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La ropa negra era casi inexistente en el armario de aquella habitación. Su abigail personal había estado ayudando a Francesca a arreglarse, pero seguía sin encontrar el velo negro que la condesa deseaba utilizar ese día.
Francesca se puso de pie; aún no llevaba zapatos, por lo que tuvo que levantar la falda de su vestido hasta sus pantorrillas para ayudar a la chica que estaba muy nerviosa.
“No pasa nada, Gwendolyn”
Era de las primeras veces que había requerido su ayuda, ese día se sentía incapaz de concentrarse, así que hizo sonar la campana de su sirvienta personal. La condesa llegó hasta el armario y comenzó a buscar el accesorio que le hacía falta, al ver que no estaba suspiró y volvió sobre sus pasos
“Solo ponme los zapatos, tengo que verificar una vez más que todo lo que pedí esté hecho”. Francesca se sentó de nuevo viendo su imagen en el espejo del tocador.
“Sí, mi señora”. La chica se agachó y comenzó a calzarle los botines de cuero que usaba para montar, Fran suspiró e intentó pensar en algo porque, de pronto, una sensación de tristeza la invadió. “Listo, lady Kilmartin”
Francesca le hizo una seña para que se retirara y entonces cuando se sintió completamente sola permitió que su vista se nublara y que su postura se relajara. Fran respiró con dificultad y estuvo a punto de levantarse cuando fue interrumpida por una voz suave detrás de ella
“¿Lista para irnos?”
Francesca observó a Michaela a través del espejo, intentó sonreír en vano y solamente comentó lo que estaba pensando “Creí que nos veríamos allá”.
Michaela no se movió y solamente suspiró antes de hablar "Imaginé que querrías revisar personalmente los preparativos, además lo que debía hacer no tomó mucho tiempo”. La mayor solía revisar que se hiciera limpieza en el lugar donde John estaba enterrado y llenaba de flores su tumba, también solía sacar a los caballos a galopar libremente por aquella zona que su primo describió hace mucho como un paraíso en la tierra.
Francesca mordió su labio inferior para alejar sus nervios y asintió en silencio. Michaela notó que no llevaba el velo que solía usar en esa fecha, así que buscó en el bolsillo de su hábito de montar y la menor detuvo sus movimientos y continuó sentada.
“Creo que olvidaste esto en el carruaje la vez pasada que salimos, yo lo guardé” Michaela comenzó a acercarse lentamente y Fran soltó el aire que llevaba retenido en sus mejillas “sé que te gusta que todo esté en orden este día”
Fue lo único que dijo mientras colocaba su velo y dejaba sus manos sobre los hombros de su mujer.
“Gracias”
La voz de Francesca salió un poco entrecortada, sentía como sus lágrimas se acumulaban en sus ojos
“Vamos Francesca, es hora”.
La escocesa retrocedió mientras Francesca se levantaba y salió de la alcoba con el rostro serio. Todo aquello aún las afectaba más de lo que admitirían.
Los pasillos estaban en silencio, los sirvientes estaban en la planta baja todos apostados en su lugar y portando la librea negra que les era solicitada durante esas fechas. Todos mantenían la mirada fija al frente y aquello siempre terminaba incomodando a Francesca, ella detestaba que solo respondieran cuando algo era necesario.
Por suerte, cada año parecían requerir menos gente y algunos sirvientes podían tener más tiempo libre. Michaela se dio cuenta que la inglesa apretaba más el agarre en su brazo
“¿Todo bien?”. Solo obtuvo un asentimiento
Al llegar a la planta baja el ama de llaves ya las esperaba con todos los detalles de ese día, las condesas se soltaron.
“Condesa Stirling, Lady Kilmartin” hizo una reverencia corta “todo se encuentra preparado, mi lady”.
Michaela asintió y Francesca tomó la tablilla de escritura y con su dedo comenzó a recorrer cada una de las cosas que había agregado a esa lista.
“Todo está en orden, solo debemos verificar con el párroco de la iglesia si vendrá a dar la misa a la capilla del castillo o debemos ir nosotros a su iglesia”
“Sí, mi lady”
“Excelente trabajo, Mary”. La mujer no dijo nada ante el cumplido, John y ella se conocían desde hace muchos años y Francesca sabía de su dedicación hacia la familia, por eso seguía ahí
Francesca entregó los papeles y de nuevo tomó el brazo de Michaela. Recibieron la reverencia y caminaron hacia la puerta principal que fue abierta con solemnidad para ellas. Ambas sintieron el viento golpearles el rostro
“No me habías hablado del clima”
“Este viento no estaba hace una hora”
“Bien, creo que tendremos que darnos prisa”
A unos metros los esperaban dos muchachos de establo que sostenían el ramal de los caballos que montarían. El caballo de Francesca llevaba una silla de dama para que tuviera más espacio para maniobrar y la yegua de Michaela tenía por sugerencia del herrero una nueva embocadura para evitar presión sobre una antigua lesión
“¿Cómo está?” Preguntó mientras ayudaba a Francesca a subir a su caballo
"Mejorando, mi lady. Le prometo que Selkie hará un buen trabajo hoy”
“Lo sé, solo cuida a mi niña” el muchacho asintió, hizo una reverencia y observó como Michaela subía a la yegua blanca
Ambas tenían las riendas en sus manos y comenzaron a avanzar lentamente
“¿Todo bien Michaela?”
“No realmente”. La mayor aflojó las riendas. “Hace un par de días una jauría atacó a algunos caballos. No perdimos a ninguno, pero Aurora recibió varias mordidas. El problema es que no puede mantenerse en pie y tememos que no se recupere”.
Esa yegua estaba embarazada y, por lo poco que sabía Francesca, aquello realmente era una situación muy preocupante.
“Oh Micky, de verdad lo siento”
“Están cuidándola bien, solo esperan que la fiebre no sea severa”
El amor que Michaela le tenía a esa yegua era profundo, había sido la yegua que la acompañó durante algunos de sus viajes y en la que confiaba más. Selkie, por su parte, percibía que la jinete no estaba muy cómoda con ella así que comenzó a ir más lento
“No te enojes conmigo Selkie, sabes que también te quiero” La yegua sacudió la cabeza y dejó escapar un sonido áspero por la nariz.
Francesca no supo qué más decir así que se quedó en silencio y acarició a su caballo en la base de las orejas, le gustaba ver cómo las movía por reflejo.
“Espero que Aurora mejore” Michaela solo le devolvió una sonrisa, ella no tenía muchas esperanzas.
Después de eso, el aire bajó de intensidad así que las chicas decidieron hacer a sus caballos galopar para llegar a la hora que habían planeado. Selkie y Sirius parecían competir entre sí y Francesca sonrió al sentir el aire sobre su rostro y ver cómo Michaela intentaba acomodar su cabello.
En diez minutos llegaron al sitio donde se encontraba la tumba de John Stirling, la cual ya estaba adornada de flores y frente a ella estaba una manta de picnic. Esa era una de las costumbres que habían instaurado para ese día: las condesas se sentaban a platicar con John y lo ponían al día.
Francesca redujo el paso de Sirius con elegancia y Michaela tuvo problemas para maniobrar a la yegua debido a la nueva embocadura.
“Woah. Easy, girl."
Francesca observó cómo Michaela intentaba hacer que la yegua obedeciera, al parecer su humor había cambiado. Por eso decidió aligerar las tareas de su mayor, descendió de Sirius y le retiró la brida para dejarlo pastar. Michaela por fin descendió de Selkie, quien aún seguía inquieta.
“Deja de moverte, te quitaré esto”. El animal lucía estresado, así que cuando Michaela logró quitarle la embocadura, Selkie sacudió la cabeza con fuerza y salió trotando en dirección al prado.
Michaela bufó, molesta, y Francesca aprovechó para ponerse detrás de ella, rodear con sus brazos su cintura y recargar su barbilla en su hombro
“Lo hiciste bien, Michaela”, El cuerpo de la escocesa se relajó al sentir a Francesca “de regreso yo puedo llevarme a Selkie”
“Bien”
La mayor no dijo nada más y cerró los ojos, deseaba conservar aquel instante un poco más: el viento en su rostro, la respiración de Fran en su mejilla, las caricias del pasto alto en el inicio de sus dedos
Por instantes así, todo parecía valer la pena.
Ambas se quedaron ahí un momento más, hasta que Francesca se separó y volteó
“Ven, vamos a comer algo. Además John ya se dio cuenta que lo estamos ignorando”
Francesca tomó su mano y entrelazó sus dedos, Michaela se sonrojó como una adolescente enamorada al notar el gesto de la menor.
Caminaron hasta la tumba de John, Francesca se persignó y Michaela tocó la piedra con su mano libre
“Volví hermano. Traje a Frannie conmigo, espero que te gusten las flores que elegí este año”
Fran sonrió al escuchar la naturalidad con la que Michaela le hablaba, a ella le había costado un poco de trabajo hacer eso. Se le hacía extraño hablarle al vacío, pero ahora ya se sentía más segura.
“He estado hablando contigo algunas veces John, espero no haberte aburrido. Ya pasó otro año”.
El discurso de Fran se acabó ahí porque sintió un nudo repentino en la garganta
“Francesca trajo cosas para comer, vamos a estar aquí un rato. Espero que no te moleste”
Michaela fue la primera en sentarse sobre la manta que estaba ahí, observó que Francesca se quedó quieta así que decidió sacar las cosas y permanecer en silencio, la Bridgerton necesitaba su espacio. La escocesa sacó la comida que habían hecho ese día y comenzó a comer uvas como aquella vez en que John le pidió que perdonara a Francesca por haber intentado que conversara con un pretendiente.
Quién hubiera pensado que terminaríamos así, pensó con una sonrisa y continuó rememorando esos días. No olvidaba que los tres habían armado un rompecabezas y cómo John disfrutaba sentarse a su lado en el piso para escuchar a Francesca tocar el piano.
Perdida en esos pensamientos levantó la mirada al cielo y sintió su vista nublarse. “Entiendo lo feliz que te hacía tenernos a ambas, John”
Francesca terminó su oración y se dio cuenta que Michaela también estaba teniendo un momento con su primo. Ambas manejaban aquella situación de diferente manera. La inglesa acarició un par de veces más la lápida de John para despedirse, se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia donde Michaela estaba sentada.
Fran tomó asiento frente a ella y en silencio abrió la botella de whisky que había llevado, en el fondo de la canasta había un par de vasos bajos
“Bebe directo de la botella, sabe mejor” le sugirió Michaela antes de que sirviera los vasos
“Yo…eso…no me gustaría hacer eso con la botella de John”
Michaela estiró la mano pidiéndole la botella a Francesca para observarla, sonrió al recordar cómo habían obtenido esa botella. “John golpeó a alguien en la cabeza con esa botella, nunca tuvo buena resistencia al alcohol y alguien quería quitársela”.
“¿Qué?”
“Estábamos en un festival callejero, habíamos bebido mucho y John andaba de amargado porque el caballo por el que había apostado perdió. Entonces John creyó que era buena idea tomar un trago en el club de los apostadores y quejarse en voz alta”
“John…”
“Sí, no pudo decir más de una oración cuando su rostro cayó sobre la barra”, Michaela rio “John se durmió con la botella en la mano, ya te podrás imaginar el resto”
“¿Lo despertaron?”
Michaela asintió “Y despertó de mal humor, así que golpeó al hombre que lo despertó con la botella”, la mayor continuó riendo
“¿Y dónde estabas tú?”
“Oh, apostando tragos con otro cantinero y viendo como las camareras subían cada vez más sus faldas…”
Francesca negó, aunque le gustaban las anécdotas de Michaela, a veces sentía celos, la condesa había tenido demasiadas conquistas y se había llevado a muchas mujeres a la cama
“Genial, creo que beberé un poco” Francesca le arrebató la botella a Michaela quien abrió la boca y la dejó así al ver a su esposa beber un gran trago de whisky y arrugar el rostro por el sabor.
“Fran…” La escocesa se dio cuenta de lo que había hecho así que sonrió con malicia y tomó la botella de la mano ajena “Se me olvidó decirte que esas chicas tenían unas manos muy lindas”
En una mano Michaela tenía el whisky y con la otra había tomado los dedos temblorosos de Francesca Stirling y los llevó a sus labios para besar sus nudillos, después del gesto soltó su mano.
“Pero nunca volví a mirar unas manos como las tuyas”, continuó la de cabello oscuro mientras llevaba la botella a sus labios. “Salud Johnny”. Michaela no hizo ningún gesto con la bebida, incluso cerró con habilidad la botella, la tiró sobre la manta y tomó de nuevo las manos de la menor “No olvides que te amo solo a ti, Francesca”
Francesca había olvidado la razón de su molestia y solamente sonrió, John decía que su prima siempre salía ilesa de una pelea y, aunque quisiera negarlo, era verdad. La castaña se soltó de su esposa y comenzó a comer en silencio.
“¿Quieres un trozo de pan?” Preguntó y obtuvo una negativa de parte de Michaela
“Comamos un poco Fran, parece que el viento seguirá soplando así que creo que será prudente regresar antes."
Francesca siguió la mirada de Michaela y notó que algunas nubes en el cielo se movían rápidamente. A pesar de no entender mucho sobre eso, sabía que el cielo podría darle información sobre el clima.
“Te lo compensaré en casa, sé cuánto te gusta que esté día sea perfecto”
“Michaela, ya es perfecto”
Ambas continuaron comiendo intercambiando anécdotas sobre John Stirling y algunos planes para el siguiente festival de la casa de los Kilmartin.
Desde la partida de John habían decidido participar en los Highland games y organizar su propia feria con personas del pueblo. Los Stirling eran de las pocas familias aristócratas que prestaban sus terrenos para llevar a cabo ese tipo de celebraciones. Michaela disfrutaba ver y participar en los eventos deportivos y Francesca había estado detrás de la organización desde que John se lo había sugerido.
"Creo que este año podríamos ampliar las tierras destinadas a la granja y hacer más pequeña la zona de caza”
“A los cazadores los podemos mover un poco más al interior del bosque y dejarles la misma área”
"O podríamos dedicar otro día a la cacería". Francesca no apoyaba el asunto de esa actividad, sabía que era valorada en Escocia y por las familias nobles, pero para ella era cruel matar animales.
“Bien, dejemos ese tema pendiente. Mejor pensemos en la inauguración”
“Ya está todo listo, solo falta confirmar si tendremos obra de teatro o baile tradicional”
“Podríamos poner un teatro pequeño en el granero y dejar a los bailarines”
“Bien, lo comentaré con ambos”
Francesca y Michaela eran muy buenas planeando cosas, la comida se terminó así que decidieron levantar y guardar todo lo que habían utilizado, los sirvientes llegarían después para devolver todo a su lugar. La castaña fue la primera en llamar a su caballo quien se dejó colocar el cabezal rápidamente.
“¡Selkie!”. Por otro lado, Michaela ya estaba levantando la voz para que la yegua volviera
La yegua no volvía y Francesca acariciaba el hocico de Sirius, al parecer este inconveniente no era tan pequeño y el caballo se estaba rebelando contra la escocesa.
"Creo que fui demasiado dura con ella."
Francesca notó que Michaela comenzaba a sentir un poco de culpa así que decidió llamar a la yegua con un silbido un tanto agudo. Pasó casi un minuto cuando una cabeza agachada y unas orejas levantadas se asomaron detrás de un gran árbol
“Ven Selkie, vamos a casa”
La yegua caminó con cautela hacia ellas y resopló con desconfianza, Michaela intentó establecer contacto visual con ella, pero era ignorada. Francesca notó que su mayor estaba molesta así que tomó el cabezal que estaba en la mano de la condesa
“Selkie, eres una niña buena así que ven aquí”
La yegua siguió acercándose con cuidado, aunque Francesca sonreía no levantaba la vista y pateaba con sus pezuñas el pasto. Francesca decidió tomar la iniciativa y acercarse, levantó el cabezal y se dio cuenta que la yegua le tenía miedo a la pieza de metal que colgaba de su mano
“No te voy a lastimar, ninguna de nosotras lo hará” La yegua resopló suavemente. “Por favor pequeña, necesito que confíes en Michaela. Llegaremos a casa pronto, estás haciendo un buen trabajo” , era la primera vez que Michaela escuchaba a Francesca hablarle a un caballo.
Los ojos de Fran y el animal se encontraron, la chica siguió acariciando a Selkie con una sonrisa y notó que ya no estaba tan alterada así que acercó su mano para colocarle el equipamiento. No puso fuerza sino que lo deslizó con delicadeza y tarareando una canción tranquila que solía tocar cuando no podía dormir.
Selkie se relajó más cuando sintió que Francesca no la jalaba así que la inglesa murmuró en voz baja a su esposa. “Sube ahora Michaela, solo necesitaba un poco de tiempo”
La mayor no dijo nada y en silencio se dirigió hacia el estribo para subir, montó con cuidado para no romper el momento de paz. Cuando terminó de acomodarse Francesca le entregó las riendas a Michaela y le dedicó una sonrisa, sabía que estaba buscando tranquilidad para que el animal también lo sintiera. Cuando notó que ya estaban listas para avanzar, ella se dirigió a su caballo y subió sin ayuda.
Escuchó como la escocesa hacía el sonido que todos sus caballos reconocían como señal para comenzar a caminar, ella decidió ir atrás y cerca para confirmar que la yegua ya confiaba en Michaela y que el viaje sería seguro para todos.
Y así fue, de hecho, el trayecto a casa fue realizado en menos tiempo, Michaela ya no quería estresar más a la yegua así que avanzó lo más rápido que pudo y evitó hacer maniobras que lastimaran su hocico. Francesca la siguió en silencio disfrutando del clima de Escocia y recordando las primeras veces que John la llevó a conocer esa parte de los terrenos.
Llegaron al castillo cuando el anochecer comenzaba a teñir el horizonte, así que se apresuraron para entrar aún con luz a su hogar. Después de desmontar y entregar los caballos el velo de Fran aún volaba y los vestidos se levantaban un poco, se tomaron de la mano entrelazando sus dedos y decidieron correr hasta la entrada trasera que daba a un salón pequeño del castillo.
La emoción que sintió la inglesa en ese momento hizo latir rápido su corazón y no pudo evitar sonreír
“¿Qué?” Michaela notó que Francesca la detenía y sin decir nada estampó sus labios en un beso desordenado que la hizo relajar su postura y olvidar que su cabello volaba con el viento.
Tomó la cintura de su esposa y recargó su espalda contra la puerta de madera, sintió el peso de la menor sobre ella y continuó besando sus labios, sabía que debían separarse antes de que los sirvientes las vieran de esa forma tan comprometedora, pero la impulsividad de Fran realmente la estaba haciendo perder la cabeza.
El beso se volvió tan demandante que dejó escapar un pequeño gemido y eso hizo sonreír a Fran en medio del beso, de nuevo se había atrevido a hacer eso y por fin le estaba saliendo bien. Lamentablemente, el ósculo tuvo que terminar porque Michaela la empujó suavemente hacia atrás y abrió los ojos.
“Frannie, creo que debemos seguir esto en un lugar más privado” fue una sugerencia que la inglesa aceptó.
“Sí, creo que podríamos pedir un poco de té, comenzar con el siguiente rompecabezas y…”
Michaela llevó su mano hacia el rostro de su esposa quien ladeó la cabeza y acunó su rostro contra ella: "Besarnos hasta el cansancio. Esa es mi intención."
Francesca se sonrojó con toda la situación y se separó para abrir la puerta. Michaela, sin embargo, no quería que el momento terminara abruptamente, así que tomó la mano de la menor y entrelazó de nuevo sus dedos.
“Te amo, Francesca”.
“Yo te amo a ti, Michaela”.
El espacio entre ellas comenzó a desaparecer una vez más, pero algo las detuvo, tal vez la razón, y una sonrisa apareció en el rostro de ambas. Entraron a la casa esperando tener un poco de privacidad; sin embargo, unas botas se detuvieron frente a ellas y un hombre hizo una reverencia.
“Condesa Stirling, la están esperando en el estudio”.
“Gracias Theodore, iré para allá”
Al parecer Francesca debería comenzar con el rompecabezas sin ayuda y Michaela no podría cumplir tan pronto su promesa
El mayordomo se retiró y la castaña asintió, sabía que el trabajo era primordial. “Te espero en el salón matinal” se despidió con un beso en la mejilla.
Las manos de las condesas se soltaron con la promesa de volverse a reencontrar después de esa reunión.
