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Nuestro Pequeño Severus.

Summary:

Una broma de los Merodeadores termina perjudicando de nuevo a Severus.
Lo que debió ser la broma más humillante y la ruptura oficial de la amistad de Severus y Lily, terminó de peor forma posible.
Un Snape de 5 años sin memoria.

No solo Severus se vio afectado, sino que gracias a esa broma, Los Merodeadores fueron castigados de diferentes formas posibles y de las peores formas qué les halla ocurrido.

Dumbledore no tuvo opción y llamó a las únicas personas que cuidaría temporal mente a un Snape de menos de 6 años...

Chapter Text

El castillo de Hogwarts siempre estaba lleno de murmullos, risas y el eco de pasos sobre piedra antigua. Para muchos estudiantes era un hogar, un lugar donde crecer y aprender magia.

Para Severus Snape… no.

Los pasillos para él eran un campo de batalla silencioso.

Severus caminaba rápido por el corredor del tercer piso, su túnica negra ligeramente gastada agitándose tras él. Su rostro pálido estaba inclinado hacia el suelo, los mechones de su cabello negro cayendo sobre sus ojos oscuros. Había aprendido hacía tiempo que mirar demasiado alrededor solo aumentaba las probabilidades de problemas.

Y los problemas siempre tenían los mismos nombres.

—¡Eh, Snivellus!

La voz burlona resonó detrás de él.

Severus cerró los ojos un segundo antes de girarse lentamente.

Ahí estaban.

James Potter, con su arrogante sonrisa habitual y las manos en los bolsillos.
A su lado, Sirius Black, recargado contra la pared con expresión divertida.
Un poco detrás, Remus Lupin observaba con incomodidad.
Y Peter Pettigrew reía nerviosamente.

Los Merodeadores.

La pesadilla constante de Severus.

—¿Qué quieres, Potter? —escupió Severus con frialdad.

James sonrió más.

—Solo preguntarme si hoy descubriste otra forma de hacer que las pociones huelan peor que tú.

Peter soltó una carcajada exagerada.

Severus apretó los dientes.

Había pasado años soportando esto. Insultos, hechizos, bromas, empujones. A veces cosas peores.

Y aun así, nunca dejaba que vieran cuánto le afectaba.

—Al menos sé hacer pociones —respondió Severus—. Algo que tú apenas logras sin copiar.

Sirius soltó una carcajada.

—Oh, eso fue bueno.

James entrecerró los ojos.

—Cuidado, Snivellus. Un día tu lengua te va a meter en problemas.

—¿Más de los que tú ya causas?

Durante un segundo el pasillo se quedó en silencio.

Remus suspiró.

—James, déjalo.

Pero James ya estaba pensando.

Y cuando James Potter pensaba en bromas… siempre terminaba mal.

---

Horas antes, en un aula vacía cercana a las mazmorras.

Una mesa estaba llena de frascos, ingredientes y humo extraño.

Sirius agitaba un frasco con una sustancia púrpura brillante.

—¿Estás seguro de esto? —preguntó Remus con desconfianza.

James sonrió ampliamente.

—Totalmente.

Remus lo miró.

—Eso no me tranquiliza.

James levantó otro frasco.

—Es solo una broma. Una poción de reversión temporal.

Peter inclinó la cabeza.

—¿Reversión?

Sirius sonrió con malicia.

—Edad.

Remus abrió los ojos.

—James…

—Solo unos minutos —dijo James rápidamente—. Snivellus se convertirá en un niño, todos se reirán y luego volverá a la normalidad.

Remus frunció el ceño.

—Esto no es seguro.

James agitó la mezcla.

El líquido burbujeó… violentamente.

Nadie lo notó.

La poción no estaba estable.

---

Ahora.

Pasillo del tercer piso.

James sacó el frasco.

—Tengo algo para ti, Snivellus.

Severus inmediatamente levantó su varita.

—Ni se te ocurra.

Pero Sirius rió.

—Demasiado tarde.

James lanzó el frasco.

Pero en el último segundo—

El frasco resbaló de su mano.

No fue un lanzamiento limpio.

Fue un accidente.

El cristal golpeó el suelo frente a Severus.

CRASH

La poción explotó.

Una nube de luz violeta estalló violentamente.

Severus gritó.

El pasillo entero se llenó de humo brillante.

Los estudiantes comenzaron a gritar.

Remus dio un paso adelante.

—¡SEVERUS!

La luz se disipó lentamente.

El frasco estaba hecho pedazos.

Pero Severus…

No estaba.

El silencio cayó sobre el pasillo.

Peter habló primero.

—¿…Dónde está?

Sirius miró alrededor.

James se quedó completamente quieto.

—Yo… yo no…

Una voz severa resonó detrás de ellos.

—¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?

Minerva McGonagall apareció rápidamente por el pasillo, su túnica ondeando.

Detrás de ella caminaba Albus Dumbledore, con su expresión grave.

McGonagall miró el desastre.

Cristales rotos.

Residuos de poción.

Estudiantes asustados.

Y Severus… desaparecido.

—Potter —dijo con voz peligrosa—. Explique. Ahora.

James tragó saliva.

—Fue… una broma…

El rostro de McGonagall se volvió blanco.

—¿Dónde está el señor Snape?

Nadie respondió.

Entonces alguien empujó entre la multitud.

Regulus Black.

Sus ojos grises ardían.

—¿Dónde está Severus?

James no respondió.

Regulus miró el suelo… el cristal… la poción.

Su expresión cambió.

Horror.

Luego furia.

Se giró hacia Sirius.

—¿QUÉ HICISTE?

—Regulus—

—¡¿QUÉ HICISTE?!

Regulus empujó a su hermano.

—¡ASESINO!

Todo el pasillo estalló en murmullos.

En ese momento apareció Lily Evans entre la multitud.

—¿Qué pasó?

Remus habló en voz baja.

—La poción… explotó…

Lily miró el lugar vacío donde Severus debería estar.

Luego miró a James.

Su rostro estaba lleno de horror.

—Dime… que no lo mataste.

James sintió que el corazón se le detenía.

—Yo… no quise…

Pero Lily ya estaba retrocediendo.

Como si lo estuviera viendo por primera vez.

Como si fuera un monstruo.

El ruido de los estudiantes aumentaba.

McGonagall estaba organizando una búsqueda.

Dumbledore observaba el suelo con profunda concentración.

Y entonces—

Un sonido interrumpió todo.

Un pequeño llanto.

Muy suave.

Muy débil.

Todos se quedaron en silencio.

El sonido venía de detrás de una columna.

McGonagall se acercó lentamente.

—¿Hola…?

El llanto continuó.

Dumbledore rodeó la columna.

Y entonces lo vio.

Un niño pequeño.

Sentado en el suelo.

Cabello negro desordenado.

Piel pálida.

Ojos grandes, llenos de lágrimas.

No tendría más de cinco años.

El niño miró alrededor con miedo.

—¿Mamá…?

El silencio fue absoluto.

Todos lo reconocieron.

Todos.

Los ojos de Lily se abrieron.

Remus dejó caer su varita.

Sirius se quedó congelado.

James sintió que el estómago se le caía al suelo.

Porque ese niño…

Era Severus Snape.

Pero no el Severus de quince años.

Uno de cinco.

Dumbledore habló suavemente.

—Interesante…

El niño retrocedió un poco.

—¿Dónde estoy…?

Su voz era pequeña.

Confundida.

Regulus fue el primero en reaccionar.

Corrió hacia él.

—Sev…

El niño lo miró.

Pero sus ojos no mostraron reconocimiento.

Solo miedo.

—¿Quién eres…?

Las palabras cayeron como un cuchillo.

Regulus se quedó paralizado.

Lily llevó una mano a su boca.

Remus susurró:

—No recuerda…

Dumbledore cerró los ojos un momento.

—La poción… no lo mató.

Miró a los Merodeadores.

Especialmente a James.

—Pero ha tenido consecuencias… profundas.

James no podía respirar.

Porque el niño seguía llorando.

Y lo miraba…

Como si fuera un completo desconocido.