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Summary:

Entre los ruidos indignados de Takeuchi, Mukai sigue mirando el llavero con las cejas levantadas —Es bastante lindo, ¿se te confesó o algo así?

Un golpe sordo junto con el chirrido de una silla retumbó por la cafetería. Hirose tenía los ojos abiertos de par en par, tomado por sorpresa por la pregunta mientras ignora el golpe en su pierna al tropezar. Las quejas de Takeuchi se cortaron abruptamente mientras apretaba los labios y su mirada iba de Hirose a Mukai.

—¿Ah? —fue la inteligente respuesta de Hirose después de un minuto.

O: En el último año escolar, Hirose y Nakamura son mejores amigos. Debido a una conversación inesperada, Hirose comienza a soñar con Nakamura en distintas situaciones que ponen en duda sus sentimientos.

Notes:

Empecé a escribir esta historia como una forma de evitar entrar a Twitter y cualquier red social que contuviera spoilers del último capítulo de Nakamura, el cual ya estaba por estrenarse en los cines de Japón. Cuando quise darme cuenta, ya tenía cinco capítulos escritos jaja.

Lo escribí como mero auto-entretenimiento, pero pensé que no sería mala idea compartirlo. Intenté mantener un español neutro, pero es muy probable que haya palabras conjugadas como las decimos en mi país. Mi plan es intentar actualizar todos los sábados.

Realmente amo a estos dos. Gracias a mis amigas que leyeron este fanfic para darme su opinion <3.

Chapter 1: Capítulo 1

Chapter Text

La mirada de Nakamura lleva varios minutos pegada a la nuca de Hirose, su bolígrafo dando vueltas entre sus dedos. No suele distraerse en las clases de Lengua, pero su cerebro decidió descarrilarse a otro plano por la falta de sueño. Intenta reprimir un bostezo, fallando miserablemente mientras el bolígrafo trastabillea.

«Tengo que dejar de leer durante la noche», pensó Nakamura recuperando el ritmo. Sabe perfectamente que su falta de sueño no se debe únicamente a la lectura de su manga favorito, y ahí es donde entra el dueño de su pesada mirada y sus fantasías.

«Podría ayudarlo con Lengua… que venga a mi casa, salude a Icchan y el sol de la tarde que se filtre por mi ventana aclare su pelo en un tono rojizo y brillante», Nakamura suspira con una mano apoyada en su mejilla y sus ojos entrecerrados; su bolígrafo siguiendo con sus vueltas impecables. Los hombros de Hirose se encontraban tensos mientras estudiaba los ejercicios de la clase de hoy. Nakamura sonríe imperceptiblemente con cariño mientras recuerda lo malo que es el chico en esta materia.

La mirada de Nakamura sigue recorriendo su espalda, volviendo a su nuca, entrecerrando sus ojos ante una pequeña mancha nueva.

«Ah, Hirose tiene un lunar ahí».

De repente la mano de Hirose oculta su reciente descubrimiento, mirando a su alrededor hasta que sus ojos se encuentran con los de Nakamura. Con una sonrisa, sus hombros se relajan y le hace un leve gesto de saludo con su mano, haciendo que Nakamura se tense y el bolígrafo salga volando de forma abrupta al banco de su izquierda.

—¡Ah! Lo siento —su compañero lo miraba de reojo mientras recogía el bolígrafo rápidamente y escuchaba la risa silenciosa de Hirose a lo lejos. 

Con la cara sonrojada, su intensa mirada pasa a sus propios ejercicios sin resolver. Hace dos años que conoce a Hirose. Dos años donde se hicieron amigos y son prácticamente inseparables; sin embargo sigue con el mismo nerviosismo y timidez que el primer día que lo vió. O por lo menos se amplifica entre menos horas de sueño tenga. Reprime un gemido mientras pasa sus manos por su cara, desacomodando su pelo en el proceso y cerrando los ojos con un solo pensamiento inútil repitiendose como una mantra en su cabeza:

«Quiero besar ese lunar».

El timbre anuncia el fin de este pensamiento y la hora del almuerzo, con Hirose y su lunar siendo arrastrados por sus amigos fuera del aula. Hirose lo mira rápidamente y hace un gesto con sus manos, indicando que después hablarían. Nakamura hace una mueca que podría interpretarse como una sonrisa y siente que alguien se acerca a su lado.

—¿Noche difícil? —la pequeña sonrisa de Kawamura solo le confirma que ya sabe más de lo que él podría contarle. Nakamura suspira mientras abre un pequeño espacio para que se siente con él.

—Los síntomas empeoran en vez de mejorar con el tiempo, estoy perdido —con “síntomas” se refiere a su obvio enamoramiento por Hirose, por lo menos para Kawamura; quien orgullosa simplemente dijo que “ya lo sabía” a pesar de que fue ella quién le preguntó si le gustaba Hirose. Nakamura se preguntaba si realmente era tan obvio o Kawamura era muy observadora.

—Estaba insinuando sobre tus lecturas nocturnas, pero es bueno que hayas confirmado mi segunda sospecha. 

Si hace unos años le decían que a sus diecisiete años tendría una amiga con la cual puede hablar y compartir gustos en común, probablemente se hubiera levantado sin mirar atrás pensando que le estaban gastando una broma. Kawamura fue de las primeras personas con la cuál pudo ser él mismo, y tiene un cariño especial por ella. Sonríe levemente mientras agarra su propio bento y así, tal vez, poder distraerse de sus pensamientos comiendo algo.

—¿Finalmente decidiste a qué universidad vas a ir? —La pregunta de Kawamura es inocente mientras come, pero a Nakamura solo le sirve como recordatorio de que, de hecho, es su último año escolar y tiene un montón de cosas que organizar.

—Algo así…sigo entre dos opciones —suspira Nakamura—. Supongo que lo decidiré en este tiempo según cual tenga el mejor cronograma.

Kawamura tararea en reconocimiento. —No lo pienses demasiado, la decisión que tomes seguramente sea la correcta. Y sino…siempre puedes ir a la misma universidad que Hirose —al ver a Nakamura ahogarse con un poco de comida no puede evitar reírse mientras palmea su espalda.

No es que Nakamura no lo haya pensado, pero cree que su enamoramiento debería tener algún tipo de límite. Al fin y al cabo, es una decisión importante y no debería dejarla a manos de sus sentimientos…siendo racionales.

—Por favor Kawamura…

—Ya, ya. No te molesto más —Kawamura lo observa, su sonrisa volviéndose más pequeña y con una mirada un poco más seria —¿Le vas a decir en algún momento?

Y Nakamura sabe a qué se refiere, siendo un pensamiento recurrente que viene esquivando desde que empezó el año. Es una de las tantas cosas que lo dejan en un estado somnoliento y con marcadas ojeras negras. Pensamientos que se desvían a una silenciosa conclusión: le gustaría no ser el único pasando por todo esto. La idea de Hirose en su misma situación es adictiva, dando vueltas en su cama y pensando en él como Nakamura hace casi todas las noches; pero… su mirada se vuelve esquiva. Kawamura solo suspira, dejando un papel con un pequeño comic de Hirose el cual Nakamura sostiene con emoción, olvidándose momentáneamente de sus debates internos.

—Deberías considerarlo.


Hirose tiene la costumbre de desconectarse de las conversaciones cuando no le interesan. Probablemente sea un poco malo teniendo en cuenta que sus amigos están bastante enfrascados en su charla actual, pero sus temas no varían demasiado de las chicas, la escuela y algún tema extra que ahora mismo no puede recordar. Mientras mastica su comida simplemente asiente cuando lo cree necesario. Su mente está en cosas más importantes, como el nuevo álbum que saca su banda favorita el viernes, lo gracioso que es cuando toma desprevenido a Nakamura sacando a relucir su vieja timidez, y que espera que no se hayan comprado el último paquete de sus papas favoritas.

—Oye, nunca había visto eso ¿Te lo regaló Hana? —la pregunta de Takeuchi lo saca de su burbuja mental, haciendo un ruido que sonaba vagamente como una pregunta con los cubiertos en su boca. Su mirada se dirige del dedo de Takeuchi hacia su bolso.

Era el llavero de cangrejo que le regaló Nakamura. Sin darse cuenta, una sonrisa se extiende mientras deja los cubiertos y acomoda el llavero para que se vea mejor.

—¿Es un sí entonces?

—¿Por qué tendría algo de su ex-novia colgado en su bolso? Con la que, vale aclarar, cortó hace dos años —Interviene Mukai con una ceja levantada.

—Siempre dije que era posible que volvieran, pero esto lo confirma. Gané la apuesta —Takeuchi mueve las cejas mientras extiende la mano frente a Mukai.

—Me lo regaló Nakamura —contesta simplemente Hirose. De reojo mira el paquete de papas que queda, apunto de levantarse a comprarlas de una buena vez.

—¿Eh? ¿Nakamura? ¿En qué momento? —Takeuchi se veía desconcertado mientras su mano caía en la mesa al ver que perdía la apuesta.

—Hace dos años —Hirose rueda los ojos mientras finalmente se levanta—. No me sorprende para nada que recién te des cuenta, tu cabeza muy de vez en cuando sale de Yuuka a la realidad.

Entre los ruidos indignados de Takeuchi, Mukai sigue mirando el llavero con las cejas levantadas —Es bastante lindo, ¿se te confesó o algo así?

Un golpe sordo junto con el chirrido de una silla retumbó por la cafetería. Hirose tenía los ojos abiertos de par en par, tomado por sorpresa por la pregunta mientras ignora el golpe en su pierna al tropezar. Las quejas de Takeuchi se cortaron abruptamente mientras apretaba los labios y su mirada iba de Hirose a Mukai. 

—¿Ah? —fue la inteligente respuesta de Hirose después de un minuto.

—Solo preguntaba —Mukai levanta ambas manos, sorprendido por la reacción de ambos—. Es de las pocas cosas que te ví conservar intactas después de años.

—¿Por qué tendría colgada una confesión que no aceptó? —fue lo primero que dijo Takeuchi. Mukai se encogió de hombros. Sus miradas se dirigieron a Hirose —¿No aceptaste?

—¿Estuve con Hana? —por alguna razón salió más como una pregunta que como una afirmación, pero Hirose seguía bastante distraído por la situación. Sentía su cara un poco caliente y sacudió la cabeza —. No fue una confesión, es un llavero de amistad. Fue durante el viaje al Barrio Chino.

—Ah, ya. Supongo que ahí está la respuesta, Takeuchi—fue la simple respuesta de Mukai mientras terminaba su comida.

—Oooh, debería hacerle un regalo a Yuuka ahora que lo pienso.

Y así, como si el eje de Hirose no se hubiera movido unos cinco centímetros aproximadamente, la conversación volvió a su rumbo normal. Pestañeó un par de veces viendo a sus amigos hasta que decidió interrumpirlos.

—Oye ¿por qué pensaste que hubo una confesión? —Las manos de Hirose estaban apoyadas sobre la mesa, en parte para recuperar la atención y en parte porque se sentía con una extraña sensación de vértigo.

—Simplemente se me ocurrió. Nada serio —Mukai volvió a encogerse de hombros—. No suelo regalar cosas lindas a mis amigos, pero esa es mi opinión.

—No es así —suspiró Hirose, mientras volvía a pararse derecho—. Es un regalo de amistad.

—Eso ya lo dijiste.

—Lo recalco —el tono de Hirose marcaba una finalidad despreocupada mientras buscaba en su bolso algo de dinero—. Una pena que ustedes no puedan tener cosas lindas.

Takeuchi ya había empezado con sus quejas nuevamente mientras Hirose se alejaba a comprar con un leve saludo y el bolso en sus hombros. 

Esto era lo que a Hirose le aburría de sus amigos. Sus horizontes no podían ir más allá de lo básico, y pareciera que cosas tan simples como regalarse cosas entre amigos eran de otro planeta. Con una última exhalación, se acerca al estante dispuesto a agarrar sus papas solo para descubrir que se llevaron las últimas. Con un gemido de frustración, apoya su cabeza en el estante. 

—Eso me pasa por distraerme con tonterías —derrotado, emprende camino de vuelta al aula a seguir con lo que queda del día.


El timbre que anuncia el final del día suena junto al bullicio de los estudiantes guardando las cosas a toda velocidad. Nakamura nunca está realmente apurado, por lo que siempre es el último en salir. Por esto mismo es que fue sorpresivo para él ver a Hirose mirando su bolso fijamente y con algunas cosas aún sobre su escritorio.

A pesar de que llevan tiempo siendo amigos, Nakamura todavía tiene que darse una palmadita mental en la espalda para acercarse a hablar con Hirose. Es más una costumbre que algo que realmente necesita como en su primer año conociéndolo. Una vez a su lado, lo mira un rato antes de finalmente hablar.

—¿Hirose?

Nakamura cree que pudo escuchar el ruido del cuello de Hirose tronando por la rapidez con la que se giró a mirarlo. Abrió apenas los ojos sorprendido antes de recuperar la compostura.

—¿Todo bien?

—¿Ah? Sí, sí. Perdón, me distraje pensando en los trabajos pendientes —Hirose se rió mientras guardaba rápidamente las cosas y colgaba su bolso al hombro —¿Volvemos juntos?

Nakamura asiente un poco extrañado, pero Hirose vuelve rápidamente a su naturaleza normal, hablando de distintos temas del día. A Nakamura le gusta escucharlo, su emoción es contagiosa y lo hace sonreír levemente mientras lo observa. Su parte favorita es cuando una de sus respuestas lo hace reír, haciendo que el aleteo de su pecho se intensifique.

El cielo estaba despejado, con el sol demasiado brillante que sólo podía venir de un día de primavera. Nakamura observa como el viento mueve el pelo de Hirose, haciéndolo ver más suave, delicado y despeinado. Le daban ganas de pasar sus dedos para acomodarlo, pero se contuvo. Distraído por la vista, se sobresalta cuando Hirose comienza a hablar.

—Todavía me cuesta bastante Lengua —Hirose patea una piedra, suspirando con las manos en sus bolsillos. De repente tira la cabeza hacia atrás y gime de frustración—. Seguramente para ti sea una cosa de nenes…te juro que lo intento —su mirada se dirige hacia Nakamura con un leve puchero—. No es mi culpa que lo compliquen de más, cada año es peor.

Nakamura se sonroja levemente mientras mira a Hirose. Desviando la mirada a la calle desolada pero de colores brillantes frente a ellos, se muerde el labio nervioso.

«Debería…»

—Nakamura —el aliento de Hirose impactó de lleno en el rostro de Nakamura, dejándolo congelado y sorprendido —. Te va bien en esta materia, ¿me ayudarías?

Nakamura estuvo un minuto entero aproximadamente sin respirar. Pestañeó dos veces mientras trataba de pensar una respuesta coherente que no sea «los ojos de Hirose se ven un poco más dorados hoy».

—Eh —fue lo primero que escapó de su boca.

—¡Por favor! Necesito tener todo aprobado y al día si quiero seguir con el ingreso a la universidad —las manos de Hirose estaban juntas en una silenciosa súplica, su rostro un poco más cerca, el sol detrás de su cabeza dándole un aspecto soñado.

Como si en algún universo remoto existiera la posibilidad que Nakamura le dijera que no a algo.

Nakamura aclara su garganta, alejándose un pequeño paso para recomponerse —Sí. Digo, no tengo problema…

—¡Sí! ¡Gracias! —Hirose levanta un puño al aire mientras sonríe —Voy a intentar no ser una molestia, te lo prometo. 

—Es bueno que lo intentes —Nakamura rueda los ojos mientras sonríe levemente. Hirose lo empuja burlándose, pero su sonrisa es más grande.

—Bien, entonces nos vemos mañana en tu casa —saluda Hirose mientras corre por la siguiente calle y desaparece.

Nakamura se queda parado y saludando, el sonido de algunos insectos acompañándolo. Cuando lo perdió de vista, su mano bajó lentamente por su cara mientras suspira.

«Estoy absolutamente jodido».


Hirose termina de acomodar las cosas para la sesión de estudio de mañana bajo la luz de su lámpara de escritorio y cierra su bolso. Se queda mirando el pequeño cangrejo tambaleándose y sonríe. Rueda los ojos mientras apaga la luz y se acuesta en su cama con un suspiro.

—Las cosas que uno tiene que escuchar… —Hirose se acomoda, el cansancio del día volviendo su cama cada vez más cómoda.

«Mis amigos son idiotas» fue lo último que pensó antes de ceder al sueño que lo invadía.