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Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandom:
Relationships:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2026-06-20
Completed:
2026-08-03
Words:
18,549
Chapters:
6/6
Comments:
23
Kudos:
288
Bookmarks:
13
Hits:
2,872

Radioactivo

Summary:

Porque es mucho más fácil sentir celos que hablar de sentimientos.
Cinco veces en las que Multi sintió celos por Roier + 1 en la que Quackity lo hizo.

Notes:

Otro fic nacido por la euforia del Naukosick y su comunidad. Muchas gracias por inspirarme, agradecimientos especiales para Connor y Zowi porque son increíbles y me ayudaron a salir de estancamientos durante la historia. Fanfic dedicado a Vainilla quien nos alimenta con sus grandiosas ideas hechas fanfic, por favor nunca dejes de escribir chica.
.
Sigo un poco nerviosa por hacer fics a partir de rp pero lo estoy superando.

(See the end of the work for more notes.)

Chapter 1: La primera vez

Chapter Text

Si algún día tienes el descaro de preguntar, Multi simplemente lo va a negar, pero estaba muy asustado el día que llegó a aquella isla.

No recordaba mucho de lo que hacía antes de despertar ahí y el repentino sonido de mil voces lo alarmó. Era un territorio nuevo, desconocido y, por lo tanto, peligroso. No era un gran fan de las cosas que no conocía y mucho menos de aquellas que no podía controlar, y esa isla era ambas cosas al mismo tiempo.

Te dirá que se reunió con el resto de los polacos porque se veían tan asustados que apiadaron su bondadosa alma y decidió que alguien debía protegerlos. Pero la verdad es que era él quien buscaba ese refugio, y ellos se sentían lo suficientemente cómodos como para permitirse la cercanía.

Mientras aquel oso anfitrión les explicaba que ese sería su nuevo hogar, la mirada de Multi vagó por el resto de las personas que vivirían ahí. 

La mitad estaban sorprendidos y asustados por la cantidad de preguntas sin respuesta que se formularon en la mente de todos; otros parecían poco impresionados, ya sea porque fingían como él o porque realmente no les importaba, pero un detalle bastante interesante es que había un grupo muy selecto que irradiaba odio contenido.

Gente que claramente reconocía lo que pasaba, gente que tenía información al respecto. No ocultaban su recelo contra el anfitrión, pero eran lo suficientemente inteligentes como para reservárselo por el momento.

Ellos estaban agrupados de una forma peculiar: protegiéndose mientras se mantenían alerta entre sí mismos. Sea cual fuera su relación con este mundo, el oso y ellos, dejaban claro que su confianza estaba condicionada. ¿Qué clase de mundo les esperaba si tu mejor opción era tu enemigo? se preguntó Multi. 

Realmente sería interesante…

Una vez que los dejaron solos para comenzar a explorar, aquel grupo se dividió en otros más pequeños y pronto se reunieron con algunos otros isleños confundidos. Mientras el resto de sus compañeros polacos se reconocían y socializaban, Multi se mantenía alerta. Después de todo, tenía que cuidarlos, ¿no?

Los más interesantes eran los que hablaban un idioma que parecía ser español. Desde la distancia podía verlos y escucharlos, pero los dispositivos de traducción que les proporcionaron estaban fuera de rango y no podía comprender qué era lo que decían.

Sin embargo, parecían llevarse bien. Un hombre vestido con ricas telas moradas que portaba una corona —un rey— se reía animado ante la presencia de un chico más joven y sencillo, que vestía ropa casual con una sudadera roja con diseño de araña y una banda azul en la cabeza.

Había un tercero con ellos, otro con ropa sencilla pero una mirada afilada oculta tras los lentes sobre su nariz. No podría decir si estaba nervioso por la situación o por aquel que tenía la corona, pero a su amigo no parecía importarle, tan cómodo con el hombre de morado. 

De un momento a otro, la atención de Multi se desvió con la repentina corriente de aire que azotó a su lado. Un destello dorado que dejó rastro a su paso se dirigió directamente al chico araña, gritando lo que entendía podría ser su nombre.

— ¡Roier! —

El nombrado apenas tuvo tiempo de girarse antes de verse envuelto entre plumas y extremidades. Ambos cayeron al suelo y los otros chicos se reían a carcajadas por el impacto, pero ellos se aferraban con todas sus fuerzas, refugiando el rostro en el cuello del otro.

— ¡Dios, Quackity! Podrías tener más cuidado —regañó el otro con la voz entrecortada y una risa aliviada.

El suceso les había dado la oportunidad al resto para acercarse a la escena; una excusa para su curiosidad y preocupaciones.

— ¿Estás bien? ¿Qué pasó? No sé dónde están los demás —decía el chico alado a la par que recorría el cuerpo del otro en busca de heridas, asegurándose de que quien tenía enfrente fuera real.

Parecía joven, mucho si se lo preguntabas a Multi. No en el sentido infantil, sino que irradiaba una energía de inocencia espiritual, como si en su corazón no hubiera más que bondad. Posiblemente un ángel, si sus rasgos podían darle una pista. 

— Estoy bien, pendejo. Ahora quítate, estás pesado —

Quienes estaban más cerca ayudaron al arácnido a liberarse del otro chico. Portaban sonrisas amables y embelesadas, como bajo un hechizo de afecto por el menor. Una posesión preciada para aquellos que ahora entendía que lo conocían.

Mientras el tímido grupo de Multi se acercaba al ajetreo, se descubrió sin poder desviar la atención de aquellos dos. Especialmente del chico de la chaqueta azul. 

No comprendía qué podía tener de especial más allá de la herencia divina que sospechaba; podía reconocer a otros habitantes mucho más interesantes y útiles, gente que no escondía su poder y lo portaba con orgullo, como el tiburón dorado que claramente poseía la esencia de un tótem, o la chica demonio a su lado.

Pero todos parecían estar envueltos en el ángel dorado, hipnotizados por él y por la forma en que seguía ondeando entre las riñas contra el tipo araña y la emoción de conocer o reencontrarse con los que se atrevían a interactuar con ellos.

Admitía que, sea lo que sea que irradiase, Multi era demasiado inexperto como para resistirse. Podía sentir la necesidad de acercarse en el centro de su pecho, como un lazo que tiraba y tiraba, dejándolo con un leve dolor sordo que afortunadamente era capaz de resistir. 

Dejarse llevar podría ser peligroso, sobre todo si aún no entendía de qué se trata este mundo.

Como el hecho de que, entre todos aquellos, el único que parecía tener inmunidad o un fuerte autocontrol ante el encanto del ángel era el mismo tipo araña, por el que dicho ángel parecía estar hechizado. Siempre a su lado, asegurándose de no perderlo, manteniendo algún tipo de contacto: una de sus alas escoltándolo, una mano juguetona que golpeaba su pecho, hombros rozándose ante la cercanía, sus cabezas acercándose para susurrar, conspirar o tener privacidad.

Tuvo que desviar la mirada, repentinamente fastidiado por la escena. 

Tendría que tener cuidado con ellos, sobre todo con el colorado. Si alguien era capaz de controlar a aquel que los controla a todos, ¿qué clase de intenciones tendría en un lugar así?