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Language:
Español
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Published:
2026-06-11
Words:
3,181
Chapters:
1/1
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1
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6
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137

Lo que ocurre en el mar

Summary:

—¿Qué piensas de Zoro? —Vivi se había tomado su tiempo para pensar.
Tras semanas junto a ella, podría jurar que una avalancha de recuerdos se arremolinaban para, finalmente, encontrar una respuesta adecuada.
—¿Qué piensas tú de Zoro? —Regresó la pregunta con un tono perspicaz.
Se mantuvo en silencio, abrumada con muchas posibles respuestas.

Notes:

Disclaimer: One Piece no me pertenece.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Ser un pirata era un camino difícil de seguir. Desde que se había unido a Luffy, a la tripulación de los Sombreros de Paja, había vivido aventuras más aterradoras que en el tiempo que había sido una ladrona. Arlong era todo un tema, el terror y la sobreexigencia de su ser durante una gran parte de su vida, pero su recuerdo estaba cargado de infortunio. Una aventura —lo mismo que decir Luffy, por otra parte, era un sendero cuesta arriba que estaba obligada a recorrer a máxima velocidad, mientras un monstruo le pisaba los talones. Y dejaba una sensación abrumadora pero agradable.

Ser una ladrona y trabajar para Arlong le exprimía el corazón. No era capaz de dormir tranquila, siempre alerta, no solo de los peligros que el Gyojin representaba. Debía estar siempre un paso delante, siempre con un plan sigiloso que le permitiera salir con vida, siempre atenta a lo que su figura femenina podía causar en altamar o en las ciudades que visitaba. Navegar sola siempre era la respuesta, pero más de alguna vez debió hacer negocios para ocupar un lugar en un navío ajeno. Así se acostumbró a poner junto a ella un cuchillo, una trampa burda pero efectiva para que cualquier atacante fuera dejado en evidencia y un ojo abierto. Su cuerpo estaba programado para descansar a saltos, preparado para defenderse ante cualquier situación para luchar por su voluntad o por su vida.

Ninguno de sus amigos lo sabría nunca. Esos años de su vida eran el motivo de sus pesadillas, incluso ahora.

Por eso estaba agradecida de haber tomado la mano de Luffy cuando tuvo una segunda oportunidad. Él le había entregado un pedacito de su corazón, a su manera, esperando que ella respondiera de igual manera. Y lo había hecho, tras negar con violencia y asegurar que no había nada que pudiera hacer; tras mirarlo a los ojos, se permitió tener una pizca de esperanza.

Las noches, poco a poco, habían dejado de ser un vaivén de estados en su cuerpo, donde el descanso y la vigilia actuaban como una cuerda, tensándose, tirando de un lado y luego del otro. Y no habría sido capaz de admitírselos, pero no le había tomado mucho tiempo descansar mejor mientras viajaba con Luffy y Zoro, al inicio de todo. No le tomó mucho notar el desinterés que tenían en ella, mientras no se tratara de sus habilidades como navegante.

Fueron una brisa fresca. Alivio puro.

Debido a eso, fue difícil definir y admitir el huracán que se comenzó a avivar dentro de ella. Lidiar con Zoro había sido fácil, era predecible cuando permanecía en confianza y la guardia baja. Bastaba con darle una sonrisa coqueta para que gruñera y murmurara como un niño mal portado que era una bruja insoportable. Era divertido, incluso, ver que su cuerpo se tensaba cuando se acercaba un poco a él. Lo era porque reaccionaba como un hombre con la habilidad para distinguir sus atributos pero se molestaba rápido con su actitud desvergonzada. Era alguien que simplemente no sabía reaccionar más que desviando la mirada, achicando los ojos y maldiciéndola con desgano.

Si tenía que definir a Zoro, entonces tendría que decir que era como el mar. El mar era enorme y profundo, era reactivo, consecuente. El viaje por Alabasta se lo había enseñado. Cuando no estaba preocupada por Vivi o luchando para que sus compañeros dejaran de hacer estupideces o perderse; Nami lo escuchó y lo observó. Fueron las conversaciones que él mantuvo con Vivi que le entregaron mayor claridad. Siempre tenía algo correcto para decirle, una mirada seria pero que entregaba un apoyo significativo. A veces, incluso conseguía que su amiga sonriera. La hizo reflexionar sobre la relación que, en comparación, ellos llevaban; tranquila pero decidida a incordiar en momentos clave.

Tal vez si le hubiera preguntado a Usopp, habría dicho que Zoro era como un escudo, por sus dimensiones perfectas para ir tras su espalda y cubrirse cuando era necesario. Aunque fuera un escudo algo perezoso.

No estaba equivocado, pero era una forma de mirarlo injusta. Zoro era más como el océano. Si lo tocabas, se crearía una onda. Si entrabas con serenidad, te envolvería con calma. Si eras impulsivo, irrumpiendo en su superficie, obtendrías salpicaduras y olas más fuertes. Si lo mirabas en lo profundo, su esencia te golpeaba con precisión. Si provocabas una tormenta, sin dudarlo, te destruiría. No discriminaba, no miraba dos veces.

Muchas veces durante su viaje se sintió culpable, notando lo mucho que lo había subestimado. Cuando se lanzó al agua solo para probar su punto frente a ella, bajo la mirada de Arlong. La había puesto en aprietos y se habría merecido más que una patada, pero él tenía la razón. Cuando le mostró otra faceta en Whisky Peak, donde se había divertido mucho compitiendo a pesar del desenlace del pueblo. Cuando ella estuvo ardiendo en fiebre y, sin darle más que una mirada de advertencia, instó a Sanji a usar una de sus katanas oscuras para sostenerla. En su estado deplorable, lo había mirado un momento, esperando poder transmitirle su agradecimiento. Fuera que lo comprendió o no, le dedicó un asentimiento sutil y una mirada firme. Podría haber jurado que escuchó su voz en su cabeza. Aguanta. Cuidaré lo que quede detrás. Eventualmente una avalancha terminó por desorientarlo y alejarlo más del Merry, supo, pero no dudaba que mientras estuvo lo cuidó bien.

Y entonces, entre el estado frenético de su cuerpo al correr de los subordinados de Crocodile por Alubarna, mientras maldecía a Zoro por permitirles seguirla por tanto tiempo, el sonido de la hoja siendo impactada llegó a sus oídos. La adrenalina no la dejó sentir malestar cuando cayó al suelo. El corazón golpeaba contra su pecho, desesperado, cuando Zoro la miró y sonrió.

En medio de la situación, sintiéndose bromista y confiada, le había gritado que ganara, que esa era su única virtud. No era primera vez que abría la boca sin pensar, soltando palabras necias solo para molestarlo, como una niña que le grita a un niño que es una gallina para orillarlo a hacer una tontería.

Vivi le había abierto el corazón a todos, así que le habían pagado con la misma sinceridad.

Ella había aprendido a confiar en sus compañeros, pero aún había una parte escondida, recelosa, aquella que conformaba sus pensamientos más privados. Esa parte de ella que se guardaba sus acciones del pasado, porque igual Luffy había dicho que le importaba lo que hiciera en adelante junto a ellos —¿conocían a la verdadera Nami si ignoraban eso?. La Nami que les gritaba que dejaran de comportarse como niños, mientras picaba a Zoro con el dedo sin remordimientos y con palabras vacías.

Esa misma parte se preguntó, ¿reaccionarían igual si conocieran ese lado oscuro de mi corazón?

Pronto había decidido seguir escapando. Esa vez obedecería sin chistar a Zoro, quién le había dicho que se largara cuando tuvo oportunidad, antes de que se enfocaran en seguirla a ella. ¡No volveré a comportarme así, te lo encargo! Esquivó los escombros que el hombre de Barroque había ocasionado al rebanar el arco, con el corazón a mil y las mejillas acaloradas. El desierto era terrible, correr por el era todavía peor, qué bochornoso había resultado.

Aprovechar la aparición de Zoro era lo mejor esa vez. Tras un rato decidió detenerse, estaba lejos de él y los otros dos sujetos y se había llevado la mano al corazón. Mientras pensaba en lo ridícula que había sido al escapar, mientras recordaba sus sentimientos cuando le había pedido ayuda a Usopp, buscando una forma de dejar de ser una carga. ¡Había acabado de comportarse como una! Zoro le había dicho que corriera la primera vez, pero tonta, lo ignoró.

¡Idiota!

La mirada fija de Zoro mientras se interponía entre ella y el hombre que casi la rebanaba. Su sonrisa, satisfecha y burlona. Te lo dije. De solo recordarlo la enfurecía y le generaba deseos de tirarse de los pelos. Ellos estaban peleando, él también, tras salvarle el trasero y permitirle una salida. No había podido seguir así. Era la navegante de los Sombrero de Paja, ladrona a medio tiempo y pirata a tiempo completo.

Y en esa ocasión, había comenzado su camino como una luchadora ingeniosa. Descifrar las notas de Usopp había sido un desastre, le había dicho que era un idiota por centrarse en la utilidad de entretenimiento barato. Estuvo a punto de ser atravesada por la maldita mujer erizo más de seis veces. Pero la venció. Ella lo hizo. No de forma limpia pero era una victoria que nadie podría quitarle.

El final se convirtió en un banquete. El banquete en una ruidosa fiesta para celebrar que los ciudadanos de Alabasta habían sido capaces de tomar su destino en sus manos otra vez. Y ella se encontró picando a Zoro una vez más, como un incordio, una espina en el trasero.

—Vaya~, mi primera pelea en condiciones y tardé menos que el candidato a mejor espadachín del mundo.

Zoro enarcó una ceja, su reacciones ya habían comenzado a suavizarse bajo los efectos del alcohol. Un simple sonido de incredulidad salió de su garganta, dando la impresión de ser más grave de lo normal.

—Ten cuidado, un día más frecuentando a Usopp y te crecerá la nariz.

Vivi movió la mirada del uno al otro.

—¿Me estás tratando de mentirosa?

—Tómalo como quieras —respondió para luego disponerse a beber.

—¡No importa lo que digas! —Se puso de pie de golpe, haciendo un estruendo al chocar su vaso contra la mesa. Luego lo apuntó con el dedo. Él ocultó la sonrisa tras su vaso— ¡Le gané a la mujer erizo!

Zoro había acabado alcanzándola y vio su estado deplorable tras la batalla. Era una tontería alardear sobre ello frente a él. Pero estaba absurdamente feliz y el alcohol solía empujarla a actuar de esa forma inmadura con más intensidad.

—Sí, lo hiciste.

Nami frunció el ceño.

—Estás siendo condescendiente.

—No sé de qué hablas.

—¡Eres un idiota!

—Sí.

Entonces miró a Vivi, que dejó de llevar sus ojos de un lado al otro para mantenerse concentrada en ella.

—¿Ocurre algo? —Su voz suave la paralizó.

Antes de que los preparativos para el banquete hubieran finalizado, Vivi la había llevado con ella. Juntas tomaron un respiro, se asearon, su amiga peinó su cabello y lo arregló para luego hacer lo mismo con ella junto a una sonrisa enorme. Vivi la invitó a tomar lo que más le gustara de sus prendas, dándole una salida rápida y considerada para que cambiara sus prendas destrozadas.

Mientras Vivi la peinaba frente al espejo, había decidido dar el paso.

—¿Qué piensas de Zoro?

Específicamente de él.

Su amiga la miró un segundo a través del espejo.

—¿Qué quieres decir?

—Dime lo que piensas de él y te diré qué ronda en mi cabeza.

Vivi se había tomado su tiempo para pensar. Tras semanas junto a ella, podría jurar que una avalancha de recuerdos se arremolinaban para, finalmente, encontrar una respuesta adecuada. Un brillo emocionado se instaló en sus ojos.

—Todos son increíbles. Sin ustedes esto no hubiera sido posible —Dijo deslizando sus dedos por su corto cabello—. Sanji siempre se mostró preocupado, Usopp se sobreponía con valor ante las situaciones que lo aterrorizaban, Chopper es un completo encanto —Una risa encantada acompañó a su voz—. Luffy fue el único capaz de arrinconarme para que actuara y tú has sido una amiga y compañera esencial. Convirtieron mis objetivos en los suyos... Pero Zoro era quién siempre tenía las palabras correctas. Si sentía confusión, remordimiento o desesperación, tenía algo para recordarme que estaban conmigo, sin importar qué. Cada vez que me inquietaba encontraba la manera de ayudarme a encontrar quietud, como el mar envolviéndote para permitirte reaccionar.

Nami guardó silencio. Su amiga volvió a mirarla, evaluando su rostro con precisión.

—¿Qué piensas tú de Zoro? —Regresó la pregunta con un tono perspicaz.

Sintió pesar en ese momento. Vivi había alcanzado una definición más precisa de Zoro en menos tiempo, porque se había presentado transparente, dispuesta a entregar todo de ella para alcanzar el bienestar de su gente, dispuesta a confiar en ellos y permitiéndose ser apoyada.

Ante el silencio, Vivi había puesto las manos en sus hombros con delicadeza.

—Te diré qué creo.

Nami apretó sus dedos sobre su regazo.

—La mayoría son un desastre, muchas veces te vi buscarlos cerca de ti, para descubrir con cansancio y resignación que ya no estaban. Te preocupan. Zoro también es un desastre en cierto sentido, es terco pero al mismo tiempo flexible. Durante mucho tiempo se mantiene cada uno por su lado y entonces, se acercan —Un silencio suspensivo se instaló un momento—. Cuando están cerca, tus hombros se relajan un poco y Zoro mantiene la atención en ti. Aunque no te mire, te reconoce. Si tú le hablas, él escucha y responde. Y creo que coincide bien con la imagen que tengo de él. Incluso si no es de forma física, sus acciones permiten a los demás descansar.

—Podría jurar que casi todas las veces que hablamos acabamos discutiendo.

Vivi dejó escapar una carcajada.

—No me pareció que fueran discusiones serias. Siempre creí que era una forma especial que tenían de relacionarse y divertirse.

Nami había suspirado. Confiaba mucho en las palabras de Vivi, pero en ese asunto... No estaba segura.

—¿Me dirás ahora qué hay en tu cabeza? —Preguntó con tono dulce.

—Creo que he subestimado a Zoro todo este tiempo. La forma en que se desenvolvieron el uno con el otro me hizo notarlo —Explicó—. Hace tiempo noté que era capaz de distinguir las intenciones de los demás con facilidad, no las que muestran, sino las que provienen del corazón. No sabía cómo lo conseguía y muchas veces era difícil de descifrar para mí. Solo cuando lo fastidiábamos para obtener una reacción específica me parecía entenderlo con claridad.

Vivi retomó su trabajo con su cabello, escuchando con atención cada palabra salida de su boca. Estaba poniendo lo que la atormentaba sobre Zoro de la forma más honesta de la que era capaz. El recuerdo de su mirada y su sonrisa mientras la protegía la hizo apretar los labios con un sentimiento que nunca habría enlazado con él: ilusión.

—Pero no puedo culparlo. Yo soy quién se equivocó —Murmuró—. Él es como el mar. Reacciona. Si lo insulto, me insultará. Si le grito, lo hará de vuelta...

—Entonces prueba con calma.

Nami suspiró otra vez.

—No creo que baste con eso, Vivi.

—Entiendo que hay algunas cosas de las que nunca hemos hablado, ¿tiene algo que ver con cosas del pasado?

Ella hizo una mueca. ¿Tan fácil era ver a través de ella? No se quejaba mucho, le hacía la tarea más fácil.

—Algo así.

—¿Crees que eso afecte de forma negativa la imagen que tienen de ti?

—En parte.

—¿Y quieres tener una relación más profunda con Zoro?

Nami se tensó en el asiento. Si Vivi lo decía así, sonaba terrible. Hacía parecer que tenía un interés especial en Zoro. Aunque eso era cierto si su foco de pensamiento era, hasta cierto punto, él. Sintió calor en las orejas y comenzó a respirar un poquito más acelerada. Habría sido imperceptible si Vivi no hubiera estado pegada a ella.

—Lo tomaré como un sí —Le dedicó una sonrisa.

Nami se giró rápidamente para verla directo a los ojos.

—N-no lo malinterpretes.

—¿Qué podría malinterpretar?

La estaba orillando a confesar por su cuenta. Una cosa era intentar sincerarse con ella, otra dejarle en bandeja de plata aspectos que ni siquiera ella se había aventurado a sopesar.

—¡Tienes esa mirada sospechosa!

—Nami, no hay nada que malinterpretar.

Por un momento sus hombros se relajaron.

—Tienes el suficiente interés en Zoro como para querer cambiar la relación que tienen a una más personal.

—¡Vivi! —Exclamó, desatando las risas de su amiga. El calor de sus orejas se distribuyó hasta sus mejillas.

Vivi se tomó el estómago con una mano, mientras la otra la apoyaba en su hombro. Tras unos segundos apartó una lagrimita de sus ojos y haciendo su mejor esfuerzo, detuvo sus risas hasta que de su emoción solo quedó su sonrisa.

—Nami, algo personal no es lo mismo que algo pasional. Aunque muchas veces van de la mano —Su sonrisa, antes encantadora, se volvió traviesa.

Nami frunció el ceño, avergonzada de ser el bufón de su amiga. Ella lo sabía mejor que nadie, pero ese era precisamente el problema. Intentar cambiar lo que ya estaba establecido de cierta manera, que se había dado de forma natural —aunque influida por su deshonestidad, podía acabar en un desastre. Reconocía las emociones que su cuerpo albergaba. La ilusión que había sentido, fuera por el calor del momento y el implícito tono juguetón que habían traído a la mitad de un enfrentamiento, era peligrosa. Su pecho había sentido una chispa, su estómago una corriente eléctrica y su cabeza solo podía pensar en la expresión de Zoro, a solo centímetros de su rostro, casi sobre ella.

Conocía esa combinación de sensaciones. Y no estaba dispuesta a darle un nombre real.

Tras rememorar eso, sacudió la cabeza, sin decir una palabra.

Prueba con calma.

Aún de pie, miró a Zoro, quién se la regresaba con mucha atención. Había sido condescendiente, sí, porque ella había actuado de forma ridícula. Él, una vez más, tenía razón.

—Zoro —Lo llamó.

—¿Hm?

—Vencí a la mujer erizo —Sonrió.

Esperaba que él lo atribuyera al alcohol. Si alguien preguntaba, eso haría ella. Estaba dispuesta a tomar el primer impulso, pero una sesión brutal de honestidad al punto de sentirse expuesta era un no rotundo. Al menos en ese momento. Vivi también estaba presenciando eso, quería que viera su avance, pero no darle un motivo para molestarla con el tema.

—Sí, lo hiciste.

Volvió a levantar el vaso y lo extendió hacia él, con ojos emocionados.

—¡Lo hice!

—No podía ser de otra manera —Zoro sonrió con satisfacción. Sus ojos se achicaron un poco en consecuencia. Y esta vez, en medio de la calma y el ambiente festivo, notó los hoyuelos que se formaron en sus mejillas. Se puso de pie, irguiéndose, para luego chocar los vasos de ambos. Tras observarla con atención, le hizo una seña a Vivi para que se uniera al momento.

Su amiga repitió sus acciones y chocó el tercer vaso en el aire. Nami la miró, apreciando su expresión encantada.

—Felicidades.

Cuando Zoro se empinó el vaso en la boca, notó que Vivi le guiñaba un ojo.

Lo suponía. La felicitación había sido ambigua. Así que se escondió tras su vaso, imitando el movimiento de Zoro. Se bebió hasta la última gota de golpe y chocó el vaso en la mesa como él. Una vez más, lo apuntó con el dedo.

—Y esta vez... ¡te ganaré en una competencia de beber!

—Inténtalo.

La provocación en su voz la hizo tragar con fuerza.

—¡Otra ronda! —Aunque lo pidió al aire, un hombre de Alabasta cambió de inmediato sus vasos por unos rebosantes.

Esa noche se apuntó otra victoria.

Y aquellas nuevas pero familiares sensaciones, eran otra historia.

Notes:

Mi novio ha conseguido que comience a ver One Piece, tras años de sugerírmelo de forma sutil.
Y claro que acabé pendiente de las interacciones de estos dos. Le puse un poco de mi cosecha, sí.
Pero también quise darle un poco de forma al comienzo de algo, de acuerdo a lo que vi.