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Silencioso deber

Summary:

Cada vez que Illuga va al Cementerio Nochefinal para dejar las provisiones mensuales de Flins, es normal que se le aparezca de sorpresa. Sin embargo, cuando Illuga llega como de costumbre, no encuentra a Flins por ninguna parte.

O, Flins logra persuadir a Illuga para tener una cita romántica poniéndose al día con sus informes.

Notes:

No he escrito nada nuevo desde… *revisa el calendario* octubre desde el año pasado. Me han pasado muchas cosas en el último tiempo, así también como que me ha costado sacar fanfics porque he tenido varios bloqueos de escritor.

Sin embargo, tenía muchas ganas de escribir algo del Faelight porque ha sido la ship que más me ha encantado de Genshin en el último tiempo con la salida de Nod Krai. Aún tengo ideas que me gustaría escribir con esta ship porque tiene potencial, pero de momento y con el corto tiempo que dispongo para poder escribir, es muy probable que me demore un montón, al igual con otros wips que tengo que avanzar.

En fin, no me extiendo mucho más porque al final (y por suerte), mi inactividad no ha sido más que nada por tener poco tiempo y los bloqueos, aún me salvo de la maldición de AO3. (??)

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

La parte favorita de Illuga al llegar el momento de repartir provisiones y visitar a otros de sus compañeros ratnik, es dejar como último destino el Cementerio Nochefinal donde Flins vive. A pesar del aspecto inhóspito y solitario del lugar, para Illuga es un sitio que infunde un profundo respeto y curiosidad, cargado de historias sobre antiguos Lampareros que sólo Flins parece conocer. Cada lápida repartida de forma desordenda en el lugar, con inscripciones de Lampareros que alguna vez vivieron en las tierras heladas de Nod-Krai, representan no solo almas caídas que lucharon contra la Cacería Salvaje, sino de valientes personas que dieron su vida para asegurar la sobrevivencia de las vidas de otros.

Hoy es el día en que Illuga debe ir al Cementerio para dejar las provisiones destinadas para Flins. Al llegar, el silencio sepulcral, el oleaje tranquilo y el olor salado del mar le dan una nueva bienvenida. El gran faro, ubicado en la zona más alta de la pequeña isla, ilumina con su luz con intensidad. La brisa helada marina de la tarde corre, haciendo que zumben sus oídos. Nubes grandes y grisáceas impiden ver el sol que está a punto de colocarse en el ocaso. Illuga camina por el Cementerio con pasos lentos por un angosto camino de tierra entrecortado por la hierba, observando y admirando el desolado y lúgubre paisaje.

Con la carga de provisiones en mano, el joven capitán de escuadrón espera ver a Flins de costumbre cerca del faro, ya sea admirando su colección de piedras preciosas o simplemente deambulando entre las tumbas. A medida que va subiendo la pequeña cuesta hacia el faro, Illuga no ve señales de Flins por ninguna parte. El joven se extraña porque él se había asegurado en avisar con tiempo que llegaría con las provisiones. La carta de Flins con su respuesta le llegó con tiempo, diciendo que lo estaría esperando en el sitio de siempre.

Al llegar con el cargamento a la zona en donde habitualmente Flins suele encontrarse en el Cementerio, se da cuenta que hay indicios que le dan a entender que ha estado por ahí, como el cofre de la colección de piedras sobre la mesa abierto. Pero de la presencia de Flins no hay rastro. Illuga le echa un vistazo general muy rápido a la isla y corrobora que el soldado ratnik no está. Se rasca la nuca con confusión y vuelve a mirar por todos lados para asegurarse: lo único que ve es la poca vegetación, las lápidas desplegadas por la zona y algunos escombros de lo que tal vez fue alguna edificación de piedra.

—¿Señor Flins? —llama Illuga, con voz alta. El eco de su voz resuena ligeramente. Espera un poco. No hay respuesta—. ¡Señor Flins, ya estoy aquí!

Illuga vuelve a esperar unos segundos ante una respuesta o una señal de vida, pero el resultado vuelve a ser negativo. Illuga decide caminar por los alrededores del Cementerio en búsqueda de Flins, husmeando entre las lápidas: a Illuga siempre le ha llamado la atención los nombres que allí residen y más de alguna vez le ha preguntado a Flins quiénes eran, pero éste siempre ha encontrado la forma de evitar responder a sus preguntas, aumentando y alimentando su curiosidad. Continúa su búsqueda yendo hasta los límites de la isla y se da cuenta que, aparentemente, es el único ser humano que se encuentra ahí. Illuga no logra encontrar a Flins, pero su búsqueda no se detiene todavía; aún tiene que ver al interior del viejo faro, sitio que ha dejado como última posibilidad de encontrarlo.

Recuerda vagamente la vez que Flins le dijo que tenía una especie de escondite en el faro, una suerte de habitación en el interior de la vieja torre, pero que su acceso no era visible a simple vista. Así que el joven se acerca a la torre con pasos acelerados y comienza a buscar con mayor detenimiento. No tarda demasiado cuando encuentra una especie de puerta camuflada con el color del metal, no obstante, la puerta se abre desde su interior y de ella emerge una sombra alta. Illuga, sorprendido, reacciona de forma automática, dando unos cuantos pasos hacia atrás.

—¡Señor Flins! —Illuga da un sonoro suspiro de alivio y ensancha una sonrisa—. Pensé que no estaba por aquí. Espero que esté bien. Ya he traído las provisiones de este mes.

Flins, visiblemente sorprendido ante la presencia de Illuga, parpadea varias veces y realiza un gesto rápido de disculpa y se inclina con cortesía.

—Joven Amo Illuga, mis sinceras disculpas por no escuchar su llegada ni su llamado —explica él—. Me encontraba demasiado ocupado terminando los informes atrasados que no escuché nada en absoluto. De hecho, justo ahora decidí tomar algo de aire fresco antes de seguir con la labor.

—Está bien —Illuga niega con la cabeza, riendo secamente—. Tampoco es que sea mi primera vez a… espere, ¿qué es lo que dijo?

—Le acabo de decir que estaba escribiendo mis informes para estar al día.

Algo no cuadra para Illuga, al menos, esa es su primera sensación. Sabe bastante bien lo tardío que llegan los informes de Flins hacia Piramida porque no es una labor que le entusiasme demasiado, el mismo ratnik se lo ha confesado en más de una ocasión. Por supuesto, el viejo Nikita nunca le ha presionado que entregue sus informes a tiempo porque Flins es uno de los hombres que por más tiempo ha estado entre las filas de los Lampareros e Illuga sabe que entre ellos dos hay una relación bastante cercana y cordial. Además, al ser el único soldado ratnik que no trabaja en un escuadrón como los demás, todos los protocolos a seguir de patrullaje nocturno para los informes recaen en su total responsabilidad.

Sumado a ello, Flins tiende demasiado a evitar estas labores si no le presionan lo suficiente. Incluso Illuga en más de una ocasión y en sus visitas mensuales, ha ofrecido su ayuda a Flins, pero él siempre le termina rechazando la oferta para colmarlo de historias interesantes, rondas largas de juegos de cartas o pescar a la orilla del Cementerio.

Sin poder evitarlo, Illuga mira a Flins con cierto escepticismo y recelo, cruzándose de brazos. Flins percibe el cambio de humor del joven capitán, pero no se inmuta y permanece tranquilo. Incluso se le dibuja una pequeña sonrisa cortés.

—Oh vaya, ¿por qué me observa de esa forma?

—Es muy raro que, de pronto, se le ocurra ponerse al día con sus informes, Señor Flins —habla Illuga, con cierto tono estricto, enmarcando la voz en ciertas palabras—. También es coincidencia que sea en el día que yo le entrego sus provisiones del mes.

De pronto el ambiente se vuelve un poco tenso e incómodo. Illuga mantiene su mirada escéptica ante un tranquilo Flins que no parece verse intimidado ante los cuestionamientos del joven capitán. Para aligerar el ambiente, Flins ríe suavemente mientras niega con la cabeza.

—Joven Amo Illuga, ¿acaso duda de mis capacidades de los informes que escribo con tanto esmero?

—No. Estoy cuestionando el repentino interés que ha tomado el día de hoy de ponerse al día con todo lo que debe entregar al viejo.

—Sin dudas, soy quien está más atrasado con la entrega de mis informes —confirma Flins sin darle demasiada importancia a ello, colocándose un par de dedos en el mentón—. Sin embargo, insisto en que es mera coincidencia que hoy quisiera escribir los informes y usted haya venido de visita con mis provisiones.

—¿De verdad no se trae nada entre manos, Señor Flins? —insiste Illuga, entrecerrando los ojos.

—Oh, mi queridísimo Joven Amo Illuga —Flins acorta la breve distancia entre los dos, una de sus manos se posa contra su pecho con solemnidad—. Si esa fuera mi intención, usted ya lo hubiera descubierto. Después de todo, usted es un joven muy bien dotado de virtudes; inteligente, analítico y perspicaz. Estoy siendo sincero con usted, esto es una rara y simple coincidencia.

—Flins —dice Illuga, con cierto rubor pintando su rostro—. Su elocuencia no doblega mis dudas.

Flins una vez más ríe con suavidad.

—Vaya, a usted es imposible convencerlo —admite Flins, con una pequeña sonrisa burlona. Entonces, decide cambiar el rumbo de la conversación. Ofrece su mano enguantada y se inclina un poco ante Illuga—. Ya que estoy aquí y me apetece tomar algo de aire fresco antes de continuar con los informes, ¿sería tan amable de acompañarme mientras disfrutamos de una buena y grata charla para ponernos al día?

Illuga trata de resistirse ante el ofrecimiento de Flins. Todavía no confía del todo en que todo sea una simple coincidencia y que, detrás de todo esto, Flins se trae algo entre manos. No sería la primera vez que se sale con la suya, pues sabe muy bien que utiliza las palabras, su elocuencia y su manera tan cortés de hablar para conseguir algún beneficio. Además, en el pasado ya Illuga ha caído en más de una ocasión, así que tiene motivos más que suficientes para dudar ante el hombre.

Sin embargo, el tiempo que han pasado lejos del otro y que, este día lo ha destinado únicamente para visitarlo y hacerle compañía lo hace flaquear. Illuga se preocupa por él como por todos sus compañeros ratnik, pero Flins siempre ha sido el caso especial a la regla. No tiene compañeros con quienes trabajar en los patrullajes y varios soldados le tienen cierto temor a su apariencia misteriosa y sombría, es un hombre que vive la mayor parte del tiempo insolado viviendo en un viejo faro junto a un montón de lápidas y, a pesar de su falencia a la hora de entregar informes, es un soldado muy valioso, muy hábil en el combate y que siempre está a disposición para los patrullajes entre la Isla Lempo y la Isla Paha; su lealtad y compromiso hacia los Lampareros siempre se ha visto palpado en sus acciones.

Y en el fondo, Illuga lo ha extrañado demasiado. Tanto que incluso se ha colado en sus sueños y ha esperado este encuentro por varios días.

Finalmente, Illuga suspira de forma exasperada y accede a la oferta de Flins. Toma su mano y de inmediato entrelaza sus dedos.

—Está bien, acepto —dice el joven capitán—. Pero después estaré vigilando que esté completando sus informes.

—Por supuesto —asiente Flins, cordial—, nada me complace ahora más que su compañía, Joven Amo Illuga.

Illuga se resiste a la urgencia de rodar los ojos ante el comentario tan elocuente de Flins y lo reprime apretando suavemente su mano.

***

Pronto, los dos comienzan a pasear por el lugar, a paso lento y pausado. Flins capta toda la atención de Illuga con sus relatos, anécdotas banales y cotidianas durante este tiempo: omite deliberadamente algunos detalles como de costumbre, pero que no altera demasiado la narrativa de sus relatos. También lo pone al día con la actividad de la Cacería Salvaje en la zona. Por fortuna, en sus patrullajes no ha tenido mayores inconvenientes en eliminar a los monstruos, pero Flins destaca el hecho de que, en el último tiempo, la actividad de estos seres ha ido a la baja. Pese a ello, Flins le asegura a Illuga que no ha bajado la guardia en sus patrullajes nocturnos.

Cuando es turno de Illuga hablar, Flins adquiere una semblante relajada y reflexiva, con un par de dedos posados sobre su barbilla y una sonrisa pequeña y cordial en el rostro. El joven capitán de los Orioles de la Pesadilla se extiende en su charla: no solo habla del estado de otros soldados ratnik que Flins conoce, también lo pone al día con la gente en Piramida, de sus expediciones en el Barranco Kipumaki y el estado del sitio una vez que pudieron ser capaces de erradicar a aquel ojo gigante que mantenía la zona contaminada por el Abismo, provocando proliferaciones más activas y violentas de la Cacería Salvaje.

—Gracias a la ayuda del Viajero —continúa relatando Illuga, con expresión suave y una sonrisa en el rostro—, el Barranco está mucho más estable que antes. Tardará mucho tiempo en que pueda volver a su estado normal, al parecer la corrosión del Abismo es bastante más severa de lo que teníamos pensado.

—Por lo que he escuchado —interviene Flins de repente—, ha estado muy ocupado, Joven Amo. Me imagino que no ha trabajado de más en sus funciones y ha estado descansando apropiadamente.

—Ah, no hay de qué preocuparse, Señor Flins —la voz de Illuga flaquea, pero pronto aclara la garganta—. No he estado trabajando extra, después de todo, la situación en el Barranco ya está un poco más estable que en meses anteriores. Mi carga de trabajo ya no es tan pesada.

Illuga siente como Flins lo observa con detenimiento, analizando su reacción. Es bien sabido que Illuga suele trabajar en exceso y tanto Flins como él mismo son conscientes de ello. Ya sea encargándose de encargos extras, quedarse hasta muy tarde completando los informes para tenerlos al día, siendo repartidor de las provisiones para aquellos ratnik que están más lejos u ocupado en preparar la comida favorita de sus hombres, al joven capitán le cuesta muchísimo tomar sus descansos y no tener las manos ocupadas. En más de alguna ocasión su padre ha tenido que intervenir para que pueda descansar apropiadamente. Incluso hasta su propio escuadrón ha adoptado la preocupación de que su capitán procure descansar bien y no se exija demasiado.

Transcurren algunos segundos en los que Illuga se siente observado por Flins, el ratnik suaviza el semblante y le sonríe cortésmente.

—Si así lo dice —dice él. Su mirada se alza hacia el cielo—. Creo que ya es momento de regresar a escribir los informes.

Illuga percibe el desánimo en la voz de Flins cuando menciona el tener que regresar después del descanso para terminar los informes que aún le quedan por hacer. Él le aprieta suavemente la mano para hacerlo sentir reconfortado y le sonríe.

—No se desanime, Señor Flins. Esta noche pienso quedarme y le haré compañía para que termine sus informes —lo trata de alentar Illuga.

Ambos regresan al viejo faro con la misma calma del inicio. En el corto trayecto, Illuga le habla a Flins sobre las provisiones que ha traído esta vez, proponiendo la idea de preparar la cena para los dos. Flins, aprovechando la instancia para evitar los informes, hace el intento de persuadir al joven capitán, argumentando que él también está disponible para ello y se ofrece incluso para ayudarlo en la comida, pero Illuga no se deja doblegar fácilmente: le insiste al ratnik que debe enfocarse en terminar sus informes atrasados y que la comida que quiere preparar para la ocasión no le llevará demasiado tiempo. Al final, la animada discusión termina con una tajante decisión: Illuga va a preparar la cena, mientras Flins se dedica a ponerse al día con sus informes pendientes.

La noche pronto empieza a instalarse en el Cementerio Nochefinal. El sitio adopta un aire más lúgubre. Las velas depositadas en las diferentes tumbas y el gran viejo faro que resplandece son la única fuente de luz del lugar mientras oscurece. Illuga se pone manos a la obra para preparar la cena. Por otro lado, Flins se instala bajo el pequeño techo exterior del viejo faro, trayendo consigo todo el papel necesario de los informes, su pluma y un par de lámparas para poder tener la luz suficiente. La calma y el silencio sepulcral reina en el sitio.

Illuga observa la gran edificación de los Fatui que se logra ver desde la zona del horno al aire libre, aunque de manera muy difusa a causa de la lejanía y de la oscuridad y de la niebla que comienza a aparecer. Le recuerda vagamente a su querida Piramida, solo que el gran cuartel de los Fatui es mucho más grande e imponente y no está situado en la altura sobre una montaña. Luego, la mirada de Illuga se traslada en dirección hacia un concentrado Flins en sus informes. No puede evitar una sonrisa de satisfacción en la forma en que el hombre está absorto en su labor. Aunque puede notar cierto aire de disgusto mientras escribe y se detiene a pensar en lo que va a anotar a continuación.

De pronto, la idea de sorprenderlo con un pequeño beso para animarlo a continuar se instala en su mente. Illuga siempre ha sido alguien que anima a los demás con las palabras y acciones que con gestos en específico. Sin embargo, en más de una ocasión ha leído en libros que ha podido conseguir que las parejas pueden animarse con un beso, por lo que la idea le queda flotando en la mente y va ocupando cada vez más espacio mientras más lo piensa. Aunque ambos son adultos que mantienen al margen su relación amorosa por temas de su trabajo y, porque siguen siendo compañeros, son en estas instancias, en donde hay más chances de ser algo más cercano y actuar como una pareja, aunque Illuga es demasiado inexperto en ello.

Mientras pone los alimentos previamente picados a cocer en una olla sobre el horno, el joven capitán se debate la idea o simplemente dejarlo como una pequeña fantasía suya del momento. Pero ver una vez más la semblante tensa de Flins le juega en contra y piensa en el efecto positivo que podría tener animarlo, por lo que Illuga deja la comida cocinándose a fuego lento mientras se acerca al ratnik. Con pasos discretos, el joven se coloca cerca de Flins, sin poder disimular el repentino entusiasmo que tiene; hasta el brillo de sus ojos lo delatan.

Flins detiene su escritura cuando nota la presencia de Illuga que se ha acercado. Él deja la pluma a un lado y alza la mirada para encontrarse con un joven capitán de radiante semblante que lo observa. Es en ese momento en que Illuga se aproxima al rostro de Flins y le deposita un beso muy breve en la comisura de los labios.

—Va muy bien, Señor Flins —lo anima Illuga, con una sonrisa amplia—. Si continúa con ese ritmo de trabajo, podrá estar al día con sus informes.

De forma inesperada, Flins lo atrapa y lo atrae hacia él. Illuga reprime un pequeño grito de sorpresa cuando los brazos de su amado abrazan su cintura. Su rostro comienza a arder. Empieza a ejercer fuerza para deshacerse del abrazo, pero Flins se resiste; en su cara hay una sonrisa triunfal dibujada. Illuga no puede evitar sentirse un poco molesto: otra vez ha caído en los engaños de Flins.

—Señor Flins —dice Illuga, con voz nerviosa pero molesta. Intenta mantener la compostura, pero le es difícil—, creo que debería regresar a su trabajo.

—Me viene bien otro pequeño descanso —argumenta Flins con simpleza, sin dejar de sonreír con cortesía.

—Apenas has avanzado en ese nuevo informe y aún tiene mucho que avanzar —protesta Illuga, dejando de forcejear. Suelta un profundo suspiro.

—Lo sé, pero ahora de pronto ha venido el sol y sus cálidos rayos para brindarme algo de ánimos en esta agotadora tarea.

Illuga arquea las cejas, un poco confundido. Luego, una risa suave le sigue, mientras niega con la cabeza.

—Señor Flins, el sol ya se ha puesto hace un largo rato, es imposible que… —las palabras se le quedan atoradas en la garganta cuando se da cuenta de lo que realmente le ha dicho Flins.

El rostro de Illuga queda completamente pintado de rojo por el rubor y rápidamente aparta la mirada, no sin antes cubrir el rostro de Flins con sus manos enguantadas.

—¿Oh? Me parece que ahora los rayos del sol están siendo cada vez más cálidos —comenta Flins, mientras toca una de las mejillas de Illuga pese a que apenas puede verlo.

—Señor Flins… ya no diga ninguna palabra más —murmura Illuga, suspirando con exasperación. Hace una breve pausa y se aclara la garganta; también quita sus manos del rostro de Flins—. ¿Puede hacer el favor de continuar sus informes? Tengo que ver cómo va la cocción de la comida.

—Eso puede esperar un momento más, Joven Amo.

—¿Qué? —Illuga enarca las cejas.

De pronto Flins deja de abrazarlo, dejándolo con una rara sensación de vacío momentáneo, pero sus manos enguantadas pronto acunan suavemente su rostro. Él se aproxima y sus labios se presionan contra los suyos. Illuga siente escalofríos que descienden por su espalda y la piel se le eriza al primer contacto. Frío. Los labios de Flins están fríos. Illuga no puede descifrar si el frío es a causa del ambiente o porque la temperatura corporal de él siempre ha sido así. Sin embargo, el beso ayuda a que los labios de Flins se entibien un poco. El joven capitán deja escapar un tímido suspiro en medio del beso, mientras sus brazos se deslizan perezosamente por los hombros de su amado.

A pesar de que apenas tiene experiencia en los besos, a Illuga le gusta la manera en que Flins le permite acostumbrarse y adecuarse a él, lo que le causa un efecto más embriagante. El lánguido beso se prolonga, Illuga se siente en medio de una nube, flotando sin preocupación alguna más que en sentir a flor de piel el movimiento de los labios en un lento compás, explorando con plena libertad y sin prisas.

El borboteo del agua hirviendo, hace que Illuga regrese a la realidad, así que rompe el beso casi de manera abrupta. Flins, por su parte, parece bastante complacido por el breve momento íntimo que han compartido. Illuga se aclara la garganta con el rostro completamente ruborizado y el corazón martillando con fuerza en su pecho. Él se distancia un poco de Flins con lentitud.

—Creo que esto es lo suficientemente alentador para continuar con mi trabajo —le bromea Flins, con una sonrisa cortés.

—Sí, continúe con su trabajo. —habla Illuga, con nerviosismo. Todavía le cuesta adaptarse a esos besos que Flins le da y tiene la mente hecho un desastre ahora—. Tengo que ir a ver la cena.

***

Tras algunos minutos más de cocción de la comida, la cena ya está lista. Flins nuevamente pausa su trabajo, apartando los papeles y la pluma hacia otro sitio para dar espacio a los dos platos de comida. Illuga trae la cena para los dos y se instala a su lado. La oscuridad ya es plena a su alrededor salvo por la luz del faro y las velas junto a las tumbas. La suave brisa continúa corriendo, esta vez enfriando aún más el ambiente. No muy lejos, se puede escuchar el suave oleaje del mar que los rodea, impidiendo que el silencio ensordecedor del ambiente reine por completo. En lo más alto, la luna brilla con intensidad pese a que grandes nubes oculten su presencia. Illuga se devora su porción de comida en completo silencio y con cierta prisa, sin embargo, Flins apenas ha tocado la comida como de costumbre. El joven capitán lo mira de reojo cuando acaba su porción.

—Apenas ha probado la sopa —señala él con cierta preocupación, no sin antes relamerse los labios—. ¿No sabe bien?, ¿le hace falta algo de sabor?

—No es eso, Joven Amo —contesta Flins, negando con la cabeza—. Apenas tengo apetito ahora.

Illuga frunce el ceño y deja el plato a un lado. Suelta un suspiro.

—Es lo que usted dice siempre —el joven se cruza de brazos, un poco molesto.

—Le aseguro que hago todo lo posible para poder alimentarme bien. De lo contrario, no usaría por completo las provisiones que trae —Flins de pronto toma la cuchara y la llena de sopa. Hace el gesto de que se lo lleva a la boca, Illuga lo ha notado, pero finge que no lo ha visto—. Además, no me cabe duda de que prepara deliciosa comida. En efecto, esta sopa sabe muy bien.

—Está bien, basta de halagos —le interrumpe Illuga mirando hacia otra dirección, sintiendo que sus mejillas vuelven a sonrojarse de golpe.

Rápidamente pasan a otro tema de conversación, uno más trivial y ameno. Los minutos pasan de manera tranquila y calmada charlando y desocupando la mesa para que Flins regrese a escribir sus informes atrasados. El cansancio pronto se hace visible en el rostro de Illuga: el día se le ha hecho agotador entre la carga de trabajo que ha tenido en la semana y la ida hacia el Cementerio, tanto que se le escapa un bostezo que logra disimular cuando Flins reanuda la escritura.

Intentando una vez más persuadirse de los informes, Flins le ofrece la humilde cama que tiene dentro del faro para dormir. Illuga se niega en rotundo; prefiere mantenerse despierto por un rato más para vigilar a Flins y asegurarse que ha terminado todo lo que tiene atrasado. Además, la costumbre de los patrullajes nocturnos le impide ceder tan fácil ante las ganas de ir a dormir.

Illuga se mantiene al lado de Flins, observando la manera en que escribe. De vez en cuando, sube la mirada para ver el semblante desganado del ratnik, sin poder evitar reírse un poco en silencio. Tras unos largos minutos de observación, Illuga se acomoda sobre la mesa, con los brazos doblados a modo de almohada y su cabeza por encima. Intenta reprimir un nuevo bostezo, pero la acción es captada rápidamente por Flins: no quita la mirada a su informe a medio escribir, pero detiene por un momento el movimiento de la pluma.

—Joven Amo Illuga —le llama, con voz suave—, creo que debería ir a dormir, ya ha hecho suficiente por mí el día de hoy.

—No digas tonterías, Señor Flins —responde Illuga—. Me quedaré aquí hasta que termine todo lo que le falta. Además, me aseguraré de entregarle los informes al viejo personalmente para que vea que se ha puesto al día.

Flins alza una ceja, en señal de curiosidad. Suu mirada por fin se dirige a un exhausto Illuga.

—Es mi deber como ratnik enviar mis informes, aunque estos estén atrasados —replica Flins.

—Lo sé —Illuga ladea una sonrisa—, pero, no tengo problemas en hacerle el favor de entregar todo al starnishá.

—Un favor —repite el ratnik, interesado. Su mano se posa sobre su mentón, pensativo—, pero, ¿a cambio de qué?

Illuga tararea en silencio y tarda unos segundos en responder.

—No lo sé —el joven capitán se encoge de hombros—. ¿Qué tipo de favor quiere si está escribiendo informes atrasados?

—Que podría acompañarme a Villa Nasha para dar un paseo los dos, juntos.

—¿Como si fuera una especie cita? —Illuga suelta de pronto sin pensarlo demasiado. Cuando se da cuenta de lo que ha dicho no puede evitar avergonzarse y sonrojarse un poco.

Flins observa su reacción y en su rostro se forma una sonrisa amable.

—Oh —dice Flins—, no lo había pensado de esa forma, Joven Amo. Pero sí, sería como una especie de cita.

Illuga se incorpora rápidamente en su asiento ante la sorpresa y los nervios. Desde que están en una relación no han podido concretar algo juntos como una cita. Apenas pueden verse cuando en las visitas mensuales al Cementerio. Illuga siempre trata de aprovechar la estadía lo más que puede, aunque la mayoría de veces se termina yendo demasiado pronto para su gusto. La idea una salida lo entusiasma internamente, pero su trabajo y los encargos son una prioridad para él como Lamparero y capitán de su propio escuadrón; además, ahora se estaba sumando el deber de entregar los informes atrasados que Flins ha estado escribiendo. Al verse indeciso, Illuga se rasca un poco la cabeza. Su mente pronto se llena de fantasías, de posibles escenarios que él y Flins podrían estar en una cita; su entusiasmo se logra notar en el brillo intenso que han adquirido ojos.

—Veo que la proposición no le desagrada —comenta Flins, con un sutil tono burlesco en la voz.

—No he accedido todavía —dice Illuga, carraspeando—, pero, ¿por qué mañana? Tengo previsto irme temprano hacia Piramida. Aún hay muchas cosas que hacer y debo volver pronto al trabajo.

Flins suspira. Es de esas pocas veces que Illuga lo ve hacer esa acción.

—Joven Amo, no es malo disfrutar de nuestros tiempos libres —él suena como si estuviera reprendiendo, camuflada con una voz suave y aterciopelada—. Nuestro trabajo como Lampareros nos exige sacrificio y arduo esfuerzo. No obstante, también debemos descansar y estar repuestos para mantener Nod Krai a salvo y segura.

—Ya lo sé —contesta Illuga, abatido y bajando un poco la mirada. Un bostezo se le escapa.

—Retrasar su regreso a Piramida no le hará ningún mal. Además, siempre puede delegar su trabajo a otros ratnik o incluso a sus hombres de su escuadrón.

—A veces suenas como mi padre dándome sermones sobre el descanso y relegar mis funciones cuando tengo demasiada carga —bromea Illuga, con amargura. Flins se ríe un poco ante el comentario.

—Solo quiero convencerlo de que me acompañe a Villa Nasha a pasear y disfrutar de la mañana juntos.

—¿Es tan necesaria mi compañía?, ¿o es una simple excusa para tener una cita?

—Tal vez usted pueda deducir mi respuesta, Joven Amo.

Illuga se ríe secamente y niega con la cabeza. Otra vez Flins tiene la osadía de darle una respuesta a medias. No obstante, ha pasado el suficiente tiempo con él como para darse cuenta de sus intenciones. Aunque a veces el sentido del deber y su compromiso con su trabajo y su equipo suele anteponerse en gran parte del tiempo –por no decir que siempre–, Illuga reconoce que, tal vez, necesita disfrutar más del tiempo libre que le dan, como Flins ha dicho.

Además, si acepta, esa sería la primera cita que él y Flins van a tener.

—Si acepto tener la cita —habla Illuga, lentamente, cuidando las palabras que dice—, deberá tener sus informes atrasados listos antes del amanecer.

—¿Es acaso una condición que me está imponiendo? —pregunta Flins, intrigado.

—No —Illuga esboza una sonrisa de lado—, solo me aseguro de que termine sus informes para tener una cita mañana, Flins.

Flins se le queda observando por unos segundos. Luego su mirada se dirige a los informes sin acabar.

—De acuerdo —responde Flins, al cabo de unos segundos en silencio—. Por ti, Joven Amo Illuga, terminaré los informes para nuestra cita.

Illuga sonríe complacido, aunque su rostro se ha ruborizado un poco por la idea de la cita de mañana. Ve a Flins tomar su pluma otra vez, esta vez sumergiendo la punta de éste sobre la tinta para reanudar la escritura. Illuga vuelve a la posición en la que estaba antes, sin despegar su vista a un concrentrado Flins que escribe con afán. El silencio en el lugar se instala salvo por el suave rasgueo de la pluma contra el papel.

Los bostezos van en aumento, pero Illuga sigue resistiéndose a la idea de ir a dormir. Los minutos pasan con lentitud. Flins consigue terminar un informe y comienza con uno nuevo. Los párpados comienzan a sentirse cada vez más pesados para Illuga.

—Joven Amo Illuga —lo llama Flins de pronto. Illuga se sobresalta un poco—. Creo que debería ir a dormir.

—Aún puedo quedarme despierto, no tengo demasiado sueño —insiste Illuga, un tanto molesto.

Flins acerca una de sus manos enguantadas hacia su rostro, en donde limpia con sutileza restos de lágrimas del último bostezo de Illuga. La acción lo toma por sorpresa.

—Si iremos a Villa Nasha, debería ir a descansar. Partiremos temprano por la mañana después de un buen desayuno.

—Soy capaz de quedarme un rato más despierto —dice Illuga con terquedad, su mirada se desvía un poco por un momento—, además, nada me asegura que usted no volverá a persuadir sus obligaciones.

—Oh vaya, ¿acaso usted duda de mis capacidades?

—No, dudo de que cumpla su palabra porque conozco su manera de actuar frente a la tarea de escribir los informes.

Flins se ríe suavemente.

—Joven Amo Illuga, insisto en que debe ir a dormir.

—Y yo insisto en quedarme un rato más asegurándome que continúa realizando sus informes retrasados.

—Dudo que lo consiga si luce tan cansado y está bostezando con más frecuencia —argumenta Flins, con calma y sin dejar de escribir.

El malestar de Illuga incrementa, sintiendo que Flins lo trata como a un niño.

—Oh, Flins —se queja el joven capitán, suspirando de manera exagerada—. ¿Es tan malo que quiera estar contigo para acompañarte?

Flins tararea en voz baja y no puede evitar soltar una risa suave.

—Joven Amo, no le hace quedar bien ocultar sus verdaderas intenciones.

—Pienso quedarme aquí para acompañarte hasta que vea que te faltan pocos informes por realizar —habla Illuga, con voz firme—. Luego, iré a dormir.

Flins parece querer decirle algo o es lo que cree ver Illuga porque no le contesta de inmediato. Más bien parece estar meditando su respuesta. O simplemente está demasiado concentrado en elegir las palabras para el informe.

—Está bien —responde Flins al cabo de unos segundos de silencio.

La conversación termina ahí. Illuga se acomoda en la posición en la que se encuentra, observando a Flins. El ambiente oscuro, protegido gracias a la escasa iluminación, el silencio del ambiente salvo por el rasgueo de la pluma contra el papel y la cercanía que tiene con Flins, comienzan a hacer que sus párpados pesen aún más. Se acomoda entre sus brazos, buscando la posición correcta para mayor comodidad; el silencio y la oscuridad esta vez le parecen arrulladores en vez de un peligro ante los monstruos que puedan acechar. Gradualmente, Illuga va perdiendo la lucha contra el sueño. Su cuerpo comienza a relajarse, sus ojos se cierran por completo y su respiración se vuelve más lenta y pausada.

En medio de un profundo sueño en donde todo le parece tranquilo y calmado, Illuga cree sentir la forma delicada y suave en que alguien lo toma en brazos, procurando no perturbar su sueño y lo traslada hacia una habitación oscura para dormir. Lo último que llega a poder sentir, es la forma en que alguien le desprende su abrigo para arroparlo y mantener el calor.

***

Cuando Illuga vuelve en sí y comienza a despertarse, se da cuenta que no está sentado en una banca, sino que en una cama vieja y suave, pero algo polvorienta. Todo lo envuelve en una oscuridad casi absoluta, salvo que logra distinguir unas pequeñas llamas ardientes de color azul cerca y pequeños agujeros en las paredes metálicas que filtran los primeros rayos de sol de la mañana. En un principio, a Illuga le cuesta desprenderse del sueño y activar sus sentidos a causa de un agradable calor que lo envuelve. Cuando se da cuenta que no tiene su abrigo puesto y siente los brazos desnudos, Illuga por fin logra reaccionar.

No se sobresalta del todo porque siente un fuente de calor en la espalda y unos brazos ajenos le rodean la cintura. Ajusta su visión a la oscuridad: se da cuenta que su abrigo está sobre él cubriendo su parte de su cuerpo. Luego, distingue otro abrigo más, uno oscuro y más grande que el suyo: el de Flins.

Illuga trata de recordar lo que pasó la noche anterior: al final, el sueño lo venció y se quedó dormido sobre la mesa mientras Flins trabajaba a su lado. Las mejillas se le ruborizan pensando que fue él quien lo trajo a dormir a un lugar más cómodo. No duda de que quien está a su lado en la cama es Flins, así que Illuga se remueve lentamente hasta quedar frente a él.

Por la poca iluminación que hay en la habitación, apenas puede ver algunos detalles de su rostro; a juzgar por su respiración lenta, parece dormir plácidamente. La llama azul que está cerca de una especie de mesita de noche, parece estar coordinada con la respiración lenta de Flins, lo que llama la atención de Illuga. Nunca ha entendido por qué aquella lámpara que siempre transporta Flins en su cinturón posee llamas azules. Y por más que pregunte por eso, sabe que Flins tiene el arte de eludir preguntas sobre sí mismo, por lo que es inútil insistir. De todas formas, Illuga se siente un poco extraño, pero curiosamente atraído por la cercanía que comparte con su amado.

Pese a que apenas logra ver el rostro durmiente de Flins, distingue a duras penas aquellas bolsas bajo los ojos, el contorno de la nariz y de la quijada. Illuga acerca una de sus manos a tientas para tocarlo. Primero palpa el pelo largo y lacio de Flins que cae como cascada a un lado del rostro, así que Illuga se entretiene ordenando el cabello. Después logra tocar la mejilla, algo fría pero suave. La mano de Illuga baja de a poco hasta dar cerca de la barbilla de Flins; en ese momento él suspira y el aire cálido choca contra su mano, provocando que Illuga se estremezca. Finalmente, su mano se dirige a tocar sutilmente los fríos labios de Flins.

La imagen que contempla de él durmiendo es tan hermosa, que de pronto despierta en Illuga unas ansias de besarlo, de sorprenderlo con un dulce beso en los labios para despertarlo y susurrarle un tierno “buenos días”. Decidido, él traga saliva y con la respiración contenida, se aproxima a Flins para besarlo. Se acerca lento y con cautela para evitar que el ratnik se despierte. Sin embargo, cuando está a punto de besarlo, los brazos de Flins abrazan su cintura con más fuerza, atrayéndolo casi al instante: su rostro queda oculto en el hombro de Flins. El corazón le da un vuelco y su pulso se acelera.

—¿Ya se ha despertado, Joven Amo? —le pregunta cortésmente una voz ronca, pero suave. Illuga se congela por unos segundos, luego se sobresalta.

—¿¡Flins!? —balbucea el joven capitán, nervioso. La cara le arde en calor por el sonrojo espontáneo.

Su acelerado pulso retumba en sus oídos. Illuga no sabe qué decir ni qué hacer ahora que Flins lo ha tomado desprevenido. Una mano de éste comienza a despejarle uno de sus oídos: la acción le produce cosquillas y su cuerpo se tensa. Sus labios se acercan lo suficiente y aumenta la sensación de cosquilleo que recorre por todo su cuerpo. Illuga intenta mantener la compostura ante lo que sea que Flins está haciendo.

—¿Desde hace cuánto estás despierto? —se apresura en preguntar el joven capitán, en un hilo de voz.

—No hace mucho —responde Flins, sin darle demasiada importancia—. Si le interesa saber, ya pude terminar todos los informes atrasados.

Ah, esos informes atrasados. Por poco Illuga se había olvidado por completo el motivo del porqué se había quedado dormido sobre la mesa en primer lugar. También recuerda que, si Flins cumplía con terminar ello, partirían a Villa Nasha a pasear juntos, en una cita. Aún debe verificar si realmente está al día para así valer la condición que le había impuesto, pero eso puede esperar. La forma en que Flins lo estrecha entre sus brazos le impide pensar con claridad y el calor le comienza a afectar, mareándolo un poco.

—Ah… —logra apenas decir Illuga, con la voz temblorosa. Traga en seco y su nariz se impregna del aroma de Flins. Sigue demasiado avergonzado y no le ayuda demasiado la cercanía de ese abrazo tan estrecho—. Lo felicito por cumplir su deber. Cumpliré el favor de enviar sus informes a Piramida.

—No olvides que hoy iremos a nuestra cita —le recuerda Flins. Es tan raro viniendo de él que use un lenguaje más cercano cuando están solos.

—Ah, sí, cierto. No he olvidado eso y tengo que ver sus informes para corroborar. Uhm…

Quiere decir algo más, pero las palabras se le quedan atoradas en su garganta cuando siente la mano fría y desnuda de Flins estirando el suéter que cubre su cuello junto con la gran cicatriz que alguna vez recibió en combate. El tacto de los labios fríos de Flins depositando besos castos que descienden sobre su cuello, obligan a Illuga cerrar sus ojos con fuerza y reprimir un patético gemido que casi se le escapa de los labios. Se estremece por completo cuando los besos llegan a la zona sensible de su gran cicatriz.

—Flins… —suspira Illuga. Hace un esfuerzo por recordar algo que tiene en la punta de la lengua, pero es complicado cuando, de pronto, siente que Flins está encima de él. Como si fuera un reflejo, sus brazos rodean su cuello.

Flins lo toma de la barbilla, obligando a Illuga abrir los ojos. A pesar de la ausencia de pupilas, tan características en un ser humano, Illuga cree ver en los ojos de Flins un gran brillo particular de entusiasmo. Él vuelve a tragar en seco, con el rostro encendido por completo. Las llamas azules de la lámpara de Flins parecen otorgar un poco más de luz, permitiendo que Illuga pueda ver mejor el rostro de Flins. El corazón le martillea con fuerza contra su pecho y tiene la boca ligeramente abierta, sin poder todavía articular alguna palabra.

—No… ¿no deberíamos levantarnos para ir a Villa Nasha? —balbucea Illuga por fin, en voz baja.

Flins sonríe y acerca su rostro hacia el de Illuga sin dejar de tomar su barbilla. El pulgar se traslada a la comisura de sus labios. Más abajo, su otra mano se acerca peligrosamente a la zona del suéter del joven capitán.

—Eso puede esperar un poco más, Illuga —dice él. Un gran escalofrío recorre por todo su cuerpo al escuchar la forma en que Flins pronuncia su nombre sin formalidades—, apenas ha amanecido.

Illuga quiere decir algo; protestar e insistir que están perdiendo el tiempo para ir a Villa Nasha. Sin embargo, no logra articular alguna palabra porque Flins captura sus labios en su dulce beso que lo toma por sorpresa. Él cierra los ojos y se deja llevar por el ritmo lento y acompasado que Flins ha establecido. En principio el beso solo se limita al movimiento de labios, pero no pasa demasiado cuando Illuga siente que Flins desea profundizar el beso. Libera un jadeo en medio del beso en cuanto le permite la entrada de la lengua y la mano derecha de Flins se infiltra sin decoro por debajo de su suéter para tocar su piel y tomar con firmeza su cintura. El beso se vuelve demandante y hambriento, en respuesta, Illuga sujeta a Flins con fuerza, para atraerlo más hacia él.

Entre suspiros y jadeos robados, Illuga se deja llevar por el deseo del momento, aunque una parte de él opone algo de resistencia, como una especie de vocecita de la consciencia diciéndole que no debe olvidar algo. En su mente todavía circula la salida a Villa Nasha. La falta de aire le hace regresar poco a poco en sí, pero se le hace complejo porque Flins no parece tener intenciones de detenerse de momento. El calor también empieza a ser sofocante para él.

—Flins… —suspira Illuga en un breve momento en que puede romper el beso. Pero Flins es rápido y vuelve a capturar sus labios—. Hmm… Flins…

Las manos de Illuga toman los hombros de Flins en un intento de quitárselo de encima. Empieza empujando con suavidad, pero pronto se ve en la necesidad de emplear mayor fuerza. El beso por fin se termina, permitiendo que pueda recuperar el aliento, pero Flins no le permite moverse; se queda en la misma posición y opta por abrazarlo. A Illuga le cuesta forcejear para que Flins lo deje libre; la diferencia de estaturas también se lo impide de alguna forma. Suspira con exasperación y malestar.

—Flins —protesta Illuga, empujando—, esto ya no es divertido. Por favor, déjame ir.

En medio de la lucha por zafarse de Flins, Illuga se detiene en seco cuando escucha un rugido proveniente de su propio cuerpo. El ratnik también lo escucha, levantando la cabeza para prestar mayor atención. El rugido vuelve a aparecer y la mirada de Flins baja hacia el estómago de Illuga; el origen del misterioso sonido. Ambos se quedan mirando por unos eternos segundos en completo silencio. Ante la vergüenza del momento, el joven capitán se cubre el rostro con sus antebrazos, maldiciendo para sí mismo en voz muy baja para que Flins no lo escuche.

—Oh vaya, parece que ya es momento de desayunar, Joven Amo —dice Flins, esbozando una sonrisa burlesca.

—Ya ha amanecido —responde Illuga con ironía, sin dejar de cubrir su rostro—, es evidente que necesito desayunar.

Flins parece levantarse, porque Illuga siente que el peso de encima desaparece, no obstante, prefiere mantener su rostro oculto aún. El rostro todavía le arde por el rubor y su mente ya está ideando formas de responderle de manera sarcástica si es que Flins decide seguir bromeando con él. Pero en vez de escuchar alguna broma de regreso, solo ve la sombra de Flins que se alista: toma su abrigo largo para colocarselo y toma sus guantes, que están cerca de la lámpara de llamas azules. Illuga se queda un poco confundido.

—¿Qué tal si preparo el desayuno de hoy, Joven Amo? —propone Flins. Illuga pestañea sorprendido varias veces.

El joven capitán se incorpora en la cama, aún sorprendido ante la proposición. Ante sus ojos, ve a Flins caballerosamente ofreciéndole la mano, esperándolo en el umbral de la puerta. Illuga suspira y toma su abrigo para poder salir fuera del faro, no sin antes mostrarle una sonrisa.

—Me parece bien —dice, mientras se alista—, en la espera, puedo revisar si los informes están bien escritos.

Notes:

Espero que les haya gustado. Kudos y comentarios son siempre muy bien recibidos.