Work Text:
La alarma casi lo hace saltar fuera de la cama. Con el corazón latiendo a mil por hora, estiró la mano, tanteó y deslizó el celular por la cómoda hasta que se cayó al piso.
Crack
La habitación quedó en silencio otra vez.
Ese sonido fue... ¿su celular?
Tweek entonces abrió los ojos, asustado.
—¡Mierda! —gritó despegando la cabeza de la cama y levantándose. Enfocó la mirada en su celular y soltó un quejido En medio de toda la pantalla había una larga y horrible grieta que le impedía visualizar todas las notificaciones.
Deslizó sus dedos una y otra y otra vez pero seguía estático.
—¡Ugh! ¡Estúpido celular! —Lo dejó en la mesa con fuerza y luego lo volvió a levantar para revisar que no se hubiese resquebrajado aún más. Pero todo seguía en su lugar. La grieta seguía ahí, sus notificaciones sin leer también.
¡¿Por qué?!
La luz del sol se asomaba por las hendiduras de las cortinas, alumbrando los papeles, las piezas del nuevo avión a escala que Craig le había regalado en su último cumpleaños. Tuvo cuidado de no pisar los legos, su mochila y las tazas que dejó ayer por estar armando ese mismo avión en el piso.
Luego lo recogería.
El fin de semana no tendría mucho que hacer, tenía tiempo suficiente para organizar un poco el lugar. Estaba pensando en poner estantes a un lado de su cama para ubicar las figuras a escala y unos comics que compró...
Y quería cambiar de posición de todas las cosas de su habitación. Empezaba a abrumarlo verlo de la misma forma y...
Miró la imagen que el espejo del baño le devolvía.
Sus ojeras estaban pronunciadas, su cabello era una maraña rubia sin sentido y se veía pálido...
La noche anterior no había podido dormir bien. Pasó hablando con Craig y cuando se durmió empezó a ver esos videos que narraban situaciones absurdamente aterradoras con minecraft de fondo. Uno, tras otro, tras otro. Lo suficiente para que su cerebro fuese capaz de reproducir escenas horribles en donde alguien entraba por la puerta de la cocina y lo miraba dormir.
Ahora el día se había convertido en un reto interminable de llenar los huecos de su mente. Como si llenarlo de un montón de ideas dispersas fuese a evitar que los pensamientos intrusivos sobre él arruinando cada pequeña cosa del día fuese a desvanecerse.
Estaba funcionando. Hasta que se encontró a sí mismo luciendo como un zombie en medio del baño.
Suspiró y se movió a la ducha.
Tal vez una ducha caliente iba a ser que su cuerpo tenso se relajara y que la sensación pesada y densa en la boca de su estómago se fuera.
Debía centrarse en otras cosas. Como que el agua en sus dedos seguía igual de helada que hace unos minutos.
Ese día.... Dios...
—Tweek, cariño...—La voz de su madre al otro lado de la puerta del baño, lo hizo saltar del susto.
Se llevó una mano al pecho para cerciorarse de que su corazón siguiese ahí.
¡Casi lo mata!
—¡¿S-Sí?!
—Hubo una falla eléctrica y el agua no está calentándose.
—¡¿Qué?!
No, no, no. Eso no podía estar pasando. Odiaba el agua fría. Sabía que era buena para la circulación y cuando se sentía muy agobiado solía ponerse hielos en la nuca pero, en ese momento... ¡no quería!
¡Quería agua caliente!
El plan acababa de irse a la basura. Sentía las gotitas de agua fría chocar contra su cuerpo como si se trataran de alfileres, haciendo que su cuerpo entero entrara en tensión.
No iba a tener su ducha caliente, su cuerpo no se iba a relajar. Tendría que bañarse con esa agua helada mientras rogaba no morir congelado.
Hizo una mueca mientras entraba.
La mañana había empezado horriblemente mal. La falta de sueño, su celular roto, la ducha. De verdad que las cosas ya no podrían empeorar más en ese punto.
—Cariño, Craig acaba de llegar. Lo dejé pasar, ¿está bien?... Ya nos vemos en la noche. Cuídate.
DIOS.
Se mordió los labios y dejó que el agua fría lo empape completamente para que los pensamientos también se fueran con él. Fue imposible.
Era el primer día como el novio oficial de Craig Tucker y no sabía cómo actuar. Solo sabía que su corazón estaba latiendo a una velocidad impresionante y que no podía respirar.
Cerró los ojos con fuerza. ¿Acaso iba a morir?
.
.
.
Inhala ocho, sostiene seis, exhala cinco
Cuando era más pequeño solía vivir con un miedo en particular. Uno que creyó que se iría cuando fuese más grande.
Mientras los niños a su alrededor le hablaban sobre arañas, cucarachas, ratas, la oscuridad y los fantasmas. Tweek nombraba la asfixia. Esa sensación nauseabunda en el centro de su pecho y estómago que lo hacían temblar y buscar aire desesperadamente. A veces se encontraba a sí mismo mirando los espacios con demasiado detenimiento mientras eso pasaba. Como si enfocarse en ese hueco deshilado de la cortina fuese a evitar una muerte asegurada; como si contar las tazas de café desperdigadas en el suelo, fuese a evitar que sus pulmones se llenaran de agua ficticia...
Como si mirar la luz parpadeante de su habitación fuese a acelerar el proceso.
Y es que muchas veces quiso eso. Morir pronto.
Y no porque quisiera morir. Es que solo quería dejar de sentirse así. Tan inquieto, desesperado... aterrado.
El dolor era algo con lo que había aprendido a vivir pero no era como si lo disfrutara. Solo que lo había asumido como parte de su rutina y la idea de que pudiese pasar en cualquier momento, lo tenía en constante alerta.
—Mira. Ayer Stripe usó mi chullo de escondite.
Tweek parpadeó y miró a la persona a su lado. Fue apenas un vistazo.
Craig había sido esa pequeña luz al final del túnel. Cuando empezó a salir con su grupo, creyó que Craig le diría que se fuera en cualquier momento; que era extraño o muy ruidoso pero nunca sucedió. A veces lo encontraba mirándolo demasiado, como si quisiera adivinar qué era lo que pensaba. Pero cuando lo atrapaba haciéndolo, desviaba la mirada y hacía como si nada hubiese pasado.
En ese momento, Craig no lo hizo. No desvió la mirada cuando sus ojos se encontraron.
—¿Estás bien?
Todavía le mostraba la pantalla con la imagen de Stripe en medio. Sonrió deslizando el dedo sobre ella y mirando las demás fotos.
Tweek no supo qué responder. Así que se mantuvo en esa pequeña labor por varios segundos.
—... Sí.
No. Bueno, no lo sabía.
Quería creer que estaba bien porque estaba a lado de la persona con la que había compartido más de una experiencia extraña. Ambos habían estado envueltos en un sin número de situaciones indeseables y absurdas a lo largo de su relación pero Tweek no podía quejarse realmente.
Después de todo, una de esas mismas situaciones fueron las que los habían llevado a ese punto. A ser novios.
No los novios falsos que aparentaban frente a toda la ciudad. Sino, los novios, novios.
Solo que no creyó que dar ese paso fuese así de... extraño.
Hace un par de días hubiese podido tomar su mano como si nada, lo hubiese mirado a los ojos sin sentir que el piso debajo de él se desestabilizaba y se hubiese reído a carcajadas de la imagen que le mostraba en el celular. Pero en ese instante, era consciente hasta de su forma de caminar, hasta de ese ligero roce de brazos.
Era inexplicable. No creyó que fuese a pasar eso...
—¿Tweek?
—¡SÍ!
—... ¿Sí, qué?
—P-Perdón. Si estoy bien. Solo que ayer no dormí bien.
Se detuvieron en el semáforo frente a la escuela. Los autos pasaban con lentitud. Dejaban a los estudiantes frente a la entrada principal y continuaban avanzando. Pudo notar a varios de sus amigos bajar del autobús escolar y saludarlo desde la lejanía. Levantó apenas la mano para devolverles el saludo.
—¿Por qué no dormiste bien?
—M-Me quedé jugando. No tenía sueño.
—Yo te escuchaba bostezar.
Una vez que el semáforo cambió de color, cruzaron. Tweek no sabía si debía contarle la verdadera razón detrás de sus pocas horas de sueño. Lo miró de reojo y notó qué Craig continuaba mirándolo, expectante.
No estaba seguro. Después de todo, la razón principal era él... y la nueva relación.
¿Cómo se supone que debería actuar? Antes ya actuaban como novios. Solo que... sin besos.
Tampoco consideraba necesario hacerlo. ¿En qué situaciones se besaba a alguien? Para saludar, para despedirse... y ¿qué más? Sus amigos solían besar a sus novias en momentos bastante inoportunos. En medio de la cafetería, en las clases, detrás de las puertas, en la parte trasera de la escuela y en los baños. Pero, ¿cuál era el propósito real de eso?¿Cómo decidían cuándo era el momento ideal para hacerlo?¿Cómo se ponían de acuerdo?...
Parpadeó y bajó la mirada hacia los labios de Craig.
¿Qué se sentiría?
Le gustaba Craig. Era la única certeza real en su vida. Le gustaba la forma en la que hablaba de las cosas que le gustaban. Tendía a perderse en sus palabras, en cómo sus manos solían moverse solas. Apuntaban, señalaban, contaban y hacían formas en el aire. Como si pretendiera dibujar constelaciones en medio de su habitación. Y Tweek podía jurar que las veía.
Entonces Craig le sonreía y era inevitable no mirar sus labios cuando eso pasaba.
Le gustaba tanto verlo sonreír. Tenía una sonrisa linda, a veces chueca y tan... linda. Lo podría mirar por horas porque era como una composición con sentido. Detrás de esas risitas divertidas, sus ojos también se entrecerraban, su ceño se fruncía levemente y sus hombros se sacudían. Y casi de forma automática se cubría los labios, como rastro de lo que alguna vez fue un hábito.
Se le había quedado por su época de brackets.
Aunque a Tweek también le gustaba esa sonrisa.
—¿Tweek?
—¿Mmm?
Craig desvió la mirada al piso. Pateó una piedra y la leve sombra de una sonrisa apareció en su rostro. Aunque era de esas sonrisas nerviosas. Tweek lo notó. Solo entonces se dio cuenta de que lo estuvo mirando todo ese tiempo.
El trayecto del semáforo hasta la entrada.
¡Dios! Que idiota. No lo pensó. El cansancio lo tenía soñando despierto.
—¿Estás seguro de que estás bien? Podemos saltarnos la clase si tienes mucho sueño.
—¿Qué? Ah, no, no. Estoy bien, enserio. Tengo una presentación hoy. El profesor Garrison se enojó ayer porque no le prestamos atención y nos dijo que demos la clase nosotros pero.... lo revisé y son temas muy avanzados. No sé cómo se supone que vamos a aprender así. Se supone que en unos meses ya son los exámenes de admisión a las universidades y siento que no estamos aprendiendo nada. ¿Cómo se supone que lo hagamos si aún no nos da clases de temas base? ¡Es demasiada presión!
—Tweek... escucha—. Craig lo tomó de las manos. Tweek apenas se dio cuenta de que estas estaban en su cabello—. Está bien. Puedo averiguar cuál es el temario y podemos investigar y estudiar aparte. Además tú lo dijiste, todavía faltan un par de meses. Todavía tenemos tiempo.
Tweek tragó y asintió.
Tiempo... Todavía tenía tiempo...
Apenas habían empezado el periodo escolar y estaba seguro de que el contenido para estudiar debía estar en algún lugar del internet. Y Craig era bueno buscando esas cosas. De seguro, lo encontraría.
Suspiró un poco más tranquilo y bajó la mirada. Craig soltó una de sus manos, la otra siguió aprisionada entre sus dedos.
Entre los dedos de su novio...
Su novio...
Apretó los labios mientras Craig lo halaba un poco y continuaban caminando al interior de la escuela.
Era tan extraño. Tweek se sentía extraño pero la sensación de que era un problema personal, lo desorientó un poco. Nadie más lo notaba, todos seguían caminando a su alrededor, algunos de sus compañeros de clase los saludaban, otros se detenían a hablar sobre alguna de las novedades del día. Es decir, los chimes.
Craig a veces se detenía, a veces no. A veces saludaba, a veces no.
Pero no soltó su mano hasta que tuvieron que irse a sus respectivas clases.
Y en el lapso de un microsegundo, justo en medio del pasillo, cerca de la puerta de la clase de Tweek, algo pasó. Porque Tweek volvió a pensar en los besos de despedida como uno de esos besos con sentido dentro de una relación real. Y pudo jurar que Craig pensó lo mismo por la forma casi imperceptible en la que se balanceó sobre sus talones y se inclinó hacia él.
El problema fue Tweek y su estúpido hábito de actuar antes de pensar. Buscó el celular en los bolsillos de su pantalón y se lo enseñó.
—¡Lo rompí!
Craig no se movió hasta unos segundos después. Tweek no quiso encontrarse con su rostro. Desvió la mirada a sus manos y la forma en la que tomaba el dispositivo para inspeccionarlo. Se perdió en sus largos dedos y la pequeña cicatriz en el dorso de su mano derecha. Eso lo ayudó a despejarse. Aunque fuesen apenas unos segundos.
—Aprovechando que vamos a Denver, podemos ir a cambiarlo.
Tweek asintió. El roce de sus dedos al dárselo devuelta, lo hicieron tensarse. Tweek estaba seguro de que si no fuese por lo mucho que se estaba concentrando en respirar, una enorme ola de agua salada lo estaría ahogando en ese momento.
Si no fuese porque se trataba de Craig, tal vez, la sensación de asfixia volvería a atraparlo.
Pero era Craig... y solo bastó con mirarlo una última vez para que la sensación en su pecho se evaporara.
.
.
.
Denver era caótico y, extrañamente, reconfortante. Odiaba el sonido fuerte del claxon de los autos, la gente empujándolo para pasar con premura y la constante publicidad en recuadros brillantes y gigantes a lo largo de las calles.
Pero ahí, en medio de toda esa gente, solo eran un número más. Otro par de individuos, otros chicos, otra pareja. Nadie los estaba mirando fijamente, ni cuchicheaban a sus espaldas. No se acercaban a mostrarles dibujos de ellos, ni los apuntaban al pasar.
Solo eran Tweek y Craig. Y eso era suficiente.
Suspiró apartando la mirada de los ventanales de uno de los edificios. Craig lo jaló un poco más cerca de él para cruzar la calle con rapidez. El semáforo cambió.
—¿Llevas todo contigo? —preguntó Craig una vez que llegaron a uno de los centros comerciales grandes de la ciudad. Hacía frío y la gente salía de una de las cafeterías contiguas con vasos plásticos en las manos. Tuvo que esquivar a un par de ellas antes de entrar.
—Sí, aquí está mi mochila, aunque... de todas formas, no hubiésemos podido hacer nada si hubiese olvidado algo.
—Buen punto.
Tweek soltó una risita y lo empujó con el hombro, haciendo que Craig también riera por lo bajo. Pudo ver el vaho deslizarse fuera de sus labios. El pelinegro tenía las mejillas y la punta de la nariz rojas. Su mano estaba tibia y la punta de sus dedos fríos. Tweek lo sintió. A veces olvidaba lo friolento que podía llegar a ser su... novio.
Siempre llevaba su chullo y el hoodie azul pero ese día había venido con un abrigo mucho más grueso. También lo había visto sacar unos guantes en el bus pero solo se puso el guante derecho, el izquierdo estaba entrelazado con su propia mano. Ese detalle pudo haber pasado desapercibido cualquier otro día... pero, ese día, Tweek no pudo evitar sentirse nervioso por el gesto. Le quiso decir que se ponga el guante pero antes de que pudiese protestar Craig ya lo había tomado de la mano y llevado fuera.
Esperaba que su calor corporal realmente sea suficiente para la baja temperatura de Craig...
—¿Quieres tomar algo? Yo invito— dijo, presionando apenas su mano.
Tweek ladeó la cabeza en dirección a la barra. El ambiente olía dulce y el calor hizo que sus hombros se relajaran. Por un momento, quiso quedarse ahí pero también quiso ir a la feria. En una hora el sol empezaría a ocultarse y el tiempo empezaría a correr. Entonces lo ideal sería terminar pronto en ese lugar e irse.
No quería arruinar la cita por nada del mundo. Ambos habían quedado en que la feria a las afueras de Denver sería el mejor lugar para tener esa primera cita como una pareja-oficial-y-ya-no-falsa. Era octubre y los eventos de Halloween eran extraordinarios. Tweek amaba el terror. No supo el momento exacto en el que empezó a disfrutarlo pero en algún punto de primer año de secundaria, empezó a buscar más de ese contenido.
Craig, en cambio, no era muy aficionado a ese género. Prefería cosas de ciencia ficción. Además, Tweek tenía la ligera sospecha de que hasta le daba un poco de miedo a veces. Aunque bien podría estar equivocándose. Su novio nunca se lo había dicho directamente y tampoco era como si pusiera trabas al momento de ir a ver una película o jugar algún videojuego de esa índole.
Extrañamente, fue el mismo Craig quien sugirió ir a la feria de otoño en Denver.
—No es necesario. Creo que... podemos esperar a la feria. Allá deben haber cosas más ricas— dijo sonriendo al encontrarse con sus ojos.
—.... Está bien—murmuró con un encogimiento de hombros.
Caminaron fuera de la cafetería hasta el acceso que daba a los ascensores del centro comercial. El pasillo lucía ligeramente oscuro, habían luces de calavera como guías en el piso y el ascensor tenía escrito frases en rojo. Eran frases de películas, Tweek pudo reconocerlas. Apenas había alcanzado a leer un par cuando un tumulto de gente lo empujó dentro, haciendo que se pegara a Craig.
Parpadeó levantando su mano libre para evitar aplastarlo contra el espejo pero fue inevitable. El lugar se llenó y su mano quedó atrapada entre el cuerpo de ambos.
Tragó y miró los números brillantes que indicaban los pisos.
Dios, ¿ese era su corazón? En medio de todo ese silencio, pudo jurar que todo el mundo lo escuchaba.
Lo sentía golpear sus costillas, lo sentía hasta golpear su mano.
—Mira...
El susurró lo hizo saltar un poco. Levantó la mirada, encontrándose enseguida con la mirada de Craig.
—¿Qué? —susurró de vuelta.
El pelinegro sonrió y apuntó hacia arriba. En el techo del ascensor había una enorme tarántula cubriendo todo el espacio. Una de sus patas peludas parecían estar a centímetros de la cabeza de Craig, como si estuviese a nada de robarle el chullo. Eso lo hizo reír.
—Está muy cerca tuyo. Cuidado.
—Ugh, creéme no sería la primera vez que estoy cerca de un insecto tan grande.
Tweek rió y pegó la frente a su hombro.
—¿Perú?
—Exacto.
—Bueno, no sería la primera vez que te salvas, entonces.
—Si... aunque no es eso lo que me preocuparía.
—Entonces, ¿qué?
—Me preocuparía que te lleve a ti.
Tweek volvió a levantar la mirada. Su novio seguía serio pero sus ojos lo miraban de una forma muy... peculiar. Como si estuviese esperando algo de él, como si... estuviera tanteando terreno. Detalle que lo hizo desviar la mirada hacia el reflejo de ambos. Eso fue tan... dulce. ¡Dios! No era la primera vez que Craig le decía algo tan cursi pero, generalmente, lo consideraba "cursi", porque la intención detrás de esos comentarios eran molestarlo.
Y de repente fue tan honesto y tan... lindo que su cerebro pareció hacer cortocircuito.
Frunció el ceño y apretó su mano.
—Eres tan... cursi— susurró sintiendo las mejillas calientes.
Esa era la mejor respuesta que pudo dar y a juzgar por la forma en la que el pecho de Craig vibró por la risa, imaginó que estuvo bien. No era como si realmente esperara demasiado de él. A veces sentía que Craig lo quería solo por el hecho de existir. Lo que le alegraba. No hubiese sabido qué hacer si lo hubiesen emparejado con alguien más demandante. Craig era un chico bastante relajado y simple.
Al principio, a Tweek le costó leerlo pero a medida que su relación avanzaba, se dio cuenta de cosas pequeñas pero supremamente importantes sobre el hijo mayor de los Tucker.
Le gustaban las rutinas, le gustaban los videojuegos y las series de ciencia ficción y de acción. Aunque había días en los que se sentaba a ver sitcoms mientras hacía tareas porque "eran entretenidas y no requería tanta concentración para entenderlas". Le gustaba armar rompecabezas, aunque los dejaba casi siempre a medias, le gustaban las cosas dulces aunque era muy rápido de empalagar. Era bueno cocinando cuando estaba solo. Era bastante protector con su familia aunque no lo dijese en voz alta. Era muy pegado a Laura aunque nunca lo fuese a admitir. Era una persona que odiaba meterse en problemas innecesarios pero cuando se trataba de sus amigos, no le importaba hacerlo para defenderlos.
Era absurdamente chismoso. Hubo un tiempo en el que solía estar metido en las páginas de confesiones anónimas de South Park y solía leer cada uno de los anuncios. Tweek solía escucharlo reírse mientras se lo contaba. Luego su interés se trasladó a otra actividad y esos portales quedaron en el olvido.
También era bueno escuchando. A veces le hablaba de cosas que Tweek había mencionado alguna vez y ya no recordaba. Como cuando le comentó que odiaba el café con azúcar pero que el café con malvaviscos le parecía bastante agradable. Lo había probado una vez en la cafetería porque una clienta se olvidó de recoger el pedido. Fue parte de una de esas conversaciones nocturnas en las que se reunían todos en la casa de Clyde a ver alguna de las películas peor calificadas en IMDb. Después de una semana, Craig le había preparado una en su casa. Lo hizo ver como algo casual, como si hubiese habido malvaviscos y café por accidente.
Pero luego Craig le preguntó si era igual de bueno que el que probó en su cafetería. Y a Tweek le había costado recordar haberlo comentado.
Pero si, fue mucho mejor el de Craig.
Pasaba algo similar con el grupo de amigos. Podían estar conversando sobre las novedades diarias de la escuela a la hora de almuerzo y Craig aportaría algún comentario seco mientras scrolleaba en redes sociales y se metía una papa a la boca. Parecía no estar ahí pero escuchaba, siempre lo hacía.
Y... era un chico muy dulce.
Muy, muy dulce cuando se lo proponía. Y muy, muy hijo de puta cuando quería.
—¿No puedo preocuparme por mi novio? —Su voz interrumpió la larga lista de las cosas que adoraba de Craig y ni siquiera había llegado a la mitad.
Novio...
Novio.
Ahora esa palabra cargaba algo mucho más profundo entre ambos y aún no sabía cómo manejarlo. Que lo pensara era una cosa pero que lo dijese así, como si fuese lo más normal del mundo, lo desestabilizaba.
Lo peor era que... lo era. Era normal. Se habían llamado así muchas veces antes...
—Puedes. Pero puedo correr y tú puedes lanzar algún rayo de tus ojos.
—Sí... No, gracias. Paso esta vez.
—¿No lo harías ni siquiera por el novio del que tanto te preocupas?
—¿Qué?¿Acaso eso no era ser cursi?
Tweek giró los ojos y se alejó un poco al notar que el espacio ya no era tan reducido. Los números seguían cambiando y en cuanto llegaron al último piso se abrió paso por entre la gente, jalando consigo a Craig.
—Bueno. Nada hará que deje de pensar que eres cursi.
—No lo soy...
—Oh, ¿enserio? —preguntó volteando a mirarlo con una ceja alzada.
Craig se encogió de hombros y miró hacia otro lado, como siempre hacía cuando las conversaciones se volvían en su contra.
—Define cursi.
—... Mmm. Craig Tucker.
—Por favor.
El bufido que vino después de eso, le arrancó una carcajada. Craig de verdad era todo un poema andante. Lo peor era que su rostro seguía siendo igual de indiferente. Los cambios siempre radicaban en sus ojos, en ese leve tirón en sus labios, en la forma en la que sus dedos jugaban con los suyos de forma distraída y, sobre todo, sus orejas. Esas que siempre cubría con su chullo.
Cuando algo lo avergonzaba, sus orejas se enrojecían levemente. De forma casi imperceptible.
No fue hasta que lo vio en una de esas noches de verano que lo supo. En el tejado de su casa con el calor insoportable característico de junio golpeándolos. Craig olvidó por completo su chullo.
Para ese momento, las cosas entre ambos habían empezado a cambiar, se habían vuelto un poco más... extrañas debido a una fiesta en la casa de Bebe. Se habían tenido que besar a petición del cumpleañero (el bobo de Clyde) y, aunque el beso no fue malo en sí, si que provocó que su rutina se resquebrajara un poco.
Lo habían hablado de la forma más torpe que pudieron pero... lo hablaron y Craig le había dicho que no fue un beso malo, que, de hecho, fue agradable. Todo eso sin mirarlo y jugando con una pequeña abertura deshilada del jean. Y Tweek, tan desesperado por una confirmación, se había fijado en cada pequeño cambio en su rostro pero el único indicio real fue la punta de sus orejas.
Y aún así dudó porque justo tres meses antes de esa conversación se había hecho un piercing industrial y no supo si estaba rojo por eso o porque estaba avergonzado de decirle que le gustó besarlo. Había investigado y supo que era normal que ese tipo de piercing continuara mostrando signos de daño. Así que se había detenido a mirarlo más de lo normal, aprovechando que no lo tenía cubierto por el verano.
Craig sabía cuidarlo y tenía una capacidad de cicatrización envidiable. Así que, pronto cayó en cuenta de que Craig Tucker podía mostrar signos de vergüenza en detalles ocultos como ese.
Y no solo eso, sino que todo su cuerpo parecía confabular en su contra. Sus hombros, sus cejas, sus pupilas, sus manos, sus piernas, incluso en sus labios podía encontrar rastros minúsculos de su humor.
Si prestaba suficiente atención, era capaz de ver las señales en cada área de su cuerpo.
Tweek podría escribir toda una guía de cómo leer a uno de los Tucker más reñidos. Enserio. Habían sido años de profusa y constante observación.
—Oh, no sabía que hoy se estrenaba esa película.
Craig se detuvo junto a él. A uno de los costados, había un poster con la imagen de "The ritual of the abyss" brillando. Craig apartó uno de los globos flotando cerca de ellos y se acercó a leer la sinopsis. Tweek dio un vistazo alrededor y se encontró con globos naranjas y blancos flotando a lo largo del pasillo, simulando calabazas y fantasmas. Sonrió levantando su mano libre para alcanzar a golpear uno de ellos.
—Mmm... interesante.
—¿Interesante de bueno o interesante de malo?
—Solo... interesante. ¿Quieres que la veamos?
Tweek se estiró para alcanzar otro de los globos mientras negaba con la cabeza.
—No, ya tenemos planes. Solo que creí que se iba a estrenar la próx—
Chocó contra alguien de repente. Alcanzó a empujar el globo y bajó la mirada con rapidez. La persona con la que se impactó volteó a mirarlos. Un hombre de mediana edad, con barba prominente y cara de pocos amigos.
—Oye, ¿qué mierda? Acabas de hacer que derrame mi bebida y mis palomitas de maíz.
Tweek se llevó una mano a la frente al sentir las consecuencias del impacto en esa área y bajó la mirada al piso. Sintió a Craig también acercarse y ubicarse a su lado.
—Lo siento... Fue mi culpa— dijo el rubio enseguida.
—¡Claro que fue tu culpa, mocoso! Ahora tendrás que comprarme un nuevo combo, maldita sea.
Tweek frunció el ceño y miró con indignación el pequeño charco de la bebida y las quince palomitas de maíz desperdigadas en el piso.
¿De qué hablaba? No era como si todo el combo estuviese en el piso. Lo limpiaría porque sabía que había sido su culpa pero no le iba a comprar otro maldito combo cuando el que tenía en sus manos estaba intacto.
—P-Pero... si todo sigue en su lugar. No perdió casi... ¡nada!—dijo mirando a ese hombre. Su barba pareció crisparse al escucharlo—. Voy a limpiarlo pero... ¡no le voy a comprar nada!
—Mira, pequeño marica— dijo apuntándolo con su mano libre—. Más te vale cuidar tu tono. Estás hablando con un adulto.
Tweek se tensó. ¿Acababa de llamarlo marica? Hijo de puta. ¡¿Cómo se atrevía?! Ni siquiera lo estaba insultando y ese imbécil...
Su rostro se ensombreció.
—Tweek, vámonos...—dijo Craig mientras apretaba su mano pero Tweek ya no estaba escuchando.
—¿Un adulto?... ¡¿Un adulto?! ¡¿Qué adulto?!
Le apartó la mano del rostro y señaló el combo.
—¡Ahí siguen sus palomitas de maíz, su bebida y su hot dog! ¿Acaso está ciego?
El hombro inhaló con fuerza.
—¡Mas te vale no alzarme la voz!
—¿¡Y usted sí puede alzarme la voz?! Además, ni... ¡ni siquiera lo estaba insultando! ¿Con qué derecho me insulta a mí?
—Oh... ¿qué insulto?¿Acaso tu y este otro chico no son maricas?
Tweek vio rojo. Sus ojos se abrieron de par en par y soltó la mano de Craig. Antes de que pudiese hacer o pensar en algo, ya estaba agarrando el cuello de su camisa y levantando el puño para golpearlo en la cara pero los brazos de Craig lo sostuvieron de la cadera y lo levantaron en el aire.
—¡Craig, suéltame!
—Cálmate.
—¡NO!
Lo dejó detrás suyo y Tweek se encontró con sus ojos apenas un microsegundo antes de ser testigo de cómo Craig atizaba un golpe en la mejilla de ese hombre.
Luego todo fue silencio.
.
.
.
El sonido al otro lado del teléfono era de pura frecuencia vacía.
Tweek simulaba hablar con alguien. Repitió un montón de frases, asentía, jaloneaba y enredaba el cable entre sus dedos. Sus manos temblaban. Craig estaba a su lado apoyado en la pared, mirando el reloj colgado frente a él. Tweek lo miraba de soslayo. Parecía... molesto. Lo cual entendía. Acababa de meterlos en problemas a ambos. Ese tipo los había denunciado con uno de los guardias y, pese a que intentaron alegar, las cámaras ya mostraban una narrativa. Y no una que les beneficiara.
Tweek jaloneando al hombre y Craig dando el golpe final. No sabía qué había pasado... Su cuerpo simplemente se había movido. Su lado racional se había convertido en agua, no lo supo retener. Y es que su gran plan era defenderse verbalmente y evitar comprar un combo solo porque sí. Pero escuchar a ese hombre referirse a Craig como "marica", lo cegó. Podían decirle lo que quisieran a él pero... no a Craig.
Suspiró y una vez que "se despidió" de su mamá, le extendió el aparato al pelinegro. Quien se separó con desgana de la pared y procedió a marcar el número de su casa.
Tweek se mordió los labios y bajó la mirada.
Ahí estaba...
Esa sensación...
Otra vez.
El agua imaginaria llegando hasta sus talones.
Cerró los ojos un momento y se giró hacia las sillas.
—Hola, ma... Mmm... Sí, bien. Sí tengo mi celular... Sí, sobre eso...
Tweek se llevó las manos a su pecho y miró al fondo del largo pasillo. Algunos guardias pasaban por su lado, algunos tenían la delicadeza de apartarlo despacio, otros parecían decirle algo. Tweek no estaba seguro. Veía que movían sus labios y apuntaban hacia el lado contrario. Querían que regresara pero Tweek no quería regresar.
Acababa de arruinar la primera cita oficial con Craig.
Había metido en problemas a Craig. Tendrían que pagar una multa por instar la violencia dentro del centro comercial. Tendrían que quedarse en ese lugar oscuro hasta que algún adulto viniera a retirarlos...
Se sentía como en una cárcel aunque no era una cárcel precisamente, era el área administrativa pero aún así...
No era la feria a la que habían planeado ir. Ni siquiera se le acercaba.
Apretó los dientes y giró en la siguiente esquina. Sus manos se aferraban a las paredes blancas, se sostenían de ellas para no hundirse en las profundidades del agua, aunque era su cuerpo el que se estaba volviendo líquido. Sus piernas empezaron a temblar.
No, no, no. Por favor, no aquí.
Intentó hablar pero la falta de aire, le quitó esa capacidad. Así que solo continuó deambulando en busca de una ventana, de alguna puerta. Necesitaba aire o.... o iba...
Iba a morir.
Se presionó el estómago y el pecho, intentando llenar el vacío creciendo ahí. Sentía la mirada de las personas clavándose en su nuca y no fue hasta que sus manos presionaron la manija fría de una puerta que volvió al presente. Fueron apenas segundos, como si hubiese podido nadar a flote para tomar una última bocanada de aire antes de volver a hundirse.
La tomó con torpeza. Sus manos estaban sudando frío por lo que apenas pudo girarla pero al lograrlo, se dejó caer en el interior. Sus rodillas y manos recibieron el impacto. No le importó. Usó lo último que le quedó de fuerza para cerrar la puerta y apoyarse contra ella.
Solo entonces empezó a dar bocanadas desesperadas al aire, intentando llenar sus pulmones. La presión en el pecho acrecentaba y su mirada se volvió borrosa. La imagen de las escobas y productos de limpieza se empañaron. Estaba llorando.
Sollozó y escondió el rostro en sus rodillas.
¿Por qué siempre lo tenía que arruinar todo?
¿Craig realmente estaría bien con él?
Abrió los ojos y se cubrió los oídos como si eso fuese a detener la ola de pensamientos.
Craig estaría bien con cualquier otra pareja...
Era atractivo, gentil, amable, paciente, divertido, inteligente y cariñoso...
Y Tweek era... Tweek. Un caos sin forma.
¿Qué le podía ofrecer?
Solo lo preocupaba, le daba ese tipo de momentos horribles, lo hacía enojarse, cansarse...
—B-Basta...—susurró cerrando las manos sobre su cabello y jalando los mechones—. Por favor... por favor...
El pecho le dolía. El agua cubría todo a su alrededor y lo único que podía hacer era mirar como todo se inundaba a su alrededor. Tomó último que le quedaba de aire antes de desfallecer. Rogó que fuese pronto porque el final no era lo peor.
No... De hecho, lo mejor que podía pasar era que dejara de pensar.
Lo peor... siempre era ese momento en el que su conciencia le hablaba.
Esa que le decía que no era suficiente para nadie. La que le decía que debía esforzarse el doble para alcanzar lo mínimo, que lo hacía dudar de su capacidad y le hacía creer que no era buen hijo, ni buen amigo... ni buena pareja.
Y no se callaba hasta que se lo empezaba a creer.
Hasta que lo asumía como una verdad.
Pero no quería que le quitara lo único bueno que le quedaba en la vida. No quería que le quitara a Craig.
Aunque fuese lo más egoísta que alguna vez podría pensar, aunque sabía que Craig podría encontrar a alguien mejor. No quería que se fuera.
Las lágrimas se deslizaron fuera de sus ojos.
Afuera escuchó pasos y murmullos difusos pero el agua en sus oídos no lo dejaban escuchar.
Roces.
Un golpe en la puerta.
Eso lo hizo saltar.
—¿Tweek?
Parpadeó.
—Tweek... Sé que estás ahí.
Tragó alejando sus manos de su cabello y mirando un punto fijo en el suelo. Su cuerpo temblaba, no lo podía detener.
—¿Puedo entrar?
Negó con la cabeza. Su boca no fue capaz de soltar ni una sola palabra. Ni siquiera pudo separar los labios.
Si entras, te vas a ahogar conmigo.
—¿Tweek?
Craig...
Volvió a escuchar un par de murmullos. Ya no hubo golpes. El silencio se instauró y los murmullos se disiparon.
Algo se deslizó por la puerta. Fue lento.
Se mordió los labios y clavó las uñas en la palma de su mano. No quería que Craig lo vea en ese estado. No ahora que eran novios de verdad. Quería hacer las cosas diferentes, demostrarle que podía hacerlo solo, que no tenía por qué preocuparse todos los días por él.
Si seguía así, Craig se cansaría... Incluso podría arrepentirse de haber hecho oficial la relación.
Eso lo mataría de mil formas diferentes.
Vamos, respira.
Tenía náuseas.
Algo le presionó la pierna, haciendo que enseguida baje la mirada hacia ese lugar, asustado.
¡¿Una cucaracha?!
Parpadeó deslizando la mirada por el piso hasta dar con lo que parecía un pequeño papel doblado a la mitad. Lo alumbraba una fina línea de luz desde el otro lado de la puerta.
Lo miró unos segundos antes de llevar una de sus manos hasta él. Se le complicó un poco abrirla debido a la rigidez de sus dedos. Pero cuando lo hizo finalmente, soltó una risa corta que pareció más un suspiro quedo.
"Cool, cool, cool, cool, cool?"
De sus ojos salieron más lágrimas y se le complicó ahogar los sollozos. Así que solo los dejó salir.
Qué tonto...
Aun recordaba la primera vez que realmente vio una sitcom con Craig. Le costaba entender por qué le parecía tan gracioso hasta que una de esas tardes en donde las tareas dejaban de ser un impedimento, se sentó a su lado a ver una de ellas.
Pasaron horas.
Luego, tuvieron que pedirle a Laura que llame a sus padres a preguntar si podía quedarse a dormir ahí para hacer una maratón entera de esa serie.
A Tweek le había encantado.
—No doubt, no doubt, no doubt...—. Fue apenas un susurro lo que alcanzó a salir de sus labios. Todavía le costaba respirar pero ese detalle lo hizo sentirse un poco mejor.
Fue gracioso... y lindo...
Tomó el papel entre sus manos con cuidado, como si con un solo toque suyo fuese a romperlo. Luego otro papelito apareció en el mismo lugar.
Tragó con dificultad.
Podía imaginarse a Craig sentado al otro lado de la puerta, con varios papelitos en sus manos, escribiendo con alguno de esos bolígrafos que tanto odiaba porque era muy quisquilloso con eso. Tenía un lugar específico en donde los compraba.
Podía imaginarlo con el ceño fruncido, pensando. Le gustaba la expresión que hacía cuando pensaba mucho en algo.
Otro papel se unió a la fila.
Tweek los abrió en el mismo lugar para que la luz los alumbre y pueda leerlos.
"You are my fire"
—Idiota... —susurró limpiándose las lágrimas con la manga de su abrigo y haciendo un esfuerzo sobrehumano para arrodillarse. Sus articulaciones estaban rígidas y el temblor de su cuerpo continuaba siendo un impedimento. Aun así, lo intentó porque la sensación burbujeante de irritación, indignación y gracia juntas lo empujaron a hacerlo.
Apoyó las manos en el piso y miró los siguientes papeles.
"The one desire"
"Believe when I say"
"I want it that way"
"Tell me why"
Antes de que pudiese meter un solo papel más, extendió la mano para girar la perilla y abrir la puerta, haciendo que Craig casi caiga encima suyo. La luz del exterior lo hizo entrecerrar los ojos pero, aún así, llevó las manos hacia al frente para que el pelinegro no se diera contra el suelo. Afuera había demasiado ruido. Todo se veía demasiado grande, demasiado claro, demasiado colorido y estruendoso.
—Tweek...
Los brazos de Craig lo rodearon y lo empujaron hacia dentro de nuevo. Y aunque lo hizo con mucho cuidado, sus manos lo sostuvieron con firmeza, haciendo que el agua alrededor se volviera menos densa, menos oscura...
Fue como estar flotando, como si Craig fuese su propia estructura insumergible.
Tembló y se aferró a sus hombros.
—Estás frío— susurró contra el hombro del más alto. Ambos estaban arrodillados y Craig lo presionaba contra él, haciendo que su cuerpo descansara sobre su regazo. Tweek realmente no pudo prestarle tanta atención a eso. Solo sabía que lo necesitaba.
La puerta hizo ese "click" irregular cuando se cerró. Solo entonces Tweek dejó que su cuerpo se volviera agua.
—Estás temblando— dijo el pelinegro contra su cabello.
No deberías estar aquí...
—Lo siento—susurró cerrando los ojos. No le importó si estaba empapando a Craig, no le importó si estaba siendo un completo idiota egoísta por querer tenerlo ahí un poco más. Solo se aferró a su cuerpo como si fuese lo único que lo pudiese salvar de morir ahogado.
—Tweek...
Negó con la cabeza. No quería saber, tampoco sabía cómo explicar. Y Craig pareció entenderlo. Sus manos se deslizaron hasta su espalda y dibujó pequeños círculos sobre ella. Tweek intentó concentrarse en eso y no en el ardor de su pecho por la fuerza con la que intentaba respirar.
—Respira conmigo.
Asintió y hundió el rostro en el cuello de Craig. Si iba a quedar inconsciente, por lo menos lo quería sentir un poco más cerca mientras pasaba.
Olía detergente y mora por las gomitas ácidas que vino comiendo en el bus. Llevaba puesto el perfume que olía a frutas porque nunca le han gustado los olores a cítricos.
A Tweek le encantaba olerlo. Aunque nunca se lo diría.
La respiración de Craig chocaba contra su mejilla. Inhalaba largamente, sostenía y exhalaba. Intentó seguirle el ritmo aunque la desesperación lo cegara cada vez que intentaba retener el aire dentro de sus pulmones.
—Exhala por ocho segundos—- susurró cerca de su oído y Tweek tuvo que cerrar los ojos para concentrarse.
Uno...
Dos...
Tres...
Contó en su cabeza o tal vez era Craig contando por él. No estaba seguro.
—Ahora sostén el aire por seis segundos.
Lo hizo. Lo intentó pero sus pulmones empezaron a doler. Duró apenas tres segundos pero Craig no lo mencionó.
—Exhala por cinco segundos.
Lo hizo. Fue lo más fácil de todo. Además Craig estaba haciendo lo mismo. Su respiración era como esos audios de ruido blanco que solían escuchar cuando dormían juntos. Igual de relajante y suave.
—Vuelve a hacerlo. Está bien si no te sale a la primera.
—Mmm— Asintió y volvió a inhalar por ocho segundos. Su pecho se infló y la boca del estómago le dolió.
—Sostiene seis.
Lo hizo.
Contó en su mente y el abrigo de Craig quedó entre sus puños cerrados. Llegó a cinco y exhaló todo lo que pudo.
—Otra vez. Lo estás haciendo bien.
Tweek volvió a asentir. Sus hombros estaban más relajados y el sonido dejó de ser tan agudo en sus oídos. Era capaz de escuchar los murmullos del exterior sin querer arrancarse las orejas en el proceso. Todavía no llegaba a retener el aire los seis segundos de corrido. Sus pulmones seguían exigiendo oxígeno de una forma hasta lacerante pero los cinco segundos estaban bien
Estaba bien...
—¿Tweek?
Tweek todavía seguía abrazándolo. Craig aún lo sostenía.
—¿Mmm?
—¿Estás mejor?
No respondió. Solo inhaló una vez más. Contó los ocho segundos y antes de que pudiese empezar a contar otra vez desde uno, Craig bajó la cabeza y presionó los labios contra la comisura de los suyos. El aroma a frutos rojos se intensificó a su alrededor y la sensación suave de su piel, lo paralizó.
Craig... ¿¡Lo estaba besando!? Bueno, no creía que fuese un beso beso. Era más bien su mejilla y apenas un poco de sus labios. Tal vez simplemente no calculó el lugar exacto en donde lo iba a besar. Ya lo había besado en la mejilla un par de veces cuando estaban solos. Y esa vez que se besaron en la fiesta fue... extraño porque fue más como un choque accidental de labios. Ni siquiera cerraron los ojos, solo se acercaron y Craig lo tomó de la mano, como si le quisiera dar apoyo, como si le dijera que todo estaría bien, antes de que el beso sucediera. Además... ¡había gente viendo! ¡Fue demasiada presión!
Muy diferente a ese momento...
Parpadeó. Fue lo único capaz de mover. Las demás partes de su cuerpo estaban congeladas en el espacio y tiempo. Ni siquiera fue capaz de respirar. Se mantuvo en la misma posición hasta que Craig se separó de él.
—Exhala cinco.
¿Qué?
Tweek lo miró y quiso llorar, enserio. Y no por la tristeza, precisamente.
Habia... ¡¿Lo había casi besado para que mantenga la respiración por seis putos segundos? ¡¿Estaba bromeando?1
—Craig.
—Sshhh...
Le cubrió los labios con una de sus manos. Estaban cálidas. Algo muy inusual en Craig. Imaginó que ese gesto tampoco fue el más planificado de su parte. Apenas podía mirarlo por la falta de luz en ese lugar pero lo escuchaba respirar, sentía sus hombros ligeramente rígidos, una de sus sus manos estáticas en la espalda baja y, la otra, cubriéndole medio rostro.
Ugh, idiota, idiota, idiota.
Lo quería tanto que sentía que podría morir.
Frunció el ceño y se volvió a acercar a su rostro en un arrebato torpe y fugaz. La mano siguió ahí entre ambos, así que no se besaron realmente pero le bastó con sentir como se tensaba debajo suyo para dar por sentada su pequeña venganza.
—Idiota—. Fue un sonido ahogado pero, a juzgar por como Craig se rió, debió haber entendido perfectamente.
Su pecho dejó de doler y, poco a poco, sus pulmones fueron recordando cómo respirar
No supo cuántos minutos pasaron después de eso. Solo supo que Craig era demasiado cómodo y cálido como para querer separarse. Que sus manos se sentían bien en su espalda, que los latidos de su corazón eran mucho mejor que el ruido blanco que escuchaba en las noches y que había algo relajante en el acto de hundir las manos en su cabello.
Tenerlo rodeado con sus brazos, le hizo más fácil la tarea. Sabía que era suave pero nunca se había detenido a pasar los dedos por sus mechones. Era... reconfortante.
Era la primera vez que lo sentía así.
Alguien golpeó la puerta al fondo.
Los murmullos, los pasos, los tonos de llamada, los gritos, el sonido de la gotera en ese lugar, todo volvió a hacer acto de presencia en los oídos de Tweek.
Pero ya no fue tan desagradable de escuchar.
—¿Quieres quedarte aquí?
—... ¿Tú quieres?
—Pregunté primero.
— No importa. Escoge tú.
—Tweek...
El tonito lo hizo sonreír. Parecía estar a punto de rogarle que no lo hiciera escoger. Aunque nunca llegaba a ese punto. Lo rozaba pero luego, simplemente, lo dejaba pasar. Craig no era mucho de hacer eso. Rogar.
Lo abrazó con más fuerza y negó con la cabeza.
—No quiero salir.
—Está bien.
—Bueno, sí quiero. Dejé el celular en la mochila.
—Puedo ir por tu mochila y regresar.
—Sí... eso me ayudaría mucho.
Craig asintió y se movió con él aun encima pero Tweek no lo hizo. Se mantuvo ahí, aferrado a su cuello.
—Tengo que levantarme.
—Craig.
—¿Mmm?
Tweek se mordió los labios y miró el piso, a los papelitos desperdigados por el suelo, siendo apenas alumbrados por la luz de afuera. Si había algo que todavía se expandía por su pecho y la boca del estómago no era el miedo a fallar como novio, sino, el miedo a impedir que Craig encuentre algo mejor.
¿Y si había alguien allá afuera que lo entendiera mejor?¿Que no fuese un manojo de miedo y ansiedad?¿Que fuese igual de tranquilo? Al menos lo suficiente para no meterlo en ese tipo de problemas diariamente.
Alguien con el que sí pudiese tener una cita normal.
Sabía que funcionaban como amigos fingiendo ser pareja.
Pero, tenía miedo de no funcionar como amigos siendo una pareja. Eso lo hundiría. No quería que Craig se de cuenta de que no era el novio que siempre soñó tener.
Si es que alguna vez soñó con eso.
—Puedes hablar conmigo de lo que sea... Lo sabes, ¿verdad?
La voz de su novio lo trajo devuelta.
—¿Qué?
—Que hables conmigo de lo que sea. Está bien.
Tweek hizo una mueca. No sabía si realmente sería capaz de hablarle sobre ese miedo, al menos no tan pronto... y ni siquiera era porque no confíe en Craig. Solo que era algo que todavía estaba asimilando. La idea seguía instaurándose en él como si se tratara de un chicle. Tal vez cuando ya no sepa cómo deshacerse de él se lo diga.
—... N-No puedo creer que te sepas la letra de "I want it that way".
Craig se quedó en silencio unos segundos. Otro golpe en la puerta los alertó.
—No me la sé...
—Sí, claro, Craig. No acabas de escribirla en papelitos de oficina como hace cinco minutos.
—Ya pasó media hora.
El golpe de la puerta lo desesperó.
—¡Ese no es el punto!... ¡Ya salimos! Maldición.
Tweek estiró la mano para tomar los papelitos cerca de la puerta y se levantó. Tuvo que apoyarse de los hombros del pelinegro para lograrlo. Sus músculos estaban más relajados pero la posición no había sido la mejor para sus articulaciones. Estirarse le dolió un poco. El lugar olía a desinfectante y tuvo cuidado de no empujar nada cuando extendió los brazos hacia Craig para ayudarlo a levantarse.
—Gracias.
Giró la perilla y al encontrarse con la luz del exterior, cerró los ojos y bajó la cabeza. Entonces Craig lo tomó de la mano y lo guió por el pasillo mientras su visión se adaptaba a la cantidad de luz del lugar.
No sabía qué hora era pero el ruido de la gente había disminuido de forma considerable. Ya no habían tantos gritos, ni risas, ni conversaciones, ni personas chocando contra él a lo largo del pasillo.
Abrió sus ojos y los dejó en pequeñas rendijas. Lo enfocó en sus dedos entrelazados y luego fue subiendo hasta los hombros de Craig.
—Por cierto...
Una vez que llegaron a las sillas en donde dejaron sus mochilas. Tweek buscó su celular al fondo de esta y recordó que su pantalla estaba rota. Eso lo hizo suspirar.
—¿Qué cosa? —preguntó mirándolo.
—Nos podemos ir.
—¿Tus papás ya están aquí?
—Aún no pero nos absolvieron. La señora de una de las atracciones cerca del cine vino a hablar y les contó a los guardias lo que ese tipo hizo.
—¿ENSERIO?
—Sí.
—¿Y... ya? ¿Podemos salir?
—Sí. Es más... La señora dijo que podíamos ir al juego del que estaba a cargo. Que no nos cobraría.
—¡¿QUÉ?!
El grito hizo que la gente volteara a verlo, cosa que lo hizo encogerse un poco. Se pasó la mochila por los hombros rápidamente y Craig rió por lo bajo. Acercó sus manos hasta las correas y lo acomodó.
—Sí, vamos.
—D-Dios, ¿todo eso pasó mientras estaba encerrado?
Craig se acomodó su propia mochila y le extendió la mano. Tweek volvió a entrelazar los dedos con él mientras se giraban al pasillo otra vez.
—Sí... De repente ya no te vi y fui a buscarte. Fui a la entrada y esa señora me reconoció. Entró a hablar y los guardias me dijeron que estaban buscando a ese tipo y se disculparon o algo así. La verdad no sé qué mierda dijeron. Solo quería que se callaran para seguir buscándote. Creo que lo notaron... no sé... Fueron ellos quienes me dijeron que te encerraste en la bodega.
—...Qué... Qué verguenza.
—Está bien.
—¡No! Es que... ¡agh! Lo siento, estaba pasando eso y no quería que la gente me viera.
Craig volteó a mirarlo y Tweek apartó la mirada hacia las paredes.
—¿Con eso te refieres a los ataques de pánico?
—Sí...
—¿Por qué no me dijiste nada?
—No... No quería preocuparte. Y sentí que estabas molesto conmigo por lo que pasó...
El ruido de la gente volvió a inundar sus sentidos. Los adornos de Halloween fueron lo primero que llamó su atención. Habían telarañas desplegadas por los escaparates de los locales comerciales y dejó pasar a varios niños disfrazados. Craig continuaba caminando en silencio a su lado. Su mano aún era firme contra la suya.
—Estaba molesto pero no contigo.
Fue casi un murmullo al aire pero Tweek lo escuchó. A veces Craig decía cosas con el volumen más bajo que podía. Era como si las palabras escaparan por accidente de sus labios e intentara detenerlas pero, a la vez, quisiera que salieran. Así que solo las dejaba fluir.
Sin mirarlo.
—No quería golpearlo pero cuando te vi, sentí rabia... Te veías desesperado por golpearlo. Y tú siempre intentas estar tranquilo y... que un tipo haya aparecido de la nada a molestarte. Me jodió un poco... mucho.
Tweek parpadeó y bajó la mirada al piso al sentir que pisaba algo. Un caramelo.
Un caramelo... Dos caramelos... Tres...
O al menos así los vio. Sus ojos se habían llenado de lágrimas de un momento a otro, haciendo que su visión se volviera borrosa por el agua acumulada. Antes de que pudiese hacer algo, estas ya se estaban deslizando fuera de sus ojos. Tuvo que cubrírselos con el antebrazo para que la gente no lo viera.
Craig siguió caminando pero su dedo pulgar empezó a hacer círculos pequeños en el dorso de su mano.
"Está bien. Llora, estoy aquí"
Casi pudo escuchar diciéndolo.
—Craig...— lo llamó entre sollozos. Pasó la manga por sus ojos y mejillas, intentando limpiarse las lágrimas y lo miró. Craig también lo miraba—. Eres el mejor novio del mundo, ¿sabías?
Craig parpadeó y desvió la mirada hacia al frente. Sus pasos se volvieron más erráticos y su mano pareció calentarse todavía más contra la suya.
Tweek sonrió y se aferró a su brazo. No le hizo falta ver sus orejas para saber que estaba avergonzado.
—Eres tan lindo.
—Claro... que no.
—Si, lo eres, Craig Tucker.
Craig miró al techo y se pasó la mano libre por la nuca.
—Cállate.
Eso lo hizo reír aún más.
Cuando, finalmente, llegaron al cine, ambos se quedaron de pie frente a las únicas dos atracciones cerca de la entrada.
Tweek miró fijamente a la bruja de pie a un costado. Había arañas deslizándose por las paredes, luces parpadeantes a lo largo de la entrada. También notó el reflejo de fantasmas asomándose por las ventanas de esa casa y quiso acercarse a verlos.
La otra atracción era la casa de "My Little Pony".
Una señora de aspecto gentil se asomó por una de las esquinas de una de las casas y les sonrió.
—Chicos, aquí están. Vengan, la casa invita. ¿A cuál quisieran entrar?
Ambos se miraron. Tweek ni siquiera le dio tiempo a preguntar. Era obvio que Craig no quería entrar a la casa del terror y, aún así, sabía que lo haría por él. Así que antes de que pudiese decir algo, lo jaló hacia la casa de color rosa.
—Buenas noches. Aquí, por favor.
Craig se detuvo y ladeó la cabeza.
—Pero—
—Está bien. Quiero entrar aquí.
Craig miró la casa y apretó los labios para no reírse. Pareció contenerse un buen rato hasta que el primer Pony apareció. Solo entonces soltó una de esas risitas bajas que a Tweek le encantaba escuchar. Lo vio cubrirse los labios mientras sus hombros se sacudían.
—¿Qué es tan gracioso?
—Es un Pony.
—¿Y?
Tweek también rió por la forma en la que lo dijo.
—No lo sé. Solo me dio risa.
—¿No te gustan?
—Si me gustan. Solo que... —Negó con la cabeza. Su rostro volvió a lucir igual de impasible que siempre aunque sus ojos todavía brillaban con un deje de diversión—. Creí que escogerías la otra casa. No sabía que "My Little Pony" fuese tan importante para ti.
—¿Ah, no? Nos conocemos desde hace años y ¿¡no lo sabías!?
—No. Me sorprendió.
—Bueno, ahora lo sabes, Tucker.
—Sí, ya sé qué regalarte en tu próximo cumpleaños.
—¿Qué? ¡No! No me des un pony.
—Estaba pensando más en un dibujo de... ¿Rarity? —preguntó tras leer el nombre de uno de los personajes. Craig pareció complacido con su nuevo descubrimiento, tanto que hizo que Tweek volviera a reírse—. ¿O prefieres uno de... Rainbow Dash? Se ve que ama vivir.
Dios, no acababa de decir eso. Las risitas se volvieron carcajadas.
—Cállate, Craig— le dijo entre carcajadas.
—O... ¿la de nombre de bebida alcohólica?
Tweek de verdad ya no podía respirar. Se tuvo que poner de cuclillas para poder calmar las carcajadas que no dejaban de salir. El estómago le dolió y le costó dar bocanadas de aire. Craig también se puso a su altura y por su expresión supo que iba a decir alguna otra estupidez. Así que antes de que pudiese decir alguna otra cosa que empeorara su situación, lo empujó contra el suelo y pegó los labios a los suyos.
Fue un beso torpe, doloroso y corto porque no alcanzó a respirar y tuvo que separarse. Apenas pudo dar una corta bocanada de oxígeno cuando Craig lo tomó de las mejillas y volvió a acercarlo.
Dios...
Así que... eso era un beso...
Suspiró cerrando los ojos y dejándose caer por completo sobre él. No sabía cómo mover los labios. Craig apenas los movía contra los suyos. Sentía sus dientes chocando y estaba seguro de que estaba haciendo algo mal pero no le importó. Se quedó ahí, sintiéndolo hasta que sus pulmones demandaron aire.
Apoyó las manos contra el suelo colorido y se separó un poco de Craig, quien lo miraba desde abajo con las mejillas encendidas y las pupilas dilatadas. Se habían besado y no había nadie viéndolos...
Esperaba...
¡DIOS!
Se levantó rápidamente y miró hacia los lados. Por suerte no había nadie por ese pasillo. Pero, ¿y si hubiera cámaras? No, no veía ninguna. Pero, ¿y si las cámaras estaban instaladas en los ojos de los ponis? ¡Eso era muy posible!
—¡Craig!
Su novio seguía recostado en el suelo mirándolo.
—Mmh...
—T-Te ayudo... —
DIOS, SE HABÍAN BESADO.
Bajó la mirada y extendió las manos hacia él para ayudarlo a levantarse. Lo tomó y se sentó pero no terminó de levantarse. Era hasta cómica la forma en la que ambos se miraban. Tweek no sabía si quería reírse por eso o por el hecho de que habían tenido su primer beso real en la casa de My Little Pony, con una música absurdamente alegre de fondo y con Rarity y Rainbow Dash mirándolos.
Quería morirse.
—Quiero besarte.
Tweek se sonrojó y lo soltó.
—N-No... ¡No lo digas así, idiota!
—Es verdad.
—S-Sí pero... ¡no lo digas así!
—¿Y cómo debería decirlo?
—¡No lo sé!
—Bien, no quiero besarte...
Craig se levantó solo y se sacudió la paja que había quedado pegada a su ropa.
Tweek lo miró de reojo y al conectar miradas, giró los ojos.
Craig le estaba sonriendo de esa forma otra vez. Imbécil.
—... pero sí quiero besarte.
Tweek se mordió los labios y, aunque los nervios lo estuviesen comiendo vivo, le mantuvo la mirada.
—...También yo.
No sabía que iba a hacer con todo eso. Sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. ¿ERA ESO POSIBLE? Esperaba que no.
Ni siquiera estaba seguro de si fue un buen beso. Le gustó pero no creía que sus dientes tendrían que haber chocado tantas veces en tan poco tiempo...
Apretó los labios y al ver que Craig volvía a extenderle la mano, la tomó. Entrelazó los dedos y Craig la apretó despacio. Tweek le devolvió el gesto.
Continuaron con el trayecto y Tweek de vez en cuando se tocaba los labios. El sabor a gomitas ácidas con sabor a mora seguían en ellos.
Volvieron a besarse otras tres veces. Tweek volvió a sentir que el aire le faltaba en cada una de ellas.
Y en cada una de ellas, no le importó si moría ahogado.
