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6 de noviembre de 2023
El chirrido de las sillas inunda el aula generando un estruendo sumamente agobiante para el chico.
Sus compañeros salen de la sala armando alboroto. Unos charlan entre ellos, otros van en búsqueda de profesores por sus propios motivos y otros, como él, se quedan dentro.
Respira hondo al ver a la mayoría desaparecer, siente algo de alivio al estar el lugar más vacío. Las personas le agobian, y más sus compañeros de clase, los cuales le juzgan tanto con sus miradas como con sus palabras.
Los adolescentes que permanecen en el aula se limitan a recostarse sobre sus pupitres con los auriculares puestos en busca de una corta siesta o, al menos, de un descanso.
Él, al igual que los demás, se coloca sus auriculares de cable y los conecta a su teléfono. Frunce el ceño con molestia ante el desespero que le provoca que su pantalla esté rota, le es difícil manejar el aparato.
Cuando finalmente la música de una de sus tantas playlist se reproduce se fija en si, por casualidad, tiene algún mensaje. Apaga el teléfono al instante de ver su bandeja de entrada vacía.
Cierra los ojos, y aprovechando su lugar en el aula apoya la cabeza contra la pared.
Diez segundos más tarde un auricular es alejado de su oído.
- ¿Por qué no viniste ayer? Te estuve esperando casi veinte minutos en la entrada, y llovía - Lee Minho mantiene una expresión de cansancio y decepción hacia él.
Han le arrebata el auricular de la mano en busca de ponérselo otra vez. Sin embargo, Minho le quita esta vez el teléfono, desconectando el cable de un tirón.
- Devuélvemelo - Pide conteniéndose. No puede simplemente gritarle o golpearle, no serviría de nada y ni siquiera podría.
- Respóndeme - Insiste - Podrías al menos haberme mandado un mensaje. -
- Nunca te dije que fuera a ir. -
- Tampoco me dijiste que no irías. -
Jisung rueda los ojos y se gira hacia el frente en busca de ignorarle. El mayor por su parte toma aire y se agacha quedando a su lado.
- Hannie, por favor... -
- No me llames así - Le avisa en un susurro.
Quiere que se vaya, que se aleje de él.
Odia tener su cuerpo tan cerca, detesta oír su voz suave chocar contra su oído, no puede aguantar su insistencia ni soportar el olor característico de su perfume. Odia ser tan sensible ante él aún.
Se mantienen así unos instantes hasta que abatido, pues sabe que va a seguir siendo ignorado, Lee se levanta, deja el teléfono sobre el pupitre y se marcha de ahí bajo la melancólica mirada de Jisung.
El menor, en el fondo, no quiere que se marche.
