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Capítulo 1.
El primer día del resto de mi vida
Foolish con mucho pesar colocó el último bloque de madera. Tras, lo que fue una eternidad finalmente había terminado de reconstruir la mansión. Su hogar, o bueno, lo que quedaba de este. Él sabía muy bien que el último mandato de su rey había sido que no invirtieran más tiempo en reparar aquel hogar que había perdido lo que le quedaba de corazón, alma y vida. Pero al tótem, ahora proclamado el nuevo rey del norte, no podría jamás cumplir con algo así.
Porque más que conocer al anterior rey, Foolish conocía a Vegetta. Sabía cada detalle del chico de ojos amatistas.
Sus costumbres. Sus manías.
Incluso sus silencios…
Todo lo tenía siempre mentalizado tal como la palma de su mano. Él sabía que su Vegetta estaba destrozado como nunca antes, el brillo de la esperanza en sus ojos se habían desvanecido cuando recibió la noticia de la muerte de Juan a mano de sus propios hijos, casi como si ese brillo por la vida se hubiera ido junto a su segundo al mando. Una parte de su ser se había desvanecido, junto a los buenos momentos de los que aquellas paredes de arenisca fueron testigo alguna vez, tiempo atrás.
Y a su vez el híbrido de tiburón tenía que lidiar con sus propios pesares, donde no solo perdió a su mejor amigo en un triste recordatorio de la fragilidad y efímera vida mortal, sino que además se sentía tan traicionado como desconcertado al mismo tiempo ante los actos de Roier, y de cierta forma, no dudaba que debía ser precavido ante la posibilidad de que Aldo regresará con un aún intacto deseo de sangre. Suspiró al verse en el reflejo de los nuevos ventanales, Haiper y Abueloier se habían ido ya hace un rato en busca de los materiales que faltaban para los últimos toques finales, por su parte solo podía observar el brillo extraño desde lo alto de su cabeza. La corona del rey, donde otros encontrarán belleza y admiración, él solo podía ver dolor y un sentimiento de vacío que se expandía en su ser cada vez que recordaba las palabras que se unen al metal dorado.
“Tu mereces ser el nuevo rey” Merecer… ¿Qué define lo que se merece y lo que no? Si al final es solo algo subjetivo, ante sus ojos, Vegetta merecía seguir siendo el rey, aun cuando dijera que falló en su misión, para el tótem era todo lo contrario, fue al ojimorado a quien le fallaron aquellos que alguna vez se jactaron de ser parte de la familia. ‘El merecer’ era tan subjetivo y tan ilógico, Juan no merecía morir y aun así no pudo escapar de tan fatídico destino.
¿Él merecía ser coronado como el nuevo rey? Desde luego que no, si cedió ante la idea, fue porque no pudo soportar aquellos ojos cristalinos y esa aura tan frágil que emanaba su amado. Porque si, más tarde que temprano se dio cuenta que su corazón no había cerrado del todo, su corazón tan traicionero como siempre fue, aún mantenía todo el amor y cariño a Vegetta. No como un bufón a su rey, sino como un hombre a su amante. Un amor loco y desesperado, de dos seres que conocen lo que es perderlo todo incluso a ellos mismos.
“Eres el único que puede hacer algo al respecto” Oh, esa confianza ciega desmedida que Vegetta tenía por el chico tiburón nunca dejaría de sorprenderle. Foolish podía decirle que estaba en invierno en pleno verano y el amante del morado le creería sin dudarlo. Era esa fé que tanto había adorado tener, la que ahora lo ahogaba en un mar de incertidumbres. No había un plan tan elaborado, no había certeza de que Dark Cucurucho pudiera cumplir todas sus expectativas, ni siquiera podía garantizar que el norte seguirá de pie el día de mañana. Pero nuevamente, ver la mirada destrozada del ‘rey’ le impidió decirle que no.
¿Cómo podría él negarle la paz a aquellos ojos tan tristes? ¿Cómo podría negarle la felicidad a un corazón que ha quedado devastado? Fue así que Foolish se quedó en silencio, y aceptó su destino aquel al que estaba encaminado desde que decidió entregarse a la misión de hacer caer a la federación. De ahora en adelante, cada paso que diera llevaría consigo el peso de una corona que nunca deseo portar. Pero si al final del día eso garantiza que Vegetta será feliz, entonces aceptaría una y mil veces más.
El relinchar de un… ¿Caballo? Trajo de regreso al ojiverde, dicho sonido parecía provenir de la parte de arriba de la casa, específicamente el tercer piso. Extrañado por dicho acontecimiento fue rápidamente a ver de qué se trataba, temiendo que fuera un intruso o aún peor, Aldo. Su miedo se disparó cuando llegó frente a la puerta de la habitación de Vegetta, y de golpe entró temiendo que intentarán llevarse algo del lugar. Nada lo preparó para encontrar los ojos morados con un ligero tono de miedo, el tipo de temor que sufre alguien cuando es atrapado haciendo algo que no debía. Foolish solo tuvo que desviar la mirada unos segundos a la cama del morado para comprender el porqué. Extendido por las sábanas había diversas cartas, mudas de ropas y una mochila que contenía lo esencial para alguien que está por irse.
Aquella escena fue un golpe directo hacia una realidad en la que no había querido pensar, apenas aquella mañana había recibido la noticia de que el ojimorado se iría para buscar la paz que perdió de la noche a la mañana en un lugar lejano, un lugar que no era con ellos, un lugar que no era a su lado…
El silencio llenó la habitación y la envolvió en su totalidad, sus miradas se buscaban y repelían al mismo tiempo. Cuando hay tantas cosas que desean decir, al final, no pueden decir nada. Pasaron dos minutos así, hasta que Foolish carraspeo para decir al menos un poco de lo que quería decir.
—Tú, ¿Necesitar ayuda?—. El tótem se mordió la lengua y se maldijo en sus adentros al darse cuenta casi al instante cuando cayó en cuenta que sus nervios y sus conocimientos del español le habían jugado en contra. Vegetta dejo salir una risa fugaz, que asi como llego, así mismo se fue de sus labios, ante esto y asintió con la cabeza antes de darse a entender.
—Si, por favor. Llévate a Vicente a las afueras de la casa, yo me llevaré a Guapisimo—. Su voz salió en un tono lastimero que desentonaba con su previa alegría, el híbrido de tiburón no pudo recriminar nada pues estaba en la misma o incluso en una peor situación que él. Tomó de las riendas al caballo y con mucha delicadeza lo llevó hasta la entrada sin preocuparse mucho por los bloques que quitaba, a este punto esta casa ya tenía tanto de él como de Vegetta.
Al salir, una carreta sencilla recibió a Foolish. Dentro de ella ya había varias cosas del morado, entre ellas, el cuadro original que Juan le hizo, junto con otros detalles que los miembros de Norte le habían hecho al antiguo rey. Con el constante dolor de un corazón perdido, el tótem echó a correr tras dejar al corcel blanco frente la carreta. En el tercer piso, Vegetta seguía armando su última mochila. La mochila morada que Foolish le había regalado, aquella con la cual había comenzado todo.
—Please, reconsider this… [Por favor, reconsidera esto…]—. Rogó con el poco aire que podía retener después de haber subido los tres pisos de golpe.
—¿Foolish?—. Los ojos morados recorrieron cada gesto por más mínimo que fuera del semblante del tiburón, a su vez su mirada delató confusión y sorpresa.
—Por favor, Viyitta. Don't leave the north, it's your family. We are your family. I know you feel bad about how everything went wrong, I do too. But that's why I know we need each other to get out of all this. We're gonna be alright, trust me. [No dejes el norte, esta es tu familia, somos tu familia. Sé que te sientes mal por como todo resultó mal, yo también lo hago. Pero es justamente por eso que nos necesitamos entre todos para salir de todo esto. Estaremos bien, confía en mí.]—. Aunque no lo deseó así, sus palabras salieron de manera rápida y golpeada. Como si todos los filtros que conocía se hubieran desvanecido y en su lugar, hubieran sido reemplazados por todos los pensamientos más profundos de su alma. Ahora siendo quien buscaba respuesta, observó a su rey, ver que su expresión no cambió en lo más mínimo fue como un balde de agua helada que cae por su piel desprotegida.
—Foolish, lo siento… Yo… Yo no entendí lo que dijiste, ¿Puedes repetirlo?–. Confesó el mayor, avergonzado ante sus propias palabras. Sus cejas se arquearon en muestra de pena.
Aquel que se jactaba de conocer al morado había olvidado, ante su desembarque de sentimientos, que el contrario no podía comprenderlo cuando hablaba de manera tan desorganizada. Listo para decir todo una vez más, su consciencia ahora despierta le frenó en seco. “Hace un momento, ¿Qué estaba a punto de hacer?” Se cuestionó a sí mismo. Retener a Vegetta, ¿Era hacer lo correcto? ¿Para quién quería hacer todo ésto? ¿Para el fanático del morado o para él mismo?
—Before you leave. Can you follow me? I want to show you something… [Antes de que te vayas, ¿Puedes seguirme? Quiero mostrarte algo…]—. Con tanto en mente, al final decidió callar todo. En su lugar, quería disfrutar de estar a lado de su amado una última vez.
El ojimorado más que extrañado estaba curioso, no necesito de palabras pues su cuerpo se acercó rápidamente a Foolish, como si existiera una fuerza magnética desconocida que lo hacía orbitar alrededor del otro, añorando de igual forma todo los momentos en que solo eran ellos dos. Tomó la mano del más alto y lo miró a los ojos para demostrarle que una vez más le daría todo lo que le pidiera, completamente puesto a su merced, entregado a la voluntad de su rey.
El tótem por su parte, se aferró a la calidez de la mano conocida, siempre le pareció curioso como un ser que no podía morir, como él, llegaba a ser tan cálido. Comenzó a encaminarlo a la parte derecha de la casa, la zona que había recibido el mayor impacto durante el ataque, y la zona que ahora volvió a deslumbrar con una pizca de aquella belleza que alguna vez tuvo.
—Tú, ¿Reconstruiste todo?—. Cuestionó con sorpresa el mayor de los dos pasando su mano por las paredes de arenisca, que se sentían cálidas al tacto, señal de que habían sido colocadas recientemente.
—Listen, I know that your last order as a King was to not rebuild the house… But, this place has a lot of meaning for all of us; I couldn't just leave it like that. Es nuestro… Hogar. And it is always gonna be. [Escucha, Sé que tu última orden como rey fue no reconstruir la casa… Pero, este lugar tiene mucho significado para cada uno de nosotros, no podía simplemente dejarlo así… Es nuestro hogar. Y así siempre será.]—. Explicó con calma mientras observaba cada gesto del contrario buscando conocer sus pensamientos.
—¿Qué caso tiene, Foolish? Es cuestión de tiempo para que vuelva a caer, es un ciclo vicioso donde siempre todo terminará mal y este lugar quedará reducido a cenizas—. Replicó con desgano, era claro que hablaba de algo más simbólico que solo la casa.
—Then I guess we're gonna rebuild it again, y otra vez, y otra vez… It's not that how it works? A broken heart can mend, y la casa también… [Entonces supongo que vamos a reconstruir de nuevo… ¿No es así como funciona? Un corazón roto puede repararse…]—. Argumento por último, brindándole una mirada cargada de empatía y una sonrisa de esperanza. Vegetta miró con lentitud la traducción de sus palabras, solo para lanzarse a los brazos del híbrido de tiburón. —¡Wow! Oh, está bien. Todo está bien…—. Reconforto con cariño el más alto, dejando leves palmadas en la espalda del contrario, fue cuestión de segundo para sentir como ligeros sollozos salían de los labios de Vegetta.
A Foolish no le importó que su ropa quedara húmeda con las lágrimas del contrario, tampoco le importó que sus brazos dejaron de responder y se quedaran enganchados al cuerpo del ojimorado, mucho menos le importó que sus ojos se cristalizaron amenazando con llorar a la par de su amado. No, Foolish se quedó con algo más importante. Su corazón y el de Vegetta latiendo una vez más a la par, dos corazones inmortales que se amaban y anhelaban, finalmente compartiendo cercanía aún si era por una última vez.
—I'm a coward, no? A la primera que algo me supera, huyó. Lo he hecho antes, y lo hago ahora... Do you hate me for being this way? [Soy un cobarde, ¿No?... ¿Me odias por ser de esta forma?]—. Cuestionó en un susurro frágil y temeroso, el agarre del tótem solo se hizo más fuerte mientras negaba con la cabeza.
—Jamás. Nunca podría odiarte a ti. And you're not a coward, 'cause I know you… And I know you're not running away, whenever you feel ready you're gonna come back to the north, to your family… you're gonna come back to me. [Y no eres un cobarde, porque te conozco… Y sé que no estás huyendo, en el momento en el que te sientas listo, volverás al norte, a tu familia… Volverás a mí.]—. Respondió en un tono que buscaba ser tranquilo, dulce y melodioso para terminar todos los temores de su amado. Pero sobre todas las cosas, sus palabras eran honestas. Venían desde su corazón y no eran rebuscadas, era la verdad que mantenía en mente.
Sus cuerpos se separaron dejando un sentimiento de vacío en sus seres y un golpe frío al perder la calidez del uno al otro. Lo único que aún los mantiene conectados eran sus miradas: El intenso morado amatista que encontraba refugio en el verde esmeralda más agradable bajo la puesta de sol. El fuego de un amor inolvidable era todo lo que ahora les quedaba, y en momentos así, era todo lo que los motivaba a seguir sus caminos. Aun si esos caminos implican estar lejos el uno del otro, hasta que sus almas inmortales tuvieran la posibilidad de cruzar caminos una vez más.
Vegetta llevó su mano desenguantada a la mejilla del más alto, acariciando su piel tersa y llevando los mechones rebeldes de su cabello hacia atrás moviendo las yemas de sus dedos con lentitud para grabar en su mente cada segundo, colocándose al final de puntillas para alcanzar su rostro, donde plantó un beso en sus labios entreabiertos. Foolish corresponde colocando uno de sus brazos por detrás de la nuca del ojimorado y el otro brazo en su cintura, sujetandolo asi con cuidado en todo momento, como si se tratara en realidad de otro mortal frágil al tacto. Aun cuando sabía que ya no era el caso.
A diferencia de la unión que habían experimentado sus labios aquella mañana, esta vez era un beso más lento y entrañable. Donde algunos veían un beso de despedida, ellos encontraban consuelo en el “hasta luego” que quedaba de sabor en sus paladares. Porque nadie conocía el lenguaje corporal de Vegetta como lo hacía Foolish, y nadie conocía el lenguaje corporal de Foolish como lo hacía Vegetta. Cada mínimo movimiento era atento y suave, y de manera inimaginable, también era intenso y pasional, pero no era lujuria, era algo mucho más propio, era admiración, era respeto, era cariño y era amor eterno. Tantos sentir que se desbordaba en un gesto tan pequeño pero tan esperado por sus corazones.
Ambos mentirían al decir que no fue doloroso alejarse, porque lo fue, y quedó grabado en mente y alma dejándolos arder ante el arrepentimiento de que este fuera su momentáneo final. Pero nada cambiaría para bien si las cosas siguen así, estar juntos ahora sería una felicidad efímera insostenible a largo plazo. Con una última sonrisa cargada de paz, Vegetta le dijo adiós a su rey.
—Adiós, mi Fulich. Te prometo volver, no se cuando, pero volveré. Hoy gracias a ti sé que un corazón roto puede sanar, ¿No?—. Finalizó con cariño, dejando al contrario en la planta alta de la casa nuevamente, este por su parte solo pudo observar como la capa morada de su amado se desvanecía ondeando al ritmo del viento.
Por su propio bienestar, Foolish no quiso ver más que eso. Conociendo que seguir al chico de amatistas, solo iba a desencadenar quedar afligido una vez más, rogando por que no se fuera de su vida, lamentándose nuevamente que su “felices para siempre” no sucedió.
Cuando el relinchar de los equinos se escuchó de nuevo y sus pezuñas golpeaban con fuerza la tierra solo para irse reduciendo el sonido de sus pisadas, el tótem supo que Vegetta ya había dejado el norte detrás, y con ello, le había dejado a él. Solo con tener eso presente en mente bastó para que una lágrima traicionera escapara por los ojos del híbrido. La limpio rápidamente mientras soltaba un suspiro que contenía toda la presión que llevaba acumulada en mente y cuerpo. La sensación de una presencia externa le hizo girarse de golpe a las escaleras del tercer piso, al bajar la mirada observó el gorro de brujo de cierta criatura verde mágica, al parecer el ojimorado no le había llevado con él.
—Oh, eres tú... What a day, right?… I just want to go to sleep and not think about anything else, you're probably calmer than me, huh?… [Vaya día, ¿Verdad?... Solo quiero irme a dormir y no pensar en nada más, probablemente estás más tranquilo que yo, ¿Huh?]—. Comento para su ahora ¿subordinado? con algo de gracia ante la situación. Lo único que tuvo de respuesta fue el croar del sapo, acompañado por un hechizo de ‘fuerza’. Una risa lastimera fue lo último que salió de los labios del híbrido de tiburón. —Ha… Gracias, Sapotter…—.
