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Relationships:
Characters:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2026-06-13
Words:
3,806
Chapters:
1/1
Kudos:
2
Hits:
23

Y mira la magia || HonoEli

Summary:

Honoka solo quería jugarle una pequeña broma a su novia durante aquella tarde de estudio, pero descubrirá que hay cosas con las que es mejor no meterse jamás.

Por culpa del consejo de la persona equivocada y su propia ingenuidad, Kousaka Honoka deberá afrontar las consecuencias.

No estaba consciente de que, al final, el precio a pagar podía ser deliciosamente alto.

✿ Ayase Eli x Kousaka Honoka ✿

✯ One Shot ✯

••• Disclaimer: Love Live! School Idol Project no me pertenece, es propiedad de ASCII Media Works (Kadokawa), Lantis (Bandai Namco Music Live) y Sunrise (Bandai Namco Filmworks).

••• Advertencias:
*Yuri
*Girls Love
*Contenido ligeramente subido de tono
*Personalidades algo Ooc
*Datos ficticios inventados por el autor
*Algunas partes pueden carecer de sentido ;v
*Errores ortográficos

Notes:

¡Buenas, buenas! Espero que se encuentren bien.

No sé si lo había dicho antes, pero el HonoEli es mi OTP de Love Live! School Idol Project.

Siento que la cantidad de contenido que hay de ellas no es suficiente, así que paso por acá para aportar mi granito de arena. Me encanta esta pareja desde el primer momento en el que vi la escena del opening 1 donde se miran con fijeza antes de romper a reír.

Eli estaba en contra de la determinación de Honoka al principio, pero, al final, terminó cayendo por el encanto de la líder, justo igual que el resto de las integrantes de esta primera generación.

En estos momentos, me encuentro atendiendo a otras historias, pero no pude resistir el impulso de escribir este rápido shot.

Espero que disfruten de esta pequeña historia tanto como yo lo hice mientras la escribía. Muajajajajajajajajaja.

Ok, no. xD

¡Saludos y hasta la próxima!

.
.
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Disclaimer: Love Live! School Idol Project no me pertenece, es propiedad de ASCII Media Works (Kadokawa), Lantis (Bandai Namco Music Live) y Sunrise (Bandai Namco Filmworks).

Advertencias: Este fic es categoría madura, así que es probable que tenga contenido ligeramente subido de tono, palabras adultas y es una historia GL. Además de eso, puede haber un poco de Ooc en el comportamiento de los personajes; cumplo con avisar.

Work Text:

🍫 Y mira la magia 🍫

HonoEli

 

            —Y eso es todo lo que tienes que hacer —finalizó Nozomi, mirando a su líder con cierta diversión.

            —¿Eso es todo? —Honoka ladeó la cabeza, extrañada—. ¿Y se supone que eso es una broma, Nozomi-chan?

            Nozomi asintió, esbozando una sonrisita que no tranquilizaría a nadie.

            Se encontraban en el salón del Consejo Estudiantil. Poco antes de las prácticas de la tarde, Nozomi, aprovechando que su líder se encontraba sola y desocupada —como la mayor parte del tiempo—, la citó para hablar con ella de «algo importante» que resultó no ser más que una broma que Honoka podía hacerle a su novia.

            —Es una muy buena broma, de hecho. —Nozomi bajó la voz y se inclinó hacia Honoka con aire confidencial—. Como ustedes dos están saliendo, Elicchi no se molestará porque lo intentes. —Volvió a su posición inicial y juntó sus manos mientras esbozaba una enigmática sonrisa—. Inténtalo, Honocchi, puede que el resultado te sorprenda⁓.

            Honoka asintió, aunque no parecía muy convencida.

            —Es muy simple para ser una broma —musitó, mirando a Nozomi con curiosidad—. Además, si es una broma que has querido hacerle desde hace tiempo, ¿por qué no se la haces tú misma, Nozomi-chan?

            «Es tan inocente», pensó Nozomi, haciendo todo lo posible por mantenerse neutral.

            No quería dejar ver ninguna de sus intenciones, aunque, al ser Honoka con la que estaba hablando, no tenía que esforzarse demasiado; al fin y al cabo, la líder de µ's era tan inocente y despistada que no se daría cuenta de una treta de la bruja ni siquiera teniendo las pruebas de ello justo frente a su nariz.

            —No se la hago yo porque no hemos tenido tiempo últimamente, pero creo que tú sí podrías, Honocchi. —Nozomi le lanzó un guiño—. Después de todo, ustedes sí pasan más tiempo juntas. De hecho, ¿no van a estudiar más tarde en la casa de Elicchi? Imagino que solo estarán ustedes dos, ¿no?⁓

            Honoka se sonrojó ante el comentario y Nozomi esbozó una discreta sonrisa que, unos segundos después, se esfumó de la misma forma en la que había aparecido. Tenía que ser muy precavida.

            —Eh, jeje, sí, más tarde Eli-chan me explicará matemáticas. —Honoka se rascó la cabeza mientras hablaba; era un tic que solía aparecer cuando estaba nerviosa—. Y… sí, solo estaremos nosotras. Alisa-chan irá a estudiar con Yukiho y algunas amigas, entonces… estaremos solo las dos.

            —Perfecto, sí, perfecto. —Nozomi se levantó de su silla y fue a buscar su bolso, el cual reposaba encima de una mesita cercana. Lo abrió y, tras registrar por unos segundos, extrajo tres barritas de chocolate de platinada envoltura—. Jo, aquí están⁓.

            —¿Chocolate?

            —Sí, Honocchi, es para la broma, ¿o ya olvidaste la explicación?

            Honoka enrojeció nuevamente y negó con energía.

            —Sí, sí me acuerdo. Jeje, solo estaba preguntando para… eh… asegurarme.

            —Ajá, claro. —Nozomi se acercó a ella y le tendió las golosinas—. Son de la marca favorita de Elicchi, se vuelve loca cuando los ve… y no son fáciles de conseguir.

            Honoka, con ojitos brillantes, tomó las tres barritas y las detalló, curiosa. En la parte superior de cada barrita podía verse el dibujo de tres almendras justo en el centro; impresas a un costado, asomaban unas palabras ilegibles para Honoka, por lo que asumió que estaban en ruso. Además, los chocolates eran apenas más grandes que su dedo índice y, tras tantearlos, se dio cuenta de que tenían el tamaño perfecto para aquello que Nozomi había propuesto.

            —Bueno, Honocchi. —Nozomi esbozó una amable sonrisa—. Ya tienes lo que necesitas para llevar a cabo esta pequeña… jugada. Solo debes hacer lo que te dije y listo, después me cuentas de la reacción que tuvo Elicchi.

            Honoka, que se había animado repentinamente, se levantó de su lugar de un salto y, aferrando las barritas en su mano, miró a Nozomi con una mezcla de resolución y voluntad.

            —¡Claro que sí, Nozomi-chan! —Honoka tomó su bolso y guardó el chocolate—. ¡Lo haré! —sonrió valiente—. De hecho, ¡lo haré ahora mismo!

            Honoka iba a correr hacia la puerta, cuando Nozomi se le paró al frente, deteniéndola.

            —¿Nozomi-chan?

            —Honocchi. —Usando su tono más paciente, Nozomi le puso ambas manos en los hombros—. Te dije que lo hicieras cuando estuvieran solas…

            —Pero si se la hago en público, será mejor porque así todas podremos reírnos…

            —¿Crees que hacerle una broma a tu novia en público será algo bueno, Honocchi? —Nozomi apretó un poco el agarre en torno a los hombros de la líder, que ahora parecía entender un poco más el punto—. Hazlo cuando estén solas y mira su reacción; si es favorable… puedes intentarlo en público después. —Entrecerró los ojos, dedicándole una mirada gatuna que, por algún motivo, inquietó a Honoka—. Eso se verá después; por lo pronto, intenta hacerla más tarde, a solas. ¿Está bien?

            Honoka, que ahora se sentía algo inquieta ante el énfasis que había hecho su senpai en el último «a solas» que dijo, asintió muy lentamente. Nozomi sonrió en respuesta, la dejó libre y retrocedió unos pasos.

            —Será sencillo, Honocchi, te divertirás mucho. —Un destello de malicia hizo brillar su mirada celeste, pero Honoka, que no era la más observadora del mundo, no se dio cuenta de ello—. Solo debes hacer lo que te dije y listo, verás cómo ocurre la magia.

            Honoka la miró en silencio por unos segundos.

            —Bueno, hora de ir a ensayar. —Nozomi tomó la mano de Honoka y tiró de ella en dirección a la salida—. ¡Vamos, Honocchi!

            Saliendo de su ensimismamiento, Honoka se dejó arrastrar por la bruja en dirección a la azotea para poder ensayar todas juntas.



            —Bien, tomemos un descanso —anunció Eli, cerrando el libro de cálculo.

            —¡Por fin! —Sin disimular el alivio que aquellas palabras le causaban, Honoka se dejó caer encima del chabudai frente a ella—. Ugh, me duele la cabeza.

            —Eso pasa porque no estás acostumbrada a estudiar —añadió Eli, mirándola con reproche—. Tienes que esforzarte un poco más, Honoka.

            La mencionada infló las mejillas.

            —Tú no me entiendes, Eli-chan. —Honoka volvió a su posición inicial—. Yo lo intento, pero las matemáticas son un idioma muy complicado.

            Eli estuvo tentada a decirle que las matemáticas no eran precisamente un idioma; sin embargo, la imagen de una Honoka frustrada le pareció muy adorable.

            Dejándose llevar por la lindura de su líder, Eli estiró una mano y acarició su cabeza.

            —Ya, ya, tranquila, Honoka —le dedicó una bonita y calmada sonrisa—. No es para tanto, estás mejorando poco a poco. Antes ni siquiera podías pasar veinte minutos estudiando y ahora, mira, tenemos una hora y media aquí y aguantaste hasta que decidí tomar este descanso; eso habla mucho de tu progreso.

            Honoka le devolvió la mirada y, sintiendo sus mejillas repentinamente acaloradas, se dejó hacer.

            «Eli-chan es tan amable…», pensó Honoka, con una boba sonrisa adornándole la cara. «Siempre tiene mucha paciencia y no pareciera de las que se altera con cualquier cosa…».

            Al pensar en ello, la «broma» que Nozomi sugirió hacerle a su novia llegó a su mente con rapidez. Honoka recordó que los chocolates seguían en su bolso, el mismo que descansaba encima de la amplia cama de Eli.

            «Oh».

            Eli dejó de acariciarle la cabeza y, con su seria expresión de siempre, revisó algunos mensajes que tenía en su celular; Alisa le había enviado una pequeña nota de voz que escuchó con calma mientras esbozaba una suave sonrisa.

            Al verla ensimismada con su celular, Honoka aprovechó para levantarse, buscar su bolso y volver a sentarse donde estaba. Con cuidado, deslizó la cremallera de uno de los bolsillos del frente y extrajo las barritas que, perfectamente rectangulares, refulgieron en su mano debido al papel platinado que las envolvía.

            Honoka miró a Eli, que ahora tipeaba un mensaje en su celular, luego miró el chocolate en su mano y, tomando valor, decidió empezar con lo que tenía planeado. Metió dos de las tabletas en uno de los bolsillos de su falda y sostuvo el tercero con cuidado mientras se daba valor.

            «Me pregunto si algo tan simple como esto podría ser considerado una broma», fue lo último que pensó Honoka antes de empezar con aquello.

            Con cuidado, tomó los bordes marcados específicamente para destapar la golosina y tiró de ellos. En todo momento se mantuvo al tanto de las expresiones en el rostro de la chica frente a ella.

            Apenas la envoltura cedió y se generó una abertura en la superficie platinada, la mirada de Eli, que mostraba una máxima alerta, se despegó del celular y se fijó en las manos de Honoka.

            —Eso es… —musitó Eli sin despegar sus ojos de lo que se hallaba entre los dedos de su novia.

            —Sí, Eli-chan, es uno de tus chocolates favoritos —acotó Honoka, repitiendo justo lo que Nozomi le había dicho.

            Terminó de abrir la envoltura y, ante la atenta y extraña mirada de Eli, extrajo la barrita usando el índice y el pulgar de su mano derecha.

            Eli seguía todos sus movimientos con suma atención; tenía los labios apretados y su cuerpo se veía tenso. Había dejado el celular a un lado y no dejaba de mirar, con intenso anhelo, el chocolate que su novia sostenía frente a ella.

            —¿Quieres un poco, Eli-chan?

            Eli asintió rápidamente, tal vez con demasiada energía, mucha más de la que Honoka esperaba realmente.

            «Bien, aquí voy».

            —Aquí tienes. —Honoka le tendió el chocolate y Eli, que parecía hipnotizada, extendió una mano para tomarlo.

            Una expresión de felicidad se manifestó en su semblante y Honoka se sintió enternecida al verla; fue por eso que casi se detuvo en lo que pensaba hacer.

            Sí, casi.

            De haberse detenido, tal vez, habría podido salvarse… pero al final decidió seguir sin mirar atrás; sí, tal como siempre había hecho con cualquiera de sus metas y sus objetivos.

            Cuando Eli estuvo a punto de cerrar sus dedos en torno a la brillante y apetecible barrita castaña que su novia le ofrecía, Honoka, ateniéndose a las instrucciones de Nozomi, alejó esa golosina de su alcance y, ante la mirada extrañada y aturdida de la rubia, se la metió en la boca al tiempo que mostraba una divertida expresión.

            Hasta esa parte, Honoka había hecho exactamente lo que Nozomi le había dicho, pero había algo que ella no entendía y era el hecho de que Nozomi le había dicho que no comiera el chocolate como tal, sino que lo mantuviera en su boca en todo momento. Esa parte de las instrucciones no la había entendido del todo, ¿no sería la «broma» más efectiva si ella se comía todo el chocolate?

            —Mi… mi chocolate… —susurró Eli con tono apesadumbrado. Su mano aún seguía en la misma posición desde que intentó tomar el chocolate que le estaba ofreciendo—. Te… comiste mi chocolate.

            Honoka arqueó una ceja; Eli se veía aturdida y triste, casi al borde del llanto; eso no era lo que Nozomi le había dicho que pasaría. Se suponía que ella se molestaría un poco y Honoka se reiría para después decirle que todo se había tratado de una simple broma. Luego, sacaría las otras dos tablillas y se las ofrecería a modo de disculpa.

            Pero no, Eli se percibía triste y Honoka empezó a sentir una creciente sensación de culpabilidad presionarle el pecho desde adentro.

            Estaba por abrir la boca para decir algo, cuando la expresión de Eli cambió por completo. Honoka se echó instintivamente para atrás al verla, aunque no llegó muy lejos por estar sentada en el suelo.

            La tristeza y el agobio desaparecieron del semblante de Eli, dando paso a una expresión que oscilaba entre una fría molestia y una chispeante determinación; justo en el medio de ambas cosas podía distinguir algo más que la hizo estremecer a medida que Eli, que no había dejado de mirarla con aquella candente mezcla de sentimientos, gateaba en su dirección para acercársele.

            Antes de darse cuenta, ya estaba siendo atrapada por Eli, quien pasó un brazo en torno a su cintura al tiempo que tomaba una de sus mejillas con su mano libre y, sin dejar de mirarla, le dijo:

            —Lo recuperaré.

            —¿Eh? —Honoka tragó seco frente a la cercanía de Eli y la forma tan extraña en la que estaba actuando. Se hallaba tan perdida en sus expresiones, que había olvidado, casi por completo, que todavía tenía el chocolate en la boca—. ¿Eli… chan?

            —Recuperaré mi chocolate, Honoka —repitió sin dejar de mirarla con ferocidad—. Y si no puedo recuperarlo, entonces lo vengaré. —Fue lo último que dijo Eli para después hacer desaparecer la distancia que había entre sus bocas, iniciando un beso que no era precisamente tranquilo, sino intenso y voraz.

            Honoka no se resistió a la primera acometida y abrió la boca para dejar pasar a la imparable lengua de Eli, que se deslizó hacia el interior de su cavidad bucal sin dudar un segundo, topándose con la tablilla que, aunque estaba más pequeña debido a que había estado deshaciéndose en la saliva de Honoka, seguía estando ahí.

            Con una habilidad de la que Honoka no tenía idea, la lengua de Eli se enroscó en torno a la suya, tomó la plana golosina y la retrajo hacia su boca sin romper el contacto ni dejar de mover los labios en el proceso.

            Luego, Eli se separó de Honoka, quien, con un delgado hilo de saliva escurriéndose por una de las comisuras de sus labios rosáceos, la miraba con atontada expresión.

            «¿Eh?».

            Honoka estaba en blanco; no encontraba cómo reaccionar a lo que acababa de ocurrir. ¿Qué acababa de pasar? ¿Desde cuándo Eli tenía esos arrebatos? ¿Cómo era que podía hacer eso que hizo con su lengua?

            «¡¿Dónde Eli-chan aprendió a hacer eso?! ¿Qué rayos?».

            Honoka, intentó decir algo coherente, sin éxito alguno. Lo único que dejaba salir eran ahogados balbuceos que, siendo sinceros, a Eli no le importaban demasiado. Ni siquiera se esforzaría en entender lo que su novia intentaba decirle.

            Eli, quien, tras deshacer el beso, había cerrado los ojos, ahora se dedicaba a masticar el chocolate con hambruna. Estaba suave y blando por haber pasado unos pocos minutos en la boca de su novia, por lo que se le quedaba pegado en los dientes al tiempo que se deshacía por el masticar y el movimiento de su lengua en torno al interior de sus mejillas y por encima de las encías.

            Finalmente, Eli abrió los ojos y Honoka, que todavía no acababa de recuperarse del sorpresivo ataque, notó cómo la expresión de Eli se hacía más feroz que antes.

            —Quiero más… —susurró Eli contra los labios de su novia, quien los sintió fríos debido a la humedad que aún persistía sobre ellos y el contacto del aliento de la más alta sobre los mismos.

            Honoka quiso alejarse, sin éxito alguno, pues Eli la tenía bien sujeta por la cintura. Intentó pensar en algo, pero su mente no estaba colaborando. Luego, recordó lo que tenía en el bolsillo y, tras unos pocos segundos, llegó a la conclusión de que, si le daba lo que tenía, su novia podría perdonarle la vida.

            «Por favor, que funcione».

            —Yo… —Honoka bajó la mirada y, tras meter una mano temblorosa en uno de los bolsillos de su falda, extrajo las otras dos tabletas—. Tengo… estas todavía.

            Los ojos de Eli se dilataron al toparse con aquello y Honoka sintió un suave escalofrío recorrer su piel al darse cuenta de que, lo que sea que estaba ocurriendo con Eli, apenas estaba por comenzar.

            —Horosho… —susurró Eli, mirando los chocolates con avidez—. Abre uno.

            —Eli-chan…

            —Silencio —ordenó, poniendo un dedo sobre los labios de su líder, que ahora se sentía intimidada y, curiosamente, la temperatura de su cuerpo empezó a subir ante la seriedad que despedía la voz de Eli—. Ábrelo, no quiero tener que repetirlo.

            Honoka asintió, tan dócil como nunca. La forma en la que Eli la miraba, la cercanía entre ellas, lo autoritaria que sonaba su voz y la forma en la que la mantenía sujeta, estaban provocando ciertos efectos en su cuerpo.

            Justo en ese momento, Eli podría pedirle lo que fuera y ella, estimulada por todos esos factores, cumpliría cualquiera de sus caprichos sin chistar.

            Honoka puso uno de los chocolates encima del chabudai que estaba cerca y se concentró en destapar el otro; tal como hiciera con el primero, retiró la envoltura. Luego, volviendo a conectar su mirada con la de Eli, esperó la siguiente instrucción.

            Eli tomó el chocolate con su mano libre y lo miró por unos segundos, luego fijó sus ojos en los expectantes de Honoka.

            —Abre la boca.

            Honoka obedeció sin chistar. Eli metió el chocolate en su cavidad bucal y le ordenó que volviera a cerrarla.

            —Ya lo sabes, esa es mi marca favorita de chocolates —comenzó Eli, acariciando los labios cerrados de su novia con el pulgar—. Me encanta su sabor, pero el que comí justo ahora de tu boca… fue el más delicioso que había probado hasta ahora. —Detuvo sus movimientos y fijó su mirada en la boca de su novia—. Creo que quiero volver a probarlo.

            Honoka no dijo nada, solo se dejó hacer mientras procuraba que el chocolate que descansaba sobre su lengua no se deshiciera por completo. Eli la observó en silencio un poco más y volvió a pasar el pulgar por sus carnosos labios. Finalmente, la impaciencia de sus orbes se acrecentó y Honoka supo que un nuevo beso vendría en breve.

            Puso su mano en una de las mejillas de su líder y, poco a poco, acortó la distancia que había entre sus bocas.

            —Gracias por la comida —finalizó Eli para después apoyar sus labios encima de los de su líder.

            Unos segundos después, en medio del ávido beso, la inquieta lengua de Eli buscó lo que quedaba del chocolate en la boca de Honoka. Rompió el beso solo un momento para comerse esta porción de chocolate antes de arremeter una vez más. Honoka la recibió, gustosa; la excitación se había disparado dentro de ella y correspondía el beso con la misma voracidad que la más alta le profesaba.

            La mayor diferencia con la vez anterior radicaba en que ahora no se detendrían allí, sino que seguirían adelante.

            Perdiendo el poco control que le quedaba, Eli se apegó más a Honoka y esta última se aferró a ella hasta que el espacio entre sus cuerpos se hizo casi inexistente.

            Había una cama en esa habitación, pero, mientras se besaban con intensidad y Eli se apoyaba contra su novia hasta recostarla en el suelo alfombrado, acomodándose encima de ella, la pareja se olvidó por completo de su existencia.

            El último chocolate se quedó encima del chabudai, con la envoltura intacta. Ninguna de las dos se acordaría de él por la próxima hora; ya no era necesario para lo que harían.



Al día siguiente…

            —Nozomi-chan, dime la verdad —comenzó Honoka, con su seria mirada fija en la juguetona de Nozomi—. ¿Le pusiste algo a ese chocolate?

            Nozomi lo meditó por unos segundos y, finalmente, dejó ver una tranquila sonrisa.

            —Siendo sincera, pensé en hacerlo al principio —Se encogió de hombros—; pero después lo pensé mejor y decidí no hacerlo. —Sus orbes celestes adquirieron cierto brillo que intimidó a Honoka—. El hecho de que ese fuera el chocolate favorito de Elicchi, y que tu seas su novia, fueron detonantes más que suficientes para que esa pequeña broma despertara ese lado de ella.

            —Oh, vaya —musitó Honoka, sin tener idea de qué responder a eso.

            Al igual que el día anterior, Nozomi y Honoka se habían encontrado en el salón del Consejo, pero, en esta ocasión, la petición para que esa pequeña reunión se llevara a cabo había venido por parte de la líder.

            —Honocchi, si hubiese puesto algo en el chocolate, tú no habrías podido venir a clases el día de hoy —se llevó un dedo a su mejilla y adoptó una divertida expresión—. Ni tampoco mañana, ni pasado mañana.

            El temor tiñó de morado el rostro de Honoka y Nozomi, al verla, estuvo a punto de soltar una carcajada. Sin embargo, se contuvo por respeto a su líder; ya tendría tiempo de reírse después a costa de Eli.

            Al parecer, todo había salido tal como lo había previsto; tener esa certeza era una recompensa más que suficiente, al menos, por el momento.

            —Por lo que veo, ya te diste cuenta de por qué te dije que era una mala idea intentar esa «broma» en público, Honocchi⁓ —canturreó Nozomi al ver la expresión avergonzada de su líder.

            —Nozomi-chan… eres mala —gimoteó Honoka mientras evocaba lo ocurrido en la casa de su novia. No habían vuelto a estudiar sino hasta una hora después—. Siempre supiste que Eli-chan enloquecía cuando se trataba del chocolate.

            —¿Oh? Creí que sabías que a Elicchi le encanta el chocolate.

            —¡Pero no sabía que se ponía así! —Honoka se cubrió el rostro con ambas manos—. ¡Enloqueció por completo!

            Nozomi ladeó la cabeza.

            —Pero ¿acaso no lo disfrutaste, Honocchi?

            Honoka no respondió, solo bajó la mirada y, tras apretar los labios, asintió lentamente.

            —Entonces, si te gustó ver a Elicchi de esa forma, ¿cuál es el problema?

            —Ah, no hay problema con eso de hecho —respondió Honoka.

            —Si no hay problema y ya me preguntaste lo que querías saber, supongo que ya hemos terminado por hoy… —Nozomi realmente quería irse a buscar a Eli para poder burlarse y reírse de ella en su cara, por eso estaba ligeramente apurada. Empezó a caminar hacia la salida—. ¡Nos vemos luego, Honocchi!

            —¡Espera un momento, Nozomi-chan! —Pidió la líder, interponiéndose entre ella y la puerta, desconcertando a Nozomi.

            Honoka jugueteó con sus dedos; pensaba cómo tenía que formular la pregunta y, por la forma en la que fruncía el ceño, Nozomi llegó a la conclusión de que se le estaba haciendo tremendamente difícil.

            —Nozomi-chan —dijo al fin—. El motivo por el que te cité aquí no fue para quejarme o algo por el estilo. —Tomó aire, reunió toda la determinación que había en su ser y, conectando su mirada azulada con la celeste de su senpai, decidió continuar—. Solo quería preguntarte… ¿en qué lugar venden esos chocolates?

            Nozomi se habría esperado cualquier cosa, menos eso. Luego, recuperándose de la sorpresa inicial, esbozó una sonrisa divertida y, acercándose a Honoka, rodeó sus hombros con un brazo.

            —Por supuesto que te diré dónde puedes comprarlos, Honocchi. —Caminaron hacia la salida—. ¡Podemos ir ahora mismo!

            Y así, sin más, salieron del aula para ir al lugar donde vendían la marca de chocolates favorita de Ayase Eli.

            Aunque Honoka sentía vergüenza, eso no fue suficiente para evitar que se abasteciera con una buena cantidad de aquellos deliciosos chocolates; esos que tenía pensado comer en compañía de su novia de una forma que, tal como lo habían comprobado hacía poco, era bastante placentera.

            Y todo eso fue gracias a las travesuras de la entrometida Toujou Nozomi.

Fin