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~La Hazaña Perfecta de un Novio Imperfecto~

Summary:

El cumpleaños de Sumire Kakei finalmente ha llegado.

Decidido a convertir ese día en algo verdaderamente especial, Boruto Uzumaki se embarca en una misión que parece mucho más difícil de lo que imaginaba: cocinar algo para ella con sus propias manos. El problema es que Boruto nunca ha destacado en la cocina, y entre nervios, malos resultados, planes improvisados y una buena dosis de torpeza, hará todo lo posible para regalarle una sonrisa a la persona más importante para él.

- Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto, Ukio Kodachi y Mikio Ikemoto.

Notes:

¡Lo logré! ¡Conseguir hacer este One-shot despues de darle nitro y turbo para lograr terminarlo!

Originalmente tenía pensado otra idea de un One-shot de la cual estaba también enfocada para el cumpleaños de Sumire, pero esta que fui dejando para todos estaba en uno de los borradores que había tenido, así que decidí mejor usar esta historia para este año en su cumpleaños.

Hubo un par de complicaciones en las que no pude publicar esta historia el dia de ayer, pero al menos logre hacerlo en un periodo de tiempo muy dentro del rango.

Ha sido algo gratificante escribir algo lindo del cual pueda sentirme relajado. Sobre todo cuando se trata de escribir de Boruto y Sumire.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—Vaya que lo echaste a perder...

Las palabras frías y burlonas de la chica que tenía a su lado no solo lo habían molestado, sino que también le dejaron una terrible herida que, para él, lo perseguiría por el resto de su vida.

Un daño que critico que dejará marca en lo más profundo de su corazón.

Oyó el suspiro de ella y también el pequeño golpecito que se dio en la frente, como si intentara encontrar una explicación al extraño y anormal fracaso que contemplaba delante suyo.

Ella sabía muy bien que él no podía hacer muy bueno en tal cosa como lo que hizo ahora, pero tampoco esperaba superarse en el lado negativo... y de semejante manera.

En cuanto Himawari llegó, jamás imaginó que su hermano pudiera ser tan descuidado. Aquello solo demostraba que todavía estaba lejos de convertirse en el gran hombre que deseaba ser para la mujer que tanto amaba.

Sin duda alguna, la cocina no era el fuerte del gran Uzumaki Boruto.


[Hace una hora]

A lo largo de su vida, Boruto había cometido muchos errores, fueran intencionales o no, y juraba que esta vez no lo había sido, lo que solo lo hacía sentir mucho peor.

Incluso cuando intentaba animarse, terminaba arruinándolo.

Soltó un suspiro cuando su agotamiento físico y emocional terminaron por vencerlo, obligándolo a apoyarse sobre la barra que separaba la cocina del comedor.

El apartamento en el que vivía actualmente estaba impregnado por un fuerte olor a quemado, proveniente de la carne molida que estaba esparcida sobre una bandeja metálica colocada encima de la mesa de la cocina.

El humo seguía saliendo sin descanso del pequeño horno apoyado contra la pared, mientras el pelirrubio volvía en sí y se apresuraba a apagarlo. No le gustaría que ocurriera un incendio accidental... otra vez.

Habría sido mucho peor si hubiera terminado así. Porque seguramente se vería obligado a buscar un apartamento nuevo.

En sus diecisiete años de existencia jamás había llegado a una situación semejante... y esperaba que así siguiera hasta el día de su muerte.

Lo que sí le costaba creer era que hubiera llegado el día en que realmente deseaba poseer las habilidades culinarias de su madre. O siquiera al menos haber aprendido de ella antes. Aun así, necesitaba arreglárselas por su cuenta. Todo esto perdería sentido si no lo hacía con sus propias manos.

Para nadie era un secreto que Boruto Uzumaki no sabía cocinar. Todos sus amigos, familiares y conocidos lo sabían perfectamente.

Siempre que surgía el tema, Kawaki era el primero en burlarse de él, mientras que Boruto intentaba ignorarlo respondiendo con alguna ocurrencia ingeniosa o simplemente cambiando de conversación.

Lo único que podía preparar con relativo éxito eran huevos revueltos, huevos cocidos y, en algunas ocasiones, curry —afortunadamente, Iwabe le había enseñado a hacerlo—, pero nada de eso servía para lo que tenía planeado esta noche.

Una vez que logró apagar todo, se apoyó contra la encimera de la cocina, agotado y abatido tras sufrir su tercer fracaso del día. Aunque, siendo justos, este era el intento que más se acercaba a algo remotamente comestible.

Observó la carne destrozada, con bordes oscuros y resecos que estaban sobre la bandeja. El Uzumaki soltó un largo suspiro de frustración mientras contemplaba el desastre culinario que tenía delante.

— ¿Quizás... si le añado algún condimento improvisado... pueda disimular el sabor?

Por favor, hasta la persona más tonta sabría que aquello era una tontería. Si hasta a un chef le costaría ocultar algo quemado, tanto por el sabor como por la apariencia.

Boruto siguió observando los restos ennegrecidos de la carne y volvió a suspirar.

— ¡¿Cómo hacen las chicas para que esto parezca tan fácil?! —gritó al aire con las manos en la cabeza.

Agradeció en silencio que ninguna de sus amigas o conocidas lo hubiera escuchado decir eso. Probablemente habría recibido varias miradas de desaprobación y resentimiento, especialmente de la anfitriona de esta noche.

Por mucho que lo intentara y repitiera el mismo proceso una y otra vez, el resultado siempre era idéntico y su cocina continuaba hundiéndose en la ruina. Aquello solo conseguía frustrarlo aún más.

A esas alturas, la interminable cadena de fracasos culinarios ya debería haberlo hecho rendirse. Mucho tiempo atrás habría abandonado sin pensarlo dos veces, pues nunca fue alguien que tolerara bien sus propios errores. Sin embargo, esta vez era diferente.

Hoy no podía permitirse rendirse bajo ninguna circunstancia. Se repetía constantemente la razón por la que estaba haciendo todo esto. Para quién lo estaba haciendo.

La imagen de una sonriente chica apareció en su mente; sentada frente a la mesa mientras contemplaba un delicioso pastel de cumpleaños junto a una cena sorpresa. Todo preparado por él mismo.

No había nada más apropiado para Sumire Kakei que recibir una sorpresa así de parte de su pareja. Al menos, eso era lo que Sarada y Chōchō le habían asegurado cuando le dieron la idea, ya que él nunca había entendido muy bien qué cosas podían gustarles a las chicas.

Ambas le habían brindado una oportunidad de oro al encargarse de distraer a Sumire. Planeaban invitarla a almorzar y pasar el día con ella para mantenerla ocupada mientras él disponía de todo el tiempo necesario para preparar la sorpresa.

Una estrategia perfecta sobre el papel.

Lamentablemente, todo había terminado convirtiéndose en una larga sucesión de intentos fallidos por preparar algo digno de satisfacer el paladar de Sumire.

Tomó un pequeño pedazo de carne chamuscada y le dio un mordisco en una esquina. Varias migajas cayeron al suelo como si fueran polvo de carbón.

Había algo del sabor correcto escondido en alguna parte, pero el resto estaba completamente arruinado por el intenso gusto a quemado.

¿Cómo se suponía que eso podía considerarse una deliciosa cena?

Deseaba ver a Sumire feliz. Ver aquella sonrisa que tanto le gustaba mientras probaba la comida, degustaba el pastel de cumpleaños que quería prepararle y terminaba manchándose la mejilla con crema sin darse cuenta.

Entonces él limpiaría aquella mancha con cuidado.

Y cuando ella menos lo esperara, probaría también la crema mientras la observaba sonrojarse. Después la atraería lentamente hacia él y uniría sus labios con los de ella hasta que...

Con el rostro completamente encendido, el joven Uzumaki se golpeó ambas mejillas con las manos. Se obligó a volver al presente mientras expulsaba de su mente cualquier pensamiento impropio que amenazara con distraerlo de la situación critica en la que se encontraba.

Boruto no era alguien que se deprimiera con facilidad, pero cuando Sumire entraba en la ecuación le resultaba imposible no volverse demasiado emocional cada vez que sentía que hacía algo mal.

Y esta era una de esas ocasiones.

Al ver que ya no le quedaban muchas alternativas, dirigió su atención hacia el teléfono que descansaba sobre la mesa del comedor.

No le gustaba la idea que estaba considerando.

Pero si quería que aquello funcionara aunque fuera medianamente bien, tendría que tragarse el orgullo y pedir ayuda.


Y así fue como terminó en su situación actual.

Boruto volteó a ver a la persona que estaba a su lado con cierta incomodidad y nervios, con preparación mental para recibir cualquier mirada de desprecio, decepción y enojo en el rostro.

Al final, lo que consiguió fue una mirada de decepción reflejada en el rostro de la chica que tenía a su lado, y era bastante vergonzoso. Más aún cuando ella tomó uno de los trozos de carne quemada y lo examinó mientras hacía ahora una evidente mueca de desaprobación.

—Definitivamente no sabes cocinar. ¿Ves por qué te dije que le hicieras caso a mamá cuando intentó decirte que podría yo enseñarte?

—Vamos, ¿sabes que no puedo permitir que mi hermana menor me enseñe? —suspiró, rechazando la idea de inmediato—. Me haría sentir menos. Además, tú heredaste las habilidades culinarias de mamá.

Himawari Uzumaki frunció el ceño ante el poco lógico argumento de su hermano mayor.

Se llevó una mano a la frente, frustrada por las terribles habilidades culinarias de Boruto. Ya habían sido muchas las veces que se ofreció a enseñarle, pero él siempre se negaba.

Al menos podía disfrutar un poco de las consecuencias de su terquedad.

Aunque, siendo sincera, sentía más lástima por la persona a quien iba dirigida aquella cena sorpresa que se estaba preparando en esa desafortunada cocina.

—Como sea, te ayudaré a limpiar todo esto y luego usaremos los ingredientes que me pediste comprar. Si todavía falta algo, siempre podemos correr a la tienda más cercana.

—Y por cierto... ¿qué está haciendo él aquí?

Boruto señaló por encima de su hombro con el ceño fruncido, apuntando hacia la persona que estaba cómodamente instalada en la sala del apartamento, con la televisión encendida y una postura demasiado relajada para alguien que no vivía allí.

De todas las personas que podía encontrarse ese día, Kawaki era la última que quería tener cerca. Y mucho menos dentro de su apartamento cuando estaba ocupado con un asunto tan importante.

— ¿Sabes de alguien aparte de mí que sea lo suficientemente fuerte para cargar con las cosas? —preguntó una voz desde la sala.

—No soy tan frágil como para no poder con unas simples bolsas. —protestó Himawari mientras inflaba ligeramente las mejillas.

— ¿Y lo dice quien terminó pidiéndome ayuda de todas formas?

A regañadientes, Himawari guardó silencio. No tenía manera de refutar aquel argumento tan preciso de su segundo hermano, quien resopló con satisfacción al proclamarse vencedor de aquella pequeña discusión.

Boruto observó a ambos durante unos segundos antes de dirigirse hacia el sofá. Kawaki seguía mirando la televisión como si estuviera en su propia casa.

Aunque, siendo honestos, había ocasiones en las que actuaba exactamente así.

—Oye, si ya ayudaste a Himawari con las compras, entonces ya puedes irte. —dijo Boruto.

Le dedicó una sonrisa exageradamente amistosa mientras señalaba la puerta de salida con el pulgar por encima de su hombro.

Ignorando por completo aquellas "amables" palabras, Kawaki simplemente cambió de canal.

Una vena comenzó a marcarse en la frente de Boruto tras ver como era completamente ignorado por su hermano adoptivo.

— ¿Es que acaso eres sordo? —preguntó sin perder aquella sonrisa peligrosamente cordial.

—Por favor, no me interrumpas mientras te ignoro.

Boruto se acercaba mientras no perdía de vista la mirada desinteresada e indiferente de él.

—Oye, Kawaki...

Él mencionado suspira mientras volteaba a ver a Boruto con mucho cansancio.

—Ya te escuché la primera vez. ¿Mi presencia es tan amenazadora como para que te pongas a la defensiva?

—Por experiencia propia, siempre has sido un peligro para mí. —respondió Boruto.

—No es mi culpa que la mayoría de las veces te pusiera las cosas difíciles para que tuvieras oportunidades con Sumire. Después de todo, nunca dejaste de ser un denso.

Varios recuerdos fugaces de sus años escolares atravesaron la mente de Boruto. Por mucho que lo intentara, no podía evitar cierta molestia por el pasado.

Sumire pasaba bastante tiempo con Kawaki por aquel entonces, mientras él intentaba desesperadamente captar su atención y parecer más interesante que su estúpido hermano, quien era perfectamente consciente de todo y aun así fingía no darse cuenta.

Había sido una competencia absurda y tremendamente irritante que Kawaki inició únicamente para molestarlo. Y, de alguna forma, continuó hasta bien entrada la universidad.

Siempre que Sumire estaba involucrada, Kawaki encontraba alguna forma de fastidiarlo.

Por eso mismo, tenerlo cerca durante un día como este era un auténtico peligro.

Boruto soltó un suspiro cargado de frustración. Sin embargo, tras unos segundos, terminó relajándose.

Se acercó hasta quedar frente al sofá y miró directamente a Kawaki.

—Kawaki, necesito hacer esto. Quiero darle una sorpresa increíble a Sumire. Por eso te pido que no molestes, por favor.

La sinceridad de aquellas palabras provocó una visible sorpresa en el rostro del otro chico.

Su atención se apartó finalmente de la televisión mientras arqueaba una ceja.

Muy pocas veces veía a Boruto hablar tan seriamente.

No era la actitud despreocupada de siempre, ni tampoco la del idiota que improvisaba sobre la marcha. Aquello parecía algo realmente importante para él.

Tan importante que incluso ponía nervioso a Kawaki... Y eso era decir bastante.

Finalmente, se acomodó mejor en el sofá mientras observaba al Uzumaki con aparente indiferencia.

—No tienes que ponerte tan educado. Lo entiendo —suspiró—. Prometo que no voy a arruinar nada de lo que planeas hoy. Y si necesitas ayuda con algo, te echaré una mano.

—Eso fue sorprendentemente responsable de tu parte. Me asusta, 'ttebasa.

—Puedo ser responsable cuando quiero.

A pesar de su comportamiento habitual, aquella respuesta no le resultó desagradable a Boruto.

Esbozó una pequeña sonrisa, agradecido por la cooperación de su hermano, aunque siguiera siendo una de las personas más difíciles de tratar que conocía.

Una vez que ambos llegaron a un entendimiento, Boruto volvió junto a Himawari, quien ya había comenzado a limpiar la bandeja utilizada anteriormente junto con algunos utensilios de cocina.

Kawaki también colaboró mínimamente, aunque antes se dedicó a probar parte de la comida quemada.

— ¿Por qué te lo estás comiendo? —preguntó Boruto con absoluta incredulidad.

—Tu padre siempre dice que jamás hay que desperdiciar la comida. También que es de mala educación hacerlo...

—Déjame adivinar —entrecerró los ojos con evidente sospecha—. ¿Mi madre te ha regañado por no comerte las verduras?

—Sí.

La respuesta de Kawaki llegó de inmediato. Se tensó visiblemente y sus hombros se hundieron unos centímetros, como si reviviera un recuerdo traumático que no quiso plasmar en su mente.

No añadió nada más.

Boruto sintió una pequeña punzada de lástima por él.

Solo una pequeña.

De cualquier forma, no tenía tiempo para compadecerse de nadie, así que volvió a concentrarse en los ingredientes que tenía delante.

Himawari se acercó para dejar algunas cosas sobre la mesa y tomó una cebolla que estaba cerca.

Antes de que pudiera hacer algo con ella, Boruto le dio un rápido golpecito en la mano.

— ¡Ay! —se sobó la zona afectada mientras lo miraba indignada—. ¿Y eso por qué fue?

—Lo siento, Himawari, pero ya te dije que te pedí ayuda para traer los ingredientes y explicarme cómo hacerlo. No quiero que tú ni Kawaki cocinen por mí, 'ttebasa.

— ¿Hablas en serio? —preguntó ella con incredulidad—. Siendo tú, es prácticamente imposible que salga siquiera medianamente bien.

Las palabras de Himawari atravesaron a Boruto como una lanza directa al corazón. Incluso sentía que podría salir sangre de su boca por tal herida emocional y personal.

—Sí, ya lo sé. —suspiró resignado—. Pero justamente por eso necesito aprender. Quiero darle una sorpresa a Sumire. Quiero demostrarle que también puedo hacer cosas por mi cuenta y que no necesita encargarse de todo ella sola.

—Oye... Acabas de admitir que ella hace todo en el apartamento. —comentó Kawaki.

—Tú mantén la boca cerrada antes de que te haga probar el resto de la comida quemada 'ttebasa.

—Ya, ya. —levantó ambas manos en señal de rendición—. No veo porque enojarse. Solo dije exactamente lo que escuché de ti... Además, tampoco es que me importe seguir comiendo lo quemado.

—El punto es que quiero ofrecerle una cena hecha por mí. Por eso necesito que me dejen intentarlo.

Volvió la vista hacia su hermana menor y le dedicó una expresión sincera.

— ¿Podrías limitarte a darme consejos? Ya sabes... como hermana y como chica.

Himawari no parecía demasiado convencida.

Conocía perfectamente las capacidades culinarias de su hermano y, después de lo visto aquel día, sus expectativas no eran precisamente alentadoras.

Pero viendo la insistencia de su querido hermano y lo mucho que estaba decidido en impresionar a Sumire, le hizo querer apoyarlo. No podía rechazarlo cuando veía ese nivel de compromiso que él estaba mostrando.

Se cruzó de brazos y se apoyó contra la encimera mientras lo observaba con seriedad.

—Está bien, Onii-chan. Respetaré tu decisión y tus deseos. Pero quiero dejar claro que no nos haremos responsables si este lugar termina incendiándose.

—Sí, gracias por la enorme muestra de confianza.

La respuesta cargada de sarcasmo hizo que Himawari rodara los ojos, pero esbozando una ligera sonrisa.

Una vez terminada aquella discusión, Boruto se remangó las mangas de su sudadera para tener mayor libertad de movimiento y tomó nuevamente los utensilios de cocina.

Himawari se colocó a su lado, adoptando una posición desde la que pudiera supervisar todo lo que él hiciera.

—Bien, primero intenta cortar las verduras que están del otro lado, pero procura dejarlas bien picadas si quieres que tengan una buena presentación y mezcla.

—Sí, lo entiendo. —asintió Boruto.

Tomó uno de los tomates y algo de lechuga que había sobre la mesa. Los llevó hasta su área de trabajo y se preparó para comenzar.

Justo cuando estaba por hacerlo, Himawari lo sujetó del brazo.

— ¡Oye, eso no!

— ¿Qué pasa? —preguntó, confundido.

—Primero lava las verduras.

—...Oh, cierto... no me acordaba...

Sin más remedio, se dirigió al fregadero y comenzó a lavarlas con tranquilidad.

Mientras tanto, Himawari y Kawaki observaban la escena con expresiones cada vez más preocupadas.

La poca confianza que aún conservaban descendió varios niveles más.

—Esto definitivamente va a ser complicado... —murmuró Himawari en voz baja.

No esperaba otra cosa que largas horas de trabajo si realmente quería enseñarle algo útil a su hermano.


El cielo ya se había oscurecido y las calles se encontraban iluminadas únicamente por los faroles que daban luz a la oscuridad de la noche. Aquella tenue iluminación hacía mucho más agradable el camino de regreso al apartamento.

Sumire había tomado la ruta más larga por insistencia de Sarada. Según ella, debía aprovechar un poco más de tiempo para sí misma. También había mencionado algo acerca del agradable viento que corría aquella tarde y de lo mucho que ayudaba a despejar la mente. Sumire todavía no entendía del todo a qué se refería cuando el apartamento contaba con aire acondicionado, pero debía admitir que el clima natural resultaba bastante agradable.

Aunque el comportamiento de su amiga había sido extraño durante gran parte del día, decidió no darle demasiadas vueltas al asunto y simplemente disfrutar del momento mientras caminaba por las calles.

Tras unos quince minutos después, finalmente llegó a casa.

—Ahora mismo lo único que quiero es tomar una buena ducha y relajarme... —murmuró para sí misma.

Subió las escaleras con tranquilidad hasta llegar a su piso. Después sacó las llaves de su pequeño bolso y comenzó a abrir la puerta mientras un pensamiento cruzaba fugazmente por su mente.

—De todos modos, no he recibido ningún mensaje de Boruto-kun...

Si era completamente sincera consigo misma, había esperado algún mensaje suyo durante el día. Quizás una felicitación especial por su cumpleaños o simplemente alguna pregunta para saber cómo se encontraba. No era algo que necesitara con desesperación, pero de vez en cuando le gustaba recibir aquella clase de atención por parte de su novio.

—Bueno, a veces está ocupado, así que no se puede hacer nada —una pequeña sonrisa apareció en sus labios mientras giraba la llave—. Espero que no se haya aburrido hoy.

Al abrir la puerta del apartamento, notó que todas las luces estaban encendidas. No era algo particularmente extraño considerando que la noche ya había caído. Se quitó los zapatos en la entrada y avanzó apenas unos pasos cuando una voz repentina la sorprendió.

— ¡S-Sumire, bienvenida a casa!

La aparición tan abrupta de Boruto desde el pasillo logró sobresaltarla ligeramente. No fue suficiente para hacerla perder el equilibrio, pero sí para sacarla de sus pensamientos. Cuando lo vio allí, tan torpe y alterado como siempre, no pudo evitar sonreír. Había algo en aquella faceta tan peculiar de su novio que siempre conseguía alegrarle el día.

—Hola, Boruto-kun. Ya estoy de vuelta.

La voz de Sumire desprendía una calidez tan natural que Boruto sintió unas enormes ganas de lanzarse a abrazarla en ese mismo instante. Incluso después de tanto tiempo, seguía pareciéndole increíblemente hermosa. Sin embargo, logró contener aquellos impulsos y se obligó a actuar con aparente normalidad.

—Entonces... ¿te puedo cargar el bolso? Se ve que pesa bastante. Haha...

— ¿Eh? Em... Boruto-kun, mi bolso es pequeño. No pesa realmente. —ladeó la cabeza con evidente confusión.

—Sí, bueno, pero acabas de llegar. Como buen caballero debería ayudarte.

Aunque sus palabras sonaban amables y consideradas, Sumire sintió que algo no encajaba. Boruto se estaba comportando de una manera extraña, incluso para alguien tan impredecible como él.

Por un momento se preguntó si habría cometido algún error y ahora estuviera intentando ganarse su buena voluntad antes de que ella lo descubriera. Después de todo, ya había recurrido a tácticas parecidas en otras ocasiones. Aun así, lo que más llamó su atención fue el interés casi exagerado que mostraba por quedarse con su bolso, como si ocultara algún motivo importante detrás de aquella insistencia.

Tras pensarlo unos segundos, decidió que era mejor seguirle la corriente y descubrir lo que hizo por cuenta propia. Aunque no negaba que estaba preocupada.

—Está bien. Si quieres ayudarme con eso, no tengo problema.

Le extendió el pequeño bolso y Boruto lo tomó casi de inmediato, colgándoselo del hombro con una sonrisa de evidente satisfacción. Sumire le devolvió la sonrisa, aunque seguía sintiéndose algo confundida. Después de todo, él continuaba plantado justo delante de ella, impidiéndole avanzar hacia el interior del apartamento.

—Esto... ¿Boruto-kun?

— ¿Mmh? ¿Qué sucede?

— ¿Por qué sigues aquí?

Boruto se quedó inmóvil por un instante. Su sonrisa se tensó aún más mientras buscaba desesperadamente alguna respuesta adecuada. Tras varios segundos de silencio, terminó acercándose a ella y apoyó ambas manos sobre sus hombros antes de mirarla directamente a los ojos.

— ¿Te han dicho alguna vez que eres muy hermosa?

—¿Eh?

Sumire parpadeó varias veces, completamente desconcertada.

Ahora sí que estaba perdida.

Las muestras de afecto de Boruto nunca le molestaban; de hecho, normalmente le encantaban. Sin embargo, esta vez resultaban extrañamente sospechosas. Él continuó observándola como si estuviera esperando una respuesta extremadamente importante, por lo que ella terminó sonriéndole con cierta timidez.

—P-Pues claro. Me lo dicen bastante seguido.

— ¡¿Qué?!

Los brazos de Boruto se tensaron de inmediato. Incluso las manos que descansaban sobre sus hombros temblaron ligeramente.

— ¿Quién demonios te ha dicho eso? —los ojos de Boruto se agrandaron mientras un fuego interno crecía de forma violenta.

La intensidad de su mirada estuvo a punto de hacerla reír. Ahí estaba nuevamente la faceta celosa de su novio. Nunca fallaba y, por alguna razón, siempre conseguía divertirla.

—Haha... tranquilo.

Le dio un pequeño toque en la nariz con la punta del dedo mientras sonreía divertida.

—Solo Sarada, Chouchou, las demás chicas... y tú, por supuesto.

La respuesta provocó que Boruto apartara ligeramente la mirada. El guiño juguetón que ella le dedicó terminó por rematarlo. Su rostro comenzó a teñirse de rojo mientras intentaba ocultarlo con una mano, incapaz de sostenerle la mirada durante demasiado tiempo.

Sumire soltó una suave risita al verlo reaccionar de aquella manera. Sin embargo, la diversión desapareció tan rápido como había llegado y, tras recuperar la compostura, volvió a observarlo con atención.

—Ahora bien... ¿hay algo que me estés ocultando, Boruto-kun?

La dulzura de su voz permaneció intacta, pero el tono adquirió una seriedad que hizo que Boruto sintiera un escalofrío recorrerle la espalda. Conocía demasiado bien aquella voz y sabía perfectamente que nunca era una buena señal.

—B-Bueno, la verdad es que...

—Espero que no te hayas vuelto a pelear con los vecinos —lo señaló con la mirada mientras inflaba ligeramente las mejillas en un pequeño puchero—. La última vez terminaste encerrado aquí por órdenes de los oficiales debido a los daños que provocaste en el edificio.

—Oye, eso no fue únicamente culpa mía. La gata de la vecina del piso de arriba también debería haber sido arrestada por atentar contra la seguridad pública. Si no me crees, pregúntale al Yakuto-san. Él también fue víctima.

—Todavía me cuesta creer que una simple gata haya provocado semejante desastre. Aunque, siendo justos, el señor Yakuto también terminó siendo regañado por su esposa. —Sumire apoyó una mano sobre la cintura mientras lo observaba con una expresión de evidente desaprobación.

—Bueno, el punto es que no he hecho nada malo. Todo está en perfecto estado y ningún vecino resultó herido, 'ttebasa.

Durante unos instantes, Sumire lo observó en silencio mientras analizaba cuidadosamente sus palabras. Finalmente, no encontró nada especialmente sospechoso en su comportamiento, más allá de lo extraño que estaba actuando desde que había llegado.

—Está bien, te creeré. —suspiró suavemente mientras relajaba los hombros.

—Gracias. —respondió Boruto con una sonrisa nerviosa.

Por dentro, sin embargo, él sintió que acababa de sobrevivir a una situación extremadamente peligrosa. Solo esperaba que Sumire se mostrara igual de comprensiva cuando descubriera que había utilizado buena parte de los ingredientes del refrigerador para preparar la cena.

—En cualquier caso, deja que te lleve a la sala. Debes estar cansada después de pasar tanto tiempo fuera.

—Espera, primero tengo que preparar la cena y después...

—Confía en mí, hoy no necesitas preocuparte por la cena. —la interrumpió con rapidez antes de que terminara la frase.

Sin darle demasiado tiempo para protestar, comenzó a guiarla desde atrás, conduciéndola por el pasillo hasta atravesar la cocina y llegar al comedor que conectaba con la sala principal.

Sumire, que había estado siguiendo el extraño comportamiento de Boruto durante todo ese tiempo, terminó completamente sorprendida cuando sus ojos se posaron sobre la mesa.

Allí encontró dos platos perfectamente colocados en sus respectivos lugares junto con la cena preparada para esa noche. Había varios acompañamientos distribuidos cuidadosamente sobre la mesa: ensalada, tamagoyaki, arroz frito con zanahoria y algunos otros platillos que completaban el conjunto.

Era una cantidad considerable de comida.

Sin embargo, incluso desde donde estaba podía notar algunas imperfecciones evidentes. El tamagoyaki tenía ciertas zonas demasiado tostadas, la carne parecía haber quedado ligeramente pasada de cocción y algunas presentaciones no eran precisamente dignas de un restaurante. Aun así, el arroz y la ensalada lucían sorprendentemente bien.

Si mal no recordaba, Boruto jamás había sido alguien que cocinara con frecuencia. De hecho, normalmente era ella quien se encargaba de preparar la mayoría de las comidas. Él podía arreglárselas con algunas cosas sencillas para el desayuno, como huevos o arroz, pero preparar una cena completa era algo completamente distinto.

Y aun así, allí estaba.

Una mesa preparada por él.

Solo para ella.

—Boruto-kun... ¿acaso tú...?

—Bueno, sinceramente... había imaginado algo mucho más extravagante —Boruto se rascó la nuca con cierta vergüenza mientras desviaba la mirada—. Pero no podía permitirme ingredientes demasiado caros y... bueno... esto fue lo mejor que pude hacer.

Era una explicación sencilla, aunque escondía una enorme cantidad de esfuerzo detrás.

La realidad era que había agotado gran parte de los ingredientes disponibles, había cometido incontables errores y había desperdiciado varias horas intentando conseguir un resultado medianamente aceptable.

Si era completamente honesto consigo mismo, aquella cena estaba muy lejos de la imagen espectacular que había construido en su cabeza.

Sin embargo, también era el límite de lo que podía lograr con sus habilidades actuales.

Por eso mismo no pudo evitar sentirse algo abatido mientras esperaba la reacción de Sumire.

Sus dudas desaparecieron en el instante en que sintió unos suaves labios apoyarse sobre su mejilla.

Boruto abrió ligeramente los ojos por la sorpresa.

Cuando volvió la mirada hacia ella, encontró el rostro sonrojado de Sumire acompañado por una sonrisa tan cálida que parecía capaz de disipar cualquier pensamiento negativo que hubiera tenido hasta ese momento.

Antes de que pudiera reaccionar, ella rodeó su cuerpo con ambos brazos y se acomodó contra él en un abrazo inesperadamente fuerte.

Por reflejo, Boruto le devolvió el abrazo con cuidado. Como si el cuerpo de su hermosa novia fuera lo más delicado que ha tenido en sus brazos. Presentía que, con tan solo un apretón más fuerte, podría en romper el delicado cuerpo de Sumire.

—Supongo que eso significa que te gustó la sorpresa, ¿no?

—Nunca cambias, ¿verdad? —respondió Sumire con una suave sonrisa.

— ¿A qué te refieres?

—A que siempre intentas ser detallista —su abrazo se volvió ligeramente más firme mientras apoyaba la cabeza contra su pecho—. Lo has hecho muchas veces a lo largo de los años, aunque casi nunca sale exactamente como lo planeas. Al final siempre terminas consiguiendo algo que queda a medio camino entre un éxito y un desastre.

—Auch... eso sí dolió.

—Además, puedo imaginar perfectamente cuántos intentos necesitaste para preparar todo esto. Nunca has sido bueno cocinando. Ni siquiera cuando intentabas hacer hamburguesas.

—Está bien, está bien. Tú ganas. Sé que es tu cumpleaños, pero tampoco tienes que destruir mi autoestima.

—Haha... Que dramático, como siempre. —respondió Sumire.

— ¡Es verdad! ¿Sabes el daño critico emocional que me hiciste? —entrecerró los ojos con una sonrisa nerviosa—. El bono de daño que tienes es terroríficamente mortal 'ttebasa. 

La risa de Sumire resonó suavemente en el comedor mientras continuaba abrazándolo. Poco a poco apoyó más peso sobre él, obligándolo a reajustar ligeramente su postura para no perder el equilibrio.

Aun así, Boruto no se movió y simplemente la dejó reír. Porque escuchar aquella risa era exactamente la razón por la que había hecho todo aquello.

No había nada más hermoso de escuchar para él que Sumire riendo de felicidad.

Pasaron unos segundos más antes de que ella finalmente se calmara. Sin embargo, no se apartó de Boruto. En lugar de eso, llevó ambas manos hasta las mejillas de él y lo obligó suavemente a mirarla de frente.

—No pongas esa cara —su voz adquirió un tono mucho más cariñoso mientras sus dedos acariciaban levemente sus mejillas—. Solo estoy diciendo las cosas que me gustan de ti.

Aquella confesión logró avergonzarlo más de lo que le habría gustado admitir. Sus ojos se desviaban constantemente hacia cualquier otro lugar antes de volver a encontrarse con los de ella. Sumire era demasiado buena diciendo ese tipo de cosas sin darse cuenta del efecto que tenían sobre él.

—Pues vaya gustos que tienes...

— ¿Oh? —una sonrisa divertida apareció en los labios de la chica—. ¿Estás criticando mis gustos?

—N-No era eso lo que quería decir.

—Porque si criticas mis gustos, entonces también te estás criticando a ti mismo. —levantó una ceja con evidente diversión.

Boruto soltó un suspiro resignado. Sabía perfectamente que discutir con Sumire cuando se ponía así era una batalla perdida.

—Bueno... es solo que a veces siento que soy muy poco para lo que mereces.

La sonrisa juguetona de Sumire desapareció lentamente.

Aquel comentario hizo que Sumire lo observara con mayor detenimiento. Boruto tampoco desvió la mirada esta vez; era un pensamiento que regresaba a su mente con mucha más frecuencia de la que le gustaba admitir.

Sumire era inteligente, amable, responsable y una persona que siempre intentaba ayudar a los demás. Incluso después de todo lo que había sufrido en el pasado, seguía siendo capaz de sonreír con sinceridad.

Por eso, en ocasiones le costaba entender cómo alguien como ella había decidido quedarse con alguien tan problemático como él. Incluso habían chicos mucho más increíbles que podrían ser aptos para hacerla feliz.

Él todavía recordaba todos los errores que había cometido a lo largo de los años, todas las situaciones absurdas en las que terminaba involucrándose y la enorme cantidad de problemas que seguía causando incluso en la actualidad.

A veces simplemente no entendía qué había visto ella en él.

—Bueno... puede que no seas el chico más responsable o el más perfecto del mundo —la voz de Sumire lo sacó de sus pensamientos—. Estoy segura de que existen chicos mucho más impresionantes. Algunos seguramente son actores famosos o celebridades que salen en televisión.

Boruto sintió una pequeña punzada en el pecho.

Por supuesto.

Las celebridades siempre terminaban apareciendo en ese tipo de conversaciones.

—...Pero aun así te escogí a ti.

Aquellas palabras hicieron que él volviera a mirarla y Sumire sostenía su mirada con total naturalidad.

—Tienes defectos. Muchos defectos, de hecho —continuó con una pequeña sonrisa—. A veces eres impulsivo, otras veces eres demasiado terco y en ocasiones haces cosas que me dejan completamente preocupada. Pero aun así eres la persona con la que decidí estar.

Los brazos de Boruto se aflojaron ligeramente alrededor de ella.

No porque quisiera soltarla, sino porque estaba demasiado concentrado escuchándola. Gran parte de su mente estaba trabajando para escuchar a Sumire que hacer funcionar otras partes de su cuerpo.

— ¿Y nunca te arrepentirás? —preguntó en voz baja.

La pregunta escapó de sus labios antes de que pudiera detenerla.

Sumire permaneció pensativa durante unos segundos.

—Claro que me he arrepentido.

La respuesta tomó completamente desprevenido a Boruto.

Sus ojos se abrieron de golpe. La respuesta lo atravesó como una flecha disparada directamente al pecho, rápida, precisa y dolorosamente inesperada.

Sintió una punzada incómoda extenderse por su interior mientras aquellas palabras se clavaban en su mente una y otra vez, como una crítica imposible de ignorar. Durante un instante, el peso de esa sensación le oprimió el pecho, haciéndolo cuestionarse si realmente había escuchado bien lo que Sumire acababa de decir.

— ¿¡Qué!?

Se quedó inmóvil durante una fracción de segundo antes de que su imaginación comenzara a correr a toda velocidad.

—Espera, espera... ¿cómo que te arrepentiste? —preguntó alarmado—. ¿Estamos hablando de un arrepentimiento pequeño? ¿Algo tipo "debí comprar otra marca de té"? ¿O un arrepentimiento grande? Porque esos son niveles completamente distintos.

Sumire parpadeó.

—Boruto-kun...

— ¡No, espera! Déjame prepararme mentalmente —levantó una mano como si intentara detener una sentencia de muerte—. ¿Desde cuándo? ¿Fue después de nuestra primera cita? ¿Después de aquella vez que rompí accidentalmente una ventana?

La expresión de Sumire comenzó a transformarse lentamente en una sonrisa.

Mientras tanto, Boruto parecía cada vez más desesperado.

 —¿Te refieres a cuando nos mudamos juntos? Me arrepiento de lo inmaduro que fui ese día. Sabía que en algún momento volverías a sacarlo para perseguirme con eso.

—Boruto-kun...

—Sumire, ya me disculpé. Además, si vamos a hablar de arrepentimientos, todavía me arrepiento de haberme peleado con los vecinos apenas nos habíamos mudado. Y por mi culpa tuvimos que involucrar a oficiales. Créeme, aprendí la lección.

Sin embargo, antes de que pudiera seguir hablando, ella fue interrumpiendolo.

—Boruto-kun, de eso no estoy hablando... No me refiero a ese tipo de arrepentimiento contra ti.

— ¿Eh?

—Me arrepiento de todas las veces que no pude estar contigo cuando estabas pasando por un mal momento. Me arrepiento de no haber podido ayudarte más cuando te sentías solo. Me arrepiento de las ocasiones en las que estabas sufriendo de algo y no me di cuenta a tiempo.

Su voz se volvió más suave mientras apoyaba nuevamente la frente contra el pecho de él.

—Por eso no quiero alejarme de ti. Porque tu felicidad también es importante para mí.

Boruto sintió cómo algo se apretaba dentro de su pecho.

—Sumire...

—Y es lo mismo ahora. Porque me hiciste muy feliz hoy.

Ella levantó ligeramente la cabeza para volver a mirarlo.

—No necesito regalos costosos ni celebraciones extravagantes. Tampoco necesito una cena perfecta o algo digno de un restaurante. Lo único que realmente quería era pasar tiempo contigo.

Los ojos azules de Boruto se quedaron completamente fijos en ella.

—Que estés a mi lado ya es suficiente para hacer de este un buen cumpleaños. —dijo Sumire.

La sinceridad que transmitían aquellas palabras fue tan abrumadora que Boruto no supo cómo responder.

Simplemente la atrajo nuevamente hacia él y la envolvió entre sus brazos con más fuerza que antes.

No quería que se sintiera sola.

No quería que volviera a experimentar aquella soledad que había acompañado gran parte de su vida después de perder a su madre.

Quizás no podía cambiar el pasado, pero al menos podía permanecer a su lado en el presente.

—Si vas a seguir quedándote conmigo... entonces intentaré convertirme en alguien digno de ti.

Sumire no pudo evitar sonreír al escucharlo.

—Pero ya lo eres, Boruto-kun.

La facilidad con la que respondió hizo que él se quedara sin palabras, como si para ella aquello nunca hubiera estado en duda, como si jamás hubiera necesitado demostrar nada para merecer estar a su lado, y por alguna razón, eso fue exactamente lo que más feliz lo hizo sentir.

Sumire también volvió a rodearlo con sus brazos y apoyó el rostro contra su pecho. Poco a poco fue hundiéndose más en el abrazo mientras disfrutaba de la calidez que él le transmitía. El suave aroma de Boruto, mezclado con la tranquilidad de aquel momento, logró relajarla más de lo que esperaba.

Siempre había algo reconfortante en estar así con él.

Tal vez era porque conocía perfectamente sus defectos, sus virtudes y cada una de sus rarezas. O quizás porque, después de tantos años compartiendo momentos juntos, Boruto se había convertido en uno de los lugares donde más segura se sentía.

Permanecieron así durante un breve instante, disfrutando del silencio y de la compañía mutua sin necesidad de añadir más palabras.

Finalmente, fue Sumire quien terminó separándose primero.

—Entonces... ¿ya podemos comer? —preguntó con una sonrisa ligeramente avergonzada—. Tengo muchas ganas de probar todo lo que preparaste.

La pregunta logró sacar a Boruto de aquel estado de felicidad en el que se encontraba.

—B-Bueno... espero que te guste. Tal vez no sea una cena de cinco estrellas como la que imaginé al principio, pero espero que sea suficiente.

—Creo que una cena de cinco estrellas es lo último que habría esperado de ti. —respondió ella con una sonrisa divertida.

—Oye.

— ¿Qué? Alguien tenía que decirlo.

—Sabes que se supone que debes agradecer el esfuerzo, ¿verdad?

—Y lo estoy haciendo —dijo Sumire con una sonrisa sarcástica—. Solo que también estoy siendo realista.

—Qué considerada. —suspiró, fingiendo dolor en el pecho.

—Lo sé. Estoy evitando que desarrolles expectativas poco saludables sobre tus habilidades culinarias.

Boruto soltó una pequeña risa al escuchar aquella respuesta. Antes de que Sumire pudiera reaccionar, la atrajo nuevamente hacia él y capturó sus labios en un beso lento y profundo.

Pronto, Sumire terminó correspondiendo al beso mientras apoyaba una mano sobre su pecho. Poco a poco ambos fueron olvidándose de todo lo demás, concentrándose únicamente en la cercanía que compartían.

El beso se prolongó un poco más mientras se escucharon pequeños gemidos ahogados de parte de Sumire en pleno acto. Su agarre en la ropa de Boruto fue más fuerte, evitando poder caerse cuando sintió como sus pies perdían algo de fuerza.

La falta de aire fue suficiente para que ambos se fueran separando de poco a poco.

Se quedaron mirando en cuanto sus miradas se cruzaron.

Sus rostros permanecieron a escasos centímetros de distancia mientras recuperaban el aliento.

—Oye... todavía no hemos cenado —murmuró Sumire con las mejillas sonrojadas—. No puedes empezar a hacer estas cosas de repente.

— ¿Y por qué no?

—Porque sí, y no pienso discutirlo.

Boruto observó la forma en que ella intentaba mantener una expresión seria mientras el sonrojo seguía extendiéndose por su rostro. Aquello solo consiguió hacerle más difícil contener la sonrisa.

—Realmente eres un pervertido. —terminó diciendo Sumire.

—¿Qué quieres que haga? —se encogió de hombros con total naturalidad—. Hace tiempo que no tenemos una noche de "acción" para nosotros solos. Creo que hoy sería un buen momento para aprovecharla 'ttebasa.

La propuesta hizo que el corazón de Sumire diera un pequeño salto.

Sabía perfectamente a qué se refería.

Y eso solo consiguió que se sintiera aún más avergonzada.

Sumire no sé consideraba una pervertida, pero no negaría que experimentar otra vez una noche de ensueño con Boruto resultaba bastante tentadora por lo bueno que él era en la cama.

—N-Ni siquiera me he bañado todavía. Al menos espera a que...

—Entonces bañémonos juntos.

La respuesta fue tan inmediata que Sumire ni siquiera logró terminar la frase.

—¿Acaso estás en celo? —preguntó finalmente mientras se cubría parte del rostro con una mano—. Ni siquiera me dejaste terminar de hablar.

Boruto soltó una carcajada.

La reacción de su novia había sido demasiado adorable. La forma en que intentaba ocultar su vergüenza mientras lo regañaba solo conseguía que le resultara aún más tierna, haciendo que le costara cada vez más mantener una expresión seria.

La rodeó una vez más con los brazos mientras sonreía satisfecho.

Finalmente, Sumire tomó asiento frente a la mesa mientras observaba con atención todo lo que él había preparado. Había imperfecciones evidentes por todas partes, pero lejos de molestarle, cada una de ellas parecía recordarle cuánto esfuerzo había invertido Boruto para hacer algo especial por ella.

Aquella simple idea bastó para hacerla sonreír una vez más.

Boruto observó aquella expresión desde la distancia y sintió cómo una agradable sensación de satisfacción recorría todo su cuerpo.

Verla feliz había valido completamente la pena. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de tomar asiento frente a ella, algo golpeó su mente como un rayo.

Todo el color desapareció de su rostro mientras un solo comenzaba a repetirse una y otra vez dentro de su cabeza.

«Espera...» —el corazón le dio un vuelco.

Una gota de sudor descendió lentamente por su sien.

«No, no, no, no...»

Su respiración comenzó a acelerarse hasta que su mente estalló en dos palabras.

«¡EL PASTEL!»

Había pasado horas preparando la cena, decorando la mesa y asegurándose de que todo saliera bien para sorprender a Sumire. Incluso había logrado sobrevivir a los comentarios de Himawari y soportar la presencia de Kawaki durante los preparativos. Sin embargo, después de todo ese esfuerzo, acababa de darse cuenta de algo terrible: había olvidado por completo el pastel de cumpleaños.

Durante unos segundos permaneció inmóvil, sintiendo cómo el desastre se desarrollaba dentro de su cabeza a una velocidad alarmante. Intentó pensar en alguna solución inmediata, pero cuanto más lo intentaba, más consciente se volvía de que no tenía ninguna alternativa.

No quedaban ingredientes suficientes para improvisar un pastel, tampoco tenía tiempo para salir a comprarlo y regresar sin levantar sospechas, y mucho menos podía pedir ayuda ahora que Sumire ya estaba sentada frente a la mesa.

Era un fracaso absoluto. Una misión exitosamente fallida.

Mientras él sufría una crisis silenciosa, Sumire seguía observando la comida con una sonrisa satisfecha. De vez en cuando acomodaba algún cubierto o examinaba algún platillo con curiosidad, completamente ajena a la tragedia que estaba ocurriendo dentro de la mente de su novio.

«Bueno...» —pensó Boruto mientras sentía que sus hombros se hundían—. «Supongo que ya no se puede hacer nada.»

Justo cuando se disponía a aceptar su derrota y sentarse a cenar, el sonido del timbre resonó por todo el apartamento.

Tanto él como Sumire dirigieron la mirada hacia la puerta al mismo tiempo.

— ¿Esperas a alguien? —preguntó Sumire mientras volvía la vista hacia Boruto.

— ¿Eh? N-No. Bueno... creo que no. —respondió con sinceridad.

Aquello solo consiguió despertar todavía más curiosidad en Sumire.

Antes de que pudiera levantarse para averiguar quién había llegado, Boruto reaccionó de inmediato.

—Déjame ver quién es. Tú quédate aquí.

—Pero...

—Por favor.

La insistencia con la que lo dijo fue suficiente para que ella terminara cediendo ante la petición de su novio.

Boruto soltó un suspiro de alivio y se apresuró hacia la entrada. Mientras avanzaba por el pasillo, una pequeña parte de él deseaba que quien estuviera detrás de la puerta desapareciera por cuenta propia. Aquella noche solo quería pasar tiempo con Sumire, sin interrupciones ni visitas inesperadas.

Sin embargo, cuando abrió la puerta, se encontró con dos rostros que conocía demasiado bien.

Frente a él estaban Himawari y Kawaki.

Ambos parecían ligeramente agitados. Parte del cabello de Himawari estaba algo despeinado y la expresión que compartían los dos era exactamente la misma: una mezcla de cansancio, molestia y resignación.

Boruto se quedó observándolos durante varios segundos.

Ellos hicieron exactamente lo mismo.

El silencio resultó incómodo para todos los presentes en la entrada del apartamento, sin importarles si llegara uno de los vecinos.

— ¿Q-Qué tal les fue? —preguntó finalmente con una sonrisa tan forzada que casi resultaba dolorosa de ver.

—Oh, fantástico. —respondió Himawari con un evidente tono sarcástico que no fue suficiente para ocultar su molestia—. Fue una experiencia inolvidable.

—La próxima vez intenta utilizar la puerta principal cuando quieras sacar a alguien de tu apartamento —agregó Kawaki mientras cruzaba los brazos—. Estoy seguro de que los balcones no fueron diseñados para ese propósito.

La sonrisa de Boruto comenzó a temblar.

A juzgar por algunas hojas atrapadas en el cabello de Himawari y el evidente mal humor de ambos, estaba claro que el descenso improvisado desde el edificio no había sido precisamente agradable.

Cuando escucharon a Sumire acercarse a la puerta unos minutos antes, no tuvo mejor idea que obligarlos a escapar por la ventana para evitar que los viera dentro y que la sorpresa fuera descubierta.

En aquel momento le había parecido una decisión brillante.

Ahora comenzaba a cuestionarse seriamente sobre sus acciones.

—L-Les debo una.

—Nos debes dos. —corrigió Kawaki de inmediato—. Ya nos la cobraremos en un futuro.

— ¿Dos? ¿Por qué?

—Una por soportarte durante toda la tarde mientras aprendías a cocinar.

—Y otra por convertirnos en escaladores profesionales. —añadió Himawari con los brazos cruzados.

Boruto bajó ligeramente la cabeza.

No podía discutir ninguno de esos puntos.

Fue entonces cuando Himawari extendió algo que había estado sosteniendo todo ese tiempo: Una pequeña caja blanca decorada con el logotipo de una pastelería.

Boruto parpadeó varias veces antes de recibirla.

El peso fue suficiente para que comprendiera de inmediato lo que había dentro.

Sus ojos se abrieron ligeramente.

— ¿Es...?

—Sí —respondió Himawari—. Un pastel.

Por un instante, Boruto no supo qué decir. Miró la caja que sostenía entre las manos, luego a su hermana y después volvió a fijar la vista en el pastel, como si todavía le costara creer que estuviera allí justo cuando más lo necesitaba.

Sentía una mezcla de alivio, gratitud y vergüenza. Alivio porque aquel desastre que había estado a punto de arruinar la celebración acababa de resolverse, gratitud porque Himawari había pensado en algo que él había olvidado por completo, y vergüenza porque ni siquiera había sido capaz de recordar una parte tan importante del cumpleaños de Sumire.

—Esto también me lo vas a deber.

—Lo sé.

—Y será caro. Muy caro. —añadió Himawari

—Eso me preocupa mucho. —Boruto sonrió de forma temblorosa.

Kawaki soltó un resoplido divertido mientras observaba la escena.

—Deberías sentirte afortunado. Ella fue quien insistió en volver por eso.

Bajo su mirada, señalo a la chica que tenía al lado mientras cruzaba ambos brazos.

—K-Kawaki.

— ¿Qué? Es la verdad.

Himawari desvió la mirada con evidente incomodidad mientras se acomodaba parte del cabello detrás de la oreja.

—Simplemente pensé que Sumi-neechan merecía un cumpleaños completo.

Aquellas palabras provocaron que la expresión de Boruto se suavizara.

Durante un momento observó a su hermana en silencio, y luego sonrió con una sonrisa sincera.

—Gracias. A los dos les agradezco...

Himawari se limitó a bufar ligeramente para ocultar la vergüenza.

—Solo asegúrate de felicitarla también de mi parte.

—Y de la mía. —agregó Kawaki.

Boruto asintió.

Observó cómo ambos comenzaban a dirigirse hacia el ascensor mientras se alejaban por el pasillo. Permaneció allí hasta que las puertas metálicas se cerraron y desaparecieron de su vista.

Solo entonces volvió a mirar la caja que sostenía entre las manos.

No pudo evitar sonreír nuevamente. En que él realmente tenía una buena familia.

Con mucho cuidado sostuvo la caja del pastel entre sus brazos y regresó al interior del apartamento.

Cuando volvió al comedor, encontró a Sumire exactamente aun sentada.

Ella seguía sentada frente a la mesa mientras observaba distraídamente la televisión de la sala. De vez en cuando también echaba un vistazo a la cena preparada por Boruto, como si todavía le costara creer que realmente hubiera sido él quien cocinó todo aquello.

Algo de lo cual Boruto comprendía y no podía culparla de tener aun sus dudas al respecto con la cena que él hizo.

En cuando sus pisadas fueron lo suficientemente ruidosas con cada paso, ella levantó la mirada en su dirección.

— Oh, Boruto-kun... ¿Quién llamaba a la puerta?

—Era alguien del edificio. —respondió con naturalidad mientras intentaba ocultar la caja detrás de su espalda.

Por fortuna, Sumire parecía mucho más interesada en él que en cualquier otra cosa.

— ¿Ocurrió algo?

—Nada importante.

—Mas vale que sea cierto y no escondas algo que tenga que ver con el apartamento. —comentó Sumire con una expresión escéptica.

Boruto soltó un pequeño suspiro mientras negaba con la cabeza. Realmente era imposible engañar a Sumire durante demasiado tiempo.

Aun así, todavía necesitaba mantener la sorpresa unos minutos más.

—Antes de comer... ¿podrías cerrar los ojos?

La petición hizo que Sumire arquease una ceja.

— ¿Qué los cierre? —preguntó, mostrandose confundida.

— ¿Por favor?

Sumire lo miró con evidente escepticismo, mientras Boruto intentaba sostener aquella expresión de suplica piadosa hacía ella.

—Prometo que esta vez no haré nada raro. —agregó él.

— ¿Y lo dice el chico que siempre ha gustado de las bromas desde pequeño? —preguntó Sumire ladeando la cabeza.

Sumire lo miró con evidente desconfianza divertida.

Boruto abrió la boca para defenderse. Sin embargo, no encontró ningún argumento válido y lógico para enfrentar las palabras de ella. Por lo que, la cerró nuevamente, mostrando su completa rendición.

—...Tienes un punto.

La pequeña victoria se reflejó en la sonrisa satisfecha de Sumire. Aun así, después de unos segundos terminó accediendo.

Sintió que ya fue mucha jugada de bromas de parte suya hacía hacía su novio.

—Está bien. Confío en ti. —dijo ella.

Aquellas palabras hicieron que Boruto se sintiera ligeramente culpable por la cantidad de bromas pesadas que le había hecho durante los últimos años en la escuela.

—Gracias. Eres una novia muy misericordiosa.

Sumire cerró los ojos.

Una vez que comprobó que realmente no estaba mirando, Boruto se apresuró a colocar el pastel sobre la mesa. Sacó las pequeñas velas que Himawari había dejado dentro de la caja, las acomodó sobre la superficie y, tras varios intentos algo torpes, logró encenderlas sin provocar una catástrofe doméstica.

Cuando terminó, observó el resultado durante unos segundos.

No era un pastel enorme ni especialmente elegante, y definitivamente no era algo preparado por él mismo. Pero de cualquier forma, era un pastel que era perfecto para Sumire.

—Ya puedes abrir los ojos.

Sumire obedeció esta vez sin decir nada más. Sus ojos morados se posaron primero sobre Boruto, después descendieron hasta la mesa y finalmente se quedaron inmóviles sobre el pastel.

Durante unos segundos no dijo absolutamente nada.

La sorpresa fue tan evidente en su rostro que incluso Boruto comenzó a ponerse nervioso.

—Lo olvidé por completo durante los preparativos —admitió mientras se rascaba la nuca—. Bueno... en realidad, lo olvidé hasta hace unos minutos. Pero conseguí solucionarlo de alguna manera.

Una pequeña risa escapó de los labios de Sumire.

Era una risa suave que parecía contener todo el afecto y la ternura que sentía en aquel momento.

—Eso suena exactamente como algo que te pasaría a ti.

—Gracias... Creo.

—Y para que lo sepas, no era un cumplido. —replicó Sumire con una sonrisa divertida.

—Ahora sí me siento atacado.

La sonrisa de Sumire se volvió todavía más cálida mientras contemplaba las velas encendidas. La tenue luz danzaba sobre su rostro, envolviendo el calor hacía ella

Durante unos instantes permaneció en silencio, absorta en aquel pequeño momento, disfrutándolo sin prisas, y fue entonces cuando Boruto comprendió algo.

Tal vez la cena no había salido perfecta, tal vez el pastel había llegado gracias a Himawari y tal vez había cometido más errores de los que estaba dispuesto a admitir a lo largo del día, pero nada de eso importaba realmente. Al final, Sumire estaba sonriendo, y eso era exactamente lo que había querido conseguir desde el principio.

—Feliz cumpleaños, Sumire.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

*PUM* *PLAF*

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Apenas aquellas palabras abandonaron los labios de Boruto, un pequeño estallido resonó sobre la mesa.

Antes de que cualquiera de los dos pudiera reaccionar, una enorme cantidad de crema salió disparada desde el interior del pastel. La explosión no fue especialmente fuerte, pero sí lo bastante repentina para tomar completamente desprevenidos a ambos.

La peor parte se la llevó Sumire.

La crema impactó directamente contra su rostro, parte de su cabello y la ropa que llevaba puesta, dejando también varias manchas repartidas por la mesa y el comedor. Boruto tampoco salió completamente ileso; parte del contenido le alcanzó la mejilla, el hombro y una zona de la camisa, aunque comparado con el estado de Sumire había salido absurdamente bien librado.

Durante unos segundos todo permaneció en absoluto silencio. Solamente el sonido de la televisión sonaba por todo el lugar.

Ambos permanecieron inmóviles mientras intentaban comprender qué acababa de ocurrir. La diferencia era que Sumire todavía estaba procesándolo, mientras que la mente de Boruto ya había comenzado a entrar en pánico.

Aquello no tenía ningún sentido. El pastel no debía haber explotado. Ningún pastel debería de hacer algo así.

Todo esto no era parte de ninguna broma que hubiera preparado ni mucho menos de algún accidente relacionado con él. Mientras intentaba encontrar una explicación, su mirada descendió lentamente hacia la caja que todavía descansaba sobre la mesa. Entonces recordó a Himawari. Después recordó a Kawaki.

Una sensación horrible comenzó a recorrerle la espalda.

Tomó la caja y la examinó con más atención. No tardó demasiado en encontrar algo curioso. El logotipo de la pastelería estaba ligeramente levantado en una esquina. Al acercarlo descubrió que ni siquiera formaba parte de la impresión original. Era una simple calcomanía pegada encima de otro emblema.

Boruto sintió cómo una vena comenzaba a marcarse en su frente. La imagen de sus dos hermanos yacía en su cabeza, en el preciso momento en el que habían estado en la entrada del apartamento hace unos momentos.

Dentro de su mente, los recuerdos de ambos hermanos comenzaron a deformarse hasta mostrarles con enormes sonrisas burlonas mientras prácticamente se reían en su cara.

«Malditos traidores... Ya me las pagaran.»

Apretó la caja entre las manos mientras los maldecía mentalmente e imaginaba distintas formas de cobrar aquella humillación. Sin embargo, sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de Sumire.

—Boruto-kun.

El cuerpo entero de él se tensó.

Con una lentitud cuidadosa, Boruto giró la cabeza en dirección a ella. Lo primero que vio fue la crema cubriendo parte de su rostro. Lo segundo fue la sonrisa con la que ella se dirigió a él..

Una sonrisa dulce, amable y aterradoramente familiar.

— ¿Podrías explicarme qué significa todo esto?

La voz de Sumire continuaba siendo suave, delicada e incluso agradable de escuchar. Precisamente por eso resultaba mucho más amenazador su imagen en este momento.

Boruto intentó justificarse de inmediato, asegurando que no había sido él y que tampoco sabía que aquello iba a ocurrir. Sin embargo, en cuanto intentó decir algo, la oyó volver hablar.

—Después de prepararme una cena, decirme tantas cosas bonitas y organizar una sorpresa de cumpleaños, me gustaría escuchar la brillante razón por la que terminé con un pastel explosivo en la cara... Así que espero que se te ocurra una buena excusa.

—Yo...

—Porque dependiendo de lo que digas, tal vez tu castigo no será muy severo. —su sonrisa tiernamente fría siguió hacía él.

Cada palabra pronunciada con aquella actitud calmada hacía que Boruto sintiera la situación aún más peligrosa. Por puro instinto comenzó a retroceder varios pasos hasta que su espalda terminó chocando contra la barra que separaba la cocina del comedor.

—B-Bueno... La verdad es que... La culpa es de...

Mientras tanto, Sumire se puso de pie y comenzó a acercarse lentamente. La sonrisa seguía allí, fija e inalterable, lo que hizo que Boruto recordara algo que no había visto en mucho tiempo.

Esa sonrisa... aquella misma sonrisa.

La había visto años atrás. En el momento en que la conoció, en ese entonces en el que antes se hicieran amigos, ya había agarrado una inquietante pero agradable sensación que se llevarían bien y que no quería dejarla sola. 

Jamás pensó que aquella chica amenazadora de hace años y sin amigos abría convirtiéndose en su novia, en su hermosa y genial novia mientras recibía aquella intensa mirada sobre él.

Por alguna razón, aquel recuerdo consiguió arrancarle una pequeña sonrisa. Era una reacción involuntaria, cargada de cierta nostalgia.

Boruto no tenía idea de lo que habrá pasado, pero en solo un par de segundos, lo que sintió después fue un intenso ardor recorriendo todo su rostro cuando el puño de Sumire impactó directamente contra él. El golpe fue tan repentino que apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que su cabeza girara hacia un lado.

Y mientras caía al suelo, con la vista todavía nublada por el impacto, llegó a una conclusión antes de perder por completo la conciencia.

«Sigue igual de linda como aquella vez...»

 

FIN

 

 

Notes:

Para quienes llegaron hasta aquí al final de esta historia, les agradezco haberla leído. Al igual que espero que dejen sus comentarios, ya que eso siempre es algo de lo cual me animaría a seguir escribiendo y la inspiración me llega de seguir con mis historias.

En fin, espero que se la pasen bien y que sigan teniendo muchos buenos días para este año.

¡Nos leemos hasta la próxima!

¡Sayo!