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El lote que sembramos

Summary:

Las puertas se han abierto.

Es el inicio de una nueva etapa.

Una etapa llena de dificultades, pero sobre todo de crecimiento.

Coiny y Pin.

¿Podrán encontrar su lugar en un mundo donde todo parece confuso?

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Chapter 1: 1. Amapola

Chapter Text

Trabajar en Garden Beauty fue una idea maravillosa y tentadora. Sin embargo, debí contar con la idea previa de que al entrar a ese trabajo no solo implicaba mi vestimenta y mis increíbles dotes de ternura. Claro que no. Cuando me postulé al trabajo no pensé en cuánto tiempo haría de mi apartamento al trabajo. Cuando Leafy me recomendó el trabajo me dijo que era muy buen trabajo, que el transporte quedaba cerca, que era de medio tiempo y que sería sencillo de transitar.

Sin embargo, al llegar afuera del paradero me topé con algo que me hizo arrepentirme.

Había como 60 personas esperando el camión.

Estábamos a 29 grados.

Era hora pico...

Definitivamente estaba condenada.

¿Quién dijo que sería tan fácil?

Después de haber entrado a Garden Beauty, y haber presenciado por primera vez con mis ojos el transporte en hora pico, claramente llegué con gotas de sudor al trabajo. Por suerte, Golf Ball, la supervisora de la tienda, no pareció notarlo. Sin embargo, eso no evitaba que me sintiera juzgada a través de los ojos de la chica alta.

—Está muy calmado —solté en voz alta observando a mi alrededor.

—Eso es porque es martes —soltó con desinterés cargando una maceta de lirio cobra.

—Entiendo —contesté—. ¿Qué es lo que tengo que hacer? —mi pregunta quedó en el vacío, pues la chica se había ido detrás del mostrador. Solté un suspiro.

Se supone que tiene que capacitarme. ¿Piensa que soy adivina? ¿Cómo se supone que voy a saber?

Me quedé observando la tienda. Cuando era pequeña siempre fui muy apasionada de la jardinería. De hecho, fue gracias a un curso de jardinería que conocí a Leafy. Ambas tuvimos el mismo interés por la jardinería, creo que es por eso que ella me habló de Garden Beauty. Incluso ella fue la que me recomendó. Fue un poco penoso, aunque le dije que no tenía experiencia en atención al cliente. De hecho, ni siquiera he trabajado, pero ella se encargó de hacerme la solicitud y vender la idea de que era una super vendedora.

Cuando la confronté me dijo que puedo aprender rápido.

Me acerqué a una rosa roja. Estaba bastante linda y demasiado cuidada. Quien hubiera cuidado esa rosa hizo un buen trabajo. Sonreí y saqué mi teléfono para tomarle una foto. ¡Esto va para mis destacados!

¡Tan, tan!

La campana de la tienda sonó. Me acerqué a la entrada a pasos apresurados. Debe ser un cliente, y justo Golf Ball no me dijo qué hacer.

Frente a la puerta entró un chico de más o menos mi edad, pelo revoltoso y unos ojos atractivos de color amarillo.

—Hola —saludé, sin saber exactamente qué decir.

—Hola, muy buenas tardes —devolvió mi saludo sin borrar la sonrisa—. Me gustaría ver unos arreglos florales que tengan, principalmente, lirios, protea y escabiosa. ¿Dónde podría verlos?

¿Dónde están los arreglos florales? Hasta ahora solo he visto flores.

—Eh... yo, yo —miré nerviosa a todos lados—. ¿Dónde está Golf Ball? —busqué con la mirada—. Dios mío, ¿dónde está ella?

—¿Me los podrías enseñar? Estoy buscando unos arreglos para festejar el cumpleaños de mi hermano que vive fuera del país. Queríamos hacerle una superfiesta de regreso. Me gustaría que me dieras unas recomendaciones. ¡Mi hermano es alérgico a las margaritas y a los jazmines! Por lo que es mejor evitar esas flores. Por cierto, ¿venden tarjetas de regalo?

—Ah, claro...

¿Qué le respondo? Mi mente quedó en blanco.

—¡Eh, permítame un momento! —me di la vuelta apresurada y, antes de entrar al almacén en busca de la chica baja, escuché unas risas detrás de mí.

—¡Vaya! Imagina si fuera un cliente real. ¡Estás como yo en química!

—¿Qué? ¿No lo eres?

¿Era una especie de prueba?

Golf Ball salió del almacén cargando una maceta de margaritas y miró la escena.

—Coiny, ¿por qué no traes tu uniforme? —habló irritada acomodando la maceta en donde previamente estaban los lirios cobra.

—Se me olvidó traerlo, pero mira, al menos pude poner a prueba a la nueva. ¡No tiene buen trato al cliente!

—¡Acabo de venir! No sé dónde están los arreglos, tampoco qué es lo que venden y lo que no —respondí enojada cruzándome de brazos.

—No me dijiste "buenas tardes" de vuelta —contestó con una tonta sonrisa burlona.

—¡No pensé que viniera gente! Además, ¡no puedes decir que atiendo mal con la forma en que te traté a ti!

—¿No pensaste que iba a venir más gente? Es una t- —fue interrumpido cuando la chica más baja le aventó una camisa.

—Son 24 dólares.

—Ah, sí —dice agarrando la camisa y quitándosela del rostro.

Unos segundos pasaron y la campana sonó otra vez. Una chica con el pelo recogido en una coleta entró a la tienda.

—Hola, buenos días —saludó acercándose a nosotros.

—Hola, Bubble.

—Llegas tarde —respondió Golf Ball.

—Oh... Sí, lo siento, el transporte no pasaba.

Un suspiro salió de la chica bajita.

—Por favor, avisa cuando llegues tarde.

La chica que llegó asintió y subió unas escaleras.

—Pin, acércate un momento. ¿Tienes experiencia en caja? —me acerqué a ella, detrás del mostrador. En el mostrador se encontraba un pequeño ordenador con una caja registradora al lado.

—No, no tengo experiencia en caja.

No se me dan bien las matemáticas.

—Leafy dijo que trabajaste en una tienda de cosméticos. ¿Eras solo vendedora? —alzó una ceja sospechando un poco—. ¿No te tocó estar en caja previamente? Que te haya tocado cubrir a un compañero —interrogó.

¿Desde cuándo trabajé en una tienda de cosméticos?

Ah, Leafy. Claro. Tengo que hablar con ella cuando salga.

—No, señorita, no me tocó estar en caja. Era únicamente vendedora —respondí enojada.

La misma voz molesta volvió a sonar, ahora con unas carcajadas escandalosas que resonaron por toda la tienda.

—¿Vendedora? ¡No recibí respuesta de qué flor era mejor para el cumpleaños de mi hermano! —bromeó riéndose de su propio comentario.

—¡Calla! Tú no eras un cliente verdadero.

—Pin, recuerda que somos compañeros. Todos estamos aquí para que Garden Beauty esté en orden, entonces te pido que seas más respetuosa con tus compañeros —Coiny sonrió con suficiencia—. Y Coiny, deja de molestar a Pin, que aparte de olvidarte del uniforme, llegaste tarde.

—Bien, no la molestaré —habló con un tono de voz aburrido—. Me cambiaré. Adiós, chica nueva —se despidió yendo hacia los baños.

—Tengo un nombre... —murmuré.

¿Qué tiene en contra mía?

—Seguiré hablando. Por hoy te pondré en caja, únicamente estarás cobrando y encargándote de dar el cambio. Tennis Ball no tardará en llegar, él te explicará la marcha —dijo, para después irse adentro de una puerta que decía "Solo personal".

Saqué mi celular, aprovechando el tiempo libre que tenía. Han pasado unos 30 minutos desde que llegué.

*Mensaje entrante de Leafy*

Leafy: Hola bb ¿¿conseguiste el trabajo?? 🫢

Leafy...

La razón por la que Golf Ball me está juzgando mucho.

Y la razón por la que tengo que fingir saber de cosméticos.

Pin: Contigo no quiero hablar.

Pin: ¿Qué le dijiste a Golf Ball?

_Tres puntos escribiendo..._

Leafy: Una mentirita piadosa 😝

Leafy: ¡Pero si conseguiste el trabajo, no?? 😽

Pin: ...

Pin: Hablemos mañana 🤦🏻‍♀️

Una vez terminado de regañar a Leafy, estuve unos segundos en el teléfono. Esto hasta que una señora entró por la puerta. Parecía desorientada.

Esta vez debe ser un cliente.

Pero cliente verdadero.

Me quedé sentada, no sabiendo qué debía hacer. Después de unos segundos saludé.

—Buenas tardes —saludé.

—Buenas tardes, muchacha —saludó la señora mayor.

El sitio estuvo en silencio mientras la señora mayor veía todas las flores. Por suerte, esta vez sí vino alguien.

—Hola, buenos días. Soy Tennis Ball —saludó un chico alto con lentes—. ¿Tú debes ser Pin, no?

—Sí, soy yo —miré a la señora y después a Tennis Ball—. Hay un cliente.

—Bubble tiene que encargarse. Nosotros estaremos a cargo de caja —mencionó acercándose a la computadora—. No tienes nada de lo que preocuparte. Leafy dijo que aprendías rápido, y este sistema es muy sencillo en realidad.

Abrió un programa. En la pantalla se reflejaban casillas con diferentes nombres. En las casillas decía: "Arreglo base", "Ramo de flores base", "Flores" y "Extras".

—¿Ves esas casillas? Cuando el cliente te pida algo, tú presionarás esas casillas —presiona la casilla que dice "Ramo de flores base". Ahora la pantalla reflejaba múltiples nombres de plantas—. Para este ejemplo presioné "Ramo flores", por lo que solo la base ya cuesta 5 dólares. Eso sí, aún falta agregar las flores que tendrá el ramo. Como ves en la pantalla, cada tipo de flor que selecciones costará diferente dependiendo del cuidado, la rareza de la flor, su popularidad y la temporada. No es necesario sumar, el mismo programa te lo suma. Te familiarizarás rápido.

—Entiendo, pensé que tendría que hacer cálculos mentales —comenté observando todas las flores que había. Eran muchas flores. Había desde margaritas hasta anturios—. ¿Todas esas flores son las que cultivan? —pregunté curiosa e intrigada. En mi antigua ciudad era difícil ver flores aquilegia.

—Sí, aunque muchas de ellas casi no las tenemos, o por problemas con las plagas o por el clima. Algunas son complicadas de plantar.

—¿Como las suculentas?

—Sí, las suculentas y orquídeas son las que están siendo un poco más afectadas —comentó.

Después de unos segundos llegó Bubble y empezó a atender a la señora mayor.

Me quedé sentada esperando a que la cliente llegara. Sin embargo, solo preguntó por los precios a Bubble y se salió. Unos minutos largos pasaron.

Ahora había entrado un señor. Empezó a hacer preguntas sobre los precios y pidió los horarios de la tienda. Cuando tomó fotografías a unas macetas se fue de la tienda con un "gracias".

—Pensé que el señor compraría algo —comenté, después de que el señor hubiera entrado y después salido.

—Igual yo. Me pidió recomendaciones para una graduación —comentó Bubble con una sonrisa.

—Así son, especialmente los martes —comentó Tennis Ball—. Pero los viernes y fines de semana es cuando empieza a venir más gente.

—¿Qué tantas personas vienen?

—Como 30 personas. De hecho, los fines de semana solemos poner dos vendedores y dos cajeros.

—Entonces sí parece ser muy pesado —comenté.

—Sí, por lo que es mejor que aproveches y descanses —comentó Bubble, sentándose en una silla que hasta ese momento parecía decoración—. ¡Por cierto! Un gusto, soy Bubble. No me he presentado. ¿Cómo te llamas?

—Me llamo Pin. ¡Un placer, Bubble! —me presenté animada por el comportamiento amigable de la chica.

—¡Leafy habló mucho sobre ti! ¿Entonces estás estudiando Biología? Eso es muy genial.

No fue necesario que me presentara. Al parecer Leafy ya se encargó muy bien de eso.

Al menos no dijo que estudiaba idiomas.

—Sí, me mudé aquí para poder estudiar Biología —afirmé con una sonrisa. Bubble es muy simpática, con ella el ambiente era ligero. No sentía que me estuvieran poniendo a prueba como cuando llegué—. ¿Qué estás estudiando, Bubble?

—Psicología. Me gusta mucho ayudar a otros.

—¡Te sienta bien! ¡Eres como un perrito golden!

—¿En serio? Mis amigas dicen que soy más un gato blanco.

—Creo que encajarías más con un pomerania —mencionó Tennis Ball, que había estado en silencio, con una sonrisa.

El tiempo con ellos fue más llevadero. Estuvimos platicando de banalidades por un buen tiempo. Bubble era una chica muy tierna y energética. En cierta manera me recordaba a Leafy, pero con más energía y más responsable. Tennis Ball era un tipo reservado, pero también muy amable.

Por un momento olvidé que estaba en un trabajo.

¡Tan tan!

Un cliente entró.

—Buenas tardes a Garden Beauty. ¿En qué le puedo servir? —se acercó Bubble con una sonrisa.

—Buenas tardes. ¿Para un ramo?

—Le enseñaré unos ejemplares que tenemos disponibles —mientras se alejaban, Tennis Ball y yo nos quedamos solos.

—Sé que no he podido explicarte mucho, pero ¿te acuerdas de qué hacer? —preguntó mientras me observaba.

—¡Claro! Tengo buena memoria —el chico sonrió aliviado.

Bubble y el señor volvieron en cuestión de minutos. El señor sostenía un ramo de peonías.

—Hola, buenas tardes.

—Buenas tardes —saludó de vuelta el señor dejando el ramo en la barra.

—Me cobra esto.

—Enseguida —contesté, picando el botón que decía "Ramo de flores" y después "Peonías"—. Son 230 dólares.

—¡Está muy caro! —dijo el señor, mirando como si le estuviera haciendo una broma.

—Son peonías, son caras —contesté molesta y sin pensar.

No me había dado cuenta de la selección de palabras hasta que miré el rostro de Tennis Ball y del cliente.

—¡Se están haciendo millonarios! En El Huerto de Dina son más baratas —dice sin creérsela.

Seguro son peonías falsas. Las peonías son caras. ¿En qué mundo vive?

—Entonces vaya al- —antes de que pudiera terminar la oración intervino Bubble.

—Le puedo enseñar otro tipo de plantas. Puede decirme un presupuesto aproximado y hacer la selección que más le agrade —dijo Bubble con una sonrisa cálida. ¿Cómo puede estar sonriendo con un cliente tan grosero?

—Sí, señorita, porque me parece un robo el precio —la chica ignoró la queja y lo guió de vuelta al pasillo de los ejemplares.

Otra vez quedamos solos Tennis Ball y yo.

—Pin.

—¿Sí?

—Sé que el cliente fue grosero, pero no por eso podemos rebajarnos al mismo nivel que él. Nosotros tenemos que cumplir con nuestra labor, y eso incluye tener una actitud profesional —¿Eso era un regaño?

Tal vez debí controlarme más.

—Lo sé, pero ¡fue molesto!

—Claro que lo es y siempre lo serán, pero es por eso que no debemos tomarlo personal —habló con voz suave.

—No lo tomo personal, es solo que no me gusta que me hablen así —me defendí. Antes de que mi acompañante de al lado hablara, Bubble y el señor volvieron.

—Me encargaré yo —comentó el chico. Me hice a un lado con cara de pocos amigos.

Cuando terminaron de atender al señor pude ver cómo me miraba. No era una mirada cualquiera, ni tampoco una mirada agradable. Controlada por el momento, le regresé la misma mirada.

—Muchas gracias, joven —agradeció el señor yéndose del lugar.

Como si el universo conspirara en mi contra, una voz se escuchó desde la sala de empleados. La puerta se abrió dejando ver a Golf Ball con una libreta en la mano.

—Pin, tú no eres vendedora, eso está claro —directa como un clavo, me miró fijamente—. Te estamos dando esta oportunidad por Leafy. Sin embargo, si tu comportamiento sigue siendo tan poco cooperativo, lamento decirte que te vamos a regresar a casa.

El silencio llenó la sala.

Tengo que conseguir el trabajo...

Si no trabajo, ¿entonces qué ocurrirá conmigo?

Cabizbaja y en silencio, dejé que la chica más baja siguiera hablando.

—Mañana me ayudarás en almacén, tal vez lo que necesitas es no estar cara al público —comentó Golf Ball, anotando algo en su libreta—. Estoy siendo bondadosa, por favor, no hagas que me arrepienta —entra de vuelta a la zona de empleados.

—Uhhh, ¿a quién despidieron? —ese chico apareció otra vez—. Chica nueva, apenas te conozco y ya te vas.

—¡No despidieron a nadie! Además, ¿tú no deberías estar trabajando?

¿A él qué le importa?

—Ya terminé mi trabajo —comentó con felicidad, ajeno a mi enojo—. Trasladar las lavandas a una maceta más grande fue un trabajo costoso —se sacudió sus manos como si tuviera tierra encima.

—Sin embargo, no es tan difícil —comenté a propósito para intentar molestarlo.

El chico me miró con diversión.

—¿Ah, sí? Quiero ver que lo intentes.

—¡Será todo un placer! Seguro incluso puedo hacerlo mejor que tú.

—No sé si creerte. Dijiste que eras una gran vendedora, que tenías mucha paciencia, que eras muy amable y que eras buena en atención al cliente.

—¡Eso lo dijo Leafy, no yo!

—Digamos que no tienes un buen historial. Por ejemplo, no me dijiste "buenos días". Tampoco ayudaste a mi hermano alérgico a los jazmines y a las margaritas, y casi te peleas a puño con el cliente Marcelo —dramatiza lo último haciendo que Bubble suelte unas risas mientras Tennis Ball solo sonreía.

—¿Marcelo? ¿Le pusiste nombre? ¿Acaso era amigo tuyo como para que ambos sean tan molestos?

—Es un apodo, nueva. Tiene cara de Marcelo.

Él es muy raro, no lo entiendo. Primero estaba molestándome, después estaba desafiándome y ahora está bromeando.

Es un tipo muy raro.

—Eres raro.

—Y tú eres grosera.

El tiempo transcurrió. Aunque Tennis Ball quiso disimular su poca confianza en mí, honestamente se notaba cómo evitaba que interactuara con los clientes.

Eso me molestó.

Si tenía problemas conmigo en caja, puede decírmelo directamente.

—Ya son las 8 —canturreó Bubble alegre mientras señalaba el reloj de la pared—. Lo que significa que somos libres.

—Suertudas —dijo Tennis Ball, ordenando unas repisas—. Adiós, chicas.

—Adiós, Tennis Ball —se despidió Bubble y luego me miró—. Pin, también sales a la misma hora. ¿Quieres acompañarme? Tienes que registrar tu hora de entrada y salida.

—¡Sí, claro! Voy contigo —me acerqué a ella siguiéndola por unas escaleras. Aunque Garden Beauty se veía que era un local chico, que por ende no debería estar tan desarrollado, extrañamente tenían una máquina para registrar entrada y salida.

Imité los mismos pasos que hizo ella.

"Acceso concedido".

Habló la máquina.

—Guau, mucha tecnología.

—Lo es. A Golf Ball le gusta mucho todo lo innovador, incluso aunque no seamos mucho personal.

Bajamos las escaleras, ahora saliendo por la puerta de Garden Beauty.

—Nos vemos mañana, Pin.

—Hasta luego, Bubble.

A pesar de que el trabajo hubiera estado tranquilo, de alguna forma me sentía cansada. Solo espero que el camión esté más tranquilo que en la mañana.

El camino hacia el transporte era oscuro. No era como mi hogar, en donde las calles siempre estaban iluminadas. En donde las ventanas estaban adornadas con la luz cálida.

Subí las escaleras del transporte. Por suerte, el metro pasó en cuestión de minutos, por lo que entré a tiempo.

El transporte, a comparación de la mañana, era distinto. No sentía que me estuviera asando, tampoco que estuviera apretada, ni tampoco los ruidos de las personas. Era un respiro. Había mucho que pensar este día.

Miré a la ventana.

Bubble es muy responsable, amable, linda y muy paciente a pesar de los clientes que entraron. Muchos ni siquiera le devolvieron el saludo. Sin embargo, ella siempre mantuvo una sonrisa cálida.

¿Tal vez me falte sonreír más?

Siempre he pensado que mi sonrisa es linda. Sin embargo, la sonrisa de Bubble hace sentir a uno bienvenido. Cualquier cliente que viniera con la intención de pelear definitivamente no lo lograría con ella.

Creo que vender no puede ser lo mío.

Y caja parece que tampoco...

Pero, ¿entendí bien? ¿Entonces el punto para hacer bien mi trabajo es sonreír? No me gusta fingir amabilidad.

Tennis Ball, aunque él no fuera como Bubble, quien parece que nació para ser vendedora, él transmitía paz a los clientes. Si Bubble los recibía, él hacía que se quedaran en la tienda. Sin embargo, yo no encajo en esos roles. Yo definitivamente hago que los clientes se den la media vuelta y regresen de vuelta a la puerta de entrada.

Estación "Águila".

Me bajo en la siguiente parada.

Sumida en mis pensamientos me levanté de mi asiento y me sostuve de un tubo cerca de la entrada del transporte.

Estación "Ignacio".

En cuanto se abrieron las puertas del transporte caminé hacia mi departamento.

Ese chico raro, honestamente no sé si quiere que me despidan o si solo le gusta molestar.

Varias veces me echó a cabezas con Golf Ball.

Golf Ball...

Ella de verdad me tiene en la mira.

Subí unas escaleras que conducían a mi departamento, y con lentitud abrí la puerta.

Era todo oscuro. No me gusta la oscuridad. Con los ojos pesados tiré mi bolsa en una silla, me quité los tenis y me aventé a la cama. La suavidad del colchón me abrazó y el olor a jazmines que desprendían las sábanas me acarició.

—Pin, tú no eres vendedora, eso está claro.

Se dio cuenta que no era vendedora.

No pude.

No pude cumplir.

—Te estamos dando esta oportunidad por Leafy. Sin embargo, si tu comportamiento sigue siendo tan poco cooperativo, lamento decirte que te vamos a regresar a casa.

Ella quiso regresarme.

Ella no me quiere aquí.

Ella anotó algo.

Anotó algo antes de irse.

Anotó en su libreta: —Estoy siendo bondadosa, por favor, no hagas que me arrepienta —se fue.

"Estoy siendo bondadosa".

Abracé mi almohada con olor a flor de loto y sumergí mi rostro en ella.

Me quedé unos minutos así.

No sé cuántos minutos pasaron.

Retiré mi rostro de la almohada. Había apuntes esparcidos por toda mi habitación.

Con paso cansado dejé la almohada a un lado, prendí la luz de mi cuarto y guardé mis apuntes.

—Estoy siendo bondadosa, por favor, no hagas que me arrepienta —entra de vuelta a la zona de empleados.

—No hagas que me arrepienta —susurré.

Me senté en mi colchón con mirada perdida.

—Mañana me ayudarás en almacén, tal vez lo que necesitas es no estar cara al público.

No estar cara al público, puede servir.

Tiene que servir...