Work Text:
“No importa lo que nos depare hoy en adelante... Te prometo que esta vez no voy a dejar que nadie te aleje de mí”
Pero quién es él ante las circunstancias de la vida o de algo más: nada.
Es un ciclo que aparentemente se repite de repente, pero está vez no hay retorno, aunque ¿De verdad tuvo oportunidad? ¿Qué le aseguraba una segunda oportunidad?
Ray lo entiende de nuevo, entonces te abraza por detrás con fuerza. No quiere que lo mires o más bien que te fijes en el objeto punzocortante que tiene en la mano, por la sorpresa alzas la cabeza. Le tiemblan las manos de maneras que nunca creíste verlo temblar, tampoco lo viste así cuando fueron perseguidos por los otros.
Ahora te convertirás en uno de ellos. ¿Cuánto tiempo demora? ¿En qué momento ya no lo reconocerás y querrás devorarlo? No sientes nada porque su anhelante abrazo se siente demasiado cómodo igual a aquel sueño donde no quisiste despertar.
No tienes miedo. No con él aferrándose a ti de esa forma.
Las manos temblorosas de Ray se enganchan a tu cintura, pero por más dulce que sea la hipnosis debes de desertar. Tus manos logran aflojar su agarre y lo aprovechas para sacar tu suéter despedazado: quieres facilitarle el acceso a tu corazón.
Ray sostiene tus hombros, apoya su rostro en ellos. Lo húmedo de su mejilla te hace estremecer también te nace el deseo de llorar.
El tiempo se detiene o eso crees porque está durando demasiado para una infección, así que te recuestas en su pecho. Te molesta la sensación del cuero junto con la manecilla del reloj avanzando aunque se ve opacada por el sonido de los latidos desenfrenados de Ray.
—Estás temblando, rayito.
Qué era ese intento de aligerar la situación, pero ya que. Ray frunce el ceño, no por frustración sino porque tu voz se escucha cambiada, capturada por instintos que no te pertenecen o quizá sea el dolor de no volver a escuchar esa voz que lo ha mantenido vivo y cuerdo.
—Lo sé...
Ray sujeta tu muñeca con la ternura contraria a sus temblores. Inhala el aroma de tu cabello, parpadeas dos veces y sientes el ambiente cambiar; es más pesado de lo que recuerdas y tus pupilas se contraen por el dolor del cambio, pero no te quejas, en cambio cruzas tus manos como queriendo cubrir la mitad de tu cara con desgano y los dejas reposando en el fuerte brazo de Ray.
Te gusta la calidez que te brinda. Quieres morir así; en sus brazos, por eso sujetas la mano de Ray que descansa en tu pecho.
Nunca miras al suelo porque sería ver ese utensilio de cocina que en vez de cortar verduras ahora cortará carne: tu carne. Te es suficiente con sentir el filo en tu piel expuesta, es extraño porque sientes tus poros abiertos ante la sensación como si estuviera abriéndose a voluntad.
Entrelazas tus dedos con los suyos como una manera de conectar tu cuerpo vacío con el de Ray, de algo que jamás lograste encontrar en alguien más y extrañamente te sientes llena, en un abrazo que...
Te percatas que Ray ya no tiembla. Sientes sus largas pestañas en tu hombro, te da cosquillas. El espasmo en tu cuerpo hace que Ray te de la vuelta con rapidez, pero con sumo cuidado casi teme que al mínimo movimiento ya no seas tú.
La tibieza de sus labios se siente maravilloso es un vino tan embriagador que desearías no dejarlo de beber y la copa son tus labios. Ray te sujeta con más fuerza, al parecer te está queriendo hacer olvidar lo que va a pasar, u olvidarse también que podría infectarse por ahí, y está funcionando porque con la poca cordura que te queda estás siguiendo el beso.
El vaivén de sus labios se te hace familiar, sabes como seguir y es muy raro porque nunca lo besaste, a pesar de la situación encuentras un hermoso consuelo porque te besa con la misma devoción que un amante que ha buscado a su amada durante tanto tiempo, que ha sufrido por no tenerla en sus brazos y finalmente puede hacerlo en una situación tan lamentable.
Pero sabes que eso no es el caso.
Lo dudas con las pocas fuerzas que te quedan y esa misma fuerza te permite no morderle los labios, aquella fuerza hace que reprimas la asquerosa interrogativa de a que sabrá su carne.
Tus cabellos son sujetados por Ray. Ahora sus labios tiemblan mientras introduce su lengua; el sabor sensibiliza tu sentido y tienes hambre. Un hambre voraz capaz de despedazar con tus dientes, no preparados para triturar carne de ese tipo, la carne de su cara, encontrar su pecho para saber de que color son sus músculos y si serán de diferente textura por su musculatura para luego...
La segunda vez que lo pruebas te es dulce. Contrasta el ardor del cuchillo introduciéndose con fuerza y lentitud en tu corazón.
No sabes que tan consciente eres, pero ahora tu cuerpo se relaja para permitirle una entrada más suave porque deseas que penetre en tu corazón; le entregas lo más valioso de tu cuerpo inválido.
La visión se oscurece y la pesadez de tus párpados no ayudan. La sangre que emerge de tu pecho es el manto que cubre tu vacía alma anhelante y la abertura que cubre el cuchillo es el deseo desbordando de tu ser ansioso.
Ray no dejó de besarte, pero está vez da pequeños besos antes de sujetarte la mejilla con devoción Escuchas su sollozo y en un último abrazo, él entierra el cuchillo en su totalidad.
No duele. Le entregaste tu corazón.
Sabes que moriste con la más hermosa devoción en tus labios.
...
Ray derrama lágrimas, aquellas que soltó durante tanto tiempo y que ahora no cesan ni cuando sabe que ya no hay un nuevo comienzo. Se cubre el rostro, muerde los labios para reprimirse porque cómo puede explicar eso a las niñas y a Herme.
Cómo
Cómo
Cómo
Por qué
Por qué
Por qué
Necesita fumar la cajetilla de cigarros entera o quizá dos. Sujeta tu mano todavia cálida, no quiere mirarte a los ojos aún porque desea recordar quien eras y no a lo que podrías haber sido, pero ese pensamiento es fugaz y observa tus ojos sin brillo.
Sabe que no querrías que te recordara así, en realidad no lo recuerdas tampoco hubo una oportunidad más explicarse. Puede que en realidad jamás la tuvo... Y también sabe que besarte fue un riesgo en caso le infectases, pero es un riesgo que estaba dispuesto a pagar porque por sentirte haría lo que sea no importa que.
Besa la palma de tus manos, luego cierra tus ojos sin vida. No sabe que hacer, ni que decir, pero debe de continuar porque le prometió a Doña Mary cuidar a su nietas.
Te mira por última vez, entonces acaricia tu cabello. Desearía volver en el tiempo y una culpa inexplicable invade su desgarrado ser, pero su mente divaga en un pensamiento: viéndote así no pareces un infectado y es porque no eres uno. Piensa que es algo que te hubiera gustado saber antes de perder la lucidez...
“A pesar de todo sigues siendo tú”
