brazos.—Solo será un rato —añadió—. Hasta que todo se calme… emocionalmente prometo no molestarte. Estaré callado.

Joong soltó una exhalación corta por la nariz. No era exactamente una risa, pero tampoco era molestia pura.—Eres extraño —dijo al final.

Dunk sonrió apenas.—Me lo han dicho antes.

—No creo que sea un cumplido.

—Depende de quién me lo diga.

Y realmente funcionó.

Por lo menos durante los primeros treinta minutos del vuelo, Dunk se mantuvo callado hasta que no pudo más con la curiosidad de vez en cuando volteaba a ver qué hacía Joong. Parecía muy concentrado; fruncía el ceño mientras observaba la pantalla de su iPad y escribía algo con rapidez parecía enojado o muy ocupado.

—¿En qué trabajas? —preguntó finalmente.

Joong ni siquiera levantó la vista.—Dijiste que estarías callado.

—Estoy callado —se defendió Dunk—. Solo me dio curiosidad.

Joong soltó un suspiro corto.—Trabajo para la aerolínea en la que estás volando. Soy Director de Operaciones Internacionales.

—Claro... por eso puedes comprar dos asientos en VIP —murmuró Dunk para sí mismo, Joong lo escuchó de todos modos y antes de que pudiera responder, Dunk volvió a hablar.—¿Y qué hace un Director de Operaciones en un avión en lugar de una oficina?

—Hay un problema serio en el Aeropuerto de Roma Fiumicino —respondió finalmente—. Colapso en las conexiones y en el sistema de equipaje. Está afectando vuelos en cadena. Asi que tuve que salir de emergencia y verificar los datos desde aqui.

—Suena a algo que deberían resolver los de ahí, ¿no?

—Normalmente sí —dijo él con calma—. Pero cuando un hub así se cae, deja de ser un problema local. Empieza a afectar media red de vuelos.

—Entonces vas a arreglarlo.

—Voy a asegurarme de que no empeore —corrigió sin dramatizar—. Y a tomar decisiones que no pueden esperar a que otros las escalen.— Hizo una pausa antes de añadir —Además, cuando ayudo a otros departamentos, la gente termina debiéndome favores.— Hubo un breve silencio Joong no entendía por qué aquel desconocido hablaba tanto, pero también se había dado cuenta de que la conversación parecía ayudarlo a relajarse y, para su propia sorpresa, tampoco le molestaba tanto.

Dunk permaneció atento unos segundos más antes de volver a hablar.—Yo soy ingeniero en una empresa tecnológica.

Joong ni siquiera levantó la vista de la pantalla.—No te pregunté.

—Lo sé.

—Entonces, ¿por qué me lo dices?

Dunk se encogió de hombros.—Porque tú me contaste a qué te dedicas.

—Tú me preguntaste.

—Detalles.

Joong apartó la vista de la iPad para mirarlo.

Dunk sonrió.

Joong volvió a la pantalla.—Eres agotador.

—Eso también me lo han dicho antes.

—Lo creo.

Dunk decidió tomárselo como una victoria.

Durante los siguientes minutos reinó el silencio.

Bueno.

El silencio para Joong porque Dunk estaba demasiado ocupado observando todo; La velocidad con la que escribía, las llamadas que rechazaba los correos que respondía incluso la forma en que fruncía el ceño cuando algo no le gustaba era extraño normalmente se aburría cuando la gente hablaba de trabajo pero ver a Joong trabajar era diferente parecía una de esas personas que siempre sabían exactamente lo que estaban haciendo y Dunk odiaba admitirlo, pero encontraba eso bastante atractivo.

—¿Qué? —preguntó Joong sin levantar la vista.

Dunk parpadeó.—¿Qué de qué?

—Llevas cinco minutos mirándome.

Dunk casi se atragantó con su propia saliva.—¡No te estaba mirando!

Joong levantó una ceja.—Claro.

—Solo estaba observando.

—Eso es literalmente mirar.

—Bueno, cuando lo dices así suena raro.

—Porque es raro.

Dunk abrió la boca para defenderse la cerró y luego volvió a abrirla.—En fin... ¿tienes algún plan para turistear en Roma?

Joong volvió a mirarlo.—¿Piensas acosarme cuando lleguemos a Roma también?

Dunk se quedó inmóvil unos segundos. ¿Esto era un juego? ¿Estaba coqueteando? ¿O solo se lo estaba imaginando? porque últimamente no confiaba demasiado en su criterio.

—No te estoy acosando —se defendió—. Solo tengo curiosidad.

—Claro.

Joong volvió la vista a la pantalla, pero esta vez respondió. —De todos modos, ya te lo dije. Voy por trabajo. No tendré tiempo para pasear.— hizo una pausa.—¿Y tú? .—Joong se dio cuenta demasiado tarde de que acababa de preguntarle algo sobre sí mismo.

Dunk sonrió inmediatamente como si hubiera ganado algo.—Claro, vine exclusivamente por eso estoy muy emocionado por caminar por las calles de Roma en pleno verano mientras veo miles de parejas paseando románticamente. La ironía en su voz era imposible de ignorar.

Joong lo observó confundido.—¿Viajas a Roma solo?

—Sí. ¿No es obvio?

—No realmente.

—¿Por qué?

—Porque la mayoría de la gente suele viajar con amigos, familia o pareja.

La mirada de Joong se detuvo un segundo más sobre él. — Y tú estás solo.

—Dunk inesperadamente se quedo sin respuesta.

—Joong soltó una pequeña exhalación, casi divertida.—Debiste comprar los dos asientos para ti.

Dunk soltó una carcajada.—Si hubiera hecho eso, los dos nos habríamos perdido de esta encantadora compañía y le dedicó una sonrisa descaradamente coqueta Joong apartó la vista, ligeramente incómodo solo un segundo pero fue suficiente para que Dunk lo notara y sonriera todavía más.

Definitivamente era coqueteo o al menos eso decidió creer el resto del viaje transcurrió entre conversaciones interrumpidas por el trabajo de Joong, comentarios sarcásticos, algunas risas y una cantidad considerable de coqueteos indirectos ese fue el vuelo donde, Dunk dejó de pensar en su ridículo plan simplemente disfrutó el vuelo en algún momento, el cansancio acumulado de tantos viajes pudo más y terminó profundamente dormido Dunk jamás volvió a su asiento cuando despertó, el avión ya estaba descendiendo sobre Roma y por alguna razón, Joong seguía sin haberlo echado.

Al bajar del avión, terminaron caminando uno al lado del otro ya no hablaban, pero tampoco se sentía incómodo era uno de esos silencios extraños que se sienten agradables como si ambos estuvieran demasiado cansados para conversar, pero ninguno tuviera prisa por alejarse Dunk no quería despedirse no todavía, porque, esta fue la ocasión desde que había comenzado aquella absurda aventura, había disfrutado de verdad un vuelo y quería conocer más a Joong. Llegaron a la zona de equipaje la gente comenzaba a dispersarse y Dunk supo que si no hacía algo ahora, probablemente nunca volvería a verlo, tomó aire se giró hacia él.

—Gracias por dejarme quedarme en tu asiento.

—Realmente no me diste opción.

—Pudiste llamar a la azafata.

—Claro —respondió Joong—. Pero eso habría sido mucho más escandaloso. Prefiero evitar los problemas innecesarios.

Dunk se rio.—Bueno, entonces déjame invitarte un café.

Mientras hablaba, se inclinó para recoger su maleta solo fueron unos segundos unos pocos segundos pero cuando volvió a incorporarse...Joong ya no estaba.

Dunk parpadeó miró a su alrededor a la izquierda luego a la derecha entre la multitud.

Nada.

Solo personas caminando apresuradas por el aeropuerto como si nunca hubiera estado ahí como si aquellas horas de conversación hubieran sido únicamente una coincidencia pasajera.

Dunk bajó la vista hacia su maleta y soltó una risa incrédula.

—Claro —murmuró para sí mismo—. Por supuesto que se fue.

Porque así funcionaba su suerte había viajado miles de kilómetros buscando una historia romántica y cuando finalmente conocía a alguien interesante...ni siquiera conseguía pedirle su número sin embargo, mientras abandonaba el aeropuerto, una pequeña parte de él no podía dejar de pensar en algo.

Roma era una ciudad enorme.

Millones de personas.

Miles de turistas.

Las probabilidades de volver a encontrarse eran prácticamente imposibles.

¿Verdad?

Y aun así...desde que comenzo aquel plan absurdo, Dunk esperaba estar equivocado.

 

Vuelo 521 – Última salida

Habían pasado seis días.

Seis días en los que Dunk recorrió Roma de arriba abajo visitó el Coliseo, el Foro Romano, Villa Borghese y la Terraza del Pincio. Pasó una tarde completa en la Basílica de San Pedro, otra entre los Museos Vaticanos y el Castillo de Sant'Angelo, y comió en tantos restaurantes que había perdido la cuenta, algunos días trabajaba desde el hotel otros simplemente caminaba sin rumbo y en todos ellos había intentado encontrar a Joong.

Instagram.

TikTok.

LinkedIn.

Incluso buscándolo por la aerolínea nada era como si aquel hombre no existiera fuera de los aviones y eso era frustrante en realidad muy frustrante porque ya era el último vuelo.

El regreso a casa.

Después de once vuelos, miles de kilómetros y una cantidad absurda de dinero gastado, Dunk había decidido que no habría más intentos su plan terminaba ahí. No volvería a perseguir el destino si alguna vez quería encontrar el amor, tendría que ocurrir solo como en las películas o no ocurrir nunca cualquiera de las dos opciones le parecía mejor que volver a comprar otro boleto de avión.

Acababa de dejar su equipaje cuando escuchó el anuncio por los altavoces su vuelo tenía un retraso de dos horas Dunk cerró los ojos contó hasta diez y decidió que no valía la pena enfadarse fue a una cafetería, pidió un caramel macchiato y abrió su computadora para adelantar trabajo dos horas después, una nueva notificación anunció que el vuelo había sido reprogramado y que los pasajeros debían confirmar sus asientos debido a un cambio de aeronave. Dunk sintió el alma abandonar su cuerpo las personas delante de él en la fila no tuvieron suerte algunos pasajeros habían sido movidos al vuelo del día siguiente cuando llegó su turno, ya estaba preparado para discutir no quería descuentos no quería compensaciones solo quería llegar a casa.

—Su asiento sigue confirmado para esta noche, señor —dijo la empleada.

Dunk soltó el suspiro más aliviado de toda la semana. Diez minutos después de abordar, alguien ocupó el asiento junto al suyo Dunk ni siquiera levantó la vista hasta que reconoció el perfume.

Ese perfume, levantó la cabeza inmediatamente y se quedó congelado.

—¿Joong?

El otro hombre sonrió.—Estás en mi asiento.

Dunk soltó una carcajada.—¿Cómo?

—Te dije que cuando ayudas a mucha gente, terminan debiéndote favores.

—No puede ser.

—Sí puede.

—¿Me estás diciendo que buscaste este vuelo?

—Me estás dando demasiado crédito.—Joong acomodó su equipaje.—Solo pregunté si quedaba un asiento libre al lado del tuyo.

Dunk sintió que el corazón le daba un salto ridículo.—¿Y por qué harías eso?

Joong levantó una ceja.—Porque alguien me debe un café.

Dunk sonrió.—Tú eres el que está sentado en mi asiento.

—De hecho —respondió Joong con tranquilidad— los dos asientos son míos.

Dunk se quedó mirándolo.—¿Sigues comprando dos lugares?

—Solo cuando quiero elegir bien mi compañía.

Por primera vez en toda la semana, Dunk se quedó sin palabras.

—¿Y la elegiste bien?

Joong sostuvo su mirada durante unos segundos.—Lo descubriré cuando me invites ese café.

El vuelo despegó.

Dunk dejó de pensar en el destino.

Porque ya no importaba quién había organizado el encuentro ni las probabilidades ni la suerte ni las películas románticas lo único que importaba era que, después de once vuelos, finalmente estaba sentado junto a la persona correcta resultó que el amor de su vida sí estaba en un avión solo que había tardado diez vuelos en encontrarlo y dos más en convencerlo de quedarse...

Meses después, Dunk seguía viajando solo que ahora ya no lo hacía solo.

A veces acompañaba a Joong por trabajo a veces simplemente aprovechaban cualquier excusa para conocer una ciudad nueva y aunque seguía cansándose de los aeropuertos, de las escalas y de las maletas, había una cosa que nunca cambió siempre elegía el asiento de la ventana y siempre encontraba a Joong sentado a su lado.

—¿Cuál es el próximo destino? —preguntó Joong.

Dunk sonrió mientras observaba por la ventanilla.—Grecia.

Y ahora no estaba buscando al amor de su vida.

Porque ya lo había encontrado.

Fin.

 

Extra: El plan de Joong

Joong jamás admitirá esto en voz alta.

La versión oficial de los hechos es que se encontró casualmente con Dunk en el vuelo de regreso la realidad es bastante diferente después de llegar a Roma, Joong intentó concentrarse en la crisis del aeropuerto.

Y lo logró... más o menos.

Porque durante los siguientes días descubrió algo bastante molesto seguía pensando en Dunk en sus preguntas interminables, en su incapacidad para permanecer callado más de cinco minutos, en la forma en que había invadido su asiento sin sentir el más mínimo remordimiento y en esa sonrisa especialmente en esa sonrisa.

Joong decidió ignorarlo era una persona adulta tenía trabajo, responsabilidades, una crisis aeroportuaria que resolver, no tenía tiempo para pensar en un desconocido que había conocido durante un vuelo. El problema era que seguía recordándolo de todos modos así que, cuando terminó su trabajo en Roma, hizo algo que jamás admitiría frente a Dunk.

Revisó las listas de pasajeros, localizó su vuelo de regreso y descubrió algo horrible, su reunión terminaba demasiado tarde no alcanzaría ese vuelo y el siguiente salía hasta el otro día, durante aproximadamente treinta segundos aceptó su destino como una persona madura después dejó de comportarse como una persona madura hizo un par de llamadas, cobró algunos favores movió algunas asignaciones y técnicamente, no retrasó el vuelo.

Solo ayudó a que ciertos procesos administrativos tomaran un poco más de tiempo de lo habitual, lo suficiente para que dos horas después, el vuelo siguiera en tierra Joong seguía fingiendo que aquello no tenía absolutamente nada que ver con él y nadie pudo demostrar lo contrario. Luego consiguió un asiento junto a Dunk, porque, después de todo, alguien le debía un café, la parte que nunca mencionó fue que el café no era realmente importante.

Lo importante era comprobar si la conversación seguía siendo igual de fácil fuera de una turbulencia y si aquella sensación extraña que había aparecido durante el vuelo seguía ahí, por suerte para él seguía ahí. Si alguien le preguntaba por qué un vuelo entero sufrió un retraso de dos horas aquel día...

Joong pensaba llevarse ese secreto a la tumba.

Notes:

Esta idea vino a mi mientras tomaba un vuelo de regreso a mi casa, espero lo disfruten.

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