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Pequeña Familia Geo

Summary:

De la noche a la mañana Aldo se convirtió en una "madre" de cuatro criaturas creando una pequeña familia.

Ashswag solo quería seguir oliendo ese aroma tranquilízante y se metió en esa pequeña familia sin una invitación.

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Es mi primera historia, cualquier opinión leo sus comentarios.

Notes:

El instinto de un omega nunca falla. Aldo regresa de las minas solo para encontrarse con cuatro pequeños e inesperados invitados que necesitan su ayuda.

Sin embargo, justo cuando el caos doméstico parece bajo control, un viejo enemigo golpea a su puerta a las dos de la mañana.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: El inicio de todo

Chapter Text

Para Aldo, ser omega no era importante. ¿Qué? ¿Pensaban que por ser exgeneral le importaría? ¿Que ser omega no va con sus características? Simplemente nunca le importó. Inconscientemente no saca a relucir sus feromonas, ese hábito lo tiene desde antes de llegar a esta isla y, hasta lo que a él respecta, eso lo favorece perfectamente a la hora de pelear, seguir a alguien y más. No se preocupen, no tiene problemas con sus feromonas, las puede dejar salir cuando quiera, solo es eso, un hábito raro que no sabe dónde aprendió.

Tampoco tenía problema en decir que era un omega, hasta el momento nadie le ha preguntado su casta, así que nunca habló del tema con nadie externo que no fuera cercano a él. Casi todos los del Norte lo sabían: Roier, Vegetta, Molly, Tina, Foolish y Juan.

Hay varias cosas que Aldo hace que normalmente no son "naturales" para los omegas, como el trabajo pesado. Por ejemplo, conseguir materiales suele ser como una terapia para él: una forma de tranquilizar emociones y tratar de ordenar con un poquito más de calma sus caóticos pensamientos. Actualmente eso es lo que está haciendo, minar cobre y hierro para algunas cosas del Create que se le habían acabado y como siempre, sumergirse en su mente mientras realiza esta actividad. Hay un sentimiento inusual, pues por alguna extraña razón se siente algo inquieto, nervioso, y hasta te diría que, en algunas ocasiones, le recorre un frío repentino por la espina dorsal.

Te preguntas ¿Por qué? ¿Cuál es la situación que lo tiene así?

Simple, no ha visto a Coco ni a Mango en estos días. Eso sería normal, pues sabe que ellos tienen trabajo, pero no venir a saludarlo tampoco ver a Funny News Guy ni a Funny Dance Guy era más raro, y por alguna razón su instinto le decía que algo les había pasado, la duda de si estaban en peligro o no le carcomía un poco.

No era de extrañar que su lado omega se encariñara con ellos. Desde su "autoaislamiento", después de volver del secuestro de la federación, esos cuatro llegaron uno por uno y no se habían separado de su lado.

Suspiró al recoger el último mineral. Ya han pasado cuatro horas desde que inició su recolección de minerales y ya debe de haber oscurecido afuera de la cueva.

—Están bien, están bien, probablemente estén de vacaciones tus tios... ¿Pero no avisarme?... Ah, está bien, es hora de volver.

Buscó en su cadera la gema de cristal púrpura para transportarse a su castillo y ordenar lo conseguido en las cuevas. Apareció detrás de su cama para después salir y revisar sus mochilas, separando y buscando lo que iba a dejar o llevar con él, de pronto, su sensor de la entrada empezó a avisar que cuatro personas estaban cerca. Con rapidez, tomó la espada de su cinturón y se dirigió corriendo a la puerta principal del castillo. Al llegar, abrió la puerta, quedando boquiabierto y con una sorpresa gigante.

—¡¿Ah?!... ¡¿Qué es esto?!

Soltó un grito de desconcierto, pero se calmó al ver a los niños un poco asustados por su reacción. Guardó su espada y revisó la escena con la mirada, parpadeando; sentía que aquello era un sueño. Primero miró al niño más grande, que aproximadamente tendría unos diez años, con su traje negro grande, holgado y una corbata azul pastel, era claramente Funny News Guy. Bajó la mirada a los brazos de este y vio a un bebé envuelto en un traje blanco... Okay, sí, él era Funny Dance Guy. Posó su mirada a la derecha para encontrar a un niño de unos cinco años con un casco verde y un atuendo de constructor chistosamente grande; bien, era Coco. Y, por último, puso su mirada a la izquierda: de la misma edad que Coco, pero su suéter de color naranja y su gorro con lentes grandes daban a entender que era Mango. Todos estaban sucios, con tierra en sus ropas y caras.

—¡¿Qué verga les pasó?!

Se acercó con precaución, soltando feromonas calmantes para no volver a asustar a los pequeños. Revisó si tenían alguna herida superficial, tomó con cuidado las manos de cada uno, observando algunas zonas rojizas por raspones, pero nada grave. Por último, tomó con mucho cuidado las caritas de cada niño entre sus manos, suspirando y abrazándolos a todos con alivio al ver que solo era tierra y no había ninguna herida.

—Bien, entremos todos. Primero al baño para quitar toda esa suciedad.

Tomó las manitas de Coco y Mango para llevarlos al interior del castillo e hizo señas al pequeño Funny New Guy para que lo siguiera con el bebé. Caminaron hasta el segundo piso, donde hacía poco había construido un pequeño baño.

Al llegar, juntó las manitas de Coco y Mango en una de sus manos para después abrir la puerta con la otra. Dentro de la habitación de colores azulados y blancos había una bañera con una tina mediana, en el extremo opuesto el inodoro y en la otra esquina el lavamanos. Soltó las manos de los dos niños.

—Una lavada rápida, su comida y a la cama. Ya mañana me contarán todo a detalle.

Después de decir eso, los niños asintieron. Aldo comenzó a preparar todo: quitó las prendas sucias y las tiró en un canasto, dejó caer agua tibia en la tina y metió en ella a Coco, Mango y Funny New Guy, mientras tomaba en brazos a Funny Dance Guy para bañarlo con cuidado.

Un sentimiento de calidez lo rodeaba. ¿Una escena rara? ¿Cómoda? Mientras bañaba al pequeño bebé, escuchaba cómo los otros tres niños jugaban con el agua tibia y las burbujas que se habían generado por el champú que anteriormente New Guy ayudó a poner a los dos pequeños. Sip, era calmante, como si esto lo hubieran hecho antes... como una situación habitual.

Al terminar la ducha, los arropó bien y los envolvió a todos en toallas. Con Dance Guy en brazos, guio a los tres restantes con él a su habitación para poder secarlos de una mejor manera.

Al llegar, lo primero que hizo fue secar al bebé y buscar ropa lo suficientemente pequeña para él, como era de esperarse, no encontró nada. Sacó su lado Art Attack, tomó uno de sus suéteres delgados de algodón, puso al bebé dentro y usó las mangas para amarrarlas alrededor, cerrando también la parte de abajo con un nudo para que no entrara nada de aire frío. Al terminar con Dance Guy y ver que se había quedado dormido, lo dejó en su cama rodeado de almohadas por precaución.

Siguiendo con los otros niños, la única parte mojada que les quedaba era la cabeza. Buscó en su armario nuevamente prendas que pudieran quedarles y escogió tres suéteres y tres pantalones suaves, coincidentemente, cada suéter tenía el color característico de cada uno. Entregó el primer conjunto, el verde, a Coco, el siguiente fue para Mango, el anaranjado y el último, con colores azulados y negros, para New Guy.

—Pónganse esa ropa y, de uno en uno, vienen conmigo para secarles el pelo.

Los niños asintieron tímidos para ponerse con rapidez las prendas dadas. El primero en terminar fue el mayor, quien se acercó al omega. Este ya estaba sentado en la cama esperando con un secador rudimentario, una peineta encima de una mesa y un banquito al frente. New Guy se sentó con un poco de ansiedad, para luego sentir la peineta y un aire tibio en su cabeza.

Aldo estuvo así por unos minutos hasta sentir el cabello del jovencito seco. Pasó sus manos con delicadeza sobre su cabeza.

—Ya está. ¿El siguiente? —dijo, palmeando suavemente el hombro del niño.

Al ver a los dos pequeños restantes ya listos, estos se acercaron con entusiasmo para sentarse delante del omega, mientras New Guy se acomodaba al lado de Aldo para ayudarlo.

Una vez secado el cabello de las dos últimas criaturas, estas se voltearon para mirar alegres a Aldo. Por inercia, él acarició sus cabecitas, para después recibir el tacto de dos distintas manos pequeñas acariciando sus mejillas. Esto lo desconcertó un poco, suspiró y luego se puso de pie.

—Listo, chamacos. Ahora a la cocina a comer la mejor cena de sus vidas.

Tomó en brazos al bebé Dance Guy y guió a los demás niños hacia la cocina que, al igual que el baño, estaba en el segundo piso. La cocina era grande, tenía una mesada al medio con sillas en el lado contrario a las ventanas, y cerca de estas se encontraban las encimeras, la cocina, el lavaplatos y el refrigerador.

—Siéntense, les prepararé algo de chocomilk y unos pancitos con aguacate. Uh...

Miró al bebé en sus brazos pensando en qué darle de comer. ¡¿Qué chingados comen los bebés?! ¡¿Papilla?! ¡¿Cómo se hace?!

Casi entrando en desesperación, se tomó un tiempo para respirar y pensar. Él puede, él lo sabe. Lo primero que hizo fue entregarle por un rato al pequeño a New Guy.

—¿Puedes tenerlo un ratito? Hacer la comida va a tardar un tiempo.

New Guy solo asintió y aceptó al pequeño. Eso hizo que Aldo entrara en acción: empezó con la leche con chocolate colocando leche en una olla, mientras se calentaba, comenzó a cortar tres ingredientes (papa, zanahoria y pollo) en cuadritos para ponerlos en otra olla con agua caliente. A ese punto, siguió con la chocomilk agregando los demás ingredientes, para al final dejarla lista fuera del fuego. Con la otra olla ya lista, le sacó un poco de agua para moler el contenido y crear un puré.

—Okey, terminé lo más complicado. Por último las tostadas y estaría todo —dijo, mientras ponía el pan cortado en la tostadora y molía un aguacate.

Ya con todo terminado, les entregó la leche con chocolate y las tostadas con aguacate a los tres niños, quienes, mientras él cocinaba, habían estado jugando con el bebé, que ya se había despertado.

—Coman. Si quieren más, me dicen, ¿okey?

Tomó de vuelta a Dance Guy y miró a los tres niños, quienes asintieron para empezar a comer. Sacó un poco del puré que hizo en un platillo para sentarse y darle de comer al pequeño. Estuvieron así un rato, mientras hablaba con los niños y les servía un poco más cuando lo pedían. Al terminar, dejó los platos en el lavaplatos, él después se encargaría de lavarlos. Los llevó de nuevo a la habitación para acostarlos en su cama, dejando al bebé en medio de los demás niños.

—Chamacos desmadrosos, mañana ya me cuentan qué les pasó. Ahora duerman, en un rato vendré a dormir con ustedes.

Al decir esto, acarició la cabeza de Mango para luego darle un beso en la frente a cada cachorro.

Se levantó para ir a lavar todo lo usado en la cocina. Se sumergió en sus pensamientos y, después de mucho tiempo, se dio cuenta: había estado soltando sus feromonas sin percatarse. Desde que vio a los cacho... niños, no había parado de liberarlas. Lo admitía con vergüenza, pero en el fondo le alegraba verlos de vuelta, aunque le preocupaba el estado en el que habían llegado, de todas maneras, eso lo sabría mañana. En eso, su radar le alertó de un individuo en la entrada de su castillo.

—¿Quién molestaría a alguien a estas horas de la noche?

Con molestia, se acercó a la entrada de su castillo con espada en mano. Al llegar a la puerta, escuchó unos golpes fuertes. Abrió furioso.

—¡¿QUÉ TE PASA, PENDEJO?! ¡SON LAS DOS DE LA MAÑANA! Ah...

Sorprendido era poco decir. El hombre que estaba frente a él, de estatura mayor, con rizos en el cabello y tez oscura, no era nada más y nada menos que su enemigo jurado.

—Ashwagandha... ¿Qué vergas haces aquí?

Notes:

Espero que les allá gustado, es mi primera vez haciendo esto de escribir, normalmente yo soy la que leo, pero no pude sacarme de la cabeza está idea, espero no desanimarme.
Se escribe así? "ashwagandha" nunca supe si se refiere a la planta pero lo escribí así, como la planta.

<(⁠ㆁ⁠ω⁠ㆁ⁠)⁠>