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Todo era un gran y absoluto desastre. No había otra forma de describirlo.
La graduación de Leona NRC estaba a la vuelta de la esquina y el segundo príncipe de la sabana no estaba dispuesto a quedarse de brazos cruzados.
Así había terminado en la finca Asim, hablando con el estúpido patriarca de la familia, con Kalim como intermediario.
El trato era sencillo: Jamil a cambio de lo que deseara.
Por suerte, el padre de Kalim sabía hacer negocios y con ayuda del primogénito de la familia, no fue difícil conseguir que diera una cifra y el intercambio se llevara a cabo con un cheque firmado y una enorme bolsa de monedas de oro sólido.
— Un placer hacer negocios con usted, Majestad.
Solo chequeó la lengua y puso los ojos en blanco ante la adulación del hombre y se puso de pie para salir del enorme salón acompañando por Kalim hasta una inmensa sala repleta de tapices, alfombras y cojines.
Ahí, Kalim se sentó a su lado, y pronto, unos sirvientes aparecieron con comida y bebida.
Kalim lo incentivó a tomar algo, pero él se negó. La espera le causaba una ansiedad indescriptible.
— ¿Por qué tardan tanto?- Preguntó después de un rato, mientras su cola se azotaba contra el suelo en una clara señal de irritabilidad.
— Tal vez Jamil está empacando sus cosas.- Respondió Kalim. Tan ajeno al mundo que lo rodeaba, como siempre...- O quizás se está despidiendo de sus padres y Najma.
No tenía la menor idea de porqué, pero su ansiedad fue más grande que su raciocinio y se levantó de su asiento, saliendo de la sala a toda prisa, ignorando a Kalim.
Algo en su interior le decía que algo no andaba bien. Que Jamil lo necesitaba.
Guiandose con su olfato, atravesó los interminables pasillos y salas, perdiendo a Kalim en el proceso, hasta llegar a uno de los cientos de jardines.
Al arribar al lugar, detrás de unos enormes arbustos, escuchó unos débiles sollozos, seguidos de unos gritos enfurecidos y el sonido propio de un golpe seco contra el suelo.
Su cuerpo actuó antes que su mente, y corrió en esa dirección, actuando al instante, encontrándose con una escena que lo hizo perder el control.
Jamil, en el suelo, con evidentes marcas de golpes, llorando atemorizado, mientras el que reconoció como el patriarca de los Viper, sostenía con fuerza un látigo, a punto de atacarlo de nuevo. Y a escasos metros, una joven bastante parecida a Jamil, lloraba con desesperación, rogandole que se detuviera, a la vez que una mujer la sostenía con fuerza, impidiéndole acercarse.
Su cuerpo se movió por su propia cuenta de nuevo, permitiéndole interponerse justo a tiempo cuando el arma estaba por volver a golpear la herida piel de su amada serpiente, deteniendo el látigo en el aire tras sujetarlo con su mano enguantada.
— ¡No lo toques!
Fue la frase que escapó de lo más profundo de su pecho, seguida por un potente rugido.
De un solo tirón, le arrebató el látigo de las manos a ese despreciable hombre, haciéndolo caer de paso sobre el suelo.
Tanto él como la que debía ser su esposa, tartamudearon algo, pero a él no le importó en absoluto. Nada le impidió devolverle el golpe a ese sujeto, dando justamente en el ojo, causando al instante que un profundo grito escapara de sus labios.
La mujer soltó a la joven y corrió al lado de su esposo, tratando de auxiliarlo.
Jamás lastimaría a una mujer, pero con esa en específico podría hacer una excepción sin duda, y bien merecido lo tendría...
Pero antes de que pudiera hacer algo más, una conocida voz llegó hasta sus oídos.
— ¡Leona!
Jamil, a pesar del claro dolor a causa de las heridas en su cuerpo, se levantó para lograr sujetar su mano libre.
Su mirada llorosa expresaba todo lo que sus palabras eran incapaces de decir. Le rogaba que se detuviera.
Solo por eso se abstuvo de dar un segundo golpe.
— Escúchame bien, maldita basura, porque no volveré a ser tan misericordioso.- Gruñó, mirando con absoluto desprecio y repulsión al padre de Jamil, que aún yacía en el suelo, sujetando su ojo, mientras algo de sangre comenzaba a filtrarse por debajo de sus dedos.- Él es la única luz que puedo ver en la jodida oscuridad en la que vivo. Así que atrévete a quitarmelo, y te haré ver el maldito infierno en el que vivo sin él.
Tras soltar esas palabras, el látigo en su mano se volvió arena, cayendo entre sus dedos hasta el suelo, dejando muy claro el mensaje.
Luego de eso, se giró para sostener a un adolorido Jamil y sujetarlo entre sus brazos para sacarlo de ahí sin mirar atrás.
Jamil, como pocas veces, no opuso resistencia alguna, probablemente ni siquiera tenía fuerzas suficientes para hacerlo. Solo se quedó quieto, ocultando su rostro herido contra su pecho.
Leona solo afianzó su agarre, sin importarle que su ropa quedara manchada de sangre. Lo único que le importaba era dejarle claro a Jamil que no estaba solo y que nadie iba a volver a lastimarlo.
Así habían terminado en dónde estaban ahora...
— ¿Pasa algo?
Al ver a Jamil recargado en el barandal, observando el paisaje nocturno de Sunrise City desde el balcón, fue suficiente para hacerlo acercarse a él y abrazarlo por la espalda.
La mitad de su rostro estaba cubierto por una venda, que con su flequillo trataba de disimular. En sus muñecas también era posible observar las vendas que se asomaban bajo las mangas. Todo fruto de las heridas causadas aquel día, hace casi dos semanas.
— Solo... Pensaba.- Murmuró Jamil, inclinando la cabeza, mientras sus puños se apretaban.- No es nada.
Leona lo miró por unos segundos, y luego asintió, sin indagar más. Sabía que a veces, Jamil no quería hablar, solo quería espacio. Esperaría a que estuviera listo para hablar por su cuenta.
— ¿Cómo están tus heridas?- Preguntó el segundo príncipe, intentando cambiar de tema.
— La mayoría ya sanaron.- Respondió.- Por suerte, Yuu pudo hacerse cargo, luego de que nos llevaste de vuelta a NRC sin escuchar a Kalim ni a nadie más.
— Por favor. Cómo si alguno de esos idiotas con dinero pudiera entender la gravedad del asunto, o si fueran capaces de tener un mínimo de decencia al menos ofrecer atención médica.- Alegó Leona, aún abrazándolo, aunque la molestia en su voz era clara.- Hasta el fondo de un barranco es mucho más seguro que esa finca.
Jamil no respondió. Sabía que Leona tenía razón, y era lo que más le dolía.
El día en que Leona se encargó de negociar con el padre de Kalim por su libertad, sus padres no lo tomaron bien en absoluto.
Su padre, en un pequeño descuido, lo vió besar a Leona cuando creyeron que nadie los veía. Y cuando supo que la razón de la presencia de Leona y lo que estaba pasando, se enfureció.
Intentó calmarlo, negar lo que había observado, pero no sirvió de nada. Terminó recibiendo los golpes y latigazos que le causaron esas heridas, incluída una peligrosamente cerca de su ojo izquierdo. De no ser por la intervención de Leona, quizás habría terminado por perder el ojo.
El padre de Kalim ni siquiera sospechaba de lo que estaba pasando en esos momentos, descubriéndolo hasta que los dos se marcharon, gracias al testimonio de Najma que le contó todo a Kalim, y el joven heredero transmitió el mensaje a su padre.
Como era de esperarse, el líder de los Asim no tardó en enviar sus disculpas y ofrecer mil opciones de compensación por "entrega de mercancía dañada"...
Yuu, Ruggie, Kalim y Grim tuvieron que usar todas sus fuerzas para tranquilizar a Leona y evitar que fuera a la sala de los espejos solo para regresar a las Arenas Escaldantes y darle una paliza al señor Asim y rematar a los Viper.
Al final, luego de agotar todas sus opciones y terminar haciendo más ruido del que deseaban, suficiente para que Jamil se enterara de lo que ocurría, el vicelíder de Scarabia fue el único capaz de calmarlo, tras pedirle entre lágrimas silenciosas que no hiciera ningún escándalo más, pero que por favor intercediera por sus padres.
Ni en sueños habría movido un solo dedo por ayudar a esos malditos bastardos, pero si algo le daba paz a Jamil, sería capaz de todo. Incluso de aceptar a la hermana de Jamil como "compensación", y de pedir como que los causantes de ese problema no fueran castigados, pero que ningún miembro de la familia Viper— a excepción de Najma, por obvias razones— volviera a acercarse a él ni a Jamil jamás.
Tras eso, Najma estuvo brevemente en NRC, solo un par de días, mientras Leona se encargaba de arreglar todo en Sunrise City. Luego de eso, se llevó a los dos con él. Jamil necesitaba descansar, además de recibir atención médica constante para sus heridas, y Najma adaptarse a la que sería su nueva vida. Dejándolos en manos de su cuñada y Kifaji.
El fin de clases llegó unos días después, y con ello, la graduación de Leona. Una vez terminado ese asunto, Leona volvió a su ciudad natal para ocuparse personalmente de Jamil.
— ¿Qué va a pasar ahora?- Preguntó Jamil en un murmullo, girándose para ver a Leona.
Leona dejó un beso en su frente antes de responder:
— Vas a recuperarte de tus heridas, y todo estará bien.
— Sabes a lo que me refiero, Leona.
— Ya te dije que no tengo tanto poder como muchos creen. Mi único trabajo es comandar a la guardia del atardecer y encargarme de la defensa de Sunset Savana. Y en tiempos de paz, es equivalente a ser el entrenador personal de un montón de cachorros y crear escenarios bélicos imaginarios.- Respondió el mayor.- Falena ya se encarga de todas las responsabilidades de ser rey, y lo será oficialmente cuando el viejo muere, y ya tiene a Cheka. Da igual si me caso o no y con quién.
— ¿Y tu hermano y tu padre de verdad van a aceptar esto sin más?
— El viejo me da igual, no es como si le quedara mucho tiempo de todos modos. Y sabes que he estado hablando con Falena estas semanas.- Replicó Leona.- Puede ser un idiota diplomático, sentimental y obediente a muerte al viejo, pero hasta él puede darse cuenta de las atrocidades que hacen los Asim y los de su clase.- Añadió.- Por eso accedió a permitir que tú y tu hermana se quedaran aquí sin hacer mas preguntas.
— Una cosa es sacar a alguien de un ambiente peligroso, y otra muy diferente tener una relación con ese alguien...- Negó Jamil con una sonrisa forzada y un sabor amargo en la boca.- ¿Qué crees que va a pasar cuando descubra la verdad?
— Ya lo sabe.
Las palabras de Leona sorprendieron a Jamil, haciéndolo mirarlo a los ojos, incapaz de decir algo.
Leona solo le acarició la mejilla cubierta por la venda, mirándolo con una dulzura y cariño que solo Jamil había conocido de él.
— Se lo dije ayer con ayuda de Kifaji y Sarabi.- Confesó Leona.- Al principio dijo que el viejo iba a enfadarse, pero después me preguntó si de verdad te amaba.
Jamil solo permaneció en silencio, aguardando la continuación. Leona sonrió con suavidad, antes de proseguir.
— Le dije que te amo como jamás he hecho ni haré a nadie más. Y que si era necesario, huiría contigo de aquí, sin dejar rastro.
— Leona...
— Al final dijo que, ya que te había sacado de ese lugar y traído a un país desconocido, dónde no tienes nada ni conoces a nadie, ahora debo hacerme responsable de ti.- Contó Leona, antes de hincar una rodilla frente a él y tomar su mano.- Así que... ¿Te casas conmigo?
Jamil sintió que de nuevo las palabras le faltaban, mientras un torrente de emociones le inundaba el pecho, hasta el punto de nublarle la vista por las pequeñas lágrimas, antes de lanzarse a los brazos de Leona y abrazarlo con todas sus fuerzas, a pesar de que los dos terminaron en el suelo.
— ¿Eso es un "sí"?
— Sí.
