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“La Noble y Ancestral Casa de los Black guarda terribles secretos. Dentro de sus paredes se hayan criaturas nunca antes descubiertas, artefactos que te comerán vivo y encantamientos que no te dejarán dormir…”
Un jadeo asustadizo escapó de un pequeño Regulus. Las luces de la sala estaban todas apagadas, solo se podían ver los ojos negros de Sirius por una pequeña bruma que venía de la cocina. El ambiente se sentía pesado.
Y antes de que siguiera relatando, fue su madre la que los interrumpió. “Sirius, deja de asustar a tu hermano.”
Las luces de la sala se prendieron, revelando a dos niños de cabello negro sentados en la alfombra tapados por una manta.
“¡Pero ma!” se escuchó a un indignado Sirius. “¡Estaba por llegar a la mejor parte!”
Walburga solo negaba con la cabeza, divertida de como su estrella más grande estaba empezando a hacer una rabieta tratando de salir debajo de la manta; se dirigió nuevamente a la cocina para colocar los platos en la mesa.
Cuando ambos niños entraron al comedor, un asustado Regulus de cinco años seguía de cerca a un molesto Sirius, ambos se sentaron inmediatamente en sus lugares designados.
“Ma, necesitaba terminar la historia, sino Reg y yo no podremos investigar el caso.” refunfuño Sirius mientras veía como su madre iba y venía entre habitaciones colocando la cena.
La señora Black solo asentía, suspiró cuando escuchó la puerta principal abrirse, Orion había llegado del trabajo. No pasó mucho cuando su esposo entró en la habitación con una pequeña sonrisa en su rostro.
“Huele delicioso.” fue su primer comentario, lo que hizo que Walburga rodara sus ojos divertida.
Regulus fue el primer en saludar a su padre, corriendo directamente a él, mientras Orion lo levantaba por los aires, quitando unas pequeñas lágrimas que estaban en los ojos de la pequeña estrella.
“Oh, ¿qué tenemos aquí? ¿Todo bien Regi?” preguntó preocupado el señor Black.
Regulus metió su rostro entre el cuello de su padre y fue Sirius el que tuvo que hablar.
“Solo estábamos hablando del nuevo caso…” dijo en un tono bajito, no queriendo ser regañado.
Orion rió divertido, entendiendo inmediatamente.
Desde hacía semanas que había llegado después de un viaje de trabajo con un regalo para sus dos hijos, era la nueva edición de una novela que se estaba volviendo bastante popular en el Londres muggle. Ésta hablaba de un detective llamado Sherlock Holmes, quien acompañado del Dr. John Watson, resolvían casos de la manera más extraordinaria posible.
Sus compañeros del trabajo propusieron que sería un buen regalo para entretener a sus pequeños y traviesos hijos, por lo que no dudo en comprar la novela.
Para su sorpresa, sus hijos se tomaron en serio sus papeles y empezaron a recorrer La Noble y Ancestral Casa de los Black como si de un patio de juegos se tratase, afirmando ser los nuevos Sherlock y Watson, en busca de misterios, monstruos y leyendas.
Hasta que llegó el infortunado incidente. Uno donde los niños pensaron que la biblioteca, que estaba totalmente prohibida, tenía un misterio que debían resolver a como diera lugar, por lo que en contra de todas las advertencias de sus padres, entraron e investigaron, sin saber todos los peligros que aguardaban dentro de esas cuatro paredes.
Sucedió un miércoles cualquiera, donde todo estaba tranquilo, por lo que cuando la señora Black se dio cuenta que el concepto de tranquilidad y sus hijos no iban de la mano, se asustó. Habían pasado casi dos horas y no había escuchado nada, absoluto silencio.
Los trató de llamar un montón de veces, corrió, subiendo los escalos de dos en dos, directamente a sus habitaciones, donde no había señal de ninguno de ellos. Buscó por toda la casa, casi hasta volverse loca, y al seguir sin ver a sus pequeñas estrellas, llamó a Kreacher por ayuda.
Orion todavía recuerda cuando llegó a la casa ese día, su esposa estaba abrazando a sus dos hijos que lloraban a mares en las ropas de su madre. Su primer instinto fue ir a abrazar a su familia, tratando de protegerlos de lo que sea que les estaba causando dolor.
Preguntó que había sucedido y su esposa le contó como con la ayuda de Kreacher encontraron la puerta de la biblioteca semi abierta y sin dudarlo, con varita en mano, Walburga entró a la oscura biblioteca, donde encontró a un Regulus tratando de jalar a un Sirius que estaba a punto de ser devorado por un libro.
Orion no preguntó más, no cuando sus hijos solo se agitaron aún más al escuchar y recordar la situación traumática. Siguió abrazando a sus hijos hasta que cayeron dormidos.
Para infortunio de los nervios de su esposa, los dos niños siguieron investigando y abriendo puertas por toda la casa. El señor Black realmente estaba sorprendido de la valentía de sus dos hijos, pero ninguno de los dos dijo nada, no queriendo desanimarlos, por lo que, ambos padres tuvieron que hacer a un lado sus preocupaciones y seguir dándoles ánimos para que siguieran investigando.
“Es tu culpa Orion, tu les compraste ese libro.” dijo por lo bajo Walburga, mientras sus pequeñas estrellas hablaban divertidas el uno con el otro con las bocas llenas.
Orion solo rió. “Me dijeron que era lo de moda.”
Remus siempre dice que Sirius era el último en enterarse de todo, él estaba en total desacuerdo. Sirius puede ser un muy buen observador si se lo propone, gracias. Siempre ha sido alguien bastante bueno para resolver misterios y el siempre sabe que les aqueja a sus amigos antes que los demás. Por lo que él termina siendo el primero en notar el raro comportamiento de James.
James es un chico, a ojos de Sirius, muy animado, algo tonto, pero de buen corazón. Siempre se la pasa pensando en cosas, como cual será la siguiente estrategia para el próximo partido de Quidditch, o cuando será la siguiente luna llena y se entretiene preparando todo para que Luni este cómodo después.
James es un buen chico, algo ruidoso, lo cual le encanta a Sirius en particular, y algo torpe. Acaba, la mayoría de veces, con algo en la cara, migajas de pan, o con pasta en la camisa. Es distraído pero es el mejor amigo que Sirius podría pedir. Se asegura de acudir con los tres cuando tiene un problema o cuando simplemente solo quiere de su compañía.
Por lo que, cuando James empezó a faltar los primeros minutos del desayuno, se le hizo raro, pero lo dejó pasar, era normal que se hubiera quedado dormido. Pero también empezó a ver como empezó a desaparecer los fines de semana en la noche, lo cual, si Sirius lo piensa bien, también era normal, al final de cuentas, estaban en su quinto año y querer pasar el tiempo con una conquista era lo normal.
Lo que se le hizo raro fue cuando, dos meses antes de las vacaciones de navidad, Peter propuso una noche de estudio en la biblioteca para los TIMOs, James declinó la oferta, asegurando que tenía otros planes. Todos se notaron sorprendidos, pero no dijeron mucho.
La siguiente ocasión, un mes después, fue Remus quien pidió estudiar en la sala común, ofreciendo revisar sus propios pergaminos por errores y ayudarlos en varias materias. James volvió a rechazar la oferta. Peter se quedó callado, pero terminó asintiendo. Remus estaba desconcertado, estaba ofreciendo su ayuda, pero tampoco dijo mucho. Fue Sirius quien empezó a notar algo.
Después de eso, Peter volvió a insistir una o dos veces más, Remus entre cuatro o cinco veces más, pero cuando ambos se dieron cuenta que James rechazaría todas y cada una de las veces, lo dejaron estar. Sirius no pudo.
Dos días antes de presentar los exámenes acorraló a James mientras regresaban de la práctica de Quidditch. “Corns, ¿estudiamos esta noche?”
Trató de sonar casual, sin importancia, algo que un amigo sin saber nada le diría a otro que no le esta ocultando al otro. Aun así, la respuesta de James fue casi inmediata.
“Lo siento, ya tengo planes.” conocía la sonrisa que le estaba dando, esa era una sonrisa muy nerviosa.
“¿En serio?” inquirió Sirius, sin querer darse por vencido. “En unos días son los TIMOs, ¿sabes? Sería bueno que estudiaras, aun que sea, un poco. Y mira que te lo digo yo.”
“Claro que lo haré, solo que…” se estaba poniendo más nervioso. Sirius estaba muy cerca, lo podía sentir.
“¿Es una linda chica la que no te deja pensar bien?” soltó Sirius.
“No, no, no.” James tenía un rubor leve en sus mejillas. “No es eso, es que…” cerró sus ojos, pasaron casi cinco minutos en silencio absoluto y suspiró. “Estoy yendo al club.”
Sirius frunció el ceño, totalmente desconcertado. “¿Cuál club?”
James desvió la mirada. “Ya sabes, el ‘Club de Duelo Avanzado’, el que es organizado por algunos Hufflepuffs y Gryffindors, en la Torre de Astronomía.”
Sirius negó con la cabeza. “¿De que hablas?”
“Oh, vamos Nuts. El club que te dije al que te inscribieras para tener una buena optativa en el curriculum para la Academia de Aurores.” James seguía sin mirarlo, pero Sirius pasó por alto ese detalle, sumido en sus pensamientos.
No recordaba que James le hubiera avisado de ningún club de duelo, ni nada relacionado con optativas para la Academia de Aurores.
James volvió a hablar. “Te avise que el club es bastante estricto con las postulaciones, te avise sobre las inscripciones pero cuando vi que tu nombre no figuraba en la lista… pensé que sería lo mejor no decirte. No quería enojarte.” terminó en un susurro.
Sirius en realidad no recordaba, trató de hacer memoria, pero en realidad no recordaba nada de nada. Su ceño se frunció, se sentía bastante enojado por no recordar, James lo notó.
“Pero no te preocupes, Canuto. El año que viene también abrirán las inscripciones, te arrastrare si es necesario yo mismo.” carcajeo por lo bajo.
Sirius suspiró y no volvieron a tocar el tema.
Huh, el Club de Duelo Avanzado, caso resuelto. Pensó Sirius una noche que James no volvió antes de las diez al dormitorio en plena semana de exámenes, al final de cuentas, Sirius era buen observador.
Los exámenes habían terminado, pero el comportamiento de James seguía siendo casi el mismo. Se ausentaba en las mañanas, no regresaba después del toque de queda y normalmente se la pasaba en ese dichoso club.
Sus amigos lo notaron. Peter fue el primero en sacar el tema, en una noche mientras los tres jugaban Poker Mágico. “¿Creen que James este involucrado en algo raro?”
Remus lo miró durante dos segundos antes de simplemente levantar los hombros. “No.”
Peter no se notaba del todo convencido, por lo que volteó con Sirius.
“No Guss, todo esta bien.”
Fue el turno de que Remus lo volteara a ver. “¿Seguro?” su tuno era inquisitivo.
Y es que aunque Remus intuía que James no estaba haciendo nada malo, también sabía que algo estaba sucediendo.
Las manos que sostenían sus cartas temblaron, James no había hablando sobre el tema ni con Remus ni con Peter y tampoco nadie lo había hecho en realidad, no querían hacer un problema grande del asunto, porque no había ningún problema en realidad. Por lo que Sirius suspiró y decidió ser él quien diera el primer paso.
“Muy seguro Luni, solamente esta pasando el tiempo en el club.”
Peter y Remus fruncieron el ceño al mismo tiempo, pero fue Peter el que habló de los dos. “¿Cuál club?”
“James dice que esta atendiendo el Club de Duelo Avanzado, ese hecho por Huffs y Gryffs.”
“¿‘Dice’?” preguntó Remus. “No he escuchado nada de un tal ‘Club de Duelo’, mucho menos avanzado.”
“Luni, por favor, no es como que realmente nos este mintiendo y además tal vez no lo has escuchado porque no es un tema al que le prestes atención, ¿o sí?” contestó Sirius.
Peter se quedó callado, Remus solo asintió y Sirius suspiró. Tema cerrado.
Esa noche los tres le hicieron más preguntas a James cuando regreso del club, cosas como donde y cuando, que practicaban. Y aunque el comportamiento de James era sospechosamente nervioso, nadie le prestó mucha importancia.
Sirius recorría el pasillo del Expresso en busca de su hermano. Estaban por llegar a la estación y necesitaba encontrarlo antes de bajar. Lo terminó viendo charlando con otro Slytherin en el último compartimiento.
Abrió sin siquiera tocar y dio un pequeño asentimiento al otro chico en señal de reconocimiento. “Hey Reg, ¿listo?”
Su hermano solo asintió, tomo sus cosas y salió, no sin antes despedirse. “Hasta luego, Snape.”
El chico que quedó atrás solo ondeo su pálida mano y no dijo nada más. Sirius lo recordaba vagamente. Severus Snape, uno de los mejores amigos de su hermano, el mejor promedio de su generación y estudiante del mismo año que Sirius.
Nunca había interactuado directamente con el chico, siempre estaba entre libros y estantes, y si hacía memoria lo había visto con Evans en algunas ocasiones. No lo detestaba en particular pero no le interesaba acercarse tampoco, el chico apenas sonríe, siempre estaba con esa aura un tanto intimidante y lo rodeaban algunos muy malos rumores. Apenas puede comprender exactamente porque su hermano platica con el.
Llegando a la estación, ambos al bajar percibieron casi de inmediato a sus padres, los cuales los recibieron con besos y abrazos. Sirius solo desvió la mirada hacia sus zapatos. Estaba en quinto año, pero le seguía pareciendo tierno como sus padres lo seguían tratando como si tuviera cinco años.
Regulus era el que menos avergonzado se encontraba, nunca le había parecido nada malo ser mimado en público por sus padres.
Los cuatro se encaminaron por las calles del Londres muggle, pasando por tiendas y asegurándose de parecer una familia muggle normal. Cuando llegaron a Grimmauld Place, Sirius ya estaba completamente agotado y tal parecía que todos en realidad lo estaban. Esa noche nadie cenó y solo pasaron a descansar en sus dormitorios.
Fue al día siguiente, cuando Sirius bajaba por una taza de té, que se encontró con su madre en la cocina. Había pasado otro semestre sin verla y ahora que prestaba atención empezó a notar como su cabello cada día estaba siendo invadido por la blancura de las canas.
Le parece surreal como todavía puede recordar vívidamente correr a los brazos de su madre por toda la casa y ser cargado mientras le contaba algo.
Walburga lo notó casi de inmediato cuando se acercó para estar a lado suyo.
“¿Dormiste bien?” no lo miró directamente, pero su tono era cálido.
“Algo así, ¿tu?”
“Agradable.”
El silencio que se asentó no era incómodo, era algo reconfortante.
“Tu padre estará fuera unos días.” dijo después de unos momentos.
El señor Black era un mago muy ocupado, yendo y viniendo por todo Inglaterra, pero aun así siempre trataba de asegurarse de no faltar en los descansos escolares, queriendo pasar más tiempo con su familia. Ese pensamiento le sacó una sonrisa.
Los días pasaron volando, veía a su madre en las mañanas y le ayudaba en ocasiones con sus bordados. No había hablando mucho con Regulus, pero eso era normal.
No tenían mala relación, pero dos chicos adolescentes, que pertenecían a casas diferentes, simplemente terminaron distanciándose. Hablaban en ocasiones en Hogwarts, pero Regulus tenía a sus propios amigos y Sirius tenía a los suyos, ambos habían crecido para tener distintos intereses, eso era todo.
Tal parecía, que esa noche cambiaría algo.
Era el día que su padre llegaría de su viaje de trabajo, su madre había organizado una cena más grande que las anteriores, alegando que quería tener una noche inolvidable con su familia. Y como era de esperar, su padre llegó esa tarde con algunos obsequios bajo el brazo, mientras, su madre se aseguraba de colocar la mesa. Sirius y Regulus bajaron unos minutos después.
La cena estaba siendo tranquila, hasta que su madre preguntó.
“¿Cómo van las clases chicos?” les ofreció una mirada mientras cortaba su carne.
Era la pregunta de rutina. El primero en hablar fue Regulus, le apasionaba hablar de sus calificaciones, de lo interesantes que eran sus amigos y de lo divertido que eran los paseos a Hogsmeade. Sirius se alegraba, tal parecía que su hermanito estaba disfrutando al máximo la escuela, tanto como él mismo lo hacía. Todo iba bien, hasta que Sirius alcanzó a escuchar, entre todo el parloteo, algo que lo dejó confundido.
“Y Sev ahorita esta en este club de estudio que algunos chicos de Ravenclaw están manejando en la Torre de Astronomía y aunque las reuniones son bastante madrugadoras, estoy bastante emocionado en tratar de entrar el siguiente semestre.”
Su padre lo interrumpió. “Suena prometedor.”
“¡Lo es! Sev dice que hasta para él fue complicado entrar, y es el mejor promedio de su generación. No hay límite de edad en realidad, pero si que debes de pasar un pequeño cuestionario para que te dejen entrar. Esperó quedar, estoy bastante nervioso.”
“¿Qué días son?” preguntó Sirius.
Regulus lo miró sorprendido, porque normalmente no se interesaba en los temas de su hermano, pero aun así contestó. “Los lunes, jueves y sábados, entre las cinco y seis de la mañana, también se reúnen los marte y miércoles pero de diez a once de la noche.”
Fue el turno de su madre en intervenir. “Regi, eso es muy tarde, esta fuera del toque de queda.”
“Pero mamá, es el mejor club de estudio de todo Hogwarts. Trate de buscar otras opciones, trate de hacer uno yo mismo, pero la mayoría de Ravenclaws y Slytherins prefieren estudiar solos. Este tiene miembros de casi todas las casas, y son de lo mejor.” defendió. “Además no solo retoman temas de la escuela, Sev dice que están avanzados en varias materias arriba del curriculum escolar. Es una oportunidad única.”
Y antes de que sus padres pudieran disuadir a su pequeña estrella, Sirius interrumpió.
“Te mintió Reg, a esas horas en la Torre de Astronomía se reúne el ‘Club de Duelo Avanzado’, dirigido por Huffs y Gryffs.”
Los grandes ojos de Regulus se enfocaron en su hermano, su rostro mostraba sorpresa, un poco de enojo, pero en su mayoría sorpresa.
Lentamente respondió. “No, se reúne el ‘Club de Estudios Extracurriculares Avanzados’, vi el panfleto.” aseguró.
El ceño de Sirius se frunció y un pequeño puchero se fue formando en sus labios. “Pues te puedo yo asegurar que es falso.”
“Yo te aseguro que tu club es el falso.” los ojos de Regulus se entrecerraron.
Con una sonrisa que se parecía más a una mueca, Sirius habló. “Reg, no. Exactamente no sé que te habrá dicho ese tal Snape, pero no hay ningún club similar a esas horas en la Torre de Astronomía.”
“Lo hay.” sin decir más, se levantó y subió las escaleras a toda prisa.
Sirius miró a sus padres, tratando de preguntar silenciosamente que sucedía con la explosión repentina de su hermano, pero ninguno de ellos le dieron una respuesta concreta. Sirius volteó cuando Regulus volvió al comedor y traía consigo un pequeño pergamino entre manos.
Club de Estudios Extracurriculares Avanzados
El grupo de estudiantes de séptimo año invita a los estudiantes de años inferiores a presentar su postulación en la Torre de Astronomía de: lunes a viernes, de ocho a nueve de la noche.
Las materias a estudiar serán las siguientes mencionadas: Encantamientos · Astronomía · Herbología · Defensa Contra las Artes Oscuras · Cuidado de Criaturas Mágicas
Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Los ojos de Sirius se desenfocaron completamente cuando terminó de leer, no era posible, James nunca le mentiría.
Arrugó más el pergamino. “Es falso, completamente y rotundamente falso.”
Regulus soltó un bufido. Y de repente la primera cena familiar se convirtió en un campo de batalla campal. Sirius defendía el hecho de que James nunca le mentiría, Regulus aseguraba haber visto túnicas azules y amarillas dirigiéndose a la torre.
Orion y Walburga solo veían como sus hijos se lanzaban miradas amenazadoras, tenían esa mirada que ambos conocían muy bien. Oh, ahí vienen los insultos.
“Reg, no puedes ser tan estúpido para creerle al rarito del salón.”
Con una mueca ofendida, Regulus contraatacó. “¡¿Cómo te atreves?! ¡Sev no es ningún rarito! ¡Es bastante inteligente, capaz y para tu información tiene muchos amigos! Y si alguien tiene que ser el rarito, ese entonces deberías ser Potter.”
Sirius se levantó de su silla, con una mano en el pecho y la otra apuntando enfrente, sentenció dramáticamente. “Te reto, Regulus Arctur-“
Regulus también se estaba levantando de su silla, no iba a permitir que el honor de su amigo y por consiguiente, el suyo, se viera obligado a pasar por tal humillación; pero antes de que pudiera Sirius terminar, su madre interrumpió.
“Niños, basta.”
El tono de su madre era bien conocido, entre los sangre puras, por ser filoso, casi gélido, ni su padre se atrevía a siquiera tratar de intervenir. Los dos lo podían sentir bastante bien, era momento de parar si no querían recibir ningún castigo. Regulus lentamente se sentó en su silla y Sirius terminó dejando caer su brazo.
“Es hora de dormir, será mejor que vayan a sus habitaciones.”
Cuando Sirius quiso refutar, pero antes de abrir su boca se llevó una mirada fría de su madre que terminó por callar cualquier queja que estuviera por surgir. Ni siquiera había podido probar el postre. Ambos adolescentes se levantaron y subieron directo a sus cuartos.
Ninguno se dirigió la palabra esa noche, ni a la mañana siguiente. Prefirieron estar todo el día evitándose, Sirius estaba molesto, pero también lo estaba Regulus. En la mente del otro solo podían ver como su hermano lo llamaba mentiroso y no lo podían soportar.
Fue hasta en la tarde, cuando sus padres volvieron del trabajo y cuando ambos chicos bajaron para la cena, que se tuvieron que sentar nuevamente frente a frente. Sus padres no habían dicho mucho desde que llegaron, unas cuantas palabras sobre sus propias amistades, el cómo iba el trabajo, pero al iniciar el postre fue su madre la que habló.
“Díganme exactamente qué esta sucediendo.”
Sirius fue el más rápido. “James ha estado atendiendo en los últimos meses a este club, lo note cuando empezó a levantarse temprano y llegar tarde al dormitorio, le pregunte directamente y él mismo me lo dijo, en la Torre de Astronomía se reúnen para el ‘Club de Duelo Avanzado’.”
Su madre lo miro durante dos segundo y luego paso a Regulus.
“Me acerque un día a Severus para estudiar porque estaba solo, pensé que se había peleado con sus propios amigos y como el me hace compañía cuando yo me peleo con los míos, pensé que sería buena idea, pero declinó, lo cual se me hizo raro, pero me dijo que era porque tenía que atender a la reunión del ‘Club de Estudios Extracurriculares Avanzados’, cuando le pregunte sobre el tema, el simplemente me dijo que buscaría el volante y me lo mostraría. Dos días después me lo dio.”
Walburga se quedó callada durante varios segundos, tratando de encontrar cualquier rastro de mentira en los rostros de sus hijos, y cuando no encontró nada, suspiró. Era obvio que ambos decían la verdad.
“Sirius, ¿James te mostró algo relacionado con ese club?”
Sirius se puso rojo, no tenía evidencia concreta, él lo sabía. Sentía tanta vergüenza, no había pasado casi toda su niñez aclamando ser el próximo Sherlock, para que al final su caso fuera desechado por falta de evidencia, un buen detective siempre tenía evidencia que sustentara sus hipótesis, sus teorías y ahora, no tenía nada. Sin poder encontrar las palabras, solo negó agachando la cabeza.
“Sería bueno que le escribieras a James, tal vez te pueda dar el boletín de ese club, ¿que te parece?” el tono de su padre delataba que quería animarlo, así que Sirius le dedicó una pequeña sonrisa por eso.
“Esta bien.”
Y se cerró el tema, ni sus padres ni Regulus volvieron a hablar de ello, Sirius les agradeció silenciosamente. Terminaron la noche jugando varias partidas de Cartas Explosivas, donde su padre perdió todas las veces contra su madre.
Pero a la mañana siguiente, antes de siquiera abrir su libro de Historia para tratar de hacer los deberes que tenía, le mando una carta a James. Trató de sacar el tema casualmente.
¿Qué tal, Corns?
Espero que tus padres se encuentren bien. Los míos te mandan saludos y posiblemente llegue con un nuevo frasco de frutos secos, mamá ha estado haciendo un increíble trabajo deshidratando los arándanos. Se que te encantarán.
¿Ya iniciaste la investigación del profesor Binns? Por mi parte yo todavía no la he hecho, todavía no le encuentro lógica del porque tenemos que seguir viendo el mismo tema de la guerra de los elfos, cuando todos sabemos que ellos debieron ganar y que simplemente los están pitando como los malos. Pero bueno, cosas de magos políticos y esas cosas según papá.
Cambiando de tema. Mamá se intereso en el club de duelo y me preguntaba si tenías el boletín para enseñárselo, papá también esta interesado, por lo que si me lo podrías mandar me asegurare de llevar dos bolsas de regalices.
Cualquier cosa, siempre juntos,
Sirius.
La leyó tres veces antes de mandarla, no quería que sonará como si estuviera dudando de su mejor amigo, porque no lo estaba haciendo, solo necesitaba evidencia para llevar pruebas a la cena. Llamo a Bruma y le pidió que llevara la carta lo más rápido que pudiera, su búho solo asintió.
Los dos días siguientes pasaron normales, en la cena era su padre el que sacaba algunas historias de su trabajo, nada tan profundo. Hablaba de los torpes que podían ser los chicos nuevos, de como Spencer termino atorado en la Floo un día, o el como Thomas un día llegó con una mejilla marcada con una mano. Sirius y Regulus aprendieron de esa historia que cuando terminaran con cualquiera, se mantuvieran a una distancia razonable.
Antes de la cena del tercer día, Bruma apareció con la carta de James atada suavemente a su cuello. Sirius se emocionó, no dudo ni leyó la respuesta que había junto con el boletín, no importaba, tenía la evidencia necesaria. No podía esperar hasta la cena.
Cuando su madre los llamó, Sirius fue el primero en bajar, dando brincos y desplazándose con una sonrisa en su rostro. Fue hasta el postre que dejo a Regulus disfrutar de su comida, antes de que Sirius mostrara su mejor carta.
Se aclaró la garganta y con la atención de todos sobre él, sacó de su bolsillo el boletín.
Colegio de Hogwarts de Magia y Hechicería.
Te esperamos en la Torre de Astronomía, de viernes a domingo, a las 3 y 4.
INSCRIPCIONES ABIERTAS!!
El mundo mágico te llama.
El primero en hablar fue Regulus. “No puedes estar hablando en serio.” su rostro mostraba una mueca. “¿Siquiera viste esto? Esta lleno de cosas… muggles.”
“¿Y? No hay nada de malo. Todo lo contrario, atrae a los estudiantes, en cambio el tuyo parece que los duerme.”
Regulus sin perder el ritmo, también estampo el suyo contra la mesa del comedor. “El mío tiene clase, es formal, es institucional.”
“Aburrido.” canturreo Sirius.
Y volvieron a discutir. Sirius estaba más enojado que la última vez, estaba vez tenía bastante fuerza su postura, James le había mandado el boletín que aseguraba que Sirius no estaba mintiendo.
En cambio, Regulus también esta enojado, el pergamino era todo menos serio, se podía ver completamente la falta de profesionalismo en el, estaba completamente seguro que ese volante era falso.
El señor Black tomó los dos boletines y rió por lo bajo. “Ninguno es falso.”
Sus hijos lo voltearon a ver. “¿Qué?”
“Ven el sello en ambos, eso indica que ambos son verídicos. Los tuvo que aprobar algún profesor. Es un sello único.”
Ambos chicos acercaron sus narices y efectivamente, en ambos boletines estaba impreso un sello con el logo de Hogwarts. Sirius no lo entendía, James decía la verdad, no había duda en ello, pero tal parecía que Snape también la decía. Todo era tan confuso.
Y con una sonrisa asomándose entre las comisuras de sus labios, brotó una risa. “¡Es hora de un caso!”
Sin terminar su postre, tomó del brazo a su hermano, los pergaminos y los encamino a su habitación mientras corría; no le importaban las quejas de Reg, era momento de ponerse serios, Sirlock y Regston, estaban a punto de volver a salir.
A lo lejos, en la cocina, se escuchaban las carcajadas de su padre y los suspiros de su madre. Sería la mejor navidad, Sirius lo podía sentir.
Había llegado la cena de Navidad, pero aun así, Sirius no podía dejar de pensar en lo que sea que su mejor amigo estaba metido. Se había pasado cuatro días y noches en vela, solo para poder descifrar el caso, pero no había llegado a ningún lado.
Todas las teorías que habían tratado de crear con Regulus eran, en palabras de sus padres, estúpidas. Sirius quería pensar que podían darles un poco más de crédito, pero de acuerdo con su madre, el pensar que puede haber una Torre de Astronomía gemela que nunca nadie ha visto ni oído hablar de ella, es bastante bobo.
Y, a palabras de los compañeros de su padre, quien terminó contándoles todo, el siquiera sugerir que la profesora Minerva McGonagall estuviera borracha en horario laborar y terminara sellando los dos boletines, era simplemente idiota.
Sirius estaba enojado con el mundo, no tenía respuestas y tenía muchísimas preguntas, pero terminó dejándolo pasar aunque fuera por este día, era Navidad después de todo. Sentados a la mesa y después del postre, los cuatro se dirigieron al salón para iniciar el intercambio de regalos. Iniciaron con los más cercanos.
Por su parte, Sirius recibió tres fantásticos regalos de sus mejores amigos y uno de Regulus, aunque él lo negó, como todos los años; también recibió de sus padres las llaves de la máquina muggle que estuvo pidiendo desde hace dos navidades, una bonita BMW R 90 S. Regulus recibió una cuenta en Gringotts totalmente llena por parte de sus padres, y sus amigos le mandaron bastantes libros y estuches de plumas con extrañas tintas. Sus padres intercambiaron entre ellos pequeños obsequios que a ojos de sus hijos eran bastante románticos.
Fue después de una tranquila partida de Ajedrez Muggle que su padre sacó el tema.
“Saben, Carl tiene una teoría sobre el misterio de los boletines.”
Su madre no dudó en suspirar, se levantó de su asiento mientras murmuraba que iría por café. Cuando volvió, su padre respondió a las miradas confundidas de sus hijos.
“Dice que el club puede que sea una excusa para reunirse y… ser fogosos” las mejillas de su padre se tiñeron de un color rosado ligero.
Su madre, esta vez, rodó los ojos, mientras negaba suavemente. Regulus frunció su ceño mientras analizaba las palabras de su padre, sin entender a que se refería.
El primero en entender fue Sirius, quien no pudo contener la mueca que salio de su rostro. “¡No puedes estar hablando en serio!”
“¿Por qué no?” rió su padre divertido.
“Bueno, porque… simplemente no es así.”
Los ojos de Regulus se abrieron tanto cuando entendió a que se referían todos e igual que su hermano, no pudo contener la mueca.
“Sev tiene mejores gustos.”
Sirius se ofendió. “¡¿Él?!”
En un cómodo sillón, Walburga veía como sus hijos volvían a iniciar una pelea sobre el honor de sus amigos y los gustos de cada uno, suspiró cuando su esposo se acercó para sentarse junto a ella.
“Eres malévolo.”
“Solo les dije lo que Carl me contó.” la sonrisa del señor Black dejaba en evidencia los verdaderos sentimientos que el tono inocente trataban de ocultar.
“¿Y tenías que hacerlo en Navidad?”
“¿Cuál sería el chiste sino?”
Walburga tomó un trago de su café y susurró. “Malévolo.”
Sirius no podía siquiera pensar en la posibilidad. Se negaba.
En realidad no tenía nada contra el Slytherin, no había interactuado con él en realidad, pero los rumores, sobre todo en la sala común de Gryffindor, eran despiadados.
Algunos decían que el chico estaba metido en cosas turbias de artes oscuras y taboos. Otros tantos tenían la percepción de que era un chico bastante altanero y presumido. Y el peor de todos, según las chicas, era que era un mujeriego.
Sirius conocía a su mejor amigo, el chico tenía corazón de pollo, y si se presentara la mínima posibilidad de que se fuera a involucrar tantito con Snape y los rumores fueran ciertos, James terminaría llorando por todo el cuarto durante meses. Sirius no quería ver eso.
Suspiró y con la mente decidida salió a buscar a su hermano. Lo termino encontrando en el jardín leyendo un libro ‘Alicia en el País de las Maravillas’, uno que nunca había visto.
“Reg.”
“Rius.”
El silencio envolvió el ambiente.
“Uhm, lo que dijo papá ayer… sobre lo de-”
“No me interesa.” Regulus no levanto la vista del libro y su tono era bastante plano.
Sirius impaciente, paso una mano sobre su cabello. “Pero si hubiera una posibi-”
“No me interesa.” volvió a interrumpir.
“Por favor, Reg.”
Por primera vez su hermano cerró el libro y le dedico una mirada profunda.
“Sirius, ¿exactamente por qué estas tan interesado en este caso?”
El ceño fruncido de Sirius se formó en su frente. “Estoy tan interesado como lo estas tú.”
Su tono trataba de dar a entender que la pregunta era estúpida. Regulus suspiró.
“Yo no estoy tan interesado en siquiera saber si el club es real a estas alturas. Mucho menos si resulta que ambos se están viendo para besuquearse.” la cara de confusión de Sirius hizo que Regulus continuara. “Claro que siento curiosidad por saber el motivo detrás de las mentiras de Severus, pero no estoy tan desesperado por ello, se que puede tener sus propios secretos, eso es normal.”
“¿En serio?”
“Severus no es una persona afectiva mucho menos abierta, le gusta tener sus secretos y pasearse por ahí entre corredores escondiéndose del mundo, él es así. Pero no es un chico malo.” su mirada se desvió. “Si estas preocupado por tu amigo, yo te puedo asegurar que no va a pasar nada malo. Se que puedes estar dudando por los rumores que hay detrás de Severus, pero toma mi palabra. La palabra de tu hermano.”
La mirada de Regulus era sincera, eso Sirius lo sabía.
“Es que no lo entiendo, ¿por qué James no me contaría nada de esto?”
Sirius si estaba preocupado, pero estaba más enojado con el hecho de que en realidad la teoría del compañero de su padre fuera verdad. Estuvo buscando durante días y evadiendo las señales durante semanas porque simplemente no quería pensar en que su mejor amigo le estuviera guardando un secreto.
Regulus lo miró durante un rato y sonrió suavemente.
“Rius, no es algo personal. Cuando una persona guarda secretos no es porque exactamente no quiere que los veas tú.” Sirius formó una mueca. “Sino que simplemente no quieren revelarlos para poder disfrutar de ellos egoistamente, ellos solos.”
“Eso tiene sentido, James es un idiota posesivo.”
Regulus rió ante ello.
La semana siguiente estuvo tratando de mantenerse ocupado con los deberes, ayudando a su madre y leyendo algunos libros que Regulus le recomendaba, ‘Alicia en el País de las Maravillas’ resultó ser muy entretenido. Trataba de no pensar en el hecho de que James sí que estuviera viéndose con Snape, de una forma romántica.
No era que le preocupara el tema de los rumores de Snape, Regulus le había dado su palabra y eso era suficiente. Sino era más el peso de que James no le contara nada, de que no lo considera su confidente y lo dejara a un lado, eso era lo verdaderamente molesto.
Trataba de recordarse así mismo las palabras que su hermano le dijo, pero a veces no lo lograba.
Estaban a dos días de volver a Hogwarts y no podía dormir, el enojo no lo dejaba, por lo que agarro un pergamino de su baúl y sin dudarlo mucho empezó a escribir.
¿Qué tal, James?
¿Ya preparaste tu baúl? No se te vaya a olvidar nada, sería desastroso ir a Hogsmeade para comprar calzoncillos, otra vez.
Espero que estés listo para un nuevo año, ya tengo preparados algunos planes. Aunque claro, solo si vas a estar disponible y si sigo siendo tu mejor amigo.
Siempre juntos, eso espero,
Sirius.
Fue a la mañana siguiente, cuando Bruma golpeaba su ventana que Sirius se sintió avergonzado de su comportamiento. La respuesta de James era corta.
¿Qué carajos, Nuts?
Sirius lo admitía, su carta había sido rara, inexplicable y simplemente algo de lo que trataría de olvidar.
Con el humor por los suelos bajo a desayunar. Su padre fue el primero en notar sus muecas.
“Sirius no te lo tomes en serio. Carl puede ser muy tonto a veces.”
Sirius solo pudo suspirar. Cuando su madre se sentó, le dedicó una mirada durante unos segundos antes de hablar.
“Estrella, dime que te aqueja.”
“Me niego a pensar que mi mejor amigo me haya mentido. Aun cuando le di la oportunidad de decirme la verdad, decidió verme la cara. Parezco un chiste.”
“Cariño…”
“No es justo, no es como si le fuera a armar un escándalo porque le gustan los hombres, o porque exactamente le gusta Snape.” Sirius solo miraba a su plato, del cual no había probado nada.
Walburga le dedicó una dura mirada a su esposo para que trata de intervenir. Aclarándose la garganta, el señor Black bajo su cubierto y trato de que su tono fuera suave.
“Como dije, tal vez Carl solo dijo algo tonto. Puede que si haya una Torre de Astronomía gemela, algo final de cuentas.” Su padre trataba de animarlo. “¿Por qué no con Regi investigan un poco más antes de saltar a conclusiones, eh?
Sirius levantó su mirada y le dedicó una sonrisa. “Gracias.”
“Significa que no tendré un año tranquilo, ¿verdad?”
Ahora la dura mirada de Walburga estaba en Regulus. Sirius, soltó una pequeña sonrisa, se sentía el chico más afortunado, su familia lo apoyaba.
El regreso a Hogwarts había sido tranquilo. Sus padres los despidieron en la estación mientras los llenaban de besos y frases de preocupación.
En algún punto su padre le entregó varios pergaminos haciéndole prometer que lo mantendría al tanto, pues durante los últimos días su padre se había convertido en el centro en los recesos de su oficina contando el problema de los clubs y compartiendo con sus compañeros las teorías a las que sus hijos llegaban.
Su madre decía que eran solo unos chismosos, Orion aclaró que eran solo unos trabajadores que se tomaban su trabajo en serio, trabajadores dedicados. Eran los orgullosos oficinistas del Departamento de Información y Alianzas Mágicas, y recabar la confirmación de si el heredero de la Familia Potter terminaría con un mestizo, era vital para el futuro del mundo mágico, gracias.
Sirius siempre se reía de las excusas de su padre.
Arriba del Expreso Hogwarts, Sirius se despidió de su hermano, dirigiéndose directamente a buscar a sus amigos. No tardó mucho en escuchar las ruidosas carcajadas. Al entrar los ojos de James fueron los primeros en verlo y podía sentir muy bien la confusión en ellos, pero decidió ignorarlo por lo menos el día de hoy.
El tiempo pasó volando entre chistes y risas. Peter contaba bastante animado sobre sus vacaciones, sus viajes y las cenas familiares que tuvo. Remus se le unió minutos después, agregando sus propios recuerdos. Sirius se alegraba de que sus amigos hubieran pasado unas agradables vacaciones, trato de que la existencia de James no le pesara mucho y lo logró.
Ya en el Gran Comedor y con toda la gente alrededor, el silencio entre James y él se podía camuflar bastante bien, aunque podía ver la mirada inquisitiva de Remus.
Aunque había estado de acuerdo con el plan de su padre sobre investigar más sobre el asunto antes de saltar a conclusiones, Sirius pensó que si ignoraba el tema, en unos días todo volvería a la normalidad.
Estaba equivocado.
James seguía ausentándose y tal parecía que empezaba a hacerlo hasta con mayor frecuencia, como si pensara que su mentira estaba bien guardada. Sirius quiso reírse en su cara.
Un día de estos, cuando se encontraban desayunando, James se paró apresurado de su asiento, creando excusas cuando Peter le preguntó a donde iba. Sirius no mencionó nada y solo lo vio alejarse, hasta que, al otro lado del Gran Comedor divisó como Snape también se retiraba. Sirius frunció el ceño, era tan obvio.
En algún momento de seguir a Snape, su mirada se cruzó con la de su hermano y ambos no dudaron en levantarse para tratar de seguirlos.
“¿Cuál es el plan?” preguntó Regulus cuando ambos se reunieron.
Sirius negó. No tenía ningún plan.
“Perfecto.” la irionía en la voz de Regulus se sentía.
Al salir del Gran Comedor pudieron ver como los colores verdes seguían a los rojos por el extenso pasillo, hasta que se perdieron por la salida que llevaba al patio del ala este. Pisando los talones, Sirius y Regulus prefirieron no dar a conocer su presencia, decidiendo espiarlos por los vanos.
Grande fue su sorpresa cuando encontraron a los chicos intercambiando pequeñas cajas con moños, Sirius reconoció el envoltorio de inmediato. Cuando Remus preguntó, el primer día de vuelta en el castillo, por la cajita plateada con moño verde que se encontraba en el baúl de James, Corns solo había dicho que era un regalo que no pudo mandar. Todavía recuerda a Peter reírse por lo olvidadizo que podía ser.
Pero ahora, con la escena que estaba viendo, Sirius ató los puntos, el regalo era para Snape.
“Bueno, no es raro que ambos estén intercambiando regalos.” susurró Regulus.
“Shh, no oigo.”
Ambos se pegaron más contra los muros, tratando de captar aunque sea una pequeña pista.
El primero en hablar fue Snape y con una ceja levantada, su mirada se poso en los ojos dorados. “Plateado y verde, que original, James.”
“Porque rojo y dorado es el epítome de la originalidad.” rió divertido.
“Son tus colores favoritos.” contraatacó.
Las mejillas de James se tiñeron de un color rosa. “… cierto.”
Ambos rieron y se sobresaltaron cuando la campana sonó, marcando el inicio de las clases. Sirius vio como su mejor amigo trataba de despedirse del Slytherin torpemente con un beso en la mejilla. Sirius quería saber que sucedía, no quería ver como James se auto-humillaba, gracias.
Esto significaba que la teoría de Carl, el amigo de su padre, empezaba a cobrar mayor fuerza.
Durante los siguientes días vio como James iba y venía entre clases, desayunos y cenas, tal parecía que trataba de pasar todo el tiempo posible con Snape. Sirius seguía sin entender bien que pasaba por la mente de su mejor amigo, sería más sencillo sincerarse con sus amigos y besuquearse a su Slyth en medio del Gran Comedor, que tratar de encontrarse entre pasillos ocultos y detrás de los invernaderos.
Sirius estaba molesto, pero también lo apoyaba silenciosamente.
Con Regulus los siguieron un día a la Torre de Astronomía, para ver, exactamente que hacían en esas horas que decían ser destinadas para los dichosos clubs. Ambos se pusieron de acuerdo para verse al pie de las escaleras de la Torre de Ravenclaw y de ahí tratar de seguirlos. Sirius sabía que James tenía su capa de invisibilidad, por lo que le pidió a Regulus verse media hora después de que ambos hubieran salido de la sala común.
Cuando estuvieron fuera de la Torre, ambos pegaron orejas a la puerta.
“—entonces Sirius explotó el jarrón, papá se puso como loco, casi le da un ataque de pánico. Solo podía repetir que era el jarrón favorito de mamá.”
La risa de Snape inundó el espacio.
“Oh, me alegra que te cause gracia, porque definitivamente en esos momentos no fue tan gracioso.” jugueteo James.
“Un estallido de magia a los catorce es gracioso.”
La sonrisa de James se intensifico. “Eso sí.”
A su lado, Regulus trataba de reprimir su propia carcajada. Y por querer reprender a su hermano, casi se pierde lo siguiente.
“¿Tienes planes este fin de semana?”
“¿Por? ¿Piensas cometer un crimen?”
Fue el turno de reír de James. “¿No te han dicho que contestar una pregunta con otra pregunta es de mala educación, Sev?”
La ceja de Snape se levantó y negó divertido.
“Nada planeado, Potter.”
“Volvemos a los apellidos, ¿eh?” se quejó James. “Vayamos a Hogsmeade juntos, yo invito.” el tono de James era encantador y con cierta inseguridad que trataba de camuflar con una de sus mejores sonrisas.
Sirius no podía ver bien por la oscuridad de la noche, pero estaba seguro que las mejillas de su mejor amigo deberían estar rojas y por un momento estuvo por entrar a la habitación cuando se dio cuenta que Snape se estaba tardando en responder, pero la mano sobre su hombro lo detuvo. Quería zarandear al chico si es que siquiera se le ocurría rechazar a James.
“Bueno.” fue la respuesta corta que contesto Snape.
Pero otra vez fue la mano de su hermano quien lo detuvo antes de interrumpir el momento. El enojo de Sirius se intensificaba.
“¿Qué no puede ser más expresivo?” susurró furioso.
Regulus, antes de que hiciera ver su presencia, lo arrastró hacia abajo. Cuando estuvieron nuevamente al pie de la escalera de la Torre de Ravenclaw fue cuando lo soltó.
“Él es así.”
“¿Sin emociones?”
Regulus rodó sus ojos. “No y además se escuchó perfectamente como estaba nervioso.”
“¿Nervioso?” Sirius no lo podía creer. “¿Siquiera estuvimos escuchando lo mismo?”
Regulus volvió a rodar sus ojos. “Si, Sirius. Se escuchaba nervioso.” Sirius bufó. “Te lo dije, Severus no le va a romper el corazón a tu mejor amigo. Él es un buen chico.”
Los hombros de Sirius se relajaron momentáneamente antes de volverse a tensar cuando se escucharon pasos venir. Con un asentimiento apresurado se despidió de su hermano y corrió directamente a la Torre de Gryffindor, tratando de que James no lo viera.
Era viernes. El día de mañana James se encontraría en una cita con Snape y todavía Sirius no había recibido ninguna confesión de su mejor amigo, ni siquiera una pregunta hipotética pidiendo ayuda con lo que se pondría o cómo debería arreglar su cabello revoltoso. Sirius estaba enojado.
Todavía no encontraba la razón detrás del comportamiento de James. Se enojó aun más cuando trató de preguntarle una vez más, tal vez solo era cuestión de mostrarle que había espacio para ser sinceros entre ellos y James decidiría abrirse.
Ambos se dirigían a la práctica de Quidditch cuando Sirius sacó el tema. “Con los chicos planeamos ir a la nueva tienda en Hogsmeade, ¿vienes?” En realidad no había ninguna tienda nueva.
La postura de James cambió inmediatamente.
“Tengo planes.”
“¿En serio?” los ojos de Sirius estaban entrecerrados, pudiendo oler la mentira a kilómetros de distancia.
“Sip.”
“¿Con quién?”
“Eh…” Sirius lo tenía, lo podía sentir, James estaba flaqueando. “¡con Frank!”
El rosto de Sirius se transformó en una gran mueca de confusión. “¿Longbottom?”
“El mismo.” sonrió nerviosamente.
Pasaron algunos segundo en silencio, la tensión era sofocante.
“Claro.”
“Sip.”
Sirius lo dejó estar, pero era más que obvio que su amigo le volvió a mentir. Sirius se enfureció más y se notó cuando el capitán de Gryffindor los hizo correr diez vueltas y Sirius corrió veinte. Estaba furioso.
Después del término de la práctica se fue al dormitorio sin avisarle a James y buscó directamente a Longbottom. Lo encontró cerca de un ventanal con un libro sobre el regazo.
“Hey, Longbottom.”
“Black.”
“James me contó de sus planes para mañana.” Frank levantó la vista confundido. “Me preguntaba si podrías decirme a donde se dirigirán para poder ponernos de acuerdo y vernos por la tarde.”
Sirius, aunque sabía que todo era una mentira de su mejor amigo, todavía tenía la esperanza de que el fuera él el paranoico y el mal amigo que duda de sus amigos. De verdad que lo deseaba con fervor.
Después de unos segundos de silencio, Frank contesto. “… no tengo planes con Potter.”
Y Sirius se volvió loco. Con la mejilla interna mordida por la desesperación y el enojo, solo asintió y se despidió descuidadamente de Longbottom. Sirius estaba alcanzando su límite.
Esa misma furia se noto más tarde, cuando los cuatro chicos se dirigían a clase, el ambiente se sentía pesado, Sirius no le había vuelto a dirigir la palabra a James desde la práctica y se notaba. Su mejor había intentado hablar con él, pero se hacía el loco y le respondía a Peter o Remus, como si James no existiera.
Esto hizo que James se enojara, por lo que de camino a clases, lo confrontó.
“¿Estas bien, Sirius?”
“Si.” su respuesta, aunque dirigida a su mejor amigo, era seca, helada.
“Entonces, ¿qué sucede?”
“Nada.” se podía sentir la exasperación.
Perdiendo un poco la paciencia, James lo acusó. “Mientes, Canuto.”
Sirius con un suspiro, se dio la vuelta y miró directamente a los ojos dorados.
“Lamentablemente no soy tan buen mentiroso como algunos, James.”
Remus y Peter, apartados del conflicto, los vieron durante dos segundos, hasta que Peter soltó una risita nerviosa. “Nadie lo es, Nuts.”
Sin apartar sus ojos de la mirada confundida de su mejor amigo, respondió. “Créeme Guss,” miro de abajo hacia arriba a James “algunos lo son.”
Y se alejó para entrar al salón.
La luz que entraba por la ventana despertó a Sirius, cuando volteo para consultar la hora, gruño. Eran las cinco de la mañana. El día anterior recordaba haber evitado a James lo mejor que pudo, comió poco y se fue a dormir temprano, simplemente no podía ni quería escuchar más mentiras de su mejor amigo. Ya no lo soportaba.
Sin poder dormirse nuevamente prefirió salir a dar una caminata, esperando que el frío de la mañana lo calmara un poco.
En los jardines del ala este, mientras pateaba algunas rocas fue que se encontró con Snape. El chico estaba sentado bajo un gran roble mientras tenía un libro en las rodillas. Sirius suspiró, se acercó y se sentó a su lado sin decir nada. El sobresalto del Slytherin le pareció un poco divertido.
“Snape.”
Después de dos segundos y sin cerrar el libro, contesto. “Black.”
“No eres ningún roba mejores amigos, ¿verdad?” inquirió divertido.
“¿Disculpa?”
Sirius suspiró.
“James ha estado raro.” Snape se tensó. “Pero no me dice nada y soy su mejor amigo… eso creo.” su tono era cansado.
Los ojos negros del chico se posaron sobre su rostro durante un largo tiempo, cómo si intentará pensar en las posibilidades de si contestar sinceramente o no, al final decidió cerrar el libro y centrar su atención completa.
“Lo eres. No creo que eso cambie.”
“Y aun así no me ha dicho nada de” movió sus manos en el aire. “lo que sea que tengan entre ustedes.”
Snape se volvió a tensarse. “Oh.”
“Sip, oh.”
El silencio duró durante minutos, Sirius pensó que Snape no volvería hablar.
“En realidad no hay nada entre nosotros.” susurró tan bajo que casi lo perdió.
“¿Eh?” la cara debió haber sido una llena de confusión, porque Snape no tardo en explicarse.
“Solo hablamos, ¿sabes?” y con las mejillas rosas, tal vez por el frío o por la vergüenza, continuó. “No somos nada de lo que tu crees.”
Sirius lo entendió todo. Oh, James, eres un tonto.
“Ya veo.”
“Si.”
Y el silencio se hizo, estuvieron sentados mirando a la nada durante varios minutos, hasta que Sirius, sintiéndose un poco incómodo, solo se levantó y mientras se sacudía la poco nieve de sus pantalones, se despidió de Snape. “Gran charla.”
“Claro.” se burló Snape, pero no le tomó gran importancia.
Mientras iba de regreso al dormitorio, Sirius solo podía reírse. ¿Cómo iba a tratar de hablar con él si ni siquiera sabe lo que quiere? Idiota.
Regulus no le molestaban las mentiras de Severus. Todo lo contrario, las consideraba parte de su encanto.
Claro que estuvo sorprendido cuando se enteró sobre la legalidad del Club de Estudios Extracurriculares, porque al final de cuentas sí que estaba en busca de un grupo de estudio, se sintió un poco avergonzado con sus padres por haber presumido el club, por supuesto; pero cree que tuvo la mejor reacción en comparación con su hermano.
También entiende que James Potter es un chico más sincero de lo que es Severus Snape, por lo que piensa que Sirius tiene una excusa a su comportamiento. Aun así, nada de esto le ha dejado de parecer divertido.
No sabe los motivos detrás de la mentira de Severus, al final de cuentas, muy bien puedo no haber dicho nada y ya, Regulus no intentaría presionar. Por eso es que le sigue pareciendo fascinante que le siga mintiendo, sobre todo le parece aun más entretenido ver como su amigo ha tratado de hacer malabares para las pobres excusas que le da.
Regulus se ha reído bastante las últimas semanas. Debería pensar en un regalo conveniente para la pareja después de haberle dando una de las semanas más graciosas.
Cuando, con su hermano, escucharon a escondidas sobre el plan de salida a Hogsmeade, sapo a ciencia cierta que trataría de invitar a Severus para ver con que excusa saldría éste. Sabía que no lo decepcionará.
Y no lo hizo.
En la noche del viernes se acercó a Severus, quien se encontraba leyendo un libro sobre encantamientos en la sala común, y preguntó sin mucho rodeo.
“¿Qué te parece ir a Hogsmeade conmigo?”
Los ojos de Severus se detuvieron, ya no trataban de leer las letras en la página, en cambio su rostro no mostraba indicios de siquiera haberlo escuchado. Regulus esperó pacientemente su respuesta.
“Tengo planes.”
“¿Con quién?” inquirió divertido Regulus.
La respuesta de Severus fue más rápida. “Malfoy.”
En el rostro de Regulus una sonrisa se dibujó, le encantaba la forma en como mentía sin titubear. No trato de decir nada más y solo se quedó haciéndole compañía a su mayor.
Fue a la mañana siguiente, antes de que todos empezaran a abordar los carruajes, que divisó a su hermano saliendo por la puerta principal. Se acercó con un sonrisa ancha y susurró.
“Severus tiene planes con Malfoy.”
La sonrisa de su hermano apareció con una chispa en sus ojos acompañándola.
“¿En serio? Que curioso, James tiene planes con Longbottom.”
Regulus rió abiertamente. No puede creer que todavía los chicos traten de seguir dentro de sus mentiras y tengan el descaro de pensar que ellos se las están comprando. Con en una mirada a la multitud logró identificar la cabellera rubia de Lucius. Sabe que Severus esta mintiendo, pero aun así le gusta estar seguro.
“Bueno, solo hay una forma de saberlo.”
Se alejó de su hermano, quien tenía ojos curiosos, y mientras se acercaba al rubio, trató de que Snape no lo viera.
“Malfoy.”
“Black.”
“Severus me comentó que tenían planes juntos.” y con la mirada de confusión de Malfoy, Regulus rió nuevamente. “Y supongo que no es cierto.”
No le dio tiempo al Slytherin de responder cuando se despidió. Volviendo al lado de su hermano, ambos acordaron que seguirían al duo, al final de cuentas, el misterio no se había resuelto aún.
Sirius siempre le han fascinado los aparatos muggles desde que vio por primera vez el bote que sacaba burbujas en manos de un niño en el parque. No importó cuanto le rogara su padre y tratara de convencerlo de que los magos como él o su madre también podían hacer burbujas con magia, a Sirius le gustaba más el bote que sacaba burbujas. Esa misma navidad recibió de sus padres un paquete de cinco botes de burbujas.
Esa afición no se había ido a ningún lado, aún cuando habían pasado años. Regulus lo sabía muy bien, fue por eso que para su décimo cumpleaños, con su tío eligieron como regalo de cumpleaños una cámara digital, la más nueva edición en el mercado.
Y aunque Sirius siempre había tenido este gusto por las cosas muggles, no era tan bueno para manejarlas. Por ejemplo, todo el paquete de botes de burbujas terminaron con las varas rotas, desprendidas de las tapas. Con la cámara que Regulus le regalo aun no había podido descifrar el cómo quitarle el bendito flash, por lo que cada que tenía que tomar una foto al mismo tiempo dejaba ciego a las personas.
No le vio ningún problema, porque después de las primeras cuatro veces que lastimó a alguien con el destello de luz, empezó a utilizar su cámara solo para tomar fotos del paisaje. Había traído su cámara consigo desde el primer año en Hogwarts, siempre la tenía en su bolsillo cuando salían al pueblo, sobre todo en las épocas de invierno, donde estaban los mejores momentos para tomar fotografías.
Cuando llegaron a Hogsmeade y para asegurarse de que no haber perdido a los objetivos de este fin de semana, tomó a su hermano del brazo. Los estuvieron siguiendo durante varios minutos hasta que James se detuvo en un prado alejado de la multitud. Con Regulus trataron de no hacer mucho ruido para lograr escuchar.
“Te ves guapo.”
Las mejillas de James estaban tan rojas que era imposible confundir el color con la reacción al frío, era claro que estaba nervioso. Había tomado las manos de Severus entre las suyas y jugaba con sus dedos.
El rostro de Snape tampoco podía ser confundido. Si ese día en la Torre de Astronomía Sirius había tenido dudas acerca de los sentimientos del Slytherin, ahora con la luz sobre el, podía asegurar que claramente también estaba rojo por vergüenza que por frío.
Sirius podía sentir la tensión en el aire. Fue en el momento en que el que su mejor amigo empezó a acercarse peligrosamente al rostro de Severus que sin pensarlo mucho sacó de su bolsillo la cámara muggle. Y aun escondidos detrás de unos arbustos, enfocó el marco y dio clic en el momento en que los labios de su mejor amigo se estrellaron contra los pálidos de Severus.
El gran destello de luz no pasó desapercibido por nadie, por lo que riendo tomó del brazo a Regulus y empezaron a correr cuando escuchó de fondo las maldiciones y risas.
“¡Sirius Black!” gritaba una irritada Lily que también se estaba escondiendo con un asustado Peter y un muy avergonzado por ser descubierto Remus.
Y mientras trataban de salir corriendo, también alcanzaron a escuchar a un calmado Lucius junto a un divertido Frank. “Si serán torpes.”
Sirius solo podía soltar carcajadas al aire, su hermano tampoco se quedaba atrás, riendo como si volvieran a ser dos niños que estaban a punto de ser regañados por sus padres.
Sirius tenía los mejores instintos, al final sí que había sido una las mejores navidades.
Habían pasado más de cuatro años y Walburga no puede estar más que feliz por los chicos que veían sus ojos. James y Severus se estaban casando, y al lado de cada uno estaban sus queridos hijos, vistiendo sus pulcros trajes de gala.
Todavía recuerda lo divertida que fue esa navidad en casa, donde se discutieron todas las hipótesis que las mentes de sus estrellas pudieron crear, donde sus hijos peleaban, como si se tratara de un duelo del siglo quince, el honor de sus amigos cuando éstos simplemente estaban besándose entre ellos, o algo así.
Sirius les contó, por medio de una carta, sobre la plática que tuvo con el Slytherin y sobre cómo James y él no habían hecho más que hablar, abrir sus corazones y enamorarse. Bobos románticos.
A Walburga siempre le seguiría pareciendo divertido, aun más cuando el regalo con el que llegó y que le dio a un avergonzado Severus de la mano de James. Era esa dichosa fotografía muggle de su primer beso.
Tal vez Orion y Walburga no eran los padres de estos chicos, pero verlos felices y completamente enamorados les alegraba el corazón a ambos.
Fue el señor Black, en medio de la cena con los novios, que no pudo resistirse y terminó preguntándoles sobre los dichosos boletines. El primero en apartar la mirada con un tono rosado en las mejillas por la vergüenza fue Severus, mientras explicaba que fue lo primero que se le vino a la mente cuando Regulus preguntó en ese entonces, relató también como junto con James hicieron el panfleto.
Por su parte James contó la vez que se despertó en las vacaciones de invierno y se encontró con la carta de Canuto con su cuestionamiento por el panfleto del club, y entre risas recordó como se la pasó buscando por toda la casa revistas para recortar y pegar llenó de pánico.
La mesa, llena de amigos, familiares, profesores y algunos compañeros de clase, reía. Fue el señor Black el que volvió a preguntar algo que todavía no le cuadraba.
“Pero, ambos tenían un sello que los hacía oficiales, ¿cómo lo consiguieron?”
James y Severus se voltearon a ver confundidos.
“Cierto Corns. ¡Hasta pensamos que la profesora McGonagall había estado bebiendo en horario laboral!”
“¡Señor Black!” gritó indignada la profesora McGonagall.
Y la mesa estallo en más risas. Walburga se sentía bastante feliz, sus estrellas eran los mejores detectives.
