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Dunkaerion en los Juegos del Hambre

Summary:

Dunk esperaba que sobrevivir a los Juegos del Hambre fuera el final de su pesadilla.

No lo fue.

Cuando el Capitolio anuncia un Vasallaje en el que antiguos vencedores deberán regresar a la arena en parejas de distintos distritos, Dunk termina unido a la última persona a la que habría confiado su vida, Aerion, el sangriento campeón del Distrito 1.

La regla es sencilla. Si uno muere, ambos mueren.

Todo se basa en una aparente tregua y una arena diseñada para enfrentarse a asesinos mucho más experimentados que él y Dunk tendrá que decidir si puede confiar en un hombre que parece dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de sobrevivir.

Aerion, por su parte, lleva años fingiendo ser exactamente lo que el Capitolio quiere ver.

Y está cansado de actuar.

Notes:

Mil años más tarde pero porfin mi primer dunkaerion.

Que lo disfruten<3

Chapter 1

Notes:

(See the end of the chapter for notes.)

Chapter Text

El movimiento constante del tren debería haber sido relajante.

No lo era.

Dunk llevaba tres noches sin dormir más de un par de horas seguidas. La cama del vagón era suave, demasiado suave. Las sábanas olían limpias y tenía comida rica más que de sobra. Todo era mejor que en el Distrito 12.

Lo odiaba.

La aldea de los vencedores también era mejor que donde había crecido con Arlan. Más grande y mucho más limpia, pero era fría. La casa de Arlan por lo menos era cálida. 

Cada rincón le recordaba exactamente por qué estaba ahí. 

Cerró los ojos.

Mala idea.

Otra vez esa escena. 

Sangre.

Gritos.

Tanselle.

Su mente siempre volvía a Tanselle, su mejor amiga. A sus ojos abiertos de par en par. A ese sonido horrible. A la forma en que otro tributo la despedazó mientras él intentaba llegar hasta ella.

Tan cerca, pero fue muy lento.

Inútil . Se repitió a sí mismo. 

Abrió los ojos de golpe.

Su reflejo lo observaba desde la ventana oscura del tren.

Afuera, el paisaje cambiaba poco a poco. Las casas grises y desgastadas de los distritos quedaron atrás. Conforme avanzaban hacia el Capitolio, aparecían estructuras más altas y con luces más brillantes.

Dunk apoyó la frente contra el cristal.

Se sentía enfermo de solo verlo.

—Qué lo mires así no va a hacer que desaparezca.

La voz áspera de su mentora rompió el silencio.

Rohanne.

Conocida en el capitolio como la viuda roja, famosa por asesinar a su marido en sus juegos del hambre.

Estaba sentada al otro lado del vagón, hundida en un sillón. Tenía un cigarro entre los dedos y otro descansando ya consumido en un cenicero cercano.

Dunk no respondió. Ella soltó humo por la nariz.

—Tres días.

—¿Qué?

—Tres días llevas con esa cara de perro atropellado.

Dunk frunció el fruncido.

—Estoy bien.

—Claro que sí.—La mujer soltó una carcajada seca.—Y yo soy una pobre niñita inocente 

El silencio volvió a caer entre ambos. Ella dio otra calada.

—¿Sabes qué es lo peor de ti, chico?.

—No.

—Que sigues pensando que debiste morir. 

Dunk presiona la mandíbula.

—No sabes lo que pi...

—Sí lo sé.

Lo interrumpió inmediatamente.

—Porque yo también gané.—La mujer observó el humo elevarse hacia el techo.—Sé exactamente cómo se siente volver a casa preguntándote por qué sigues respirando cuando otro no.

Dunk bajó la mirada.

Durante unos segundos nadie habló.

—Tanselle debería estar aquí. 

No fue consciente de sus palabras hasta después de soltarlas. 

Su mentora suspiró.

—Tal vez.

Dunk levantó la cabeza. No era la respuesta que esperaba.

—¿Tal vez?

—Tal vez sí. Tal vez no. Que importa.

—Importa para mí.

—Pues deja de torturarte con ello.

Su voz fue cortante.

—Está muerta.

Dunk lo sintió como un puñetazo.

—Y no puedes hacer nada para cambiarlo. 

Ella señaló hacia él con el cigarro.

—Esa es la única verdad que importa ahora. Tú estás vivo, chico. 

—No me siento afortunado 

—Eso es porque eres un idiota.

Dunk soltó una risa amarga.

La mujer continuó:

—Escúchame bien. Sobreviviste. Puede que se sienta como una maldición, pero los demás ya están muertos. Ellos ya no tienen opción. Tú sí.

Apagó el cigarrillo.

—Así que deja de lloriquear por haber sobrevivido y aprovecha la maldita oportunidad que se te dio, carajo.

Dunk permaneció en silencio.

Afuera, las luces del Capitolio comenzaban a hacerse más brillantes.

Y asfixiantes

Por primera vez desde que Dunk ganó los Juegos, sintió miedo de algo peor que la arena.

.

 

 

.

 

 

La ventana ocupa una pared entera, mostrando las luces interminables del Capitolio. Tenía una cama enorme para él solo, una sala, una mesa repleta de comida y muchas cosas que no tenía ni idea que eran.

No había comido nada, la bandeja seguía intacta sobre la mesa. El olor era agradable, pero cada vez que intentaba comer algo el estómago se le revolvía.

—La clave es que parezcas accesible.

Su manager, Ellie, seguía hablando.

—La gente del Capitolio adora a los vencedores que los hacen sentir importantes. Sonríe, responde preguntas, se consciente de que buscan de ti…

Dunk asintió por reflejo.

—Ajá.

— Tienes que transmitir confianza. 

—Ajá.

—También deberíamos pensar en algún detalle distintivo. Algo que te haga memorable.

—Ajá.

La mujer siguió hablando durante varios minutos más.

Dunk observaba las luces de la ciudad sin escuchar realmente una sola palabra.

Todo aquello le parecía absurdo.

—Es suficiente.

La voz de su mentora interrumpió la conversación. Llevaba minutos observándolo detenidamente. 

Su manager parpadeo.

—¿Perdón?

—Dije que es suficiente.

Se levantó del sillón con evidente cansancio.

—No está escuchando ni una mierda de lo que dices.

Dunk apartó la mirada de la ventana.

El hombre abrió la boca para protestar, pero ella lo señaló con un dedo.

—Miralo. 

Ellie lo observó por un momento.

—Ah.

—Tiene cara de idiota. Más de lo normal, quiero decir.

Rohanne tomó una cajetilla de cigarrillos del bolsillo y lo encendió.

—Lleva despierto todo el viaje y parece que morirá de agonía en cualquier momento.

—Anunciarán las parejas mañana temprano.

El simple recordatorio hizo que el estómago de Dunk se tensara.

Mañana.

Mañana descubriría con quién tendría que regresar a la arena.

—Después de eso no vas a tener un segundo de descanso —continuó ella—. Entrevistas, entrenamientos, sesiones de fotos, patrocinadores... ya tendrás tiempo para sufrir más tarde.

Su manager soltó un suspiro resignado.

—Supongo que podemos continuar mañana.

Su mentora resopló. 

—Qué idea tan brillante. 

Dunk observó cómo ambas se dirigían hacia la puerta.

Antes de salir, Rohanne se volvió hacia él.

—Intenta dormir un poco, chico. 

Él estuvo a punto de decirle que llevaba semanas intentándolo, pero la puerta ya se había cerrado. La habitación quedó en silencio.

Y por mucho que lo intentó, no logro dormir. 

 

 

Se quedó acostado durante lo que parecieron horas, observando el techo de la habitación mientras las luces del Capitolio se filtraban por las ventanas. Cada vez que cerraba los ojos, su mente volvía a la arena.

Al final se rindió.

Se puso una chaqueta y salió al pasillo.

El silencio de los pasillos era extraño. No era el sonido del viento o el crujido de la madera vieja al que estaba acostumbrado. Era algo enfermizo.

Dunk avanzó sin rumbo fijo.

Los pasillos impecables y la iluminación tenue lograban ponerlo aún más nervioso. Todo allí parecía diseñado para que la gente se relajará. 

Él no podía.

Cada músculo de su cuerpo permanecía tenso.

Cuando llegó a los elevadores, pulsó un botón y esperó.

Las puertas se abrieron.

Dentro había dos hombres.

Uno era alto, de cabello negro, largo y una sonrisa insoportable. De solo verlo Dunk quería golpearlo y no sabia porque. El otro tenía el cabello a los hombros, de un tono tan platinado que no creyó que fuera posible y una postura relajada y juguetona. Ambos estaban demasiado ocupados el uno con el otro para haber notado que Dunk estaba ahí parado.

El rubio fue el primero en percatarse de su presencia.

—Vaya —dijo el pelinegro al notarlo. Separándose apenas lo suficiente para mirarlo—. Alguien nos acaba de interrumpir. 

Dunk se quedó inmóvil.

—Yo...

El hombre soltó una carcajada.

—Relájate. 

Luego tomó la mandíbula del rubio, tirándola hacia arriba. 

—Nos vemos mañana, primo. 

Su tono tenía algo burlón, Dunk no logró entender qué estaba pasando. 

Cuando salió del elevador, chocó deliberadamente el hombro contra el de Dunk.

—Procura no morir demasiado pronto, campeón.

Y se alejó por el pasillo sin esperar respuesta.

Dunk frunció el ceño y entró al elevador.

Las puertas se cerraron.

Entonces ocurrió algo extraño.

La sonrisa confiada y la mirada juguetona desaparecieron. Todo rastro de emoción pareció borrarse de su rostro en cuestión de segundos y se quedó observando las puertas metálicas del elevador con una expresión completamente vacía.

No parecía enfadado.

Ni triste.

Ni cansado.

No había…nada.

Aquello inquietó a Dunk más de lo que debería.

Parecía muerto en vida.

Tétrico.

Dunk sintió escalofríos.

El elevador se detuvo un piso más arriba.

Las puertas se abrieron.

El rubio salió sin dirigirle una sola mirada.

Dunk observó cómo se alejaba por el pasillo hasta desaparecer tras una esquina. Las puertas volvieron a cerrarse y por fin pudo soltar el aire qué no sabía que estaba reteniendo. 

Por alguna razón, aquella expresión vacía permaneció en su cabeza mucho después de que el rubio hubiera desaparecido.

 

 

 

 

 

Remojar

 

 

 

 

 

Notes:

Trataré de actualizar seguido pero no prometo nada jj