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¡No temas, te tengo!

Summary:

Un Alfa tranquilo y un Omega escritor.

Nathaniel siente su instinto protector activarse ante la angustia de Marc, cuyo aroma a tinta y vulnerabilidad no puede ignorar. Una intervención impulsiva sella su lazo y marca el comienzo de una conexión irrefutable que los llevará a descubrir mucho más que un refugio. Entre el arte, el destino y un secreto compartido.

MARCANIEL
Omegaverse

Notes:

Hola, gracias por darle una oportunidad a esta historia.

La descripción de la historia lo dice todo. Marcaniel y Omegaverse son mis dos conceptos preferidos, así que pensé “¿Por qué no?”

Espero que te guste tanto como a mi.

Chapter 1: Primer Contacto

Notes:

La descripción de la historia lo dice todo.

Marcaniel y Omegaverse son mis dos conceptos preferidos, así que pensé “¿Por qué no?”

Espero que te guste tanto como a mí.

(See the end of the chapter for more notes.)

Chapter Text

El aula resonaba con el murmullo habitual antes de que la profesora Bustier llegara. Nathaniel, un alfa tranquila que pasaba desapercibido, garabateaba distraídamente en su cuaderno. Sus feromonas, aunque sutiles en un espacio donde otras fragancias se esmeraban, de alguna forma lograban ser pequeños toques visibles que aligeraban el ambiente. Levantó la vista brevemente cuando sintió una presencia cerca de su mesa.

Era un omega de su escuela, uno que había visto vagamente por los pasillos. Recordaba su aroma peculiar, una mezcla dulce que evocaba la tinta y papel viejo. Hoy, sin embargo, ese aroma estaba teñido de inseguridad, típicamente aroma mezclado. Nathaniel notó cómo sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía un cuaderno contra su pecho, como si fuera un escudo. Sus ojos esquivaban el contacto visual, evitando por todos los medios interacción genuina con cualquier ser humano.

Una punzada instintiva, propia de su naturaleza alfa, despertó en Nathaniel. Quería ofrecerle un espacio seguro, calmar aquellas notas amargas que emanaba de él, sin embargo, lo dejo pasar, pues creía que cualquier ser individual lo haría también por mero instinto. Si ese fuera el caso no se involucraría de no ser necesario.

Antes de que pudiera siquiera considerar acercarse, Chloé Bourgeois, con su habitual estruendo, interceptó al omega.

"¡Miren todos! ¡El pequeño escritor fantasma finalmente se digna a aparecer!" Su voz, cargada de burla, hizo que el omega se encogiera aún más. El aroma picoso del omega se intensificó ligeramente, revelando una nota de amarga apenas contenida.

Nathaniel apretó la mandíbula. La necesidad de intervenir se hizo más fuerte, un rugido silencioso gestándose en su interior ante la evidente aflicción del omega. Desde siempre los alfas han sido débiles ante la evidente debilidad de los omegas, es como es la naturaleza.

Nathaniel observó cómo el intentaba replicar tímidamente, su voz apenas un susurro que se perdía en la risa escandalosa de Chloé y Sabrina.

El omega finalmente logró escabullirse lentamente del salón, aún con el rostro sonrojado y tensión en sus hombros. Nathaniel lo siguió con la mirada brevemente, una preocupación humanamente posible y fundamentada. Aunque no era propio de él inmiscuirse en los asuntos de otros, especialmente de alguien a quien no conocía. Pero la fragilidad de los omega, movía engranajes de su casta.

Al sonar la campana que indicaba el cambio de clase, Nathaniel empacó sus cosas. Aunque no compartían el mismo curso –recordaba vagamente que el omega era un año menor– una extraña inquietud lo impulsó a moverse en la dirección de las aulas inferiores. No sabía qué pretendía hacer exactamente, tal vez solo asegurarse de que el omega estuviera bien si lo veía desde la distancia.

Nathaniel se detuvo cerca de la entrada del pasillo de las clases observando discretamente el flujo de estudiantes. No tardó en divisar al omega de antes, ahora cerca de los casilleros, hojeando un libro con la cabeza gacha. Su aroma aún llevaba un tenue rastro de amargura, una nota picosa bajo el dulzor característico de la casta.

Mordió su labio inferior, indeciso. Acercarse directamente seguía sintiéndose fuera de lugar. Nathaniel no era conocido por sus interacciones espontáneas, especialmente con aquellos fuera de su círculo cercano. Sin embargo, la imagen del omega vulnerable se había grabado en su mente.

Mientras luchaba con su vacilación, vio a Marinette Dupain-Cheng acercarse al omega. Su expresión era preocupación mientras le hablaba en voz baja. Por su puesto solo una omega seria capaz de calmar las ansias de un omega.

Nathaniel se sintió aliviado de que alguien más interviniera, alguien con más facilidad para las interacciones sociales como sabia Marinette hacer las cosas. Observó la breve conversación desde la distancia, notando cómo el omega se relajaba ligeramente ante las palabras la chica.

Luego, Alya llegó, llevándose a Marinette. El omega se quedó nuevamente solo, y Nathaniel percibió un ligero descenso en su postura, como si el breve consuelo se hubiese bastado para abandonar la defensiva que mostraba.

Una punzada de una emoción desconocida recorrió a Nathaniel. No era celos, no exactamente. Era más bien una sensación de oportunidad perdida. La oportunidad de haber ofrecido él mismo ese pequeño acto de amabilidad que podría haber cambiado el día de una persona.

Respiró hondo, tomando una decisión impulsiva, muy propia de su carácter impulsivo. No tenía un plan elaborado, solo una necesidad vaga de asegurarse de que el omega no se sintiera completamente solo. Se acercó lentamente, tratando de no hacer ruido.

"¿Estás bien?" preguntó en voz baja, deteniéndose a unos metros de distancia.

El omega se sobresaltó levemente y levantó la vista. Sus ojos verdes se encontraron con los de Nathaniel, mostrando una sonrisa nerviosa, tensa. Su aroma se intensificó por un instante, revelando una oleada de alarma antes de que lograra componerse.

"Oh... hola," murmuró, abrazando su libro con fuerza. Reconoció a Nathaniel vagamente, el alfa tranquilo de la clase superior que a veces se sentaba solo en el patio.

Nathaniel sintió una punzada de vergüenza. No era bueno en esto, en iniciar conversaciones con desconocidos, menos aún en situaciones delicadas como lo era el acoso.

"Vi lo que pasó en el aula," dijo, manteniendo su tono de voz suave. "Chloé puede ser cruel algunas veces. No la escuches, no creo que seas todo lo que dice"

El omega asintió levemente, sin apartar la mirada de su libro. "Sí." Su respuesta fue un susurro apenas audible.

Un silencio incómodo se instaló entre ellos. Nathaniel no sabía qué más decir. No era bueno con las palabras, prefería expresarse a través de sus dibujos. Pero sentía la necesidad de ofrecer algo más que una simple disculpa que no le correspondía.

Finalmente, el omega levantó la mirada nuevamente. "Gracias," dijo en voz baja. "Por... notarlo."

Esas simples palabras fueron suficiente para que algo se aflojara en el pecho de Nathaniel. La necesidad de proteger a este omega frágil se intensificó, una sensación nueva y poderosa que lo tomó por sorpresa.

Justo en ese momento, la campana sonó, anunciando el inicio de la siguiente clase. El flujo de estudiantes se intensificó, empujándolos ligeramente, cada quien necesitaba llegar de donde volvió.

"Tengo que irme," dijo Nathaniel, sintiendo una punzada de frustración por la interrupción. "¿Cómo te llamas?"

El omega dudó por un instante. "Marc" respondió en voz baja.

"Nathaniel" dijo, ofreciéndole una pequeña y torpe sonrisa. "Si alguna vez necesitas algo..." No terminó la frase, inseguro de qué ofrecer.

Marc asintió levemente, una sombra de una sonrisa apareciendo en sus labios. "Gracias, lo tendré en cuenta."

Con un último vistazo, Nathaniel se giró y se dirigió a su propia clase. Sabía que no había terminado con este encuentro. Algo en Marc había despertado en él una reacción que ni siquiera había experimentado antes.

La clase de arte transcurrió sin que la mente de Nathaniel estuviera realmente presente. Los trazos de su lápiz eran automáticos, su atención divagando como comúnmente lo hacía, como siempre pensando en todo y en nada a la vez.

Nunca se había sentido particularmente protector hacia nadie fuera de su familia. Su naturaleza alfa siempre había sido una parte discreta de sí mismo, sabía que sus instintos sería una parte que no podría reprimir por mucho tiempo y agradecía menormente su calma hasta el momento. Pero con su rutina hecha trizas había cambiado su perspectiva ante primitiva condición.

Al finalizar la clase, en lugar de reunirse con Adrien, Nathaniel se encontró dirigiéndose nuevamente hacia el pasillo de las clases inferiores. No tenía una excusa lógica para estar allí, solo una insistente sensación de que necesitaba para terminar de extinguir sus intentos.

El pasillo estaba menos concurrido ahora. Vio a Marc saliendo de un aula, caminando solo con la mirada fija en el suelo. Su aroma parecía un poco más tenue ahora, la nota de angustia ligeramente menos pronunciada, pero aún presente.

Nathaniel dudó por un instante, temiendo parecer intrusivo. Pero abandono la idea cuando fue descubierto por el omega primero.

"Marc" llamó suavemente.

Marc se detuvo y se giró, su sorpresa evidente. "¿Qué haces por aquí?" Su voz era aún suave, pero había una ligera curiosidad en ella.

"Solo me preguntaba cómo estabas," admitió Nathaniel, sintiéndose un poco tonto por la sinceridad de su respuesta.

"Bien, supongo. Las clases fueron aburridas."

"¿Vas a la biblioteca?" preguntó, una idea repentina cruzando su mente. "A veces voy allí después de clases."

Marc parpadeó, pareciendo considerar la propuesta. "A veces sí."

"Tal vez podríamos ir juntos," ofreció Nathaniel, sintiendo un ligero rubor en sus mejillas. Era una invitación torpe, sin ningún propósito claro más allá de pasar más tiempo cerca del chico.

Para su sorpresa, Marc asintió lentamente. "Está bien."

Caminaron en silencio hasta la biblioteca. El aroma de Marc, aunque aún tenue, se hizo más perceptible en el espacio tranquilo sin notas aromáticas circulando cerca. Nathaniel notó las sutiles notas de tinta y el ligero dulzor. Era un aroma reconfortante, de una manera extraña, si se acostumbraba podría gustarle.

En la biblioteca, se sentaron en mesas separadas, pero lo suficientemente cerca como para sentirse conscientes de la presencia del otro. Nathaniel intentó concentrarse en su libro de bocetos, pero sus ojos se desviaban constantemente hacia Marc, quien estaba absorto en un libro de tapas desgastadas.

De vez en cuando, sus miradas se cruzaban brevemente. Marc siempre apartaba la suya con timidez, pero Nathaniel alcanzaba a ver una ligera sorpresa en sus ojos.

Por primera vez en mucho tiempo, Nathaniel sintió que su soledad habitual se aligeraba un poco. La presencia de Marc, el tenue aroma que lo rodeaba, creaba una atmósfera diferente, hogareño, podría describirlo.

¿Aunque como un alfa podría reconocer el aroma hogareño cuando nunca reconoció lo que el aroma al hogar significaba?

Mientras el sol comenzaba a descender, tiñendo las ventanas de la biblioteca con tonos dorados, Nathaniel sintió una necesidad repentina de romper el silencio, al sentirse un poco incomodo por el poco ruido del lugar.

"¿Qué estás leyendo?" preguntó en voz baja.

Marc levantó la vista, un ligero brillo en sus ojos. "Es una colección de mitos antiguos. Me gustan las historias."

"A mí también," respondió Nathaniel. "Aunque prefiero crearlas con mis dibujos."

Esta pequeña conversación abrió una brecha entre el silencio. Hablaron de libros de historias, de los personajes que les fascinaban. Nathaniel descubrió que Marc tenía una mente aguda y una imaginación vívida, a pesar de su timidez exterior. Su aroma se volvía más dulce y pronunciado a medida que se sentía más cómodo.

Cuando llegó la hora de cerrar la biblioteca, ambos se levantaron con una sensación extraña, una mezcla de sorpresa por el tiempo transcurrido sin darse cuenta y un ligero repele a separarse.

"Gracias por acompañarme, fue una tarde amena" dijo Marc en voz baja mientras salían juntos.

"Gracias a ti" respondió Nathaniel encantado.

Mientras se despedían en la entrada de la escuela, Nathaniel sintió un sentimiento indescifrable creciente. Este era solo el comienzo, lo podía sentir. La conexión inesperada con este omega creativo había despertado algo nuevo en él, una sensación que iba mucho más allá de la simple preocupación sobrepuesta por su casta. Estaba intrigado por Marc, por la calidez que comenzaba a irradiar cuando se sentía seguro a su lado y por la forma en que su aroma, ahora dulce, parecía resonar profundamente en su nariz.

La rutina escolar retomó su curso, pero para Nathaniel, todo se sentía ligeramente diferente. La imagen de Marc persistía en sus pensamientos, pero sobre todo la sensación tan cálida que sentía a su lado.

En clase de literatura, mientras la profesora Bustier divagaba sobre la tragedia griega, la mente de Nathaniel divagaba hacia las historias que Marc le había contado en la biblioteca. Le había hablado la cultura griega y su extensa cantidad de cultos que había por describir, en si un tópico que al alfa nunca le había parecido interesante, pero escucharlo de alguien tan emocionado como lo había hecho el omega fue algo que había cautivado a Nathaniel. Se dio cuenta de que nunca había prestado mucha atención a ese tipo de narrativas fantasiosa, pero ahora, a través de los ojos de Marc, cobraban una nueva perspectiva que le invitaba a escuchar a fondo.

Durante el almuerzo, Adrien lo llamó a su mesa con un gesto amigable. "Nath, ¿Qué tal ayer? Te desapareciste después de arte."

Nathaniel se sentó, tomando una manzana de su mochila. "Estuve en la biblioteca." No mencionó a Marc, sintiendo una repentina necesidad de mantener esa conexión como algo personal, al menos por ahora.

"¿Solo? Eres un ratón de biblioteca" bromeó Nino con una sonrisa. "Alya y Marinette estaban planeando ir al parque después de clases. ¿Te apuntas?"

Nathaniel dudó. Parte de él quería la compañía de sus amigos, la familiaridad de sus bromas y conversaciones. Pero otra parte, una parte que había despertado la tarde anterior en la biblioteca, anhelaba la tranquila compañía de Marc.

"No creo que pueda hoy," respondió, sintiendo una punzada de culpa por rechazar la invitación de Nino. "Tengo algo que hacer."

La verdad era que no tenía ningún plan concreto. Solo una vaga esperanza de encontrarse con Marc de nuevo, de continuar la conversación que habían comenzado.

Como si el universo conspirara para poner a prueba su recién descubierta atención hacia el omega, Chloé hizo su entrada teatral al comedor, acompañada de Sabrina. Su mirada recorrió la sala antes de detenerse en un grupo de alumnos de segundo año sentados en una mesa cercana.

"¡Miren a estos bebés! ¿Aún no saben cómo usar los cubiertos?" Su risa aguda resonó en el comedor, atrayendo miradas incómodas.

Nathaniel apretó los puños bajo la mesa. Su instinto alfa se revolvió ante la burla innecesaria, especialmente dirigida a alumnos más jóvenes y, por extensión, más vulnerables. Vio de reojo cómo algunos de los alumnos del grupo se encogían ante la atención no deseada.

"Chloé, déjalos en paz," intervino Marinette evidentemente molesta, su aroma omega incluso la delataba.

"¿Por qué debería Dupon-Cheng?" replicó Chloé con desdén. "¿Acaso son tus nuevos amiguitos? Sabes, deberías elegir mejor tus compañías."

El intercambio verbal continuó, la tensión en el comedor aumentando con cada palabra mal intencionada de Chloé. Nathaniel observó en silencio, sintiendo la frustración crecer en sí mismo. No era fan de la confrontación directa, pero la crueldad de Chloé siempre lo ponía al límite cuando se trataba de menospreciar a otros.

En medio del altercado, su mirada se cruzó brevemente con la de Marc, quien estaba sentado solo en una mesa cerca de la ventana, absorto en un libro, aparentemente ajeno al drama que se desarrollaba en el comedor. O tal vez no. Nathaniel notó la ligera tensión en sus hombros, la forma en que sus dedos se aferraban con más fuerza a las páginas.

Por primera vez, Nathaniel sintió una conexión similar con la frustración de Marinette. No solo era la injusticia lo que le molestaba, sino también la forma en que ese tipo de comportamiento afectaba a personas sensibles que se retraían ante la hostilidad.

El timbre que anunciaba el final del almuerzo sonó sin que nadie más lo esperara. La tensión en el comedor se disolvió gradualmente mientras los estudiantes se levantaban para dirigirse a sus siguientes clases.

Nathaniel se levantó también, con respecto a sus amigos, había tomado una decisión. No iría al parque. Necesitaba encontrar a Marc en ese momento. No sabía qué le diría, tal vez solo preguntarle si estaba bien. Pero la necesidad de ofrecerle algún tipo de apoyo, aunque fuera con su simple compañía era ahora una prioridad.

Mientras caminaba por los pasillos, buscando el familiar olor a tinta y papel, Nathaniel se dio cuenta de que algo había cambiado en él. La tranquila indiferencia con la que solía navegar por los pasillos de la escuela había sido reemplazada por una nueva sensibilidad, una conciencia aguda de las emociones sutiles de quienes lo rodeaban, especialmente de un omega en particular que había comenzado a cautivarlo un poco. Y aunque no entendía completamente la naturaleza de este cambio, sabía que estaba irrevocablemente ligado a la figura solitaria y creativa de Marc Anciel.

Nathaniel finalmente encontró a Marc en el aula de arte, un espacio lleno del aroma embriagador de pinturas y arcilla. Marc estaba sentado solo en una mesa, absorto en un cuaderno donde usualmente escribía con un ceño ligeramente fruncido en concentración.

Se detuvo en la entrada, observándolo en silencio por un momento. La luz de la tarde que entraba por la ventana iluminaba sus cabellos oscuros y la delicada curva de su cuello. Su aroma era más fuerte aquí, mezclándose con los olores de los materiales de arte.

Nathaniel se acercó lentamente, haciendo el menor ruido posible. No quería interrumpir su concentración, pero sentía la necesidad de estar cerca.

"Hola" dijo en voz baja cuando estuvo a unos pasos de su mesa.

Marc se sobresaltó y levantó la vista, sus ojos oscuros mostrando sorpresa antes de relajarse al ver a Nathaniel. Un ligero rubor apareció en sus mejillas.

"Oh, Nathaniel. ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en tu clase?"

"Terminé por hoy," mintió suavemente. "Solo pasaba por aquí."

Marc asintió lentamente, aunque su expresión mostraba una ligera duda. Volvió la mirada a su cuaderno.

Nathaniel se acercó un poco más, sintiendo curiosidad por lo que estaba escribiendo. "¿Puedo ver?" preguntó con timidez.

Marc dudó por un instante, luego cerró el cuaderno y lo abrazó contra su pecho. "No es nada importante."

Nathaniel sintió una punzada de decepción, aunque entendía su resistencia. Marc era reservado, y compartir su arte era algo personal, así como lo era para el con sus bocetos de arte.

"Entiendo," dijo, tratando de no sonar desanimado. "Solo quería saber cómo estabas. Después de lo de Chloé en el almuerzo..."

La mención de Chloé pareció tensar a Marc. Su aroma se tiñó brevemente del característico olor amargo. "Estoy bien. Ya estoy acostumbrado."

Pero Nathaniel no estaba convencido. Vio la pequeña sombra en sus ojos, la forma en que sus manos se aferraban al cuaderno.

"No deberías acostumbrarte a eso," dijo Nathaniel. Su instinto alfa se rebelaba ante la idea de que alguien tan sensible tuviera que soportar tal crueldad.

Marc levantó la vista, sorprendido por el tono de Nathaniel. Sus ojos se encontraron, y por un momento, hubo una conexión entre ellos.

"Es difícil no hacerlo," murmuró Marc finalmente con resignación.

Nathaniel sintió un impulso repentino de protegerlo, de borrar esa tristeza de su rostro. No sabía cómo, pero quería hacerlo.

"Tal vez no tienes que hacerlo solo," dijo, las palabras saliendo antes de que pudiera pensarlas completamente.

Marc parecía confundido.

Nathaniel se acercó un paso más, su aroma alfa envolviéndolos suavemente. "Si alguna vez necesitas hablar, o... lo que sea. Puedes buscarme."

La sinceridad en la voz de Nathaniel pareció tomar a Marc por sorpresa. Sus ojos se abrieron ligeramente, y por primera vez, Nathaniel vio un brillo de algo parecido a la esperanza en ellos.

"¿De verdad?" preguntó en un susurro.

"Sí," respondió Nathaniel con firmeza. "De verdad."

Un silencio se instaló entre ellos, pero esta vez no era incómodo. Era un silencio cargado de compasión, pero sobre todo complicidad de dos individuos. El aroma de Marc se suavizó, la nota de angustia casi imperceptible, reemplazada por un suave dulzor que reconfortaba a Nathaniel de una manera extraña y placentera.

En ese momento, el profesor de arte entró al aula, llamando la atención de ambos.

"Anciel, ¿sigues aquí? Ya casi es hora de cerrar."

Marc se sobresaltó. "Lo siento, profesor. Ya me iba."

Comenzó a guardar sus cosas torpemente. Nathaniel se ofreció a ayudarlo, recogiendo algunos lápices que se habían caído de la mesa.

Mientras salían juntos del aula, un nuevo sentimiento florecía entre ellos. La barrera inicial de la timidez y la introvertividad comenzaba a desvanecerse, reemplazada por una conexión incomprensible aun por lo reciente que era. Nathaniel no sabía a dónde los llevaría este nuevo vínculo, pero por primera vez en mucho tiempo, sentía una sensación cálida, una necesidad de estar cerca de este omega cuyo aroma evocaba tantas nuevas emociones, pero sobre todo experiencias. Y sabía, con una certeza que su día en la escuela, marcado por la presencia de Marc, había cambiado algo muy dentro en su interior.

Notes:

Si encuentras errores de escritura (generalmente los encontraras), házmelo saber. Me ayudan a mejorar y yo necesito mejorar mucho aun.