Work Text:
Apoyado contra el marco, en silencio y con una sonrisa en sus labios, así se queda, admirándolo, adorándolo, observándolo y, por más que pasen los años, todavía no puede creer cómo alguien tan hermoso en cuerpo y alma se haya fijado justo en él
Se queda atento a cada detalle, a cada movimiento, como se mira al espejo para acomodarse los rulos que siguen siendo tan rebeldes como siempre desde que se los dejó crecer.
Como se pone perfume en el cuello, sabiendo que más tarde depositará besos sobre esa piel y el aroma tan característico y delicioso lo hará suspirar
Cómo la camisa blanca tonifica ese cuerpo con piel blanca, lisa y tersa que contrasta siempre con la suya unos tonos más oscuros y dónde la tinta había quedado impregnada para siempre, y eso le encantaba
Julián contrastaba todo lo que él era y eso era justamente lo que más le maravillaba del cordobés
Cómo algo tan simple como verlo prepararse para una fiesta hiciera que su corazón latiera más rápido de lo normal y su sonrisa aparezca sin que él la llame
Si, algo tan banal y simple, hacía que una y otra vez confirme cuan enamorado estaba
—Enzo, no te vi—
Y claro, siempre tenía una sonrisa para regalarle, siempre con esa simpatía y dulzura que harían que cualquiera caiga rendido a sus encantos pero agradecía a la vida, el destino o al universo que Julián lo había elegido a él y lo elegía una y otra vez
Enzo sonrió de lado, mirándolo nuevamente de arriba hacia abajo, completo, no con deseo ni con lujuria, con adoración y, sobre todo, amor
—¿Qué me miras tanto?— preguntó Julián con otra sonrisa sin saber cuánto lo hacía perder la razón con ese simple gesto
Se giró hacía él y lo miró a los ojos, hundiéndolo todavía más en ese océano llamado Julián Álvarez
—¿Cómo me veo?— susurró
¿Y cómo responder? ¿Acaso había palabras suficientes en nuestro idioma para definirlo? Seguramente que no, era imposible
Enzo achicó el espacio entre ambos y pasó unos dedos por la mejilla enrojecida del cordobés que sonrió ante su tacto
—Estás maravilloso, amor—
Julián respondió con una risita íntima, corta pero suficiente como para hacerlo temblar
Un pequeño beso fue depositado en sus labios y no necesitó más, sabía que había conseguido todo en la vida
Su vida, con nombre y apellido, llamada Julián Álvarez
Tres pasos fueron suficientes y ya había percibido la cantidad de miradas que tenía encima suyo, claro no lo miraban a él
Todos lo miraban a Julián
¿Cómo no hacerlo? Sí llamaba la atención sin siquiera quererlo, tenía ese magnetismo innato que atraía a quien sea y dónde sea, a pesar de su personalidad tan tímida hacía aquellos desconocidos, lo ojos no paraban de girar hacía él y su belleza
Sabía que Julián lo elegía a él, todos los días lo hacía y por más que se sentía orgulloso de que todo el mundo vea quién era el afortunado que tenía a Julián Álvarez a su lado, tampoco podía evitar sentir esa espina que le recordaba constantemente cuán codiciado era el amor y la compañía del cordobés
Sintió como su mano derecha era presionada con algo de fuerza, la mano que tenía entrelazada con la de Julián
—¿Estás bien Enzo?— su tono de preocupación, tan cordobés y tan dulce que lograba borrar cualquier malestar que pudiera sentir
Ese también era Julián, siempre parecía saber lo que sentía y lo pensaba, percibía sus inseguridades y miedos, y siempre pero siempre, le demostraba que estos no tenían razón de ser
Ya que él estaba a su lado y lo elegía, una y otra vez
Enzo sonrió y devolvió el apretón
—Estoy maravilloso, amor—
Julián se acercó y dejó otro pequeño beso en sus labios, sin saber realmente, que había sanado su corazón.
Porque siempre tenía esa facilidad para hacerlo sentir reconfortado en sus momentos más vulnerables, incluso demostrarle cómo a pesar de considerarse tímido, generaba lazos con cada persona que conocían y se volvían cercanos
Sonrisas, palabras amables y chistes simpáticos que a todos les gustaba escuchar siempre y cuando vengan de Julián
Pero siempre, siempre, sostenía su mano confirmándole una y otra vez que estaba a su lado
Ni siquiera las horas transcurridas de esa fiesta, ni las copas de vino que habían bebido en sintonía eran suficientes para siquiera separarlos
Y con cada gramo de alcohol que bebía, Enzo sonreía cada vez más al recordar una y otra vez todo lo que amaba a ese cordobés de rulos que no se separaba de su lado
Mejillas calientes, manos temblorosas, vista algo nublada y cabeza que le daba vueltas, pero si había algo que no cambiaba en su cuerpo, era la sensación tan placentera de tener a Julián junto a él
No quería ni tenía ojos para nadie más
—¿Tomaste un poquito de más no?— mencionó Julián cuando tuvo que llevarlo cargado hasta la cama una vez regresaron a su hogar
Sonrió apoyando la cabeza sobre la almohada, ni en esos momentos dejaba de ser la persona más buena del mundo
Lo tomó por ambos brazos y no permitió que se aleje
—Me voy a cambiar y vengo—
Enzo pasó dos dedos acariciando su mejilla y mentón, mientras esa sonrisa que tanto amaba aparecía una vez más
—¿Ya te dije que estás maravilloso hoy?—
Julián largó una risita y su corazón dio vueltas en el aire, no había explicación a todo lo que le hacía sentir
—Unas tres veces—
—Te lo voy a decir mil más—
Se acercó hasta el castaño y unió sus labios en un beso pausado, suave, de esos que dicen mil palabras sin emitir un solo sonido
Con una mano apagó el velador y permitió que la oscuridad de la habitación los envuelva en su intimidad, para que sus cuerpos y almas se unan en un solo ser
Porque eso era Julián, su otra mitad y era maravilloso haberlo encontrado en esta vida.
