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Atracción tóxica

Summary:

Una conversación casual. Una sonrisa. Una mirada que dura un segundo más de lo necesario.

Multi nunca había prestado demasiada atención a Aldo. Era otro nombre entre muchos, otra presencia en un mundo donde tenía asuntos más importantes de los que preocuparse. Sin embargo, algunas personas poseen una extraña gravedad. No importa cuánto intentes ignorarlas; tarde o temprano terminan ocupando un rincón de tus pensamientos.

Quizás fue su fuerza.

Quizás fue la forma en que todos le temían.

O quizás fue la manera en que, incluso rodeado de enemigos, seguía sonriendo.

Lo cierto es que, cuando Multi quiso darse cuenta, ya era demasiado tarde.

Notes:

Si esto incumple los límites de los streamers haganme saber y lo borro de inmediato.
Esto es sobre Qsmp, ship de cubitos

Work Text:

Pocas veces había cruzado alguna palabra, mucho menos habían convivido o tenido alguna amistad, a decir verdad, nunca se había interesado en absoluto sobre aquella persona. Le resultó extraño que, en las primeras palabras que le había dirigido, Aldo insistiera en invitarlo a probar un auto junto a su amigo. Incluso prefería quedarse fuera toda la diversión para cederle al asiento a él.

Fue el primer llamado de atención. Multi no pudo evitar mirarlo, ¿siempre había tenido esos llamativos accesorios en las orejas? Le daban una apariencia fresca y agresiva al mismo tiempo. Parecía el tipo de persona que no dudaría en escupirte el humo de su cigarrillo en la cara y luego quemarte con la única intención de que lo mires.

Claro, Aldo nunca le haría eso. Ni siquiera parecía capaz de consumir ningún tipo de sustancia. Además, Multi lo único que había recibido de su parte eran solo sonrisas simpatizantes y algunas bromas al aire. Nada personal.

Ni siquiera sabía por qué su cabeza seguía dirigiéndose hacia ese hombre. Tenía que concentrarse en lo suyo, tenía demasiado trabajo como para andar flotando en una nube.

Fue cuestión de tiempo para enterarse de toda la historia que rodeaba a Aldo, en principio solo bastaba una simple mirada para saber que era el más fuerte de allí. Senpai quizás competía en habilidad, pero su físico fuerte era único e incomparable. Multi se enrojeció al pensar en sus bíceps y en la anchura de sus hombros, pero ¿alguien podría culparlo? En comparación, él era débil, fácil de matar en un encuentro físico.

También supo que ya no era parte del reino, y no solo eso, sino que se había vuelto el enemigo de ellos. No comprendía a Aldo, no entendía por qué se había vuelto en contra de las personas que alguna vez llamó familia. Y, por último, también se había ganado de enemigo a Ash.

Lo cual comprendía completamente. Él también odiaba a Ash.

Aldo estaba completamente solo, todos le temían. Por más que lo negaran, el miedo era evidente cuando todos se estaban asegurando de armarse y aliarse para derrotarlo. La federación parecía irrelevante en comparación al peligro de que Aldo fuera indestructible.

Multi lo miró a lo lejos, era evidente que Aldo se aislaría, que desconfiaría de hasta su propia sombra. Sin embargo, al momento de cruzar una mirada, este hombre, este asesino al que todos temían, le esbozó una pequeña sonrisa.

Una sonrisa teñida con un poco complicidad. Era una sonrisa que le hizo sentir una sensación extraña.

Era cierto, ambos eran similares. Él también estaba sucio, le tenían desconfianza y odio. Eso le importaba poco. Ya todos llevaban tiempo evitándolo.

A Aldo no le importó que hubiera tantos ojos viéndolos, se acercó con su espada en mano y lo saludó con entusiasmo.

Quizás era un asesino, pero su voz era cálida. Y no tenía duda de que su cuerpo sería igual de abrasivo.

-Tenemos que hablar, en privado. Tengo información relevante –le susurró en el oído.

Multi tembló de emoción, se le escapó un suspiro. En ese momento le importaba más la cercanía de Aldo que cualquier información que le pudiera dar.

Escuchar su voz era un gusto.

-¿Ocurre algo? Estás muy distraído -dijo. Su mirada se volvió seria. -¿Acaso alguien te está molestando? Dime quién fue, dime y lo mataré ahora mismo.

-No, no es eso –se apresuró a decir. Sentía su rostro calentarse, estaba seguro de que Aldo haría lo que le estaba diciendo, y le encantaba. Le encantaba esa entrega. -Vamos a tu castillo.

El lugar era enorme, silencioso, vacío. Multi podía sospechar que Aldo construyó el lugar pensando que habría alguien más allí, no le gustaba pensarlo, le desagradaba la idea de que alguien más ocupara los pensamientos de aquel hombre.

-¿Qué tienes, Doc?

-Nada, nada importante. Cuéntame.

-De repente pareces molesto –se le acercó lo suficiente como para oler el aroma a metal y pólvora de la ropa de la ropa de aquel. Incluso acercó su rostro para buscar sus ojos, a Multi le fue difícil seguir evitándolo. -¿Te estoy intimidando acaso? ¿Tú también me tienes miedo?

-No me compares con los demás.

-Entonces qué, ¿estás seguro de que no puedo matarte cuando se me antoje? -lo tomó de la bata de laboratorio. Aldo parecía no creerle, estaba molesto con él, sabía que si le decía que tenía miedo lo mataría, al igual si actuaba prepotente.

Pero nada de eso era lo que sentía.

Porque llevaba semanas observándolo de reojo, escuchando su voz más de lo necesario, buscando excusas para permanecer cerca. Porque cada vez que Aldo sonreía, sentía una presión incómoda en el pecho. Porque estaba cansado de fingir indiferencia.

Y porque, si no hacía algo en ese mismo instante, terminaría volviéndose loco.

Nada de aquello tenía que ver con el miedo.

Alzó sus brazos y los enredó sobre el cuello de Aldo, aprovechó la corta distancia para atacar los labios de aquel con un beso. No le importaba si lo mataba, pero necesitaba deshacerse de ese maldito deseo. Quería probarlo, probar de lo que era capaz Aldo.

-Ya veo, así que esto era lo que querías, mi querido Doc.

Era demasiado hábil, la experiencia de Aldo parecía superar la suya, pero tampoco se quedaba tan atrás.

Aldo tomó su cuello con una sola mano y lo dominó por completo, volteó su cuerpo y lo aprisionó contra una de las columnas.

Multi pensó en que Aldo realmente era fuerte, él no era débil, pero era agradable ser sometido de vez en cuando.