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¡Red hood Omega y todo el mundo lo sabe!

Summary:

Jason murió como un cachorro por su desnutrición por vivir en las calles pero cuando el pozo lo trae de vuelta le dió el cuerpo que debería tener para su edad eso incluye ya estar presentado como Omega

Jamás se avergonzaría de serlo pero conocía las calles nadie en el bajo mundo le aria caso a un Omega y menos dejar que sea un jefe criminal así que se escondió

Todo iba perfecto hasta que en una pelea su casco le falla y su secreto se reveló,ahora todo Gotham cree que puede cazarlo y no solo ganar su territorio si no que tener el privilegio de haber domado al Omega más rebelde de Gotham

¡Y por su puesto el maldito robin tenía que hacerse el héroe! Al parecer ni una amenaza de muerte es suficiente motivo para dejarlo pudrirse,Robin con su buen corazón había quería ayudar a hood con los que intentaban marcarlo a la fuerza, Jason podría dispararle

... Si no fuera por que su celo se presenta y Talia le enseño a resistir sus instintos de sumisión para no dejarse controlar por alfas pero nunca le quitó sus instintos de protección por los cachorros y resulta que Robin para su edad aun huele a cachorro y peor aún a uno sin manada,Jason en verdad odiaba a este niño

Notes:

Hice esto por diversión,no me odien

Chapter 1: Primer capítulo

Chapter Text

Jason apretó el gatillo.

El cuerpo del contrabandista cayó contra las cajas de munición con un golpe sordo y húmedo,sus secos ahora desplegados en la pared. El humo de la pólvora se mezcló con el hedor a humedad y sangre del almacén. Bajó su pistola con un suspiro, el metal aún caliente. Estaba harto. No del matón. De todo lo demás.

Ser el Red Hood ya era una mierda de por sí. Pero ser el Red Hood Omega era un infierno de categoría superior.

Todo había empezado dos semanas atrás. Una estúpida emboscada, un golpe mal calculado y un espeleólogo de cuarta que le había arrancado el casco de un gancho. Jason había reaccionado a tiempo: mató a tres de los cinco. Pero el cuarto escapó. Y antes de que pudiera ponerle una bala en la nuca, el tipo ya había gritado:

—¡Es un omega! ¡El Puto Red Hood es un omega!

Esa noche, Jason mató al tipo y busco al quinto por todas partes,no lo encontró el daño ya estaba hecho. Gotham siempre fue un nido de víboras, y los rumores volaban más rápido que los murciélagos. A la mañana siguiente, cada rata de dos patas con un teléfono sabía que el temido Red Hood, el que había puesto a los carteles de rodillas, no era un alfa dominante, ni un beta violento. Era un omega. Y no cualquier omega. Uno solo. Sin manada. Sin perfume ajeno o marca en el cuello. Sin nadie que lo respaldara químicamente.

Y eso, en el bajo mundo, era como servir un cordero crudo en una jaula de leones.

Ahora, dos semanas después, Jason sentía el peso de esa estupidez en cada esquina.

Su lista de sicarios se había reducido a la mitad. "Lo siento, señor Hood", le decían con falsa cortesía. "Pero no puedo recibir órdenes de un omega. No sería… apropiado". Como si antes les importara la apropiación. Jason los había echado a patadas, claro. Pero el problema era que los reemplazos eran escoria peor, o trataban de probar suerte doblando las reglas.

Y luego estaban los imbéciles que creían que porque era omega, podían cazarlo. La primera semana, tres alfas habían intentado marcar su territorio en el callejón. Jason los había dejado en el hospital con las muñecas rotas y la mandíbula descolgada. Pero era agotador. Cada dos por tres algún energúmeno con más testosterona que cerebro intentaba "domarlo" con órdenes. Y aunque su entrenamiento con Talia lo había vuelto casi inmune al control alfa… era un fastidio tener que demostrarlo a puñetazos cada noche.

—Un asco —murmuró, pateando el cuerpo del contrabandista para asegurarse de que estaba muerto. Omega o no, seguía siendo letal. Pero los putos estereotipos omegas le precedian ahora. Ya no le temían. Lo deseaban. Y eso era peor.

El calor familiar llegó a su estómago,sabía que su ciclo se acercaba, había atrasado varios antes y mas supresores podrían dañarle el hígado por lo fuertes que eran así que este lo pasaría en casa. Solo unos días se decía sin decirle a nadie dónde estaba por si acaso en su casa segura y deshaciéndose personalmente de la última rata que podría buscarlo para traicionar lo,no de todas pero si la más ansiosa

Se apoyó en una columna de hormigón para calmar el calor y se palpó la nuca,el parche inhibidor se pegaba a su piel como una segunda membrana seguía funcionando, ayudaba cubrir su olor natural que emanaba humo y pólvora pero con toques de canela y coco que delataban su designación sabía que no era seguro aún no había podido reparar su casco de el todo y el parche no evitaría que dientes se hubieran su alguien lograba quitarle el casco de nuevo...

Jason apretó los dientes.

Había una parte que sabía que no era suya de el todo afectada por su celo que casi lo deseaba y Jason sintió ganas de quemarla

No. Él no necesitaba una manada. Había sobrevivido al Joker, al callejón, a su propia muerte. ¿Qué mierda de instinto iba a doblegarlo?

Pero esa noche antes de poder huir a su safehouse para olvidarse de el mundo hasta el fin de su ciclo, algo cambió.

Lo vio. Una sombra demasiado pequeña, demasiado ágil, moviéndose entre las cornisas de su territorio. Jason conocía esa capa. Esos movimientos. Esa maldita postura de justiciero infantil.

 

Robin.

 

—¿Qué carajo…? —gruñó, deteniéndose en una azotea.

El niño estaba siguiéndolo. No de lejos, sino a una distancia incómoda. Como si estuviera estudiándolo. Jason se quedó quieto, oculto entre las sombras de un cartel de neón roto, y observó.

Robin —Tim Drake, hasta donde sabía por su investigacion previa o simplemente el reemplazo— llevaba algo en la mano. Parecía un paquete o algo asi. Se movía con cautela, pero no con sigilo de ataque. Era sigilo de… ¿observación? Su cuerpo estaba tenso, pero sus dedos no buscaban un arma. Buscaban un ángulo. Un acercamiento.

Jason frunció el ceño.

Los rumores. Por supuesto. Todo Gotham sabía que Red Hood era omega. ¿Por qué Batman no iba a mandar a su perrito faldero a husmear? Quizá querían aprovecharse. Quizá Bruce creía que ahora sería fácil controlarlo. Manipularlo.

La rabia le subió por la garganta, amarga como la bilis.

Bajó al callejón con un salto silencioso y esperó. Robin pasó por encima de él, distraído, mirando hacia el lugar donde Jason había estado hacía un minuto. Error de novato.

Jason saltó.

El golpe fue limpio. Un tackle que ni siquiera necesitó fuerza sobrehumana. Robin cayó contra la pared de ladrillos con un bufido ahogado, y Jason ya tenía su pistola en la sien del niño antes de que pudiera parpadear.

—¿Perdiste el camino a la guardería, pajarito? —siseó, la voz distorsionada por el casco.

Robin levantó las manos con calma. No se inmutó. Joder, ni siquiera temblaba. Eso lo enfureció más.

—No estoy aquí para pelear —dijo el chico, con una voz demasiado tranquila para alguien de su tamaño que tenía una pistola en la frente—. Escuché lo que pasó. Con tu casco. Y lo de los parches inhibidores normales… no sirven contra golpes en la nuca. Los del mercado negro son basura. Traje esto.

Levantó el paquete.

Jason no bajó el arma.

—¿Me estás tomando el pelo? ¿Batman te manda a darme curitas o algo asi?

—Batman no sabe que estoy aquí. —Tim lo miró fijamente y Jason pensó que era idiota por decir algo así pero había algo en sus ojos que Jason no esperaba. No era miedo. No era arrogancia. Era… ¿preocupación?—. Escuché que te están cazando. Que algunos alfas ya intentaron marcarte. Y los parches que usas... Pues no son de mucha calidad.

—Valla muchas gracias ¿Y que?, ¿tú vas a salvarme? —se burló Jason.

—Voy a darte una opción. —Tim no se movió—. No me importa que seas criminal. No me importa que seas omega. Pero no quiero que termines en una jaula de algún puto traficante por no tener con qué defenderte.

Jason estuvo a punto de reírse. Un mocoso de trece o catorce años, dándole lecciones a él. El puño apretó el arma.

Pero entonces pasó.

El casco. Su maldito casco tenía un filtro de aire para olores fuertes, pero aún no lo había reparado y Robin estaba a menos de un metro. El chico hablaba, movía las manos, gesticulaba… y en algún momento, un mechón de su pelo se apartó del cuello.

Jason lo olió.

No fue un aroma alfa, ni una feromona agresiva. Fue algo mucho peor. Algo para lo que Talia, la Liga, todas las putas torturas y entrenamientos no lo habían preparado.

Cachorro.

El olor era sutil, limpio. A leche tibia y mantas lavadas con jabón neutro. A algo que no sabía a amenaza ni a dominio. Era el olor de un niño sin presentar. Un crío que aún no había pasado por su primer celo, por su primer cambio de feromonas, por nada. Huele a "sin manada". A "solo". A "protegeme".

El instinto de Jason no rugió.

Se derritió.

Sus rodillas flaquearon. Bajó el arma antes de darse cuenta. El casco le sudaba por dentro, y su nuca —su maldita nuca— comenzó a palpitar con una calor incómoda. No. No. No.

—¿Señor Hood? —preguntó Robin, frunciendo el ceño al verlo tambalearse.

—Cállate —gruñó Jason, pero su voz salió rota.

Debería ya estar en casa debería ya haber llegado a su lugar seguro por qué sabía que esto pasaría pero no esperaba ver a Robin y menos esperaba que Robin Olivera tanto a cachorro.

Pero tampoco a manada

El niño no olía a manada ajena. No olía a Bruce. No olía a Alfred ni a Dick. Olia Como un puto cachorro perdido en la tormenta. Y su instinto Omega —ya abrumado por el celo que no pedía alfas menos cuando tenía a este cachorro frente a el— se activó como un escudo nuclear.

Está solo. Está en tu territorio. Está a tu merced. Está desprotegido. Pueden hacerle daño. Tienes que llevarlo a un lugar seguro.

La lógica gritaba que no. Que Robin era el enemigo. Que el chico probablemente tenía un localizador. Que todo esto era una trampa.

Pero Jason había pasado meses odiando a Robin por reemplazarlo. Por ocupar su lugar. Por ser el hijo perfecto mientras él estaba muerto y podrido. Y ahora, oliéndolo, comprendió una cosa horrible: era un puto niño, un crío sin manada, usando un traje de colores en una ciudad que lo devoraría vivo si le daba la espalda dos segundos.

El celo de Jason sería ese dia

Y ese crío de mierda, sin saberlo, acababa de hacer que tuviera un propósito que su Omega no estaba dispuesto a rechazar.

—Mierda —susurró Jason, y antes de que Robin pudiera decir nada, le asestó un golpe en el estómago —medido, suficiente para doblarlo y antes de que reaccionara un golpe en la cara no para noquearlo para aturdirlo— y lo alzó del cinturón como si pesara una pluma.

—¡Oye! —protestó Tim, pataleando—. ¡Te estaba ayudando!

—¡Tú me hiciste esto! —gruñó Jason, arrastrándolo hacia el callejón con más fuerza de la necesaria—. Tú y tu puto olor de cachorro huérfano. Si mi celo se adelantó por tu culpa, vas a quedarte aquí hasta que se me pase. Y voy a encerrarte en una maldita habitación acolchada si hace falta.

—¿Mi… olor? —Tim se quedó rígido, y de repente entendió—. Oh. Oh, no.

—Sí, "oh, no". —Jason cargo al chico en su hombro y se dirigió a su departamento,esto si que sería una mierda

 

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