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La familia Addams era una compleja dinastía muy reconocida, poseedora de las tres razas: alfas, omegas y betas, en su mayoría, todos característicos por ser marginados y locos.
Exhibían no solo de su locura siempre creciente, además, de ser dementes eran asquerosamente millonarios, hasta la médula. Exitosos y locos, dos cosas que nunca debían mezclarse pero que, con los Addams era la combinación perfecta para sembrar un exitoso desastre.
Así era en su mayoría, la familia era amplia, cada cabeza un mundo. Pero para nuestro interés, nos concentraremos en la mansión que albergaba bajo su techo a la unión de los Addams-Frump.
Morticia y Gómez Addams, una pareja que reflejaba el perfeccionismo y el arte del amor enfermizo. De la sombría unión del alfa de baja estatura y de su omega que le ganaba en estatura, nacieron tres seres de oscuridad: Wednesday, Pugsley y Pubert Addams.
Wednesday fue la primera, la primogénita, una Omega dominante con el aura más pesada que se podía llegar a conocer, pero, no para sorpresa de sus padres. Que si no fuera suficiente la lengua tan afilada que tenía, su habilidad sobrenatural era ser una vidente, perteneciendo a la jerarquía de los mencionados “cuervos”. Al ser la primera, desde el nacimiento del segundo hijo tuvo que cuidar a toda costa de sus hermanos.
El siguiente en el linaje fue Pugsley, un Alfa, con un carácter maniaco y algo despistado el cual, fue, aunque no lo llegué a expresar Wednesday, el primer ser vivo que la heredera de las sombras amó y amará para toda su vida. Su primer compañero para profanar tumbas y el primero para descuartizar y mutilar las muñecas de trapo malditas de la casa.
El tercero, y para sorpresa de nadie que naciera uno más, fue Pubert, un niño con aura de ángel pero que en sus ojos se escondía el infierno mismo. Un amante táctico de los asesinos y de las minas explosivas. Un Alfa puramente Addams.
La divina trinidad creció y con ello, Wednesday dedico la mitad de su vida en mantener con vida a sus hermanos menores, la otra mitad en sus estudios. Para Wednesday nunca hubo un momento para buscar cosas inmundas como era el amor o la amistad.
La Sra. Morticia, la Omega mayor, cada que sacaba el tema de buscar una pareja, de una forma habilidosa Wednesday siempre desviaba el tema, acompañado de oraciones sarcásticas como: “cuando al Tio Fester le crezca tan solo un pelo de esa cabeza entonces, solo entonces te daré el gusto de buscar una pareja, madre “ , “tu insistencia me irrita madre, por favor, deja intacta mi poca cordura”, “prefiero que me entierren viva sin ataúd en la tierra fresca para que los gusanos se coman mi carne antes de compartir cama con alguien, Morticia “.
De estas y muchas excusas más fueron las que Wednesday pasó diciendo toda su vida hasta entonces diciéndole a su madre. Ignoró por completo la dichosa “maldición Addams” que tanto alardeaba su familia, su madre e incluso su propio padre. Siempre creyó que era un absurdo cuento barato que se inventaron sus ancestros para darle sentido a sus miserables e infelices vidas.
Así pues, su vida fue regida no solo por los estudios, si no que, pasó toda su vida con el entrenamiento de las artes marciales y la esgrima, artes que, fueron inculcados por sus padres no solo a ella, si no que, a sus dos hermanos menores también, acompañados entre ellos en cada sesión.
Wednesday siempre les llevó la delantera, fue incluso su maestra cuando su instructor personal o su padre Gómez faltaba a las sesiones. Terminando siempre cada entrenamiento con enfrentamientos pesados y sangrientos para calmar el alma y cansar los huesos de los tres Addams en potencia.
Así fue la vida de la primogénita Addams, en lo académico destacó, no solo por su alto coeficiente intelectual, no, también destacó por las expulsiones tan magistrales que la Omega llevaba a cabo en cada escuela de normies que pisaba con sus pequeños zapatos siempre lustres.
Todo termino en la última escuela preparatoria que piso, donde la expulsión fue por causas de asesinato con pirañas a unos chicos en la piscina privada de la escuela, terminando con siete muertes y cinco chicos mutilados; con dos de ellos perdiendo parte de los testículos.
Una expulsión exitosa para Wednesday, pero para sus padres fueron demandas, llamados de atención de las autoridades y evasión de cargos que, con gusto, los Addams mayores no dudaron en llevar a cabo. Aunque, sus padres estaban muy contentos con la carrera delictiva que llevaba su hija no quitaba la preocupación que albergaban al pasar el tiempo, preocupados que podían llegar a estar.
Con esto, las escuelas públicas normies terminaron para los tres herederos Addams y con ello, comenzando con la educación privada de alto nivel en casa, no solo siendo para Wednesday, sino que, extendiéndose esto también para en su entonces, los dos jóvenes; un Pusgley adolescente y el pequeño Pubert, con doce y siete años respectivamente.
La educación en casa fue para ellos la oportunidad para interesarse de lleno en sus propias aficiones y afanes. Pero con esto, vino acompañado de la terapia individual para cada uno los fines de semana.
La nueva normalidad para los tres fue: escuela por las mañanas, por las tardes tareas y aficiones personales, y por la noche, el descanso era una opción, pero para los dos pequeños varones Addams era obligatorio por el cansancio que les arraigaba después de sus actividades interactivas cuerpo a cuerpo por las tardes.
En otro caso, las noches eran la oportunidad perfecta para Wednesday para perderse en su actividad nocturna de la escritura, alimentada por sus ideas revolucionarias de tortura medieval y misterio, llegando a escribir su proyecto de escritura que años más adelante la catapultarían al éxito con sus vivencias sobre “Viper de la Muerte”.
Su madre usualmente solía preguntarle sobre su novela, y con ello, Wednesday volvía a ignorarla.
Los años para Wednesday pasaron lentamente, viendo como sus hermanos crecían, cada uno manifestándose como su propia naturaleza terrorífica dictaba. Sus estudios en casa terminaron a la edad de diecisiete años, terminando la preparatoria sin esfuerzo alguno, sin celebraciones absurdas, solo como un testimonio más a su vida, como cuyo margen dictaba a su linaje perfecto.
Sus padres estaban orgullosos, sin duda, pero para la aburrida Wednesday ese logro no significaba nada, su vida incluso para ella era aburrida a excepción de cuando daba paseos nocturnos, o cuando quemaba ataúdes antiguos, cuando profanaba tumbas olvidadas de cadáveres infelices acompañada de sus hermanos, incluso en sus horas de escrituras en la intimidad de su habitación solitaria en la penumbra e iluminada solo por la luz de una vela, para Wednesday, en esas minimices encontraba el sentido y el gusto a su propia vida.
Al cabo de los dieciocho años, siguió sus estudios, después de lo que los normies llaman “un año sabático”, es que entró a la prestigiosa Universidad de Nevermore, característica por no solo ofrecer carreras profesionales prestigiosas con maestros y doctores de alto valor curricular y maestrías, no, su mayor valor consistía en aceptar tanto a normies como marginados, los llamados “monstruos” de la sociedad.
Al principio, la Addams no encontraba una razón de ser a entrar a una cárcel sin barrotes como lo era la universidad, puesto que, para ella era fácil tener una vida plena por su famoso éxito a una edad temprana como escritora de su novela de Viper de la Muerte, vendiendo un numero alto de copias a nivel mundial. Sería fácil vivir de la escritura, pero esto, no fue suficiente para sus padres, es decir, no se interponían a la idea de que su primogénita fuera escritora, pero a Gómez Addams le hacía falta alguien que siguiera sus pasos, su legado como Abogado.
Siendo así, de una u otra forma logrando convencer a Wednesday de estudiar una licenciatura en derecho.
Aquella omega dominante le sentó bien la carrera, ahora Wednesday tenía una forma de desahogarse con las injusticias y mandar a condena perpetua si ella quisiera a cuál pobre criminal que se le pusiera enfrente sin que nadie pudiera contradecirla en lo más mínimo.
De esa forma, Wednesday acabó la licenciatura, llevándose así el título tras cuatro largos años de arduo estudio y peleas usuales con sus compañeros de carrera y profesores. Pero no acabó ahí, para poder ejercer en la corte tuvo que prepararse mucho más, aplicando exámenes, talleres e incluso, trabajando en el servicio público para su mala fortuna. Sumándose así otros tres años para al fin poder tomar por fin el legado y la plaza que su padre le ofrecía desde el inicio.
Los años pasaban, Wednesday ya tenía un trabajo estable en la corte, consolidándose en tan poco tiempo como la abogada más reconocida de New Jersey y aun así, seguía cuidando de sus hermanos varones, de alguna u otra forma lo hacía, pero para ella, ellos eran su mundo. El tiempo para buscar un amor era un desperdicio para la Addams mayor, pero los años de aislamiento sexual y siendo una completa virgen le pasaban factura, su omega interior era una resentida con ella, puesto que, en cada ciclo de celo, uno tras otro, eran fuertes, los calores intensos e incluso los calambres le llegaban como si fueran una patada con tacón de hierro en los intestinos. Con nada la podía calmar; juguetes, autoestimulación constante, pastillas, anticonceptivos, té de mandrágora y hierbas medicinales, pero, nada, absolutamente nada le bastaba a esa omega resentida y harta de pasarlo sola, harta de no recibir pene.
A sus plenos treinta años seguía joven, pero soltera, y eso no era algo que le molestará, se le hacía atractivo el hecho de que cada que un pobre alfa o beta que se atrevía a coquetearle, ella simplemente lo asustará con comentarios sarcásticos y macabros para alejarlos, cosa que funcionaba y lo disfrutaba.
Al ojo humano, Wednesday realmente era atractiva y guapa, la Addams presumía de forma natural su belleza macabra. La ropa negra de funeral, el cabello negro y ojos oscuros como la obsidiana, un lindo detalle hereditario de su sangre Addams-Frump, piel tersa y pálida, pómulos marcados, labios carnosos de un tono granate, curvas marcadas, una estatura baja de un metro con cincuenta y cinco, proveniente de la herencia de su padre, que, en ocasiones la fastidiaba, pero no era impedimento para sembrar el terror en la gente de pocas neuronas.
La gente solía preguntarse el cómo seguía soltera, y con esto, los murmullos a voz baja venían acompañados del típico “¿cuál será su edad?”
Wednesday lo escuchaba, escuchaba todo, y ella, ella solo se reía por lo bajo, porque eso la alimentaba, alimentaba su ego, la idea de ser un misterio para los descerebrados. Le encantaba.
En el ámbito del hogar Wednesday no hacía mucho, pero todos en la familia sabían de sus dotes culinarios, siendo una experta en el arte de la gastronomía, demostrando una habilidad terrorífica para las sartenes y el fuego.
Su familia amaba cuando la omega le nacían las ganas de cocinar, porque realmente esos días eran para llorar del gusto, puesto que, era un mar de sabores espectaculares para el paladar tan excéntrico como era el de los Addams.
En cuanto a su trabajo, al cabo de los veintisiete es que comenzó con su trabajo fijo como abogada, teniendo un salario consolidado y seguro, pero para Wednesday, que nació forrada en dinero, no le hacía falta, además de la herencia familiar, también tenía su otra fuente de solvencia económica propia: la escritura. Para entonces de los treinta, ya tenía en escritura la tercera entrega de su exitosa novela de Viper, donde las dos anteriores entregas fueron lanzadas al público con seis años de diferencias entre cada una. Para esto, ella ya tenía planeado lanzar al público la tercera entrega cuando tuviera treinta y uno, es decir, faltando solo un año para cumplir con la entrega predicha.
Ahora bien, a pesar de que Wednesday tenía dinero hasta por los codos, ella estaba bien mientras seguía viviendo en la antigua y vieja mansión con sus padres y hermanos, porque, aunque ella misma no lo mencionará, amaba la compañía silenciosa que su familia le ofrecía, nadie preguntaba cuando no se solicitaba, ellos solo estaban cuando se necesitaba y eso, a la Addams le agradaba.
Odiaba a la gente ruidosa y que nunca sabían cuando callar su sucia boca, odiaba los colores que eran molestos a la vista, las texturas estruendosas, la sobreestimulación sensorial. Odiaba todo lo contrario a su naturaleza Addams. Las sombras, el frio, el silencio; eran lo que ella conocía como hogar. Otra razón para odiar el color era pues, sus alergias, su alergia al color le provocaba un sarpullido horrible que se extendía por toda su piel y no solo en la zona afectada, la piel se erosionaba e incluso pudiendo abrirse para dejar a la vista la estructura ósea y si eso no era suficiente, el oxígeno a su sistema también se veía comprometido, puesto que, en cuestión de segundos la garganta se cerraba al punto de ya no mandar el suficiente oxígeno a sus extremidades y órganos considerados esenciales para la vida.
En otro caso, por estas consideraciones y detalles de su vida personal, su vida social se vio simplemente comprometida desde la niñez. En su etapa actual, la etapa adulta, Wednesday tenía un círculo social muy limitado.
A este pequeño grupo pertenecían Eugene Ottinger: su mejor amigo y cuñado, un omega tímido pero seguro de sí mismo, con dos años de edad de diferencia, su habilidad como marginado era el controlar enjambres de abejas y otros insectos, siendo las abejas sus favoritas. Wednesday conoció de forma casi sobrenatural a Eugene, y se dice sobrenatural por la familiaridad tan antinatural con la que se conocieron, debido a que, antes de ser su cuñado por parte de Pugsley, el chico fue su primero y único amigo en la etapa de la universidad, convirtiéndose en un extenso tiempo en su mejor amigo, próximo a eso, en su cuñado después de que Pugsley acortejara de forma torpe pero estruendosa al omega de lentes.
Por otro lado, la siguiente en el pequeño grupo fue Agnes DeMille, una omega pelirroja con la habilidad de la invisibilidad, de la misma edad que Eugene e igual de maniaca que Pugsley y Pubert juntos, lo que hacía que, en ella, Wednesday mirará a una mini ella, o incluso, pese que no lo mencionará nunca, una hermana menor a la que nunca pudo tener. La chica pelirroja se ganó la confianza de Wednesday con arduo esfuerzo puesto que, al principio, la mencionada repelía con esmero a la chica pelirroja, haciendo que la omega cada que intentará ser amiga de la vidente, se frustrará tras cada intento.
Pero, así como todo se da, esa amistad se dio contra todo pronóstico, rompiendo casi todas las barreras de aislamiento que la joven vidente solía colocar.
Y no está de más decirlo, pero, los dos integrantes que se incluyeron como la humedad, fueron los dos Addams varones, en otras palabras, Pugsley y el joven Pubert, dándole ese toque destructivo y maniático multiplicado por tres al grupito, sumándose en cada travesura Agnes, siendo así los más coherentes del grupo Eugene y la propia Wednesday.
Pero en la actualidad, ahora con una Wednesday más adulta, teniendo ya los treinta y uno cumplidos y una vida estable, su mayor preocupación ya no era el dinero, ni el éxito, ni su grupo social, ni siquiera su libro que aún estaba siendo editado para su publicación de la tercera parte, no, era su vida sexual y amorosa. Porque como se menciona anteriormente, su vida sexual era una mierda, en la oscuridad de su habitación era otro caso, cada celo, cada calor, era el sufrimiento mismo encarnado desde el propio infierno. Era un dolor e incomodidad que Wednesday no toleraba, arrancándole muchas veces jadeos y gruñidos de dolor y resistencia, producidos por los calambres en la zona baja del vientre, cuyos dolores la dejaban temblando durante dos largos días que duraba su celo.
Sus amigos, hermanos, su familia e incluso su psicóloga de años; Miriam, le habían aconsejado que en el dado caso que no consiguiera una pareja para pasar los celos, podía conseguir una o un trabajador sexual que fuera Alfa para que le ayudará solo en esas ocasiones, es decir, contratar servicios sexuales, llegando incluso a mencionar que no era necesario la penetración, solo llegar a engañar a su omega interior para calmarla y que por fin sus ciclos de celos se regularizaran, pero como se podrán imaginar, la terca de Wednesday Addams se negó rotundamente a ello, porque para ella y en su propia coherencia y sentido común eso era sucumbir a un estado de vulnerabilidad, cosa que Wednesday nunca se podía permitir. Prefiriendo de este modo, sufrir antes que calmar su propi dolor por más que se muriera por ello.
De esta manera, nos remontamos a noviembre, el día era común para Wednesday, un día lúgubre y aburrido, las hojas del otoño amontonándose secas en la espera de ser recogidas del suelo por Lurch bajo los grandes arboles de la triste mansión de los Addams. El día era como cualquier otro, pero con la excepción de haber recibido la llamada por la mañana de su vieja abuela Esther Frump donde comunicaba que necesitaba exclusivamente la ayuda de la Addams mayor para que la auxiliara ese mismo día en la funeraria. Así que si, Wednesday aceptó al llamado de ayuda, donde desde temprano se preparó para su salida al negocio de su abuela.
Para la vidente no hubo problemas, puesto que de igual manera no tenía muchos pendientes ese día, en cualquier caso, la presencia del olor característico del formol y la humedad pesada de la morgue subterránea le vendría bien para despabilar la mente y el alma de la rutina efímera de la semana entre la escritura y los casos en la corte.
Su llegada al negocio fue temprano, el local de su abuela operaba las veinticuatro horas del día, nunca paraba, es de hecho, la única funeraria que atendía a todas horas, así que no era de sorpresa que hubiera casos incluso en las madrugadas. Y más que el propio local, la morgue era la que siempre estaba en intervención todo el tiempo.
Al llegar fue recibida por el frio viento de la calle desolada a esas horas, incluso siendo las siete de la mañana el ambiente en la zona era desolado. Pero sin más preámbulos, al salir del coche fúnebre de su familia y de despedirse de Lurch, se encamino a la entrada, abriendo con un zumbido sordo la puerta doble de la funeraria. Al apenas entrar fue recibida por el olor característico del incienso y bajo del mismo olor llega a captar del desinfectante de limpieza que usaba la señora de la limpieza. No le dio importancia, era confortante salir de la rutina.
Se quedó quieta en la alfombra a mitad del recibidor, mirando a su alrededor, pudiendo observar algunas diferencias a comparación de las ultimas veces que había venido; el viejo escritorio de caoba oscuro de la recepción era el mismo, desgastado de tanto uso, las paredes del mismo gris oscuro con moho de siempre, solo que la diferencia residía de los cuadros que colgaban en ellos, estaban en una posición distinta a la habitual, los muebles y sillas también, y lo más novedoso fue el recuadro con el muestrario de maderas colgado en la pared a un costado de donde estaba el escritorio de caoba.
De forma casi imperceptible, Wednesday soltó un pesado suspiro de alivio que no sabía que contenía. La omega sin pedir permiso a nadie como si el local le pertenecería, solo se pasó directamente al escritorio de caoba que estaba solo sin el o la recepcionista encargado. Solo camino con sus pesadas botas de cuero que le otorgaban solo unos centímetros extra de altura, dejo su mochila de cuero en el suelo y se sentó en la silla giratoria tras el escritorio, acomodándose de modo que subió la altura de la silla para quedar en una altura cómoda para empezar a trabajar.
Al acomodarse pudo observar varias notas pegadas en la madera del escritorio donde al leerlas pudo entender que eran de encargos pendientes que quedaron del anterior turno. Sin más, buscó entre los cajones la agenda personal de su abuela para revisar alguna inconformidad de su propia abuela o algún aviso que le haya dejado antes de su llegada.
“Veamos abuela, ¿que tienes para mí?” dijo más para sí misma que ara alguien más en ese vestíbulo solitario. Abrió la agenda y como esperaba, se fue al separador entre páginas y vio las tareas pendientes, un corto listado donde incluía realizar llamadas telefónicas, atender citas de los familiares de los fallecidos, resaltado entre ello a una florearía en particular para que pudieran enviarle un gran pedido de flores para un funeral que se daría pasado de las cuatro de la tarde donde la funeraria Frump participaría con sus servicios fúnebres. Entre todas las tareas pendientes, también su abuela resaltó que debía agendar y acomodar citas en la computadora del negocio, cosa que le solía fastidiar, pero de igual forma atendería.
Pero, antes de poder empezar con la agenda del día, el teléfono que estaba encima del mismo escritorio sonó, dando lugar a una melodía de ultratumba logrando sacar de sus propios pensamientos a la omega, haciendo que dirigiera en automático la mirada hacia el sitio proveniente del molesto sonido.
Acercó una mano con tranquilidad y lo contestó, acercando el teléfono de cable viejo a la oreja. Antes de poder decir una sola palabra, la voz rasposa y exuberante de su abuela inundo el canal de comunicación.
“Oh Wednesday, querida mía, ya sé que eres tú, no necesito que me lo digas” Wednesday al otro lado solo encarnó una ceja, dejando que su abuela continuará hablando. “En alguno de los cajones deje mi agenda, búscala y cuando la encuentres veras todas las actividades que preparé para ti” pero antes que la abuela terminará, la mencionada interrumpió.
“Si abuela, estaba a punto de realizarlas, pero tu llamada me interrumpió” dijo de forma calmada Wednesday, ausente de su tono afilado de siempre.
“Mi pequeña araña, siempre un paso delante de todos” dijo la abuela Frump, bufando de la risa levemente tras el teléfono. “Solo era para eso hija, solo avisarte que llegaré por la tarde, tu tía Ofelia me invitó a pasar el té y el almuerzo en el mausoleo familiar del cementerio Frump, nos vemos más tarde mi pequeña escorpión” y sin darle oportunidad de replicar a Wednesday, fue que colgó.
Sin quejas, la omega pelinegra solo dejó el teléfono en su lugar y comenzó sin más su aburrida mañana.
De ahí en adelante, la mañana se le pasó rápido a la Addams, entre acomodar una gran agenda, recibir y aconsejar a los clientes que pedían consultas, y contestar llamadas telefónicas fue que se dio un momento para respirar entre las once y doce del mediodía, pudiendo estirar los huesos y músculos para poder tomar un poco de café, cortesía de la señora Elena de la limpieza.
Para entonces, el listado de tareas que su abuela le dejó ya estaba casi concluida, le faltaba realizar unas cuantas llamadas a unas familias y poder concluir por fin con la llamada que tenía pendiente a la florería que su abuela exclusivamente le había pedido en papel que marcará.
Pudiendo darle un trago a su amargo cuádruple caliente, apoyo la adolorida espalda en el reposa espalda de la silla y relajó los músculos adoloridos por la misma postura erguida de siempre.
Hasta entonces, la mañana-tarde fue pacifica, nada loco ni variado. Incluso la vidente estuvo pensando acabar los pendientes lo más rápido posible para poder dar un vistazo a la morgue y si se podía, darle una revisada a los cuerpos frescos que habían llegado durante todo el tiempo que pasó.
Durante su pausa, se dedicó a revisar algunos archivos del mismo negocio, facturas, movimientos, incluso los ingresos de los cuerpos más recientes de la semana a la morgue.
Estuvo así un tiempo, mirando y pasando archivos, mientras seguía tomándose su café, sin nada nuevo ni estrepitoso.
Sin que nada le llamará realmente la atención de los archivos de la compañía, cerró las pestañas y se acabó su café, para sin dejar pasar mucho tiempo, seguir con lo que le faltaba de trabajo.
Al terminó de las llamadas y asesoramientos por teléfono, un pensamiento le atravesó por la mente, y era el de llamar a sus hermanos a cada uno por separado e incluido en eso, también llamar a sus padres para asegurar su bienestar.
La Omega se dispuso a tomar su propio teléfono celular, sacándolo de su pequeña mochila de cuero que había dejado en el piso previamente y busco primero el contacto de Pubert, el joven Alfa de veintitrés años, el cual, Wednesday supondría que estaría practicando esgrima, pero sin darle mucha importancia, llamó. Recibió respuesta del más pequeño de la trinidad, al segundo tono, el joven contestó con una voz algo agitada, pero al final y al cabo contestó.
Wednesday y Pubert solo tuvieron una breve conversación, donde entre ambos se preguntaron cuestiones de bienestar y de trabajo, resultando que Pubert en efecto estaba en práctica de esgrima, esto después de haber llegado de sus clases de la mañana en la universidad, pero que solo paró al recibir la llamada de su hermana mayor. Wednesday por lo bajo solo se disculpó por la interrupción, pero el menor solo le dijo que no se preocupará, que siempre que fuera ella iba a contestar en cualquier momento.
Con esto, Wednesday solo sintió cálido el pecho, puesto que, recibir palabras tan sinceras y de alivio de una de sus mayores preocupaciones como era su hermano menor le hacía sentir más que aliviada y plena.
Después de unas cuentas palabras más, ambos se despidieron, prometiéndose verse en la tarde para merendar y conversar más ampliamente como siempre solían hacer. Ahora, la siguiente llamada fue al muchacho del medio, Pugsley. El frenético Alfa de veintiocho años contestó al primer tono, pero para la sorpresa de todos, menos para Wednesday, no estaba solo, al otro lado también se incluía su cuñado Eugene, cuyo mencionado también contestó de forma animada cuando Wednesday saludó.
La llamada fue más corta a comparación de la de Pubert, puesto que, a pesar de ser una frívola e indiferente, a Wednesday no le agradaba del todo meterse en asuntos como lo era el amor de pareja y mucho más cuando era ajeno a ella.
Después de esa llamada con su hermano del medio, fue que se decidió a marcar ahora a la mansión Addams, todo bien, pero a la hora de llamar no recibió respuesta.
Supuso que sus queridos padres ninfómanos habrían salido juntos como si el amor en cantidades obscenas que se daban a diario no les bastará. Aparte, suponiendo que Pubert estaba aún ocupado en la ala de entrenamiento de la mansión, bastante alejado de la sala principal donde se encontraba el viejo teléfono no pudo contestar él.
Así, sin más, la Addams mayor dejó su celular en la mochilita nuevamente y se levantó de la silla para estirarse un poco. Se dispuso a caminar, pero el sonido de ultratumba del teléfono volvió a sonar, deteniendola ahora de su nueva actividad.
Sin más, contestó aquel viejo teléfono con un movimiento rápido, llevándoselo a la oreja sin dejar su postura perfecta.
“Buen día, Funeraria Frump y Addams Asociados, le habla Wednesday, ¿En qué puedo ayudarle?” contestó con una voz neutral y monótona, sin esperar que la otra persona al teléfono pudiera siquiera rechistar.
“¡Hola! Si, hablamos de Flores y Aromas Sinclair” y en ese momento, Wednesday recordó con recelo la llamada que tanto estuvo procrastinando. Sin esperar mucho, en un movimiento más rápido que nada, tomó la agenda de su abuela para buscar el listado de flores para el envío.
“Mi jefa me pidió que realizará una llamada pendiente para saber el pedido de flores de la Sra. Frump y poder hacer el envío” dijo la voz, al parecer era una voz melosa y suave, pero con un tono áspero y ronco al mismo tiempo, era de una chica, que ella suponía en sus adentros que era más joven que ella.
“Si, tienes donde anotar, ¿Cierto?, para darte la lista de las flores” mencionó Wednesday con una paciencia que la sorprendió al no saber de dónde venía de repente.
“Oh, si,si,si” dijo animadamente la voz de la chica al otro lado.
“Bien, serian crisantemos, claveles y gladiolas. Solo que los crisantemos serán para arreglos, mientras que los claveles y gladiolas serán para coronas funerarias” concluyó Wednesday, la voz al otro lado no mencionó absolutamente nada. La omega solo sospechaba que la chica estaba anotando el pedido.
“¿Las coronas las desea que lleven algún mensaje especial, señorita?” la voz habló pasados unos pocos minutos.
Por un momento, entre sus notas de las tareas pendientes no observó algún detalle escrito sobre que llevarán un mensaje las coronas de flores, así que, siguió hablando “No, con eso será suficiente”
“Perfecto, señorita…Wednesday?” por un momento la chica dudo, no porque le extrañará el nombre, no, solo estaba recordando. A Wednesday no le pareció nada extraño realmente.
“Su pedido estará entre una y dos de la tarde, se las estaremos llevando puntualmente. ¡Que tenga un bonito día! Y gracias por su atención” la voz, con un tono bastante animado dijo y de forma rápida, Wednesday contestó:
“Igualmente, gracias a ti” se sorprendió a sí misma diciendo con tanta amabilidad y suavidad en su propia voz.
Después de decir eso, la llamada terminó. Dejando a una Wednesday atónita por lo sucedido, tras la llamada, el sonido del teléfono con su característico pitido sonaba, mientras la omega se quedaba mirando a un punto en la nada.
En la morgue subterránea, la peste de los gases liberados tras la descomposición de los cuerpos se escondía bajo el habitual hedor del desinfectante y el metal frio, impregnando cada rincón del cuarto donde se realizaban las autopsias y donde se preservaban los cuerpos en las cámaras frigoríficas.
Ahí, entre el formol y material de cirugía estéril, Wednesday ya hacia examinando un cuerpo en la plataforma larga y fría de metal en medio del gran cuarto de autopsias, bajo la luz fría y neutra de las lámparas encima de su cabeza.
A su lado, la acompañaba Agnes, la cual, había llegado sin previo aviso después de aquella llamada telefónica con la florería. Y es que, realmente Agnes se enteró dónde estaba solo por Pubert. En cuanto la chica pelirroja se enteró de la ubicación exacta, se dirigió directamente hacia la funeraria, encontrando con éxito, a la omega ojerosa tras el gran escritorio de caoba.
“Wednesday, ¿ya tienes los datos del cadáver?” dijo sin escrúpulos la omega, mirando a Wednesday, la cual, estaba escribiendo unas cuentas cosas en su tabla y es que, la omega pelinegra de forma rápida y concisa estaba anotando los cambios post mortem del cuerpo en la plancha.
“Si Agnes, ya puedes empezar con la incisión, ya sabes, de mentón a vientre. Empieza” dijo Wednesday, dando luz verde para empezar con la incisión para poder observar los órganos y poder hacer pesajes y examinación. Al dar la señal, la pelirroja en automático empezó con la tarea.
“Pudiste observar las marcas de asfixia en el cuello?” soltó Wednesday, y Agnes sin quitar la mirada del bisturí que sostenía en la mano mientras hacia una larga incisión en la pálida piel del cuerpo solo asintió.
“Tal vez cuando analicemos el cerebro se vea congestionado, y me atrevo a decir que también el hígado, bazo y riñones” contestó la pálida pelirroja.
Wednesday solo asintió, puesto que, para ella, esa teoría estaba en lo más acertado.
Los minutos pasaron rápidamente, para entonces, las dos chicas hacían todo en silencio y con una precisión quirúrgica pesaban, examinaban y observaban cada órgano en busca de signos patológicos.
Era así, hasta que Wednesday rompió el sereno silencio hablando con su voz serena, pero que por debajo de sus capas de estoicismo se encontraba una palpitante preocupación. “Van a venir a entregar el pedido de flores que la abuela pidió” dijo la pelinegra, haciendo que Agnes con sus eléctricos ojos verdes aqua la miraran por un momento.
“¿Y qué pasa con eso?” dijo la omega menor, algo confundida, pero sabiendo un poco a donde quería llegar su mayor.
“La chica que me tendió el teléfono…” paro de hablar un momento, tratando de encontrar respuestas en el cuerpo del muerto con la mirada, como si eso le diera las respuestas que tanto buscaba.
“¿Qué tiene?” Agnes solo encarnó una ceja mientras seguía haciendo lo suyo.
“Su voz, era, relajante” dijo sin más Wednesday, soltando lo que parecía una bomba nuclear.
Agnes al escucharla, al parecer mantuvo la respiración, mirando con sus ojos verdes eléctricos de una forma sorprendida a la omega, abriendo grande estos mismos.
La chica pelirroja simplemente no sabía que decir, solo se le quedo viendo por un momento a la omega al frente suyo.
“Tu…” logro decir Agnes, mientras volvía a su labor, abriendo más la piel en toda la zona del vientre “Nunca te expresas así de las personas y mucho menos de las que apenas y has escuchado su voz” paro de hablar, mientras veía las vísceras aun frescas del cadáver. “¿Es que acaso te enamoraste de la voz de una persona?” uso un tono sarcástico mientras sonreía con sorna bajo el cubrebocas.
Wednesday solo se quedó en silencio, mientras hacía unas cuentas anotaciones más. Pero, no tomo en cuenta que el silencio se alargó bastante, tal vez, solo tal vez, para lograr formular una oración congruente.
Mientras el tiempo y el silencio pasaban, para pronto acabaron la autopsia, dando por terminado; devolviendo los órganos a su lugar de origen en la cavidad corporal, el cerebro a su lugar original, suturar tanto la parte del cráneo como la del abdomen, las muestras que tomaran en el momento para mandarlas a examinar, y sus anotaciones les ayudaría de mucho para saber la razón de la muerte del cadáver, aunque, para entonces, ambas chicas ya tenían un veredicto tomando en cuenta los signos patológicos post mortem.
Pero lo importante aquí no era la razón de la muerte del cadáver, era lo anterior dicho por la pelinegra de trenzas. Agnes en ningún momento volvió a pronunciar absolutamente nada, puesto que, conocía a Wednesday, si tenía que hablar, lo haría, hablaría, pero a su propio tiempo y a su manera.
Es así, que, después de limpiar tanto el cuerpo de la propia sangre, como los instrumentos, después de devolver el cuerpo a su cámara frigorífica y limpiar la mesa, las chicas se deshicieron de sus trajes, los guantes, gorros y cubrebocas, quedando totalmente limpias y fuera de riesgo.
Después de salir del cuarto de autopsias, Wednesday al fin habló “No puedo decirte que este enamorada Agnes, pero ten por seguro que su voz no me pareció en lo absoluto irritante”.
La mencionada solo sonrió de vuelta. No dijo absolutamente nada, solo se colocó al lado de su mejor amiga, caminando en silencio y a la par.
"A veces creo que solo era una omega patética, en todo caso, no me molesta" mencionó Agnes, ausente de cualquier tono provocativo en su voz. Wednesday simplemente no dijo nada, solo se quedó en silencio, mientras seguía caminando a su lado.
