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La muerte le había alcanzado.
Se dice que aunque mueras tu cerebro vive unos 7 minutos y te pasa como una película toda tu vida. Podía confirmar que era cierto, su vida pasaba, todos sus momentos -infancia y juventud-.
Tampoco esperaba vivir demasiado, quería cumplir sus ideales formados después de tener una crisis existencial sobre la hechicería. Le hubiese gustado pasar más tiempo con las gemelas, esperaba que estuviesen bien. Aparte no creía vivir demasiado, tenía demasiados enemigos y sabía que solo una persona viva le podía matar; su ex mejor amigo: Gojo Satoru.
Nadie más podía matarlo, solo él. Hubo una persona anteriormente que le mató en lo emocional: Amanai Riko.
Pobre de su Riko, solo quería ofrecerle una vida que no fuese fusionarse con un viejo decrépito de a saber cuantos años. Sacrificarse por un desconocido que la veía como un objeto era algo estúpido.
No había mucho en su vida digno de recordar; maldiciones, las gemelas, la preparatoria, Riko, las muertes, los malos sentimientos…etc.
Todo cambio por Amanai, si nunca la hubiese conocido la historia sería diferente, sería de grado especial con sus exs compañeros o maestro de esos adolescentes. No pudo ser, él vio la realidad oscura de la vida, se quitó la venda.
7 minutos para recordar su vida, solo 7 minutos pensado en Riko y ya la vería para siempre en el otro mundo.
