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Miles de escenarios pasaron por la mente de Okuto Nakamura, aunque entre latidos y sonrojadas no hubo más que una respuesta razonable “¿será que Hirose me tiene chocolates a mi también?”, el sol iluminaba sus rostros, Hirose se veía de lo más tímido y Nakamura sintió algo que nunca antes había sentido, como si fueran sus sentimientos una masa para hacer galletas de San Valentín; amor genuino, esperanza, cariño, ansiedad, palabras sin sentido que inundan su cabeza al ver al otro, todos mezclados en el bowl que es su corazón. Sin embargo el sueño acabó tan pronto como empezó con un “¡olvídalo, no es nada!” y se fue haciendo trizas un día después cuando Nakamura vio a su amado con una chica.
“Y qué si tiene novia, yo debería de estar feliz por él, ¿no es así?” Suena una pequeña voz, apagada por su propio intento de reprimir el llanto.
Nakamura se encuentra en un lugar desconocido, pedaleó sin destino hasta ya no poder más, acabó aquí, en un mirador con la ciudad entera frente a él. Pero ni una de esas luces lo va a salvar.
Hace rato, cuando iba rumbo a casa luego de enterarse, se dio cuenta de un dato importante, uno que se sintió como si lo hubieran apuñalado. Entre tantas parejas Nakamura notó algo que ya sabía, pero intentó ignorar, un patrón; hombre y mujer, hombre y mujer, hombre y mujer…esa ilusión de que Hirose era igual que él, igual de asqueroso.
Claro, a la gente le gusta leer libros como Bento de amor, pero ver a dos hombres en la vida real, eso no es normal, todos lo saben.
Las lágrimas de Okuto caen como lluvia, pero hoy no llueve, el universo no parece entender su dolor. Solo siente el viento, el frío, el pavimento en sus rodillas.
Y de repente cambia la atmósfera, alguien toca su espalda y-
“¿Estás bien?”
…
“¿Tú eres compañero de clases de mi hermano, no?”
¿Hirose?
“¿Qué haces aquí afuera tan tarde? Te vas a enfermar en este frío.”
No, ¿la hermana de Hirose?
“¿Por qué lloras?”
Nakamura intenta formular algún tipo de respuesta, no le salen más que llantos, se intenta tapar la cara y ella lo abraza, Nakamura no había llorado tanto desde que estaba en la primaria, y no había abrazado a nadie de esta manera en aún más tiempo. Y la luna es tan bella pero el agobio en su corazón no lo deja apreciarla.
“No sé qué pasó ni qué es lo que haces aquí pero deberías regresar a casa, tu familia ha de estar preocupada…recuérdame ¿cómo te llamas?”
Y por más que le duele ver un rostro casi idéntico al de Hirose, Nakamura está agradecido de su presencia.
“N-Nakamura” contesta entre llantos, y no es hasta ahora que le comienza a dar un poco de vergüenza que alguien lo vea así, en especial ella.
“Anda, te acompaño a tu casa, ¿sí?”
Nakamura sacude la cabeza, no sabe qué es lo que le pasa pero no quiere que su familia lo vea así, en especial su hermana.
“¿No quieres regresar a casa?, ¿pasó algo ahí?”
Nakamura vuelve a sacudir la cabeza, consciente de que sin palabras habrá un malentendido.
“No pasó nada, solo…solo no quiero que me vean así”
Ella parece entender, lo toma del brazo y lo ayuda a levantarse, sin una palabra más toma su bicicleta y dice,
“Avísale a tus papás que estás bien y que al rato regresas, te puedes lavar la cara en mi casa, yo te ayudo con tu bici. Y no te preocupes, que Hirose salió hace rato y no creo que regrese pronto.”
Nakamura asiente con la cabeza, las lágrimas comienzan a secarse en sus cachetes, siente un poco de alivio al saber que Hirose no lo verá de esta manera.
En el silencio sus pasos se hacen pasar por lo más ruidoso de todo el universo, pero a Nakamura no le molesta que vayan tan callados, le da la oportunidad de calmarse, dejar de llorar…
El viento baila entre las ramas, el frío roza su piel, su bicicleta demuestra cada imperfección en el pavimento. Todas estas son cosas que Nakamura usa para calmarse, enfocarse en las cosas pequeñas lo ayuda a dejar de pensar en el día de hoy, en si mismo, en…
Cuando por fin llegan, la hermana de Nakamura le enseña dónde está el baño y desaparece hacia la cocina. Nakamura se echa agua en la cara, el frío aclarando un poco su mente, y cuando sale lo espera ella en el sillón, dos tazas de té en la mesa frente a ella, Nakamura entiende la invitación, la cortesía, y justo por eso decide tomarla.
“¿Te sientes mejor?” Pregunta, su tono de voz parecido al de Hirose aquella vez en el acuario. Nakamura asiente, notando la manera en la que ella agarra su taza con ambas manos en vez de solo una.
“Y bueno…disculpa mi curiosidad, pero ¿por qué llorabas tanto?” Nakamura no le quiere decir, pero justo cuando está a punto de hablar se abre la puerta-
Nakamura siente el corazón en el estómago, una aguda sensación de ansiedad en la garganta.
“Ah…¡Hirose!” Dice su hermana articulando un silencioso “perdón” dirigido hacia Nakamura.
Hirose parece estar a punto de saludarla pero se queda callado, solo mira a Nakamura con una inmensa confusión.
Nakamura intenta explicar pero no solo no puede, tampoco le salen las palabras, queda en silencio.
En ese breve silencio nota que Hirose también ha estado llorando, ¿será que…? No. Nakamura decidió que ya no se va a ilusionar, debe ser algo más, tal vez se peleó con sus padres o reprobó el exámen de ayer.
“Me encontré a Nakamura por el mirador y lo invité a tomar el té ya que no quería regresar a su casa, ¿no es así, Nakamura?”
Nakamura asiente con la cabeza, pareciera que perdió la habilidad de hablar, Hirose igual de callado que él.
“S-si quieren pueden subir a tu cuarto un rato, aunque, está bien si no quieres Hirose.” Hirose no le contesta, solo empieza a subir los escalones, Nakamura se queda en su lugar, su té enfriándose.
“¿No vas a venir?” Dice, por fin, Hirose. Nakamura no lo cuestiona, solo lo sigue.
Esta vez cada paso que da parece simular el fin del mundo, sin embargo eventualmente llega al cuarto de su…¿amigo?
Hirose no prende la luz, solo toma asiento en su cama, señalándole a Nakamura que haga lo mismo.
“¿Entonces tú por qué lloras?” Pregunta, todo son preguntas hoy, Nakamura ya no quiere responderlas.
“No es nada, solo que las cosas no siempre acaban como uno quiere.” Hirose baja la mirada, luego contesta.
“Te entiendo, Hana Chan cortó conmigo…no duramos ni una semana.” Nakamura siente un dolor en el pecho, le dolía verlo con ella pero por alguna razón le duele aún más ver a Hirose tan triste.
“Estoy algo triste, pero a fin de cuentas creo que tener novia no es lo mío.” Nakamura es tomado por sorpresa, pero se rehúsa a volverse a ilusionar.
“Se me dificultaba mucho relacionarme con ella, ¡creo que me gustaría más estar con un chico con el que pueda hablar de todo!” Y el corazón de Nakamura late al oír estas palabras, eso de no ilusionarse rápidamente se torna irrelevante.
“Supongo que a mi también…” responde, un poco mormado por haber llorado tanto, Hirose levanta la mirada, ahora están haciendo contacto visual y este lo ve con algún tipo de asombro o curiosidad.
“¿En serio andarías con un chico o lo dices solo por decir?” Pregunta Hirose con una intensidad que lo hace pensar qué tal vez ese asombro es porque él estaba bromeando y Nakamura no…usualmente Nakamura mentiría en esta situación, pero ya perdió la esperanza una vez, ¿no es mejor confirmar las cosas de una vez?
“Eso…¿está mal?” La pregunta reverbera mientras espera una respuesta, Hirose sonríe un poco, su rostro apenas iluminado por la luz de la luna que entra por la ventana.
“No lo sé, pero yo no le veo nada de malo.”
Su corazón se acelera, será que a fin de cuentas, ¿Hirose es igual a él?
El cuarto cae en silencio, los dos parecen estar procesado aquellas palabras, o tal vez todo lo ocurrido el día de hoy.
Sin embargo el silencio es breve.
“En San Valentín, me ibas a decir algo, ¿era sobre Hana Chan?”
Hirose sacude la cabeza, “En realidad…te tenía unos chocolates, pero me dio pena dártelos.” Su tono de voz avergonzado.
Nakamura por fin entiende, los latidos, los rostros sonrojados, es posible que no lo haya malinterpretado, pero, ¿por qué le dijo que sí a Hana Chan?
“Yo también…te compré chocolates, digo, y no te los di por la misma razón…”
Hirose ríe como si nunca antes lo hubiese hecho, “supongo-” le cuesta trabajo acabar su oración “supongo que somos iguales tú y yo, ¿no lo crees?”
Nakamura asiente con la cabeza, aunque no está seguro de a que se refiere Hirose, ¿a los chocolates o al amor?
“Ese día se me declaró Hana Chan, y aunque yo sabía que no sentía lo mismo por ella, le dije que sí con el tal de evitar lo que realmente sentía.” Dice ahora con un poco de tristeza.
“¿Lo que realmente sentías?” Hirose no responde, solo le sonríe con tristeza a Nakamura, como si la respuesta fuera obvia.
Y en vez de explicar recarga la cabeza en el hombro de Nakamura.
Todos dicen que las mujeres son complicadas, pero Okuto opina que los hombres lo son aún más, en especial Hirose.
“¿Qué es lo que intentas decir Hirose?” Esta vez sí contesta pero no a la pregunta, “Sabes, hasta hace poco pensé que te caía mal, pero ahora veo que solo eres muy tímido.”
Nakamura, sonrojado, le contesta “supongo que sí lo soy, me imagino que es un poco incómodo, lo siento.” Hirose no se mueve pero sacude la cabeza, “Más que incómodo yo creo que es tierno, por eso le gustas tanto a Kawamura.”
“¿¡Le gusto a Kawamura!?” dice con sorpresa genuina, Hirose solo se ríe.
Aunque, eso no es lo más sorprendente…
“¿¡Te parezco tierno!?” Tartamudea, Hirose se ríe aún más, “ni quien te entienda” suspira Nakamura.
“¿Realmente no entiendes lo que te estoy tratando de decir?”
Esta vez es Nakamura el que no responde, tiene sus sospechas pero después de todo lo que ha pasado hoy, no está seguro de si confiar en sí mismo es lo correcto.
Hirose se separa del hombro de Nakamura, bajando la mirada.
“Yo sí andaría con un hombre, Okuto.”
“Okuto...” repite Nakamura, como si su nombre de repente fuera lo más hermoso que haya escuchado en toda la vida.
“Espera, ¿qué dijiste?”
Es como si el cuarto alrededor de ellos desapareciera, Nakamura sabe exactamente lo que Hirose intenta transmitir, más no lo sabe aceptar, para él es más probable que esto sea una ficción creada por su cerebro para consolarse a sí mismo.
“Me gustas, Okuto Nakamura.” Dice Hirose, su cabeza escondida entre almohadas, evidentemente más sonrojado que un tomate.
“¿Eh?”
…
“¿¡Qué!?”
“Perdón si esto es raro, solo pensé qué tal vez podrías sentir lo mismo por mi y se me subió el ego y en serio si no sientes lo mismo por favor olvida lo que dije, y ni sientas la obligación de decirme que sí, o que no, eso también, ni siquiera tienes que darme una respuesta así que en serio no te preocupes si-”
Nakamura le tapa la boca a Hirose.
“Tú también me gustas, A-aiki”
Ambos se sonrojan, uno al oír su nombre, el otro al decirlo.
“Parecemos niños de primaria.” Dice Hirose, acurrucándose junto a Nakamura, quien parece estar tan feliz que ni lo escuchó.
“Oye, Nakamura, entonces, ¿por qué llorabas hace rato?”
Nakamura lo voltea a ver, un pequeño trazo de tristeza invade su mirada.
“Es un poco tonto ahora, pero me dolió mucho enterarme que tenías novia…”
Hirose no le contesta, en vez toma la cara de Nakamura entre sus manos y…
“Acércate más a mi Okuto, que estás tan alto que no te alcanzo” Nakamura hace lo que el otro dice, poco consciente de lo que lo espera.
Y entonces Hirose lo besa. Y pareciera que todo el dolor de hace rato fue inútil, porque sus labios son tan suaves y sus manos tan cálidas, no quiere que este momento acabe nunca.
El lunes parece ser un día normal, común y corriente, excepto que ahora Nakamura ya no es un friki con sentimientos sin reciprocidad.
“¡Okuto, Buenos días!” Dice Hirose, y Nakamura con todos los nervios del mundo le contesta “B-buenos días Aiki…”
Hirose le acaricia la cabeza “No seas tan tímido, amor.” dice en voz baja.
¿¡Amor!? Nakamura no está el cien por ciento convencido de que esto no sea un sueño.
“¡No sabía que ustedes dos eran tan cercanos!” Dice Takeuchi, Hirose se sonroja, “supongo que es algo reciente, no me sorprende que no lo hayas notado.”
Entonces, a pesar de todo, Hirose siente lo mismo que Nakamura, y si no fuese por su hermana, tal vez no lo sabría.
