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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-06-05
Updated:
2026-06-05
Words:
2,317
Chapters:
1/?
Hits:
5

Lo Profundo

Summary:

La profundidades siempre ocultan algo y los secretos ,tarde o temprano, salen a flote.
Luego de ser la única en ser capaz de escapar de las frías manos del océano un fatídico día de noviembre,una joven se obsesiona con detener la serie de desapariciones que azotan a su pueblo desde siempre. Pero en un lugar donde el silencio es ley,buscar la verdad siempre implica una sentencia que nadie debería tener que pagar.

Chapter Text

El agua siempre oculta algo. Se estima que conocemos apenas un 20% de las profundidades oceánicas gracias a la tecnología. Pero en un pueblo pequeño como en el que vivo, la mayoría de las personas que no se dedica a la pesca es feliz en la ignorancia. La playa solía gustarme mucho, los niños del pueblo solíamos jugar en la orilla luego de la escuela y, en el caso de algunos, luego de trabajar. Pasábamos allí la mayor parte del tiempo los meses cálidos.

Había ciertas excepciones, como esa vez que un niño vio un tiburón tigre y no se nos permitió volver a la playa hasta que lo atraparon. Esa excepción sonaba insignificante sobre la más importante, la que todo el pueblo conocía y mantenía. Nunca nadie del pueblo debía nadar allí en noviembre a menos que fuera pescador. Ninguno de nosotros entendió nunca esa regla, pero los adultos lo repetían como una ley absoluta. La mayoría de los niños solíamos escuchar y jugar en el bosque ese mes. Ahora no me gusta y prefiero la casa. Los bosques me ponen nerviosa y me dan una mala sensación. Antes los adoraba, todo eso se destruyó un cálido día de noviembre, al menos para mí.

Había estado jugando con mi amiga Hanna toda la tarde. En cuanto volví a casa, muy animada, y le conté a mi madre sobre el juego de las escondidas, ella me dio una mirada extraña, entre confusión y aceptación, que no comprendí al inicio. Luego ella comenzó a llamar a esa tarde de juegos "tratar de superarlo" e "imaginar cosas". No lo entendí hasta un par de semanas después. No había vuelto a ver a Hanna desde aquella vez y cada vez que la mencionaba, mi madre me daba una mirada extraña, entre la exasperación y la lástima. Luego, en la escuela, me contaron lo que había pasado. Me dijeron que Hanna se había unido a un grupo de niños que decidieron desobedecer la regla y nadaron en la playa. Según lo que se supo, los niños nadaron más allá de la línea de seguridad que se había instalado para evitar que la gente se perdiera en las profundidades y ninguno volvió a aparecer nunca. No encontraron nada, ni siquiera la ropa y zapatos que llevaban y debieron quitarse para nadar. Fue como si la tierra se hubiera tragado sus cosas mientras el mar se los llevaba.

Recordé esa tarde de juegos y diversión que había pasado con Hanna doce horas después de que ella y los demás desaparecieran en las profundidades marinas. Recordé cómo ella había llegado cubierta de agua y se había excusado con que unos niños la habían mojado en el camino. Recordé cómo al final de la tarde se puso rígida y dijo que su madre la llamaba, con una voz forzada robótica y los ojos vacíos de cualquier brillo o emocion, aunque yo no había oído nada, y luego se fue rápidamente sin despedirse. Odié el bosque y el mar desde entonces. Odiaba pensar cuántos más niños se habían perdido en las oscuras profundidades y a cuántos de ellos vería en ese bosque. Me prometí no pisar esa playa de nuevo.

Hasta hoy que a nuestra profesora le pareció buena idea enviarnos una de las últimas semanas de noviembre a recoger distintas caracolas para que nos enseñara la diferencia entre los tipos de moluscos. No quería meterme en problemas por algo así, no quería parecer loca y había pasado tanto tiempo que estaba casi segura de que lo había imaginado. Me prometí a mí misma que sería rápido y no me acercaría al agua. Al parecer, romper promesas sí causa demasiados problemas.

Mi cuerpo se sintió pesado desde el inicio. Tuve la horrible sensación de que me observaban y que la corriente del mar se cerraba sobre mí. Debí desconectarme. No supe qué pasó. Solo sentí que alguien más llevaba mi cuerpo, como si yo fuera una marioneta cuyos hilos alguien estaba moviendo. Cuando reaccioné, estaba parada en el océano. Parecía haberme quedado atrapada entre las algas y el barro, pues no podía mover las piernas. Tenía una sensación pesada y aceitosa en mis tobillos. Intenté moverme y sentí cómo algo se rompía y desprendía, junto con el roce áspero de algo que me convencí era una roca, hasta oír el chapoteo sordo y el sonido de succión, junto con el hecho de que fuera lo que fuera estaba arrastrándome. Sentí tanto terror y asco que lo primero que mi cuerpo intentó fue correr.

Fue entonces cuando noté esas manos blancas y arrugadas. Parecían de jabón húmedo. No tenían uñas y estaban cubiertas de gusanos que parecían provenir de los huesos más expuestos. La sensación era completamente repulsiva, como miles de hormigas mojadas subiendo por mis tobillos hasta mi cuerpo. El sonido del mar era más pesado, como si me rodeara y me arrastrara hasta abajo, y el olor de la sal se mezclaba con el de la putrefacción.

En cuanto me moví, el cadáver pareció hacer lo mismo, quedando más expuesto frente a mí. Pude ver el estómago hinchado y podrido, la ropa rota y descolorida que se tensaba sobre la masa pútrida que pareció soltar un último suspiro antes de romperse y liberar un hedor sumamente putrefacto, antes de dejar salir cientos de sombras rápidas y frías que rozaron mis piernas. Escuché el ligero tintineo de los caparazones caer al agua y sentí los pequeños cortes. El agua se agitó.

El cadáver pareció darme una última mirada entre súplica y hambre como la de un cazador viendo a su presa antes de que yo me alejara rápidamente de ese lugar, donde esa cosa, incluso después de su final, dio vida a un pequeño ecosistema.

Ni siquiera recuerdo bien lo que pasó después de ese momento. No recuerdo correr ni llegar a la orilla, solo recuerdo vomitar con lágrimas en los ojos. Recuerdo el nudo en estómago, la sensación de querer vomitar mis entrañas y el sabor amargo y metálico que llenaba mi boca. Ni siquiera sabía que estaba arrodillada unos metros más lejos de la orilla hasta que acabé de vomitar y sentí la arena semihúmeda bajo mis rodillas y palmas. Mis piernas estaban cubiertas de cortes poco profundos y la misma sustancia viscosa que había sobre esa cosa que había intentado arrastrarme al agua junto a ella, que intentó convertirme en algo igual a ella.

La sola idea de hundirme en el mar y convertirme en eso me envió una nueva oleada de repulsión y, aunque tenía el estómago casi completamente vacío, volví a vomitar hasta que fui físicamente incapaz de hacerlo y lo único que pude hacer fue llorar aún más. En cuanto pude dejar de temblar, corrí rápidamente a mi casa y me encerré en mi habitación antes de derrumbarme en el suelo.

¿Esto es lo que les había pasado a todos los que estuvieron cerca del mar en noviembre? ¿Por eso no nos permitían estar en la playa este mes? ¿Ellos también habían sentido eso? Simplemente habían estado en la playa y, de repente, lo que sea que fuera lo que pasó los había obligado a avanzar hacia el mar como a mí. ¿Ellos también habían visto algo (un cuerpo, un cuerpo parecido en un estado igual de repugnante) que el que intentó llevarme a mí, que los arrastró al fondo del mar a convertirse en algo igual? ¿Ese cuerpo fue un niño que, como yo, fue atrapado, pero a diferencia de mí no logró escapar? ¿Por qué no me pasó lo mismo? ¿Por qué yo sí logré reaccionar y evitar que me arrastrara y por qué esa cosa no intentó llevarme con ella?

Al principio, el agarre se sentía fuerte, como estar atada, y en cuanto me moví intentó detenerme, pero solo con un poco más de fuerza me dejó tranquila. ¿Cuál era la razón de eso? ¿Tuve suerte o esa cosa decidió que no valía la pena llevarme con ella? Sea lo que fuera, me sentía demasiado agradecida y, a la vez, me sentía terrible por haber escapado. ¿Cuántos como Hanna no lo habían logrado? ¿A cuántos se llevaron sin que ellos pudieran hacer nada? Esos pensamientos me dolían demasiado. Me dolía saber que algo así se pudo haber evitado si tan solo los demás niños escucharan lo que decían sus padres.

Nunca creí que hubiera una razón para no acercarnos en noviembre, pero siempre había obedecido y, después de descubrir lo que había pasado con Hanna, cómo se perdió en el mar y no hallaron nada, el terror y la repulsión me mantuvieron alejada del mar, incluso en los días permitidos. Mi madre nunca intentó obligarme. Debió ver el terror que me provocaba el solo pensamiento de ir allí y, ahora mismo, me daba igual si me metía en problemas con mi profesora, o si me creían loca. No me importaba. Estaba agradecida de haber escapado de allí y no haber desaparecido en el mar.

En cuanto sentí menos pesado mi cuerpo, me metí rápidamente en la ducha y abrí el agua caliente, incluso cuando la sentí quemar mi piel hasta dejarla roja. Aún así, no me importó. Me daba igual quemar mi cuerpo, solo quería que la sensación viscosa en mis tobillos que sentía cada vez que cerraba los ojos desapareciera. Lo odiaba. Odiaba tener esa sensación y tenía el horrible miedo de que en cuanto dejara de ver mis pies, algo me jalaría y esta vez no podría hacer nada para evitarlo. Esta vez, esa cosa me arrastraría al fondo del mar, donde más como ella me atraparían y, al final, yo misma haría lo mismo algún día. Sentí tanto terror que casi vuelvo a vomitar y lo hubiera hecho si mi vientre no estuviera vacío y lo único que pude hacer fue comenzar a llorar en silencio.

Siempre pensé que los pescadores eran valientes por entrar al mar en noviembre. Ahora me pregunto si el mar simplemente no los quiere. Se pasan el día entre escamas muertas y salitre, huelen a lo mismo que esa cosa que me atrapó. Quizás el mar solo busca lo que es diferente, lo que aún no ha sido tocado por la putrefacción.lo que aún conserva algo de calor y vida.

No podía decírselo a nadie. Todos creerían que estoy loca o que lo estoy inventando. No podría aguantarlo. Era probable que todos me tacharan de loca e incluso que otros chicos fueran a la playa solo para burlarse y demostrar que lo estaba inventando. No quería eso en mi conciencia. No quería que esas cosas se llevaran a más niños porque yo abrí la boca y si alguien llegara remotamente a creerme ¿que harían? ¿Como se puede luchar contra el mar?. Pero tampoco podía quedarme sin hacer nada. No podía permitir que más niños fueran a jugar como muestra de "rebeldía" contra sus padres. Por alguna razón, yo no desaparecí. Ellos me dejaron por algo y tenía que descubrir por qué, era la única manera de evitar que se llevaran a más niños.

Los adultos no parecían tener ni idea de dónde venía la regla, pero seguían por una única razón: costumbre. Siempre les dijeron que no debían nadar en noviembre y, al pasar el tiempo, los que desobedecían esa regla desaparecían, por lo que solo quedaron los que la seguían y la enseñaban a sus hijos, aún sin saber la razón de su existencia. Tampoco sabía a quién preguntarle. La mayoría de los adultos a los que los otros niños les preguntarían dirían que era por las tormentas y golpes de calor, una respuesta genérica que servía para que los niños dejaran de preguntar porque sus padres no sabían qué más decir. La regla existía hace tanto que la mayoría de las personas habían dejado de preguntar el motivo y los que lo sabían habían muerto, se habían marchado del pueblo hace mucho o no hablarían. No había nadie a quien preguntarle.

Cuando salí de la ducha, el aire frío golpeó mi piel semi quemada, lo cual causó un ardor intenso que fue mil veces mejor que sentir las manos húmedas en mis tobillos. Me moví de forma automática, como una marioneta que se mueve porque alguien más maneja los hilos y no por voluntad propia. Después del terror visceral y la sensación de hundimiento, solo quedaba el aturdimiento y la sensación de vacío. Me tomó unos minutos volver a sentir mi propio cuerpo y sentir que era yo misma de nuevo y, en cuanto lo hice, me dolió mil veces peor.

No tenía idea de dónde comenzar. No había nadie a quien preguntarle y no quería volver a acercarme a la playa. Algo me decía que no tendría suerte una segunda vez.tampoco quería salir de mi hogar odiaba la idea de que en cuanto saliera algo me atraparían. Lo único que podía hacer por ahora era ir a la biblioteca del pueblo. El lugar está abandonado y se había inundado varias veces por las tormentas. La mayoría de los libros se habían arruinado o mojado y casi nadie la visitaba. Ahora todos usaban la biblioteca de la escuela para evitar las molestias. El lugar estaba muy destruido. La mayoría de la madera y estantes estaban podridos y las ratas y pequeños animales del bosque la habían tomado como su hogar hace mucho. Tenía un miedo horrible y no quería ir era posible que no quedara nada útil, pero necesitaba algo que hacer y en lo que pensar o perdería la cabeza,mi cuerpo se sentía como si fuera a colapsar su no hacía algo. Además, no perdía nada con intentarlo, por lo que tomé la decisión de ir mañana después de la escuela. Mamá era de las pocas enfermeras del pueblo, por lo que trabajaba mucho. Sabía que ella no me permitiría ir si lo supiera, pero si ella no lo descubría, no podría prohibirlo.